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IX CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA^^12^^
29 DE MARZO-5 DE ADR1L DE 19211
 

INFORME DEL COMITÉ CENTRAL
29 DE MARZO

p Camaradas: Antes de empezar mi informe debo advertir que, lo mismo que en el congreso anterior, está dividido en dos partes: una dedicada a las cuestiones políticas y otra a las de organización. Esta división hace pensar ante todo en cómo se ha desplegado el trabajo del CC desde el punto de vista exterior, de organización. Nuestro partido acaba de vivir el primer año sin Y. M. Sverdlov, y esta pérdida no podía por menos de repercutir en toda la organización del CC. Nadie como el camarada Sverdlov sabía coordinar el trabajo político con el de organización, y nosotros hemos tenido que hacer el intento de remplazar su trabajo personal por el de un organismo colegiado.

p La labor del CC durante el año de que rendimos cuenta ha sido realizada en lo referente a la acción diaria, corriente, por dos organismos elegidos en el Pleno del CC: el Buró de Organización del CC y el Buró Político del CC. Debo advertir que para la coordinación y continuidad de los acuerdos de ambos organismos, el secretario formaba parte de los dos burós. La tarea principal del Buró de Organización consistía esencialmente en distribuir las fuerzas del partido; y la del Buró Político, en examinar los asuntos políticos. De por sí se comprende que esta división es, hasta cierto punto, artificial, que no es posible llevar a cabo ninguna política sin expresarla en nombramientos y traslados. Por consiguiente, toda cuestión de organización adquiere una significación política, y en la práctica se ha establecido entre nosotros la norma de que basta la demanda de un miembro del CC para que cualquier cuestión sea examinada, por unas u otras consideraciones, como una cuestión política. No parecía conveniente intentar delimitar las actividades del CC de algún otro modo; además era dudoso que se consiguiese en la práctica el objetivo.

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p El método señalado de gestión ha dado resultados extraordinariamente favorables: no se registra ningún caso en que haya habido algún rozamiento entre uno y otro buró. En general, el trabajo de ambos organismos ha transcurrido en buena armonía y la aplicación práctica de sus acuerdos ha sido facilitada por la presencia del secretario del partido, que ejecutaba entera y exclusivamente la voluntad del CC. Es preciso subrayar desde el comienzo, para descartar toda interpretación equívoca, que el secretario del CC del partido llevaba a la práctica exclusivamente los acuerdos colectivos del CC, adoptados por el Buró de Organización, por el Buró Político, o bien por el Pleno del CC. De otra forma, el trabajo del CC no puede desenvolverse acertadamente.

p Después de estas breves advertencias sobre la división interior del trabajo del CC, paso a mi tarea, al informe del CC. Rendir cuenta del trabajo político del CC es una empresa muy difícil, si se la entiende en el sentido literal de la palabra. Una gran parte del trabajo del Buró Político durante el año se redujo a la solución corriente de todas las cuestiones relacionadas con la política, de todas las cuestiones que abarcan las actividades de todos los organismos de los Soviets y del partido, de todas las organizaciones de la clase obrera, de todas las cuestiones que coordinan y tratan cíe orientar toda la labor de la República Soviética. El Buró Político se ocupaba de resolver todos los problemas concernientes a la política exterior e interior. Naturalmente es imposible pretender enumerar aproximadamente estas cuestiones. En el material impreso por el CC para el congreso encontraréis los datos precisos para un resumen. Intentar repetir este resumen en el informe está por encima de mis fuerzas y me parece que carecería de interés para los delegados. Trabajando en esta o en la otra organización de los Soviets o del partido, cada uno de nosotros sigue diariamente la sucesión sorprendente de las cuestiones políticas exteriores e interiores. La solución misma de estos problemas, tal como quedó expresada en los decretos del Poder soviético, en las actividades de las organizaciones del partido, en cada viraje, ha reflejado la postura del CC. Es preciso señalar que eran tan numerosas las cuestiones que, muy a menudo, hubieron de ser resueltas con extraordinaria premura, y únicamente debido a que los miembros de la colectividad se conocían bien entre sí, a que conocían los matices de las opiniones, a que había confianza mutua, pudo realizarse la labor. De lo contrario, hubiera excedido las fuerzas incluso de una colectividad tres veces más numerosa. Con frecuencia se tuvo que resolver cuestiones complicadas sustituyendo las reuniones con conferencias telefónicas. Lo hacíamos con la seguridad de que no serían eludidas ciertas cuestiones manifiestamente complicadas y discutibles. Ahora, cuando tengo que presentar el 330 informe general, me permitiré, en vez de pasar revista cronológica a las materias, clasificándolas por asuntos, examinar los hechos principales, los más esenciales, los que ligan la experiencia de ayer, o, más exactamente, la experiencia del año transcurrido con las tareas a realizar.

