p En su obra El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Marx hace el balance de la revolución de 1848 a 1851 y dedica el siguiente pasaje al problema del Estado, que es el que nos interesa:
p “...Pero la revolución es radical. Está pasando todavía por el purgatorio. Cumple su tarea con método. Hasta el 2 de diciembre de 1851" (día del golpe de Estado de Luis Bonaparte) "había terminado la mitad de su labor preparatoria; ahora termina la otra mitad. Lleva primero a la perfección 311 el poder parlamentario para tener la posibilidad de derrocarlo. Ahora, conseguido ya esto, lleva a la perfección el poder ejecutivo, lo reduce a su más pura expresión, lo aisla, se enfrenta con él, como único blanco contra el que debe concentrar todas sus fuerzas de destrucción" (subrayado por nosotros). "Y cuando la revolución haya llevado a cabo esta segunda parte de su labor preliminar, Europa se levantará y gritará jubilosa: ¡bien has hozado, viejo topo!
p “Este poder ejecutivo, con su inmensa organización burocrática y militar, con su compleja y artificiosa máquina del Estado, un ejército de funcionarios que suma medio millón de hombres, junto a un ejército de otro medio millón de hombres; este espantoso organismo parasitario que se ciñe como una red al cuerpo de la sociedad francesa y le tapona todos los poros, surgió en la época de la monarquía absoluta, de la decadencia del régimen feudal, que dicho organismo contribuyó a acelerar”. La primera revolución francesa desarrolló la centralización, "pero, al mismo tiempo, amplió el volumen, las atribuciones y el número de servidores del poder del gobierno. Napoleón perfeccionó esta máquina del Estado”. La monarquía legítima y la monarquía de julio "no añadieron nada más que una mayor división del trabajo...
p “...Finalmente, la república parlamentaria, en su lucha contra la revolución, viose obligada a fortalecer, junto con las medidas represivas, los medios y la centralización del poder del gobierno. Todas las revoluciones perfeccionaron esta máquina, en vez de destruirla" (subrayado por nosotros). "Los partidos que luchaban alternativamente por la dominación consideraban la toma de posesión de este inmenso edificio del Estado como el botín principal del vencedor" " (El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, págs. 98-99, 4 a ed., Hamburgo, 1907) in.
p En este notable pasaje, el marxismo da un gigantesco paso adelante en comparación con el Manifiesto Comunista. Allí, la cuestión del Estado se planteaba todavía de un modo abstracto en extremo, usando las nociones y expresiones más generales. Aquí se plantea de un modo concreto, y la conclusión a que se llega es exacta y precisa en grado superlativo, prácticamente tangible: todas las revoluciones anteriores perfeccionaron la máquina del Estado, pero lo que hace falta es romperla, destruirla.
p Esta conclusión es lo principal, lo fundamental, en la teoría del marxismo acerca del Estado. Y precisamente esto fundamental es lo que han olvidado por completo los partidos socialdemócratas oficiales 312 imperantes y ha tergiversado a todas luces (como veremos más adelante) C. Kautsky, el teórico más destacado de la II Internacional.
p En el Manifiesto Comunista se resumen los resultados generales de la historia, que obligan a ver en el Estado un órgano de dominación de clase y llevan a la conclusión inevitable de que el proletariado no puede derrotar a la burguesía si no conquista primero el poder político, si no logra la dominación política, si no transforma el Estado en "el proletariado organizado como clase dominante”; a la conclusión de que este Estado proletario comienza a extinguirse inmediatamente después de triunfar, pues en una sociedad sin contradicciones de clase el Estado es innecesario e imposible. Pero aquí no se plantea cómo deberá realizarse—desde el punto de vista del desarrollo histórico—esta sustitución del Estado burgués con el Estado proletario.
p Este problema es precisamente el que plantea y resuelve Marx en 1852. Fiel a su filosofía del materialismo dialéctico, toma como básela experiencia histórica de los grandes años de la revolución: de 1848 a 1851. En este caso, como siempre, la doctrina de Marx es un resumen de la experiencia alumbrado por una profunda concepción filosófica del mundo y por un rico conocimiento de la historia.
