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XI CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA^^214^^
27 DE MARZO-2 DE ABRIL DE 1922
 
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INFORME POLÍTICO DEL COMITÉ
CENTRAL DEL PC(b) DE RUSIA
27 DE MARZO DE 1922
 

p (Aplausos.) Camaradas: Permitidme empezar el informe político del CC desde fin de año y no desde el comienzo de éste. La cuestión política de mayor actualidad es la Conferencia de Genova^^215^^. Pero como ya se ha hablado muchísimo de esto en la prensa de nuestro país, y como tuve ocasión de manifestar lo esencial de esta cuestión en mi discurso del 6 de marzo, que ha sido publicado, pediría que me autorizarais a no entrar en detalles sobre este problema, si no tenéis ninguna necesidad especial de que se os expliquen algunos pormenores.

p En general, sabéis todo lo referente a la Conferencia de Genova, porque la prensa ha dedicado mucho espacio a esta cuestión, a mi parecer, demasiado, incluso en perjuicio de las necesidades reales, prácticas y apremiantes de nuestra construcción en general y de la organización de la economía en particular. Se comprende que en todos los países burgueses de Europa guste mucho entretener a la gente o llenarle la cabeza con toda clase de frases rimbombantes sobre Genova. Esta vez (y no es la única) los imitamos, y lo hacemos de manera excesiva.

p Debo decir que en el CC hemos tomado las más escrupulosas medidas para formar una delegación de nuestros mejores diplomáticos (ahora tenemos un número considerable de diplomáticos soviéticos, no como al comienzo de la existencia de la República Soviética). En el CC hemos adoptado directrices bastante detalladas para nuestros representantes diplomáticos enviados a la Conferencia de Genova. Las hemos estudiado muy detenidamente, hemos deliberado varias veces y vuelto a deliberar sobre ellas. Cae 698 de su peso que aquí se trata de una cuestión, no diría militar, porque esta palabra daría pie a un malentendido, pero sí, en todo caso, de una competición. En el campo burgués existe una corriente de extraordinario vigor, muchísimo más poderosa que las demás, que tiende a frustrar la Conferencia de Genova. Hay corrientes eme tratan de defenderla a toda costa, de lograr que se celebre, y son las que prevalecen ahora. Por último, en el campo de todos los países burgueses existe una corriente que se podría denominar pacifista y en la cual hay que incluir asimismo a toda la II Internacional y a la Internacional II y media. Es el campo de la burguesía que míenla mantener una serie de propuestas pacifistas y ira/ar algo así como una política pacifista. Nosotros, como comunistas, leñemos nuestras opiniones concretas, que huelga por completo exponer aquí, de este pacifismo. Se comprende que vamos a Genova a negociar, y no como comunistas, sino como comerciantes. Nosotros necesitamos negociar, y ellos también. Nosotros queremos negociar con ventaja para nosotros, y ellos con ventaja para sí mismos. La forma en eme se va a desarrollar la lucha dependerá, aunque no sea en gran medida, del arte de nuestros diplomáticos.

p Desde luego, cuando vamos a Genova como negociantes, no nos da igual tener que entendérnoslas con representantes del campo burgués que tiendan hacia la solución militar del problema o con representantes del campo burgués que tiendan hacia el pacifismo, aunque éste sea de lo más mediocre y, desde el punto de vista del comunismo, no resista la menor crítica. Sería un mal negociante quien no supiera captar esta diferencia y, ajustando a ello su táctica, lograr objetivos prácticos.

p Nosotros vamos a Genova con un objetivo práctico: impulsar el comercio y crear las condiciones para que se desarrolle de la manera más amplia y eficaz. Pero en modo alguno garantizamos el éxito de la Conferencia de Genova. Sería ridículo y absurdo garantizarlo. Debo confesar que, enjuiciando con mayor moderación y prudencia las posibilidades que representa ahora la Conferencia de Genova, creo, sin embargo, que no será exagerado decir que conseguiremos este objetivo nuestro.

p A través de Genova—si nuestros interlocutores allí son lo suficiente inteligentes y no demasiado testarudos—, dejando Genova a un lado—si se les ocurre obstinarse—, ¡pero alcanzaremos nuestro objetivo!

p Los intereses más impostergables, vitales y prácticos de todas las potencias capitalistas, intereses que se han manifestado de manera acusada en los últimos años, exigen que se desarrolle, normalice y amplíe el comercio con Rusia. Y como este tipo de 699 intereses existe, puede discutirse, puede haber disensiones, podemos —- separarnos en diferentes combinaciones—v hasta es muy verosímil que hayamos de hacerlo—, pero, aun con todo, esta necesidad económica fundamental acabará abriéndose paso en definitiva. Creo que a este respecto podemos estar tranquilos. No garantizo el plazo, no garantizo el éxito, pero precisamente en esta reunión puede afirmarse con bastante seguridad que han de seguir desarrollándose sin falta las relaciones comerciales regulares entre la República Soviética y todo el mundo capitalista. De las interrupciones que pueda haber en ellas hablaré en mi informe a su debido tiempo, pero creo que en cuanto a la Conferencia de Genova nos podemos limitar a lo dicho.

p Por supuesto que los camaradas que deseen conocer la cuestión con mayor detalle y no se den por satisfechos con la lista de miembros de la delegación publicada en los periódicos podrán elegir una comisión o sección y ver todos los documentos, correspondencia y directrices que se tienen en el CC. Los detalles, naturalmente, los hemos esbozado de una manera convencional, porque hasta ahora no se sabe con exactitud quién se sentará a la mesa en esta Conferencia de Genova y cuáles serán las condiciones, o las condiciones previas que se pongan, o las salvedades que se hagan. No tendría el menor objeto analizarlas aquí todas; creo que incluso es prácticamente imposible. Repito: el congreso tiene plena posibilidad de reunir, mediante una sección o una comisión, todos los documentos sobre esta cuestión, tanto los publicados como los que obran en poder del CC.

p Me limitaré a lo expuesto porque estoy convencido de que no es en esta cuestión donde tropezamos con nuestras mayores dificultades. No es a esto a lo que todo el partido debe prestar su principal atención. La prensa burguesa europea abulta y exagera con artificio y adrede la importancia de esta conferencia, engañando a las masas trabajadoras (asi lo hacen siempre las nueve décimas partes de toda la prensa burguesa en tocias estas repúblicas y países libres y democráticos). Nos hemos dejado llevar un poco por esta prensa. Como siempre, nuestros periódicos se dejan llevar aún por las viejas costumbres burguesas, se resisten a pasar a la nueva vía socialista, y hemos armado más barullo del que merece el tema. La Conferencia de Genova no ofrece en el fondo grandes dificultades para los comunistas, sobre todo para los que han vivido años tan duros como nosotros desde 1917, para los que han visto combinaciones políticas de tanta trascendencia como nosotros hemos visto desde entonces. No recuerdo que en relación con este asunto se produjeran divergencias o discusión alguna, no ya en el CC, sino tampoco en el seno de nuestro 700 partido. Y esto es natural, ya que aquí no hay nada discutible desde el punto de vista de los comunistas, ni aun teniendo en cuenta la diferencia de matices entre ellos. Vamos a Genova, repito, como negociantes, a fin de lograr formas más ventajosas para el desarrollo del comercio, que ya ha comenzado, que está en marcha y que, incluso en el caso de que alguien lograra interrumpirlo por la violencia durante cierto tiempo, pasada esa interrupción se desarrollará indefectiblemente a pesar de todo.

p Circunscribiéndome, por lo tanto, a estas breves observaciones sobre la Conferencia de Genova, paso a lo que constituye, a juicio mío, las principales cuestiones políticas del ..año transcurrido y las más importantes del año próximo. Me parece (o, por lo menos, ésta es mi costumbre) que en el informe político del CC se debe hablar no sólo de lo que ha ocurrido en el año del que se rinde cuenta, sino de las enseñanzas políticas que hemos recibido en este año—las fundamentales, las esenciales—, para determinar con acierto nuestra política en el año venidero, para aprender algo de las experiencias de un año.

p El problema principal es, claro está, la nueva política económica. Todo el año del que ahora rendimos cuenta ha transcurrido bajo el signo de la nueva política económica. Si en el curso de este año hemos hecho alguna conquista importante, seria e imprescriptible (lo que para mí no es aún tan indudable), ha consistido sólo en aprender algo del principio de esta nueva política económica. Y si al menos hemos aprendido un poco durante este año, ha sido efectivamente muchísimo en el terreno de la nueva política económica. Y la prueba de que realmente hemos aprendido, y en qué grado, la darán probablemente los acontecimientos subsiguientes, acontecimientos de un tipo que dependen muy poco de nuestra voluntad; por ejemplo, la inminente crisis financiera. A mi parecer, lo principal que se debe tener presente, en lo que toca a nuestra nueva política económica, como base para todos los razonamientos y para tomar en consideración la experiencia de un año y adquirir conocimientos prácticos para el año entrante, son los tres puntos siguientes:

p Primero, nuestra nueva política económica nos interesa, sobre todo, para comprobar que logramos realmente una conexión con la economía campesina. En la época anterior del desarrollo de nuestra revolución, cuando toda la atención y todas las fuerzas estaban dirigidas o casi absorbidas, principalmente, por la tarea de oponer resistencia a la invasión, no podíamos pensar como es debido en esta conexión, no teníamos tiempo para preocuparnos de ella. Hasta cierto punto se podía y se debía no tenerla en cuenta, cuando existía la tarea absolutamente inaplazable y 701 apremiante de hacer frente al peligro de ser estrangulados en el acto por las gigantescas fuerzas del imperialismo mundial.

p El viraje hacia la nueva política económica fue acordado con excepcional unanimidad, incluso mayor que para otros problemas afrontados en nuestro partido (que, debemos reconocerlo, se destaca, en general, por su gran unanimidad), en el congreso anterior. Esta unanimidad demostró que había madurado por completo la necesidad de abordar de una manera nueva la economía socialista. Personas que disentían en muchos problemas, que enjuiciaban la situación desde puntos de vista distintos, convinieron inmediatamente, sin vacilación y sin excepción alguna, en que no teníamos una forma verdadera de abordar la economía socialista, la construcción de sus cimientos, y que existía un procedimiento único para encontrar este modo de abordarla: la nueva política económica. Debido al desarrollo de los acontecimientos militares, debido al desarrollo de los acontecimientos políticos, debido al desarrollo del capitalismo en el antiguo Occidente culto y al desarrollo de las condiciones sociales y políticas en las colonias, tuvimos que ser los primeros en abrir una brecha en el viejo mundo burgués en un momento en que nuestro país era, económicamente, si no el más atrasado, por lo menos uno de los más atrasados. La inmensa mayoría de los campesinos de nuestro país sostienen pequeñas haciendas individuales. Lo que podíamos realizar inmediatamente del programa de la construcción de la sociedad comunista, trazado por nosotros, se llevaba a cabo al margen, hasta cierto punto, de lo que ocurría entre las extensas masas campesinas, a las que impusimos tributos muy agobiadores, justificándolos con que la guerra no admitía ningún titubeo a este respecto. Y esta justificación, si se toma en su conjunto, fue aceptada por los campesinos, a pesar de los errores que no pudimos evitar. La masa campesina, en general, vio y comprendió que estas enormes cargas que se le imponían eran indispensables para defender de los terratenientes el poder obrero y campesino y no ser ahogados por la invasión capitalista, que amenazaba arrebatar todas las conquistas de la revolución. Pero no existía una conexión entre la economía que se construía en las fábricas nacionalizadas, socializadas, y en los sovjoses, de una parte, y la economía campesina, de otra.

p Esto lo vimos con claridad en el anterior congreso del partido. Lo vimos con tanta claridad que no hubo en el partido ninguna vacilación sobre la inevitable necesidad de la nueva política económica.

p Es divertido observar las apreciaciones que de esta decisión nuestra hace la prensa, extraordinariamente abundante, de toda 702 clase de partidos rusos en el extranjero. La diferencia entre estas apreciaciones es de lo más nimia: ellos, que viven del pasado, siguen insistiendo hasta hoy en que los comunistas de izquierda están contra la nueva política económica incluso en el presente. Estos individuos recordaron en 1921 lo que había ocurrido en 1918, y lo que los mismos comunistas de izquierda han olvidado, y lo vienen repitiendo y repitiendo con machaconería hasta la fecha, llegando a asegurar que estos bolcheviques son, como se sabe, gente pérfida y mentirosa, que oculta a Europa las discrepancias existentes entre ellos en este punto. Cuando uno lee estas cosas, piensa: deja que se engañen. Si es ésta la idea que tienen de lo que ocurre en nuestro país, se puede juzgar por ello del grado de conciencia de esta gente vieja, que pretende ser la más instruida y que ahora se ha marchado al extranjero. Nosotros sabemos que aquí no ha habido ninguna discrepancia, y no la ha habido porque estaba clara para todos la necesidad práctica de abordar de otra manera la construcción de los cimientos de la economía socialista.

