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Charla tercera
QUE ES LA MATERIA Y EN QUE FORMAS EXISTE
 

El mundo existe objetivamente, es material

p La vida, la práctica cotidiana, nos convence de que el mundo tiene existencia objetiva, independientemente del hombre, de su conciencia, de sus sensaciones y deseos. Así lo prueba también la ciencia, la cual ha demostrado que la Tierra surgió mucho antes de que apareciera el hombre y, en general, los organismos vivos; por tanto, existió independientemente de ellos. El carácter objetivo del mundo, es decir, su existencia fuera e independientemente de la conciencia, significa que es material. Esta palabra no encierra ningún otro sentido.

Puede surgir una pregunta: los idealistas objetivos admiten que el mundo existe fuera de la conciencia del hombre; por consiguiente, ¿reconocen también la materialidad del mundo? Ni mucho menos. Es cierto que los idealistas objetivos, a diferencia de los subjetivos, admiten la existencia del mundo fuera de la conciencia humana. Pero, lejos de reconocer que es independiente de la conciencia, consideran que ha sido creado por ella. El reconocimiento de la materialidad del mundo y de su existencia fuera e independientemente de la conciencia es un rasgo peculiar de la teoría materialista. Esta tesis científica fundamental ha servido de base a la doctrina leninista de la materia.

Concepción leninista de la materia

p Nos rodea una cantidad infinita de objetos y fenómenos: piedras y árboles, granos de arena y el Sol, animales y máquinas, mares y océanos, estrellas y planetas, y muchas, muchísimas cosas más. Todo ello lo 46 denominamos con una sola palabra: materia. A veces se preguntacómo es posible dar la misma denominación a tal infinidad de cosas y fenómenos, tari distintos y diferentes. Pero reflexionen y comprenderán con facilidad cuál es el quid de la cuestión.

p ¿Cuántas flores, por ejemplo, hay en el mundo? Es ’imposible contarlas: billones y billones. Pero hay una palabra, “flor”, y con ella denominamos la rosa y el clavel, la reseda y la campanilla. Tomemos un ejemplo más complejo. Ustedes, sentados tras la mesa, leen este libro. Tienen en la mano un lápiz y, al lado, un tintero y una pluma. Sobre la mesa, una lámpara, y junto a ella, un armario de libros. ¿Pueden ustedes denominar con una sola palabra la mesa, el libro, el lápiz, el tintero, la pluma, la lámpara y el armario de libros? Pueden hacerlo si tienen en cuenta que todo eso son cosas u objetos. Con la palabra “cosa” u “objeto” se puede denominar cuanto acabamos de enumerar. En lógica, esa palabra se llama concepto.

p ¿Cómo se forman tales conceptos? Aunque todas las flores son diferentes, tienen mucho de común. Eso común es lo que nos permite unir todas las flores en el concepto genérico de “flor”. Este concepto no comprende los rasgos que diferencian entre sí la rosa, el clavel, la reseda, la campanilla y otras flores, sino, por el contrario, los rasgos propios de la rosa, de la violeta, de la azucena, del tulipán, de todas las flores. En cuanto a los rasgos que diferencian a una flor de otra, hacemos abstracción de ellos, "no los observamos”. Por eso, semejantes conceptos se llaman abstractos.

p Así, pues, en los conceptos se reflejan los rasgos generales y esenciales inherentes a los distintos objetos y fenómenos, independientemente de las peculiaridades individuales de cada uno de ellos.

p Pero ustedes habrán observado ya, sin duda, que algunos conceptos abarcan mayor número de objetos o fenómenos que otros. Así, el concepto “cosa” es más amplio que el concepto “pluma” o “mesa”, pues, el primero comprende las plumas, las mesas, las sillas, etc., en una palabra, todas las cosas.

p Puede surgir otra pregunta: ¿Existen los conceptos más amplios o, como suele decirse, de la máxima generalidad? 47 Sí, existen. Si el concepto abarca lodos los objetos y fenómenos, desde los granos de arena hasta el cerebro humano, será un concepto de la máxima generalidad.

p Tal es el concepto de “materia”. Resulta, pues, que “materia” es también un concepto, como “flor” y “cosa”, pero muy amplio, el más amplio. Se diferencia de los conceptos corrientes en que expresa los rasgos esenciales y generales no de un grupo de cosas determinado, sino de todas las cosas y fenómenos que existen en el mundo, de todo lo que nos rodea. La filosofía estudia los conceptos de la máxima generalidad, denominados también categorías filosóficas. La materia es una categoría filosófica.

p ¿En qué consisten esas propiedades generales y escn cíales, esos rasgos similares inherentes a todas las cosas? En primer lugar, en que todos son materiales, tienen existencia objetiva, es decir, existen fuera e independientemente de la conciencia del hombre. Esa es precisamente su base única.

p Pero ¿es esa la única propiedad común de todos los objetos que hay en el mundo? No. Tienen, además, otra propiedad de importancia. Por ejemplo, cuando nos lavamos con agua caliente sentimos el calor. Y cuando contemplamos los árboles en el bosque, percibimos, vemos colores diferentes: el color blanco de los troncos de los abedules, el color verde de las hojas, etc. Resulta, pues que las cosas que existen independientemente de nosotros tienen la propiedad de actuar sobre nuestros órganos sensoriales y suscitar las correspondientes sensaciones.

p Una vez aclaradas las propiedades más comunes de todos los objetos y fenómenos, podemos dar una definición del concepto de materia. Lenin dice en su obra Materialismo ij empiriocriticismo: "La materia es una categoría filosófica que sirve para designar la realidad objetiva, que es dada al hombre en sus sensaciones. . . Es materia lo que, actuando sobre nuestros órganos sensoriales, produce la sensación; la materia es la realidad objetiva, que las sensaciones nos transmiten, etc"  [47•1 .

p Como ven, es materia todo lo que nos rodea, todo lo •que existe objetivamente; todo el infinito mundo material 48 exterior, que, actuando sobre nuestros órganos sensoriales, produce las sensaciones.

p Por las charlas anteriores saben ustedes que en la antigüedad (y no sólo en la antigüedad, sino hace tan sólo cien años), algunos materialistas concebían la materia como un “material” absolutamente concreto del que están formadas todas las cosas. Demócrito, por ejemplo, estimaba que los átomos son la base primaria de toda la materia.

p En los siglos XVII y XVIII se consideraba que los átomos eran indivisibles, indestructibles y eternos. Eran, según esa concepción, los "ladrillos últimos" del Universo, cierto material de construcción del que está hecho el mundo entero. Este punto de vista predominó también en el siglo XIX. Hemos dicho ya que a fines del siglo pasado se hicieron descubrimientos que pusieron en duda la justedad de esta idea de la base originaria de la materia.

