DE TODA RUSIA^^259^^ EL 22 DE MAYO DE 1918
p Camaradas: Permitidme, ante todo, que salude al Congreso de Comisarios del Trabajo en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo. (Clamorosos aplausos.)
p En la sesión de ayer del Consejo de Comisarios del Pueblo, el camarada Shliápnikov comunicó que vuestro congreso se había adherido a la resolución de los sindicatos acerca de la disciplina de trabajo y de las normas de productividad. Estimo, camaradas, que con ese acuerdo habéis dado un paso muy importante, que no sólo atañe al rendimiento del trabajo y a las condiciones de la producción, sino que representa también un paso de extraordinaria importancia desde el punto de vista de la situación actual en general. Vosotros tenéis contacto práctico constante, y no casual, con todas las grandes masas de obreros, y sabéis que nuestra revolución está viviendo uno de los momentos más importantes y críticos de su desarrollo.
p Conocéis muy bien que nuestros enemigos, los imperialistas occidentales, nos acechan y puede llegar un momento en que lancen sus hordas contra nosotros. A esos enemigos exteriores se suma ahora un peligroso enemigo interior: la descomposición, el caos y la desorganización, acentuados por la burguesía en general y por la pequeña burguesía en particular, así como por distintos secuaces y lacayos de la burguesía. Sabéis, camaradas, que después de la dolorosísima guerra a que nos llevaron el régimen zarista y los conciliadores, con Kerenski a la cabeza, hemos recibido como herencia directa la descomposición y un desbarajuste extremo. Se acerca ahora el momento más crítico, en el que el hambre y el paro forzoso llaman a la puerta de un número de obreros cada vez mayor, en el que centenares y miles de personas sufren las torturas del hambre, en el que la situación se ha agravado por la falta de pan, aunque podría haberlo, en el que sabemos que su distribución acertada depende del transporte acertado. Falta de combustible después de haber quedado cortados de la región rica en combustible, catástrofe de los ferrocarriles, amenazados, quizá, de quedar paralizados: tal es la situación que crea dificultades a la revolución, tal es la situación que llena de júbilo los corazones de los kornilovistas de todos los pelajes y de todos los colores. Ahora se ponen de acuerdo cada día, quizá cada hora, en cómo aprovechar las dificultades de la República Soviética y del poder proletario para sentar de nuevo en el trono a Kornílov. La disputa entre ellos gira en 749 torno a la nacionalidad a que debe pertenecer ese Kornílov, pero debe ser un Kornílov ventajoso para la burguesía: un Kornílov coronado o republicano. Los obreros saben ya de qué se trata, y después de cuanto ha pasado la revolución rusa a raíz de Kerenski, todo eso no les sorprende. Pero la fuerza de la organización obrera, de la revolución obrera consiste en darse cuenta del estado de cosas con la mayor exactitud, sin cerrar los ojos a la verdad.
p Hemos dicho que una guerra de tales proporciones y tan inauditamente atormentadora amenaza con el hundimiento completo de la cultura europea. La única salvación puede consistir en el paso del poder a manos de los obreros para organizar un orden de hierro. Como consecuencia del desarrollo de la revolución en Rusia y de una situación histórica particular, nuestro proletariado de Rusia, después de 1905, se ha encontrado durante cierto tiempo muy por delante de otros ejércitos internacionales del proletariado. Vivimos ahora un período en el que la revolución madura en todos los países de Europa Occidental, en el que se pone en claro que la situación de los ejércitos obreros de Alemania es desesperada. Sabemos que allá, en Occidente, no se alza frente a los trabajadores el régimen podrido de los Románov y de los jactanciosos hueros, sino una burguesía organizada totalmente, que se apoya en todas las conquistas de la cultura y la técnica modernas. Ese es el motivo de que nos resultara tan fácil empezar la revolución y tan difícil continuarla; ése es también el motivo de que en Occidente sea más difícil empezar la revolución, pero debe ser más fácil posteriormente continuarla. Nuestra dificultad depende de que debemos hacerlo todo con los esfuerzos del proletariado de Rusia y mantener la situación en tanto se fortalezca en grado suficiente nuestro aliado: el proletariado internacional de todos los países. Se percibe cada día más que no hay otra salida. Nuestra situación se complica más aún porque, careciendo de refuerzos, debemos hacer frente al desbarajuste de los ferrocarriles, del transporte y del abastecimiento. En este terreno debe plantearse la cuestión con claridad para todos.
p Tengo la esperanza de que el Congreso de Comisarios del Trabajo, que tiene un contacto más directo que otros con los obreros, marcará una etapa no sólo en el mejoramiento inmediato de las reglas laborales que debemos sentar como base del socialismo, sino también en el esclarecimiento de la conciencia de los obreros con relación al momento que vivimos. La clase obrera tiene planteada una tarea difícil, pero grata, de cuyo cumplimiento depende el destino del socialismo en Rusia y, quizá, en otros países. De ahí que tenga tanta importancia la resolución sobre la disciplina de trabajo.
p Ahora que el poder se ha afianzado en manos de los obreros, todo depende de la disciplina proletaria y de la organización proletaria. Se 750 trata de la disciplina y de la dictadura del proletariado, de un poder férreo. Un poder que encuentra la simpatía más calurosa y el apoyo más decidido de los sectores pobres debe ser de hierro porque se aproximan calamidades inauditas. Las masas obreras viven bajo los efectos del pasado y confían en que saldremos de algún modo de esta situación.
