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DESCUBRIMIENTO
DEL AMAZONAS
 

CAMPAÑA DE GONZALO PIZARRO
AL "PAÍS DE LA CANELA"

p Gonzalo Pizarro, después de la ejecución de Almagro padre, formó en 1541  [221•16 , en la ciudad de Quito, un destacamento de 340 españoles y 4.000 indios de carga. En la búsqueda, al este de los Andes, del "país de la canela”, tras del cual se imaginaba que se encontraba el "país del oro”, de riquezas no menores que el Perú, Pizarro cruzó en diciembre de 1541 la Cordillera Oriental, descubrió detrás de ella el río montañoso Coca, que fluye al este, y comenzó a descender, llevado por la corriente. Allí le dio alcance el fundador de la ciudad de Guayaquil (1539), Francisco de Orellana, que antes se había puesto de acuerdo con él para participar en la campaña, y, según sus palabras, había gastado mucho dinero en prepararla, pero en el camino había consumido parte de las provisiones en alimentar a sus hombres, y los demás, así como todos los pertrechos, lo había perdido en los combates con los indios.

p En la desembocadura del Coca, afluente del Ñapo, que corre asimismo hacia el este por una vasta depresión cubierta de selva, los españoles encontraron varios poblados pequeños, donde construyeron un bergantín y embarcaron a los enfermos (cuyo número iba creciendo) y las provisiones. Bajo una lluvia torrencial, que no cesó en dos meses, el destacamento descendió por el valle del río, que cruza un territorio pantanoso, tórrido y húmedo. Así, los españoles se internaron por primera vez en la depresión del Amazonas. Pero ni en ¡las montañas, ni en los valles del Coca y del Ñapo encontraron riquezas algunas, de no contar unos árboles cuya corteza se parecía a la preciada canela cingalesa (sólo se parecía). Costaba mucho trabajo caminar por la orilla, abriéndose paso a hachazos en la espesa selva. El valle del Ñapo estaba casi deshabitado, por lo que faltaba la importantísima "fuente de abastecimiento”, que era el saqueo de los poblados indios. Todos 222 pasaban hambre, y muchos enfermaron de gravedad; los españoles morían a decenas, y los indios a centenares: estos pobladores de las altas zonas montañosas no soportaban el tórrido y húmedo clima de la selva; además, es poco probable que Pizarro se compadeciera de ellos más que los otros capitanes que abandonaban a su suerte a los “salvajes” enfermos.

p Los soldados comenzaron a protestar; además, se corrió el rumor de que, en adelante, les esperaba un territorio totalmente deshabitado. Entonces (a fines de 1541), Pizarro decidió enviar río abajo, de reconocimiento, a parte de sus hombres al mando de Orellana: éste, según sus propias palabras, se ofreció para la empresa. Pizarro dio a Orellana 57 hombres (como siempre en las cuentas rendidas de los conquistadores, se hablaba sólo de los españoles), el bergantín y varias canoas con parte de provisiones. Se pusieron de acuerdo en que el destacamento principal aguardaría a los exploradores "tres o cuatro días o tantos como el capitán creyese conveniente”.

p El capitán y sus hombres hambrientos y enfermos esperaron en vano. Según la versión de Pizarro y sus compañeros, Orellana, al precio de su traición, quería adjudicarse la gloria y el provecho del descubrimiento. Otra versión, procedente del propio Orellana y de su compañero Carvajal, se expone en el siguiente apartado.

p Como Orellana no volvía, Pizarro descendió por el Ñapo hasta la desembocadura, donde encontró a uno de los exploradores españoles, y éste le refirió la traición de Orellana. El menguadísimo destacamento hubo de recorrer el camino de vuelta, valle arriba del Ñapo, sin provisiones, atravesando bosques pantanosos y zonas montañosas semidesérticas.

p Los españoles se comieron todos los caballos y perros que llevaban y se alimentaron también de carroña y raíces. A Quito regresaron sólo 80 personas extenuadas y, en parte, enfermas de muerte (1542). Allí se enteró Gonzalo Pizarro de la muerte de su hermano Francisco y del triunfo temporal de Diego Almagro hijo y, poco después, de la ejecución de éste. El nuevo Gobernador del Perú concedió a Gonzalo Pizarro la posesión de ricas minas de plata. Pero éste soñaba con algo más. En 1544 se sublevó y se hizo con el poder en el país, pero luego fue derrotado y ejecutado (1548).

