Y DESCUBRIMIENTO DE LAS CUENCAS
DEL ORINOCO Y DEL MAGDALENA
ORIGEN DE LA LEYENDA DE ELDORADO
p
En muchas zonas de la América tropical, los conquistadores
habían oído hablar a los indios de Eldorado, soberano del país
rico en oro y piedras preciosas. "Se empolvaba" todas las
mañanas el cuerpo con fina arena de oro y se bañaba en las aguas de
un lago sagrado. Pese a la aparente fantasía, el relato era
verídico, no se habían inventado más que algunos pormenores. En lo
fundamental, el relato sobre Eldorado se basaba en unos ritos
religiosos difundidos entre los indios m u i s c a s, pertenecientes a
la familia lingüística
p Las regiones prístinas de los chibchas-muiscas, pueblo de cultura relativamente alta, se encontraban en los Andes Noroccidentales entre el valle superior del río Magdalena y la Cordillera Oriental. Los cronistas escriben que en esta alta región montañosa había cinco Estados de los chibchas, los más importantes de los cuales eran Bogotá y Tunja, cuyas capitales llevaban los mismos nombres [208•10 . Al otro lado de la Cordillera Oriental, a una distancia de 20 a 30 kilómetros de ellas, nace el río Meta, gran afluente del Orinoco, circunstancia que desempeñó, como veremos, importante papel en la exploración de la cuenca del Orinoco por los conquistadores españoles y alemanes.
p Los muiscas-chibchas adoraban los elementos de la Naturaleza, sobre todo el sol y el agua. Con ello están relacionadas las formas extraordinariamente originales de su culto religioso: a las deidades acuáticas otorgaban ofrendas solares: arena de oro y objetos, también de oro. Los sacrificios incruentos más solemnes, que producían singular impresión a las tribus vecinas, estaban relacionados con la elección del nuevo sumo sacerdote, que era erigido al paso en jefe supremo. Los sacerdotes acompañaban al elegido al lago, donde lo esperaba una balsa cargada de valiosas 209 ofrendas de oro y perlas; en la balsa había cuatro caciques revestidos con rica y vistosa indumentaria, que desnudaban al elegido, lo untaban con greda y luego lo espolvoreaban de pies a cabeza con arena de oro. Relumbrando como el sol, el nuevo jefe pasaba a la balsa, que era impulsada al centro del lago, y desde allí arrojaba a las deidades acuáticas todo el metal y piedras preciosas reunidas.
p Durante los siniestros (hambre o epidemias) o después de una victoria sobre tribus vecinas, junto a los lagos se celebraban ceremonias solemnes con holocaustos. Las ofrendas a las deidades las traían de las orillas únicamente las personas humildes de la tribu. Los ancianos y los jefes, montados en balsas, se alejaban de la orilla, y lo más próximo posible al centro del sagrario echaban al agua los objetos ofrendados en sacrificio [209•11 .
Este rito religioso ha sido embellecido, como es natural, con diversas variantes de la leyenda de Eldorado. Se ha dicho que el fondo de tal o cual lago está embaldosado de oro y perlas. Se ha afirmado que Eldorado se bañaba todas las tardes en el lago para limpiarse la pegajosa greda mezclada con arena de oro, etc. Poco a poco se fue formando la leyenda del venturoso país del oro, Eldorado, al que se afanaban los buscadores de aventuras de los distintos países de Europa.
