LAS NUEVAS LEYES DE MULTAS?
p Las leyes de multas existen desde hace poco: nueve a�os solamente. Antes de 1886 no exist�a ninguna. Los fabricantes pod�an multar por todo cuanto quisieran y en la cantidad que estimaran conveniente. Y lo hac�an en proporciones escandalosas, obteniendo ingresos exorbitantes. A veces las multas se impon�an simplemente "a criterio del patrono”, sin dar razones; equival�an en algunas ocasiones a la mitad del salario, de suerte que el obrero entregaba al patrono, en concepto de multa, cincuenta kopeks por cada rublo ganado. Hab�a casos en que adem�s de las multas le aplicaban tambi�n sanciones; por ejemplo, diez rublos por abandonar la f�brica. Cuando le iban mal los negocios, al fabricante no le costaba nada reducir el salario, a pesar de las condiciones concertadas. Ordenaba a los capataces imponer multas m�s severas y rechazar la mercanc�a defectuosa, lo cual equival�a a disminuir el salario del obrero.
p Los obreros soportaron durante mucho tiempo todos estos abusos; pero a medida que se desarrollaban las grandes f�bricas, sobre todo las de tejidos, desplazando a las peque�as empresas y a los telares manuales, fue aumentando su indignaci�n contra las arbitrariedades y atropellos. Hace unos diez a�os, los negocios de los comerciantes y los fabricantes decayeron y se produjo una crisis: las mercanc�as no se vend�an, los fabricantes sufr�an p�rdidas y empezaron a multiplicar las multas con mayor ensa�amiento. Los obreros, cuyos salarios eran ya bajos de por s�, no pudieron soportar estos nuevos abusos, y en 1885 y 1886 estallaron revueltas obreras en las provincias de Mosc�, laroslavl y Vlad�mir. Colmada su paciencia, los obreros abandonaron el trabajo y se vengaron terriblemente de sus opresores destruyendo 30 edificios fabriles y m�quinas, incendi�ndolos a veces, apalearon a los administradores, etc.
p La m�s notable de estas huelgas fue la que se produjo en la conocida Manufactura de Timofei Mor�zov en Nik�lskoie (cerca de la estaci�n de Or�jovo, sobre la l�nea f�rrea Mosc�NizhniN�vgorod). Mor�zov comenz� a reducir los salarios en 1882, y efectu� cinco disminuciones hasta 1884. Al mismo tiempo, las multas se impon�an con creciente severidad: en toda la f�brica sumaban casi una cuarta parte de los salarios (veinticuatro kopeks por rublo ganado), y en algunos casos llegaban a la mitad del salario. Para disimular tan escandalosas multas, la administraci�n procedi� de la siguiente manera durante el a�o que precedi� a la revuelta: obligaba a los obreros cuyas multas ascend�an a la mitad del salario, a pedir la cuenta y despu�s inclusive ese mismo d�a, volv�a a admitirlos, entreg�ndoles una nueva libreta de trabajo. As� se destru�an las libretas en que figuraban multas exorbitantes. En caso de ausencias injustificadas se descontaban tres d�as por cada falta. Por fumar se impon�an multas de 3, 4 y 5 rublos por vez. Agotada su paciencia, los obreros abandonaron el trabajo el 7 de enero de 1885 y durante varios d�as asaltaron la proveedur�a de la f�brica, la vivienda del capataz Shorin y otras dependencias fabriles. Esta gran revuelta de diez mil obreros (la cantidad de huelguistas lleg� a 11.000) espant� extraordinariamente al gobierno: enseguida se enviaron tropas a Or�jovoZ�ievo, a donde se trasladaron el gobernador, un fiscal de Vlad�mir y otro de Mosc�. Durante las negociaciones con los huelguistas, delegados de la muchedumbre entregaron a las autoridades un "pliego de condiciones elaborado por los propios obreros" [30•* , en el que exig�an que les fuera devuelto el importe de las multas cobradas desde la Pascua de 1884; que, en el futuro, las multas no excedieran del 5 por ciento del salario, es decir, no m�s de cinco kopeks por rublo ganado, y que no se descontase m�s de un rublo ganado, y que no se descontase m�s de un rublo por cada d�a de falta injustificada al trabajo. Exig�an, adem�s, que se restablecieran los salarios de 1881-1882; que el patrono abonase el 31 salario de los d�as perdidos por su culpa; en caso de despido exig�an el preaviso con quince d�as de anticipaci�n; que la recepci�n de las mercanc�as producidas se efectuara en presencia de testigos designados por obreros, etc.