p No ha llegado todavía el momento de escribir la historia del Poder de los Soviets. Y aun en el caso de que hubiese llegado, nosotros—lo digo por mí y, creo, también por el CC—no nos proponemos ser los historiadores; lo que nos interesa es el presente y el futuro. Tomamos el año de que damos cuenta como material, como enseñanza, como escalón para dar el paso siguiente. Desde este punto de vista, la labor del CC se divide en dos grandes ramas: la relacionada con tareas militares que determinan la situación internacional de la república, y la de orden interior, de la construcción económica pacífica, que ha empezado a pasar a primer plano quizás sólo desde fines del año pasado o principios del año corriente, al quedar completamente claro que hemos obtenido un triunfo decisivo en los frentes decisivos de la guerra civil. En la primavera del año pasado nuestra situación militar era extremadamente difícil, hubimos de sufrir, como recordaréis, no pocas derrotas, nuevas ofensivas formidables de los representantes de la contrarrevolución y de la Entente, ofensivas que antes no esperábamos y que no podíamos prever. Es, pues, completamente natural que la mayor parte de ese período haya transcurrido estando nosotros consagrados a las tareas de orden militar, de la guerra civil, tareas que parecían irrealizables a los pusilánimes, y no hablemos ya del partido de los mencheviques, de los eseristas y de otros representantes de la democracia pequeñoburguesa, de la masa de elementos intermedios, tareas que hacían a estos elementos afirmar sinceramente que eran insuperables, que Rusia era un país atrasado y debilitado y que no podría vencer al régimen capitalista de todo el mundo, dado que la revolución tardaba en producirse en el Occidente. Razón por la cual, permaneciendo en nuestras posiciones, expresándonos con toda firmeza y manteniendo la absoluta seguridad en ello, tuvimos que decir que venceríamos, tuvimos que aplicar las consignas: "¡Todo para la victoria!" y "¡Todo para la guerra!"

p En nombre de estas consignas tuvimos que sacrificar, de un modo completamente consciente y franco, la satisfacción de toda una serie de necesidades vitales, dejando muy a menudo sin ayuda a muchísima gente, pues estábamos seguros de que debíamos concentrar todas las fuerzas en la guerra y vencer en esta guerra que nos había sido impuesta por la Entente. Y únicamente gracias a que el partido permanecía alerta, a que el partido mantenía la más rigurosa disciplina, gracias a que la autoridad del parlido unía a todas las 331 instituciones y organismos y a que decenas, centenares, millares y, en suma, millones seguían como un solo hombre la consigna lanzada por el CC, únicamente debido a que se han hecho sacrificios inauditos, ha podido suceder el milagro que se ha producido. Únicamente por eso hemos podido vencer las reiteradas campañas de los imperialistas de la Entente y de los imperialistas del mundo entero. Y, huelga decirlo, no sólo hacemos resaltar este aspecto de la cuestión, sino que debemos tener presente que este aspecto es una lección que nos enseña que sin disciplina y sin centralización nunca habríamos podido cumplir esta tarea. Los infinitos sacrificios que hemos hecho para salvar de la contrarrevolución al país, para que la revolución rusa triunfase sobre Denikin, Yudénich y Kolchak, es una garantía de la revolución social mundial. Para eso eran precisas la disciplina en el partido, la centralización más rigurosa, la seguridad absoluta de que los durísimos sacrificios de decenas y centenares de miles de hombres contribuirían a la realización de todas esas tareas, de que eso, efectivamente, podía hacerse y sería hecho con toda seguridad. Mas para ello era necesario que nuestro partido y la clase que ejerce la dictadura, la clase obrera, fuesen elementos que aglutinasen a millones y millones de trabajadores, tanto en Rusia como en todo el mundo.

p Si meditamos en la causa más profunda que, en fin de cuentas, hizo posible que se produjese este milagro histórico—el triunfo de un país débil, extenuado, atrasado, sobre los países más poderosos del mundo—, veremos que esa causa reside en la centralización, en la disciplina y en la abnegación sin precedentes. ¿Sobre qué base? Millones de trabajadores han podido llegar, en el país menos instruido, a la organización, a la realización cíe esta disciplina y de esta centralización sólo merced al hecho de que los obreros, que cursaron la escuela del capitalismo, habían sido unidos por el capitalismo, de que el proletariado de todos los países avanzados se unía en tanta mayor proporción cuanto más avanzado era el país; y, por otra parte, debido a que la propiedad, la propiedad capitalista, la pequeña propiedad en la producción mercantil, divide. La propiedad divide, y nosotros vamos uniendo v uniendo a un número cada vez mayor de millones de trabajadores en todo el mundo. Puede decirse que ahora lo ven hasta los ciegos, cuando menos aquellos que no lo querían ver. Cuanto más tiempo pasaba, tanto más se dividían nuestros enemigos. Los dividía la propiedad capitalista, la propiedad privada bajo el régimen de la producción mercantil, ya fueran pequeños agricultores que especulan con la venta de los sobrantes del trigo y se lucran a expensas de los obreros hambrientos, ya lucran capitalistas de diversos países, aunque tuvieran potencia militar, aunque crearan la "Sociedad de Naciones" ^^121^^, la "gran liga 332 única" de todas las naciones avanzadas del mundo. Semejante unidad es pura ficción, un engaño total, una mentira continua. Y nosotros hemos visto—¡grandioso ejemplo!—que esta famosa "Sociedad de Naciones" que intentaba distribuir los mandatos para administrar los Estados y repartir el mundo, que esta famosa liga resultó ser una pompa de jabón que se deshizo en seguida, debido a que la basaban sobre la propiedad capitalista. Lo hemos visto en la mayor escala histórica; esto confirma la verdad esencial, en cuyo reconocimiento basamos nuestra razón, nuestra absoluta seguridad en el triunfo de la Revolución de Octubre, nuestra seguridad de que estamos acometiendo una tarea a la cual, a pesar de su dificultad, a pesar de todos los obstáculos, se irán incorporando millones y millones de trabajadores de todos los países. Sabíamos que tenemos aliados y que es preciso dar ejemplo de abnegación en un país al que la historia ha encomendado una honrosa misión, una misión dificilísima, para que los inauditos sacrificios sean recompensados mil veces, porque cada nuevo mes que vivamos en nuestro país nos dará millones y millones de aliados en todos los países.