EXPEDICIÓN DE ORDAZ Y DESCUBRIMIENTO
DEL ORINOCO MEDIO
p Lo mismo que otros, Diego de Ordaz se sintió subyugado por la ilusión de descubrir "el país del oro”. Hernán Cortés lo calificó de negociante hábil y emprendedor, ingenioso y muy astuto. Se las amañó para arreglar bien las cosas de Cortés en España sin olvidarse de sus propios intereses. Obtuvo de Carlos I una patente para conquistar y colonizar la parte nororiental de Sudamérica. En 1531 se hizo a la mar con varias naves y tomó rumbo a la desembocadura del Amazonas. Como es natural, cuando los españoles desembarcaron, entraron a saco en las aldeas y encontraban a menudo en las cabanas piedras verdes y translúcidas que tomaban por esmeraldas. Los indios cautivos afirmaban que, a pocos días de camino, río arriba, en la orilla se erguía una peña cuajada de esas piedras verdes. Ordaz dirigió allá su flotilla, pero un huracán desperdigó e hizo naufragar a casi todas las naves. Parte de 210 las tripulaciones se salvó a duras penas en dos naves pequeñas. La suerte de los demás se desconoce, mas, por lo visto, algunos alcanzaron la orilla y encontraron albergue entre los indios [210•12 .
p Después de la catástrofe en el curso bajo del Amazonas, Ordaz renunció a la búsqueda de la peña, retornó, salió al mar y avanzó al noroeste para llegar a la colonia española más próxima. Bordeando la costa, arribó a la desembocadura del Orinoco, y con las dos naves que le quedaban, remontó el río, que serpenteaba por una llanura infinita. Navegó centenares de kilómetros al oeste, pasando por delante de las desembocaduras de los afluentes del Orinoco, incluidos los grandes ríos Caroní y Caura; pero no ofrecían interés para el conquistador, pues fluían desde el sur y no desde el oeste. Sin embargo, no reparó en el Apure, pese a que este río venía derecho del oeste, y torció, siguiendo contra la corriente del Orinoco, hacia el suroeste e incluso hacia el sur. No se detuvo hasta llegar a los rápidos, donde el extremo occidental del Macizo de Guayanase arrima al mismísimo río. Aquí el inmenso caudal del Orinoco, que viene del sur, recibe las aguas de un río grande que desciende de occidente. En el oeste, en las montañas, posiblemente en el curso superior del río descubierto, según los relatos de los indios, reinaba Eldorado. Y Ordaz comenzó a remontar el río que llevaba a la ansiada meta. Desde este momento los españoles denominan M e t a a uno de los mayores afluentes del Orinoco, cuyas fuentes se hallan, como ya hemos dicho, en la cercanía inmediata de las ciudades de Bogotá y Tunja.
p Tras de remontar la corriente del Orinoco y el Meta unos 1.500 kilómetros, Ordaz regresó, pues le quedaban pocos víveres, el territorio estaba poco poblado y los soldados comenzaron a enfermar. Personalmente se llevó una gran desilusión, ya que había descubierto un país casi deshabitado, en el que no encontraba más que de tarde en tarde a indios en la miseria que se 211 dedicaban a la caza y la pesca. No hizo sino descubrir el camino a Eldorado, mas no el propio Eldorado. Pero los resultados geográficos de la expedición de Ordaz fueron inmensos. Demostró que los ríos caudalosos que descienden de las mesetas occidentales del continente se abren paso al este, hacia el Océano Atlántico. Y descubrió, además, que estos ríos cruzan llanos gigantescos.
p Ordaz vio con sus propios ojos que, al confluir, estos ríos reúnen un caudal inmenso, convenciéndose en la práctica de que el "espléndido Orinoco" forma con sus afluentes un ramificado sistema de vías fluviales internas que permiten penetrar en el continente meridional desde el Océano Atlántico hasta las estribaciones de los Andes Noroccidentales. El principal resultado político de la expedición de Ordaz fue la anexión posterior de toda la cuenca del Orinoco (cerca de 950.000 km2) a las posesiones españolas.
Mas no fueron los españoles, sin embargo, sino los alemanes, mercenarios de los banqueros Welser y Ehinger, los primeros que lograron tramontar la Cordillera Oriental, avanzando por el valle del Orinoco; pero, como veremos más adelante, tampoco fueron ellos los primeros en pisar la tierra de Eldorado.