Con la muerte de Gonzalo Pizarro se dio fin a la grandiosa epopeya ligada con los apellidos de los Pizarro y Almagro y del descubrimiento y conquista de la gigantesca zona occidental de América del Sur en una extensión de más de tres millones de 223 kilómetros cuadrados: los Andes Ecuatorianos, Peruanos, Centrales y Argentino-Chilenos y el litoral del Pacífico, desde el Ecuador hasta los 40° de latitud sur.

NAVEGACIÓN DE ORELLANA POR EL ÑAPO ABAJO

p Cuando Orellana, intencionada o casualmente, se separó en 1541 para siempre de Pizarro en el río Ñapo, llevaba en su destacamento, además de los cincuenta y pico soldados, a dos frailes. Uno de ellos, el dominico Gaspar de Carvajal, describió el viaje  [223•17 , Esta descripción ha servido de base para el subsiguiente relato.

p Orellana había prometido reintegrarse al grueso de la partida tan pronto como consiguiese provisiones. Pero "salió al contrario de como todos pensábamos—escribe Carvajal—...y como el río corría mucho, andábamos a veinte y veinte y cinco leguas, porque ya el río iba creciendo y aumentando. Caminamos tres días sin poblado ninguno... púsose en plática entre el capitán y los compañeros la dificultad y la vuelta...”

p Pero Orellana prosiguió el viaje, llevado por la corriente del río. Carvajal afirma que entonces ya no se podía dar la vuelta y remontar el río, pues la corriente era muy rápida; tampoco era posible regresar a pie por la orilla. Eso, claro, es una exageración, pues sabemos que el destacamento de Gonzalo Pizarro caminó por la orilla hasta la desembocadura del Ñapo y regresó, si bien a costa de ímprobos esfuerzos y de la muerte de muchos.

p Sólo el 5 de enero de 1542 los españoles encontraron un poblado y desembarcaron en la orilla. Los indios abandonaron la aldea sin presentar combate. Los españoles hallaron en las viviendas algunas provisiones y aplacaron su hambre. Horas después, los habitantes fueron retornando en canoas. Orellana "púsose sobre la barranca del río, yen su lengua, que en alguna manera los entendía, comenzó a hablar con ellos...” Les dio algunas baratijas y les propuso que trajeran a su presencia al “señor” de ellos. El jefe se presentó y, tras de recibir algunos regalos, mandó entregar a los recién llegados " comida en abundancia”. Orellana les pidió que hicieran comparecer ante él a todos los “señores” locales, y cuando al cabo de dos días estuvieron reunidos trece jefes, tomó posesión de esta tierra "en nombre de su majestad y por la gracia del señor Gobernador Gonzalo Pizarro”.

p Los españoles permanecieron allí casi 20 días para forjar 224 clavos y hacer otro bergantín, de lo que luego desistieron, pues los árboles no eran de buena madera para construcciones navales. Durante todo este tiempo, los habitantes del lugar abastecieron a los españoles de comestibles; mas, a pesar de todo, se les murieron siete compañeros a causa del hambre pasada. Ya en la orilla del Ñapo, parece ser que los españoles tuvieron "noticia de las amazonas y de la riqueza que abajo hay”. Vieron que los indios locales llevaban adornos de oro, pero Orellana prohibió severamente que les quitaran algo.

Carvajal explica la prolongada detención de los españoles allí con la esperanza, además, de saber algo de Pizarro. En fin de cuentas, Orellana se determinó a escribir una carta, ofreciendo cuantiosa recompensa a quien la llevase y luego trajera noticias del grueso de la partida. Aceptaron tres: los restantes temían perecer en el camino, pues calculaban que habrían recorrido río abajo no menos de doscientas leguas, es decir, cerca de mil kilómetros. Si el cálculo no es muy exagerado, el destacamento de Orellana debía estar ya cerca de la desembocadura del Ñapo.

ORELLANA EN EL AMAZONAS SUPERIOR Y MEDIO

p Sin aguardar el retorno de los mensajeros, Orellana siguió avanzando, y a comienzos de febrero de 1542 se encontró ya, indudablemente, en el Amazonas superior, mas no es posible precisar con exactitud en qué lugar. Únicamente puede afirmarse a ciencia cierta que en los días de navegación desde el Ñapo, el bergantín no fue más allá de la desembocadura del Iza. Aquí Carvajal habla por primera vez de la abundancia de mosquitos, fenómeno muy típico en todo el curso alto del Amazonas, y luego 299-3.jpg 225 repite varias veces que "había tantos mosquitos... que no nos podíamos valer ni de día ni de noche sin que los unos a los otros nos amosqueásemos...” y cosas por el estilo. Más abajo, a gran distancia, prolongábanse orillas completamente deshabitadas, luego comenzaron a verse algunos poblados, unos aislados y otros por grupos. Los indios se mostraban amistosos y suministraban a los españoles tortugas, aves, pescado, carne de llama e incluso "monos asados”.