p Si, en resumidas cuentas, pensamos en la causa de nuestro triunfo, en la causa de que pudiéramos y debiéramos triunfar, veremos que ello se debe únicamente a que todos nuestros enemigos, formalmente ligados por vínculos de toda clase con los gobiernos y con los representantes del capital más poderosos del mundo—por más fuerte que fuese esta ligazón formal—, resultaron estar divididos; su trabazón interna, en el fondo, los dividía, los arrojaba a los unos contra los otros, y la propiedad capitalista los disgregaba, haciendo que de aliados se convirtieran en fieras salvajes, haciendo posible que no vieran cómo la Rusia Soviética aumentaba el número de sus partidarios entre los soldados ingleses desembarcados en Arjánguelsk, entre los marinos franceses desembarcados en Sebastopol, entre los obreros de todos los países donde los socialconciliadores tomaron el partido del capital, en todos los países avanzados sin excepción. Y esta causa fundamental, la más profunda, es la que, en última instancia, nos ha dado el triunfo más seguro; fue y continúa siendo la fuente principal, invencible, inagotable, que nos brinda fuerzas y nos permite decir que cuando realicemos en nuestro país plenamente la dictadura del proletariado, la unión más amplia de las fuerzas del mismo, a través de su vanguardia, a través de su partido avanzado, podremos esperar la revolución mundial. Y, en efecto, esto es la expresión de la voluntad, la expresión de la decisión proletaria de ir a la lucha, la expresión de la decisión proletaria de unir a millones y millones de obreros en todos los países.

p Los señores burgueses y los seudosocialistas de la II Internacional dicen que esto es fraseología con fines de agitación. No, eslo es 333 una realidad histórica confirmada por la sangrienta y dura experiencia de la guerra civil en Rusia, porque esta guerra civil ha sido una guerra contra el capital mundial, y este capital se disgregaba por sí mismo en la contienda, devorándose a sí mismo, mientras que nosotros salimos más curtidos, más fuertes en un país en que el proletariado moría de hambre y de tifus exantemático. En este país hemos ganado nuevos y nuevos contingentes de trabajadores. Lo que anteriormente les parecía a los conciliadores fraseología de agitación, lo que la burguesía acostumbraba a poner en ridículo, ha sido transformado definitivamente por este año de nuestra revolución, del que rendimos cuenta, en un hecho histórico innegable, el cual permite decir con la seguridad más positiva: lo que hemos hecho confirma que nosotros tenemos una base mundial infinitamente más amplia que cualquiera de las revoluciones precedentes. Tenemos una alianza internacional no registrada en parte alguna, ni refrendada oficialmente, que desde el punto de vista del "derecho público" no representa nada, pero en realidad, en el mundo capitalista en disgregación, lo representa todo. Cada mes, durante el cual conquistábamos posiciones o simplemente nos manteníamos frente a un enemigo muy poderoso, iba demostrando al mundo entero que nos asiste la razón y nos iba proporcionando nuevos contingentes de millones de hombres.

p Este proceso parecía difícil y venía acompañado de gigantescas derrotas. Al inaudito terror blanco en Finlandia siguió, precisamente durante el año de que rendimos cuenta, la derrota de la revolución húngara, que los representantes de la Entente han estrangulado engañando a sus parlamentos, de acuerdo con un tratado secreto con Rumania.

p Ha sido ésta la traición más vil, una conjuración de la Entente internacional para estrangular por medio del terror blanco la revolución húngara, sin hablar ya de que se entendieron en todas las formas posibles con los conciliadores alemanes para ahogar la revolución alemana, y cíe que esta gente, que había declarado a Liebknecht un alemán honrado, se arrojara como perros rabiosos, junto con los imperialistas alemanes, sobre aquel alemán honrado. Han sobrepasado todo lo imaginable, y todos sus excesos en las represiones no han hecho más que fortalecernos, reforzarnos, socavando el terreno bajo sus propios pies.

p Creo que lo que más debemos tener en cuenta es esta experiencia fundamental nuestra. Ante todo debemos pensar en basar nuestra propaganda y agitación en el análisis, en la explicación del porqué de nuestra victoria, de por qué nuestros sacrificios en la guerra civil han sido recompensados al céntuplo; 334 pensar en cómo se debe proceder para triunfar, sobre la base de esta experiencia, en la otra guerra, en la guerra en el frente sin sangre, en la guerra que sólo ha cambiado de forma, pero que nos hacen con mayor ahínco, furia y empeño los mismos viejos representantes, criados y dirigentes del viejo mundo capitalista. Nuestra revolución ha confirmado, más que ninguna otra, la ley de que la fuerza de la revolución, el vigor de su empuje, su energía, su decisión y su triunfo redoblan a la vez la fuerza de resistencia de la burguesía. Cuanto más victorias obtenemos, tanto más aprenden los explotadores capitalistas a unirse y tanto más enérgicos se hacen sus ataques. Pues todos vosotros recordaréis muy bien—son acontecimientos recientes, desde el punto de vista del correr del tiempo, aunque lejanos desde el punto de vista de los sucesos corrientes—, recordaréis, digo, que el bolchevismo era considerado, al iniciarse la Revolución de Octubre, como una curiosidad; y si en Rusia se hubo de renunciar muy pronto a este criterio, expresión de la falta de desarrollo, de la debilidad de la revolución proletaria, igualmente en Europa han renunciado a ese punto de vista. El bolchevismo ha venido a ser un fenómeno mundial, la revolución obrera ha levantado la cabeza. El sistema soviético, que creamos en octubre siguiendo los legados del año 1905, elaborando nuestra propia experiencia, ha resultado ser un hecho histórico y universal.

p Podemos decir sin incurrir en la menor exageración que actualmente se enfrentan, en escala universal, dos campos con pleno conocimiento de causa. Es preciso señalar que sólo durante el año transcurrido se han puesto frente a frente en la lucha decisiva y definitiva y que, precisamente en estos días en que se celebra el congreso, vivimos quizás uno de los momentos más importantes, cruciales, aún sin coronar, de transición del estado de guerra al de paz.