¿Cuáles fueron esos descubrimientos?

Lenin acerca de la revolució en las ciencias ñaturalés

p En 1896, el físico francés Becquerel dejó casualmente un trozo de mineral de uranio sobre una placa fotográfica. Al cabo de algún tiempo observó que la placa había ennegrecido. De ello dedujeron los científicos que el mineral de uranio emite rayos invisibles a simple vista. Fueron esos rayos los que, atravesando el papel negro, hicieron ennegrecer la placa fotográfica. Así comenzó el estudio de un fenómeno sorprendente al que se dio el nombre de radiactividad.

p Poco después se descubrió un nuevo elemento químico que recibió el nombre de radio (“radio” significa "radiante”, que despide rayos), y que fue calificado posteriormente de "el gran revolucionario radio".

p Los rayos emitidos por el radio vinieron a revelar algo diametralmente opuesto a lo que se conocía hasta entonces del átomo. Resultó que sus rayos constan de partículas minúsculas de tres tipos: partículas alfa, cargadas de electricidad positiva; partículas beta, o electrones, cargadas de electricidad negativa, y rayos gamma, desprovistos de carga eléctrica. Los átomos de uranio parecían disgregarse en estas partículas. ¿Cómo puede ser eso?, decían perplejos los hombres de ciencia. Y su perplejidad era explicable, pues durante más de dos mil años se había 49 consideraclo que el átomo era indivisible, era’ "el ladrillo último, indisgregable”. ¿Qué había ocurrido? ¿No se trataría de un error?... Los científicos estaban desconcertados.

p Mas no se trataba de un error. A fines del siglo XIX se estableció con toda seguridad que era preciso simplemente renunciar a la opinión sobre la indivisibilidad del átomo, en vigor hasta entonces. El átomo se disgregó, y junto con él se disgregaron numerosas concepciones viejas.

p Hubo otros descubrimientos, que vinieron a probar la bancarrota de las viejas nociones acerca de la materia y de sus propiedades. Por ejemplo, el célebre sabio Alberto Einstein mostró a comienzos de nuestro siglo que debían modificarse radicalmente las nociones que se tenía en física del espacio y del tiempo desde la época de Galileo y Newton. Y basó en nuevas nociones la teoría de la relatividad, creada por él.

p Desde los tiempos de Newton, los científicos consideraban que la masa de un cuerpo en movimiento y en reposo era constante, permanecía invariable. Pero investigaciones posteriores demostraron que la masa del electrón no permanece invariable, sino que cambia en dependencia de la velocidad del movimiento.

p Ven, pues, que los nuevos descubrimientos científicos echaron por tierra las viejas ideas sobre la indivisibilidad del átomo, la constancia de la masa y la inmutabilidad del espacio y del tiempo. Empezó, como dijo Lenin, una revolución en las ciencias naturales.

p Los filósofos idealistas burgueses se apresuraron a aprovechar estos descubrimientos de las ciencias naturales, pretendiendo explicar los datos científicos que proporcionaban. Razonaban más o menos así: el átomo indivisible era considerado como la base de la materia, pero resulta que se divide, se fracciona; por consiguiente, se viene abajo el fundamento sobre el que se asentaba el propio edificio del materialismo y su médula: la materia.

De otro lado, se consideraba que la masa era una propiedad esencial de todos los cuerpos, de la materia. Mas en el caso del electrón resultó que la masa cambia en dependencia de la velocidad del movimiento. Por tanto, parte de la materia “desaparece”. Y los filósofos idealistas deducían de eso que "también la materia desaparece”. No 50 seguiremos exponiendo sus razonamientos y diremos únicamente que llegaban a la siguiente conclusión: el materialismo ha fracasado. Como estas conclusiones tenían por base algunos datos nuevos de la física, conseguidos por la ciencia a fines del siglo XIX y comienzos del XX, se dio la denominación de "idealismo físico" a esa corriente de la filosofía idealista. El término "idealismo físico" lo empleó Lenin, por vez primera, en su libro Materialismo y empiriocriticismo, publicado en 1909, en el que asestó un golpe demoledor a todos los infundios de los idealistas.

Acerca del cuadro científico-natural del mundo

p ¿Qué ocurrió, en realidad, en la ciencia en las postrimerías del siglo XIX y en los albores del siglo XX? Se adquirieron nuevos conocimientos. Antes se ignoraba que existieran los electrones, los protones y el núcleo atómico; ahora se sabía. Todos estos datos testimoniaban que habían cambiado nuestras nociones acerca del cuadro científico-natural del mundo, de la estructura de la materia. Ahora bien ¿se puede llegar sobre la base de esos nuevos conocimientos a la conclusión de que los electrones, los átomos del núcleo, etc., son inmateriales? Examinemos la cuestión.

p ¿Existen los electrones de manera objetiva, independientemente del hombre, o no? Existen. El rayo corriente no es otra cosa que un poderoso torrente de electrones. Y los rayos, como se sabe, fulguraban ya cuando no existía aún el hombre.

p Algunos filósofos idealistas afirman que el electrón es inmaterial porque no actúa sobre nuestros órganos sensoriales, porque no se le puede ver. Pero eso no es cierto. Los electrones y otras partículas minúsculas del átomo son estudiados con ayuda de aparatos de gran precisión. Incluso se fotografían las huellas de su movimiento. Por tanto, resulta que actúan sobre nuestros órganos sensoriales,, pero por medio de aparatos. Como ven, dichas partículas existen objetivamente y actúan sobre nuestros órganos sensoriales, son materiales.

p Así, pues, resume Lenin, la materia no "ha desaparecido”. Simplemente, han cambiado los conocimientos que teníamos de ella. Antes pensábamos que la materia, el mundo, estaba compuesto de partículas minúsculas: los átomos. Ahora sabemos más, hemos estudiado las cosas 51 más profundamente y descubierto que existen partículas todavía más pequeñas: los electrones. Pero el electrón es tan inagotable como el átomo. Esto significa que la ciencia desentrañará más a fondo cada día el cuadro científico-natural del mundo, es decir, el problema de la estructura, el estado y las propiedades de los tipos concretos de materia.

p ¡Con qué exactitud se han cumplido estas palabras de Lenin!