p En nuestro país no existía conexión entre la economía campesina y la nueva economía que intentábamos crear. ¿Existe ahora? Aún no. Sólo nos vamos acercando a ella. Todo el significado de la nueva política económica, que nuestra prensa sigue buscando a menudo por todas partes menos donde se debe buscar, todo el significado consiste única y exclusivamente en esto: encontrar la forma de conexión para esta nueva economía, que estamos creando a costa de ímprobos esfuerzos, con una economía campesina. Y en esto consiste nuestro mérito; sin esto no seríamos comunistas, revolucionarios.

p Hemos comenzado a construir la nueva economía de una manera completamente nueva, sin tomar en consideración nada de lo viejo. Y si no la hubiéramos comenzado a construir, nos habrían aplastado por completo en los primeros meses, en los primeros años. Pero esto no quiere decir que nos obstinemos en que, debido a haberla comenzado con tamaña audacia, la debamos continuar sin falta de esta manera. ¿De dónde se desprende esto? De ninguna parte.

p Hemos dicho desde un principio que debemos realizar una obra más que nueva y que si no nos ayudan con rapidez los camaradas obreros de los países más desarrollados en el sentido capitalista, nuestra labor será increíblemente difícil y cometeremos, sin duda, una serie de errores. Lo principal es saber analizar con serenidad los errores cometidos y reconstruirlo todo desde el comienzo. Si es necesario rehacerlo todo desde el comienzo, no dos, sino hasta muchas veces, esto demostrará que abordamos sin 703 prejuicios y con mirada serena nuestra tarea, la más grandiosa de cuantas se hayan emprendido jamás en el mundo.

p Ahora lo esencial de la nueva política económica es que asimilemos bien la experiencia del año transcurrido. Es preciso hacerlo, y lo deseamos hacer. Y si queremos lograrlo a toda costa (¡queremos y lo lograremos!), es necesario saber que la tarea de la Nep, la tarea principal y decisiva, la que subordina todo lo demás, consiste en establecer una conexión entre la nueva economía, que hemos comenzado a construir (muy mal, con mucha torpeza, pero que, no obstante, hemos comenzado a construir, basándola en una economía socialista enteramente nueva, de una producción nueva, de una nueva distribución), y la economía campesina, de la que viven millones y millones de campesinos.

p Antes no existía esa conexión, y eso es lo que debemos crear en primer término. A esta idea hay que supeditarlo todo. Debemos aclarar aún hasta qué grado ha conseguido la nueva política económica establecer esta conexión y no desmoronar lo que hemos comenzado a construir con torpeza.

p Estamos edificando nuestra economía con los campesinos. Debemos rehacerla de continuo y construirla de manera que sea una ligazón entre nuestra labor socialista en la gran industria y en la economía agrícola y la labor en la que está atareado cada campesino y que realiza como puede, saliendo de la miseria como sabe, sin filosofar (porque ¿qué puede filosofar él para salir y salvarse del peligro directo de morir entre las torturas del hambre?).

p Hay que mostrar esta conexión para que la veamos con claridad nosotros, para que la vea todo el pueblo y para que toda la masa campesina vea que existe un vínculo entre la vida actual, dura, inauditamente desolada, extremadamente miserable y angustiosa, y el trabajo que se lleva a cabo en aras de remotos ideales socialistas. Hay que proceder de manera que cada simple trabajador, cada trabajador de filas, comprenda que ha obtenido alguna mejora, y la ha obtenido no como unos cuantos campesinos durante la época del poder de los terratenientes y del capitalismo, cuando cada paso hacia la mejora (indudablemente, mejoras las había, y muy grandes) iba acompañado del escarnio, los ultrajes, las burlas a cuenta del mujik, la violencia contra la masa; cosa que ningún campesino ha olvidado en Rusia ni olvidará en decenas de años. Nuestro objetivo es restablecer la conexión, demostrar con hechos a los campesinos que comenzamos por lo que ellos conocen, comprenden y pueden alcanzar hoy pese a toda su miseria, y no por algo distante y fantástico desde su punto de vista; demostrarles que sabemos ayudarles, y que los comunistas les 704 ayudan de hecho en estos momentos difíciles para los pequeños campesinos arruinados, empobrecidos, que sufren el tormento del hambre. O nosotros les demostramos eso o ellos nos enviarán al diablo. Eso no habrá quien lo evite.

p Esta es la significación de la nueva política económica, éste es el fundamento de toda nuestra política. He aquí para nosotros la principal lección del año transcurrido—en el que se ha aplicado la nueva política económica—y, por decirlo así, nuestra principal norma política para el año entrante. El campesinado nos concede crédito y, desde luego, después de lo que ha sufrido, no puede menos de concedérnoslo. Los campesinos, en su mayoría, viven con esta resignación: "Bueno, si no sabéis hacer las cosas, esperaremos, puede que aprendáis”. Pero este crédito no puede ser inagotable.

p Es preciso saberlo y, una vez obtenido el crédito, hay que apresurarse, a pesar de todo. Hay que saber que se aproxima el momento en que el país campesino no nos seguirá concediendo créditos, en que nos pedirá dinero contante, si se puede usar aquí este término comercial. "Pero, sin embargo, ahora, después de tantos meses y tantos años de prórrogas, vosotros, distinguidos gobernantes, habéis obtenido el método mejor y más seguro para ayudarnos a salir de la pobreza, de la miseria, del hambre, de la ruina. Vosotros sabéis hacer las cosas, lo habéis demostrado.” He aquí la prueba que irremisiblemente se cierne sobre nosotros, y esta prueba, en última instancia, lo decidirá todo: los destinos de la Nep y los destinos del poder comunista en Rusia.

p ¿Sabremos dar cima a nuestra obra inmediata o no? ¿Esta Nep servirá para algo o no? Si resulta un retroceso hecho con acierto, entonces, replegados, nos uniremos con la masa campesina y con ella marcharemos adelante con centuplicada lentitud, pero de un modo firme y constante para que ésta vea siempre que, a pesar de todo, vamos avanzando. Entonces nuestra causa será absolutamente invencible, y no nos dominará ninguna fuerza en el mundo. Hasta ahora, en este primer año, no lo hemos logrado. Es preciso decirlo con franqueza. Y yo estoy profundamente convencido (y nuestra nueva política económica permite sacar esta conclusión con toda claridad y firmeza), que si nos percatamos de todo el inmenso peligro que representa la Nep y concentramos todas nuestras fuerzas en los puntos débiles, resolveremos el problema.

p Cerrar filas con la masa campesina, con los simples campesinos trabajadores, y comenzar a avanzar incomparable, infinitamente más despacio de lo que nosotros soñábamos, pero, en cambio, de forma que toda la masa avance efectivamente con nosotros. Si obramos así, llegará un momento en que la aceleración de este 705 movimiento alcanzará un ritmo con el que ahora no podemos ni soñar. Esta es, a mi entender, la primera lección política fundamental de la nueva política económica.

p La segunda lección, más particular, es la comprobación, por medio de la emulación, de las empresas estatales y capitalistas. En nuestro país se crean ahora sociedades mixtas—hablaré un poco de ellas más adelante—, las cuales, lo mismo que todo nuestro comercio estatal y toda nuestra nueva política económica, son la aplicación por nosotros, los comunistas, de procedimientos comerciales, de procedimientos capitalistas. Asimismo tienen la importancia de que se establece una emulación práctica entre los procedimientos capitalistas y nuestros procedimientos. Comparad en la práctica. Hasta ahora escribíamos un programa y prometíamos. En su tiempo esto era completamente indispensable. Sin programa y sin promesas no se puede propugnar la revolución mundial. Si nos critican por ello los guardias blancos, y entre ellos los mencheviques, esto solamente demuestra que los mencheviques y los socialistas de la II Internacional y de la Internacional II y media no tienen la menor idea de cómo transcurre, en general, el desarrollo de la revolución. No podíamos comenzar de otro modo.

p Pero ahora las cosas se hallan de tal manera que debemos comprobar ya en serio nuestro trabajo, y no corno suelen hacerlo las instituciones de control creadas por los mismos comunistas, aunque éstas sean magníficas y estén incluidas en el sistema de las instituciones soviéticas y en el sistema de las instituciones del partido, aunque sean instituciones de control casi ideales; semejante comprobación es una burla desde el punto de vista de la necesidad real de la economía campesina, mas no es, en modo alguno, una burla desde el punto de vista de nuestra edificación. Estamos constituyendo ahora estas instituciones de control, pero no hablo ahora de esa comprobación, sino de la que representa un control desde el punto de vista de la producción masiva.

p El capitalista sabía abastecernos. Lo hacía mal, lo hacía saqueando, nos vejaba, nos expoliaba. Esto lo saben los simples obreros y campesinos, que no discuten de comunismo, porque no saben con qué se come.

p “Pero los capitalistas, a pesar de todo, sabían abastecer. Y vosotros, ¿sabéis? No, vosotros no sabéis.” Estas son las voces que se oían el año pasado, en la primavera—no siempre con claridad—, pero que abonaron el terreno para toda la crisis de la primavera del año pasado. "Sois personas excelentes, pero no sabéis hacer la obra que habéis comen/ado, la obra económica.” He aquí la critica más simple y contundente que el año pasado dirigieron contra el Partirlo Comunista los campesinos y, por el

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706 conducto de ellos, toda una serie de sectores obreros. Por eso precisamente, este punto viejo adquiere tanta importancia en el problema de la Nep.

p Es necesaria una verdadera comprobación. A nuestro lado actúa el capitalista, actúa saqueando, recoge ganancias, pero sabe hacer las cosas. ¿Y vosotros? Vosotros probáis con procedimientos nuevos: no obtenéis ganancias, los principios son comunistas, los ideales son buenos—bien, os han pintado tan bonitos que parecíais santos dignos de entrar vivos en el paraíso—, pero ¿sabéis hacer las cosas? Hace falta una comprobación, una verdadera comprobación, que no se limite a que la CCC investigue y determine censurar, y el CEC de toda Rusia determine sancionar, no, sino una auténtica comprobación, desde el punto de vista de la producción masiva.

p Se ha concedido a los comunistas toda clase de prórrogas, y se les ha dado más crédito que a ningún otro gobierno. Claro es que los comunistas han ayudado al campesino a desembarazarse de los capitalistas y de los terratenientes, esto él lo aprecia, y nos ha concedido prórrogas a crédito, pero todo hasta cierto plazo. Y luego viene ya la comprobación: ¿sabéis administrar no peor que otros? El viejo capitalista sabe, pero vosotros no sabéis.

p He aquí la primera enseñanza, la primera parte principal del informe político del CC. Nosotros no sabemos llevar la hacienda pública. Eso se ha demostrado durante este año. Yo desearía tomar como ejemplo varios “trustestats” (expresándome con ese excelente idioma, tan alabado por Turguénev)  [706•*  y demostrar de qué manera sabemos llevar la hacienda.

p Lamento no haber podido, por una serie de razones, y en grado considerable por mi enfermedad, preparar a fondo esta parte del informe y tener que limitarme a exponer mis convicciones, basadas en la observación de lo que ocurre. En el transcurso de este año hemos demostrado con entera claridad que no sabemos llevar la hacienda pública. Esta es la enseñanza principal. O en el año próximo demostramos lo contrario, o el Poder soviético no podrá existir. Y el peligro mayor es que no todos se dan cuenta de eso. Si todos los comunistas que ocupan puestos de responsabilidad reconocieran claramente: no sabemos,comencemos a estudiar desde el principio y saldremos ganando, sería, a juicio mío, la conclusión principal, fundamental. Pero no lo reconocen y están convencidos de que si alguien piensa así, es gente poco 707 desarrollada que no ha estudiado, según dicen ellos, el comunismo, puede ser que lo estudien y lo lleguen a comprender. Mas no, perdonad, no se trata de que el campesino o el obrero sin partido no haya estudiado el comunismo, sino de que han pasado los tiempos en que bastaba con desarrollar un programa y hacer un llamamiento al pueblo para que cumpliera este gran programa. Y han pasado esos tiempos, ahora hay que demostrar que vosotros, en la difícil situación actual, sabéis ayudar prácticamente a la economía del obrero y del mujik, para que vean que habéis sabido sostener la emulación.

p Las sociedades mixtas que hemos comenzado a crear, en las que participan capitalistas privados—rusos y extranjeros—y comunistas, constituyen una de las formas en que se puede organizar con acierto la emulación, demostrar que nosotros sabemos establecer la conexión con la economía campesina no peor que los capitalistas, que podemos satisfacer sus necesidades, que podemos ayudar al campesino a avanzar tal y como es ahora, pese a toda su ignorancia, ya que no es posible hacerle cambiar en un plazo corto.

p Esa es la emulación que se nos plantea como una tarea absoluta e inaplazable. Ese es precisamente el quid de la nueva política económica y, según mi convicción, todo el fondo de la política del partido. Tenemos todos los problemas y las dificultades puramente políticos que se quieran. Y vosotros sabéis cuáles son: la Conferencia cíe Genova, el peligro cíe intervención... Dificultades inmensas, pero todas ellas insignificantes comparadas con esta dificultad. Allí ya hemos visto cómo se hace eso, allí hemos aprendido mucho, hemos percibido lo que es la diplomacia burguesa. Eso es cosa que nos han venido enseñando quince años los mencheviques, y nosotros hemos aprendido algo de provecho. Eso no es nuevo.