p En una región densamente poblada, Orellana reunió a 26 “señores” y tomó posesión de ella. En cinco semanas, los españoles construyeron allí, dirigidos por un simple carpintero, llamado Diego Mejía, un bergantín grande. Carvajal denomina este país “Aparia”. "En este tiempo, estando en nuestra obra, vinieron cuatro indios a ver al capitán, los cuales llegaron y eran de estatura muy altos, que cada uno era un gran palmo más alto que el más alto cristiano, y eran muy blancos y tenían unos cabellos que les llegaban a la cinta y muy enjoyados de oro y ropa, y traían mucha comida... dijeron (al capitán) cómo ellos eran vasallos de un señor muy grande y que por su mandado venían a ver quién éramos, o qué queríamos o dónde íbamos. El capitán los recibió muy bien, y primero que les hablase les mandó dar muchas joyas. .. y les dio muchas cosas que diesen a su principal señor, y que le dijesen que le rogaba mucho el capitán que le viniese a ver... y se fueron y nunca supimos dónde ni de qué tierra habían venido estos indios”. Posteriormente ningún viajero volvió a ver por el Amazonas a indios como éstos.

p Cuando, el 24 de abril, los españoles acabaron de construir el bergantín grande y de reparar el pequeño, siguieron la navegación. Fueron aprovisionándose en los poblados que encontraron a lo largo de más de treinta leguas, pero no pudieron hacer grandes acopios. Más allá de “Aparia”, las márgenes del río estaban cubiertas de espesa selva y deshabitadas, hasta que el 12 de mayo los españoles arribaron a las posesiones de otro "muy gran señor”, llamado Machaparo: "Este Machaparo... tiene muchas y grandes poblaciones, que junta cincuenta mil hombres de pelea, de edad de treinta años hasta setenta... los mozos no salen a la guerra, ni en cuantas batallas nosotros con ellos tuvimos no los vimos, sino fue viejos”.

p En esta zona los españoles fueron atacados por indios que remontaban el río en numerosas canoas. "Los indios se venían acercando, hechos sus escuadrones para nos tomar en medio, y ansí venían muy ordenadamente... hasta que comenzaron a nos ofender. .. Aquí nos aconteció un desmán... y fue que los arcabuces 226 hallaron húmeda la pólvora, a causa de lo cual... fue necesario que la falta de los arcabuces supliesen las ballestas...” A pesar de todo, los españoles repelieron el ataque, desembarcaron, disolvieron las muchedumbres de indios, se apoderaron de una población muy grande y la saquearon. En este primer combate sostenido en el gran río, diecisiete españoles resultaron levemente heridos, y uno herido de muerte. Luego de cargar en el bergantín las provisiones sustraídas, el destacamento avanzó día y noche corriente abajo, perseguido por los indios. La gente necesitaba descansar y comer (en los bergantines era peligroso encender lumbre para guisar) y desembarcaron en una isla deshabitada que había en medio del río, enfrente de "muchas y muy grandes poblaciones, donde siempre salían indios de refresco”. Pero también en la isla fueron atacados por "mucha cantidad de canoas" y hubieron de marcharse. A los perseguidores se sumaron "más de ciento y treinta canoas, en que había más de ocho mil indios y por tierra no tenía cuenta la gente que parecía”. Los ataques fueron rechazados; no obstante, los indios persiguieron los bergantines otros dos días más. "Tanto tardamos de salir de población de este gran señor que se llamaba Machaparo, que, al parecer de todos, duró más de ochenta leguas... No había de pueblo en pueblo un tiro de ballesta, y el que más lejos no estaría media legua, y hobo pueblo que duró cinco leguas sin restañar casa de casa”.

p Mediado mayo, los españoles llegaron al primer poblado del país “Omagua”, que era "un pueblo de manera de guarnición”. Desalojaron de allí a los indios e hicieron gran acopio de sequetes de maíz y manioca. Desde la frontera de “Aparia” hasta esta población habrían recorrido trescientas cuarenta leguas, doscientas de las cuales, a lo largo de la orilla, estaban totalmente despobladas. Mas allí, por lo visto, comenzaba un país densamente poblado: "En este pueblo había muchos caminos, que entraban la tierra adentro, muy reales”. Orellana temía el ataque de tropa numerosa. Al cabo de tres días, cuando los soldados hubieron descansado y comido bien, ordenó seguir avanzando.

p “Y no hobimos andado obra de dos leguas, cuando vimos entrar por el río, por la diestra mano, otro más poderoso, tanto que a la entrada hacía tres islas, de causa de las cuales le posimos el río de la Trinidad, y en estas juntas del uno y el otro había muchas y muy grandes poblaciones y muy linda tierra y muy fructífera; esto era ya en el señorío y tierra de Omagua, y... pasamos todo aquel día... por medio del río y muchas veces los indios se ponían a platicar con nosotros, y como no nos entendíamos, no sabíamos lo que decían”.

