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Charla cuarta
LA MATERIA Y LA CONCIENCIA
 

Acerca de la Inmortalidad del “alma”

p La humanidad se preguntaba ya en tiempos inmemoriales: ¿por qué el hombre deja de pensar, moverse y hablar después de la muerte? "Porque el alma ha abandonado su cuerpo”, respondía el salvaje de los tiempos primitivos. La muerte es la separación del alma del cuerpo.

p ¡Alma y cuerpo! ¡Cuántos siglos intentó el género humano descubrir la relación existente entre el cuerpo y lo que se denomina alma, mejor dicho, la conciencia del hombre! Pero resultó increíblemente difícil resolver este problema. ¿Cómo estudiar lo que no se ve ni se oye, lo que no huele ni tiene color? Porque así es, precisamente, nuestra conciencia, nuestro pensamiento, nuestra sensación. Nadie, excepto yo, siente mi dolor. Nadie conoce mi pensamiento si no habló de él. ¿Qué es pues, el pensamiento? Los idealistas y clericales han especulado durante siglos, y continúan especulando, con estas cuestiones.

p En la Biblia se dice que Dios creó al hombre de arcilla, de polvo terrenal. Este polvo no habría pasado de ser una estatua inerte si Dios no hubiera insuflado en ella el alma. Sólo después de eso empezó a vivir, a moverse y a pensar. El origen de la vida y del pensamiento, enseña la religión, es el alma, el principio espiritual. Es "la chispa de Dios" en el hombre. El cuerpo no puede existir sin el alma, será una cosa muerta.

p Pero, según la religión, el alma puede pasarse perfectamente sin el cuerpo. Se instala en él al nacer y lo abandona después de su muerte. La admisión de "Ja vida de ultratumba" sigue siendo, incluso hoy, la base de todas las sectas religiosas. Débese ello a que la fantasía de los 70 clericales puede desbocarse en este terreno con más facilidad que en ningún otro. "¿Quién va a controlarnos —piensan—, puesto que no hay testigos?" Hace nueve siglos, el gran sabio, filósofo y poeta Ornar Khayyam subrayaba esta idea, diciendo:

p "¿Verdad que es extraño? ¡Cuánta gente ha marchado hasta ahora al espacio ignoto! Y ni una sola persona ha regresado de él para contarlo todo y poner fin a la discusión".

p Sin embargo, se han encontrado “testigos”, de los que hablaremos más adelante.

De momento tiene importancia aclarar el fondo de la concepción idealista religiosa de la relación entre lo material y lo espiritual, que consiste en lo siguiente: 1) lo espiritual (la conciencia) existe antes que lo material; 2) puede existir sin lo material, es decir, no depende de ello. Lo material es “corruptible”, destructible, en tanto que lo ideal es eterno, indestructible. ¿Es cierto esto? Veámoslo.

¡Existe la conciencia sin la materia!

p Los pensamientos, las sensaciones, las nociones, la voluntad, son la conciencia. Las posee, ante todo, el hombre. Si no hay un ser que sienta, no habrá sensaciones; si no hay quien desee, es decir, el hombre, no habrá deseos. No hay voluntad donde no existe un ser que deba manifestar esa voluntad. Al margen del hombre, fuera de él, no hay ni voluntad, ni sensaciones, ni deseos, ni ninguna otra manifestación de conciencia, de siquis, de pensamiento.

p Ustedes saben que la naturaleza, la materia, existía ya antes de que aparecieran el hombre y su conciencia, su siquis. Esto muestra claramente que la naturaleza, la materia, es lo primario y que la conciencia, el pensamiento, es lo secundario. Mas puede surgir una pregunta: ¿tenían conciencia los seres vivos que existieron antes que el hombre? Sí, también los animales poseen algunos gérmenes de Conciencia. Por ejemplo, les son inherentes la sensación del color y del olor y cierta inteligencia. Pero incluso estos gérmenes de conciencia aparecieron hace poco relativamente: al surgir los animales.

p De lo dicho se deduce que la,naturaleza existió no sólo antes que el hombre, sino, en general, antes que los seres 71 vivos y, por ende, independientemente de la conciencia. Es lo primario. Mas la conciencia no pudo existir antes que la naturaleza. Es lo secundario. Nos encontramos ante una de las demostraciones más importantes de la solución materalista del problema principal de la filosofía. Pero no es la única. Ustedes conocen algunas de ellas a través de la experiencia cotidiana.

