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NOCIÓN
DE HISPANOAMÉRICA
Y EL BRASIL A FINES
DEL PERIODO COLONIAL
 

DATOS GEOGRÁFICOS REUNIDOS POR LAS
AUTORIDADES COLONIALES

p Mediado el siglo XVI, después de las expediciones de Orellana e Irala, Sudamérica fue atravesada varias veces por la zona ecuatorial y, en diagonal, desde Buenos Aires hasta Lima, en las zonas templada y tropical. Desde el siglo XVII fueron también corrientes los cruces latitudinales del continente por la zona templada, siguiendo el itinerario Buenos Aires—Mendoza—- Santiago. En las regiones andinas conquistadas había viejos caminos, construidos por los incas y los chibchas, pero los españoles tendieron otros, menos peligrosos que muchos europeos de los siglos XVII y XVIII. Mas, a fines del período colonial, las rutas exploradas a través de las vertientes orientales de los Andes y mesetas y depresiones adyacentes, además del Amazonas y las vías transcontinentales con sus ramificaciones, estaban abandonadas, lo mismo que las de los grandes tributarios derechos del Amazonas que unían los centros mineros del Brasil con el mar.

p Como quedó claro en los siglos XIX y XX, durante más de trescientos años de período colonial se realizaron numerosas exploraciones importantes a los lados de los caminos transitados y vías fluviales, pero no llegaron a ser patrimonio común ni enriquecieron los conocimientos geográficos que se tenían de las regiones interiores de Sudamérica.

p Ya en el siglo XVII se delimitaron en lo fundamental e incluyeron en los mapas por navegantes de distintas naciones los contornos del continente, excluida la parte suroeste, donde numerosas islas del archipiélago chileno eran tenidas por penínsulas. Pero las gigantescas mesetas de Guayana y del Brasil, así como los valles del Orinoco y del Amazonas, excepto la estrecha franja ribereña, el valle del La Plata y Patagonia siguieron siendo hasta comienzos del siglo XIX, en el aspecto geográfico, casi una inmensa laguna.

Los funcionarios coloniales presentaban periódicamente a los gobiernos de las metrópolis detallados informes secretos de cada gran división administrativa con mapas adjuntos; pero casi 322 nadie los estudiaba. Los originales se guardaban en las capitales de las metrópolis, y las copias sepultábanse en los archivos secretos de los centros coloniales, donde permanecían arrinconadas. La mayor parte de estos valiosos documentos pereció durante incendios o a causa de la mala conservación. Esa misma suerte tuvo la mayoría de las cuentas rendidas por los misioneros a sus jerarquías religiosas.

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El segundo “descubrimiento” de Latinoamérica siguió dos caminos: el trabajo de gabinete y la exploración sobre el terreno. El primero, el de gabinete, no es tema de este libro. Aquí cabe únicamente recalcar que la mayor parte de las noticias exactas sobre la marcha de los descubrimientos y las exploraciones de Latinoamérica fue reunida por los historiadores en los siglos XTX 323 y XX en los archivos de España, Portugal y las nuevas repúblicas. Pero se publicaban los documentos, incluso de la mayor importancia, con mucha lentitud y grandes intervalos debido a la falta crónica de recursos; eran pocos los científicos como Alejandro Humboldt que mostraban interés no sólo por la historia militar y política de Latinoamérica, sino también por la marcha de su exploración geográfica. Por eso los viajeros, sobre todo de Sudamérica, se sentían en la primera mitad del siglo XIX exactamente igual que si penetrasen por primera vez en una tierra desconocida: a menudo carecían de mapas y descripciones un tanto fidedignas de las zonas que se proponían explorar.

