p En la resolución aprobada el 24 de febrero de 1918, el Buró Regional de Moscú^^211^^ de nuestro partido ha expresado su desconfianza al Comité Central, negándose a someterse a las decisiones del mismo "que estén relacionadas con la aplicación práctica de las condiciones del tratado de paz con Austria y Alemania”, y en el "texto explicativo" de la resolución declara que "considera casi imposible evitar la escisión del partido en un futuro próximo" [589•* .
p En todo esto no hay nada monstruoso, ni siquiera peregrino. Es del todo natural que los camaradas que discrepan a fondo del CC en la cuestión de la paz separada lo critiquen con dureza y expresen el convencimiento de que es inevitable una escisión. Todo ello es un derecho muy legítimo de los miembros del partido y se comprende perfectamente.
p Pero he aquí lo peregrino y monstruoso. La resolución va acompañada de un "texto explicativo”, que reproducimos íntegro:
p “El Buró Regional de Moscú considera casi imposible evitar la escisión del partido en un futuro próximo y se propone como tarea servir a la unión de todos los elementos comunistas revolucionarios consecuentes que luchan tanto contra los partidarios de la paz separada como contra todos los elementos oportunistas moderados del partido. En interés de la revolución internacional consideramos conveniente aceptar la posibilidad de la pérdida del Poder soviético, que se está convirtiendo hoy en un poder puramente formal. Seguimos opinando que nuestra tarea fundamental consiste en extender las ideas de la revolución socialista a todos los demás países y aplicar con energía la dictadura de los obreros, reprimir sin piedad la contrarrevolución burguesa en Rusia".
p Hemos subrayado aquí las palabras que son... peregrinas y monstruosas.
590p En ellas está la clave del asunto.
p Estas palabras reducen al absurdo toda la línea política ríe los autores de la resolución. Estas palabras ponen al desnudo, con insólita claridad, la raíz de su error.
p “En interés de la revolución internacional, consideramos conveniente aceptar la posibilidad de la pérdida del Poder soviético...” Esto es peregrino, pues ni siquiera hay conexión entre las premisas y la deducción. "En interés de la revolución internacional, consideramos conveniente aceptar la derrota militar del Poder soviético": esta tesis sería correcta o falsa, pero no podría ser calificada de peregrina. Esto, primero.
p Segundo: el Poder soviético "se está convirtiendo hoy en un poder puramente formal”. Esto no es ya sólo peregrino, sino verdaderamente monstruoso. Está claro que los autores se han metido en el laberinto de una profunda confusión. Habrá que deshacer el embrollo.
p En lo que respecta al primer punto, el pensamiento de los autores consiste, por lo visto, en que, en interés de la revolución internacional, es conveniente aceptar la derrota en la guerra, derrota que conduciría a la pérdida del Poder soviético, es decir, a la victoria de la burguesía en Rusia. Al manifestar este pensamiento, los autores reconocen indirectamente la justedad de lo expuesto por mí en las tesis (del 8 de enero de 1918, publicadas en Pravdael 24 de febrero del mismo año) [590•* , a saber: que la no aceptación de las condiciones de paz propuestas por Alemania conduciría a Rusia a la derrota y a la caída del Poder soviético.
p Así pues, la raison finit toujours par avoir raison: ¡la verdad prevalece siempre! Mis adversarios “extremistas” de Moscú, que amenazan con la escisión, debían—precisamente porque han invocado sin ambages la escisión—haber expuesto también hasta el fin sus consideraciones concretas, esas consideraciones que prefieren eludir las personas acostumbradas a salir del paso con lugares comunes acerca de la guerra revolucionaria. Lo esencial de mis tesis y de mis argumentos (como verán cuantos deseen leer atentamente mis tesis del 7 de enero de 1918) consiste en que señalo la necesidad de aceptar ahora, en este momento, una paz archidura y, al mismo tiempo, proceder a la preparación seria de la guerra revolucionaria (y precisamente también en interés de esta preparación seria). Toda la esencia de mis argumentos ha sido esquivada o no advertida, no la han querido advertir quienes se limitan a lugares comunes acerca de la guerra revolucionaria. Y ahora debo agradecer de todo corazón precisamente a mis adversarios “extremistas” de Moscú que hayan 591 roto "la conspiración del silencio" a propósito del fondo de mis argumentos. Los moscovitas han sido los primeros en responder a ellos.
p ¿Y cuál ha sido su respuesta?
p El reconocimiento de la razón de mi argumento concreto. Sí, han reconocido los moscovitas, seríamos derrotados si aceptásemos en estos momentos el combate contra los alemanes [591•* . Sí, esta derrota conduciría, en realidad, a la caída del Poder soviético.
p Una vez más: agradezco de todo corazón a mis adversarios “extremistas” de Moscú que hayan roto "la conspiración déí silencio" contra el fondo de mis argumentos, es decir, precisamente contra mis indicaciones concretas sobre las condiciones de la guerra, en el caso de que la aceptásemos sin demora, y que hayan reconocido valientemente lo acertado de mis indicaciones concretas.
p Ahora bien, ¿en qué consiste la refutación de mis argumentos, cuya justedad se han visto obligados a reconocer, en el fondo, los moscovitas?
p En que en interés de la revolución internacional es preciso avenirse a la pérdida del Poder soviético.
p ¿Por qué exigen eso los intereses de la revolución internacional? Ahí está la clave, ahí está la esencia misma de la argumentación para quienes desearan refutar mis argumentos. Y precisamente en lo que respecta a este punto—el más importante, fundamental y cardinal—no se dice una sola palabra ni en la resolución ni en el texto explicativo de la misma. Los autores de la resolución han encontrado tiempo y lugar para hablar de lo que es notorio e indiscutible: tanto de "reprimir sin piedad la contrarrevolución burguesa en Rusia" (¿con los medios y los métodos de una política que conduce a la pérdida del Poder soviético?) como de la lucha contra todos los elementos oportunistas moderados del partido; pero de todo lo que es precisamente objeto de discusión, de lo que atañe al fondo mismo de la posición de los adversarios de la paz, de todo eso, ¡ni una palabra!
p Peregrino. Extraordinariamente peregrino. ¿No habrán callado este punto los autores de la resolución por haber sentido en él su especial debilidad? Expresar en términos claros por qué (y eso lo exigen los intereses de la revolución internacional) significaría, sin duda, desenmascararse a sí mismos...