p Se ha observado hace ya tiempo que, a veces, basta con herirse seriamente una mano para que se produzca un desvanecimiento, para perder el sentido. La ciencia ha comprobado que el desvanecimiento —pérdida del sentido— es resultado de la anemia cerebral o tiene por causa alguna enfermedad aguda del sistema cardiovascular, traumatismos graves y hemorragias. Por tanto, la conciencia depende de los procesos que tienen lugar en el cuerpo, en el cerebro y en los nervios. Es sabido que un borrachín destruye paulatinamente su organismo, su cuerpo: empeora el funcionamiento del corazón, el hígado “falla”, digiere mal los alimentos. Y el resultado es que pierde la fisonomía humana: se oscurece su conciencia, se le “traba” la lengua y, a veces, pierde por completo el conocimiento. La destrucción del cuerpo lleva a la destrucción, a la pérdida del conocimiento, es decir, de la conciencia.

p Otro ejemplo. ¿Quién ignora que cuando una persona está cansada o se siente mal le cuesta más trabajo pensar? Y, viceversa, es suficiente descansar, hacer gimnasia o tomar una ducha para que la persona se sienta mejor y se aclare su pensamiento.

Llegamos, pues, de nuevo a la conclusión de que la conciencia no existe ni puede existir sin la materia. Pero ¿puede pensar cualquier materia? Basta con echar una ojeada al mundo circundante para responder: no, no puede pensar cualquier materia. No piensa, por ejemplo, una piedra ni, en general, toda la naturaleza inorgánica. Tampoco existen síntomas de conciencia en numerosos organismos vivos. ¿Cuándo surgió, pues, la conciencia?

La conciencia es producto de la materia altamente organizada

p Las ciencias naturales contemporáneas han demostrado que la naturaleza orgánica se ha formado de la naturaleza inorgánica. Esta conclusión tiene mucha importancia. Los idealistas afirmaban que la naturaleza orgánica no tiene nada de 72 común ron la inorgánica. Los objetos animados e inanimados, razonaban, se distinguen entre si en grado extraordinario. A diferencia de los objetos inertes, los seres vivos se mueven, se multiplican y crecen. La diferencia es, en efecto, inmensa. Mas en aquellos tiempos no se podía explicar qué es lo que tienen de común. Y asi nació la opinión de que el organismo vivo encierra una "fuerza vital" especial que le ha sido dada por Dios y que lo hace completamente distinto de la naturaleza inorgánica. ¿Es cierto esto?

p El organismo vivo se diferencia, claro está, de la naturaleza inorgánica. Mas, a la vez, está vinculado a ella de manera indisoluble. Por ejemplo, consta de elementos como el carbono, el hidrógeno, el oxígeno, el hierro, el azufre, el fósforo y otros. Esos mismos elementos aparecen también con frecuencia en la naturaleza inorgánica. En el organismo vivo no hay un solo elemento que no exista en la naturaleza inorgánica, desprovista de vida. Los nexos entre uno y otra son evidentes. La ciencia ha demostrado, mediante el análisis de semejantes hechos, que la substancia orgánica procede de la substancia inorgánica.

p El académico soviético A. Oparin ha creado la hipótesis materialista del origen de la vida en la Tierra a partir de substancias inorgánicas. Pero el surgimiento de la vida en la Tierra, de la primera célula, no significa aún la aparición de la conciencia. A la par con la vida surgen únicamente los primeros gérmenes de conciencia.

p La conciencia representa la actividad nerviosa de determinado sector de los hemisferios del cerebro. Como demostraron los grandes sabios rusos ¡van Séchcnov (1829-1905) e Iván Pávlov (1849-1936), la conciencia surge sobre la base de los procesos fisiológicos que tienen lugar en las secciones superiores del cerebro. A su vez, estas secciones del cerebro son resultado de la evolución multisecular, en el transcurso de la cual se desarrolló el sistema nervioso y se hizo más compleja su actividad. Se desarrolló y complicó asimismo la conducta de los animales hasta que apareció el cerebro humano y, junto con él, la conciencia del hombre.

p Las manifestaciones superiores de la actividad nerviosa están vinculadas precisamente a la corteza de los 73 hemisferios. Es fácil convencerse de ello si se compara el desarrollo del sistema nervioso con la complejidad que ha ido adquiriendo, en consonancia, la conducta de los animales. En los peces, que carecen de corteza cerebral, observamos únicamente los reflejos  [73•1  más simples. En las aves, que tienen ya elementos de corteza, son mucho más complejos. En los perros, dotados de una corteza cerebral mucho más desarrollada, los reflejos son más complejos aún. Y en los antropoides, cualquier movimiento voluntario está subordinado a la corteza de los hemisferios del cerebro. Sin embargo, no puede hablarse de pensamiento de los animales en el verdadero sentido de la palabra. Por pensamientos entendemos el pensamiento del hombre. El pensamiento está vinculado a la aparición, en el proceso evolutivo, de la forma superior de movimiento de la materia: el cerebro humano.