p Todos sabéis cómo han tenido que proceder los jefes de las potencias imperialistas de la Entente, los cuales gritaban a todos los vientos: "¡Nunca cesaremos la guerra contra los usurpadores, los bandidos, los detentadores del poder, los enemigos de la democracia, los bolcheviques!" Sabéis cómo, en un principio, levantaron el bloqueo, cómo les fracasó el intento de unir a las pequeñas potencias, debido a que nosotros supimos ganarnos no sólo a los obreros de todos los países, sino que logramos también atraer a la burguesía de los pequeños países, porque los imperialistas son opresores no sólo de los obreros de sus países, sino también de la burguesía de los pequeños Estados. Sabéis cómo supimos atraer a nuestro lado a la burguesía vacilante de los países avanzados, y ahora llega el momento en que la Entente infringe 335 sus promesas anteriores, sus postulados, viola sus tratados, que, digámoslo de paso, ha firmado decenas de veces con distintos guardias blancos rusos, y, actualmente, se ha quedado con un palmo de narices, ya que ha malgastado centenares de millones en esos tratados sin poder llevarlos a buen término.

p Ahora, una vez levantado el bloqueo, de hecho la Entente ha iniciado negociaciones de paz con la República Soviética, sin llevarlas tampoco hasta el final, por cuya razón las pequeñas potencias han perdido la fe en ella, han perdido la fe en su fuerza. Vemos que la situación de la Entente, su situación exterior, no puede ser definida en absoluto desde el punto de vista de las nociones habituales de la jurisprudencia. Los Estados de la Entente no se encuentran en guerra ni mantienen la paz con los bolcheviques; nos reconocen y no nos reconocen. Y este desmoronamiento completo de nuestros enemigos, los cuales estaban seguros de representar algo, demuestra que no representan nada salvo un puñado de fieras capitalistas que riñen entre sí y son completamente impotentes para emprender algo contra nosotros.

p La situación es ahora tal que Letonia nos ha hecho proposiciones oficiales de paz y Finlandia nos ha telegrafiado hablando oficialmente de una línea de demarcación; pero, en el fondo, esto significa el paso a una política de paz. Por último, Polonia, esa Polonia cuyos representantes blandían y continúan blandiendo con particular empecinamiento las armas, esa Polonia que ha recibido y sigue recibiendo más que nadie trenes con artillería y promesas de toda clase de ayuda con tal de que continúe la lucha contra Rusia, incluso esa Polonia, cuyo gobierno atraviesa una situación inestable, lo que la obliga a lanzarse a cualquier aventura bélica, incluso esa Polonia nos invita a entablar negociaciones de paz. Hay que ser sumamente cautos. Nuestra política exige ante todo una actitud atenta. Lo más difícil es encontrar una línea acertada, porque nadie sabe aún sobre qué vía está el tren y ni siquiera el enemigo sabe qué emprenderá en lo sucesivo. Los señores representantes de la política francesa, los que más azuzan a Polonia, así como los dirigentes de la Polonia de los burgueses y terratenientes, ignoran lo que seguirá más adelante, ignoran qué es lo que quieren. Hoy dicen: "Señores, dadnos algunos trenes con cañones, algunos centenares de millones y estamos dispuestos a hacer la guerra a los bolcheviques.” Silencian las noticias sobre las huelgas que se extienden en Polonia, presionan a la censura para ocultar la verdad. Entretanto, el movimiento revolucionario toma allí cada vez mayor incremento. El avance de la revolución en Alemania, en su nueva fase, en su nueva etapa, cuando los obreros, después de la korniloviada 336 alemana, forman ejércitos rojos, atestigua claramente (según los últimos telegramas recibidos de allí) que los obreros van cobrando mayor empuje. En la conciencia de los representantes mismos de la Polonia de la burguesía y de los terratenientes empieza a abrirse paso la idea siguiente: "¿Y no será tarde, no surgirá la República Soviética en Polonia antes de la redacción del acta gubernamental de paz o de guerra?" No saben qué hacer. No saben lo que les deparará el día de mañana.

p Nosotros sabemos que cada mes acrecienta en gigantescas proporciones nuestras fuerzas y que seguirá aumentándolas en mayor proporción aún. Por eso estamos ahora en el sentido internacional mucho más firmes que nunca. Sin embargo, debemos prestar una atención extraordinaria a la crisis internacional y hallarnos dispuestos a hacer frente a cualquier sorpresa. Polonia nos ha hecho una proposición formal de paz. Estos señores se encuentran en una situación desesperada, hasta tal punto desesperada que sus amigos, los monárquicos alemanes, gente mejor educada, con más experiencia política y conocimientos, se han arriesgado a una aventura, a una korniloviada. La burguesía polaca lanza una proposición de paz, sabiendo bien que una aventura puede resultarle una korniloviada polaca. Conocedores de que nuestro enemigo se encuentra en una situación desesperadamente difícil—un enemigo que ignora lo que quiere hacer, lo que hará el día de mañana—, nosotros debemos decirnos con toda firmeza que es posible la guerra, a pesar de la proposición de paz hecha. No se puede prever el comportamiento futuro de nuestros enemigos. Hemos visto a estas gentes, conocemos a estos Kerenski, a estos mencheviques, a estos socialrevolucionarios. Durante estos dos años hemos visto sus bandazos, hoy hacia Kolchak, mañana casi hacia los bolcheviques, luego hacia Denikin; y todo esto se encubría con frases sobre la libertad y la democracia. Conocemos a estos señores, y por eso nos agarramos con ambas manos a la proposición de paz, admitiendo las mayores concesiones, seguros de que de la paz con las pequeñas potencias ha de resultar un avance infinitamente más beneficioso que de la guerra, porque los imperialistas se servían de la guerra para engañar a las masas trabajadoras, para ocultar la verdad sobre la Rusia de los Soviets. Por eso, toda paz multiplicará y ampliará cien veces nuestra influencia. En estos últimos años nuestra influencia es ya, de por sí, grande. La III Internacional, la Internacional Comunista, ha conseguido triunfos sin precedentes. Pero al mismo tiempo sabemos que nos pueden imponer la guerra el día menos pensado. Nuestros enemigos mismos aún ignoran de qué son capaces en este sentido.

