649
2
DISCURSO EN DEFENSA DE LA TÁCTICA
DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA
1 DE JULIO
 

p Camaradas: Lamento mucho tener que limitarme a la autodefensa. (Risas.) Digo que lo lamento mucho porque, después de conocer el discurso del camarada Terracini y las enmiendas presentadas por tres delegaciones, siento gran deseo de pasar a la ofensiva, pues contra las opiniones defendidas por Terracini y estas tres delegaciones hacen falta, en realidad, acciones ofensivas. Si el congreso no despliega una enérgica ofensiva contra estos errores, contra estas necedades “izquierdistas”, todo el movimiento estará condenado a perecer. Tal es mi profunda convicción. Pero nosotros somos marxistas organizados y disciplinados. No podemos conformarnos con discursos contra determinados camaradas. A los rusos, estas frases izquierdistas nos causan ya náuseas. Somos hombres de organización. Al elaborar nuestros planes, debemos actuar organizados y esforzarnos por encontrar una línea certera. Naturalmente, para nadie es un secreto que nuestras tesis son un compromiso. Pero ¿por qué no ha de ser así? Entre los comunistas, que convocan ya el tercer congreso y han establecido principios básicos bien definidos, los compromisos, en determinadas condiciones, son necesarios. Nuestras tesis, propuestas por la delegación rusa, han sido estudiadas y preparadas con la mayor meticulosidad tras largas reflexiones y deliberaciones con las diferentes delegaciones. Su finalidad es trazar la línea fundamental de la Internacional Comunista, y estas tesis son necesarias sobre todo ahora, después de que no sólo hemos condenado en el aspecto formal a los verdaderos centristas, sino que los hemos expulsado del partido. Tales son los hechos. Debo defender estas tesis. Y cuando ahora sale Terracini diciendo que debemos proseguir la 650 lucha contra los centristas, y luego expone cómo proponen desplegar esta lucha, yo digo que si estas enmiendas deben implicar una determinada tendencia, es necesario combatirla sin piedad, porque, de lo contrario, no habrá comunismo ni Internacional Comunista. A mí me extraña que el Partido Comunista Obrero Alemán’^^201^^ no haya suscrito estas enmiendas. (Risas.) Pues basta ver lo que defiende Terracini y lo que se dice en estas enmiendas. Comienzan así: "En la página primera, columna primera, renglón 19, hay que tachar: "La mayoría..."" ¡La mayoría! ¡Esto es peligrosísimo! (Risas.) Y más adelante. En lugar de las palabras "principios fundamentales”, hay que decir “objetivos”. Los principios fundamentales y los objetivos son dos tosas distintas: en cuanto a los objetivos, estarán de acuerdo con nosotros hasta los anarquistas, porque también ellos son partidarios de abolir la explotación y las diferencias de las clases.

p A lo largo de mi vida he topado y he hablado con pocos anarquistas, pero he visto, así y todo, a bastantes. A veces he conseguido ponerme de acuerdo con ellos en cuanto a los objetivos, pero jamás en cuanto a los principios. Los principios no son el objetivo, ni el programa, ni la táctica, ni la teoría. La táctica y la teoría no son los principios. ¿Qué nos diferencia de los anarquistas en el sentido de los principios? Los principios del comunismo consisten en el establecimiento de la dictadura del proletariado y en el empleo de la coacción por el Estado durante el período de transición. Tales son los principios del comunismo, pero eso no es el objetivo. Y los camaradas que han hecho semejante propuesta han incurrido en un error.

p Segundo, allí se dice: "Hay que tachar la palabra "mayoría"”. Leamos todo el texto.

p “El III Congreso de la Internacional Comunista emprende la revisión de problemas de táctica en momentos en que en diversos países la situación objetiva ha exacerbado en el sentido revolucionario y en que. se ha organizado toda u serie de partidos comunistas de masas, que, por cierto, en ninguna parte h tomado en sus manos la dirección efectiva de la mayoría de la clase obrera en huha revolucionaria real."

p Pues bien, quieren tachar la palabra "mayoría”. Si no podemos ponernos de acuerdo en cosas tan sencillas, no comprendo cómo podemos actuar juntos y conducir al proletariado hacia la victoria. Entonces no es de extrañar que tampoco podamos llegar a un acuerdo en cuanto a los principios. Mostradme un partido que haya conseguido ya la mayoría de la clase obrera. Terracini no ha pensado siquiera en citar un ejemplo. Semejante ejemplo no existe.

