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DESCUBRIMIENTO
Y CONQUISTA DEL PERÚ
 


ANDAGOYA Y LA PRIMERA NOTICIA
FIDEDIGNA DEL PERÚ

p Después de la ejecución de Núñez de Balboa, los españoles cesaron temporalmente en sus tentativas de avanzar al sur del Panamá, pero no las abandonaron del todo. Eran demasiado persistentes los confusos rumores sobre el inmenso y rico país que los españoles denominaban Perú.

p El Gobernador panameño, Pedro Arias de Avila, tenía a su servicio a Pascual de Andagoya, hombre instruido y observador, que luego escribiría Relación de los sucesos ocurridos durante la gobernación de Pedrarias d.’Avila (una de las fuentes más importantes de la historia de la conquista de América Central). Andagoya participó personalmente en una serie de travesías marítimas y terrestres, organizadas por Pedro Arias y lucrativas para Andagoya, en tanto que el primero procuraba sacar buen provecho de todos los conquistadores vinculados de una u otra manera con Panamá. Andagoya fue al oeste y al norte de Panamá, llegó hasta Nicaragua y ofreció en su Relación y en las cuentas rendidas que enviaba al Consejo de las Indias luego, cuando ocupaba un alto cargo, ricos datos de las costumbres y usos de los indios de Centroamérica. Fue también al sur del istmo de Panamá, probablemente en 1515, cuando Gaspar Morales dio fin al descubrimiento de las islas de las Perlas en el golfo de Panamá.

p Para 1522 Andagoya había recorrido desde el golfo de Panamá a lo largo de la costa occidental de Sudamérica hasta el delta del San Juan (4° de lat. N.), aproximadamente unos 400 km. Recorrió la baja cordillera litoral Serranía de Baudo (1.810 m) y visitó la bahía de Cupica y el golfo de Tibugá. Pasado el cabo Corrientes, divisó una vasta depresión pantanosa, cruzada por el río San Juan. Por lo visto, Andagoya también visitó entonces, más allá de la desembocadura del San Juan, la bahía de Buenaventura, adonde varios años después tendió un camino desde tierra. En todo el litoral descubierto, Andagoya no encontró nada que pudiera interesar a los conquistadores. Esta franja de Sudamérica estaba poblada de selva, muy desértica al mismo tiempo, era pantanosa en muchos sitios y la habitaban tribus atrasadas. Estos indígenas proporcionaron a Andagoya en diversos lugares noticias 188 muy coincidentcs de un vasto y populoso país montañoso, rico en oro y plata, situado al sur del río Virú  [188•3 , denominación que Andagoya entendió por "País Perú”.

Esta noticia del "gran imperio del Perú”, situado cerca o más allá del ecuador, en lo alto de las montañas y próximo al mar, la trajo Andagoya en 1522 a la ciudad de Panamá y, como es natural, produjo honda impresión entre los conquistadores locales. El propio Andagoya enfermó de gravedad y no pudo organizar una expedición exploradora. La empresa la asumieron otros. Mas, para descubrir el imperio del “Perú”, se necesitaban cuantiosas sumas y fondos aún más copiosos para sacar provecho del descubrimiento, es decir, para conquistar el país.

PRIMERAS NAVEGACIONES DE PIZARRO
Y ALMAGRO AL PERÚ

p Francisco Pizarro (nació entre 1471 y 1478) venía haciendo méritos en las Indias occidentales desde 1507. Prestó servicio a distintos señores en La Española y Cuba, participó en varias campañas del istmo de Panamá, unas veces al lado de Balboa y otras contra él. La suerte le fue aciaga tanto en las islas como en tierra firme: las correrías contra los indios panameños, en las que tomó parte, solían fracasar, y si alguna vez tenían éxito, casi todo el botín se lo llevaba Pedro Arias de Avila. A Pizarro también le escamotearon su lote en el reparto de las tierras: en pago a sus servicios, recibió sólo una pequeña hacienda cerca de la ciudad de Panamá. Vivía por entonces en Panamá otro conquistador ya no joven, Diego Almagro (nació en 1475), que llegó al istmo en 1514. Lo mismo"que Pizarro, era un fracasado, dejado de la mano de la fortuna, un infeliz sin instrucción ni recursos. La noticia del "imperio del Perú" despertó en ambos la esperanza de rápido enriquecimiento. Pero no contaban con medios ni para descubrir ni, menos aún, para conquistar el Perú.