CAMPANAS DE LOS ESPAÑOLES AL SUR
DEL MAR CARIBE Y CONQUISTA
DE ELDORADO
p En la costa meridional del mar Caribe los españoles no se hicieron fuertes hasta 1525, luego de fundar a 80 kilómetros al este de la desembocadura del Magdalena la ciudad de Santa Marta, convertida en base de su avance al sur, contra la corriente del Magdalena, hacia los Andes Noroccidentales. En un principio, contaban con pocos medios y hombres, ya que las masas fundamentales de los conquistadores iban a México y al Perú. Los pequeños destacamentos de Santa Marta sólo se atrevían durante los primeros años a hacer breves correrías a las regiones montañosas y litorales contiguas.
p En 1533, Pedro de Heredia, designado gobernador de la región yacente entre el Magdalena y el Atrato, comenzó a conquistarla. Desembarcó con un destacamento (150 hombres) en la orilla del continente, a 200 kilómetros al suroeste de Santa Marta y fundó allí la ciudad de Cartagena. Luego de haber derrotado en varios combates a los indios locales, Heredia avanzó a lo largo de la costa del golfo de Darién, hacia el sur, adonde lo llevaban los rumores de la existencia del "país del oro”.
212p Heredia tuvo más suerte que Bastidas y Hojeda, los primeros españoles que pisaron esta costa. Descubrió a 150 km al sur de Cartagena el valle del río Sinu, cuyo curso bajo era pantanoso, pero más arriba estaba densamente poblado de chibchas, menos desarrollados que los muiscas-chibchas, pero que llevaban una vida sedentaria de agricultores y cultivaban maíz, manioca, leguminosas y calabazas. En los santuarios de estos chibchas había muchas esmeraldas y objetos de oro, y en sus sepulturas se guardaban mayores tesoros aún. Allí, los cadáveres descompuestos, revestidos de tejidos de algodón, tenían mascarillas de oro y, al lado, había cetros de oro macizo, figuras de deidades, algunas de más de un kilogramo de peso, y otros objetos de oro o de aleaciones de oro y cobre.
p Durante una de las marchas, el destacamento de Heredia siguió al sur a lo largo de la Serranía del Abibe (2.000 metros de altura máxima), que separa los cursos bajos del Átrato y el Sinu. En la orilla derecha del Sinu, en las laderas de las montañas, los españoles hallaron una serie de sepulturas con tantos objetos de oro y esmeraldas que cada uno de los ciento cincuenta soldados, según cuenta el cronista, después de apartar el quinto real y la parte del propio Heredia, recibió por término medio unas cinco mil monedas de oro. Algunos historiadores estiman que los sepulcros del valle del Sinu dieron más botín que cualquier otro lugar de América durante la conquista. Para hacerse fuertes en esta fértil región, Heredia restauró la fortaleza construida por Hojeda cerca de la desembocadura del Átrato que abandonara Balboa. Desde esta fortaleza los españoles hicieron durante tres años varias correrías al sur y al sudeste hasta que arruinaron totalmente a los indios y se llevaron cuanto de valor había en los sepulcros del territorio. Heredia llegó hasta las fuentes del Sinu, en la Cordillera Occidental, que en esta zona hace de divisoria entre las cuencas del Átrato y el Cauca. Mas no consiguió cruzar esta zona relativamente baja de dicha cordillera, poblada de selva tropical. Luego de perder muchos hombres en los combates con los indios locales de la selva, así como a causa del hambre y las enfermedades, retrocedió hacia el mar Caribe.