651

p Así pues: en lugar de “principios”, poner la palabra " objetivos" y tachar la palabra "mayoría”. ¡Muchas gracias! No lo aceptaremos. Ni siquiera el partido alemán—uno de los mejores—cuenta con la mayoría de la clase obrera. Esto es un hecho. Nosotros, que nos encontramos ante la lucha más dura, no tememos proclamar esta verdad; pero aquí hay tres delegaciones que quieren comenzar por lo que no es verdad, porque si el congreso tachara la palabra "mayoría”, demostraría con ello que quiere lo que no es verdad. Esto es clarísimo.

p Sigue después esta enmienda: "En la página 4, columna primera, renglón 10, "hay que tachar" las palabras "Carta abierta"^^205^^, etc.” He oído hoy un discurso en el que se ha expresado el mismo pensamiento. Pero allí eso era completamente natural. Se trataba del discurso del camarada Hempel, miembro del Partido Comunista Obrero Alemán. Decía: "La "Carta abierta" ha sido un acto de oportunismo”. Con harto pesar mío y para mi mayor vergüenza, había escuchado ya semejante opinión en conversaciones particulares. Pero cuando en el congreso, después de debates tan prolongados, se califica de oportunista la "Carta abierta”, ¡esto es un bochorno y un oprobio! Pues bien, aparece el camarada Terracini, en nombre de tres delegaciones, y pretende tachar las palabras "Carta abierta”. ¿Para qué, entonces, la lucha contra el Partido Comunista Obrero Alemán? La "Carta abierta" es un paso político ejemplar. Así está dicho en nuestras tesis. Y debemos defender sin falta este criterio. Esa carta es ejemplar como primer acto del método práctico de atraer a la mayoría de la clase obrera. Quien no comprenda que en Europa—donde casi todos los proletarios están organizados—debemos conquistar a la mayoría de la clase obrera, está perdido para el movimiento comunista, jamás aprenderá nada si en tres años de gran revolución aún no ha aprendido esto.

p Terracini dice que en Rusia hemos vencido a pesar de que el partido era muy pequeño. Está descontento de que, con respecto a Checoslovaquia, se diga lo que se dice en las tesis. Hay aquí 27 enmiendas, y si se me ocurriese criticarlas, tendría que hablar no menos de tres horas, como lo han hecho algunos oradores... Aquí se ha dicho que el Partido Comunista tiene en Checoslovaquia de 300.000 a 400.000 afiliados, que es necesario atraer a la mayoría, crear una fuerza invencible y continuar conquistando nuevas masas obreras. Terracini ya está dispuesto a lanzarse al ataque y dice: Si el partido tiene ya 400.000 obreros, ¿para qué queremos más? ¡Tachar! (Risas.) Teme la palabra “masas” y quiere hacerla desaparecer. El camarada Terracini ha comprendido muy poco de la revolución rusa.

652

p En Rusia éramos un partido pequeño, pero con nosotios estaba, además, la mayoría de los Soviets de diputados obreros y campesinos de todo el país. (Una voz: "¡Es cierto!”) ¿Es qué ocurre eso en vuestro país? Con nosotros estaba casi la mitad del ejército, que contaba entonces, por lo menos, con diez millones de hombres. /Acaso a vosotros os sigue la mayoría del ejército? ¡Indicadme un solo país! Si estas opiniones del camarada Terracini son compartidas por tres delegaciones más, ¡entonces no todo marcha bien dentro de la Internacional! Entonces debemos decir: "¡Alto! ¡Lucha enérgica! De lo contrario, perecerá la Internacional Comunista”. (Animación en la sala.)

