Y EXPLORACIÓN
DE YUCATÁN
FRACASO DE LA EXPEDICIÓN DE MONTEJO PADRE
p El falaz Francisco de Montejo, enviado por Cortés a España como mensajero de sus acciones, el cual advirtió a Velázquez, enemigo de Cortés, la embajada que llevaba de él, no quería servir ni al uno ni al otro. Su ambición era actuar en beneficio propio. Por entonces Yucatán era territorio "de nadie" desde el punto de vista de los colonizadores, y Montejo logró licencia para " Descubrir, conquistar y poblar las islas de Yucatán y Cozumel”. El 8 de diciembre de 1526, Carlos I firmó un contrato con Montejo. Según este contrato, el nuevo adelantado debía armar los navios, comprar las provisiones y los caballos (cerca de 60) y pagar de su bolsillo sueldos a 5.000 marineros y soldados. La cuantiosa suma necesaria para ese gasto la encontró Montejo casándose con una viuda muy rica, que él no llevó a Nueva España.
p En septiembre de 1527 los hombres de Montejo desembarcaron en la isla de Cozumel, la tomaron sin resistencia, y desde aquí pasaron a la costa noreste de Yucatán.
p Luego de colocar los cimientos de la primera fortaleza española en el litoral, junto al estrecho que separa a Yucatán de Cozumel (cerca del poblado de Chel) y dejar allí unos cuarenta enfermos, Montejo fue hacia el norte, explorando la franja costera, densamente poblada a la sazón. Cerca del cabo Catoche dobló al oeste. "Los indios se espantavan de ver tantos cavallos y gente, y que dieron aviso a toda la tierra de lo que pasava... Que los indios señores de la provincia de Chicaca vinieron al Adelantado a visitarle de paz.. .” [165•22 Montejo fue a su ciudad principal, rodeando una extensa laguna, Río Lagartos, que se estrechaba por el noroeste. Junto a la desembocadura de este “río” estaba la gran ciudad de Chicaca con casas de piedra. Los españoles entraron en ella sin combatir, pero los indios sacaron por la noche a las mujeres y los niños y a la mañana atacaron a los intrusos, que rechazaron el ataque, perdiendo cerca de 20 hombres muertos. Desde allí Montejo se encaminó al sur, al interior del país, y saqueó a su paso la primera ciudad abandonada por los indios. 166 Pero después de la segunda batalla, el adelantado se desanimó y tornó, caminando hacia el mar, al poblado de Chel, cruzando las ruinas de Chichen-Itzá, antigua capital de los mayas.
p En 1528 Montejo exploró la costa oriental de Yucatán, probablemente hasta la bahía de Chetumal. Como los indios también le ofrecieran resistencia, se fue a México y ocupó un alto cargo en la provincia de Tabasco, fronteriza con Yucatán. Dejó en Chel un grupo de soldados, pero, un año después, se los llevó también a México.
p En 1531 Montejo reemprendió la conquista de Yucatán, pero encargó las operaciones militares a parientes suyos. Su yerno Alonso López de Avila salió de Tabasco hacia el este, a la parte central de Yucatán, y llegó a la bahía de Chetumal, siendo el primero en atravesar la península. Por el camino vio varias aldeas abandonadas por los indios. En la zona de Chetumal encontró resistencia, sufrió una derrota y se vio obligado a replegarse con grandes pérdidas a Honduras.
p Entretanto, Francisco de Montejo había quedado establecido en la costa norte de Yucatán, tras de haberse aliado con los caciques locales, y al interior del país envió a su hijo Francisco (Montejo hijo), del primer matrimonio. Este fue a la zona de ChichenItzá, desde donde intentó avanzar hacia la bahía de Chetumal, al sudeste. Al no lograrlo, retrocedió a Chichen-Itzá. Aprovechando, como de costumbre, la enemistad entre los caciques, los conquistadores se sostuvieron cerca de año y medio en el litoral septentrional y en la zona de Chichen-Itzá, donde Montejo hijo construyó una ciudad.
p “Y assi viendo que los indios servían sin pesadumbre... repartió los pueblos entre los Españoles, y según dizen a quien menos cabía alcanzava dos o tres mil Indios de repartimiento... y que los Indios pareciéndoles una cosa dura servir a estrangeros... comenfaron a offenderle por todas partes. . . de manera que los vino a faltar la comida y que al fin dexaron la ciudad una noche. . .”