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p No cabe la menor duda de que se están haciendo preparativos bélicos. Muchos países vecinos de Rusia, y quizá muchos de los Estados no vecinos, se están armando. Por esto se impone recurrir ante todo a la maniobra en nuestra política internacional, atenerse con mayor firmeza al curso tomado y estar preparados para todo. Hemos hecho la guerra por la paz con extraordinaria energía. Esta guerra brinda magníficos resultados. Nos hemos mostrado en este terreno de la lucha en el mejor aspecto, en todo caso no peor que en el dominio de la actuación del Ejército Rojo, en el campo de batalla. Pero aunque los pequeños Estados quisieran sellar la paz, no depende de su voluntad el firmarla con nosotros. Están empeñados hasta los ojos con los países de la Entente, los cuales riñen y rivalizan desesperadamente entre sí. Necesitamos, por tanto, recordar que, desde el punto de vista de la escala histórico-universal, resultante de la guerra civil y la guerra contra la Entente, la paz, naturalmente, es posible.

p Mas debemos acompañar nuestros pasos hacia la paz intensificando todos nuestros preparativos militares y sin desarmar en manera alguna a nuestro ejército. Este constituye la garantía real de que las potencias imperialistas no harán ni el menor intento, ni el menor atentado contra nuestro país, porque aun en el caso de que al principio pudieran contar con algunos éxitos efímeros, ninguna podría evitar ser derrotada por la Rusia Soviética. Debemos saberlo, esto debe ser la base de nuestra agitación y propaganda, y para ello debemos saber prepararnos y cumplir la tarea que, dada la creciente fatiga, obliga a unir lo uno con lo otro.

p Paso a las consideraciones esenciales de principio que nos han obligado a orientar resueltamente a las masas trabajadoras a utilizar el ejército para solucionar los problemas fundamentales del momento. La vieja fuente de disciplina, el capital, está debilitada, la vieja fuente de cohesión ha desaparecido. Debemos crear una disciplina distinta, otra fuente de disciplina y de cohesión. Lo que tiene carácter coactivo, provoca indignación, gritos, alboroto, lamentos de la democracia burguesa que esgrime las palabras “libertad” e “igualdad”, sin comprender que la libertad concedida al capital es un crimen contra los obreros, que la igualdad del ahito y el hambriento es un crimen contra los trabajadores. En nombre de la lucha contra esta mentira nosotros adoptamos el punto de vista de realizar el trabajo general obligatorio y la unificación de los trabajadores, sin temer en absoluto recurrir a la coacción, porque en ninguna parte se ha producido la revolución sin utilizar la violencia, y el proletariado tiene el derecho a ejercer actos coactivos para mantener a todo precio lo que es suyo. Cuando los señores burgueses, los señores conciliadores, los 338 señores “independientes” de Alemania y Austria y los longuetistas franceses ^^122^^ discutían sobre el factor histórico, siempre dejaban en olvido un factor como la decisión, la firmeza y la inflexibilidad revolucionarias del proletariado. Y eso es precisamente la inflexibilidad y la firmeza del proletariado de nuestro país, que se dijo a sí mismo y dijo a otros y demostró en la práctica que antes pereceremos todos, hasta el último hombre, antes que entregar nuestro territorio, antes que deponer nuestro principio, el principio de la disciplina y la política firme, para la cual debemos sacrificarlo todo. En el momento del desmoronamiento de los países capitalistas, de la disgregación de la clase capitalista, en el momento de su desesperación y de su crisis, lo único que decide es este factor político. Las frases sobre la minoría y la mayoría, sobre la democracia y la libertad no resuelven nada por mucho que las invoquen los personajes del período histórico pasado. En este caso lo que resuelve es la conciencia y la firmeza de la clase obrera. Si está dispuesta a hacer sacrificios, si ha demostrado que sabe poner en tensión todas sus fuerzas, el problema está resuelto. Todo para resolver este problema. La decisión de la clase obrera, su espíritu inquebrantable dispuesto a realizar la consigna: "¡Más vale perecer que rendirse!" no sólo es un factor histórico, sino incluso un factor decisivo, un factor que da la victoria.

p De esta victoria, de esta seguridad pasamos, y hemos llegado, a las tareas de la construcción económica pacífica, el cumplimiento de las cuales constituye la función principal de nuestro congreso. En este sentido no cabe hablar, creo, de informe del Buró Político del Comité Central, o, más exactamente, de informe político del CC, sino que hay que decir abiertamente y sin rodeos: Sí, camaradas, es una cuestión que vosotros resolveréis, eme debéis sopesar con la autoridad de la instancia superior del partido. Hemos esbozado con claridad esta cuestión ante vosotros. Hemos ocupado una posición determinada. Os incumbe el deber de aprobar definitivamente, corregir o modificar nuestra decisión. Pero el CC debe decir en su informe que en esta cuestión fundamental, candente, ha ocupado una posición completamente definida. Sí, ahora se trata de que se aplique a las tareas pacíficas de la construcción económica, a las tareas de restaurar la producción destruida, todo aquello que el proletariado puede concentrar, su unidad absoluta. Lo que aquí se requiere es una disciplina de hierro, un régimen férreo, sin el cual no nos hubiéramos sostenido no ya más de dos años, sino ni siquiera dos meses. Hay que saber aprovechar nuestro triunfo. Por otra parte, es preciso comprender que este paso reclama muchos sacrificios, además de los que el país ya ha hecho.