p Esta grandiosa huelga caus� fuerte impresi�n al gobierno, pues pudo comprobar que los obreros representan una fuerza peligrosa, cuando act�an de com�n acuerdo; sobre todo cuando esa masa de obreros presenta directamente sus reivindicaciones. Los fabricantes presintieron tambi�n la fuerza de los mismos y se hicieron m�s prudentes. Por ejemplo, el peri�dico Nov�te Vremia^^8^^ informaba de Orejovo-Z�ievo: "Los disturbios del a�o pasado (es decir, los de enero de 1885 en la Manufactura de Mor�zov) han tenido por efecto cambiar de un solo golpe los viejos m�todos fabriles, tanto en las empresas de Or�jovo-Z�ievo como en sus alrededores”. O sea, que no s�lo los propietarios de la f�brica de Mor�zov debieron modificar sus monstruosos m�todos, por la exigencia un�nime de los obreros, sino que tambi�n los fabricantes de los alrededores hicieron concesiones ante el temor de que se produieran disturbios en sus empresas. "Lo principal—dec�a el peri�dico citado—es que ahora se constata una actitud m�s humana para con los obreros, cosa que antes era exclusiva de un escaso n�mero de administradores fabriles.”
p Inclusive Moskovskie Vi�domosti [31•* (peri�dico que defiende siempre a los fabricantes y culpa de todo a los obreros) comprendi� que era imposible seguir manteniendo la antigua situaci�n y se vio obligado a reconocer que las multas arbitrarias son “un mal que conduce a indignantes abusos”, que “las proveedur�as de las f�bricas son un verdadero robo" y que por ello hab�a que promulgar una ley y un reglamento de multas.
p La profunda impresi�n que produjo esta huelga aument� cuando los obreros fueron juzgados. Se hizo comparecer ante los tribunales a 33 obreros, acusados por excesos durante la huelga y por haber agredido a una patrulla militar (una parte de los obreros fue detenida durante la huelga y encerrados en un edificio, del que escaparon forzando la puerta). El juicio se realiz� en Vlad�mir, en mayo de 1886. Los jueces absolvieron a todos los acusados, pues las declaraciones de los testigos—incluidas las del propietario de la f�brica, T. Mor�zov, del director Dianov y de muchos 32 tejedores—revelaron los escandalosos abusos sufridos por los obreros. Este veredicto del tribunal fue una condenaci�n directa, no s�lo de Mor�zov y de su administraci�n, sino tambi�n de todos los vicios m�todos utilizados en las f�bricas.
p Los defensores de los fabricantes, alarmados, se enfurecieron. El propio Moskovskie Vi�domosti. que a ra�z de los disturbios hab�a reconocido la monstruosidad del vieio estado de cosas, cambi� de tono: “La Manufactura de Nik�lskoie—dec�a—figura entre las mejores. Los obreros no se encuentran en la f�brica ni como siervos ni por obligaci�n, entran por propia voluntad y se van sin ning�n obst�culo. ¡Las multas! Pero las multas en las f�bricas son una necesidad, pues sin ellas ro habr�a modo de hacer entrar en raz�n a los obreros v no quedar�a mis que cerrar la fabrico”. Seg�n el peri�dico, toda la culna es de los pronios obreros, “indisciplinados, borrachos y negligentes”. El vered;cto del tribunal no har� m^s oue “pervertir a las masas populares" [32•* . “Mas con las masas populares es peligroso bromear—exclama Moskovskie Vi�domorti—. ¿On� nensar�n los obreros al conocer la sentencia absolutoria del tribunal de Vfad�mir? La noticia de este fallo ha recorrido como un ravo toda esa zona manufacturera. Nuestro corresnonsal, que sali� de Vlad�mir en seguida de dictarse el fallo, ov� haWar de �l en todas las estaciones...”