Montejo hijo logró marchar al norte sin más pérdidas y reunirse con su padre. Y como no recibieron los refuerzos que esperaban de España, a mediados de 1533 llegaron, con los deplorables restos de su tropa ayudados por un cacique del norte, al puerto de Campeche, y de aquí a México.
MONTEJO HIJO Y LA CONQUISTA DE YUCATÁN
Totalmente derrotado por los indios, Montejo padre no renunció a sus “derechos” a Yucatán. Con las riquezas de su esposa y 167 sus influencias, el viejo conquistador consiguió el nombramiento de gobernador de Honduras, y luego de Chiapas, es decir, de la provincia lindante con Yucatán por el oeste. En 1541 envió a su hijo desde Chiapas a conquistar Yucatán.
p Montejo hijo descendió con una gran partida al mar por los valles del sistema fluvial Grijalba-Usumacinta, pasó a Champotón, se fortificó, y desde aquí fue a Campeche. Aprovechando e instigando la hostilidad entre las tribus, fue avanzando, si bien con duros combates a veces, y el 6 de enero de 1542 fundó al noroeste de la península la ciudad de Mérida, desde donde envió tropas a distintas partes del país. Nombró capitán de una de las partidas a un primo suyo, también Francisco (Montejo sobrino).
p Este sometió la franja septentrional de la península y fundó en mayo de 1543 una fortaleza cerca de la ciudad de Saqui.
p En 1544 Montejo hijo envió al este un destacamento capitaneado por Alonso Pacheco, que construyó una fortaleza entre el vértice de la bahía de Chetumal y el lago Bacalar y emprendió la “pacificación” del país. De lo que hicieron los españoles bajo el mando de Pacheco en las provincias orientales de Cochúah y Chectemal (Chetumal) habla Diego de Landa, quien llegó a la península en 1549:
p “Que se alteraron los Indios de la provincia de Cochua y Chectemal, y que los Españoles los apaziguaron de tal manera que siendo dos provincias las más pobladas y llenas de gente, quedaron las más desventuradas de toda aquella tierra, haziendo en ellas crueldades inauditas, cortando narices, manos, bracos, y piernas, y a las mugeres los pechos, y echándolas en lagunas hondas con calabacas atadas a los pies, y dando de estocadas a los niños porque no andavan tanto como las madres: y si los que llevavan en colleras enfermavan, o no andavan tanto como los otros, cortávanles entre los otros las cabecas por no pararse a 168 soltarlos, y que trayan gran número de mugeres y hombres captivos para su servicio con semejantes tratamientos" [168•23
p Al norte y al oeste de la península, donde ayudaban a los conquistadores algunos caciques, no hubo una matanza casi tan general de la población como en el este: los Montejo, padre e hijo, viéronse obligados a apiadarse de los “subditos” de sus aliados. Pero incluso allí, después de las degollinas de insumisos, disminuyó considerablemente el número de habitantes, y es poco probable que ni siquiera en nuestros tiempos haya alcanzado el nivel de entonces: en una superficie de 90.000 km2 residen hoy 672.000 personas. En estas provincias, más tranquilas, también "... los Indios recibían pesadamente el yugo de la servidumbre; mas los españoles tenían bien repartidos sus pueblos que abrafavan la tierra, aunque no faltava entre los Indios quien los alterase, sobre lo que se hizieron castigos muy crueles, que fue causa que se apocasse la gente”.
p En el norte operaban Montejo hijo y Montejo sobrino. No queda claro a quién de los dos se refiere luego Landa, al relatar los sucesos de una aldea de la costa septentrional perteneciente a caciques aliados con los españoles.