p La ciencia moderna ha conocido muchas cosas nuevas acerca de la estructura de la materia. Si en la aurora de los descubrimientos eran conocidos el electrón, el protón —y nada más, sin duda—, en la actualidad se han descubierto ya más de treinta partículas “elementales” de ese tipo. Todas ellas son materiales. Por consiguiente, son materiales no sólo el átomo, sino el electrón y otras partículas. El materialismo no ha sido “refutado”, ni mucho menos.

p Estos pensamientos de Lenin han servido de base para fundamentar filosóficamente la importantísima tesis científica de que existen dos variedades principales de la materia: la sustancia y el campo.

p La sustancia, tal como la entiende la física moderna, es una forma de la materia, compuesta de partículas que tienen su propia masa (masa en reposo). Entre ellas figuran también las llamadas partículas elementales.

p El campo es la formación material que vincula los cuerpos entre sí y transmite la acción de un cuerpo a otro. Existen el campo electromagnético (una de cuyas variedades es la luz), el campo gravitacional (campo de gravitación) y el campo nuclear, que une entre sí las partículas del núcleo atómico.

p Estos dos tipos de la materia —el campo y la sustancia— son inseparables. Y en determinadas circunstancias, se convierten el uno en el otro. Por ejemplo, dos partículas de sustancia —un electrón y un positrón— se transforman, en ciertas condiciones, en fotones, es decir, en partículas del campo electromagnético. Esto significa que una forma de la materia —sustancia— se ha transformado en otra forma: en luz, en oscilaciones electromagnéticas o, lo que es lo mismo, en campo electromagnético. Así, pues, en la naturaleza no hay ninguna desaparición de la masa.

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p Con su análisis de- la importancia de los descubrimientos científicos, Lenin contrajo un mérito histórico: defendió el materialismo y demostró convincentemente que no se puede confundir el materialismo metafísico y el materialismo dialéctico. Para el primero, la materia son los átomos inmutables e indestructibles. El segundo, en cambio, arranca de que la materia no puede ser reducida al "ladrillo último”, al átomo, ni, en general, a ninguna propiedad “eterna”. La materia no tiene una sola propiedad, sino una multitud infinita de ellas: las propiedades de los objetos que existen en el mundo son tan variadas como los objetos mismos. Así lo han confirmado precisamente los descubrimientos científicos. De ahí que Lenin escribiera: "La física contemporánea está atravesando los dolores del alumbramiento. Está para dar a luz el materialismo dialéctico"  [52•1 .

p Lenin demostró, además, que no se puede confundir la doctrina sobre la estructura de la materia con la definición filosófica de la materia como realidad objetiva. Los descubrimientos científicos resuelven el problema de cuál es la estructura de la materia, de si está compuesta de átomos, electrones o existen aún otras partículas. La filosofía resuelve otro problema: si existe el mundo y, por tanto, si existen esas partículas de manera objetiva, fuera de la conciencia del hombre. Por consiguiente, cualesquiera que sean las nuevas "partículas" que descubra la ciencia (y las descubre constantemente), esto no puede constituir una refutación del materialismo, ya que esas mismas partículas son materiales, tienen también existencia objetiva, independientemente del hombre y de la humanidad.

p Por tanto, no se puede confundir el concepto filosófico de materia y la cuestión del cuadro científico-natural del mundo. Nuestras nociones de la estructura, el estado y las propiedades de los tipos concretos de materia —el cuadro científico-natural del mundo— cambian sin cesar, pues los hombres de ciencia conocen más a fondo cada día el mundo y su estructura. Resulta que los nuevos descubrimientos han refutado los viejos conocimientos que teníamos acerca del cuadro científico-natural del 53 mundo, pero no el concepto filosófico de materia, que nos habla de la existencia objetiva del mundo y no de su estructura. Y por mucho que cambien nuestras nociones de ese cuadro del mundo, no pueden testimoniar la desaparición de la materia. Dicho con palabras de Lenin, desaparece el límite hasta el que conocíamos la materia. Pero la materialidad del mundo, la materia como realidad objetiva, se ve confirmada una vez más.

Sin embargo, ¿por qué combaten con tanto celo los idealistas el concepto de materia?

La doctrina de la materia refuta la fe en Dios

p El filósofo católico francés Alfredo Ancel ha declarado que lo que más le desagrada del marxismo. .. es la teoría dialéctica de la materia. La Iglesia —ha dicho este santo padre— no condenaría esa teoría si no excluyera arbitrariamente toda irtgerencia de Dios en el origen y el desarrollo del mundo. Si el marxismo debe ser condenado, es únicamente por ser materialismo.

p ¡Ahora resulta que es ahí donde está la raíz "del mal" de la filosofía marxista!

p La doctrina acerca de la materia excluye toda ingerencia de Dios. Priva de sentido a los infundios religiosos sobre la creación del mundo. Porque todas las religiones coinciden en que Dios creó el mundo "de la nada".

p Pero la ciencia ha establecido firmemente que en la naturaleza nada surge de la nada ni desaparece sin dejar huella. Este hecho está expresado en la ciencia con una ley especial: la ley de la conservación del peso de la sustancia o, dicho de otro modo, la ley de la conservación de la materia. Queda una sola deducción, que es precisamente la que hace el materialismo: la materia no ha surgido nunca, ha existido siempre y existirá siempre. El mundo es eterno y no ha sido creado por nadie. La tesis científica de la eternidad de la materia mina de raíz la creencia religiosa en la creación del mundo.

p Mas precisamente esta tesis suscita con frecuencia preguntas entre quienes estudian la filosofía marxista. "¿Cómo es posible —demandan— que la materia haya existido siempre? ¿Es que no debió surgir en algún momento?" Semejantes preguntas no tienen nada de sorprendente. El hombre ve durante su vida que cualquier cosa tiene 54 comienzo y fin, ha surgido en algún momento. Y por eso pregunta: ¿Quién ha creado la materia? La ciencia responde: Ha existido siempre, es eterna.

p Heráclito, el gran filósofo griego de la antigüedad, decía ya que el mundo no ha sido creado por ningún Dios ni por ningún hombre, que ha sido, es y será eterno.

p ¿Cómo se demuestra esta importantísima conclusión?

p Son muchísimos los hechos que la corroboran. Tomemos, aunque sólo sea, la ley de la conservación de la materia.