p Pero veamos qué debemos hacer en la economía: salir airosos de la emulación con el simple dependiente de comercio, con el simple capitalista o comerciante, que llegará al campesino y no discutirá con él de comunismo—imaginaos: no discutirá de comunismo—, sino que le dirá: si hay necesidad de abastecer, de comerciar bien, de construir, yo construiré caro; pero puede ser que los comunistas construyan más caro aún, e incluso diez veces más caro. Este es el género de propaganda que presenta ahora todo el fondo del problema, he ahí la clave de la economía.

p Repito, hemos obtenido del pueblo una prórroga y crédito gracias a nuestra política justa, y esto, expresándolo en la terminología de la Nep, son letras de cambio, pero ni se indica en ellas cuándo vencen ni por su texto se entera uno de cuándo serán 708 protestadas. He ahí en qué consiste el peligro, he ahí la particularidad que diferencia estas letras de cambio políticas de las comerciales corrientes. A eso debemos prestar toda nuestra atención, no tranquilizarnos por el hecho de que en todas partes, en los trusts estatales y en las sociedades mixtas, se encuentren los comunistas mejores y más responsables, pues de nada sirve, porque ellos no saben administrar, y en este sentido son peores que un empleadillo capitalista cualquiera que ha pasado por la escuela de una fábrica grande o de una casa importante. No nos damos cuenta de esto, aquí pervive la altanería comunista, la comaltanería, expresándome en ese gran idioma de moda. El problema consiste en que un comunista que desempeña un cargo de responsabilidad—el mejor, el honrado a carta cabal, el más fiel, el que ha pasado por la cárcel y no ha temido a la muerte—no sabe comerciar, porque no es un hombre de negocios, poique no ha estudiado ni quiere estudiar eso y no comprende que debe empezar por el abecé. El, comunista, revolucionario que ha hecho la revolución más grande del mundo; él, contemplado si no por cuarenta siglos desde la cumbre de las pirámides, sí por cuarenta países europeos con la esperanza de verse libre del capitalismo, debe aprender de un simple empleado que lleva diez años trabajando en una tienda, que conoce este ramo, y él, comunista que ocupa un puesto de responsabilidad y es un revolucionario abnegado, no solamente lo desconoce, sino que hasta ignora que lo desconoce.

p Pues bien, camaradas, si nosotros corrigiéramos, aunque sólo fuera este primer desconocimiento, ya sería un grandísimo triunfo. Debemos salir cíe este congreso con la convicción de que eso no lo sabíamos y de que tenemos que aprender desde el abecé. Pero, a pesar de todo, aún no hemos dejado de ser revolucionarios (aunque muchos dicen, y hasta no sin cierto fundamento, que nos hemos burocratizado) y podemos comprender esta cosa sencilla: que en la obra nueva, extraordinariamente difícil, hay que saber comenzar desde el principio varias veces. Si después de haber comenzado te encuentras en un atolladero, comienza de nuevo, y así diez veces si es necesario, hasta que te salgas con la tuya. No te envanezcas, no presumas de ser comunista, porque puede haber allí cualquier empleado sin partido, quizá algún guardia blanco, y seguramente un guardia blanco que sabe hacer las cosas que necesariamente deben hacerse en el orden económico, en tanto que tú no lo sabes. Si tú, comunista que ocupas un puesto de responsabilidad, con centenares de categorías y títulos, incluso con el de “caballero” comunista y soviético, llegas a comprender eso, habrás conseguido tu objetivo, pues eso se puede aprender.

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p Aunque muy pequeños, hemos logrado algunos éxitos este año, pero son insignificantes. Lo principal es que no existe la conciencia, la convicción, muy extendida y compartida por todos los comunistas, de que ahora entre nosotros, entre los comunistas rusos que desempeñamos cargos de responsabilidad y somos leales, ese saber es menor que el de cualquier viejo empleado. Repito, hay que comenzar a estudiar desde el principio. Si tomamos conciencia cíe esto triunfaremos en la prueba, y es seria la prueba que nos prepara la crisis financiera que se aproxima, la que nos prepara el mercado ruso e internacional, al que estamos subordinados, al que estamos atados, del que no nos podemos separar. Es una prueba seria, ya que en ella nos pueden batir en los aspectos económico y político.

p El problema se plantea así y solamente así, porque ésta es una emulación seria y decisiva. Hemos tenido muchos caminos y salidas para nuestras dificultades políticas y económicas. Podemos jactarnos con orgullo de que hasta ahora hemos sabido utilizar todos estos caminos y salidas en diversas combinaciones, adaptándolos a las diferentes situaciones, pero ahora no tenemos ninguna salida. Permitidme que os lo diga sin ninguna exageración, porque en este sentido, realmente, es la "lucha final”, y no con el capitalismo internacional—con éste habrá todavía muchas "luchas finales"—, no, sino con el capitalismo ruso, con ese capitalismo que brota de la pequeña economía campesina y es ayudado por ésta. Y aquí ha de librarse un combate, en un futuro cercano, cuyo plazo aún no se puede fijar con exactitud. Aquí ha de reñirse la "lucha final”, aquí no puede haber rodeos políticos ni de ninguna otra clase, ya que ésta es la prueba de la emulación con el capital privado. O salimos airosos de esta prueba de la emulación con el capital privado o será un fracaso completo. Para salir bien de esta prueba tenemos el poder político y un montón de diversos recursos económicos y de otro tipo, tenemos todo lo que queráis, menos capacitación. Falta capacitación. Y por eso, si extraemos esta simple lección de la experiencia del año pasado y la convertimos en nuestra directriz para todo el año 1922, superaremos también esta dificultad, a pesar de que es mucho mayor que la dificultad anterior, porque la llevamos dentro de nosotros mismos. Esto no es lo mismo que un enemigo exterior cualquiera. Esta dificultad consiste en que nosotros no queremos reconocer la desagradable verdad que se nos impone ni queremos caer en la desagradable situación en que es necesario caer: comenzar a estudiar desde el principio. Esta es la segunda enseñanza, que, a mi juicio, se deduce de la nueva política económica.

p La tercera enseñanza—enseñanza complementaria—está 710 relacionada con el problema del capitalismo de Estado. Es una pena que no asista al congreso el camarada Bujarin, pues quisiera discutir con él un poco, pero será mejor que lo aplace hasta el próximo. En cuanto al capitalismo de Estado, nuestra prensa y, en general, nuestro partido cometen el error de caer en el intelectualismo, en el liberalismo: alambicamos sobre cómo se debe comprender el capitalismo de Estado, y hojeamos libros viejos. Y allí se trata de algo muy distinto: se describe el capitalismo de Estado que existe bajo el capitalismo, pero no hay ni un solo libro en el que se escriba del capitalismo de Estado que existe bajo el comunismo. Ni siquiera a Marx se le ocurrió decir una sola palabra de esto y murió sin dejar ni una cita precisa ni indicaciones irrefutables. Por eso tenemos ahora que salir adelante solos. Y si se da un vistazo general a nuestra prensa para hacer un resumen mental de cómo se trata en ella el problema del capitalismo de Estado, como he intentado hacerlo yo, al prepararme para este informe, se convence uno de que allí no dan en el blanco y de que apuntan en direcciones completamente distintas.

p Según todas las publicaciones de economía, el capitalismo de Estado es el existente bajo un régimen capitalista, en el que el poder estatal tiene supeditadas directamente a tales o cuales empresas capitalistas. Pero nuestro Estado es proletario, se apoya en el proletariado, da al proletariado todas las ventajas políticas y se gana mediante el proletariado a los campesinos por abajo (recordaréis que comenzamos esta labor por los comités de campesinos pobres). Por eso el capitalismo de Estado desorienta a tantísimos. Para que eso no ocurra, hay que recordar lo fundamental: que en ninguna teoría ni en ninguna publicación se analiza el capitalismo de Estado en la forma que lo tenemos aquí, por la sencilla razón de que todas las nociones comunes relacionadas con estas palabras se refieren al poder burgués en la sociedad capitalista. Y la nuestra es una sociedad que se ha salido ya de los raíles capitalistas, pero que no ha entrado aún en los nuevos raíles; pero este Estado no lo dirige la burguesía, sino el proletariado. No queremos comprender que cuando decimos “Estado”, este Estado somos nosotros, es el proletariado, es la vanguardia de la clase obrera. El capitalismo de Estado es el capitalismo que nosotros sabremos limitar, al que sabremos poner límites, este capitalismo de Estado está relacionado con el Estado, y el Estado son los obreros, es la parte más avan/ada de los obreros, es la vanguardia, somos nosotros.

p El capitalismo de Estado es el capitalismo que debemos encajar en un marco determinado y que aún no sabemos cómo hacerlo 711 hasta hoy. En eso consiste todo. Y ahora depende de nosotros cómo será este capitalismo de Estado. Tenemos poder político suficiente, absolutamente suficiente; a nuestra disposición tenemos también suficientes medios económicos, pero es insuficiente la capacitación de esa vanguardia de la clase obrera que está puesta directamente a mandar, a determinar, a deslindar los campos, a subordinar y no a ser subordinada. Para ello se necesita sólo capacitación, y no la tenemos.

p Es una situación sin precedentes en la historia: el proletariado, la vanguardia revolucionaria, tiene poder político absolutamente suficiente; y a su lado, existe el capitalismo de Estado. El quid de la cuestión consiste en que nosotros comprendamos que éste es el capitalismo que podemos y debemos admitir, que podemos y debemos encajar en un marco, ya que este capitalismo es necesario para la extensa masa campesina y para el capital privado, el cual debe comerciar de manera que satisfaga las necesidades de los campesinos. Es indispensable organizar las cosas de manera que sea posible el curso corriente cíe la economía capitalista y el intercambio capitalista, ya que el pueblo lo necesita, sin esto no se puede vivir. Para ellos, para este campo, todo lo demás no es absolutamente indispensable, con todo lo demás pueden transigir. Sed capaces vosotros, comunistas, vosotros, obreros, vosotros, parte consciente del proletariado que os habéis encargado de dirigir el Estado, sed capaces de hacer que el Estado que tenéis en vuestras manos haga vuestra voluntad. Pues bien, ha pasado un año, el Estado se encuentra en nuestras manos, pero ¿ha hecho en la nueva política económica durante este año nuestra voluntad? No. Y no lo queremos reconocer: el Estado no ha hecho nuestra voluntad. ¿Qué voluntad ha hecho? El automóvil se desmanda; al parecer, va en él una persona que lo guía, pero el automóvil no marcha hacia donde lo guía el conductor, sino hacia donde lo lleva alguien, algo clandestino, o algo que está fuera de la ley, o que Dios sabe de dónde habrá salido, o tal vez unos especuladores, quizás unos capitalistas privados, o puede que unos y otros; pero el automóvil no va hacia donde debe, y muy a menudo en dirección completamente distinta de la que se imagina el que va sentado al volante. Esto es lo esencial que hay que recordar en el problema del capitalismo cíe Estado. En este terreno esencial hay que estudiar desde el abecé, y solamente entonces, si esto se hace patrimonio, si llega a ser nuestro saber absoluto, podremos garantizar que lo aprenderemos.

p Ahora pasaré al problema de la suspensión del repliegue, sobre lo que hube de hablar en el congreso de los metalistas. Desde entonces no he encontrado ninguna objeción, ni en la prensa del 712 partido, ni en las cartas particulares de los camaradas, ni en el Comité Central. El Comité Central aprobó mi plan, consistente en que en el informe que se presentaría en su nombre al presente congreso se subrayase con toda energía esta suspensión del repliegue y se pediría al congreso que diese la directri/ correspondiente, ya en nombre de todo el partido, ya como obligatoria. Hemos retrocedido durante un año. Ahora debemos declarar en nombre del partido: ¡Basta! El objetivo que perseguíamos con nuestro repliegue ha sido alcanzado. Este período toca a su fin o ha finalizado ya. Ahora pasa a primer plano otro objetivo: el de reagrupar las fuerzas. Hemos llegado a un nuevo punto. En su conjunto hemos llevado a cabo el repliegue, a pesar de todo, con relativo orden. Verdad es que desde diferentes lugares se oían no pocas voces que querían convertirlo en un retroceso por pánico. Había quienes alegaban: vosotros, en tal o cual parte, no os habéis replegado bien; esto lo decían, por ejemplo, algunos representantes del grupo que se denominaba "oposición obrera”. (Creo que llevaban este nombre injustamente.) Debido a un celo excesivo, iban hacia una puerta y dieron con otra, y ahora lo han descubierto con toda claridad. Por entonces no veían que sus actividades, lejos de estar encauzadas a corregir nuestro movimiento, tenían, en realidad, un solo significado: sembrar el pánico, impedir que la retirada se hiciera con disciplina.