p Basándome en mi experiencia, debo decir, aunque adopto una postura defensiva (risas), que el objetivo y el principio de mi discurso es la defensa de la resolución y de las tesis propuestas por nuestra delegación. Naturalmente, sería pedantería afirmar que en ellas no se puede cambiar ni una letra. He tenido que leer no pocas resoluciones y sé muy bien que en cada renglón se podrían hacer excelentes enmiendas. Pero esto sería pedantería. Y si ahora, no obstante, afirmo que en el sentido político no se puede cambiar ni una letra, es porque las enmiendas presentan, como veo, un carácter político perfectamente definido, porque conducen a un camino nocivo y peligroso para la Internacional Comunista. Por eso, yo y todos nosotros, y la delegación rusa, debemos insistir en que no se cambie en las tesis ni una letra. No sólo hemos condenado a nuestros elementos derechistas, sino que los hemos expulsado. Pero si la lucha contra los derechistas se convierte en un deporte, como lo hace Terracini, debemos decir: "¡Basta! ¡De lo contrario, el peligro será demasiado grave!"

p Terracini ha defendido la teoría de la lucha ofensiva. Las decantadas enmiendas proponen a este respecto una formula que ocupa dos o tres páginas. No hay necesidad de leerlas. Sabemos lo que allí está escrito. Terracini ha dicho con claridad meridiana cuál es el quid de la cuestión. Ha defendido la teoría de la ofensiva, hablando de "tendencias dinámicas" y del "tránsito de la pasividad a la actividad”. En Rusia tenemos ya bastante experiencia política de lucha contra los centristas. Hace ya quince años que luchamos contra nuestros oportunistas y centristas, así como contra los mencheviques, y alcanzamos la victoria no sólo sobre los mencheviques, sino también sobre los semianarquistas.

p Si no hubiésemos hecho eso, no habríamos podido mantener el poder en nuestras manos, no ya tres años y medio, sino ni siquiera tres semanas y media, y no habríamos podido convocar aquí congresos comunistas. Las "tendencias dinámicas" y el "tránsito de la pasividad a la actividad" no son sino frases que pusieron en 653 juego contra nosotros los eseristas de izquierda. Ahora éstos se hallan en la cárcel, defendiendo allí los "objetivos del comunismo" y pensando en el "tránsito de la pasividad a la actividad”. (Risas.) No es posible argumentar como se argumenta en las enmiendas propuestas, porque en ellas no hay marxismo, ni experiencia política, ni argumentación. ¿Acaso en nuestras tesis hemos desarrollado la teoría general de la ofensiva revolucionaria? ¿Acaso Rádek o alguno de nosotros ha cometido semejante tontería? Hemos hablado de la teoría de la ofensiva con relación a un país y a un período muy concretos.

p De nuestra lucha contra los mencheviques podemos citar casos demostrativos de que ya antes de la primera revolución había quienes dudaban de que el partido revolucionario debiera pasar a la ofensiva. Si un socialdemócrata—entonces todos nos llamábamos así—tenía tales dudas, emprendíamos la lucha contra él y decíamos que era un oportunista, que nada comprendía del marxismo ni de la dialéctica del partido revolucionario. ¿Acaso el partido puede discutir si es admisible o no, en general, la ofensiva revolucionaria? En nuestro país, para encontrar ejemplos así, debemos retornar a quince años atrás. Si aparece un centrista de ésos o un centrista embozado que pone en tela de juicio la teoría de la ofensiva, es preciso expulsarlo en el acto. Este problema no puede ser motivo de discusión. Pero es una vergüenza y un oprobio que ahora, a los tres años de Internacional Comunista, sigamos discutiendo de las "tendencias dinámicas" y del "tránsito de la pasividad a la actividad".