p Juan César, un oficial de Heredia, siguió buscando, con un reducido destacamento, el "país del oro”, y, luego de errar nueve meses por las selvas pantanosas, llegó al fin a la vertiente oriental de la divisoria. Se le ofreció un extenso valle, por el que discurría el gran río Cauca, abriéndose paso hacia el norte, en dirección al Magdalena bajo. En los primeros poblados apenas encontraron resistencia, pues no los esperaban venir por este lado. 213 César y sus hombres reunieron mucho oro, entre el robado en las casas y el extraído de las arenas de los auríferos afluentes del Cauca. Pero cuando los indios se rehicieron de la sorpresa del ataque, se unieron y comenzaron a hostigar a los españoles, los cuales hubieron de huir al norte con toda la rapidez que les permitía el abrumador peso del oro. Así fue descubierta la zona más aurífera de Hispanoamérica, que dio a lo largo de cuatro siglos cerca de un millón quinientos mil kilogramos de este precioso metal.
p Después de Heredia, mostró gran actividad en la búsqueda de Eldorado, por la parte del Santa Marta, Gonzalo Jiménez de Quesada, quien dirigió primero pequeñas expediciones curso arriba del Magdalena. Los pantanos y las selvas vírgenes impedían el avance a pie por la parte septentrional del valle. Resultaba mucho más fácil navegar por el río, incluso en contra de la corriente [213•13 .
p En 1536, remontando el Magdalena, Quesada encontró, probablemente, más arriba de la desembocadura del Cauca, una embarcación con un cargamento de sal [213•14 y tejidos de algodón de sólida textura y vivos colores. Vio que los pasajeros llevaban pequeños discos de oro que tomó (en este caso sin ningún género de dudas) por monedas, e, indudablemente, se los arrebató. Quesada dedujo que el Magdalena fluía por ricas tierras y condujo desde el Santa Marta una expedición guerrera, armando para ella una gran flotilla fluvial. Al sur de la depresión del litoral, el valle del Magdalena se estrechaba, encajonado por las estribaciones de la Cordillera Central y la Sierra de Perijá. Más al sur, la Cordillera Oriental se apartaba de la orilla derecha; pero en la izquierda los españoles vieron a lo largo de más de 400 kilómetros el muro ininterrumpido de la Cordillera Central, que se eleva en esta región hasta 5.000 m. Pasados los 6° de latitud norte, las montañas se acercan casi a la misma orilla derecha del Magdalena, y a los 5° de la misma latitud la flotilla se detuvo delante de un recial (la tentativa de pasarlo hizo naufragar a varias embarcaciones). Los españoles desembarcaron en la orilla izquierda del Magdalena y, tras corto, pero intrincado camino a través de la selva, subieron a una meseta y se internaron en Bogotá, país de los muiscas-chibchas.
Este país estaba bien cultivado, cubierto de maizales y 214 patatares. Los muiscas-chibchas residían en casas de madera o adobes. Sus aldeas y ciudades eran muy populosas. Los españoles se maravillaban de los templos de madera de primitiva arquitectura, pero cubiertos de placas de oro. Los muiscas no obtenían por sí mismos el oro (en su territorio no había ricos yacimientos), pero lo recibían de los chibchas, principalmente de los que habitaban en las cuencas del Magdalena superior y del Cauca, a cambio de esmeraldas, sal y tejidos. Eran unos verdaderos artistas en el labrado del oro. Apenas empleaban otros metales que el cobre, el cual ellos aleaban con oro. El hierro casi no lo conocían. Lo mismo que los chibchas occidentales, tenían en sus santuarios y sepulcros muchas esmeraldas y objetos de oro. Entre las ciudades y entre éstas y los lagos sagrados había buenas calzadas pavimentadas.