p Entretanto, en el Panamá vivían a la sazón gentes hacendadas y dispuestas a aventurar sus riquezas con tal de lucrarse aún más: eran emprendedores sacerdotes y funcionarios de la Corona. Pues bien, amalgamóse una liga de la espada y el bolsón, algo así como una sociedad en comandita, en la que entraron el rico e influyente clérigo Hernán de Luque y los dos fracasados conquistadores, muy diestros en hostilizar a los indígenas. Como es natural, asocióse 189 también a ellos Pedro Arias de Avila, puesto que sin su “beneplácito” hubiera sido de mortal peligro comenzar la "navegación para hacer descubrimientos”. Pero el Gobernador accedió, como siempre, a participar sólo en las ganancias sin hacer gasto alguno en la expedición.

p Al no disponer de grandes recursos, la compañía pudo enrolar .sólo a cien soldados y armar dos navios. En 1524 Pizarro y Almagro llegaron, como Andagoya, al delta del San Juan. Exploraron parte de la cuenca del río, pero tampoco encontraron nada de valor en aquella zona boscosa de escasa población nómada. La escasez de provisiones les forzó a volver a Panamá con las manos vacías.

p En 1526 repitieron la tentativa y volvieron a desembarcar en la costa, cerca de la desembocadura del San Juan. Enviaron de exploración al sur una nave capitaneada por el piloto Bartolomé Ruiz, quien descendió aproximadamente 800 km más al sur, descubrió el delta del Patía (Virú) y la rada Tumaco, cruzando luego el Ecuador. Los marineros divisaron a lo lejos la gigantesca cima nevada de Chimborazo (6.272 m). Ruiz hizo prisioneros a varios peruanos que iban en una balsa  [189•4 . Los cautivos confirmaron el relato de las inmensas proporciones y riquezas del país que se extendía al sur y del poderío de los inca s  [189•5 , dueños del mismo. Ruiz llevó a Pizarro varios modelos valiosos de artículos peruanos.

p Pizarro y Almagro emprendieron por tercera vez en 1527 una expedición al Perú, pero tampoco llegaron al Ecuador. Debido a la escasez de víveres, decidieron dividirse. El tozudo Pizarro se quedó en un islote costanero, donde se creía a salvo de las correrías de los indígenas del litoral, enfurecidos por los robos y violaciones que los españoles perpetraban así en la zona de la bahía de Buenaventura como al norte de la misma. Almagro retornó a Panamá en busca de refuerzos y más provisiones.

p Para este tiempo, Pedro de Avila había sido destituido. Su sucesor decidió poner fin a las “locas” tentativas iniciadas antes 190 de su llegada, además, por un individuo de "origen tan oscuro" como Pizarro. Envió a éste una nave con la orden de embarcar inmediatamente el destacamento rumbo a Panamá. Muchos de los compañeros de Pizarro se alegraron de la oportunidad de regresar a sus haciendas. Sólo unos cuantos se quedaron con él. Entre éstos figuraban Ruiz y Francisco Jerez, quien luego escribiría la historia de la conquista del Perú. El capitán de la nave panameña tomó a bordo a los restantes y zarpó, abandonando a su suerte, sin provisiones, a los “rebeldes”.