p El problema del Estado se plantea de una manera concreta: ¿cómo ha surgido históricamente el Estado burgués, la máquina estatal que necesita la burguesía?, ¿cuáles han sido sus cambios y su evolución en el transcurso de las revoluciones burguesas y ante las acciones independientes de las clases oprimidas?, ¿cuáles son las tareas del proletariado en lo que atañe a esta máquina del Estado?
p El poder estatal centralizado, propio de la sociedad burguesa, surgió en la época de la caída del absolutismo. Dos son las instituciones más típicas de esta máquina estatal: la burocracia y el ejército permanente. En las obras de Marx y Engels se habla reiteradas veces de los miles de hilos que unen estas instituciones precisamente con la burguesía. La experiencia de cada obrero revela esa unión de un modo extraordinariamente palmario e impresionante. La clase obrera aprende en su propia carne a conocer estos vínculos. Por eso capta con tanta facilidad y asimila tan bien la ciencia del carácter inevitable cíe esos vínculos, ciencia que los demócratas pequeñoburgueses niegan por ignorancia y por frivolidad, o reconocen "en general”, de un modo todavía más frivolo, olvidándose de sacar las conclusiones prácticas correspondientes.
p La burocracia y el ejército permanente son un "parásito" adherido al cuerpo de la sociedad burguesa, un parásito engendrado por las contradicciones internas que desgarran a. esta sociedad; pero, precisamente, un parásito que “tapona” los poros vitales. El oportunismo kautskiano, que impera hoy en la socialdemocracia 313 oficial, considera patrimonio especial y exclusivo del anarquismo la idea del Estado como un organismo parasitario. Por supuesto, esta adulteración del marxismo es ventajosa sobremanera para los filisteos que han llevado el socialismo a la ignominia inaudita de justificar y embellecer la guerra imperialista, aplicándole el concepto de "defensa de la patria”; pero es, a pesar de todo, una tergiversación indiscutible.
p Esta máquina burocrática y militar se desarrolla, perfecciona y afianza a través de las numerosísimas revoluciones burguesas que ha conocido Europa desde ¡a caída del feudalismo. En particular, precisamente la pequeña burguesía es atraída por la gran burguesía y sometida a ella en grado considerable gracias a esta máquina, que proporciona a los sectores superiores de los campesinos, de los pequeños artesanos, de los comerciantes, etc., puestos relativamente cómodos, tranquilos y honorables, los cuales colocan a sus poseedores por encima del pueblo. Observen lo ocurrido en Rusia durante el meclio año transcurrido desde el 27 de febrero de 1917: los cargos burocráticos, que antes se adjudicaban preferentemente a los ultrarreaccionarios, se han convertido en botín de democonstitucionalistas, mencheviques y eseristas. En el fondo, no se pensaba en reformas serias, esforzándose por demorarlas "hasta la Asamblea Constituyente”, y aplazando poco a poco la Asamblea Constituyente ¡hasta el final de la guerra! ¡Pero para repartirse el botín, para ocupar los puestos de ministros, viceministros, gobernadores generales, etc., etc., no se han dado largas ni se ha esperado a ninguna Asamblea Constituyente! En el fondo, el juego de las combinaciones para formar gobierno ha sido únicamente la expresión del reparto y redistribución del "botín”, de arriba abajo, en todo el país, en toda la administración central y local. El balance, un balance objetivo, del medio año comprendido entre el 27 de febrero y el 27 de agosto de 1917 es indiscutible: se han aplazado las reformas, se han repartido los puestos burocráticos y se han corregido, mediante algunos reajustes, los “errores” cometidos en el reparto.
p Pero cuanto más frecuentes son estos “reajustes” del aparato burocrático entre los distintos partidos burgueses y pequeñoburgueses (entre los dernoconstitucionalistas, eseristas y mencheviques, si nos atenemos al ejemplo ruso), tanto más evidente es para las clases oprimidas y para el proletariado que las encabeza su oposición inconciliable a toda la sociedad burguesa. De ahí la necesidad para todos los partidos burgueses, incluyendo a los más democráticos y "democráticos revolucionarios”, de intensificar la represión contra el proletariado revolucionario, de fortalecer el aparato represivo, es decir, la misma máquina del Estado. Este desarrollo de los acontecimientos obliga a la revolución a " concentrar todas las fuerzas de 314 destrucción" contra el poder estatal, la obliga a señalarse el objetivo no de perfeccionar la máquina del Estado, sino de destruirla, de aniquilarla.