’ ;,nfSiF"’J|Éf&>t,^
^^\* jBEcüador \¿?»o,; \//
— Ouesada O. 1536-38 ———Belalcázar S. 1534-38
.......Orda’s D. 1531-32
«>— Mercenarios alemanes de
losbanqeros Welser y Ehinger (1529-39) 200km
p La conquista de Bogotá, Tunja y otros Estados montañosos al este del Magdalena medio fue acompañada de las crueldades que se habían hecho habituales. A comienzos de 1538 Quesada se fortificó en el país. Pero poco después llegó un nuevo pretendiente 215 al poder, Sebastián Belalcázar, compañero de armas de Pizarro y conquistador de la región ecuatorial andina. Belalcázar decidió ampliar sus posesiones al norte del Ecuador, ya que las regiones ricas al sur del país se hallaban en poder de Pizarro. El destacamento de vanguardia de Belalcázar iba mandado por su lugarteniente, quien, a juzgar por las palabras de un cronista, "producía el mismo efecto que el rayo y el mercurio: lo mismo que el mercurio, se llevaba todos los metales preciosos que encontraba en las casas, y lo mismo que el rayo, quemaba y reducía a cenizas las viviendas y los campos cultivados”. Se internó en el curso superior del Cauca y aterrorizó a los indígenas hasta el punto de ?ue empezaron a suicidarse en masa. Cuando Belalcázar siguió sn 1536) tras él hacia el curso superior del Cauca, el camino estaba sembrado de esqueletos de suicidas.
Belalcázar descendió lentamente durante dos años por el valle del Cauca. Por último cruzó la Cordillera Central hacia el valle del Magdalena, subió a la meseta y se internó en el Bogotá, donde Quesada había construido ya la ciudad de Santa Fe de Bogotá, que se unió posteriormente con la antigua capital india.
EL "PAÍS DE LOS WELSER" Y LA BÚSQUEDA
DE ELDORADO POR LOS MERCENARIOS
DE LOS BANQUEROS ALEMANES
p Los banqueros y usureros italianos y españoles hacía ya tiempo que sufragaban los gastos de las expediciones a ultramar, pero con la condición de que les dedicasen sólo una parte de las ganancias. Los banqueros del emperador alemán Carlos V (Carlos I de España) Welser de Augsburgo y Ehinger de Constanza lograron, por su parte, del emperador mucho más, y a fines de marzo de 1528 obtuvieron una patente para conquistar y colonizar "la tierra firme”, o sea, la costa meridional del Caribe. Según distintos cálculos, pagaron al emperador de 5 a 12 toneladas de oro: los banqueros habían sido alucinados por los rumores de Eldorado. La compañía que los “generosos” acreedores organizaron concertó con la Corona española un contrato.
p Dicha compañía se comprometía a armar en un año por su cuenta cuatro naves con trescientos hombres y todas las provisiones necesarias para conquistar para España el "P aí s de los Welser”, como lo denominan los historiadores alemanes: la costa al este del Santa Marta, es decir, Venezuela. Se comprometía, además, a fundar poblaciones en tierra firme o en las islas adyacentes y construir, para custodiarlas, dos o tres fortalezas en 216 los próximos años. En dos años debía enviar a Venezuela a cincuenta especialistas alemanes en exploración de minerales y cuatro mil esclavos negros. Obtuvo atribuciones para nombrar gobernadores entre los familiares de los Welser y los Ehinger y reducir a la esclavitud a todos los indios que no acatasen sus órdenes.