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p ¿Qué gran afluente derecho fue denominado “Trinidad”? En el largo trecho comprendido entre el Ñapo y el Río Negro desaguan en el Amazonas, por la derecha, dos afluentes inmensos: el Juruá y el Purús, cada uno de más de 3.000 kilómetros de longitud, y en el curso bajo de cada uno de ellos hay una isla considerable que puede convertirse en varias islas durante las avenidas. Los escasos datos geográficos que en la relación de Carvajal se dan del “Trinidad” son de todo punto insuficientes para identificarlo con el Juruá o el Purús. Puede sólo afirmarse que ningún afluente de dicho trecho tiene parecido con el descrito por Carvajal: sólo el Juruá o el Purús pueden parecerse, en determinadas temporadas, al río "más poderoso" que el Amazonas.

p Haremos notar la indicación de Carvajal acerca de que Orellana, que conocía algo la lengua de los indios del Ñapo y seguía hablando con ellos en el curso alto del Amazonas, aquí ya no los entendía, lo cual significa que, al menos empezando por el país de “Omagua”, los españoles toparon por primera vez con indios de una familia lingüística nueva, totalmente desconocida por los conquistadores. Y si antes existía cierta apariencia de entendimiento mutuo, en lo sucesivo las pláticas "se hacían en la lengua de la mímica”, y por ambas partes había una completa incomprensión más que probable.

p A la mañana, los españoles atacaron un pequeño poblado de la orilla derecha (alta en esta parte) del Amazonas, desalojaron sin gran esfuerzo a los indios de allí y completaron sus reservas. Más adelante repitieron multitud de veces este método de aprovisionamiento. En una casa del saqueado pueblo, los españoles encontraron loza de diversas hechuras, entre la que había cántaros muy grandes, de más de 29 arrobas. La loza "es de toda vidriada y esmaltada de todas colores... y demás de esto los debujos y pinturas que en ella hacen son tan compasados que naturalmente labran y debujan todo como lo romano...” Como es natural, los indios decían (en una lengua incomprensible para los españoles), que a cierta distancia del río, no muy lejos, toda la vajilla se hacía de oro y plata. Pero los españoles no mostraron interés por la noticia, pese a tener a su disposición dos bergantines: "También se halló en este pueblo oro y plata, pero como nuestra intención no era sino de buscar de comer y procurar como salvásemos las vidas y diésemos noticia de tan gran cosa, no curábamos ni se nos daba nada por ninguna riqueza”. De ese pueblo, lo mismo que del antes mencionado de la “guarnición”, salían muchos caminos buenos al interior del país. Orellana decidió que no valía la pena quedarse a pasar la noche en lugar tan poblado y que, en general, 228 lo más sensato sería abandonar cuanto antes aquel peligroso país.

p “... Y mientras más andábamos, más poblada y mejor hallábamos la tierra, y ansí íbamos siempre desviados de tierra por no dar lugar a que los indios saliesen a nosotros. Fuimos caminando por esta tierra y señorío de Omagua más de cien leguas, a cabo de las cuales llegamos a tierra de otro señor llamado Paguana”. El primer poblado del "país Paguana" se prolongaba más de dos leguas a lo largo de la orilla. Los indios les daban "de lo que tenían”. Modelo de completa incomprensión mutua es la siguiente anotación: "En esta tierra este señor tiene muchas ovejas de las del Perú  [228•18  y es muy rico de plata, según todos los indios nos decían”.

p Siguiendo la corriente, los bergantines avanzaban a lo largo de márgenes densamente pobladas, dos días por la derecha y otros dos por la izquierda, y el río era tan ancho que no se divisaba la orilla opuesta. El 29 de mayo por la mañana "pasamos a vista y junto a un pueblo muy grande y muy vicioso y tenía muchos barrios y en cada barrio un desembarcadero al río y en cada desembarcadero había muy gran copia de indios, y este pueblo duraba más de dos leguas y media, que siempre fue de la manera dicha, y, por ser tantos los indios de aquel pueblo, mandó el capitán”, cauteloso como siempre, que no se atacase esta ciudad. Los indios, €n canoas, intentaron atacar a los españoles, pero se replegaron bajo el fuego de los arcabuces. Más abajo, los españoles desembarcaron aquel mismo día junto a una pequeña población, donde consiguieron provisiones. Desde allí comenzaba una “provincia” poblada, cuyos habitantes combatieron sin tregua a los españoles. Eran de mediana estatura, fornidos, y en la pelea se cubrían con estudos de madera y se defendían con valor.