Así, pues, la conciencia no es producto de cualquier materia, sino de la materia altamente organizada: es producto de la actividad del cerebro. La conciencia es una función del cerebro. No puede existir sin el cerebro, que es su portador material. "En el hombre —decía Ivan Séchenov— todo el mundo infinito de la conciencia, del sentimiento, del pensamiento y de la voluntad está condicionado por la actividad de los hemisferios cerebrales”. Iván Pávlov, continuador de su obra, demostró que la actividad síquica se basa en procesos materiales que se producen en el cerebro humano. Se trata de los procesos fisiológicos que tienen lugar en la corteza de los hemisferios del cerebro. "La actividad síquica —decía Pávlov es resultado de la actividad fisiológica de determinada masa del cerebro".

Otra prueba más de que el “alma” no existe

p Iniciemos el relato de este interesante caso con unas palabras de su protagonista.

p —Poco después de mi muerte, volví a casa e ingresé en una escuela de peritaje —dice V. Cherepánov, recordando un momento muy importante de su biografía.

p Habrán quedado perplejos, sin duda, al leer estas palabras. Pero los hechos ocurrieron así.

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p V. Cherepánov, soldado del Ejército Soviético, resultó gravemente herido en el frente. "Gran pérdida de sangre —dijeron los médicos—. Choque de tercer grado”. En el hospital, el herido fue sintiéndose cada vez peor. Perdió el conocimiento. Y algún tiempo después, en su historia clínica apareció esta conclusión: "Falleció a las 19 h. y 41 m. del 3.III.44 por gran pérdida de sangre y choque”. El hombre había muerto. Mas en la sala entró rápidamente un cirujano —el profesor V. Negovski—, que recorría los hospitales del frente con un grupo de médicos. Los doctores, utilizando complicados métodos especiales, devolvieron la vida a Cherepánov. El corazón empezó a latir, reapareció el aliento. El hombre revivió.

p Cuando se preguntó al ex difunto si sabía lo que había pasado con él, respondió: "Sí, me han sacado del otro mundo: porque yo estaba muerto”. "¿Y qué vio en el otro mundo?" "Perdí el conocimiento antes de morir y lo recobré al terminar la operación... Pasé durmiendo mi muerte".

p Así, pues, ha regresado un testigo del "otro mundo”. ¡Y allí no encontró nada! Si la muerte del hombre significa el traslado de su alma "al otro mundo”, la vivificación de Cherepánov debería haber significado el "regreso" de su alma del "otro mundo”. ¡Pero no ocurrió nada de eso!

p Reflexionen sobre este ejemplo. ¿Qué sucedió, en realidad? Mientras el organismo vivía y actuaba, actuaba también la conciencia. Pero como consecuencia de una gran pérdida de sangre, el organismo humano se vio privado de una serie de importantes funciones vitales, después de lo cual perdió su conocimiento, su conciencia. Falleció, pero su conciencia no se trasladó al "otro mundo”. Simplemente desapareció junto con las importantes funciones vitales mencionadas. Después, los médicos actuaron con medios completamente materiales sobre el cuerpo del hombre ¡y éste recobró el sentido, la conciencia!

p Coincidirán con nosotros en que es una prueba convincente de que la conciencia depende del cuerpo. Y precisamente del cerebro. Así lo confirma también el que se consiga devolver la vida al hombre no más tarde de cinco o siete minutos después de haberse producido la muerte. Si se deja pasar más tiempo, en el cerebro tienen lugar 75 procesos que conducen a su destrucción completa. Podrá restablecerse el funcionamiento del corazón, pero será ya imposible hacer lo mismo con el cerebro: en él tienen lugar procesos denominados irreversibles. La conciencia desaparece para siempre precisamente porque cesa para siempre el funcionamiento del cerebro. De este modo, la ciencia ha proporcionado un argumento más que confirma la dependencia de la conciencia respecto de la materia.

p El demócrata revolucionario ruso Alejandro Herzen dijo cierto día que la afirmación de que el alma puede existir sin el cuerpo equivale a afirmar que un gato negro puede salir de una habitación y quedar en ella el color negro. ¡Eso no puede ser!, dirá cualquiera. Pues de la misma manera que una golondrina no puede volar sin alas, el alma no puede existir sin el cuerpo. El cuerpo se destruye y, junto con él, se destruye también el “alma”, es decir, la conciencia.

p Quizá se pregunten: "Si todos los hombres son mortales, ¿por qué hablamos de héroes inmortales y de hechos inmortales? ¿Qué sentido tiene hablar así?" Sí, esos hechos y esos hombres inmortales existen. Pero no en el sentido en que habla de ello la religión. Hay un solo medio de conseguir la inmortalidad: hacerse merecedor de ella con el trabajo abnegado entre los seres humanos. Así fue la vida de Marx y de Lenin, así fue la vida de numerosos héroes inmortales.

¿Qué representan los pensamientos que se forman en nuestro cerebro?