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VIAJE DE HUMBOLDT Y BONPLAND

p Alejandro Humboldt ejerció hasta 1797 de funcionario de minas en Alemania, pero dejó el servicio y, cuando falleció su madre, recibió su parte de herencia. En julio de 1799, él y el botánico francés Amado Bonpland, que pensaron hacer juntos un gran viaje, desembarcaron en la costa de Venezuela (puerto de Cumaná), y desde aquí pasaron a Caracas y siguieron derechos al sur, hacia el Orinoco. Remontaron el río hasta el lugar donde parte hacia el suroeste un brazo del Casiquiare, "no menos ancho que el Rin" y desagua en el Río Negro, afluente del Amazonas. Como ya sabemos, Humboldt no fue un descubridor, pero ofreció la primera descripción científica de la bifurcación del Orinoco. El punto final de su itinerario fue el embarcadero de San Carlos, en la orilla izquierda del Río Negro, algo más allá de la desembocadura del Casiquiare, desde donde torcieron hacia el Orinoco y luego a Cumaná. En noviembre de 1800 zarparon para La Habana, y a fines de marzo de 1801 volvieron a verse en Sudamérica. Tras desembarcar en Cartagena, remontaron el Magdalena hasta Onda, y de allí pasaron a Bogotá.

p En septiembre de 1801 se pusieron en camino hacia Quito, adonde llegaron en enero de 1802. Por el camino y en la provincia de Quito exploraron los volcanes de los Andes Ecuatorianos, y en junio de 1802 se elevaron al volcán inactivo de Chimborazo (6.272 m) y alcanzaron la altura de 5.760 metros, el record mundial de entonces. Luego pasaron del puerto de Trujillo (a los 8° de lat. S.) a Callao, y en octubre llegaron a Lima.

p Entre diciembre de 1802 y marzo de 1803 cruzaron Guayaquil hacia el puerto sudamericano de Acapulco y, al cabo de tres semanas, estuvieron en la ciudad de México, donde permanecieron casi un año, realizando excursiones relativamente cortas, pero muy fructíferas. Humboldt siguió explorando los volcanes. Los exploradores reunieron cuantiosos datos geográficos e históricos y se encaminaron a través del puerto de Veracruz de nuevo a La Habana (marzo de 1804), y de allí, por vía marítima, a Filadelfia (EE.UU.). A Europa regresaron en agosto de 1804, tras de haber faltado cinco años, con riquísimas colecciones. Sus herbarios, por ejemplo, constaban de 6.000 ejemplares de plantas, incluidas 3.000 variedades antes desconocidas.

Fue uno de los viajes de más resultados científicos, pese a que Humboldt y Bonpland no hicieron ningún descubrimiento geográfico en el sentido directo de la palabra. El método de las exploraciones geográficas de Humboldt fue un modelo para las 325 expediciones científicas del siglo XIX. Humboldt fue uno de los fundadores de la geografía física como ciencia y, al describir los territorios que había visitado, ofreció modelos de estudio científico de los países. Sintetizó teóricamente sus observaciones y las de Bonpland y expuso magníficas experiencias de establecimiento de nexos mutuos de los diversos fenómenos geográficos y su distribución por la Tierra. Fue uno de los fundadores de la moderna geografía de las plantas, un insigne historiador de los descubrimientos geográficos, un climatólogo, un oceanógrafo y un cartógrafo.

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La suerte de Bonpland fue triste. En los primeros años que siguieron a su retorno, examinó escrupulosamente las plantas que reunió y publicó varias monografías en colaboración con Humboldt. Luego su amistad se enfrió y, en 1816, partió para Buenos Aires, donde al cabo de dos años se hizo profesor. En 1821 salió de Santa Fe y penetró en el Gran Chaco. Pero en el territorio paraguayo sus compañeros argentinos fueron asesinados, y él detenido y aherrojado (diciembre de 1821): el dictador de Paraguay, José Francia, tomó al botánico francés por un "espía o un aventurero que quería infringir el monopolio del mate”. No fue puesto en libertad hasta 1829. Cargado de familia, partió para la República del Uruguay, donde vivió en una provincia retirada y falleció en la miseria (1858).

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Notes