A comienzos de junio, los españoles vieron a la izquierda, corriente abajo, la desembocadura de otro gran río, "la agua del cual era negra como tinta, y por esto le pusimos el nombre de Río Negro, el cual corría tanto y con tanta ferocidad, que en más de veinte leguas hacía raya en la otra agua sin se volver la una con la otra”.

EL "PAÍS DE LAS AMAZONAS"

p Más abajo de la desembocadura del Río Negro, pasando durante cuatro días por delante de numerosos poblados, Orellana saqueaba los pequeños pueblos para aprovisionarse y dejaba con 229 prudencia a un lado los grandes, donde podía encontrar resistencia. Por esos días precisamente “oyó” contar a un indio que les vino al encuentro el relato de las "amazonas soberanas de este país”, de cuya denominación india Carvajal no se enteró. Un día los españoles saquearon un pequeño poblado, en el que sólo encontraron a mujeres. Los hombres estaban trabajando en el campo, y cuando, al atardecer, comenzaron a retornar a sus casas, fueron alejados por los centinelas. Los españoles pasaron la noche en el poblado. "Pero a media noche, ya que el alba salía, revuelven los indios en muy gran cantidad sobre nosotros y dan por tres partes en nuestro real... y... fueron desbaratados... Antes de embarcar, el capitán mandó ahorcar a varios indios, para que temblaran de miedo delante de nosotros y no se les ocurriese atacarnos.. ,"  [229•19 

p El 10 de junio los españoles pasaron por delante del Madeir a, que denominaron "Río Grande" ya que es "un muy grande y poderoso río, tanto que era mayor que el que nosotros llevábamos”. Más abajo, en la abrupta orilla derecha, se veían varias poblaciones grandes, pero Orellana, temiendo alguna emboscada, no se atrevió a desembarcar en ellas. "Pasamos adelante y siempre por poblado, y una mañana, a hora de las ocho, vimos sobre un alto una hermosa población, que al parecer debía ser cabeza de algún gran señorío... En este pueblo había siete grandes picotas y clavadas muchas cabezas de muertos... Bajaban de este pueblo al río caminos hechos a mano, y de una parte y de otra sembrados árboles de frutas...” En la isla donde los españoles desembarcaron para preparar la comida y descansar de uno de tantos pillajes, se apoderaron de una lista muchacha india que habló a Orellana de ciertos “cristianos” que vivían al norte del gran río. Días después, junto a una población grande, la india dijo que desde allí partía el camino a los “cristianos”; pero Orellana y sus compañeros decidieron "que para los sacar de donde estaban su tiempo se vendría" y siguieron su ruta.

p Al otro día, los españoles fueron atacados por primera vez por indios armados de arcos y flechas, armas que no poseían los habitantes del Amazonas, más arriba. Desde ese momento, los españoles iban en busca de provisiones sólo cuando estaban convencidos 230 de que no hallarían resistencia alguna, o sea, que no saqueaban más que las aldeas completamente indefensas. En las viviendas encontraban magníficas ropas de algodón. Además de aldeas de agricultores sedentarios, a veces daban con poblados temporales de pescadores. En la segunda mitad de junio los españoles vieron "mucha población de la banda siniestra del río, porque estaban blanqueando las casas”. Iban por en medio del río, quisieron ir a la población, pero no pudieron "a causa de la mucha corriente y olas muy trabajosas y más que en la mar andaban”.

p Al cabo de dos o tres días vieron por delante numerosos poblados que blanqueaban. "Aquí dimos de golpe en la buena tierra y señorío de las amazonas”. Mostrándose valiente de improviso, Orellana decidió desembarcar cerca del lugar en que se había reunido mucha gente. Durante el desembarco, los indios comenzaron a disparar con los arcos de manera que a los españoles les pareció que caía una lluvia de flechas, y cinco fueron heridos. En la orilla se entabló un combate, el segundo (y último) que tuvieron en el gran río. Los indios sufrieron muchas bajas, retrocedieron y volvieron a atacar, pasando por encima de los cadáveres de los suyos.