p El repliegue es cosa difícil, sobre todo para los revolucionarios que están acostumbrados a avanzar; sobre todo, cuando están acostumbrados a avanzar con éxitos gigantescos durante varios años y, más aún, si están rodeados de revolucionarios de otros países que sólo sueñan con empezar la ofensiva. Al ver que nos replegábamos, algunos de ellos soltaron el llanto de manera intolerable e infantil, como ocurrió en el último Pleno ampliado del CE de la Internacional Comunista. Movidos por los mejores sentimientos y anhelos comunistas, algunos camaradas lloraban porque los buenos comunistas rusos, ¡imaginaos!, retrocedían. Es posible que ahora me resulte ya difícil compenetrarme con esa sicología euroccidental, aunque he vivido bastantes años emigrado en esos hermosos países democráticos. Pero quizás, desde su punto de vista, eso sea tan difícil de comprender, que hasta se puede romper a llorar. En todo caso, no tenemos tiempo para detenernos en sentimentalismos. Para nosotros estaba claro que, precisamente porque veníamos avanzando con tanto éxito y obteniendo tantos triunfos extraordinarios a lo largo de tantos años (¡y todo esto en un país increíblemente arruinado, falto de premisas materiales!), para consolidar este avance, ya que habíamos conquistado tanto, nos era completamente indispensable retroceder. No podíamos 713 mantener todas las posiciones que habíamos tomado al asalto; pero, por otra parte, sólo gracias a que, en dicho asalto, impulsados por el entusiasmo de los obreros y campesinos, nos hemos apoderado de algo tan inmenso, sólo por esto hemos tenido tanto terreno que nos ha sido posible retroceder mucho, y aun ahora podemos replegarnos mucho sin perder en absoluto lo principal y fundamental. El retroceso, en general, se hizo con bastante orden, aunque algunas voces de pánico, entre las cuales se encontraba la de la "oposición obrera" (¡y en eso consistió su enorme daño!), produjeron entre nosotros defecciones parciales e infracciones de la disciplina y del orden de retirada.Lo peor en la retirada es el pánico. Si todo un ejército (hablo en sentido figurado) se repliega, no puede tener la moral que hay cuando todos avanzan. Entonces podéis encontrar a cada paso una moral baja hasta cierto grado. Hubo entre nosotros incluso poetas que escribieron: Moscú pasa hambre y frío; antes era limpio y bonito; ahora todo es en él comercio y especulación. Abundan las obras poéticas de este tipo.

p Y se comprende que eso se deba al retroceso. Y ello entraña un peligro inmenso, pues cuesta un trabajo terrible replegarse después de un gran avance victorioso; entonces cambian por completo las relaciones; cuando se avanza, aunque no sea firme la disciplina, todos avanzan con ímpetu y se precipitan adelante por propio impulso; en cambio, en el repliegue, la disciplina debe ser más consciente y es cien veces más necesaria, porque cuando todo un ejército retrocede, no ve con claridad dónde debe detenerse, ve solamente el retroceso, y bastan en ocasiones varias voces de pánico para que todos pongan pies en polvorosa. En este caso, el peligro es enorme. Cuando se emprende un retroceso como éste en un verdadero ejército, se emplazan ametralladoras, y cuando el retroceso ordenado se convierte en desordenado, se manda abrir fuego. Y bien hecho.

p Si hay gente que, aunque sea llevada de los más plausibles motivos, siembra el pánico en momentos en que hacemos un retroceso de inaudita dificultad, y todo depende de que se guarde un orden perfecto, en tales momentos es indispensable castigar con mano dura, saña y sin piedad la menor infracción de la disciplina, y no sólo respecto a algunos asuntos interiores de nuestro partido, sino que también hay que tenerlo en cuenta más aún en lo que respecta a señores como los mencheviques o como todos los señores de la Internacional II y media.

p Hace unos días he leído en el número 20 de la Internacional Comunista el artículo del camarada Rákosi sobre el nuevo folleto de Otto Bauer, a quien estudiamos durante un tiempo, pero quien, después de la guerra, lo mismo que Kautsky, se convirtió en 714 un deplorable pequeño burgués. Ahora escribe: "Ellos retroceden hacia el capitalismo; lo veníamos diciendo siempre: la revolución es burguesa."

p Tanto los mencheviques como los eseristas, que son los que propagan todo eso, se extrañan cuando decimos que por tales cosas vamos a fusilar. Se asombran y, sin embargo, la cuestión es clara: cuando un ejército retrocede, hace falta cien veces más disciplina que cuando se avanza, porque en este segundo caso todos desean lanzarse adelante. Y si ahora todos se pusieran a correr para atrás, sería la muerte inevitable e inmediata.

p Precisamente en estos momentos lo principal es replegarse con orden, fijar con exactitud los límites del retroceso y no dejarse llevar del pánico. Y cuando un menchevique dice: "Vosotros retrocedéis ahora, pero yo siempre fui partidario del retroceso, estoy de acuerdo con vosotros, soy de los vuestros, vamos a retroceder juntos”, nosotros le respondemos a eso: "Por preconizar públicamente el menchevismo, nuestros tribunales revolucionarios deben fusilar, de lo contrario, no serían nuestros tribunales, sino sabe Dios lo que serían".

p No son capaces de comprender eso de ningún modo y dicen: "¡Qué maneras dictatoriales tiene esta gente!" Siguen creyendo hasta hoy que perseguimos a los mencheviques porque riñeron con nosotros en Ginebra. Pero si nosotros fuéramos por ese camino, seguramente no nos sostendríamos en el poder ni dos meses. En efecto, esa prédica, pronunciada tanto por Otto Bauer como por los dirigentes de la II Internacional y de la Internacional II y media, los mencheviques y los eseristas, constituye su propia naturaleza: "La revolución ha ido muy lejos. Nosotros hemos dicho siempre lo que tú dices ahora. Permítenos repetirlo una vez más”. Y nosotros respondemos a eso: " Permitidnos por esto llevaros al paredón. O hacéis el favor de absteneros de expresar vuestros puntos de vista, o si queréis manifestar vuestras opiniones políticas en la situación actual, cuando nos encontramos en condiciones mucho más difíciles que bajo una invasión directa de los blancos, entonces, perdonadnos, os trataremos como a los peores y más peligrosos elementos de los guardias blancos”. Esto no lo debemos olvidar.

p Cuando hablo de la suspensión del retroceso, no quiero, ni mucho menos, dar a entender con eso que nosotros ya hemos aprendido a comerciar. Por el contrario, me atengo a la opinión opuesta, y no sería bien comprendido y se demostraría que no sé expresar correctamente mis ideas, si lo que digo produjera tal impresión.

715

p Pero de lo que se trata es de poner fin al nerviosismo, a la agitación que se ha originado aquí con motivo de la Nep, de poner fin al deseo de hacerlo todo de nueva manera, de adaptarse. Ahora tenemos varias sociedades mixtas. Es verdad que no son muchas. Con la participación de los capitalistas extranjeros han sido fundadas nueve sociedades, aprobadas por el Comisariado de Comercio Exterior; la comisión de Sokólnikov^^2^^"^^1^^ aprobó seis, y el Severolés^^2^^^^7^^ ha firmado dos. Existen, pues, diecisiete sociedades, aprobadas por diferentes instancias con un capital de muchos millones. (Claro que hasta en las instancias tenemos bastante confusión, con lo que también es posible un descuido.) Pero, de todas maneras, ahora tenemos sociedades con capitalistas rusos y extranjeros. No son muchas. Este comienzo minúsculo, pero práctico, demuestra que han sabido apreciar a los comunistas, los han sabido apreciar desde el punto de vista de su práctica, pero no instituciones tan elevadas como la Comisión Central de Control y el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia. Desde luego, la CCC es una institución muy buena, y ahora le concederemos más poderes aún. No obstante, cuando estas instituciones controlan a los comunistas... imaginaos que en el mercado internacional no se reconoce su autoridad. (Risas.) Pero cuando simples capitalistas, rusos o extranjeros, ingresan en una sociedad mixta al lado de los comunistas, nosotros decimos: "Y, a pesar de todo, algo sabemos, a pesar de todo, ya leñemos algo a título de comienzo, por muy malo, por muy mísero que sea”. Claro que no es mucho; tened presente que hace ya un año que hemos proclamado, que hemos (analizado a esla obra toda la energía (y dicen que tenemos mucha), y en un año sólo hay diecisiete sociedades.

p Esto demuestra hasta qué punto somos endiabladamente lerdos y desmañados, cuánto oblomovismo llevamos aún dentro de nosotros, y eso es seguro que nos costará aún más trompazos. Pero, a pesar de todo, repito, ya hay un principio, ya se han hecho las exploraciones. Los capitalistas no hubieran venido hacia nosotros si no existieran las condiciones elementales para su actividad. Pero si han venido, aunque sea en una parte ínfima, esto ya demuestra que hay un triunfo parcial. Claro que ellos nos engañarán todavía dentro de estas sociedades, y lo harán de- tal manera que luego se necesitarán varios años para analizar lo ocurrido. Pero no importa. Yo no digo que eso sea un triunfo, es sólo una exploración que demuestra que ya tenemos un campo de acción, que tenemos un trozo de terreno y que ya podemos frenar el retroceso.

p La exploración ha dado un insignificante número de tratados con los capitalistas, pero, a pesar de todo, ya están concluidos. De 716 eso hay que aprender a actuar en lo sucesivo. En este sentido ya es hora de dejar los nerviosismos, los gritos, el ajetreo. Llegan nota tras nota, telefonema tras telefonema: "¿No sería posible reorganizarnos también nosotros, puesto que vivimos en la Nep?" Todos se agitan, resulta un lío; las cosas prácticas no las hace nadie, todos razonan cómo adaptarse a la Nep, y no se logra ningún resultado.

p Los comerciantes se ríen de los comunistas y, probablemente, repiten: "Antes eran persuasores generales^^21^^*, ahora son parlanchines generales”. No cabe ni asomo de duda de que los capitalistas se han mofado de nosotros, de que hemos llegado tarde, de que no hemos sabido aprovecharnos, y en este sentido digo que, en nombre del congreso, es necesario aprobar también esta directriz.

p El repliegue ha finalizado. Han sido trazados los principales métodos de acción para trabajar con los capitalistas. Hay ejemplos, aunque en cantidad insignificante.

p Dejaos de sutilizar, de razonar sobre la Nep, dejad que las poesías las escriban los poetas, que para eso son poetas. Pero vosotros, economistas, dejaos de filosofar sobre la Nep y aumentad el número de estas sociedades, comprobad el número de comunistas que saben organizar la emulación con los capitalistas.

p El repliegue ha terminado, ahora se trata de reagrupar las fuerzas. Tal es la directriz que debe aprobar el congreso y que debe poner fin al ajetreo y al alboroto. Tranquilizaos, no os metáis en sutilezas, que eso os restará méritos. Hay que demostrar prácticamente que uno trabaja no peor que los capitalistas. Los capitalistas crean la conexión económica con los campesinos para enriquecerse; nosotros, en cambio, debemos crear la conexión con la economía campesina para reforzar el poder económico de nuestro Estado proletario. Nosotros aventajamos a los capitalistas, porque el poder estatal está en nuestras manos, y toda una serie de medios económicos están en nuestras manos, lo que pasa es que no sabemos utilizarlos; veamos las cosas con más serenidad, alejemos de nuestro lado todo oropel, el solemne ropaje comunista, aprendamos simplemente una cosa sencilla, y entonces venceremos al capitalista privado. Nosotros poseemos el poder estatal, poseemos numerosos medios económicos; si vencemos al capitalismo y creamos la conexión con la economía campesina, seremos una fuerza absolutamente invencible. Entonces no será la construcción del socialismo lo que hace una gota de agua en el océano, gota que se llama el Partido Comunista, sino la obra de todas las masas trabajadoras; entonces pensará el simple campesino: ellos me ayudan; y se vendrá con nosotros, y aunque este paso sea cien 717 veces más lento, será, en cambio, un millón de veces más firme y seguro.

p En este sentido es en el que hay que hablar sobre la suspensión del repliegue, y de una u otra manera sería justo convertir esta consigna en resolución del congreso.

p En relación con esto quisiera referirme al problema siguiente: ¿qué es la nueva política económica de los bolcheviques: evolución o táctica? Así planteaban el problema los de Smiena Vej2>’\ los cuales, como sabéis, representan una corriente que ha prendido entre los emigrados rusos, una corriente sociopolítica encabezada por los dirigentes democonstitucionalistas más destacados, por algunos ministros del ex gobierno de Kolchak, gentes que llegaron a la convicción de que el Poder soviético construye un Estado ruso, razón por la cual hay que ir tras él. "¿Pero qué Estado construye este Poder soviético? Los comunistas dicen que un Estado comunista, asegurando que se trata de una cuestión de táctica: en el momento difícil, los bolcheviques engatusarán a los capitalistas privados; y luego, dicen, se saldrán con la suya. Los bolcheviques pueden decir todo cuanto les plazca, pero, en realidad, esto no es táctica, sino evolución, una degeneración interna, llegarán a un Estado burgués común, y nosotros debemos apoyarlos. La historia sigue diferentes derroteros”, así razonan los de Smiena Vej.