“Hízose información contra los de Yobain, pueblo de los Cheles, y prendieron la gente principal, y metiéronlos en una casa en cepos y pegaron fuego a la casa, y se abrasaron vivos con la mayor inhumanidad del mundo, y dize este Diego de Landa que él vio un gran árbol cerca del pueblo en el qual un capitán ahorcó muchas mugeres indias de las ramas, y de los pies dellas los niños sus hijos... Que los Españoles se desculpan con dezir que siendo ellos pocos, no podían sujetar tanta gente sin ponerles miedo con castigos terribles... y que por otra parte tenían razón los Indios de defender su libertad, y confiar en los capitanes que tenían muy valientes para entre ellos y pensavan que assi serían contra los españoles”.
LANDA Y LA PRIMERA DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA
DE YUCATÁN
p El franciscano fray Diego de Landa fue enviado a Yucatán en 1549. Poco después de su llegada, fue superior de un pequeño monasterio, y luego, ascendiendo poco a poco, llegó en 1561 a ser 169 Provincial de Yucatán. Rebasando sus poderes, instituyó el mismo año tribunales de la Inquisición para perseguir a los conversos al cristianismo acusados de apostasía.
p He aquí lo que dice a este respecto el etnógrafo y lingüista soviético Yuri Knorózov, investigador muy distinguido de la escritura de los mayas, en el prólogo a la traducción del libro de Landa al ruso: "Un naborí del convento de Maní encontró en una gruta un ciervo con el corazón arrancado y figurillas de dioses... Landa precipitóse a Maní. Sin ser obispo, no tenía atribuciones para hacer pesquisas inquisitoriales, pero eso no lo detuvo... Arrancaba confesiones de apostasía con crueles torturas... daban a los indios 200 azotes; si no bastaban, los colgaban de los brazos retorcidos, les rociaban la espalda con cera hirviendo, les aplicaban hierros candentes o les daban el suplicio del agua. Consistía este tormento en echar agua caliente por una trompa introducida en la garganta del torturado, luego uno de los verdugos se ponía de pie encima de él y hacía que expulsara el agua con sangre por la boca, la nariz y los oídos... Según relatan los contemporáneos, se dio tormento y castigos corporales a 6.330 personas, entre hombres y mujeres. 157 murieron poco después a causa de las torturas, y los más de los supervivientes quedaron lisiados para los restos de sus días. Los suplicios duraron casi diez meses. El 12 de julio de 1562 Landa celebró en Maní un auto de fe solemne. En las hogueras de este auto de fe perecieron las últimas reliquias, que aún se conservaban, de la antigua cultura de los mayas: manuscritos de jeroglíficos, estatuas y artísticas vasijas con figuras. Muchos de los indios apresados se ahorcaron en la cárcel antes del auto de fe o murieron a causa de los suplicios. Los frailes exhumaron setenta cuerpos y los arrojaron a la hoguera...”
p Los terratenientes españoles de Yucatán, temerosos de que estallara una sublevación, denunciaron la conducta de Landa al obispo que, como es natural, no podía tolerar la usurpación de sus poderes. De 1564 a 1572 Landa vivió en España y, al fin y al cabo, no sólo fue absuelto, sino que obtuvo un ascenso, volviendo en 1573 a Yucatán con la dignidad de obispo de Mérida, donde falleció en 1579.
p Durante su estancia en España, Landa terminó el libro (1566) al que dedicó más de diez años. El manuscrito original se extravió; pero en 1863 se halló una copia abreviada, que se publicó con el título de Relación de las cosas de Yucatán. Esta obra de Diego de Landa, fanático recalcitrante, pero observador reflexivo y serio, que reunió datos entre los españoles y entre los mayas, 170 cuya lengua conocía, no es sólo la fuente literaria fundamental de la historia y la etnografía del pueblo maya; ofrece también, aunque breve, una descripción físico-geográfica bastante exacta de la península de Yucatán y de lo típico que la distingue.