p Quince españoles, temerosos de quedarse en el islote costanero, construyeron una balsa grande y pasaron a la orilla de la isla Gorgona (3° de lat. N., 78° de long. O.). Permanecieron allí más de medio año en un exilio voluntario, alimentándose con las aves que cazaban y los moluscos que recogían. Los compañeros de Pizarro aparejaron una nave, pero el Gobernador les prohibió que le enviaran en ella soldados o pertrechos. La tripulación debía limitarse a traer a Panamá a los empecinados conquistadores. Pero Pizarro utilizó la nave para explorar hacia el sur la costa. Pasados los 2° de latitud sur, la costa torcía bruscamente al sudeste, y los españoles entraron en el golfo de Guayaquil, ancho y muy enclavado en tierra, el mayor de toda la costa sudamericana del Pacífico. En tierra vieron campos bien cultivados, y en la parte meridional del golfo, la gran y rica ciudad de Tumbes.

p Pizarro prosiguió la navegación al sur. La naturaleza de la costa cambió bruscamente: en lugar de la típica selva de toda la zona del litoral desde Panamá, más al sur del golfo de Guayaquil, el terreno poblado de parca vegetación alternaba con tierras totalmente yermas. Primero se divisaban a lo lejos, altas montañas (la Cordillera Occidental de los Andes Peruanos) que, al sur, se aproximaban casi a la misma costa. La nave avanzó aproximadamente hasta los 8° de latitud sur. Pero incluso en esta franja relativamente árida resaltaban oasis de agricultura en pequeños valles. Allí había campos de regadío escalonados y se encontraban aldeas unidas con calzadas pavimentadas, y por los alrededores pastaban llamas.

Los españoles se hicieron en esta zona con dos llamas vivas, tejidos finos de lana de vicuña y vasijas de oro y plata y capturaron a varios peruanos jóvenes. Con esos trofeos, Pizarro pudo volver honrosamente a España. Nadie podía poner ya en duda la existencia del Perú, país de oro, que él, Pizarro, había descubierto y se proponía conquistar. Mas los primeros que acudieron a "dar la bienvenida" al conquistador en la península fueron sus acreedores, que no tardaron en encarcelarlo por insolvencia.

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CAMPAÑA DE PIZARRO
PARA CONQUISTAR EL PERÚ

p Los relatos de Pizarro, confirmados con pruebas tan convincentes, produjeron en España fuerte impresión. Carlos 1 ordenó que lo pusieran en libertad y le concedió la patente de conquista del Perú, nombrándolo Gobernador del país. Le fueron concedidos cuantiosos fondos, pero no contantes y sonantes, sino a cargo de los ingresos que se devengarían del país aún por conquistar. El plazo que se le dio para armar la expedición fue muy breve, de medio año. Sin embargo, no faltaron "almas caritativas”, entre las que se contaba Hernán Cortés, que financiaron la empresa prometedora de inmensas ganancias. Francisco Pizarro comenzó en el acto a enrolar voluntarios en Extremadura, de donde era oriundo. Ante todo, incorporó a la expedición, como es natural, a sus parientes, entre ellos a sus tres hermanos carnales: Hernando, mayor que él, Juan y Gonzalo, de menos edad.

p Almagro no obtuvo ningún alto cargo. Veía que Pizarro se rodeaba de su parentela y lo relegaba a él a segundo plano. Pero aún confiaba en el contrato de reparto del botín, sin perder definitivamente la fe en Pizarro. Y cuando éste llegó a Panamá con un destacamento a todas luces insuficiente para conquistar un inmenso país, Almagro accedió a quedarse temporalmente en la retaguardia y organizar reservas, abrigando la esperanza de llegar al Perú con un nutrido destacamento a la hora decisiva.