El pensamiento es un reflejo de la realidad

p Tomen ustedes cualquier idea, cualquier manifestación, por ejemplo: "Yo veo este abedul”, "El plan ha sido cumplido en el 107%”. Se comprende Perfectamente que en nuestra cabeza no hay un aocdul, sino el pensamiento sobre él: no hay un plan, sino el pensamiento sobre el plan. Dicho con otras palabras: en la cabeza existen conceptos acerca de los objetos y fenómenos con que nos encontramos en el mundo. Cada pensamiento está compuesto de esos conceptos. Por ejemplo, en la oración "La nieve es blanca”, el pensamiento está expresado con dos conceptos, con dos palabras: “nieve” y “blanca”. ¿De dónde salen estos conceptos? De la vida, de la realidad, 76 La nieve es, efectivamente, blanca. Los objetos existen objetivamente y nos sirven de base para formarnos los conceptos que tenemos de ellos. Primero el abedul, y luego, mi concepto de él. Los conceptos, por tanto, son secundarios. Primero la realidad, y luego, el reflejo, el pensamiento sobre ella. Ese es el motivo de que Lenin dijera que el pensamiento es una copia, un reflejo, una fotografía de la realidad. En él se reproduce, se representa, se fotografía la realidad.

Hemos aclarado, pues, que la naturaleza, la materia, existía ya cuando no había aún ninguna conciencia, que esta última apareció después. La conciencia del hombre depende del estado de su organismo, de su sistema nervioso. Piensa el cerebro, que es el órgano del pensamiento; la conciencia es una función del cerebro. La conciencia refleja el ser; por tanto, el ser es lo primario, y la conciencia, lo secundario, lo derivado.

Crítica del materialismo vulgar

p Debemos decir que no basta con admitir el carácter secundario de la conciencia. Hay que conocer también su verdadera naturaleza, pues exrten materialistas que admiten el carácter secundario de la conciencia, pero no pueden explicar correctamente su esencia auténtica. Dicen que el cerebro segrega el pensamiento lo mismo, aproximadamente, que el hígado segrega la bilis. Según ellos, el pensamiento es una secreción del cerebro, el cual la produce y segrega igual, más o menos, que las glándulas de secreción interna producen y segregan otras substancias indispensables para la actividad fisiológica del organismo. LOS filósofos que entienden así el pensamiento se llaman materialistas vulgares. Se les ha dado esta denominación porque su noción del pensamiento es tosca, vulgar y simplista. Tal concepción fue propagada en el siglo XIX por los filósofos alemanes Vogt y Büchner y por el holandés Moleschott. a quienes Engels calificó de triviales repartidores de materialismo.

p Siguen sus huellas ciertos filósofos burgueses contemporáneos. Y no sólo filósofos. Algunos médicos ingleses, por ejemplo, afirman que han conseguido "pesar el alma”, comprobando que pesa 30 gramos. Tal concepción es vulgar porque se envilece todo el complejo proceso del pensamiento, reduciéndolo a una substancia "de treinta 77 gramos”. La conciencia es identificada en oslo caso rriii la materia. Tero, si os así, ¿peneque, entonces, no sr la puede descubrir, por qué no se la puede ver? Partiendo de esta idea es imposible comprender qué son nuestros deseos, nuestra voluntad y nuestros ensueños. Porque lodos ellos son ideales, no materiales. Y la fantasía, además de ser inmaterial, trata incluso de cosas que no existen siquiera en la naturaleza. El materialismo vulgar no puede despejar estas incógnitas.

p Los idealistas intentan utilizar la impotencia de los materialistas vulgares para desacreditar el materialismo en general. Por ejemplo, los filósofos burgueses norteamericanos contemporáneos Wheelwright y Hospers afirman que el materialismo sólo reconoce lo material y niega la existencia de lo espiritual, de la conciencia, de la voluntad humana. Dicho con otras palabras, identifican el punto de vista materialista vulgar de Vogt, Büchner y Moleschotl con la doctrina marxista-leninista. Pero no hay nada más erróneo que semejante comprensión del problema. El materialismo dialéctico no tiene nada de común con el materialismo vulgar. Su concepción de la esencia y la importancia de la siquis, de la conciencia, osla enfilada tanto contra los idealistas como contra los materialistas vulgares.

p Lenin criticó duramente a los materialistas vulgares por identificar la conciencia con la materia. Mostró que la conciencia no es material, que es una copia, una imagen de la realidad. Sin embargo, el cerebro no refleja ni fotografía la realidad como una cámara fotográfica corriente. La realidad se transforma de la correspondiente manera en la cabeza del hombre, en el sentido de que en esta última no se encuentran las cosas mismas, los objetos mismos, sino su imagen ideal. Marx decía que nuestro pensamiento, "lo ideal no es más que lo material traducido y transpuesto a la cabeza del hombre"  [77•1 .

p Como habrán podido convencerse, la conciencia del hombre es una propiedad de la materia altamente organizada, la propiedad del cerebro de reflejar la realidad material. El pensamiento tampoco puede ser confundido con los procesos que tienen lugar en el cerebro. Dichos 78 procesos son la base material del pensamiento. Pero este último es un fenómeno más complejo que los procesos fisiológicos que se operan en el cerebro. La conciencia, el pensamiento, es una forma superior del movimiento de la materia.