p “Yucatán no es isla, ni punta que entra en la mar, como algunos pensaron, sino tierra firme" [170•24 . Y explicó la causa del error en la existencia de dos extensiones de aguas a ambos lados del istmo: al sudeste, el lago de agua corriente Izabal; y al sudoeste, la laguna de Términos.
p “Que es tierra muy llana y limpia de sierras, y que por esto no se descubre desde los navios hasta muy cerca, salvo entre Campeche y Champotón donde descubren unas serrezetas... Que su costa se baxa y por esto los navios grandes van algo apartados de tierra”.
p Son muy típicas del litoral septentrional de Yucatán la costa doble y las lagunas muy largas y angostas que los conquistadores llamaban en un principio ríos (por ejemplo, Río Lagartos), y luego pantanos o fangales.
p “Hay una ciénaga en Yucatán digna de memoria que tiene más de setenta leguas de largo y es salina toda ella; comienza... cerca de la Isla de Mujeres, y sigúese muy junto a la costa del mar entre la misma costa y los montes, hasta cerca de Campeche... porque entre el mar y la ciénaga va una costa de tierra a lo largo todo lo que dura ella, que la divide del mar”.
p En la extensa depresión de Yucatán, formada de calizas coralinas, cada cerro parece una montaña. Es dudoso que Landa estuviera en el sur de la península y probablemente oyó hablar de las "montañas meridionales" a los conquistadores que cruzaron el istmo. Por eso Landa se forjó la opinión de que "atraviese a Yucatán una sierra pequeña de esquina a esquina" [170•25 .
p “Esta sierra divide a Yucatán en dos partes, y que la parte de mediodía haz a Lacandón y Taiza está despoblada por falta de agua, que no la hay sino quando llueve. La otra que es al Norte está poblada”.
Landa da una característica precisa de la maravillosa propiedad de la parte que él conocía de Yucatán: una ausencia total de ríos con abundancia de agua dulce merced al buen desarrollo del venaje subterráneo: "La naturaleza obró en esta tierra tan diferentemente en los de los ríos y fuentes, que los ríos y las fuentes 171 que en todo el mundo corren sobre la tierra, en ésta van y corren todos por sus meatos secretos por debajo de ella. Lo cual nos ha enseñado que casi toda la costa está llena de fuentes de agua dulce... y se puede de ellas, en muchas partes, coger agua... cuando de la menguante de la agua queda la orilla algo seca. En la tierra proveyó Dios de unas quebradas que los indios llaman zenotes... son de muy lindas aguas... y es que en todas las partes de ella que se cave, salen muy buenas aguas de manantiales y algunas tan hermosas que se sume una lanza por ellas... y los pozos todos en especial los cercanos al mar crecen y menguan cada día a la hora que crece y mengua el mar, lo cual muestra más claro ser todas las aguas de ríos que corren debajo de la tierra hacia el mar”. A los geógrafos de los siglos XIX y XX no les restaba sino dar una explicación científica de esta ausencia de ríos y de esta abundancia y originalidad de aguas subterráneas en Yucatán.
Notes
[165•22] Esta cita y las que siguen están tomadas del libro de Diego de Landa Relación de las cosas de Yucatán,
[168•23] Desde entonces, la parte oriental de Yucatán quedó casi totalmente despoblada. Actualmente está incluida en México como territorio de Quintana Roo, donde, en una superficie de 51.000 km2, no hay más que 27.000 habitantes.
[170•24] Landa rebatia aquí la opinión de españoles e indios: "... y que también la llamaron Peten, que quiere dezir isla...”
[170•25] Los historiadores de los siglos XIX y XX demostraron que en Yucatán no hay cadena montañosa “única”: existen varias sierras cortas.