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p El CC veía claramente el aspecto de principio de la cuestión. Todos nuestros actos estaban supeditados a esta política, estaban orientados en este sentido. Así, por ejemplo, una cuestión que puede parecer de detalle, cuestión que, en sí misma, desligada del conjunto, no podría, naturalmente, pretender asumir una importancia capital de principio—la cuestión de la dirección colectiva y de la dirección unipersonal, eme tendréis que resolver—, debe ser planteada a toda costa desde el ángulo de visión de las adquisiciones fundamentales de nuestro conocimiento, de nuestra experiencia, de nuestra práctica revolucionaria. Se nos dice, por ejemplo: "La dirección colectiva es una de las formas de participación de las amplias masas en la administración.” Pero nosotros hemos hablado en el CC acerca de esta cuestión, hemos tomado acuerdos y tenemos que rendiros cuenta: camaradas, no se puede transigir con una confusión teórica de este género. Si admitiéramos en la cuestión fundamental de nuestra actividad militar, de nuestra guerra civil, una décima parte de semejante confusión teórica, estaríamos derrotados, y con justa razón.

p Permitidme, camaradas, recurrir un poco a la teoría, con motivo del informe del CC y para abordar el asunto de la participación de la nueva clase en las tareas administrativas sobre la base de la dirección colectiva o unipersonal, y señalar cómo dirige una clase y en qué se expresa la dominación de una clase. Pues nosotros no somos principiantes en este terreno y nuestra revolución se diferencia de las precedentes porque la nuestra está desprovista de utopismo. Si una nueva clase viene a remplazar a la vieja, sólo podrá sostenerse a costa de una lucha furiosa contra las demás clases y sólo triunfará definitivamente si sabe llegar hasta la supresión de las clases en general. El proceso de la lucha de clases, proceso gigantesco y complejo, plantea las cosas así; de lo contrario, os atascaréis en el pantano de la confusión. ¿En qué se expresó la dominación de clase? ¿En qué se expresó la dominación de la burguesía sobre los señores feudales? Las constituciones hablaban de libertad, de igualdad. Mentira. Mientras haya trabajadores, los propietarios son capaces e incluso se ven obligados, como propietarios, a especular. Decimos que no existe la igualdad, el ahito no es igual al hambriento, el especulador no es igual al trabajador.

p ¿En qué se expresa ahora la dominación de clase? La dominación del proletariado se expresa en que se ha expropiado a los terratenientes y a los capitalistas. El espíritu, el contenido básico de todas las Constituciones anteriores, incluyendo las más republicanas y democráticas, estribaba únicamente en la propiedad. Nuestra Constitución tiene y ha conquistado su razón de ser 340 en el plano histórico precisamente porque no sólo ha abolido la propiedad sobre el papel. El proletariado victorioso ha abolido y destruido la propiedad hasta el final; en esto reside su dominación de clase. Ante todo, en la cuestión de la propiedad. Cuando resolvimos prácticamente la cuestión de la propiedad, aseguramos con ello la dominación de clase. Cuando después la Constitución ha registrado sobre el papel lo que la vicia había resuelto—la abolición de la propiedad capitalista, la de los terratenientes—y ha añadido: la clase obrera, de acuerdo con la Constitución, goza de mayores derechos que los campesinos, y los explotadores quedan completamente privados de derechos, ha quedado consignado que hemos realizado la dominación de nuestra clase, con lo cual ligamos a nosotros a los trabajadores de todos los sectores y de todos los pequeños grupos.

p Los propietarios pequeñoburgueses están diseminados; los que poseen más son enemigos de los que poseen menos, y los proletarios, al abolir la propiedad, les declaran una guerra abierta. Hay aún mucha gente inconsciente, ignorante, que sostiene enteramente la libertad de comercio sin límite, pero que, al ver la disciplina, la abnegación para lograr la victoria sobre los explotadores, no puede hacer la guerra, no está con nosotros, pero es impotente para intervenir contra nosotros. Solamente la dominación de clase es lo que define la relación de la propiedad, así como la cuestión cíe qué clase está encumbrada. El que liga la cuestión de en qué se expresa la dominación de una clase con la cuestión del centralismo democrático, como lo advertimos con frecuencia, introduce una confusión tal que ningún trabajo eficaz es posible sobre esta base. La condición fundamental es claridad en la propaganda y agitación. Si nuestros enemigos han dicho y reconocido que hemos hecho milagros en el desarrollo de la agitación y propaganda, hay que comprenderlo no en su aspecto exterior, es decir, que hemos tenido numerosos agitadores y que gastamos mucho papel, sino que hay que comprenderlo en el sentido interior, o sea, que aquella verdad contenida en esta agitación ha penetrado en la cabeza de todo el mundo. Y no se puede esquivar esta verdad.