El pensamiento humano se distingue radicalmente de lo que se denomina a veces, no con mucha exactitud, "pensamiento" de los animales.

El pensamiento y el lenguaje

p Veamos, para empezar, unos interesantes experimentos hechos con monos. El experimentador colocó una manzana para uno de ellos. Era difícil conseguirla, pues delante de ella había fuego. Pero "se enseñó" al mono que podía sacar agua de una cubeta cercana, apagar el fuego y tomar la manzana. Y así lo hizo. Luego se puso al mono en nuevas condiciones: sobre una balsa, en un estanque, se colocó la manzana y lejos, relativamente, una cubeta con agua. La tarea era la misma: apagar el fuego y apoderarse de la manzana. El mono podía allí mismo tomar agua, tan abundante alrededor de la balsa. Pero no lo hizo así: llegó con dificultad hasta la cubeta para tomar precisamente “aquella” agua.

p Reflexionemos en la esencia del ejemplo. Muestra que el mono no posee la noción de “agua” y desconoce sus propiedades generales. Su pensamiento está vinculado directamente a los objetos que le rodean. Es más, resulta imposible sin el nexo directo con ellos. Tiene nociones concretas. Esto significa que “piensa” únicamente cuando se encuentra ante los objetos. Entonces percibe el nexo elemental entre ellos. Pero si no los tiene delante, no puede “pensar”.

p En el hombre, en cambio, el pensamiento es cualitativamente distinto. Conoce los objetos en el proceso de la producción, del trabajo y de la actividad científica y estudia sus propiedades. Observa que el agua de una cubeta, de un estanque, de un pozo, de un río, etc., tiene propiedades comunes, por ejemplo, apagar el fuego. Elabora el concepto de “agua”. No se trata del agua de una cubeta, del mar o de un río, sino del "agua en general”. Es éste un concepto abstracto. El hombre hace abstracción de las formas y objetos concretos y destaca sus propiedades 79 generales. Y estas propiedades generales caracterizan el objeto que comprende el concepto dado.

p Cuando hablamos del concepto "árbol”, de "árbol en general”, tenemos presentes las propiedades comunes de cualquier árbol y no sólo las del árbol que se ve desde nuestra ventana. En este caso hacemos abstracción de los árboles concretos. Por eso el concepto se denomina abstracto. Pues bien, este rasgo peculiar del pensamiento humano, su carácter abstracto, no está al alcance de los animales. ¿Por qué?

p El quid de la cuestión reside en que el desarrollo del cerebro humano transcurre desde la infancia bajo la influencia decisiva del lenguaje. Cuando a los nueve meses, aproximadamente, un niño repite sin cesar “ma-ma”, es un síntoma seguro de que empieza a comprender lo que sucede en el mundo. Pero¿cómo ocurre eso? A partir de dos fuentes: la escasa experiencia vital del niño y las palabras de quienes le rodean.

p Veamos un ejemplo. Un niño juega con una pelota. Descubre que es un objeto redondo y blando. Juega con pelotas distintas —amarilla, verde, etc.,— y cada vez percibe "esta pelota”. Con el tiempo, la palabra “pelota” hace surgir en él la noción de la "pelota en general”. Conoce ya el concepto “pelota”. Y este concepto está expresado en la palabra. Nuestros pensamientos se expresan también con palabras: las oraciones están compuestas siempre de palabras. Pero hemos dicho ya que nuestro pensamiento es abstracto, que se realiza sobre la base de conceptos generales.

p ¿Qué es lo que nos permite abstraemos, es decir, aislar del propio objeto sus rasgos fundamentales? Esa posibilidad nos la da la palabra, el lenguaje. La palabra “pelota” nos indica que se trata de la pelota en general y no sólo de una pelota concreta. Un pensamiento abstracto puede expresarse únicamente con palabras.

p Desde la infancia, la conciencia del hombre se forma sobre la base de las palabras, del lenguaje, ya que con su ayuda se expresan nuestros pensamientos. En este proceso surge paso a paso algo que es propio sólo del hombre: el pensamiento se vincula estrechamente al lenguaje. Es imposible separar la conciencia del hombre, el pensamiento 80 de su lenguaje. Se establece, pues, la unidad indestructible, orgánica, del lenguaje y el pensamiento.

Engels destacaba que la aparición del lenguaje articulado contribuyó a que el cerebro del mono se transformase gradualmente en cerebro humano. ¿Qué causas influyeron en ello?