p En febrero de 1529, Ambrosio Ehinger (Alfinger) desembarcó con un numeroso destacamento, compuesto exclusivamente de mercenarios alemanes, en la costa del golfo de Coro (parte nororiental del golfo de Venezuela). Dos años antes, los españoles habían fundado allí, en el istmo de los Médanos, que une la península de Paraguana con el continente, la pequeña fortaleza de Coro, pero la habían abandonado, en cumplimiento de un mandato real. Desde Coro, Ehinger inició una campaña que le valió el sobrenombre de "el más Cruel entre los Crueles”. Empezó por saquear todos los poblados de la depresión de Maracaibo y las mesetas circundantes de Segovia y Sierra del Norte. A fuerza de torturas, obligó a los indios a que le entregaran todo el oro y objetos de valor que poseían. Según el contrato con el emperador, tenía atribuciones para reducir a la esclavitud únicamente a los indios que no acatasen sus órdenes, pero vendía en el mercado de Coro a todos los hombres y mujeres que pudieran tener algún valor a ojos de los esclavistas de las Antillas. A los ancianos, niños y enfermos mandaba darles muerte. Luego de devastar las costas del golfo de Venezuela y del lago de Maracaibo, Ehinger subió a las montañas, al oeste de dicho lago (Sierra de Perijá), prosiguió las expoliaciones, incendios, violencias y asesinatos, vendiendo a los indios como esclavos. La fama de sus crueldades corrió como la pólvora y él no tardó en topar en su camino con poblados abandonados por sus habitantes. Fuera de sí, el conquistador alemán se vio obligado a volver sobre sus pasos hacia Coro, cruzando la región que ya había devastado. Los esclavos hambrientos, que llevaban sobre sus espaldas los pesados fardos, fallecían a millares en aquella marcha de la muerte: también comenzaron a enfermar, pasar hambre y morir los mercenarios alemanes.
p En 1531 Ehinger emprendió otra campaña desde Coro. Bordeando el Maracaibo, tramontó la Sierra de Perijá, detrás de la cual está el valle del Magdalena. En la búsqueda de tierras trigueras y auríferas, el conquistador fue de un lado para otro. Remontó la corriente del Magdalena, buscó Eldorado y descubrió el curso bajo del Cauca, por el que también intentó, sin fortuna, subir a las regiones auríferas. Para sorprender de improviso a los 217 indios, se esforzó en avanzar lo más rápido posible, sin tener en cuenta que el número de sus hombres de carga iba disminuyendo. Era tanta la prisa que se daba que, cuando caían indios extenuados, no perdía tiempo en abrir los collares con que iban encadenados y los mandaba decapitar. Por lo visto, logró remontar el Magdalena a unos 500 kilómetros de la desembocadura, de manera que llegó cerca del Estado de los muiscas-chibchas.
p Al tercer año de espeluznante caza, su destacamento quedó muy menguado a causa del hambre y las enfermedades. Entonces, de cazador quedó convertido en pieza de caza. Retrocediendo bajo los embates de los indios hacia el noreste, en dirección a Coro, se elevó a la Cordillera Oriental e incluso cruzó su parte septentrional, viéndose en el curso alto del río Zulla, afluente del Catatumbo, que va a morir al lago de Maracaibo. Allí, en las montañas, aproximadamente a 200 kilómetros de Sogamoso, la ciudad más nórdica de los muiscas-chibchas, los restos del destacamento alemán fueron cercados y exterminados por los indios (a fines de 1532). Según una versión, allí encontró la muerte el propio Ehinger; según otra versión, herido y enfermo logró llegar a Coro, donde falleció en 1533.
p En 1530, por orden de los Welser, salió de Coro en busca de Eldorado, hacia el sur, un centenar de soldados de a pie y dieciséis de a caballo al frente de Nicolás Federman, quien cruzó por primera vez la meseta de Segovia y, bordeando por el noreste la Cordillera de Mérida, penetró por eí valle del río Barquisimeto Cojedes (afluente izquierdo del río Portuguesa, sistema del Orinoco) en los Llanos del Orinoco. Desde aquí torció en seguida al suroeste, pero no recorrió más de 100 kilómetros: los indios de la orilla del Portuguesa ofrecieron a los alemanes tal resistencia que éstos se volvieron con las manos vacías a Coro. Toda la campaña duró cerca de medio año.
p Después de la muerte de Ambrosio Ehinger, los banqueros nombraron gobernador del "país de los Welser" a Jorge Hohermuth, de Espira [217•15 .