p Empecemos con un ejemplo simple. Han encendido ustedes el horno. La leña se ha consumido. A primera vista puede parecer que esta sustancia ha desaparecido. En efecto, no ha quedado casi nada de ella. Mas así parece sólo a primera vista. Si toman una balanza corriente, podrán convencerse con facilidad de que la madera no ha perdido nada de su peso; es más, éste ha aumentado. Porque al consumirse la madera se forman gases y ceniza. Y unos y otra, además de contener absolutamente todas las sustancias de que constaba hasta entonces la madera, contienen también las extraídas del aire al arder la leña. La madera parece haber “desaparecido”, pero todo de lo que estaba compuesta se conserva, queda. Los mismos resultados obtendremos si hacemos un experimento análogo con una vela encendida, etc.

p El gran sabio ruso Mijaíl Lomonósov fijó su atención en hechos semejantes. Y llegó a la conclusión de que en la naturaleza no puede ser destruida ni aumentada siquiera la más minúscula partícula de polvo. Ningún cuerpo o elemento puede desaparecer ni surgir nuevamente de la nada. Lomonósov formuló estos pensamientos en la conocida ley de la conservación de la sustancia, denominada también ley de la conservación de la materia. De ella se infiere que en la naturaleza nada surge de la nada ni desaparece nunca sin dejar huella.

p De esta importantísima ley de la naturaleza se deduce que el mito religioso de que Dios creó el mundo de la nada carece de todo fundamento. Si se supone que hubo un tiempo en que en el mundo no existía nada, es decir, no existía la materia, resultará que ésta no tuvo de donde surgir. Pero puesto que la materia existe, ello significa que no ha surgido nunca, que siempre ha existido y 55 existirá. La materia es eterna e inmortal. Por eso no ha podido ser creada nunca: ¡es imposible crear lo que no puede ser destruido! La materia, pues, no ha surgido nunca, ha existido y existirá siempre. Es eterna. La tesis científica de la eternidad de la materia mina de raíz la fe religiosa en la creación del mundo.

p Prosigamos. Puesto que la materia es la base y la fuente de todos los fenómenos de la naturaleza, no hay ni puede haber, por tanto, nada sin una existencia objetiva, real, y que no pueda ser estudiado con ayuda de los órganos sensoriales, aparatos físicos u otros medios y métodos científicos. Y siendo esto así, no queda lugar para las fábulas religiosas que hablan de ángeles y duendes, no queda lugar para la actividad de "El Altísimo".

p En efecto, si existen los ángeles, ¿por qué no dan señales de vida de ninguna manera, por qué no se los ve? Incluso los electrones más diminutos se han hecho accesibles al hombre y son estudiados. ¿Por qué, en cambio, los ángeles no son descubiertos ni por los órganos de los sentidos ni por los aparatos físicos, ni por nada? Tampoco se descubre su acción. ¿Qué hay en el mundo de lo que se pueda decir: "Esto lo han hecho los ángeles"? ¡Nada! Por consiguiente, no existen ni Dios, ni los ángeles, ni "el otro mundo”. Los clericales no pueden refutar esta conclusión. A ello se debe, precisamente, que la concepción marxista de la materia sea tan odiada por los idealistas y los clericales. Por eso intentan refutarla, declarando que "la materia ha desaparecido”. Y como no lo consiguen, tratan, por lo menos, de tergiversar el verdadero sentido de la doctrina acerca de la materia.

p Los clericales afirman: Admitamos que la materia ha existido siempre, pero aun así, el materialismo no sale ganando nada. Imaginémonos, dicen, esa época infinitamente remota en que en lugar del Universo actual existía la materia informe e inmóvil. Permaneció en dicha situación durante un tiempo infinitamente largo. Mas llegó un momento en que la materia debía salir de la situación en que se había encontrado hasta entonces. Pero si la materia había permanecido hasta entonces inmóvil, ¿por qué se puso de pronto en movimiento? La propia materia, responden los idealistas y clericales, no puede encerrar en sí ningún fundamento interno de esos cambios. Por tanto, ha 56 debido existir una fuerza externa y ajena a la naturaleza, a la materia, que sacara a la materia muerta del estado de “sopor” e inmovilidad eternos. Y esa fuerza es Dios.

Sin embargo, ¿necesita, en efecto, la materia de una fuerza suprema para recibir este impulso?

La materia existe en el movimiento

p Pregunten ustedes qué es el movimiento a una persona que no haya estudiado la filosofía marxista y recibirán, sin duda, aproximadamente la siguiente respuesta: "El movimiento es el cambio de lugar, el desplazamiento de un lugar a otro. Si un objeto está en un sitio, no se mueve. Por ejemplo, una piedra no cambia su situación hasta que alguien no la arroja”. Pero examinen ustedes una piedra en reposo. En ella existe también el movimiento: en ella se desplazan constantemente los átomos, las moléculas, los electrones y los protones, que, como se sabe, existen en todo cuerpo. La casa en que habitan, tampoco está inmóvil, sino que se mueve junto con la Tierra alrededor del Sol. Nosotros, sentados en una reunión, no nos movemos. Pero dentro de nosotros mismos circula la sangre, en nuestro cuerpo se producen procesos complejos: nacen nuevas células, en tanto que las viejas perecen, se destruyen. Esto también es movimiento. Resulta, pues, que el problema del movimiento es muchísimo más complicado de lo que nos imaginamos a veces.

p Los hombres ven que una piedra no se mueve del sitio hasta que no se la tira y que un automóvil está parado hasta que el chófer no lo pone en marcha. Tales son, aproximadamente, los razonamientos en que se basa la opinión de los clericales de que la materia permaneció en estado de inmovilidad hasta que una fuerza suprema, Dios, no le comunicó "el primer impulso”. Hasta un científico tan eminente como Newton no pudo explicar el movimiento de la materia a partir de sí mismo. Consideraba que Dios había comunicado a la naturaleza "el primer impulso”, había "dado cuerda al reloj”, y sólo entonces el movimiento se hizo inherente a la materia. Sin embargo, ¿es posible ese estado inerte, inmóvil, de la materia? O dicho de otro modo: ¿hubo algún tiempo en que existiera la materia, pero no hubiera ningún movimiento?

p Hace unos doscientos años, cuando la ciencia estudiaba solamente una forma del movimiento —el desplazamiento 57 de los cuerpos—, podia suponerse aún que cualquier cuerpo se encontraba en reposo hasta que una fuer/a externa no lo sacaba de dicho estado. Semejante consideración era aplicada también a la naturaleza. Pero el desarrollo de la física, la química y la biología ha revelado que el movimiento tiene formas diferentes.