Carácter social de la conciencia y del lenguaje

p Un ejemplo nos ayudará a encontrar la respuesta correcta a esta pregunta. La historia conoce varios casos de "educación" de los niños en una manada de lobos. Uno de estos casos fue descubierto en la India en 1956. Una loba raptó una niña cuando ésta no había cumplido aún tres años. Y cuando se la encontró varios años más tarde, se descubrió el siguiente cuadro. La niña andaba a cuatro pies, imitaba el grito de los animales y, como es lógico, no podía hablar. En ello no hay nada de sorprendente: la niña imitaba en todo a los animales. Pero llama la atención un detalle sorprendente: por muchos esfuerzos que se hicieron, fue imposible enseñar a hablar a la niña. Fue imposible restablecer la fisonomía humana, la conciencia de la niña. No pudo tampoco acostumbrarse a las nuevas condiciones y murió (ni un solo niño de los casos análogos conocidos ha vivido hasta la mayoría de edad).

p Surge, en este caso, una pregunta. La niña nació con un cerebro humano normal. Creció y, evidentemente, creció también el cerebro. ¿Por qué, entonces, se rezagó tanto su pensamiento? Cuanto hemos dicho antes les permitirá responder con facilidad a esta pregunta. No basta, por lo visto, con que el hombre tenga un cerebro de pleno valor desde el punto de vista biológico para que pueda poseer conciencia humana. Hace falta, además, que viva en la sociedad, en la colectividad. Fuera de la colectividad no hay tampoco pensamiento humano. Este aparece como resultado de la vida de los seres humanos en sociedad. El pensamiento sólo puede surgir, de una parte, cuando el hombre refleja la naturaleza y, de otra, cuando entabla determinadas relaciones con otros hombres en la actividad laboral, en la producción. El trabajo creó al hombre, creo la sociedad humana. Precisamente en el trabajo, en la actividad productiva, se desarrolló el cerebro del hombre, su conciencia. Por eso señalaba Marx que la conciencia es, 81 desde el comienzo mismo, un producto social y seguirá siéndolo mientras exista el género humano. La conciencia es producto de la vida del hombre en la sociedad. Es un fenómeno social.

p Esto significa que fuera de la’ sociedad no puede haber conciencia, de la misma manera que no puede haber ni palabras ni lenguaje. La conciencia surge y se desarrolla únicamente en el proceso del trabajo, de la actividad productiva del hombre, pues sólo en estas condiciones es posible la influencia activa del ser humano sobre la naturaleza. Y al actuar sobre la naturaleza, el hombre desarrolla también su conciencia. Sólo en el proceso del trabajo refleja el hombre en su conciencia, más profundamente cada día, los objetos que le rodean, los compara entre sí, observa lo que tienen de común y recibe conceptos determinados. En el proceso de la práctica, el hombre estudia asimismo los nexos, las relaciones existentes entre los objetos. Así, gradualmente, a medida que se desarrollaba la producción material, fue desarrollándose, puliéndose y perfeccionándose la conciencia humana.

p Engels expone en su obra El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre el proceso de formación del pensamiento y del lenguaje. Señala’ que cuando el antropoide empezó a andar erguido se dio el primer paso para la transición del mono al hombre. La marcha erguida apareció porque los antecesores del hombre empezaron a emplear instrumentos de trabajo naturales. Esto liberó sus extremidades anteriores, que fueron perfeccionándose en el proceso del trabajo. Así se desarrolló paulatinamente la mano humana, que es no sólo el órgano del trabajo, sino también su producto.

p Sin embargo, el empleo de instrumentos naturales no es aún el trabajo en el sentido estricto de la palabra. El propio trabajo ha recorrido también un camino histórico de desarrollo. El verdadero trabajo empieza únicamente cuando aparecen los primeros instrumentos de trabajo preparados artificialmente por el hombre. El mono, aunque emplee instrumentos naturales, es incapaz de prepararlos. Pero la preparación de los primeros instrumentos no significa todavía el surgimiento de la sociedad humana. Es sólo el comienzo del largo proceso que lleva a la transformación del mono en hombre y, por consiguiente, a la 82 formación de la conciencia: el proceso de la formación del hombre y de su sociedad.

p En ese período surge también el lenguaje. En el proceso del trabajo conjunto, de la producción, los hombres sienten la necesidad de comunicarse algo. Esta necesidad, dice Engels, creó su órgano: la tosca laringe del mono se transformó con lentitud, pero de manera constante, y los órganos de la boca aprendieron gradualmente a pronunciar un sonido articulado tras otro. Así surgió la palabra articulada, el lenguaje como medio de. intercambio de pensamientos, como medio de comunicación entre los hombres y envoltura material del pensamiento.

