p En su obra sobre el problema de la vivienda (1872), Engels tiene ya en cuenta la experiencia de la Comuna y analiza en varias ocasiones las tareas de la revolución respecto al Estado. Es interesante ver cómo se manifiestan al abordar un tema concreto, de una parte, los rasgos semejantes del Estado proletario y el Estado actual—rasgos que permiten hablar de Estado en ambos casos—, y, de otra parte, los rasgos diferenciales o el paso a la destrucción del Estado.
p “¿Cómo, pues, resolver el problema de la vivienda? En la sociedad actual se resuelve exactamente lo mismo que otro problema social cualquiera: por la nivelación económica 335 gradual de la oferta y la demanda, solución que reproduce constantemente el problema y que, por tanto, no es tal solución. La forma en que una revolución social resolvería este problema no depende solamente de las circunstancias de tiempo y lugar, sino que, además, se relaciona con cuestiones de mucho mayor alcance, entre las cuales figura, como una de las más esenciales, la supresión del contraste entre la ciudad-y el campo. Como nosotros no nos dedicamos a construir ningún sistema utópico para la organización de la sociedad del futuro, sería más que ocioso detenerse en esto. Lo cierto es, sin embargo, que ya hoy existen en las grandes ciudades edificios suficientes para remediar en seguida, si se les diese un empleo racional, toda verdadera "penuria de vivienda”. Esto sólo puede lograrse, naturalmente, expropiando a los actuales poseedores y alojando en sus casas a los obreros que carecen de vivienda o que viven hacinados en la suya. Y tan pronto como el proletariado conquiste el poder político, esta medida, impuesta por los intereses del bien público, será de tan fácil ejecución como lo son hoy las otras expropiaciones y las requisas de viviendas que lleva a cabo el Estado actual" (pag. 22 de la edición alemana de 1887) l2’.
p Engels no analiza aquí el cambio de forma del poder estatal, sino sólo el contenido de sus actividades. La expropiación y la requisa de viviendas son efectuadas asimismo por orden del Estado actual. Desde el punto de vista formal, también el Estado proletario "ordenará" requisar viviendas y expropiar edificios. Pero es evidente que el antiguo aparato ejecutivo, la burocracia vinculada a la burguesía, sería sencillamente inservible para llevar a la práctica las órdenes del Estado proletario.
p “...Hay quehacer constar que "la apropiación efectiva" de todos los instrumentos de trabajo, de toda la industria, por la población laboriosa es precisamente lo contrario del “rescate” proudhoniano. En la segunda solución es el obrero individual el que pasa a ser propietario de la vivienda, del campo, del instrumento de trabajo; en la primera, en cambio, es "la población laboriosa" la que pasa a ser propietaria colectiva de las casas, de las fábricas y de los instrumentos de trabajo, y es poco probable que su disfrute, al menos durante el período de transición, se conceda, sin indemnización de los gastos, a los individuos o a las sociedades cooperativas. Exactamente lo mismo que la abolición de la propiedad territorial no implica la abolición de la renta del suelo, sino su transferencia a la 336 sociedad, aunque sea con ciertas modificaciones. La apropiación efectiva de todos los instrumentos de trabajo por la población laboriosa no excluye, por tanto, en modo alguno, el mantenimiento de la relación de alquiler" (pág. 68).
p La cuestión que se aborda en este pasaje—las bases económicas de la extinción del Estado—será examinada en el capítulo siguiente. Engels se expresa con extremada prudencia, diciendo que "es poco probable" que el Estado proletario conceda gratis las viviendas, "al menos durante el período de transición”. La entrega en arriendo de las viviendas, propiedad de todo el pueblo, a las distintas familias supone el cobro del alquiler, un cierto control y una determinada regulación del reparto de los apartamentos. Todo ello requiere una cierta forma de Estado, pero no exige en modo alguno una máquina militar y burocrática especial con funcionarios que disfruten de una situación privilegiada. Y la transición a un estado de cosas que permita asignar gratis las viviendas se halla vinculada a la "extinción" completa del Estado.
p Al hablar de cómo los blanquistas, después de la Comuna e impulsados por la experiencia de ésta, adoptaron la posición de principios del marxismo, Engels formula de pasada esta posición en los siguientes términos:
p “...Necesidad de la acción política del proletariado y de su dictadura, como paso hacia la supresión de las clases y, con ellas, del Estado...” (pág. 55).
p Algunos aficionados a la crítica literal o ciertos "aniquiladores del marxismo" burgueses encontrarán, quizá, una contradicción entre este reconocimiento de "la supresión del Estado" y la negación de semejante fórmula, por anarquista, en el pasaje del Anti-Dühringque hemos citado antes. No tendría nada de extraño que los oportunistas incluyesen también a Engels entre los “anarquistas”, pues hoy se extiende cada vez más entre los socialchovinistas la tendencia a acusar de anarquismo a los internacionalistas.
p El marxismo ha enseñado siempre que, a la par con la supresión de las clases, se producirá la supresión del Estado. El conocido pasaje del Anti-Dühring acerca de "la extinción del Estado" no acusa a los anarquistas simplemente de propugnar la abolición del Estado, sino de predicar la posibilidad de abolirlo "de la noche a la mañana".
Como la doctrina "socialdemócrata" imperante hoy ha tergiversado por completo la actitud del marxismo ante el anarquismo en lo que respecta a la destrucción del Estado, será muy útil recordar una polémica de Marx y Engels con los anarquistas.
Notes