p Pero esas ilusiones se desvanecen cada día, y se hace más evidente que la guerra mundial amenaza con el hambre y la extinción a países enteros, si la clase obrera no vence ese desbarajuste con su organización. Al lado del elemento consciente de la clase obrera, que orienta toda su actividad a convertir en base la nueva disciplina de camaradas, vemos la masa de millones que forma el elemento de los pequeños propietarios y de los pequeños burgueses, el cual lo enfoca todo desde el punto de vista de sus intereses egoístas. Sólo se puede luchar contra el hambre y la catástrofe, que avanzan sobre nosotros, estableciendo un orden férreo de los obreros conscientes: sin eso no podremos hacer nada. Como consecuencia de la gigantesca extensión de Rusia, vivimos en tales condiciones que en un confín del país hay mucho pan mientras que en otro no hay nada. No cabe pensar que no habrá guerra defensiva, la cual nos puede ser impuesta. No cabe pensar que se puede alimentar a las ciudades y a los inmensos centros industriales sin un acertado transporte. Hay que registrar cada pud de trigo para que no se pierda ni un solo pud. Pero sabemos que, en realidad, ese registro no se efectúa, sino que queda sólo en el papel. En la vida, los pequeños especuladores no hacen más que corromper a los pobres del campo, inculcándoles que con el comercio privado se puede suprimir la escasez. En tales condiciones no se puede salir de la crisis. En Rusia puede haber suficiente pan para los hombres y pan, es decir, combustible, para la industria únicamente si se reparte rigurosamente entre todos los ciudadanos todo lo que tenemos, de modo que nadie pueda tomar ni una libra de pan de más, de modo que no quede sin consumir ni una libra de combustible. Únicamente así puede salvarse del hambre al país. Esta lección de reparto comunista, llamado a asegurar que todo esté contabilizado, que haya pan para los hombres y combustible para la industria; esta lección no la hemos aprendido en los libros, sino a través de la amarga experiencia.
p Es posible que la gran masa obrera no comprenda de golpe que nos encontramos ante la catástrofe. Hace falta una cruzada de los obreros contra la desorganización y contra el ocultamiento de cereales. Hace falta una cruzada para que la disciplina de trabajo, acerca de la cual habéis aprobado una resolución y de la que se ha hablado en las fábricas, se extienda por todo el país, para que las más amplias masas comprendan que no hay otra salida. En la historia de 751 nuestra revolución la fuerza de los obreros conscientes ha consistido siempre en mirar francamente cara a cara a la realidad más amarga y peligrosa, sin hacerse ilusiones, calculando las fuerzas con exactitud. Sólo podemos contar con los obreros conscientes; la masa restante, la burguesía y los pequeños propietarios están contra nosotros, no creen en el nuevo orden, aprovechan cada agravación de las necesidades del pueblo. Puede servirnos de ejemplo lo que vemos en Ucrania y en Finlandia: ferocidades inauditas y mares de sangre, con los que la burguesía y sus secuaces, desde los demócratas constitucionalistas hasta los eseristas, inundan las ciudades, venciéndolas con ayuda de sus aliados. Todo eso muestra lo que espera al proletariado si no cumple su misión histórica. Sabemos cuan pequeños son en Rusia los sectores de obreros avanzados y conscientes. Sabemos también el precio de las necesidades del pueblo, sabemos que llegaremos al extremo de que las grandes masas comprenderán que con semimedidas no se puede salir de la situación y que es imposible pasarse sin una revolución proletaria. Vivimos momentos en los que se arruinan países enteros y millones de seres se ven condenados a perecer y son convertidos en esclavos militares. Esta es la razón de que se haya producido el cambio radical que nos ha impuesto la historia no por mala voluntad de unas personas, sino porque todo el régimen capitalista cruje y se resquebraja en sus cimientos.
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Aprovechad, camaradas comisarios del trabajo, cada una de vuestras entrevistas en cualquier fábrica o empresa, vuestras entrevistas con cualquier delegación de obreros; aprovechad la oportunidad de explicarles esta situación para que comprendan que nos espera o bien la muerte, o bien la autodisciplina, la organización y la posibilidad de defenderse. Para que comprendan que nos espera el retorno de los kornilovistas—rusos, japoneses o alemanes—, que traerán medio cuarterón de pan a la semana si los obreros conscientes no organizan la cruzada, con todos los sectores pobres a la cabeza, contra el caos y la desorganización que la pequeña burguesía intensifica por doquier y que nosotros debemos vencer. El quid de la cuestión está en que el obrero consciente se sienta no sólo dueño en su fábrica, sino representante del país, que sienta la responsabilidad que le incumbe. El obrero consciente debe saber que es el representante de la clase. Debe vencer si se coloca al frente del movimiento contra la burguesía y los especuladores. El obrero consciente comprenderá en qué consiste la tarea fundamental del socialista y entonces triunfaremos. Entonces encontraremos fuerzas y podremos luchar. (
p Publicado el 23 de majo de ¡918 en el núm.
p T. 36, págs. 365-370.
102 de "¡zvestia del CEC de toda Rusia" y el 24 de mayo de 1918 en el núm. 101 de “Pravda”.
Notes
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