p La unidad del lenguaje y del pensamiento se deduce de la propia naturaleza de este último, que sólo en las palabras da la sensación de hacerse real. Mientras el pensa miento se encuentra en la cabeza del hombre parece muerto, inaccesible para los demás. Por eso decía Marx que el lenguaje es la realidad directa del pensamiento. Esto significa que el pensamiento existe únicamente con la envoltura material del lenguaje. Incluso cuando no expre samos nuestros pensamientos en voz alta, sino que nos limitamos, como suele decirse, a pensar para nuestros adentros, los revestimos con la envoltura verbal, lingüística. El lenguaje permite no sólo formar los pensamientos, sino transmitirlos a las demás personas. Y con ayuda de la escritura pasan incluso de generación en generación.

p Sin embargo, sería erróneo deducir de cuanto queda dicho que el lenguaje y el pensamiento son idénticos. Están unidos, pero no son el mismo fenómeno. El pensamiento refleja la realidad. El lenguaje, por su parte, es el medio que permite comunicar los pensamientos a otras personas. El pensamiento está vinculado directamente a la realidad. El lenguaje, en cambio, no está vinculado a la realidad de manera directa, sino a través del pensamiento. Esto significa que el cerebro "fotografía" directamente los fenómenos y sus nexos con el mundo, engendrando nuestros conceptos y pensamientos, en tanto que el lenguaje nos sirve para transmitirlos a otras personas.

A este respecto surge con mucha frecuencia una pregunta: si los pensamientos reflejan y, como si dijéramos, fotografían la realidad, ¿cómo explicar la existencia de la 83 fantasía, de los sueños, es decir, de lo que carece de su correspondiente objeto en la naturaleza?

El materialismo, los sueños y la fantasía

p Por ejemplo, aunque el satélite artificiail de la Tierra no existía aún, el sabio ruso Konstantín Tsiolkovski, creador de la teoría científica de la cohetonáutica, "lo vio" ya a comienzos de nuestro siglo. ¿No probará eso que, en este caso, el pensamiento no es lo secundario, sino lo primario? ¿No estará eso en contradicción con el materialismo?

p Lenin indicaba que la existencia de la fantasía plantea a los hombres, de grado o por fuerza, preguntas semejantes. Y puede crearse la impresión de que el pensamiento surge independientemente de la realidad circundante. Ahí está la fuente del idealismo: se crea el terreno para llegar a la conclusión idealista de que el pensamiento puede surgir al margen de la realidad e incluso a pesar de ella. Pero ¿existe fundamento para semejante conclusión?

p Recordemos un hecho. Lenin emprendió a comienzos de siglo la creación del partido de nuevo tipo. Y precisamente entonces, el guía del proletariado mundial lanzó en la obra ¿Qué hacer? su famoso llamamiento: "¡Hay que soñar!" ¿Con qué soñaba Lenin? Con crear un poderoso Partido Comunista. Es sabido con qué exactitud se hizo realidad este sueño. Poco después se fundó el partido que él quería. La propia vida, la realidad, engendró el sueño de Lenin, su osado pensamiento.

p Los sueños de Tsiolkovski tienen igualmente sus raíces en la realidad, en el exacto cálculo matemático de lo que existe. Y esto le sirve de base para llegar a la genial conjetura de lo que no existe todavía, pero que existirá sin falta. Los vuelos espaciales han venido a confirmar hasta qué extremo eran reales los sueños, la fantasía de Tsiolkovski.

p Como ven, los sueños, la fantasía, son también un reflejo de la realidad y sólo surgen sobre la base de la realidad. Es ésta precisamente la que da alas a los sueños.

p Ahora está ya claro para ustedes que el materialismo, lejos de negar el sueño y la fantasía, por el contrario, los explica científicamente.

Examinemos otra cuestión que surge con frecuencia al reflexionar sobre la relación de la materia y la conciencia.

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El materialismo y el mundo espiritual del hombre

p Si el materialismo niega el alma, ¿no negará también cualidades tan importantes para el individuo como los sentimientos, el entusiasmo, el impulso, es decir, lo que llamamos mundo espiritual del hombre? Porque decimos: "¡Cuánta alma pone en su representación del papel!”, "He puesto toda mi alma en ese asunto”. ¿Qué es lo que se pone, entonces, si no hay alma?, suele decirse. El teólogo francés contemporáneo Fierre Bigo afirma, por ejemplo, que el materialismo "se niega a reconocer los valores espirituales" por cuanto reconoce únicamente los valores materiales. ¿Es así, en realidad? ¡Claro que no! Eso es calumniar el materialismo. Los materialistas rechazan el principio inmaterial especial: el alma. Pero no niegan el mundo interno, espiritual del hombre. Tampoco niega el materialismo las riquezas del alma humana. Malo será el escritor que no intente penetrar en el alma del lector, dominar sus sentimientos.