p “Quiero que sepan cual fue la causa por donde estos indios se defendían de tal manera. Han de saber que ellos son subjetos y tributarios a las amazonas y, sabida nuestra venida, vanles a pedir socorro, y vinieron hasta diez o doce, que éstas vimos nosotros, que andaban peleando delante de todos los indios, como por capitanes, y peleaban ellas tan animosamente que los indios no osaban volver las espaldas, y al que las volvía, delante de nosotros le mataban a palos, y esta es la causa por donde los indios se defendían tanto. Estas mujeres son muy altas y blancas y tienen el cabello muy largo y entrenzado y revuelto a la cabeza: son muy membrudas, andaban desnudas en cueros y atapadas sus vergüenzas, con sus arcos y flechas en las manos, haciendo tanta guerra como diez indios, y en verdad que hobo muchas de éstas que metieron un palmo de flecha por uno de los bergantines y otras menos, que parecían nuestros bergantines puerco espín. Tornando a nuestro propósito y pelea, fue Nuestro Señor servido de dar fuerza y ánimo a nuestros compañeros que mataron siete o ocho, que éstas vimos, de las amazonas, a cuya causa los indios desmayaron y fueron vencidos y desbaratados con harto daño de sus personas...”

p Sin embargo, la victoria completa de los españoles se trocó en su gran derrota. Carvajal refiere acto seguido que los indios continuaron recibiendo refuerzos y que Orellana dio la orden de 231 alejarse de allí lo antes posible en los bergantines. Al ver una población grande y, al parecer, abandonada por los habitantes, quisieron desembarcar en ella, pero los indios, emboscados, les dispararon flechas. El único herido fue Carvajal, quien recibió "un flechazo por un ojo que me puso la flecha al cogote, de la cual herida perdí un ojo...”

p Río abajo había otra región, la de "San Juan”. Carvajal la compara con España por lo bonita, fértil y populosa; por la margen derecha había una hilera de poblaciones, y entre ellas la distancia no pasaba de media legua; "la tierra adentro, a dos leguas y más y menos, parecían muy grandes cibdades que estaban blanqueando”. Pero como los indios seguían en canoas la persecución de los bergantines, los españoles se detuvieron a pasar la noche junto a una isla deshabitada cerca de la orilla izquierda.

p Luego los bergantines pasaron por delante de una serie de islas relativamente altas y llanas de fértil aspecto. "Fueron tantas las poblaciones que en las dichas islas parecían y vimos, de que nos pesó, y como nos vieron salieron a nosotros al río sobre doscientas piraguas, que... venían muy lucidas con diversas divisas y traían muchas trompetas y atambores y órganos que tañen con la boca y rabes que tienen tres cuerdas, y venían con tanto estruendo y grita... que estábamos espantados... pues en tierra era cosa de maravilla ver los escuadrones que estaban en los pueblos, tañendo y bailando todos, con unas palmas en las manos... Esta isla, que es la mayor, la fuimos costeando y tendrá de largo cincuenta leguas ... el ancho no lo sabremos decir”.

En esos lugares fue hecho prisionero un indio cuya lengua comprendía Orellana (posiblemente araucana o caribe). El capitán, como es natural, interrogó al prisionero sobre las amazonas, y éste mostró, además, un asombroso conocimiento del antiguo mito de las amazonas y de las leyendas medievales de las islas del “Oro” y la “Plata”. Dijo que las mujeres guerreras vivían a varias jornadas de camino del gran río; que allí hay muchas y él había estado varias veces en su país, cumpliendo encargos de su jefe, que era vasallo de ellas; que ellas tienen relaciones de tiempo en tiempo con los hombres y dan a luz; que en su país hay ciudades de piedra con puertas y numerosas poblaciones (él había estado en varias); que entre las poblaciones hay caminos con puestos de guardia, que cobran tributos; que las paredes de las "casas del Sol" (templos) de este país están recubiertas hasta la mitad de la altura de un hombre de baldosines de plata; que allí hay ídolos de oro y plata, mesas y sillas de plata y otros objetos preciosos.

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EN EL CURSO BAJO DEL AMAZONAS Y EN EL MAR

p Más abajo, en la alta orilla pelada del país de los “Caripunas”, los españoles vieron grandes poblaciones. Los habitantes salieron en canoas al medio del río, pero su actitud era pacífica, no atacaban y limitábanse a contemplar maravillados los bergantines. Pero cuando los españoles, luego de haber pasado por delante de una población grande, atacaron otra pequeña, los indios se defendieron: un soldado resultó herido por una flecha envenenada y murió al día siguiente. Hasta este caso, los arqueros indios no habían utilizado flechas ponzoñosas. Orellana lo había demostrado antes, utilizando como conejo de indias a la avispada indígena que se ha mencionado más arriba. "Desde allí se ovo alguna sospecha entre nosotros que avía hierba entre los indios de aquella tierra, porque se hallaron muchas flechas é varas untadas de cierto betum; y el capitán mandó que se experimentasse... E para este efetto, á una india que venía en los bergantines, pasáronle los bracos con aquella que se pensaba ser hierba de la ponfoñosa que en muchas partes de la Tierra-Firme usan los indios; é como no murió, salieron de dubda los temerosos”.