p Algunos de ellos se hacen pasar por comunistas, pero hay personas más francas, entre ellas Ustriálov. Creo que fue ministro en el gobierno de Kolchak. Este no está de acuerdo con sus camaradas y dice: "En cuanto al comunismo, pensad lo que queráis, pero yo repito que no es táctica, sino evolución”. Entiendo que este Ustriálov nos aporta un gran beneficio con esta declaración franca. Tenemos que oír muchas veces al día, sobre todo yo, por el cargo que ocupo, melosas mentiras comunistas, y las náuseas que esto produce son a veces de muerte. Y he aquí que, a cambio de estas mentiras comunistas, aparece el número de Smiena Vej y dice sin ambages: "Vuestras cosas, en general, no marchan como os lo imagináis, sino que, en realidad, rodáis hacia la vulgar charca burguesa, y allí se agitarán los banderines comunistas con toda clase de palabrejas”. Esto es muy provechoso, porque en ello vemos no ya la simple repetición de la cantilena que oímos constantemente en torno nuestro, sino sencillamente la verdad de clase del enemigo de clase. Conviene mucho fijarse en cosas como ésta, que se escriben no porque en el Estado comunista se suela escribir así o porque esté prohibido escribir de otra manera, sino porque es efectivamente la verdad de clase, expresada de un modo burdo y franco por el enemigo de clase. "Estoy de acuerdo con el apoyo al Poder soviético en Rusia—dice 718 Ustriálov, a pesar de haber sido democonstitucionalista, burgués y defensor de la intervención—, y estoy de acuerdo con el apoyo al Poder soviético porque ha adoptado un camino por el cual se desli/a hacia un vulgar poder burgués."

p Esto es una cosa muy útil, y que, a mi entender, hay que tener presente: es mucho mejor para nosotros cuando los de Smiena Vej escriben de tal manera, que cuando algunos de ellos se fingen casi comunistas, tanto que desde lejos quizás resulte difícil distinguirlos: puede que crean en Dios, y puede que en la revolución comunista. Hay que decir con franqueza que tales enemigos sinceros son útiles. Hay que decir con franqueza que cosas como las que dice Ustriálov son posibles. La historia conoce conversiones de toda clase; en política no es cosa seria, ni mucho menos, confiar en la convicción, en la lealtad y otras magníficas cualidades morales. Cualidades morales magníficas las posee sólo contado número de personas, pero las que deciden el desenlace histórico son las grandes masas, las cuales, si este pequeño número de personas no se adapta a ellas, a veces no se paran en pelillos.

p Ha habido múltiples ejemplos de ello, por lo cual debemos celebrar esta declaración franca de los de Smiena Vej. El enemigo dice la verdad cié clase, señalándonos el peligro que se alza ante nosotros. El enemigo se esfuer/a para que éste se haga inevitable. Los de Smiena Vej expresan el estado de espíritu de miles y decenas de miles de toda clase de burgueses o de empleados soviéticos, que participan en nuestra nueva política económica. Este es el peligro principal y verdadero. Y por esto hay que prestar a este problema la mayor atención: en efecto, ¿quién vencerá a quién? Yo he hablado de la emulación. No nos atacan directamente, no nos agarran por el pescuezo. Aún queda por ver lo que pasará mañana; pero hoy no nos atacan con las armas en la mano y, a pesar de todo, la lucha con la sociedad capitalista se ha vuelto cien veces más encarnizada y peligrosa, porque no siempre vemos con claridad dónele está el enemigo que se nos enfrenta y quién es nuestro amigo.

p He hablado de la emulación comunista no desde el punto de vista de la simpatía con el comunismo, sino desde el punto de vista del desarrollo de las formas de la economía, así como de las formas del régimen social. Esto no es una emulación, esto es una lucha desesperada, furiosa, una lucha a muerte entre el capitalismo y el comunismo, que si no es la última, está muy cerca de serlo.

p Y aquí se debe plantear la cuestión con claridad: ¿en qué consiste nuestra fuerza y qué nos falta? El poder político es absolutamente suficiente. Apenas si habrá alguien aquí que señale 719 que en tal cuestión práctica, en tal institución concreta, los comunistas, el Partido Comunista, tiene insuficiente poder. Hay gente que no deja de pensar en ello, pero es gente que mira incorregiblemente atrás y no comprende eme se debe mirar adelante. La fuerza económica fundamental se encuentra en nuestras manos. Todas las grandes empresas decisivas, los ferrocarriles, etc., se encuentran en nuestras manos. Los arriendos, por amplio que sea su desarrollo en algunos sitios, desempeñan en suma un papel de lo más insignificante, constituyen, en general, una parte muy pequeña. El Estado proletario de Rusia dispone de fuerzas económicas completamente suficientes para asegurar el tránsito al comunismo. ¿Qué es, pues, lo que falta? Está bien claro qué es lo que falta: falta cultura en el sector de comunistas que están dirigiendo. Si nos fijamos en Moscú—4.700 comunistas ocupan cargos de responsabilidad—y observamos esta mole burocrática, este montón, nos preguntamos: ¿Quién conduce a quién? Pongo muy en duda que se pueda decir que los comunistas conducen a ese montón. A decir verdad, no son ellos los que conducen, sino los conducidos. En el caso presente acontece algo semejante a lo que nos relataban en las clases de Historia cuando éramos niños. Nos enseñaban: ocurre a veces que un pueblo conquista a otro, y el pueblo conquistador es el vencedor, y el que ha sido conquistado es el vencido. Esto es muy sencillo y comprensible para todos. ¿Pero qué sucede con la cultura de esos pueblos? Esto no es tan sencillo. Si el pueblo conquistador es más culto que el pueblo conquistado, impone a éste su cultura; pero si es al contrario, acontece que el vencido impone su cultura al vencedor. ¿No ha pasado algo semejante en la capital de la RSFSR, y no ha resultado aquí que 4.700 comunistas (casi una división completa, y todos de los mejores) se ven dominados por una cultura ajena? Aquí se podría tener, por cierto, la impresión de que los vencidos tienen una cultura e-levada. Nada de eso. Su cultura es mísera, insignificante, pero, sin embargo, superior a la nuestra. Por deplorable y mísera que sea, es mayor que la de nuestros militantes comunistas que ocupan cargos de responsabilidad, porque ellos no poseen la suficiente capacitación para dirigir. Los comunistas, al colocarse a la cabeza de las instituciones—y a menudo los colocan adrede y hábilmente los saboteadores para obtener un rótulo—, los comunistas resultan burlados a menudo. Esta confesión es muy desagradable, o, en todo caso, no es nada agradable, pero creo que debe hacerse, porque en ella reside ahora la clave del problema.’ A esto se reduce, a juicio mío, la lección política del año pasado; y bajo este signo transcurrirá la lucha del año 1922.

720

p ¿Serán capaces de comprender los comunistas de la RSFSR y del PC del Rusia que ocupan cargos de responsabilidad que no saben dirigir, que ellos, que se imaginan ser los que conducen, son, en realidad, los conducidos? Ahora bien, si lo saben comprender, entonces aprenderán, como es natural, porque se puede aprender; mas para eso es necesario estudiar, y aquí no estudian. Lanzan a diestro y siniestro órdenes y decretos, y no se consigue en absoluto lo que se quiere.

p La emulación y la competición que hemos puesto a la orden del día, al proclamar la Nep, es una emulación seria. Parecerá que se declara en todas las instituciones estatales; pero, en realidad, es una forma más de la lucha entre dos clases enemigas e inconciliables. Es una forma más de lucha de la burguesía contra el proletariado, es una lucha que no ha terminado aún y ni siquiera en las instituciones centrales de Moscú ha sido superada de una manera culta. Ya que generalmente los burgueses conocen las cosas mejor que nuestros mejores comunistas, que tienen todo el poder, todas las posibilidades, y que no saben dar un solo paso con sus derechos y su poder.

p Yo quisiera citar un pasaje del libro de Alexandr Todorski^^220^^. El libro apareció en la ciudad de Vesiegonsk (existe tal cabeza de distrito en la provincia de Tver), y apareció en el primer aniversario de la revolución soviética en Rusia: el 7 de noviembre de 1918, en tiempos ya muy remotos. Este camarada de Vesiegonsk es, por lo visto, miembro del partido. Hace mucho tiempo que he leído este libro y no doy garantía de que no me vaya a equivocar en lo que a él se refiere. Relata de qué modo comenzó a instalar dos fábricas soviéticas, cómo incorporó a dos burgueses, e hizo esto a la manera de entonces: bajo la amenaza de privarles de libertad y confiscar todos sus bienes. Fueron incorporados a la reconstrucción de la fábrica. Sabemos de qué manera se incorporaba a la burguesía en 1918 (risas), así que no vale la pena que me detenga en detalles sobre esto: ahora la incorporamos con otros métodos. Pero he aquí la conclusión a que llegó: "Esto es sólo la mitad de la obra: no basta con vencer a la burguesía, hacerle la vida imposible, hay que obligarla a que trabaje para nosotros".

p Estas son unas palabras magníficas. Magníficas palabras que demuestran que incluso en la ciudad de Vesiegonsk, incluso en 1918, había una comprensión justa de las relaciones entre el proletariado victorioso y la burguesía vencida.

p Si damos al explotador con la badila en los nudillos, si lo dejamos sin fuerza y le hacemos la vida imposible, eso no será más que la mitad de la obra. Y aquí, en Moscú, cerca del 90 por 100 de 721 los militantes que tienen cargos de responsabilidad se figuran que en esto consiste todo, es decir, en hacerle la vida imposible, en dejarlo sin fuerza, en darle con la badila en los nudillos. Lo que dije de los mencheviques, de los eseristas, de los guardias blancos lleva muy a menudo sólo a dejarlos sin fuerza, a darles en los nudillos (y puede que no sólo en los nudillos, sino en otro sitio más) y asestarles el golpe de gracia. Pero, sin embargo, esto es sólo la mitad de la obra. Incluso en 1918, cuando lo dijo el camarada de Vesiegonsk, esto era la mitad de la obra, y ahora hasta es menos de una cuarta parte de la obra. Debemos obligar y lograr que trabajen con sus manos para nosotros, y no que los comunistas que ocupan cargos de responsabilidad estén a la cabeza, tengan rango, pero sigan la corriente a la burguesía. En eso está todo el quid.

p Construir la sociedad comunista sólo con los brazos de los comunistas es una idea pueril, completamente pueril. Los comunistas son una gota de agua en el mar, una gota en el mar del pueblo. Sabrán conducir al pueblo por su camino únicamente si saben determinar con exactitud este camino, no sólo en el sentido del desarrollo de la historia universal. En este sentido hemos determinado nuestro camino con absoluta precisión, y la experiencia de cada país nos trae la confirmación de que lo hemos hecho con acierto, y así lo debemos determinar también en nuestra patria, en nuestro país. Nuestro camino se determina no solamente por esto, sino también por el hecho de que no habrá intervención, de que sabremos darle al campesino mercancías a cambio de trigo. El campesino dirá: "Tú eres una persona magnífica, has defendido nuestra patria; por eso te hemos obedecido, pero si no sabes administrar la hacienda pública, largo de aquí”. Sí, el campesino dirá eso.

p Sabremos administrar la hacienda pública si los comunistas saben organizaría con manos ajenas, pero ellos mismos han de aprender de esta burguesía y la dirigirán por el camino que ellos quieran. Mas si el comunista se imagina: "Yo lo sé todo, porque soy un comunista que ocupo un cargo de responsabilidad, he vencido a gente mucho más importante que un empleadillo cualquiera. ¿Acaso era como ésta la que derroté en el frente?”, precisamente esta moral predominante es la que nos mata.

p La parte menos importante de la obra es que dejemos sin fuer/a a los explotadores, o que les demos con la badila en los nudillos y los despojemos. Esto es preciso hacerlo. Nuestra Dirección Política del Estado y nuestros tribunales deben hacerlo con menos indolencia de lo que lo vienen haciendo hasta ahora, deben recordar que son tribunales proletarios, rodeados de 722 enemigos de todo el mundo. Esto no es difícil, en lo fundamental ya lo hemos aprendido. En esto debe hacerse cierto hincapié, pero es fácil.

p Y la segunda parte del triunfo—construir el comunismo con manos no comunistas, saber realizar en la práctica todo lo que hay que hacer en el terreno económico—es encontrar la conexión con la economía campesina, satisfacer al campesino para que éste diga: "Por muy difícil, por muy penosa y atormentadora que sea el hambre, veo que, si bien este poder no es común y habitual, de él se recibe un beneficio práctico, real”. Hay que procurar que los numerosos elementos que nos superan en muchas veces, con los cuales colaboramos, trabajen de manera que podamos observar su trabajo, comprenderlo, y que hagan con sus manos algo útil para el comunismo. Este es el quid de la situación actual, y si bien esto lo han visto y comprendido algunos comunistas, en las amplias masas de nuestro partido no ven la necesidad de incorporar al trabajo a los que no militan en el partido. ¡Cuántas circulares se han escrito sobre esto, cuánto se ha hablado! ¿Y se ha hecho algo en un año? Nada. De cien comités de nuestro partido, ni cinco siquiera podrán mostrar sus resultados prácticos. He aquí hasta qué punto nos hemos retrasado con respecto a las necesidades que tenemos ahora en primer plano, hasta qué punto vivimos de las tradiciones de los años 1918 y 1919. Aquéllos fueron años grandiosos, años de obra histórica universal de lo más grande. Y si sólo se mira atrás, hacia aquellos años, y no se ve qué tarea está ahora en primer plano, eso representará la ruina indudable y absoluta, y todo el quid de la cuestión está en que no nos percal amos de ello.