p El Partido Comunista de la Unión Soviética siempre se ha preocupado y se preocupa no sólo de multiplicar los bienes materiales, sino también de desarrollar la riqueza espiritual de los soviéticos. Es imposible separar la conciencia del individuo de las condiciones en que se forma esa conciencia: sabemos ya que la conciencia refleja la vida, la realidad. El Partido Comunista crea las condiciones propicias para despertar buenos sentimientos en los individuos, para inculcar a los constructores del comunismo un alto grado de conciencia. El pueblo soviético aprecia la grandeza y la belleza de sus ideales. De ahí que resulten ridículos los intentos de los "críticos" burgueses del marxismo de atribuir al comunismo el desprecio por los aspectos espirituales, emocionales de la personalidad humana. Refutación convincente de estas falaces afirmaciones de los anticomunislas contemporáneos es el nuevo Programa del PCUS, cada una de cuyas líneas está impregnada de especial solicitud por la educación de los soviéticos, de los constructores del comunismo.

Así, pues, el materialismo reconoce el carácter secundario de la conciencia, pero no niega el importante papel que ésta desempeña en la vida del hombre. Examinemos con más detalle esta cuestión.

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Papel activo de la conciencia

p La existencia de los sueños y de la fantasía sana nos convence por sí misma de que la conciencia no percibe pasivamente el mundo. En este caso parece adelantarse a la realidad, influye activamente sobre ella y señala el camino para transformarla.

p Tomemos, por ejemplo, el cumplimiento de los planes que trazan el Partido Comunista de la Unión Soviética y el pueblo. En este caso, el pensamiento, la conciencia se adelanta a la realidad, le señala el camino e insufla al pueblo gigantesca energía creadora. La conciencia aparece como una activa fuerza movilizadora. Millones de trabajadores realizan grandes obras en aras del triunfo del comunismo. En este sentido precisamente decía Marx que la idea se convierte en una fuerza material cuando prende en las masas. Esto significa que las masas, inspiradas por una gran idea, son capaces de realizar grandes obras. Así hay que entender exactamente las palabras de Lenin de que la conciencia crea el mundo.

p La conciencia, al mismo tiempo que refleja la realidad, es una guía para transformarla. Prueba palpable de ello es el ejemplo de la teoría marxista-leninista, que se ha convertido en una poderosa fuerza material de nuestro tiempo en la lucha por la paz, la democracia y el socialismo.

p Los idealistas exageran desmesuradamente este aspecto de la conciencia humana. Puesto que la conciencia es activa, dicen, es lo primario, lo que dirige los actos del individuo. Presentan la actividad de la conciencia humana como el triunfo del idealismo. ¿Es así? El hecho de que la conciencia dirija los actos del individuo no significa aún que sea lo primario. Al contrario, la conciencia toma de la propia realidad todos los fines, tareas y planes para la actividad, los toma de esa misma actividad, como han podido ver en los ejemplos anteriores.

Cuanto hemos dicho acerca de la actividad de la conciencia humana nos ayudará a comprender y explicarnos correctamente uno de los fenómenos más sorprendentes de la técnica moderna.

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El pensamiento y la máquina

p Ustedes habrán oído hablar, sin duda alguna, de las "máquinas inteligentes”. Estas máquinas efectúan un trabajo complejísimo: traducen de una lengua a otra, pilotan aviones, conducen trenes y hasta juegan al ajedrez. Realizan algunas operaciones lógicas propias del cerebro humano. “Consideran” cuando deben frenar un tren, “recuerdan” algunas operaciones, etc. Parece como si actuara el pensamiento humano vestido de metal.

p ¿Se puede crear una máquina capaz de remplazar por completo el cerebro humano? No, no se puede. Es cierto que la máquina puede ejecutar irreprochablemente aquello para lo que ha sido adaptada por el hombre. Puede incluso descubrir nuevos hechos desconocidos por su creador. Pero la máquina no pasará nunca de ser una ayuda para el raciocinio humano. Sin el hombre, no es más que "metal muerto".

p ¿Por qué el cerebro del hombre es infinitamente superior a cualquier máquina? Porque es producto de las relaciones sociales. El pensamiento, como hemos visto, tiene también carácter social. El funcionamiento del cerebro es tan complicado como esas relaciones sociales. Ningún "cerebro electrónico" puede “reconstituir” el mundo espiritual interno del hombre, su carácter activo, el vuelo de su fantasía, sus sueños, la aptitud de tensar la voluntad, el complejo mundo del arte.. .

Hemos examinado, pues, algunas cuestiones fundamentales del materialismo dialéctico. Para comprenderlas más a fondo debemos aclarar la esencia de la dialéctica materialista marxista. Esta esencia se revela en las leyes y categorías de la dialéctica, cuyo estudio empezamos en la charla siguiente.

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Notes

 [73•1]   Reflejo es la respuesta del organismo a la excitación del medio ambiente, que se realiza con participación del sistema nervioso.

 [77•1]   C. Marx, El Capital, Moscú, 1955, pág. 19, cd. en ruso.