p Cuando los españoles dejaron atrás unas grandes islas pobladas, creyeron que la desembocadura estaría cerca, ya que "llegaba la repunta de la marea”. Avanzaron varios días a lo largo de la orilla izquierda, alta, en la que se veían poblaciones, mas no junto al río, sino "sobre unos cerros y lomas peladas que estarían del río a dos y tres leguas... parecían unas fortalezas...” Siguieron adelante entre islas de escasa población, por los brazos del río de bajas orillas. "Y por ser las islas muchas y muy grandes, nunca podimos tornar a tomar la tierra firme, ni de una ni de otra parte, hasta la mar, en que iríamos por entre estas islas doscientas leguas, todas las cuales y ciento más sube la marea con mucha furia...

p Orellana arribó a la desembocadura del gran río el 2 de agosto de 1542. El viaje duró 172 días. Según la cuenta de Carvajal, el destacamento recorrió río abajo, hasta el mar, no menos de 1.800 leguas. En el viaje murieron tres españoles a consecuencia de las heridas recibidas, y ocho más por enfermedad. En el curso bajo, el tiempo era favorable: no hubo lluvias torrenciales.

p Cerca de la desembocadura, el bergantín pequeño sufrió una avería. La reparación de éste y el aparejo de las dos embarcaciones para navegar por el mar les llevaron unas tres semanas. Cuando se les acabaron las reservas de comestibles, robados a los indios del curso bajo, los españoles se alimentaron principalmente de 233 moluscos y centollas. Luego los bergantines avanzaron, henchidas las velas, a lo largo de las costas del "mar Dulce”, deteniéndose durante la marea alta, pues ésta los volvía a menudo al río: en las embarcaciones no había anclas y las sustituían con piedras. En los poblados que hallaban en su camino, y si los indios eran pacíficos, los españoles conseguían batatas silvestres y las asaban o cocían.

p A fines de agosto, los bergantines se hallaban ya en alta mar; hasta entonces habían navegado entre dos islas que estaban a cuatro leguas de distancia la una de la otra, y "de largo tendrían más de cincuenta leguas”. Si una de ellas era la de M a r a j ó (la mayor del delta del Amazonas), es de suponer que la otra sería o bien una hilera de islas menores, al norte de la de Marajó, o bien la costa de la tierra firme.

p Tomaron rumbo al noroeste, hacia La Española. En el mar también hacía buen tiempo. Aunque Orellana no disponía ni de instrumentos de navegación ni de marineros duchos, las embarcaciones avanzaban día y noche, alejadas de la costa durante la oscuridad, por prudencia, y de día más cerca, de manera que la gente a bordo "vio muchos ríos que desembocaban en el mar" (los guáyanos y los brazos del delta del Orinoco). Una noche, los bergantines se separaron. El grande llegó el 11 de septiembre de 1542 a la isla de Cubagua, que está entre la de Margarita y tierra firme. En la rada de Cubagua aguardaba el bergantín pequeño, que había arribado dos días antes. Allí los navegantes encontraron a colonos españoles, que los trataron con cordialidad, maravillados del relato de la prolongada navegación durante tantos meses tierra adentro, por un gran río antes desconocido que cruza países densamente poblados y ricos, y entre ellos uno tan asombroso como el de las amazonas. Por eso se le dio el nombre de "Río de las Amazonas”.

Orellana zarpó de Cubagua con sus compañeros en la primera nave que iba a La Española (a fines de 1542), luego fue a España y concertó con la Corona un contrato para la conquista de las tierras recién descubiertas. No faltó gente acaudalada que dio crédito a los relatos de Orellana y financió su empresa. Mediado 1544, una numerosa expedición (400 hombres en cuatro naves) salió de la desembocadura del Guadalquivir. Tuvo un descalabro completo: perdió tres meses en las islas Canarias y dos en las de Cabo Verde; murieron unos cien hombres, y cincuenta desertaron. Al cruzar el océano, una tempestad diseminó la flotilla; sólo dos naves llegaron al saliente oriental del Brasil, y de allí, costeando, al delta del Amazonas, donde fallecieron muchos, en 1546, a causa de enfermedades. Entonces falleció también o desapareció el 234 propió Orellana. La expedición se desperdigó; varias decenas de hombres se fueron a La Española; y de los que se quedaron en el Amazonas no se ha sabido nada más.