p Yo quisiera citar ahora dos ejemplos prácticos de lo que resulta de nuestra administración. Ya he dicho que lo más acertado para ello sería tomar algún trust del Estado. Debo disculparme por no poder hacer uso de este método acertado, porque para ello habría que estudiar de manera más concreta los datos, aunque fuese de un solo trust; pero, lamentablemente, no he podido llevar a cabo personalmente este estudio, y por eso tomo dos pequeños ejemplos. Uno es el siguiente: la Cooperativa de Consumo de Moscú ha culpado de burocracia al Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior; el otro ejemplo es el de la cuenca del Donets.

p El primer ejemplo es poco adecuado, pero no tengo a mano ninguno mejor. Este ejemplo sirve, no obstante, para ilustrar la idea fundamental. Como sabéis por los periódicos, en los últimos meses no he podido tratar los asuntos directamente, no he trabajado en el Consejo de Comisarios del Pueblo ni estado en el CC.. En mis raras y cortas visitas a Moscú me han llamado la 723 atención las atroces y terribles reclamaciones contra el Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior. Que el Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior es malo, que allí hay papeleo, no lo he dudado nunca ni un solo minuto. Pero cuando estas quejas han cobrado un apasionamiento especial, he intentado orientarme, tomar un caso concreto, llegar aunque sólo fuese una vez hasta el fondo y aclarar qué ocurre allí, por qué no marcha esa máquina.

p La Cooperativa de Consumo de Moscú necesitaba comprar conservas. Se presentó para esto un ciudadano francés. No sé si lo 1Ú7.0 en bien de la política internacional, ni si estaban enterados los dirigentes de la Entente, o si ha sido debido a la aprobación de Poincaré y otros enemigos del Poder soviético (creo que nuestros historiadores lo descifrarán después de la Conferencia de Genova), pero el hecho es que la burguesía francesa lia participado no sólo en teoría, sino incluso en la práctica, puesto que un representante de la burguesía francesa se encontraba en Moscú y vendió las conservas. Moscú pasa hambre, y en el verano pasará más hambre aún, no han traído carne y—teniendo en cuenta las conocidas cualidades de nuestro Comisariado del Pueblo del Transporte—es probable que no la traigan.

p Venden conservas de carne (si no están podridas por completo, naturalmente, lo que se comprobará en futuras investigaciones) por dinero soviético. ¿Hay algo más sencillo? Pero resulta que si se ra/.ona a la manera soviética, v como debe ser, la cosa no es sencilla ni mucho menos. No me ha sido posible estar directamente al tanto del asunto, pero organicé una investigación y ahora tengo un cuaderno en el que se expone el transcurso de esta lamosa historia. Comen/ó el 1 1 de febrero, cuando, según el informe del camarada Kámenev, se tome’) el acuerdo en el Buró Polític.o del CC del PC de Rusia de que era deseable la compra de víveres en el extranjero. ¡Claro! -;Es que los ciudadanos rusos podrían solucionar este problema sin el Buró Político del CC del PC^ de Rusia! Imaginaos: ¿cómo podrían 4.700 militantes que ocupan cargos de responsabilidad (esto sólo según el censo) resolver el problema de la compra de víveres en el extranjero sin el Buró Político del CXI? Desde luego, ésta es una idea sobrenatural. El camarada Kámenev, sin duda, conoce perfectamente nuestra política y la realidad y por ello no confió demasiado en un gran número de militantes que ocupan cargos de responsabilidad y comen/ó agarrando al toro por los cuernos, y si no al toro, por lo menos al Buró Político, e inmediatamente (yo no he oído decir que con este motivo hubiera debales) obtuvo la resolución: "Llamar la atención del Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior sobre’ lo deseable que es la importación de 724 víveres del extranjero; además, los aranceles...” etc. Se llamó la atención del Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior. Las cosas comenzaron a marchar. Esto fue el 11 de febrero. Recuerdo que hube de estar en Moscú a últimos de febrero, o por entonces, e inmediatamente me encontré con las lamentaciones, con unas lamentaciones desesperadas de los camaradas de Moscú. ¿Qué pasa? No podemos comprar víveres de ninguna manera. ¿Por qué? Por los farragosos trámites y el papeleo del Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior. Hacía mucho tiempo que yo no participaba en los asuntos ni sabía entonces que sobre esto había una decisión del Buró Político, y simplemente dije al jefe de servicios: investigue, consiga el documento y muéstremelo. Y terminó este asunto en que, cuando volvió Krasin, Kámenev habló con él, las cosas se arreglaron, y compramos las conservas. Todo está bien cuando bien acaba.

p No tengo la menor duda de que Kámenev y Krasin saben ponerse de acuerdo y determinar la pauta política apropiada, exigida por el Buró Político del CC del PC de Rusia. Si la pauta política hubiera de ser trazada por Kámenev y Krasin también en los problemas comerciales, tendríamos la mejor de las repúblicas soviéticas del mundo; pero lo que no debe hacerse es que para cualquier transacción se traiga y se lleve a los miembros del Buró Político, a Kámenev y Krasin—el último ocupado en asuntos diplomáticos en vísperas de la Conferencia de Genova, asuntos que han exigido un trabajo intenso, descomunal—, se traiga y se lleve a estos camaradas para comprar conservas a un ciudadano francés. Así no se puede trabajar. Ésto es simplemente una burla que no tiene nada de nueva, ni de política, ni de económica. Ahora obran en mi poder los resultados de la investigación de este asunto. Hasta tengo dos investigaciones: una hecha por el jefe de servicios del Consejo de Comisarios del Pueblo, Gorbunov, y su ayudante Miróshnikov; la otra es la realizada por la Dirección Política del Estado. Por qué, precisamente, se interesó la Dirección Política del Estado en este asunto, no lo sé ni estoy completamente seguro de que sea justo, pero no me detendré en esto, porque temo que haga falta una nueva investigación. Lo importante es que los datos han sido recogidos y obran ahora en mi poder.

p ¿Cómo pudo suceder que a fines de febrero, al llegar yo a Moscú, oyera auténticos alaridos de que "no podemos comprar conservas”, cuando el barco se hallaba ya en Libau y allí estaban las conservas, y hasta habían cobrado en dinero soviético por las susodichas auténticas conservas? (Risas.) Si estas conservas no están podridas por completo (e insisto ahora en el “si”, porque no estoy seguro del todo de que no disponga para entonces que se 725 haga una segunda investigación, de cuyos resultados tendríamos que daros cuenta en otro congreso), bueno, si las conservas no están podridas, se comprarán, y ahora yo pregunto: ¿a qué se debe que sin Kámenev y Krasin no haya podido adelantarse este asunto? De las investigaciones que obran en mi poder deduzco que un comunista que ocupa un cargo de responsabilidad mandó al diablo a otro comunista que ocupa otro cargo de responsabilidad. Por estas mismas investigaciones veo que un comunista que ocupa un cargo de responsabilidad le dijo a otro comunista que ocupa otro cargo de responsabilidad: "En lo sucesivo no hablaré con usted sin notario”. Al leer esta historia, recordé que cuando estuve deportado en Siberia, hace veinticinco años, tuve que actuar de abogado. Actuaba como abogado ilegal, porque yo era un deportado administrativo, y esto se prohibía; pero como no había otro en el pueblo, venían a mí y me exponían ciertos asuntos. Entonces lo más difícil era comprender de qué se trataba. Llegaba una mujer, comenzaba el relato, desde luego, por sus parientes, y era terriblemente difícil llegar a entender de qué se trataba. Le decía: "Tráeme una copia”. Y ella me contaba algo de una vaca blanca. Le volvía a decir: "Tráeme una copia”, y ella se marchó y dijo: "No me quiere oír hablar de la vaca blanca sin una copia”. Y esta copia fue motivo de grandes risas en nuestra colonia. Pero pude conseguir un pequeño progreso: cuando me venían a ver, traían la copia, y ya se podía descifrar de qué se trataba, por qué se (¡nejaban y qué les dolía. Esto ocurría hace veinticinco años en Siberia (en un sitio que distaba muchos centenares de verstas de la primera estación de ferrocarril).

p ¿Y por qué, después de tres años de revolución, en la capital de la República Soviética han sido necesarias dos investigaciones, la intervención de Kámenev y Krasin y las directrices del Buró Político para comprar conservas? ¿Qué faltaba? ¿Poder político? No. Dinero había, por lo tanto se contaba con poder económico y político. Todas las instituciones están en su sitio. ¿Qué falta? Falta cultura en el 99 por ciento de los trabajadores de la CCM, contra los cuales no tengo nada que objetar y a los que considero excelentes comunistas, así como de los trabajadores del Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior, que no han sabido tratar el asunto de una manera culta.

p Cuando por primera vez oí algo respecto a esto, dirigí por escrito una propuesta al CC: a mi juicio, a todos los culpables, excepción hecha de los miembros del CEC de toda Rusia, que, como sabéis, son inviolables, a todos los trabajadores de las instituciones de Moscú, menos a los miembros del CEC de toda Rusia, habría que encerrarlos en la peor cárcel de Moscú durante 726 6 horas, y a los del Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior, durante 36 horas. Y ahora resulta que no se ha podido dar con el culpable. (Risas.) En realidad, de lo que acabo de referir se deduce con completa evidencia que no se encontrará al culpable. Simplemente, se trata de una falta de capacidad para hacer las cosas prácticas, una falta habitual en la intelectualidad rusa: desorejen, confusión. Primero se comprometen, hacen, luego piensan, y cuando no les resulta nada, corren hacia Kámenev a quejarse, llevan el asunto al Buró Político. Desde luego, al Buró Político hay que llevar todos los problemas estatales difíciles—más adelante aún tendré que hablar de esto—, pero primero se debe pensar y luego hacer. Si uno obra, que se moleste en hacerlo con documentos en la mano. Que envíe primero un telegrama, además hay teléfono en Moscú, que envíe un telefonema a las instituciones correspondientes, que entregue una copia a Tsiurupa y diga que considera la transacción urgente y castigará los trámites morosos. Es necesario pensar en esta cultura elemental, hay que tratar los asuntos, reflexionando previamente; si el asunto no se resuelve en seguida, en dos minutos, mediante una conversación telefónica, que tome uno los documentos, se empape de ellos y diga: "Si empiezas con el papeleo, te meteré en la cárcel”. Pero no hay ni el menor asomo de reflexión, ni la mínima preparación, hay el ajetreo de costumbre, varias comisiones, todos están cansados, agotados, enfermos, y las cosas sólo pueden marchar cuando se logra reunir a Kámenev con Krasin. Este es un asunto típico. Y no sólo se da en la capital, en Moscú, sino que se da también en otras capitales, en las capitales de todas las repúblicas independientes y de las distintas regiones; y en ciudades que no son capitales se hacen continuamente cosas como éstas, y hasta cien veces peores.

p En nuestra lucha debe recordarse que los comunistas necesitan reflexionar. Os contarán magníficas cosas sobre la lucha revoluciou.tria, sobre el estado de la lucha revolucionaria en todo el mundo: mas para poder salir de la terrible escasez y miseria hace falta ser reflexivos, cultos, probos, y de esto es de lo que no son capaces. No sería justo que culpásemos a los comunistas que ocupan cargos de responsabilidad de que no tienen escrúpulos. La inmensa mayoría de ellos, el 99% son personas no solamente escrupulosas, sino que han demostrado su lealtad a la revolución en las situaciones más difíciles, tanto antes de la caída del zarismo como después de la revolución, sacrificando literalmente su vida. Cometeríamos un craso error si buscásemos en eso los motivos. Se necesita tratar con cultura los asuntos estatales más sencillos, se ha de comprender que es un asunto estatal, comercial, que si se encuentran obstáculos, se lia de- saber eliminarlos v llevar a los 727 tribunales a los culpables del papeleo y los trámites farragosos. En Moscú tenemos el tribunal proletario, y debe procesar a los culpables de que no se hayan comprado varias decenas de miles de puds de conservas. Yo creo que el tribunal proletario sabrá castigar, pero para castigar es preciso encontrar a los culpables, y yo os garantizo que no se les puede encontrar; que cada uno de vosotros revise este caso: no hay culpables, pero hay ajetreo, hay alboroto, algo absurdo. Nadie sabe tratar los asuntos, no comprende que los asuntos estatales no se deben tratar de esa manera, sino de esta otra. Los guardias blancos y los saboteadores se aprovechan de todo eso. Tuvimos una temporada de rabiosa lucha contra los saboteadores, y la seguimos teniendo; desde luego, es cierto que hay saboteadores y que se los debe combatir. ¿Pero acaso se los puede combatir cuando existe una situación tal como la que yo describo? Esto perjudica más que cualquier sabotaje, el saboteador no desea más que ver a dos comunistas que discuten entre sí sobre cuál es el momento de dirigirse al Buró Político para recibir una directriz de principios sobre la compra de víveres, para colarse entonces por esa rendija. Si un saboteador algo inteligente se coloca al lado de uno u otro comunista, o bien alternativamente al lado de los dos y los apoya a ambos, eso es ya el acabóse. Asunto perdido para siempre. ¿Quién tiene la culpa? Nadie. Porque dos comunistas que ocupan cargos de responsabilidad, dos revolucionarios abnegados, discuten por discutir, discuten del momento de presentar la cuestión al Buró Político para recibir una directriz de principios sobre la compra de víveres.