p Tomemos, por ejemplo, el calor. Se ha comprobado que es resultado del movimiento de un inmenso número cíe moléculas de agua, pongamos por caso. El desplazamiento de las moléculas hace que el agua se caliente. Pero no se trata de un movimiento mecánico, sino de algo nuevo, más complejo. El fluido eléctrico es el movimiento de los electrones. Y la reacción química —el movimiento, la combinación de los iones es un proceso más complejo todavía. El organismo vivo, como hemos dicho antes, se encuentra también en movimiento permanente. En la sociedad humana tienen lugar asimismo procesos constantes: cambian los regímenes sociales, cambian los propios individuos.

p ¿Qué conclusión se deduce de cuanto queda dicho? La conclusión de que en la naturaleza existen diversas formas de movimiento. Primera, el desplazamiento de las partículas de la materia o de los cuerpos en el espacio, es decir, la forma mecánica del movimiento. Segunda, los procesos calóricos y eléctricos, o forma física del movimiento. Tercera, las reacciones químicas, las combinaciones de iones, que constituyen la forma química del movimiento. Cuarta, los cambios que se producen en los organismos vivos, o forma biológica. Quinta, la forma social del movimiento, es decir, los cambios que se operan en la vida social.

p Ahora no dirán ya que el movimiento es el simple desplazamiento de los cuerpos. El desplazamiento de los cuerpos no es más que una forma del movimiento. Pero nosotros nos hemos detenido a reflexionar sobre qué es el movimiento en el sentido más general, filosófico, de la palabra. Y eso significa, ante todo, desentrañar el problema de qué es lo principal, lo peculiar en cualquier tipo de movimiento. El movimiento, escribía Engels, ".. .comprende todos los cambios y procesos que se operan en el Universo, desde el simple cambio de lugar hasta el pensamiento"  [57•1 . Resulta que el movimiento es cualquier cambio 58 que se produce en los objetos y fenómenos, es decir, en el mundo, en la materia. Es el cambio en general.

p ¿Podría encontrarse la materia en tal estado que no se produjera en ella cambio alguno? Está claro que no. Aun en la época remota en que en el mundo no existían todavía ni los hombres, ni los animales, ni la célula viva, aun entonces, la materia experimentaba cambios. Porque los cuerpos están compuestos de átomos y moléculas que se hallan en constante movimiento. Por consiguiente, jamás ha existido ni un solo cuerpo absolutamente inmóvil. Además, si existían los átomos, las moléculas y los electrones, eran inevitables las reacciones químicas. Resulta, pues, que existía también la forma química del movimiento.

p Como habrán podido convencerse, jamás ha habido un estado tal en el que la materia existiera sin movimiento. Por eso se dice que el movimiento es una forma de existencia de la materia. El movimiento es una propiedad imprescriptible de la materia, o, como dicen los filósofos, un atributo de la materia. No hay materia sin movimiento, la materia existe sólo en movimiento.

p Semejante conclusión se ve confirmada por los datos irrefutables de nuestra práctica. Cuando una máquina está en funcionamiento, sus piezas, como se sabe, se calientan. Esto significa que la forma mecánica del movimiento (la rotación de algunas piezas) se transforma en forma calorífica. En la caldera de una locomotora puede observarse el proceso contrario: el vapor producido por la combustión del carbón o de la leña pone en movimiento el émbolo de la máquina de vapor. En este caso, la energía calorífica se transforma en energía mecánica.

p La ciencia, sintetizando tales hechos, ha llegado a la conclusión de que el movimiento no puede crearse de la “nada” ni puede desaparecer sin dejar huella. Lo único que puede hacer es pasar de una forma a otra. Esta importantísima tesis de las ciencias naturales ha sido llamada ley de la conservación y transformación de la energía (energía, en física, es la medida del movimiento de la materia).

p Si el mundo hubiera estado inmóvil en otros tiempos, el movimiento no habría surgido de la nada. Y de ahí la conclusión de qvie el movimiento ha sido siempre inherente a la materia: ésta no ha necesitado de ningún "primer impulso”. Ese “impulso” jamás ha existido.

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p ¿Significa cuanto queda dicho que el materialismo dialéctico niegue el reposo? No. El reposo existe en la naturaleza. Pero es relativo. Esto quiere decir que no existe fenómeno alguno en el que todo esté en reposo, en el que no haya ningún movimiento. Eso es precisamente lo que acabamos de demostrar.

p Si un cuerpo se halla en reposo es sólo respecto de algo. Por ejemplo, durante un viaje nos encontramos en reposo respecto del coche en movimiento. Pero no se trata de un reposo absoluto, ya que en nuestro propio cuerpo se producen cambios constantes.

p La concepción dialéctica del reposo se diferencia radicalmente de la metafísica. Los metafísicas entienden el reposo como la ausencia de todo movimiento. Semejante concepción es la que niega precisamente el materialismo dialéctico.

No es el reposo, aunque exista, lo que tiene importancia decisiva en la naturaleza. Lo decisivo es el movimiento, el desarrollo, el cambio. La negación de la universalidad del movimiento como propiedad de la materia lleva al reconocimiento de Dios. Por eso la utilizan ampliamente los filósofos burgueses contemporáneos, sobre todo los neotomistas  [59•1 . Por ejemplo, el padre Calvez, neotomista francés, declara que el desarrollo sólo es posible cuando existe Dios, motor de la naturaleza. Pero ustedes han visto ya que la materia, la naturaleza, no precisa de ningún “motor”. El movimiento interno le es inherente como una propiedad cardinal e inalienable. Es absurdo preguntar de dónde ha surgido lo que tiene existencia eterna. De ahí que carezca de sentido demandar quién comunicó el movimiento a la materia, ya que es inseparable de ella, es su forma de existencia. ¿En qué otras formas existe la materia?