RESULTADOS GEOGRÁFICOS DE LA EXPEDICIÓN
DE ORELLANA

p Muchos contemporáneos, y posteriormente historiadores, culparon a Orellana de traición. La incógnita de si traicionó él o no a los centenares de compañeros suyos, que se quedaron en difícil situación en el Ñapo, en tanto que él marchaba a explorar el río abajo, en el único bergantín y no retornó, es indescifrable. Ni su importancia es tanta: la deslealtad con el fin de atribuirse la gloria y el provecho de los descubrimientos era típica de los conquistadores. Mencionemos aunque sólo sea a capitanes tan afamados como Balboa, Cortés e incluso los propios hermanos Pizarro. Pero éstos distinguíanse al menos por su valentía; también arriesgaban la vida, y no sólo procuraban salvar la pelleja; su comportamiento no era de chacales, era el del arrojo del lobo. Orellana, en cambio, atacaba sólo las indefensas poblaciones indias. La única excepción fue "la batalla con las amazonas”. Mas, ¿hubo tal batalla, estando demostrado que las propias amazonas no existieron?

p Indudablemente, Orellana (y de dar crédito a sus palabras, es probable que, presionado por él, también Carvajal) acicaló sus aventuras, sorprendentes ya de por sí, en el espíritu de los seudoviajeros medievales, pero con el interesado cálculo de obtener cédula real y medios para emprender una gran expedición. Han resultado ser una fábula los relatos de los ricos pueblos residentes en las orillas del gran río, de las ciudades de piedra en la selva y de las decenas y decenas de poblaciones pertenecientes a las mujeres guerreras. Los exploradores buscaron en vano hasta el siglo XX vestigios de "las posesiones de las amazonas" en la cuenca del río. Han resultado ser asimismo una fábula las noticias de las populosas ciudades y aldeas que se prolongaban varios kilómetros a lo largo del río, ya a la margen derecha ya a la izquierda, o “blanqueaban” a cierta distancia del mismo. Tampoco hallaron en el valle del Amazonas ni yacimientos de oro ni de plata, ni ruinas de edificios que merecieran atención desde el punto de vista arquitectónico, ni objetos algunos de metales preciosos.

Así y todo, Orellana ha dejado su nombre en la historia de los grandes descubrimientos. El resultado geográfico inmediato de la navegación fue el haber cruzado por primera vez de oeste a este la tierra firme inexplorada. Orellana demostró en la práctica que 235 la zona ecuatorial de esta tierra firme es de una amplitud inmensa, de varios miles de kilómetros, y que el "mar Dulce" de Pinzón, en el Atlántico, es la desembocadura de un río que nace no lejos del Océano Pacífico, y que este gran "río de las Amazonas" es navegable y no tiene reciales ni cascadas en todo lo que se prolonga desde la desembocadura hasta las estribaciones de los Andes. Incluso la mendacidad referente a las amazonas, a la densa población y a las riquezas del territorio recorrido por Orellana desempeñó importantísimo papel en la exploración de la mayor cuenca fluvial en el mundo: sólo un objetivo muy subyugante podía llevar a los conquistadores y colonos a alejarse mucho del mar y penetrar en el interior de la interminable selva. El País Eldorado se buscaba al oeste, en los Andes, y al norte, en la cuenca del Orinoco; los relatos de Orellana y sus compañeros despertaron la esperanza de que podía ser hallado en las selvas de la cuenca del Amazonas.

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Notes

[221•16]   Esta fecha es discutible: en varias crónicas y documentos de la época de la conquista figura el año de 1540; pero concuerda mejor con las fechas de los acontecimientos descritos en la importantísima fuente de Fray Gaspar de Carvajal Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande de las Amazonas (véase más adelante).

[223•17]   Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande de las Amazonas. Este libro de Carvajal se reeditó varias veces con distintos títulos en España y Latinoamérica y está traducido al inglés y al ruso.

[228•18]   Claro que en la depresión del Amazonas no había "ovejas del Perú algunas" (alpacas o llamas), ni había, en general, animales domésticos.

[229•19]   En esta descripción de Carvajal hay una laguna importante. El historiador Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, autor de la Historia General y natural de las Indias..., que habló personalmente con Orellana y sus compañeros, la rellena así: "Hizo quemar todas las casas de aquel pueblo, al qual aviamos intitulado con placer, assi como allí llegamos, el pueblo de Corpus Christi”.