p Nosotros no discutimos de esto con el camarada Rádek, que ha redactado con nosotros estas tesis. Tal vez. no haya sido acertado del todo iniciar en Alemania las divagaciones sobre la teoríade la ofensiva revolucionaria, cuando no estaba preparada una verdadera ofensiva. No obstante, el movimiento de marzo es un gran paso adelante, a pesar de los errores de sus dirigentes^^2^^’"’. Pero esto no quiere decir nada. Cientos de miles de obreros han luchado con heroísmo. Por mucho que haya sido el valor con que el Partido Comunista Obrero Alemán ha luchado contra la burguesía, debemos decir lo mismo que dijo el camarada Rádek en un artículo publicado en la prensa rusa, refiriéndose a Hólz. Si alguien, aunque sea anarquista, lucha heroicamente contra la burguesía, esto, claro está, es una gran cosa; pero si cientos de miles de hombres luchan contra la infame provocación de los socialtraidores y contra la burguesía, esto es un verdadero paso adelante.

p Es muy importante tener una actitud crítica con los propios errores. Por ahí comenzamos nosotros. Si alguien, después de una lucha en la que han participado cientos de miles de personas, se 654 pronuncia contra esta lucha y procede como Levi, es preciso expulsarlo. Y esto es lo que se ha hecho. Pero de ahí debemos sacar una enseñan/a: ;Acaso hemos preparado la ofensiva? (Rádek: "No hemos preparado ni la defensa".) Sí, de la ofensiva se hablaba sólo en artículos periodísticos. Esta teoría, aplicada a la acción de marzo de 1921 en Alemania, ha sido errónea—debemos reconocerlo—; pero, en general, la teoría de la ofensiva revolucionaria no es falsa, ni mucho menos.

p Vencimos en Rusia, y además con gran facilidad, porque preparamos nuestra revolución durante la guerra imperialista. Esta fue la primera condición. En nuestro país estaban armados diez millones de obreros y campesinos, y nuestra consigna era: pa/. inmediata a toda costa. Vencimos porque las grandes masas campesinas estaban animadas de un espíritu revolucionario contra los grandes terratenientes. Los socialistas-revolucionarios, partidarios de la II Internacional y de la Internacional II y media, eran en noviembre de 1917 un gran partido campesino. Exigían procedimientos revolucionarios; pero, como verdaderos héroes de la II Internacional y de la Internacional II y media, no tuvieron la suficiente valentía para actuar a lo revolucionario. En agosto y septiembre de 1917 decíamos: "Seguimos luchando en teoría contra los eseristas, pero en la práctica estamos dispuestos a adoptar su programa, porque sólo nosotros podemos aplicarlo”. Y como lo dijimos, lo hicimos. A los campesinos, que estaban contra nosotros en noviembre de 1917, después de nuestra victoria, y que enviaron una mayoría de socialistas-revolucionarios a la Asamblea Constituyente, nos los ganamos, si no en unos días—como equivocadamente supuse y predije—, en todo caso en unas semanas. La diferencia no es grande. Indicadme en Europa un país donde podáis atraer a vuestro lado a la mayoría de los campesinos en unas cuantas semanas. ¿Acaso en Italia? (Risas.) Si se dice que vencimos en Rusia, a pesar de que teníamos un partido pequeño, lo único que se demuestra con eso es que no se ha comprendido la revolución rusa y que no se comprende en absoluto cómo hay que preparar la revolución.