El tiempo y el espacio son formas de existencia de la materia

p Todos los objetos tienen extensión, tamaño y volumen determinados —es decir, las tres dimensiones: ancho. larga y alto— y ocupan un lugar concreto. Además, están situados entre sí en una forma determinada: más lejos o más cerca, más arriba o más abajo, más a la derecha o 60 más a la izquierda. Esto significa que todos ellos existen en el espacio y no pueden existir de otra manera. Mas ustedes saben que todos los objetos del mundo forman lo que llamamos materia. De ahí se deduce que la materia no puede existir nada más que en el espacio. Y esa es la causa de que el espacio sea definido como una forma de existencia de la materia.

p Prosigamos. Hemos dicho ya que todos los fenómenos del mundo se encuentran en perpetuo cambio, movimiento y desarrollo. Pero ¿cómo se producen esos cambios? Un ejemplo sencillo les responderá a esta pregunta. Tomen sus propias fotografías desde cuando eran niños hasta el día de hoy. Descubrirán que los cambios son producto de los años vividos. Al contemplar las fotografías, verán que todos los cambios se han producido en el tiempo. Y no puede ser de otra manera. Todo lo que ha cambiado en el organismo humano, todas las mutaciones han transcurrido un día tras otro, a lo largo de meses y años enteros.

p Además, todos los fenómenos del mundo se suceden con continuidad determinada: el día sucede a la noche, el socialismo y el comunismo suceden al capitalismo. Un acontecimiento ocurre antes, otro después. Todos tienen también determinada duración. La sucesión, continuidad y duración de los acontecimientos sólo pueden darse en el tiempo.

p Así, pues, todo lo que ocurre en el mundo se opera en el tiempo. Por eso, el tiempo es también una forma de existencia de la materia. Lenin decía: "En el Universo no hay más que materia en movimiento, y la materia en movimiento no puede moverse de otro modo que en el espacio y en el tiempo"  [60•1 .

p Ustedes podrán decir: "Si el espacio y el tiempo se definen por igual como formas de existencia de la materia, resulta que se diferencian poco entre sí”. Mas ustedes mismos han visto ya que no es así. El espacio es la forma de existencia de la materia que determina la situación de un cuerpo material, su tamaño y su volumen. El tiempo determina otro aspecto de la existencia y el desarrollo de la materia: la sucesión de los cambios que experimentan 61 los cuerpos materiales. La diferencia es evidente y ayuda a comprender que las propiedades del espacio y del tiempo son diferentes, no son las mismas. ¿Cuáles son esas propiedades?

p El espacio tiene tres dimensiones. Esto significa que la longitud, la anchura y la altura proporcionan una definición completa del espacio. La tridimensionalidad es la propiedad más importante del espacio.

p Todos sabemos que el cambio de los fenómenos en el tiempo sigue una sola dirección: del pasado al presente y al futuro. El tiempo no corre para atrás. Sólo en los cuentos y novelas fantásticas es posible crear la ”máquina del tiempo" cuyas saetas marchan "al revés”. Contemplen de nuevo las fotografías de que hemos hablado antes. El desarrollo ha seguido, a partir de la infancia, una sola dirección. Y es imposible repetir todos los grados en sentido inverso. Por consiguiente, la propiedad más importante del tiempo es su irreversibilidad.

p Como ven, el tiempo y el espacio se diferencian entre sí. ¿Por qué, entonces, los definimos igual, como formas de existencia de la materia?

p Los objetos no pueden existir en el espacio, pero al margen del tiempo. Si un objeto ocupa un lugar determinado en el espacio, puede nacerlo únicamente ahora, o ayer, en una palabra, "en cierto tiempo”. El objeto se encuentra en el espacio y en el tiempo. El simple horario de los trenes les convencerá de ello. El tren llegará a tal lugar (espacio) a tal hora (tiempo). Es imposible separar el lugar adonde llega el tren de la hora a que lo hace. ¿Dónde? y ¿cuándo? son dos preguntas inseparablemente unidas: definen el tiempo del acontecimiento y su lugar en el espacio.

p Así, pues, el tiempo y el espacio están indisolublemente unidos. Es imposible separar el uno del otro. El espacio no existe sin el tiempo, de la misma manera que el tiempo no existe sin el espacio. Y puesto que la materia existe en el espacio y en el tiempo, resulta que es imposible separar el espacio y el tiempo no sólo entre sí, sino también de la materia.

p Podrán decirnos que el vacío absoluto es precisamente un espacio, un “lugar” en el que no hay nada, un espacio sin materia.

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p En el pasado se consideraba, efectivamente, que existía ese espacio no lleno de nada, "el reino del vacío”. Pero los hombres de ciencia han llegado hoy a la conclusión de que en la naturaleza no existe ese espacio vacío. Por ejemplo, en la lámpara eléctrica, de la que son extraídos todos los gases, quedan, pese a ello, algunos átomos, electrones y otras partículas. El espacio interplanetario está lleno de gas interesteral y polvo de los cometas desintegrados; en él se mueven vertiginosamente corpúsculos meteóricos, micropartículas que tienen rayos de luz. Y eso, como ustedes saben, es también materia.

p De lo dicho se deduce que el espacio y el tiempo tienen existencia objetiva. El mundo existe fuera del hombre: y sus formas de existencia son también objetivas.

p Lenin concedía gran importancia a la tesis de la existencia objetiva del espacio y del tiempo. Esta tesis está enfilada contra la concepción idealista subjetiva del espacio y del tiempo, cuyas raíces encontramos en el filósofo inglés Hume (siglo XVIII) y en el filósofo alemán Kant (finales del siglo XVIII y comienzos del XIX). Ambos filósofos partían de que el tiempo y el espacio están desprovistos de contenido objetivo. Hume estimaba que los nexos espacio-temporales se adquieren en el transcurso de la experiencia. Kant, por su parte, suponía que se encuentran en nuestra cabeza antes de toda experiencia. Por eso los denominaba categorías apriorísticas  [62•1 .

Lenin demostró en su obra Materialismo y empiriocriticismo la falta de base de esta concepción del espacio y del tiempo. Son también profundamente erróneas las opiniones de los machistas  [62•2 , que se limitaron simplemente a resucitar el idealismo subjetivo de Hume y Kant. Lenin probó que la ciencia moderna confirma la concepción materialista del carácter objetivo del espacio y del tiempo. Pero los idealistas contemporáneos, intentan falsificar algunos datos importantísimos de las ciencias naturales, en particular de la física, con el propósito de resucitar la 63 concepción idealista subjetiva del espacio y del tiempo. Para ello tergiversan uno de los descubrimientos capitales del siglo XX: la teoría de la relatividad.