p Hohermuth se puso en marcha en busca de Eldorado con un destacamento de 400 hombres en 1535. Hizo el mismo recorrido que Federman hasta el río Portuguesa y luego siguió al suroeste por la orilla de la depresión, a lo largo de las estribaciones de la Cordillera de Mérida y de la Cordillera Oriental. Los alemanes cruzaron un sinfín de ríos que fluyen hacia el sudeste y el este 218 del Orinoco; entre ellos, las fuentes del Apure, del Arauca y del Meta. Pero Hohermuth no sabía que, si se aproximaba al curso alto del Arauca y del Meta, se acercaba a Eldorado, y si cruzaba el Meta, empezaba a alejarse del país deseado.
p El destacamento avanzaba muy despacio: tenía que rechazar continuamente los ataques de los indígenas. Los soldados sufrían las inclemencias del tiempo. Sus ropas se convirtieron en harapos y tenían que taparse el cuerpo con pieles de animales.
p Los alemanes necesitaron casi dos años para llegar a las fuentes del Guaviare, el mayor afluente del Orinoco después del Apure. Pero allí, a más de 1.000 kilómetros en línea recta desde su base de Coro, Hohermuth sufrió tan tremenda derrota de los indios que en agosto de 1537 se dio la vuelta. El destacamento llegó a Coro a fines de mayo de 1538, tras de haber perdido a 80 soldados muertos. Esta campaña fue descrita de manera pintoresca por Felipe von Hutten, que participó en ella.
p Antes de comenzar la campaña, Hohermuth dejó la orden de que otro destacamento, que había desembarcado recientemente en Coro, fuera hacia la desembocadura del Magdalena y remontara la corriente en busca de Eldorado. Pero los españoles cerraron el paso a los alemanes.
Federman condujo de nuevo a los alemanes en 1536 desde Coro aguas arriba del Portuguesa, y tras él fue Hohermuth, mas no dio con el destacamento en retirada. Al llegar al Meta, Federman subió por su valle hasta el nacimiento del río y se acercó desde el este a Bogotá, tras de cruzar un corto y fácil paso de la Cordillera Oriental. Pero eso ocurrió cuando ya estaban en la ciudad, como sabemos, los dos destacamentos españoles de Quesada y Belalcázar.
ORGANIZACIÓN DE NUEVA GRANADA Y
FIN
DEL "PAÍS DE LOS WELSER"
p Los cronistas españoles afirman que los tres destacamentos tenían el mismo número de hombres (160 soldados cada uno). Pero acudieron desde distintos lados, expoliaron a su paso distintos pueblos y por eso su vestimenta era muy diversa. Los hombres de Belalcázar, que venían del sur, del Perú, habían sacado más riquezas y venían vestidos de seda y terciopelo. Los de Quesada, que venían del norte, del mar Caribe, vestían con tejidos indios de algodón. Y los de Federman, que venían del este, de las sabanas poco pobladas del Orinoco y, por añadidura, de la zona devastada ya por sus compatriotas, se cubrían la pecadora desnudez de sus 219 escuálidos cuerpos con pieles de animales. Los tres campamentos habían sido construidos en forma de triángulo en la llanura colindante con Bogotá y se amenazaban mutuamente. Pero la guerra contra los indios no llegó a trocarse allí, como en el Perú, en una matanza entre los conquistadores. Se concertó un compromiso. Federman accedió a recibir un rescate por renunciar a los dudosos derechos de los banqueros alemanes a la Cordillera Oriental, y Belalcázar acordó pacíficamente con Quesada en delimitar sus nuevas posesiones. Toda la cuenca del Magdalena y de la Cordillera Oriental de los Andes Noroccidentales quedaron en posesión de Quesada, quien denominó este país Nueva Granada en honor de su ciudad natal española.
p Sin embargo, los banqueros tardaron en renunciar a las búsquedas de Eldorado. Hohermuth falleció en 1540, y en 1541 su sucesor, Felipe von Hutten, emprendió otra campaña de conquista. Avanzando lentamente durante varios años, de combate en combate, hacia el sur, llegó más’ allá del río Guaviare, hasta su afluente meridional, el Inirida, donde topó con fuertes tribus, que lo acosaron, y él hubo de retroceder, fue totalmente derrotado y encontró la muerte (1546). Con él sucumbió de hecho la empresa colonialista de los Welser y los Ehinger (oficialmente, la liquidación de la misma se declaró en 1555).