p Nuestro primer paso fue la creación de un verdadero Partido Comunista para saber con quién hablábamos y en quién podíamos tener plena confianza. La consigna del 1 y del II congresos fue: "¡Abajo los centristas!" Si no rompemos en toda la línea y en todo el mundo con los centristas y semicentristas, que en Rusia llamamos mencheviques, no podemos aprender ni siquiera el abecé del comunismo. Nuestra primera tarea es crear un partido revolucionario de verdad y romper con los mencheviques. Pero esto no es más que el grado preparatorio. Estamos celebrando ya el III Congreso, y el (amarada Terracini sigue insistiendo en que la tarea del grado 655 preparatorio consiste en expulsar, perseguir y desenmascarar a los centristas y semicentristas. ¡Muy agradecido! Ya nos hemos ocupado bastante de eso. En el II Congreso dijimos ya que los centristas son nuestros enemigos. Pero hay que seguir adelante. La segunda fase consistirá en aprender a preparar la revolución después de organizamos en partido. En muchos países ni siquiera hemos aprendido a hacernos con la dirección. Vencimos en Rusia porque tuvimos a nuestro lado no sólo a la mayoría indudable de la clase obrera (en 1917, durante las elecciones, nos apoyó la aplastante mayoría de los obreros, en contra de los mencheviques), sino también porque se pasaron a nuestro lado la mitad del ejército, inmediatamente después de la conquista del poder por nosotros, y las nueve décimas partes de la masa campesina, en unas cuantas semanas; vencimos porque adoptamos y pusimos en práctica no nuestro programa agrario, sino el eserista. Nuestra victoria consistió precisamente en que aplicamos el programa eserista; por eso fue tan fácil esta victoria. ¿Acaso en vuestros países, en Occidente, cabe hacerse semejantes ilusiones? ¡Sería ridículo! ¡Comparad las condiciones económicas concretas, camarada Terracini y todos los que habéis suscrito la propuesta sobre las enmiendas! A pesar de que la mayoría se colocó con tanta rapidez a nuestro lado, fueron muy grandes las dificultades con que tropezamos después de la victoria. Sin embargo, nos abrimos paso porque no olvidábamos ni nuestros objetivos ni nuestros principios, y no consentimos la permanencia en nuestro partido de gentes que silenciaban los principios y hablaban de los objetivos, de las "tendencias dinámicas" y del "tránsito de la pasividad a la actividad”. Tal vez se nos acuse de que preferimos tener a estos señores en la cárcel. Pero de otro modo es imposible la dictadura. Debemos preparar la dictadura, mas esta preparación consiste en la lucha contra semejantes frases y semejantes enmiendas. (Risa s.) En nuestras tesis se habla a cada paso de las masas. Pero, camaradas, es preciso comprender qué son las masas. Camaradas de la izquierda, el Partido Comunista Obrero Alemán abusa demasiado de esta palabra. Pero el camarada Terracini y todos los que han suscrito estas enmiendas tampoco saben lo que se debe entender por la palabra “masas”.

p Llevo hablando demasiado tiempo; por eso, sólo quisiera decir unas palabras sobre el concepto de “masas”. El concepto de “masas” varía según cambie el carácter de la lucha. Al comienzo de la lucha bastaban varios miles de verdaderos obreros revolucionarios para que se pudiese hablar de masas. Si el partido, además de llevar a la lucha a sus militantes, consigue poner en pie a los sin partido, esto es ya el comienzo de la conquisto de las masas. Durante nuestras revoluciones hubo casos en que unos cuantos miles de obreros 656 representaban la masa. En la historia cíe nuestro movimiento, en la historia de nuestra lucha contra los mencheviques, encontraréis muchos ejemplos en que bastaban en una ciudad unos miles de obreros para hacer evidente el carácter masivo del movimiento. Si unos miles de obreros sin partido que llevan habitualmente una vida pancista y arrastran una existencia lamentable, que nunca han oído hablar de política, comienzan a actuar a lo revolucionario, ya tenéis delante a la masa. Si el movimiento se extiende e intensifica, va transformándose paulatinamente en una verdadera revolución. Esto lo vimos en 1905 y en 1917, durante las tres revoluciones, y vosotros también tendréis aún ocasión de convenceros de ello. Cuando la revolución está ya suficientemente preparada, el concepto de “masas” es otro: unos cuantos miles de obreros no constituyen ya la masa. Esta palabra comienza a significar otra cosa distinta. El concepto de masas cambia en el sentido de que por él se entiende una mayoría, y además no sólo una simple mayoría de obreros, sino la mayoría de todos los explotados. Para un revolucionario es inadmisible otro modo de concebir esto; cualquier otro sentido de esta palabra sería incomprensible. Es posible que también un pequeño partido, el inglés o el norteamericano, por ejemplo, después de estudiar bien la marcha del desarrollo político y de conocer la vida y los hábitos de las masas sin partido, suscite en un momento favorable un movimiento revolucionario (el camarada Rádek, como un buen ejemplo, ha indicado la huelga de mineros). Si un partido así presenta en semejante momento sus propias consignas y logra que le sigan millones de obreros, tendréis delante un movimiento de masas. Yo no excluyo en absoluto que la revolución pueda ser iniciada también por un partido muy pequeño y llevada hasta la victoria. Pero es preciso conocer los métodos para ganarse a las masas. Para ello es necesario preparar a fondo la revolución. Pero vemos que hay camaradas que afirman: Hace falta renunciar inmediatamente a la exigencia cié conquistar “grandes” masas. Es necesario luchar contra estos camaradas. En ningún país lograréis la victoria sin una preparación a fondo. Es suficiente un partido muy pequeño pata conducir a las masas. En determinados momentos no hay necesidad de grandes organizaciones.