Carácter relativo del tiempo y del espacio

p Hasta comienzos del siglo XX, en la ciencia predominaba la opinión del gran naturalista Newton de que el espacio y el tiempo existen separados de la materia e independientemente de las cosas materiales. El espacio, según él, es algo así como un cajón descomunal o una habitación infinita sin paredes, tejado ni suelo, en la que se pueden meter o sacar cosas. El mundo circundante parece “metido” en este "cajón" o "habitación”. Newton llega de ahí a la conclusión de que el espacio es absoluto, o sea, independiente de la materia. De la misma manera, considera que el tiempo es algo absoluto, desvinculado de la materia e independiente de ella. Se trata, pues, de una concepción materialista metafísica.

p El gran físico del siglo XX Alberto Einstein, creador de la teoría de la relatividad, enfocó el problema del espacio de una manera completamente distinta. Demostró que el espacio y el tiempo están unidos entre sí y vinculados a la materia, de cuyas propiedades dependen. En el Universo no existe un tiempo único, como les hará ver el ejemplo siguiente.

p ¿Puede haber algo más natural que la opinión de que el tiempo transcurre por igual en la Tierra y en un cohete que se mueve a una velocidad fantástica’/ Pues no es así. Si el cohete se mueve a una velocidad próxima a la de la luz, el tiempo transcurrirá en él mucho más lentamente que en la Tierra. Figúrense ustedes que emprendemos un viaje en un cohete de ese tipo. Volamos, por ejemplo, tres años. Pero cuando regresemos a la Tierra, quedaremos maravillados: ¡resultará que en ella han transcurrido ya: más de 360 años! Es difícil imaginarse esto, pero es así. Por tanto, la Tierra tiene su tiempo, y el cohete en movimiento, otro. El tiempo es relativo, depende de la velocidad del movimiento. Cuanto más rápidamente se mueve cualquier cuerpo en el espacio, con mayor lentitud transcurre el tiempo para él.

p Pero resulta que también el espacio es relativo. Supongamos que un tren pasa ante el andén de una estación a una velocidad próxima a la de la luz. ¿Qué opinan ustedes: 64 será igual la longitud del andén para el maquinista del tren y para una persona que se encuentre en el andén? Cálculos matemáticos exactos, basados en la teoría de la relatividad, prueban que no.

p Los viajeros del tren pensarán que el andén se ha hecho más corto, en tanto que quienes se encuentren en el andén descubrirán, por el contrario, que es el tren en marcha el que se ha acortado. Y no será una ilusión de óptica, sino un hecho objetivo. Por tanto, el espacio es igualmente relativo.

Los idealistas contemporáneos intentan tergiversar también este descubrimiento de la ciencia. Dicen: puesto que el tiempo y el espacio son relativos, ello significa que no tienen existencia objetiva, son categorías subjetivas. Mas eso no es cierto. En este caso nos encontramos con lo mismo que cuando hablamos de la materia. Los nuevos descubrimientos han refutado la concepción no materialista del tiempo y del espacio. Han refutado únicamente las anteriores concepciones metafísicas del espacio y del tiempo. En cada sistema de coordenadas, como dicen los físicos, su tiempo es relativo. Pero existe objetivamente. Igual que existe objetivamente el espacio.

El mundo es infinito en el espacio y eterno en el tiempo

p El espacio es infinito y el tiempo es eterno. Por eso, el mundo se extiende de manera infinita en todos los sentidos, y no ha tenido comienzo ni tendrá fin en el tiempo.

p Esta conclusión tiene gran importancia. Si el mundo es infinito, quedan hechas añicos’ las fábulas religiosas sobre "el fin del mundo”. Si el mundo es eterno en el tiempo, carecerán de toda base las afirmaciones de los clericales de que antes no existió el mundo y después lo "creó" Dios. La lucha en torno a este problema ha adquirido formas muy enconadas.

p La ciencia confirma plenamente la doctrina materialista del carácter infinito del mundo, del carácter infinito del espacio. Nuestro planeta —la Tierra— no es más que una brizna en el inmenso océano del Universo. Como unidad de medición del Universo no se usa el kilómetro, sino el llamado año de luz, es decir, la distancia que recorre un rayo de luz al año con una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo. Los astrónomos estudian ahora 65 estrellas de las que nos separan distancias de mil millones de años de luz, e incluso más. Esto significa que hasta un cohete que desarrolle una velocidad de 50.000 kilómetros por hora, ¡tardaría en llegar a ellas muchos billones de años! Es una distancia difícil de imaginar. Pero la ciencia nos dice que eso no es tampoco el límite.

p Contemplen el cielo por la noche y verán que está sembrado de estrellas. Todo este sistema estelar, al que pertenece también el Sol, lleva el nombre de Galaxia. Está compuesto por cerca de 150.000 millones de astros. Existen muchos millones de galaxias semejantes. Los científicos han conseguido estudiar todo eso con ayuda de los más potentes medios de observación modernos: grandes telescopios ópticos y radiotelescopios. Mas tampoco eso es "el fin del mundo".

p Por tanto, el Universo no tiene límite, fin, fronteras. Antes hemos demostrado igualmente que tampoco ha tenido comienzo en el tiempo. De ahí que carezcan de todo fundamento los intentos de los idealistas y clericales de demostrar que el mundo ha tenido comienzo y tendrá fin.

p Cuando la ciencia llegó a la conclusión de que la energía surge en el Sol y en otros astros como resultado de la síntesis de núcleos de hidrógeno, los idealistas empezaron a afirmar que por cuanto el hidrógeno existe en la naturaleza en cantidad limitada, las estrellas irán apagándose a medida que se agote el “combustible” nuclear. Y esto, según ellos, conducirá en última instancia a la muerte del Universo. Una conferencia de astrónomos convocada por el Vaticano determinó incluso el plazo en que habrá de llegar el fin del mundo: dentro de 10.000 millones de años Pero estas conclusiones son refutadas por los datos de la ciencia: en la naturaleza, a la par con el proceso de "combustión" del hidrógeno, se registra también el proceso de formación —o, como suele decirse, de recuperación— del hidrógeno.

p En sus intentos de demostrar el futuro "fin del mundo”, los idealistas utilizan igualmente el descubrimiento de las estrellas “supernuevas”  [65•1 . Durante las explosiones, estas estrellas se hinchan como pompas de jabón, alcanzando 66 descomunal tamaño. Los “sabios” vaticanistas dicen: El Sol es también una estrella y puede hacer explosión, y entonces precisamente llegará "el fin del mundo”. Sin embargo, en el Congreso Astronómico Internacional celebrado en Moscú en 1958 quedó demostrado que sólo estrellas de una clase especial tienen la propiedad de estallar. Y nuestro Sol no figura entre ellas. Por eso no hay motivo alguno para temer una explosión que amenace a nuestra Tierra. La ciencia ha refutado también esta fábula acerca de "el fin del mundo".

p Incapaces de argumentar científicamente sus afirmaciones sobre "el fin del mundo”, los servidores de la religión recurren con frecuencia a francas provocaciones, fijando “plazos” de la llegada del mismo. Pero cada vez que lo hacen quedan en ridículo, evidenciando que carecen de todo valor las afirmaciones religiosas respecto al "fin del mundo".