p En 1531, los hermanos Pizarro zarparon de Panamá en tres naves con un destacamento de 180 hombres, entre los que había varias decenas de a caballo. En la caballería se cifraban grandes esperanzas. El destacamento desembarcó en la costa, cerca del Ecuador, y avanzó hacia el sur por tierra. En 1532 se aproximó al golfo de Guayaquil y se apoderó de la isla de Puna, en la costa septentrional del golfo. Pero los indígenas se defendieron con tanto denuedo que, al cabo de medio año, el diezmado destacamento pasó a la orilla meridional del golfo, a Puerto Pizarro, cerca de Tumbes. Allí permaneció tres meses más, pero en esta ocasión los hermanos Pizarro no perdieron el tiempo en vano: reunieron noticias exactas de la situación interior que reinaba en el Estado de los incas y recibieron refuerzos de Panamá, entre los que se contaban varias decenas de caballos más.

p En el país acababa de finalizar una guerra intestina de tres años, en la que Huáscar, inca supremo, resultó vencido y prisionero de su hermano, Atahualpa. En septiembre de 1532, el “usurpador” se encontraba con un ejército de 5.000 hombres en la 192 ciudad montañosa de Cajamarca, sita a 7° de latitud norte junto a uno de los afluentes del río Marañen.

p Los Pizarro, que tenían por "varón consejero" al provecto hermano mayor Hernando, creyeron que había llegado el momento oportuno para llevar a cabo sus designios. Iniciaron una campaña a finales de septiembre, fueron al sur, por el llano del litoral, tramontaron luego la Cordillera Occidental y salieron a Cajamarca. Su marcha facilitábase por el hecho de que los incas habían construido buenos caminos, empedrados y, por algunos tramos, abiertos a pico entre las rocas y con puentes colgantes sobre hondos desfiladeros, por los que fluían ríos montañosos  [192•6 . El destacamento de Pizarro estaba integrado por 62 hombres de a caballo y 102 de a pie, 23 de los cuales poseían armas de fuego (arcabuces y mosquetes).

p Atahualpa no ponía obstáculos a los españoles. Mediado noviembre de 1532, los españoles entraron en Cajamarca y se alojaron en la ciudad; el ejército de 5.900 hombres de Atahualpa estaba a dos millas de la ciudad. Francisco Pizarro envió al oficial Hernando Soto con dos o tres jinetes al campamento de Atahualpa para invitarlo a una entrevista el día siguiente en la plaza de Cajamarca. El jefe inca rehusó. Entonces Hernando Pizarro fue con un intérprete a conversar con Atahualpa, y éste, al ver que los intrusos confiaban en él, accedió a la entrevista. Según la versión tradicional, en la noche que siguió al reconocimiento del campamento de Atahualpa, los hermanos Pizarro, Soto, Sebastián Moyano de Belalcázar y el monje Vicente Valverde urdieron un osado plan que Francisco Pizarro ejecutó con desfachatez sin igual incluso para aquellos tiempos.

p Tres destacamentos españoles prepararon emboscadas (por lo visto, Pizarro y Atahualpa convinieron en que se entrevistarían, alejados de sus tropas). El jefe inca acudió a la plaza en palanquín de oro que llevaban a hombros encumbrados indígenas. Delante iban trescientos indios sin armas, retirando del paso piedras y basura. Tras el soberano inca iban en sillas de mano y hamacas jefes y ancianos. Cuando la procesión se detuvo, Valverde se acercó a Atahualpa y le leyó un largo requerimiento para que reconociera de grado la autoridad del rey español sobre los incas. Atahualpa inquirió cómo podía convencerse de que era verdad lo 193 199-16.jpg 194 que oía. El fraile invocó los Evangelios, que tendió al soberano inca. Este les dio unas vueltas en la mano, los hojeó, dijo que el libro no hablaba y lo arrojó. Entonces Val verde gritó a los españoles "¡A ellos, a ellos!" Francisco Pizarro ordenó abrir fuego, los jinetes emboscados se abalanzaron desde tres sitios sobre Atahualpa y, al mismo tiempo, se presentaron los soldados de a pie. El propio Pizarro corrió hacia el palanquín, asió a Atahualpa por los cabellos (los tenía muy largos), lo levantó de su asiento, lo tumbó en el suelo y lo ató. Los indios del séquito de Atahualpa, acosados desde tres lados por los jinetes, huyeron, presas del pánico, derribándose los unos a los otros. Al ver su huida, el nutrido destacamento indio que se encontraba a cierta distancia se marchó al norte, hacia el Ecuador, sin presentar combate.