p Al sucederse mutuamente, las clases cambiaron su actitud frente a la propiedad. La burguesía, al remplazar al feudalismo, modificó su actitud trente a la propiedad. La Constitución burguesa dice: "El eme posee propiedad es igual al indigente.” Era ésta la libertad de la burguesía. Esta “igualdad” aseguraba en el Estado la dominación de la clase capitalista. Pues bien, ¿creéis que cuando la burguesía sucedió al feudalismo confundió el Estado con la administración? No, los burgueses no eran tan tontos; ellos 341 decían: para administrar se necesitan hombres que sepan hacerlo; tomemos, pues, a los feudales y reeduquémoslos. Y así lo hicieron. ¿Era un error? No, camaradas, el arte de gobernar no cae del cielo ni lo otorga el Espíritu Santo, y porque una clase determinada sea una clase avanzada no por ello adquiere de golpe y porrazo el arte de gobernar. Lo vemos en el ejemplo citado: mientras la burguesía triunfaba, contrataba para la administración a gente de la otra clase, de la feudal. Y no podía encontrarla en ningún otro sitio. Hay que mirar las cosas con serenidad: la burguesía reclutaba elementos de la clase precedente; y nuestra tarea actual es la misma: saber tomar, someter, aprovechar los conocimientos, la preparación de la clase que nos precedió y utilizarlos para el triunfo de nuestra clase. Por eso decimos que la clase victoriosa debe estar madura y la madurez no se prueba por medio de un documento o una cédula, sino por la experiencia, por la práctica.

p Los burgueses vencieron sin saber gobernar y aseguraron su victoria con la declaración de una nueva carta constitucional, con el reclutamiento y selección de administradores del seno de su clase y empezaron a aprender, aprovechando a los administradores de la clase que les había precedido y enseñando a los suyos, a los nuevos, el arte de administrar. Con este objeto la burguesía puso en marcha todo el aparato estatal, secuestró las instituciones feudales, abrió escuelas para los ricos, preparando así, durantelargos años, durante decenios, a los administradores reclinados entre su propia clase. Hoy, en un Estado organizado a imagen y semejanza de la clase dominante, es preciso proceder como procedieron todos los Estados. Si no queremos colocarnos en las posiciones del utopismo puro y de la fraseología huera, debemos decir que hay que tener en cuenta la experiencia de los años anteriores, que tenemos que asegurar la Ley Fundamental conquistada por la revolución, pero que para las tareas administrativas, para el aparato del Estado, debemos tener hombres que posean la técnica de la administración, que tengan experiencia de la administración estatal y económica, y estos hombres no podemos sacarlos más que del seno de la clase que nos ha precedido.

p Los razonamientos sobre la dirección colectiva están con harta frecuencia totalmente impregnados del espíritu de la más crasa ignorancia, del espíritu cíe odio a los especialistas. Y con este espíritu no se puede triunfar. Para obtener la victoria es preciso comprender en toda su profundidad la historia del viejo inundo burgués, y para construir el comunismo es necesario tomar la técnica y la ciencia y ponerlas al servicio de medios más amplios; pero la ciencia y la técnica sólo podemos tomarlas de la burguesía. Hay que hacer resaltar esta cuestión básica entre las tareas 342 fundamentales de la construcción económica. Nosotros debemos administrar con ayuda de hombres salidos de la clase que hemos derrocado, hombres impregnados de los prejuicios de su clase y que nosotros debemos reeducar. Al mismo tiempo tenemos que reclutar a nuestros administradores en el seno de nuestra clase. Debemos emplear todo el aparato del Estado para que los establecimientos de enseñanza, la instrucción extraescolar, la preparación práctica, todo esto vaya, bajo la dirección de comunistas, en beneficio de los proletarios, de los obreros, de los campesinos trabajadores.

p Sólo así podremos hacer que las cosas marchen. Después de nuestros dos años de experiencia no podemos razonar como si fuera la primera vez que nos ponemos a construir el socialismo. Hemos cometido bastantes tonterías durante el período del Smolny ^^123^^ y el que le siguió inmediatamente. No hay en ello nada reprobable. ¿Cómo podíamos tener experiencia, si era la primera vez que acometíamos esta nueva empresa? Ensayamos esto y lo otro. Seguimos la corriente, pues era imposible discernir entre lo acertado y lo erróneo. Para ello hacía falta tiempo. Eso ha quedado ahora en el pasado inmediato, del que hemos salido. Este pasado, en el cual reinaban el caos y el entusiasmo, ya no volverá. El documento de este pasado es la paz de Brest. Este es un documento histórico, más aún: es un período histórico. La paz de Brest nos fue impuesta porque éramos impotentes en todos los dominios. ¿Qué representaba ese período? Un período de impotencia del que salimos triunfantes. Un período de dirección colectiva absoluta. No es posible excluir este hecho histórico cuando se dice que la dirección colectiva es una escuela de administración. ¡No se puede estar siempre en la clase preparatoria de la escuela! (Aplausos.) Esto no puede ser. Ahora somos adultos, y nos zurrarán en todos los terrenos si procedemos como escolares. Hay que avanzar. Es preciso progresar y progresar con energía, con unidad de voluntad. Los sindicatos tendrán que superar enormes dificultades. Es necesario conseguir que asimilen esa tarea en el espíritu de lucha contra los residuos del cacareado democratismo. Todas estas vociferaciones sobre las designaciones, toda esta antigualla nociva, que se recoge en diferentes resoluciones y conversaciones, debe ser barrida. De lo contrario no podremos obtener la victoria. Si no hemos asimilado esta lección en los dos años transcurridos, quiere decir que estamos atrasados, y los atrasados serán batidos.