El reconocimiento del carácter objetivo e infinito del espacio y del tiempo es rasgo inalienable del materialismo. Si se admite que el Universo está limitado en el espacio, surgirá inevitablemente esta pregunta: ¿Y qué hay más allá de los límites del Universo? Según los clericales, el reino de las fuerzas sobrenaturales. Tras los límites del Universo, dicen, está la morada de los “bienaventurados”, los ángeles y las divinidades, en una palabra, "el otro mundo”. Pero ¿puede existir ese "segundo mundo"? ¿Existe, en general, algún otro mundo aparte del material?

El mundo único

p La ciencia ha demostrado convincentemente que no hay ni puede haber un mundo inmaterial, un mundo del "más allá”. En efecto, si únicamente existe la materia, sólo puede haber un mundo: el mundo material. Por eso, la filosofía marxista enseña que el mundo es único. Este aserto no debe entenderse en el sentido de que sólo existe el mundo en que vivimos. El gran sabio italiano Giordano Bruno (1548-1600) demostró ya que existen multitud de mundos. Pero todos ellos son materiales. Y en este sentido, todos juntos forman un solo mundo material. La unidad del mundo significa, además, que todos los objetos, fenómenos y procesos están entrelazados, de modo que no representan un montón de objetos aislados, sino un todo único.

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p ¿Con qué se demuestra la unidad del mundo? Con el largo y difícil desarrollo de la filosofía y de las ciencias naturales, responde Engels. En la antigüedad, cuando los hombres no tenían una noción científica del Sol, los planetas y las estrellas, consideraban que "el mundo celestial" (las estrellas, el Sol y la Luna) era completamente distinto del mundo terrenal. Así surgió la idea de la existencia de dos mundos. Pero a medida que fue desarrollándose la ciencia, se descorrió paulatinamente el velo del misterio y resultó que "el cielo" es tan material en su base como el mundo en que vivimos.

p El primer golpe, y de gran fuerza, a las ideas místicoreligiosas fue asestado por el célebre científico polaco Nicolás Copérnico (1473-1543). Expresó la idea de que la Tierra no es, ni mucho menos, el centro del Universo, sino un planeta más de nuestro sistema solar. Quedó establecido así que no se puede contraponer la Tierra al “cielo”. En este último no hay nada sobrenatural.

p En el siglo XVIII, el gran sabio Newton demostró que las mismas leyes de la mecánica que rigen el movimiento de nuestra Tierra alrededor del Sol, obligan también a la Luna a girar alrededor de la Tierra, y a otros planetas a hacer lo mismo alrededor del Sol. Cuando llegó a la Luna el cohete soviético, quedó confirmado con la mayor brillantez que la misma fuerza de la "gravitación universal" que obliga a un cuerpo a “aterrizar”, obligó al cohete a “alunizar”. ¡¿Se quiere mejor demostración de la unidad y comunidad de las leyes a que están sometidos todos los fenómenos del mundo, ya sean terrenales o “celestiales”?!

p Los cuerpos celestes constan de los mismos elementos que la Tierra. Se ha establecido la plena unidad, es decir, la comunidad de los principales elementos que hay en la Tierra y en otros cuerpos del Universo. Así lo prueba, aunque sólo sea, el análisis de los cuerpos que llegan hasta nosotros de las profundidades del espacio universal, por ejemplo, los meteoritos. Su principal integrante es el hierro, es decir, un elemento muy extendido en la Tierra. Esto demuestra convincentemente que en dichos "representantes del cielo" no hay nada inmaterial.

p ¿Y qué decir de los vuelos de los cosmonautas alrededor de la Tierra? ¡Porque ellos han estado allá donde, según las afirmaciones religiosas, se encuentra "el cielo”, "el 68 secundo mundo"! Pero durante sus vuelos en las naves es pacíales en torno a la Tierra no han encontrado ningún “cielo”’. No han visto allí ni a los ángeles ni a los santos. Es difícil encontrar una refutación mejor del mito religioso sobre la existencia de un "segundo mundo”, del "mundo celestial".

p No basta, sin embargo, con reconocer la unidad del mundo. Hay, además, que comprender correctamente su esencia. Lenin decía, basándose en el análisis que Engels hiciera de este problema, que la unidad del mundo puede deducirse del pensamiento o de la realidad objetiva, de la materia. Quien deduce la unidad del mundo de la conciencia, del pensamiento, va a parar a un embrollo, a la fe en Dios. Así lo prueba el ejemplo del filósofo alemán Dühring, quien declaró: El mundo es único porque en nuestro pensamiento lo concebimos único. Engels criticó duramente este punto de vista, diciendo que podemos pensar lo que nos venga en gana, pero no por eso se hará material lo inexistente. La unidad del mundo no hay que deducirla del pensamiento, sino de la realidad objetiva, de la materia.

p Esto significa que en el mundo no existe un sólo fenómeno que no sea resultado del movimiento, del desarrollo de la materia. La materia lo abarca todo, su acción se extiende por todas partes, y no hay ni puede haber nada aparte de la materia en movimiento y desarrollo y de sus frutos. Esto significa que existe un solo mundo: el mundo material. Por ello, precisamente, Engels indica que la unidad del mundo consiste en su materialidad. Dicho con otras palabras: el mundo es único porque es material.

Así, pues, el mundo es material por su naturaleza. Existe fuera de la conciencia del hombre e independientemente de ella. Pero ¿qué es la conciencia? Esta pregunta requiere ser analizada de manera especial.

* * *
 

Notes

 [47•1]   V. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, págs. 138 y 158, ed. en español, Moscú, 1948.

 [52•1]   V. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, págs. 361-362, ed. en español, Moscú, 1948.

 [57•1]   F. Engels, Dialéctica de la Naturaleza, pág. 44, ed. en ruso.

 [59•1]   Neotomismo: filosofía oficial del catolicismo contemporáneo.

 [60•1]   V. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, págs. 194-195, ed. en español, Moscú, 1948.

 [62•1]   Apriorístico (del latín "a priori”): independiente de la experiencia, no basado en la experiencia y que precede a la experiencia.

 [62•2]   Machismo: corriente ideológica reaccionaria en la filosofía, fundada a fines del siglo XIX por el físico y filósofo austríaco Ernesto Mach.

 [65•1]   Se denomina asi a las estrellas que tienen la propiedad de inflamarse y hacer explosión de tiempo en tiempo.