p No fue el razonamiento lógico, sino el desarrollo efectivo de los acontecimientos, la experiencia viva de los años de 1848 a 1851, lo que condujo a este planteamiento del problema. Una prueba de la rigurosidad con que Marx se atiene a los hechos de la experiencia histórica es que en 1852 no plantea aún el problema concreto de c o n qué sustituir la máquina del Estado que ha de ser destruida. La experiencia no había proporcionado todavía materiales para esta cuestión, que la historia puso a la orden del día más tarde, en 1871. Obrando con la exactitud del investigador naturalista, en 1852 sólo podía registrarse una cosa: que la revolución proletaria se había acercado de lleno a la tarea de "concentrar todas las fuerzas de destrucción" contra el poder estatal, a la tarea de “romper” la máquina del Estado.
p Puede preguntarse a este respecto: ¿Es justo generalizar la experiencia, las observaciones y las conclusiones de Marx, trasplantándolas más allá de los límites de la historia de Francia durante los tres años comprendidos entre 1848 y 1851? Para analizar esta pregunta, comenzaremos por recordar una observación de Engels y pasaremos luego a los hechos.
p “...Francia—escribía Engels en el prólogo a la tercera edición de El Dieciocho Brumario—es el país en el que las luchas históricas de clases se han llevado siempre a su término decisivo más que en ningún otro sitio y donde, por tanto, las formas políticas sucesivas dentro de las que se han movido estas luchas de clases, y en las que han encontrado su expresión los resultados de las mismas, adquieren también los contornos más acusados. Centro del feudalismo en la Edad Media y país modelo de la monarquía unitaria estamental desde el Renacimiento, Francia pulverizó al feudalismo en la gran revolución e instauró la dominación pura de la burguesía en una forma clásica como ningún otro país de Europa. También la lucha del proletariado, cada vez más vigoroso, contra la burguesía dominante reviste aquí una forma violenta, desconocida en otras partes" (pág. 4, ed. de 1907).
p La última observación ha quedado anticuada, por cuanto a partir de 1871 se observa una interrupción en la lucha revolucionaria del proletariado francés, si bien esta interrupción,por mucho que dure, no excluye en modo alguno la posibilidad de que, en la futura 315 revolución proletaria, Francia se revele como el país clásico de la lucha de clases hasta su término decisivo.
p Pero echemos un vistazo general a la historia de los países adelantados a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Veremos que se desarrolla el mismo proceso, aunque de un modo más lento, más variado, y en un campo de acción mucho más extenso: de una parte, la formación del "poder parlamentario" lo mismo en los países republicanos (Francia, Norteamérica, Suiza) que en los monárquicos (Inglaterra, Alemania hasta cierto punto, Italia, los países escandinavos, etc.); de otra parte, la lucha por el poder entre los distintos partidos burgueses y pequeñoburgueses, que se reparten y redistribuyen el "botín" de los puestos burocráticos, dejando intactas las bases del régimen burgués; y, por último, el perfeccionamiento y la vigorización del "poder ejecutivo”, de su máquina burocrática y militar.
p Está fuera de toda duda que ésos son los rasgos generales que caracterizan la evolución moderna de los Estados capitalistas en general. En el transcurso de tres años, de 1848 a 1851, Francia mostró en una forma rápida, tajante y concentrada los procesos de desarrollo propios de todo el mundo capitalista.
p Y, en particular, el imperialismo, la época del capital bancario, la época de los gigantescos monopolios capitalistas, la época de la transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado, patentiza un fortalecimiento extraordinario de la "máquina estatal”, un desarrollo inaudito de su aparato burocrático y militar, con motivo de haber aumentado las represalias contra el proletariado, tanto en los países monárquicos como en los países republicanos más libres.
p Es indudable que, en la actualidad, la historia del mundo conduce en proporciones incomparablemente más amplias que en 1852 a "la concentración de todas las fuerzas" de la revolución proletaria para “destruir” la máquina del Estado,
¿Con qué sustituirá el proletariado esta máquina? La Comuna de París nos proporciona, a este respecto, datos instructivos en extremo.
Notes