p La tarea es sumamente difícil. Nuestros sindicatos han prestado una gigantesca ayuda en la obra de estructurar el Estado proletario. Han constituido el eslabón que ligaba al partido con los 343 millones de hombres de las masas ignorantes. No vayamos a jugar al escondite: los sindicatos han cargado sobre sus hombros toda la lucha contra nuestros males cuando hubo que ayudar al Estado en la cuestión de los víveres. ¿No fue ésa una tarea inmensa? Hace poco ha aparecido el Boletín de ia Dirección Central de Estndística{M. Trae el resumen de datos hecho por estadísticos que en absoluto pueden ser sospechosos de bolchevismo. Hay entre esos datos dos cifras interesantes: en 1918 y 1919, los obreros de las provincias consumidoras recibían 7 puds anuales de trigo, mientras los campesinos de las provincias productoras consumían 17 puds por año. Antes de la guerra estos últimos consumían 16 puds anualmente. He aquí dos cifras que demuestran la correlación de las clases en la lucha por el abastecimiento. El proletariado ha seguido haciendo sacrificios. ¡Se le recrimina la violencia! Pero con sus inmensos sacrificios el proletariado ha justificado y legitimado la violencia, ha demostrado lo acertado de recurrir a ella. La mayoría de la población, los campesinos de las provincias productoras de nuestra Rusia hambrienta y arruinada, han comido por vez primera mejor que durante siglos bajo la Rusia zarista, capitalista. Y nosotros diremos que las masas sufrirán hambre mientras el Ejército Rojo no triunfe. Era preciso que la vanguardia de la clase obrera hiciese este sacrificio. Ya se ha forjado en la escuela de esta lucha; una vez cursada, debemos seguir adelante. Ahora es preciso dar este paso cueste lo que cueste. Los viejos sindicatos, lo mismo que todos los sindicatos, tienen su historia y su pasado. En ese pasado han sido órganos de resistencia contra aquel que oprimía el trabajo, contra el capitalismo. Pero cuando la clase obrera se ha transformado en gobernante y cuando ahora tiene que hacer grandes sacrificios, morir y sufrir hambre, la situación ha cambiado.

p No todos comprenden este cambio ni penetran en su significación. Pero aquí vienen en nuestra ayuda algunos mencheviques y eseristas, los cuales exigen que se sustituya la dirección unipersonal por la colectiva. ¡Perdonad, camaradas, pero no caerá esa breva! Ya hemos perdido la costumbre. Tenemos ahora que resolver un problema muy complicado: después de haber triunfado en el frente cruento hace falta vencer en el frente incruento. Esta es una guerra más difícil. Este es el frente más duro. Lo decimos con toda franqueza a los obreros conscientes. A la guerra que hemos sostenido en el frente debe seguir una guerra incruenta. Surge una situación en la que cuanto mayores han sido nuestros triunfos, tanto mayor ha sido el número de regiones como las de Siberia, Ucrania y Kubán. En esas regiones no hay proletarios, sino campesinos ricos: y aun cuando hay un proletariado, está 344 corrompido por las costumbres pequeñoburguesas. Y nosotros sabemos que todo aquel que posee allí un trozo de tierra dice: "Me importa un comino el gobierno. Sacaré lo que se me antoje al que tenga hambre, y el gobierno me importa un bledo.” La Entente va a ayudar ahora al campesino especulador que, entregado a Denikin, había vacilado hacia nuestro lado. La guerra ha cambiado de frente y ha mudado de formas. Ahora la Entente lucha contra nosotros por medio del comercio, de la pequeña especulación, que ha hecho internacional. Las tesis del (amarada Kámenev, publicadas en Izvestia del = CC^^125^^, expresan plenamente los principios generales en esta cuestión. Ellos pretenden internacionalizar la pequeña especulación. Pretenden convertir la construcción económica pacífica en una descomposición pacífica del Poder de los Soviets. ¡Perdonen, señores imperialistas, nosotros estamos alerta! Decimos: hemos hecho la guerra y hemos vencido y, por tanto, continuamos manteniendo la consigna principal que nos ayudó a obtener la victoria; la mantenemos enteramente y la trasladamos al terreno del trabajo, a saber: la consigna de firmeza y unidad de voluntad del proletariado. Es preciso terminar con los viejos prejuicios, con las viejas costumbres que restan.

Para concluir puedo detenerme en el folleto del camarada Gúsev, el cual, a mi entender, merece atención por dos motivos: es un folleto bueno no sólo desde el punto de vista formal, no sólo por haber sido escrito para nuestro congreso. Hasta ahora estábamos acostumbrados todos, no sé por qué, a escribir resoluciones. Se dice que todos los géneros de literatura son buenos, menos los fastidiosos. Creo que las resoluciones deben estar comprendidas entre la literatura fastidiosa. Sería mucho mejor si, tomando el ejemplo del camarada Gúsev, escribiéramos menos resoluciones y más folletos, aunque contuvieran mil errores como los que abundan en su folleto. Mas, a pesar de esos errores, vale más este folleto porque concentra su atención en el plan económico fundamental de restauración de la industria y de la producción de todo el país, porque lo subordina todo al plan económico fundamental. El CC ha introducido en las tesis que han sido distribuidas hoy todo un apartado de las tesis del camarada Gúsev. Con el concurso de especialistas, podemos elaborar con mayores detalles aún este plan económico fundamental. Debemos recordar que este plan ha sido calculado para muchos años. No prometemos liberar en el acto al país del hambre. Nosotros decimos que la lucha será más difícil que en el campo de batalla, pero que esa lucha nos interesa más, que aborda más de cerca nuestras tareas verdaderas, fundamentales. Esa lucha reclama la máxima tensión de fuerzas, exige esa unidad de voluntad de que 345 dimos pruebas antes y que debemos demostrar en el presente. Si logramos resolver este problema, nuestra victoria no será menor en el frente incruento que en el frente de la guerra civil.

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(Aplausos.)

p Publicado el 30 y el 31 de marzo de 1920 en los núms. 69 \ 70 de “Pravdn”.

p I. 40, págs. 237-257.

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Notes