p El inca comprendió que los conquistadores amaban, ante todo y sobre todo, el oro. En el muro de la mazmorra, donde lo encerraron, trazó una raya tan alto como alcanzaba con la mano y ofreció un rescate inaudito: una cantidad de oro que llenaría el recinto hasta la raya trazada. Pizarro aceptó la oferta, y Atahualpa envió a todos lados mensajeros que recogieran vajilla de oro y los ornatos del mismo metal de los templos.

A comienzos de 1533 Almagro llegó al Perú con un destacamento de 200 hombres, 50 de los cuales iban montados, pero los hermanos Pizarro ya no los necesitaban.

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p Hasta mediados de 1533 reunieron montones de oro, pero aún no había llegado todo el rescate. Pizarro perdió la paciencia, con tanto mayor motivo que los recursos de los incas, al parecer, se habían agotado. Acusó al inca de que estaba confabulando contra los españoles y de haber asesinado a su rival Huáscar, le culpó de 195 idolatría y poligamia... Atahualpa fue condenado a la hoguera. Mas, como accediera al bautismo, la ejecución “limitóse” a garrote vil. El oro reunido fue repartido, tras de apartar el quinto real, entre los conquistadores, y como Almagro contaba con un robusto destacamento, recibió su parte. Pizarro proclamó soberano del Perú a Manco Cápac, hijo de Huáscar, y entró con él en Cuzco, capital del país.

En 1534 Belalcázar se puso en marcha al norte, hacia el valle de los Andes Ecuatorianos. Fue por el "camino de los incas”, mucho mejor y más seguro que los que los españoles habían visto en su país, y conquistaron sin gran esfuerzo Quito. A partir de este momento, la frontera septentrional de las conquistas de los españoles en el país alcanzaba el Ecuador, y la meridional, en la zona de Cuzco, pasaba aproximadamente por el 14° de latitud sur. Francisco Pizarro se apresuró a enviar a España el quinto real, pesado cargamento de oro. Para Sudamérica se embarcaron nuevas muchedumbres de afanosos del lucro. Menudearon las navegaciones entre Panamá y el Perú. Entonces Pizarro trasladó el centro del país a la orilla del mar y fundó la "Ciudad de los Reyes" (1535), que posteriormente recibió el nombre de Lima.

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Notes

[188•3]   Se supone que Virú es la antigua denominación indígena del delta del Patía, único río grande de la costa occidental de Sudamérica. Tiene unos 350 km de longitud.

[189•4]   Los peruanos emprendían largas navegaciones a lo largo de las costas en balsas ligeras con velas de juncos. En una balsa parecida (“Kon-Tiki”, de unos 100 m2) realizó en 1947 el noruego Thor Heycrdahl con cinco compañeros una travesía de 8.000 km desde Callao hasta el atolón de Raroia (archipiélago de Tuamotú), tardando en ello 101 días.

[189•5]   Los incas son una de las tribus del pueblo de los quechua. Tras de encabezar una unión de varias tribus y someter a los pueblos vecinos, los incas organizaron (hacia 1438) el mayor de los Estados indios. Dicho Estado esclavista temprano se extendía a! sur del río Patía hasta el río Maule, más de 4.000 km, y ocupaba una superficie de cerca de 2.000.000 de km2 con una población de unos 6.000.000 de habitantes.

[192•6]   En la "mar del Sur" no desemboca ningún río grande peruano, cosa que pareció enigmática durante los primeros años a los conquistadores. Entonces se supuso que tos grandes ríos desaguan en la "mar del Norte" (Caribe). Pero nadie se imaginaba por entonces que las desembocaduras de los principales ríos peruanos se encuentran a miles de kilómetros al este del Perú.