p Los espanoles.se fortificaron en la Meseta Central de esta zona, abundante en oro, esmeraldas y sal, y sometieron sin gran esfuerzo los Andes Noroccidentales. Exploraron estas zonas montañosas en todas las direcciones, y en 1539 Pascual de Andagoya descubrió la comodísima ruta comercial de Bogotá al Océano Pacífico a través de la Cordillera Central, y luego el valle arriba del Cauca, a través de la Cordillera Occidental, hasta la bahía de Buenaventura.
p Quesada llevó a España un inmenso botín de oro y esmeraldas; pero sus enemigos hicieron correr el rumor de que había ocultado parte de las riquezas para disminuir el quinto real, por lo que no fue nombrado Gobernador de Nueva Granada. Se le permitió regresar allá en 1549. No había perdido la esperanza de descubrir el verdadero Eldorado. Por lo visto, esa era su manía, lo mismo que la de otros miles y miles de aficionados a las aventuras. Mas no pasaban de ser "viajes al azar al país de los ensueños": " Durante más de un siglo, todas las expediciones hechas al este de los Andes, en las cuencas del Orinoco y del Amazonas, se dejaban llevar por esta visión mágica" (Elíseo Reclus).
En los años 60 Quesada emprendió, por lo menos, dos campañas a la cuenca del Orinoco para dar con Eldorado. Frisaba ya 220 los setenta cuando inició su última campaña hacia el Orinoco» superior con trescientos españoles y mil quinientos indios de carga. En los tres años que duró la campaña (1569-1572), los indios que llevaba fueron muriendo o desertando, y perecieron también casi todos los españoles que lo acompañaban. No encontró nada de valor ni llegó a las fuentes del Orinoco, regresando con las manos vacías. Murió casi a los 80 años de edad (1579).
Notes
[208•9] En los tiempos de la conquista, las lenguas de los chibchas estaban extendidas por Centroamérica desde Nicaragua hasta el istmo de Panamá, y en Sudamérica, por las mesetas y las depresiones de los Andes Noroccidentales.
[208•10] Las modernas ciudades colombianas de Bogotá y Tunja están construidas junto a las antiguas “capitales” indias a la altura de unos 2.500 m.
[209•11] En las diversas fuentes se describen de distinta manera estas ceremonias, probablemente según la región donde sucediesen.
[210•12] En junio de 1542 Francisco de Orellana, que descubrió el Amazonas, hizo cautiva, por debajo de la desembocadura del Madeira, a una avispada india que le habló de unos “cristianos” que residían en aquella zona. Gaspar de Carvajal, compañero de Orellana, cuenta así el suceso: "Tomóse en este pueblo una india de mucha razón y dijo cómo cerca de allí, la tierra adentro, estaban muchos cristianos como nosotros y que los tenía un señor que los había traído del río abajo; y nos dijo cómo entre ellos había dos mujeres blancas y que otros tenían indias y hijos en ellas. Estos son los que se perdieron de Diego de Ordaz, a lo que se cree, por las señas que daba, que era a la banda del norte" (Amazonas). Por otra parte, estos cristianos pudieran ser portugueses o franceses que hubiesen naufragado o desertado de sus naves cerca de la desembocadura del Amazonas.
[213•13] El Magdalena es navegable en la mayor parte de sus 1.600 km de longitud; varios afluentes suyos también son navegables.
[213•14] La sal gema, mercancía de mucho valor en los trópicos húmedos, estaba en unas montañas próximas a las orillas del Magdalena.
[217•15] Espira, ciudad alemana del Rin. Los cronistas españoles llaman a este conquistador alemán Jorge Espira o Spiro.