_p As�, pues, los fabricantes han tratado de intimidar al gobierno: si se hace a los obreros una concesi�n, dicen, ma�ana exigir�n otra.
p Pero el temor a los disturbios obreros era mayor, y el gobierno tuvo oue ceder.
p En junio de 1836 se promulg� la nueva ley de multas, en donde se se�alaban los casos en nue pod�an ser impuestas v se fiiaba su imnorte m�ximo, y se dispon�a oue el dinero procedente de las mismas no deb�a ir a parar al bolsillo de los fabricantes, sino ser consagrado a cubrir necesidades de los pronios obreros.
p Muchos obreros ignoran esta lev. v los oue la conocen creen que la atenuaci�n de las multas se debe a iniciativa del gobierno 33 y que deben agradec�rselo a las autoridades. Hemos visto que eso no es cierto. A pesar de la iniquidad de los viejos m�todos empleados en las f�bricas las autoridades no hicieron absolutamente nada para aliviar la situaci�n de los obreros hasta que �stos se rebelaron; hasta que, llevados por su exasperaci�n, empezaron a destruir las f�bricas y las m�quinas, a incendiar las mercanc�as y los materiales, y a apalear a los administradores y fabricantes. S�lo entonces el gobierno tuvo miedo y cedi�. Los obreros deben agradecer esa mejor�a de su situaci�n, no a las autoridades, sino a sus propios camaradas, que han exigido y obtenido la supresi�n de los escandalosos abusos.
p La historia de los disturbios de 1885 muestra qu� fuerza enorme oculta la protesta unida de los obreros. Lo �nico que hace falta es que esta fuerza se utilice de manera m�s conciente; que no se desperdicie en vano, veng�ndose de uno u otro fabricante, o destruyendo una u otra f�brica odiada; que toda esa indignaci�n y ese odio se dirija contra todos los fabricantes en conjunto, contra toda la clase de los fabricantes, y que todos se consagren a la lucha constante y tenaz contra ellos.
p Analicemos ahora detalladamente nuestras leyes de multas. Para conocerlas bien hay que aclarar los siguientes aspectos: 1) ¿En qu� casos o por qu� motivos la lev permite la imposici�n de multas? 2) ¿Cu�l debe ser el monto de �stas? 3) ¿Qu� normas fija para imponerlas?; es decir, ¿a qui�n confiere el derecho de aplicar la multa?; ¿se puede apelar contra la imposici�n de multas?; ¿c�mo se debe hacer conocer por anticipado al obrero la escala de multas?; ¿c�mo deben inscribirse �stas en la libreta de trabajo? 4) ¿En qu� debe invertirse el dinero procedente de las multas?; ¿d�nde se deposita?; ¿c�mo se gasta para atender las necesidades de los obreros y para cu�les espec�ficamente? y por �ltimo: 5) ¿Se hace extensiva a todos los obreros la ley de Multas?
Cuando hayamos examinado todas estas cuestiones, sabremos no solamente qu� son las multas, sino que adem�s conoceremos todos los reglamentos especiales y todas las disposiciones detalladas de las leyes rusas relativas al tema. Pues los obreros deben conocerlos para proceder con conocimiento de causa cuando las multas son injustificadas, para estar en condiciones de explicar a sus camaradas la raz�n de una u otra injusticia—sea que la administraci�n de la f�brica infringe la ley o sea que �sta misma contenga 34 disposiciones iniustas—, y para poder elegir en consecuencia la forma de lucha m�s eficaz contra los atropellos.
Notes
[30•*] Se refiere a las Reivindicaciones presentadas de com�n acuerdo por los obreros, redactadas el 9 (21) de enero de 1885 por V. V�lkov y P. Mois�enko, organizadores de la huelga en la Manufactura de Nik�lskoie (de Mor�zov), en las que se enumeraban las condiciones para reanudar el trabajo en la f�brica. (Ed.)
[31•*] V�ase V. I. Lenin, ob. cit., tomo I, nota 39. (Ed.)
[32•*] Los fahncantes y sus defensores siempre han considerado y consideran eme si los obreros comienzan a reflexionar sobre su «ihiano’n, a reclamar sus derechos y a oponer resistencia conjunta a la« arbitrariedades y abn«os patronales, ero no es otra cosa que “perversi�n”. Naturalmente, los patronos est�n evidentemente interesados en que los obreros no piensen en su situaci�n, ni conozcan sus derechos.
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