p Mas para la victoria es preciso contar con la simpatía de las masas. No siempre es necesaria la mayoría absoluta; mas para la victoria, para mantener el poder, es imprescindible no sólo la mayoría de la clase obrera—empleo aquí el término "clase obrera" en el sentido euroccidental, es decir, en el sentido de proletariado industrial—, sino también la mayoría de la población rural explotada y trabajadora. ¿Habéis pensado en esto? ;Vemos en el discurso de Terracini, aunque sólo sea, una insinuación de esta idea? En él sólo 657 se habla de la "tendencia dinámica”, del "tránsito de la pasividad a la actividad”. -;Se dice en él una palabra, al menos, del problema del abastecimiento? Porque los obreros exigen alimentos, aunque pueden soportar muchas privaciones y pasar hambre, como lo hemos visto, hasta cierto grado, en Rusia. Por eso debemos atraer a nuestro lado no sólo a la mayoría de la clase obrera, sino también a la mayoría de la población rural trabajadora y explotada. ¿Habéis preparado esto? En casi ningún país.

p Así pues, repito: debo defender sin falta nuestras tesis y considero obligatoria, por mi parte, esta defensa. No sólo hemos condenado a los centristas, sino que los hemos expulsado del partido. Ahora debemos dirigir los dardos contra otra parte, que también consideramos peligrosa. Debemos decir a los camaradas la verdad de la manera más cortés (y en nuestras tesis se ha dicho con amabilidad y cortesía) para que nadie se sienta ofendido: hoy tenemos planteadas cuestiones más importantes que la de acosar a los centristas. Basta de ocuparnos de este problema. Ya estamos algo hartos de él. En lugar de eso, los c amaradas deberían aprender a sostener una verdadera lucha revolucionaria. Los obreros alemanes ya la han emprendido. Cientos de miles de proletarios se han batido con heroísmo en este país. Es necesario expulsar inmediatamente a todo el que se pronuncie contra esta lucha. Pero después de esto no hay que dedicarse a la simple palabrería, sino que es necesario comenzar inmediatamente a aprender, a aprender de los errores cometidos, la mejor manera de organizar la lucha. No debemos ocultar nuestros errores ante el enemigo. Quien tema esto, no es revolucionario. Por el contrario, si declaramos abiertamente a los obreros: "Sí, hemos cometido errores”, esto significará que en adelante no habrán de repetirse tales errores y que sabremos elegir mejor el momento. Y si durante la propia lucha se pasa a nuestro lado la mayoría de los trabajadores—no sólo la mayoría de los obreros, sino la mayoría de todos los explotados y oprimidos—, entonces venceremos de veras. (Prolongados y clamorosos aplausos.)

p I ’na in/tmniititíii peritxlnticti se publicó el !> tic ¡tilín tle 1021 en el n úm. 14-4 de "I’nivtln " V en el tn’im. l-tl tle "I^vesliti del (’,¥.(.’ de lotlti Rit.siti".

p l’ubliciulo íntegra el 8 tle julio tle 1021 en el nñni. II del "líolelín del III “(impreso <le ln 1 tttertitit ioittt! (’tininnisld ".

’!’. Í4, págs. l’.’i-.’i.’i.

* * *
 

Notes