p Así están las cosas, en eso consisten las dificultades. Cualquier empleado que haya cursado la escuela de la gran empresa capitalista sabe hacer tal cosa, y el 99% de los comunistas que ocupan cargos de responsabilidad no saben ni quieren comprender que a ellos les falta esa habilidad, que deben aprender desde el abecé. Si no comprendemos esto, si no nos sentamos a estudiar otra vez desde la clase preparatoria, en modo alguno resolveremos el problema económico, que es ahora la base de toda la política.

p Otro ejemplo que yo quisiera citar es el de la cuenca del Donets. Vosotros sabéis que éste es el centro, la verdadera base de toda nuestra economía. No se puede hablar de restauración alguna de la gran industria en Rusia, ni de una verdadera construcción del socialismo—ya que no puede construirse de otra manera más que con una gran industria—, si no restablecemos, si no colocamos la cuenca del Donets a su debida altura. En el CC ya fijamos nuestra atención en esto.

p En lo que a esta región se refiere, no se trataba de llevar de manera infundada, ridicula y absurda al Buró Político una 728 pequeña cuestión, sino que existía un asunto verdadero y absolutamente inaplazable.

p El CC debe estar al tanto de que en estos verdaderos centros, base y cimiento de toda nuestra economía, se trabaje realmente con eficacia, pues allí, a la cabeza de la DGIH, en la Dirección General de la Industria Hullera había personas que, sin duda alguna, no sólo eran fieles, sino realmente instruidas y tenían inmensa capacidad, y hasta no me equivocaré si digo que eran personas de talento, y por eso para allá se dirigía la atención del Comité Central. Ucrania es una república independiente, eso está muy bien, pero en lo referente al partido, a veces—¿cómo expresarlo con la mayor suavidad?—da rodeos, y nosotros, de una manera u otra, debemos llegar hasta ellos, porque allí hay gente astuta, y no diré que el CC de ellos nos engaña, pero parece que se aleja un poco cíe nosotros. Para ver claro todo este asunto, lo hemos discutido aquí, en el CC nuestro, y advertimos roces y discrepancias. Allí existe una CEPM: Comisión de Explotación de Pequeñas Minas. Claro que entre la CEPM y la DGIH hay fuertes roces. Pero nosotros, en el CC, tenemos, sin embargo, alguna experiencia y decidimos por unanimidad no destituir a los medios directivos, y si se producen roces, que se nos informe a nosotros, incluso con todos los detalles, porque cuando tenemos en la región a personas no solamente fieles, sino también capaces, hay que esforzarse por ayudarles para que terminen de aprender, si suponemos que no lo han hecho. Aquello terminó con que en Ucrania se celebró un congreso del partido; no sé qué salió de allí, hubo de todo. Pregunté a los camaradas ucranios y pedí especialmente al camarada Ordzhonikidze—a quien también se lo encargó el CC—que fuera y viese qué había ocurrido allí. Por lo visto, hubo intrigas y toda clase de embrollos, que la Comisión de Historia del Partido no descifraría ni en diez años, si se ocupara de ello. Pero de hecho resultó que, a pesar de las directrices unánimes del CC, este grupo fue sustituido por otro. ¿Qué ocurrió allí? En lo fundamental, una parte de este grupo, a pesar de todas sus elevadas cualidades, cometió cierto error. Cayeron en la posición de las personas que administran con excesivo celo. Allí tenemos que tratar con obreros. Cuando se dice “obreros”, se piensa muy a menudo que eso significa el proletariado fabril. En absoluto quiere decir eso. Aquí, desde la época de la guerra, han ido a las fábricas gentes que no tienen nada de proletarios, gentes que iban a ellas para librarse de la guerra, ¿y acaso ahora nuestras condiciones sociales y económicas son como para que a’las fábricas vayan verdaderos proletarios? Eso no es exacto. Está bien según Marx, pero Marx no escribía de Rusia, sino de todo el capitalismo 729 en conjunto, a partir del siglo XV. Durante seiscientos años eso estuvo bien, pero para la Rusia de hoy no lo está. Frecuentemente los que van a la fábrica no son proletarios, sino elementos casuales de toda laya.

p La tarea consiste en saber organizar bien el trabajo para no quedar atrasados, para suprimir a su debido tiempo los roces que pueda haber, y no separar la administración de la política. Ya que nuestra política y el modo de administrar se apoyan en el hecho de que toda la vanguardia esté unida a toda la masa proletaria, a toda la masa campesina. Si alguien se olvida de estas ruedecillas, si se ocupa sólo de la administración, la cosa irá mal. El error cometido por los militantes de la cuenca del Donéis es insignificante comparado con otros errores nuestros, pero es un ejemplo típico, cuando el CC exigió por unanimidad: "No habléis más de ese grupo, traednos al CC hasta los conflictos pequeños, porque la cuenca del Donets no es una región cualquiera, sino una región sin la cual la edificación socialista se convertiría en un simple buen deseo”; pero todo nuestro poder político, toda la autoridad del CC han resultado insuficientes.

p Por esta vez, desde luego, ha habido un error en el modo de administrar; además, había también un montón de errores de otro tipo.

p Aquí tenéis un ejemplo de que no todo estriba en el poder político, sino en saber dirigir, en saber colocar acertadamente a las personas, en saber evitar los pequeños choques de manera que no se interrumpa el trabajo económico del Estado. Eso no lo tenemos, en eso consiste el error.

p Creo que cuando hablamos de nuestra revolución y sopesamos sus destinos debemos distinguir estrictamente las tareas de la revolución que ya están cumplidas del todo y han entrado ya como algo completamente imprescriptible en la historia del cambio de rumbo de importancia histórica universal que hemos hecho, al salir del capitalismo. Nuestra revolución tiene en su haber tales hechos. Dejemos gritar a los mencheviques y a Otto Bauer, representante de la Internacional II y media: "La revolución que tienen ellos allí es burguesa”, pero nosotros decimos que nuestra tarea consiste en llevar la revolución burguesa hasta el fin. Como se ha expresado una publicación de los guardias blancos: en nuestras instituciones estatales se vino amontonando estiércol durante cuatrocientos años; nosotros lo hemos sacado en cuatro años, y éste es nuestro mayor mérito. ¿Y qué han hecho los mencheviques y los eseristas? Nada. Ni en nuestro país ni siquiera en la avanzada e ilustrada Alemania pueden sacar el estiércol medieval. Y ellos nos reprochan este grandioso mérito nuestro. El 730 haber llevado hasta el fin la causa de la revolución es nuestro mérito imprescriptible.

p Ahora huele a guerra. Unos sindicatos obreros como, por ejemplo, los reformistas, toman resoluciones contra la guerra y amenazan con la huelga contra la guerra. Si no me equivoco, hace poco vi un telegrama en un periódico en el que se decía que, en la Cámara francesa, un excelente comunista había pronunciado un discurso contra la guerra e indicó que los obreros preferirían la insurreción a la guerra. No se debe plantear la cuestión como lo hacíamos en 1912, cuando se imprimió el Manifiesto de Basilea. Solamente la revolución rusa ha mostrado cómo se puede salir de la guerra y qué trabajo cuesta, qué significa salir de una guerra reaccionaria por la vía revolucionaria. En todos los ámbitos del mundo son inevitables las guerras imperialistas reaccionarias. Y la humanidad no puede olvidar ni olvidará que, al solucionar todos los problemas de esta naturaleza, hubo decenas de millones de muertos, y los habrá también ahora. Porque vivimos en el siglo XX, y el único pueblo que ha salido de la guerra reaccionaria por la vía revolucionaria, no en provecho de este o del otro gobierno, sino derrocándolos a todos, ha sido el pueblo ruso, y le ha hecho salir la revolución rusa. Lo conquistado por la revolución rusa es imprescriptible. No se lo puede quitar ninguna fuerza, igual que ninguna fuerza del mundo puede revocar que haya sido creado el Estado soviético. Esto es un triunfo de alcance histórico universal. Durante siglos se han venido formando los Estados según el tipo burgués, y por primera vez ha sido hallada una forma de Estado no burgués. Puede que nuestro mecanismo sea hasta malo, pero dicen que la primera máquina de vapor que se inventó también era mala, e incluso no se sabe si llegó a funcionar. No es eso lo que importa; lo que importa es que el invento se consumó. No importa que la primera máquina de vapor fuera hasta inservible por la forma; en cambio, ahora contamos con la locomotora. No importa que nuestra máquina estatal sea pésima; a fin de cuentas, está hecha, se ha realizado el mayor invento histórico y se ha fundado un Estado de tipo proletario; por lo tanto, dejad que toda Europa, que miles de periódicos burgueses se explayen acerca del desorden y la miseria que padecemos, que digan que el pueblo trabajador no ve más que penurias; no obstante, todos los obreros del mundo entero se sienten atraídos por el Estado soviético. Estas son las grandiosas conquistas que hemos alcanzado y que son imprescriptibles. Mas, para nosotros, representantes del Partido Comunista, esto significa sólo abrir la puerta. Ahora se nos plantea el problema de construir los cimientos de la economía socialista. ¿Se ha hecho esto? No, no se ha hecho. Aún no tenemos una base 731 socialista. Se equivocan de medio a medio los comunistas que se imaginan que la tenemos. Todo el quid está en separar con firmeza, nitidez y serenidad lo que constituye entre nosotros el mérito histórico universal de la revolución rusa de lo que hacemos mal en grado sumo, de lo que aún no hemos hecho y aún habrá que rehacer muchas veces.

p Los acontecimientos políticos son siempre muy embrollados y complicados. Se pueden comparar con una cadena. Para sujetar toda la cadena, uno debe agarrar el eslabón fundamental. No se puede elegir con artificio el eslabón del que se quiere uno agarrar. ;En qué consistía todo el quid en 1917? En salir de la guerra, cosa que exigía todo el pueblo y eclipsaba todo lo demás. La Rusia revolucionaria logró salir de la guerra. Se hicieron grandes esfuerzos; pero, en cambio, se tuvo en consideración la necesidad fundamental del pueblo, y esto nos dio el triunfo por muchos años. Y el pueblo experimente’), el campesino vio, cada soldado que regresaba del frente comprendió perfectamente que el Poder soviético encarna el poder más democrático, más entrañable para los trabajadores. Por muchas tonterías y torpezas que hayamos cometido en otros terrenos, como hemos tenido en cuenta esta cuestión principal, todo ha estado bien hecho.

p En los años 1919 y 1920, ¿dónde estaba el quid? En la defensa militar. Entonces la Entente, poderosa a escala universal, se abalanzaba sobre nosotros, nos estrangulaba, y la propaganda holgaba: cada campesino sin partido comprendía lo que ocurría. Venía el terrateniente. Los comunistas sabían combatirlo. Por eso la inmensa mayoría de los campesinos estaba con los comunistas, por eso hemos triunfado.

p En 1921, el quid estaba en el repliegue ordenado. Por eso se necesitaba una severa disciplina. La "oposición obrera" decía: "Vosotros subestimáis a los obreros, los obreros deben tener mayor iniciativa”. La iniciativa debe consistir en retirarse con orden y observar una rígida disciplina. Quien aportase el menor elemento de pánico o de violación de la disciplina haría fracasar la revolución, porque no hay nada más difícil que retroceder con gentes acostumbradas a conquistar, que están empapadas de concepciones e ideales revolucionarios y que en su fuero interno consideran cualquier repliegue algo abominable. El mayor peligro reside en la alteración del orden, y la mayor tarea consiste en mantener el orden.

p Y ahora, ¿dónde está el quid? El quid en sí—y a esto quiero llegar al resumir mi informe—no está en la política, en el sentido de cambio de rumbo; de esto se habla excesivamente en relación con la Nep. Pero se habla en vano. Esta es la charlatanería más 732 perjudicial. En relación con la Nep, se comienza a ajetrear, a reformar instituciones, a fundar otras nuevas. Esta es la charlatanería más perniciosa. Hemos llegado a la conclusión de que el quid de la situación está en los hombres, en la selección de los hombres. Es difícil de asimilar para un revolucionario acostumbrado a combatir pequeneces, a combatir el culturalismo. Pero hemos llegado a una situación que debe ser enjuiciada con serenidad en el sentido político: hemos avanzado tanto que no podemos ni debemos mantener todas las posiciones.

p En el sentido internacional es gigantesca la mejora de nuestra situación en estos últimos años. Hemos conquistado el tipo de Estado soviético: esto es un paso adelante de toda la humanidad, y la Internacional Comunista lo confirma cada día por las noticias que nos llegan de todos los países. Y nadie tiene la menor sombra de duda. Pero, en el sentido del trabajo práctico, las cosas están de manera que si los comunistas no pueden prestar una ayuda práctica a la masa campesina, ésta no los apoyará. El centro de la atención no está en legislar, en promulgar los mejores decretos, etc. Hubo un período en que los decretos nos servían de forma de propaganda. Se reían de nosotros, se decía que los bolcheviques no comprendíamos que nuestros decretos no se cumplían; toda la prensa de los guardias blancos estaba llena de burlas al respecto: pero aquel período fue lógico, cuando los bolcheviques tomamos el poder y dijimos al campesino simple, al obrero simple: he aquí cómo nosotros quisiéramos dirigir el Estado; he aquí el decreto: probad. Hemos ofrecido inmediatamente al simple obrero y al simple campesino nuestras ideas políticas en forma de decretos. El resultado ha sido la conquista de esa inmensa confianza que disfrutábamos y seguimos disfrutando entre las masas populares. Esta fue una época, un período indispensable al principio de la revolución, sin él no nos hubiéramos colocado a la cabeza de la ola revolucionaria, sino que iríamos a la zaga. Sin esto no contaríamos con la confianza de todos los obreros y campesinos que querían construir la vida sobre cimientos nuevos. Pero este período pasó ya, y nosotros no lo queremos comprender. Ahora los campesinos y los obreros se reirán cuando se ordene construir, reformar tal o cual institución. Ahora un simple obrero y un simple campesino no se interesarán por esto, y tendrán razón, ya que el centro de gravedad no está ahí. Tú, comunista, no debes ir ahora al pueblo con eso. A pesar de que nosotros, los que estamos en las instituciones estatales, nos hallamos siempre sobrecargados de estas pequeneces, no es de este eslabón de la cadena del que hay que asirse, no está en esto el quid, sino en que las personas no ocupan los debidos puestos, en que un comunista que ocupa un puesto de 733 responsabilidad, que ha hecho admirablemente toda la revolución, está al frente de una empresa comercial-industrial, de la que no entiende nada, e impide que se vea la verdad, porque tras sus espaldas se esconden admirablemente los mercachifles y los granujas. De eso se trata, de que no tenemos un control práctico de lo que se ha cumplido. Esta es una misión prosaica, insignificante, éstas son pequeneces; pero, después de la más grandiosa revolución política, vivimos en condiciones tales que debemos permanecer cierto tiempo en medio del tipo de economía capitalista, y el quid de toda la situación no está en la política, en el sentido estricto de la palabra (lo que se dice en los periódicos es mera fraseología política, y no hay en ello nada socialista), el quid de toda la situación no está en las resoluciones, ni en las instituciones, ni en las reorganizaciones. Como las necesitamos, las haremos; pero no vayáis con ello al pueblo; seleccionad a las personas que os hagan falta, comprobad el cumplimiento práctico, y el pueblo lo apreciará.

p A pesar de todo, nosotros somos en medio de la masa del pueblo como una gota en el mar, y sólo podremos gobernar si sabemos expresar con acierto lo que el pueblo piensa. Sin esto, ni el Partido Comunista conducirá al proletariado, ni el proletariado conducirá a las masas, y toda la máquina se desmoronará. Ahora el pueblo y toda la masa de trabajadores ven que lo esencial para ellos consiste sólo en que les ayuden prácticamente en su miseria y en su hambre extremas y que les muestren que se está operando en realidad una mejora necesaria para el campesino y adecuada a sus costumbres. El campesino conoce el mercado y conoce el comercio. No hemos podido implantar la distribución comunista directa. Nos faltaban las fábricas y la maquinaria para ellas. Tenemos, pues, que abastecerlo mediante el comercio, pero no peor que lo hacía el capitalista, pues, en caso contrario, el pueblo no podrá soportar tal administración. En esto está el quid de la situación. Y si no ocurre nada imprevisto, éste deberá ser el quid de todo nuestro trabajo para el año 1922, con tres condiciones.

p Primera, que no haya intervención. Hacemos con nuestra diplomacia todo lo posible por evitarla: no obstante, puede estallar cualquier día. Realmente debemos estar alertas y aceptar ciertos sacrificios duros en beneficio del Ejército Rojo, desde luego determinando rigurosamente la magnitud de estos sacrificios. Tenemos enfrente a todo el mundo de la burguesía, que solamente busca la forma de estrangularnos. Nuestros mencheviques y eseristas no son más que agentes de esta burguesía. Esa es su posición política.

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p Secunda condición: que la crisis financiera no sea demasiado grave. Es inminente. De ella oiréis hablar cuando tratemos de la política financiera. Si se hace demasiado intensa y dura, tendremos que rehacer otra ve/ mucho y lanzar todas las tuerzas hacia un solo objetivo. Si no es demasiado dura, puede ser hasta provechosa: pasará por la criba a los comunistas que trabajan en los diversos trusts del Estado. Pero no hay que olvidarse de hacer esto. La crisis financiera zarandea las instituciones y las empresas, y las inservibles son las primeras en saltar. Pero habrá que tener presente no echar toda la culpa a los especialistas y decir que los comunistas que desempeñan cargos de responsabilidad son muy buenos, que lucharon en los frentes y siempre trabajaron bien. Así pues, si la crisis financiera no llega a ser dura en demasía, se podrá sacar provecho de ella y depurar, no como depuran la Comisión Central de Control o la Comisión Central de Comprobación ^^222^^, sino depurar como es debido a todos los comunistas que ocupan cargos de responsabilidad en las instituciones de la hacienda pública.

p Tercera condición: no cometer en este tiempo errores políticos. Es natural que si los cometemos, toda la organización de la economía se verá privada de fuerzas y entonces tendremos que ocuparnos de discutir de enmiendas y orientaciones. Pero si no se incurre en esos errores lamentables, el quid no estará en un futuro próximo en los decretos, ni en la política, en el sentido estricto de esta palabra, ni en las instituciones, ni en su organización—de esto se ocuparán, en cuanto sea necesario, los medios de los comunistas que ocupan puestos de responsabilidad y las instituciones soviéticas—; sino que el quid de todo el trabajo estará en la selección de las personas y en la comprobación del cumplimiento. Si en este sentido aprendemos prácticamente, si reportamos alguna utilidad práctica, venceremos una vez más todas las dificultades.

p Para terminar, debo tratar la parte práctica del problema de nuestros Soviets, las instituciones superiores y la actitud del partido ante ellos. Se han entablado en nuestro país relaciones equivocadas entre el partido y las instituciones soviéticas, y en este punto tenemos completa unanimidad. He demostrado con un ejemplo cómo incluso se trae un pequeño asunto práctico al Buró Político. Salir formalmente de esto es muy difícil, porque en nuestro país dirige un solo partido gubernamental, y a un miembro del partido no se le puede prohibir que se queje. Por eso, todo lo del Consejo de Comisarios del Pueblo lo traen al Buró Político. En esto ha habido también una grave falta por mi parte, porque muchas de las relaciones entre el Consejo de Comisarios del Pueblo y el Buró Político las llevaba yo personalmente. Y 735 cuando tuve que retirarme, resultó que dos ruedas dejaron de marchar al mismo tiempo, y Kámenev hubo de realizar una labor triple para mantener estas relaciones. Como no creo que pueda reincorporarme pronto al trabajo, todas las esperanzas están puestas en que ahora hay otros dos suplentes míos: el camarada Tsiurupa, depurado por los alemanes, y el camarada Rykov, total y magníficamente depurado por los alemanes. Viene a resultar que hasta Guillermo, el emperador de Alemania, nos ha servido; no lo esperaba. Tiene un cirujano que ha curado al camarada Rykov, amputándole y dejando en Alemania la peor parte que él tenía, y dejándole y enviándonos a nosotros, totalmente depurada, su mejor parte. Si este método sigue empleándose en lo sucesivo, será algo estupendo.

p Bromas aparte, en cuanto a las directrices fundamentales, aquí, en el CC, estamos completamente de acuerdo, y abrigo la esperanza de que el congreso prestará una gran atención a este problema y las aprobará en el sentido de que se debe librar al Buró Político y al CC de las pequeneces y elevar la labor de los que ocupan cargos de responsabilidad. Es necesario que los comisarios del pueblo respondan por su trabajo y no que lleven las cosas primero al Consejo de Comisarios del Pueblo y luego al Buró Político. Formalmente, no podemos anular el derecho de quejarse al CC, porque nuestro partido es el único partido gobernante. Es preciso poner fin a todas las reclamaciones por asuntos sin importancia, pero hay que elevar la autoridad del Consejo de Comisarios del Pueblo, para que allí participen más los comisarios del pueblo, y no los suplentes, es preciso modificar el carácter del trabajo del Consejo de Comisarios del Pueblo en el aspecto en que yo no he logrado hacerlo en el último año: prestar mucha más atención a que se siga más de cerca el control del cumplimiento. Voy a tener otros dos suplentes más: a Rykov y a Tsiurupa. Cuando Rykov trabajó como Apoderado Extraordinario del Consejo de Defensa Obrera y Campesina para el Abastecimiento de la Marina y el Ejército Rojo supo arreglar las cosas, y éstas marcharon. Tsiurupa ha organizado uno de los mejores comisariados del pueblo. Si los dos juntos dedican la máxima atención a enderezar los comisariados del pueblo en el aspecto del cumplimiento y la responsabilidad, habremos avanzado un paso, por pequeño que sea. Tenemos dieciocho comisariados del pueblo, quince de los cítales, por lo menos, no valen para nada; no es posible encontrar en todas partes a buenos comisarios del pueblo; Dios quiera que la gente preste a esto más atención. El camarada Rykov debe ser miembro del Buró del CC y del Presidium del CF.C de toda Rusia, pues entre estas instituciones debe haber una 736 conexión, porque sin esa conexión las ruedas fundamentales giran a veces en vacío.

p En relación con esto hay que llamar la atención para que las comisiones del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Consejo de Trabajo y Defensa se reduzcan, a fin de que conozcan y resuelvan sus asuntos y no se dispersen en innumerables comisiones. Hace unos días se llevó a cabo la depuración de las comisiones. Se contaron ciento veinte comisiones. ¿Y cuántas resultaron indispensables? Dieciséis. Y eso que no es la primera depuración. En vez de responder por los asuntos de su incumbencia, en vez de que el Consejo de Comisarios del Pueblo tome una decisión y responda por ella, se escuda en las comisiones. En las comisiones hasta el diablo se rompe la crisma, nadie entiende nada en cuanto a la responsabilidad; todo es un lío, y, en fin de cuentas, se adopta una resolución de la que todos son responsables.

p En relación con esto se debe señalar que es indispensable ampliar y desarrollar la autonomía y la actividad de las asambleas económicas^^223^^ regionales. Ahora, la división de Rusia en regiones se ha realizado con bases científicas, teniendo en cuenta las condiciones económicas, de clima, de vida, las condiciones en que se obtiene el combustible, las de la industria local, etc. Tomando por base esta división, se han creado asambleas económicas regionales y distritales. Indudablemente, habrá que hacer enmiendas parciales, pero se debe elevar la autoridad de estas asambleas económicas.

p Luego, se debe procurar que el CEC de toda Rusia trabaje con mayor energía y que sus sesiones se celebren con mayor regularidad y sean más prolongadas. En las sesiones se debe deliberar sobre los proyectos de ley, que a veces pasan apresuradamente y sin necesidad imprescindible al Consejo de Comisarios del Pueblo. Más vale aplazar y dejar a los funcionarios locales que reflexionen detenidamente, así como exigir más de los que redactan las leyes, cosa que no se hace.

p Si las sesiones del CEC de toda Rusia llegan a ser más prolongadas, se dividirán en secciones y subcomisiones y podrán controlar con más rigor el trabajo, logrando lo que, a juicio mío, constituye todo el quid, la quintaesencia del actual momento político: trasladar el centro de gravedad a la selección de las personas, al control del cumplimiento práctico.

p Hay que reconocer, sin temor de confesarlo, que en el 99 por 100 de los casos los comunistas que ocupan cargos de responsabilidad no están en sus sitios, no saben ejercer sus funciones y ahora tienen que aprender. Si lo reconocemos, puesto que tenemos para ello la suficiente posibilidad—y, a juzgar por la situación 737 internacional general, nos llegará el tiempo para poder aprender—, es preciso realizarlo a toda costa. (Clamorosos aplausos.)

p Informaciones periodísticas publicadas el 28 de marzo de ¡922 en el núm. 70 de "Izvextia del CEC de toda Rusia" y el 28 y 29 de marzo en los núras. 70 y 71 de “Pravda”.

T. 45, págs. 69-116.

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Notes

[706•*]   La nota irónica que va entre paréntesis se refiere a la costumbre adquirida de lormar nuevas palabras compuestas con abreviaciones, en este caso, "trusts estatales”. (.Y. de ln Edil)