592p Sea como fuere, tenemos que buscar los argumentos que hayan podido servir de guía a los autores de la resolución.
p ¿Quizá los autores supongan que los intereses de la revolución internacional prohiben toda paz con los imperialistas? Tal opinión fue expresada por algunos adversarios de la paz en una reunión celebrada en Petrogrado, pero la apoyó sólo una minoría insignificante de quienes se oponían a la paz separada^^2^^’^^2^^. Es claro que esta opinión conduce a negar la conveniencia de las conversaciones de Brest-Litovsk y a negar la paz, “incluso” con la condición de que sean devueltas Polonia, Letonia y Curlandia. Es evidente la inexactitud de semejantes opiniones (que rechazan, por ejemplo, la mayoría de los adversarios petrogradenses de la paz). Desde el punto de vista de esas opiniones, la República Socialista, rodeada de potencias imperialistas, no podría concluir ningún acuerdo económico, no podría existir, de no marcharse a la Luna.
p ¿Quizá los autores supongan que los intereses de la revolución internacional exigen que ésta sea estimulada, y que el único estímulo podría ser la guerra, y en modo alguno la paz, susceptible de producir en las masas la impresión de una especie de "legitimación" del imperialismo? Semejante "teoría" estaría en completa contradicción con el marxismo, que ha negado siempre la posibilidad de “estimular” las revoluciones, las cuales se desarrollan a medida que se exacerban las contradicciones de clase que las engendran. Semejante teoría equivaldría a la idea de que la insurrección armada es, siempre y en todas las condiciones, la forma obligada de lucha. En realidad, los intereses de la revolución internacional requieren que el Poder soviético, que ha derribado a la burguesía en el país, ayude a esta revolución, pero que elija una forma de ayuda proporcionada a sus fuerzas. Ayudar a la revolución socialista a escala internacional, aceptando la posibilidad de la derrota de esta revolución en el país dado, es un punto de vista que ni siquiera deriva de la teoría del estímulo.
p ¿Quizá los autores de la resolución supongan que la revolución ha comenzado ya en Alemania, que ha adquirido ya el carácter de guerra civil abierta y a escala de todo el país y que, por eso, debemos dedicar todas nuestras fuerzas a ayudar a los obreros alemanes, debemos sucumbir nosotros mismos “(pérdida del Poder soviético”), salvando la revolución alemana, que ha comenzado ya su batalla final y sufre duros golpes? Désele este punto de vista, al sucumbir nosotros distraeríamos una parte de las fuerzas de la contrarrevolución alemana y, con ello, salvaríamos la revolución alemana.
p Es admisible por completo que, con tales premisas, no sólo sería “conveniente” (según expresión de los autores de la resolución), sino 593 absolutamente obligatorio aceptar la posibilidad de una derrota y de la pérdida del Poder soviético. Sin embargo, está claro que esas premisas no existen. La revolución alemana madura, pero es evidente que no ha llegado aún a su estallido en Alemania, que no ha llegado todavía a la guerra civil en Alemania. Es evidente que nosotros no ayudaríamos, sino que obstaculizaríamos el proceso de maduramiento de la revolución alemana si "aceptásemos la posibilidad de la pérdida del Poder soviético”. Con ello ayudaríamos a la reacción alemana, le haríamos el juego, dificultaríamos el movimiento socialista en Alemania, apartaríamos del movimiento socialista a grandes masas de proletarios y semiproletarios de Alemania que no se han incorporado aún al socialismo y que se verían atemorizados por la derrota de la Rusia Soviética, de la misma manera que la derrota de la Comuna en 1871 atemorizó a los obreros ingleses.
p Por más vueltas que se den, es imposible descubrir ninguna lógica en los razonamientos del autor de la resolución. No se ven argumentos razonables a favor de la tesis de que "en interés de la revolución internacional consideramos conveniente aceptar la posibilidad de la pérdida del Poder soviético".
p “El Poder soviético se está convirtiendo hoy en un poder puramente formal": tal es la conclusión monstruosa a que llegan, como hemos visto, los autores de la resolución moscovita.
p Puesto que, según ellos, los imperialistas alemanes nos cobrarán un tributo e impedirán nuestra propaganda y nuestra agitación contra Alemania, el Poder soviético pierde su significación, "se está convirtiendo hoy en un poder puramente formal”. Tal es, probablemente, el hilo de las “ideas” de los autores de la resolución. Decimos “probablemente”, pues los autores no han proporcionado nada claro y preciso en apoyo de la tesis que examinamos.
p Un estado de ánimo impregnado hasta lo más hondo de un pesimismo infinito, un sentimiento de desesperación absoluta: tal es el contenido de la "teoría" sobre la supuesta significación formal del Poder soviético y la admisibilidad de una táctica que conduzca a la pérdida posible del Poder soviético. De todos modos, no hay salvación; sucumba, pues, incluso el Poder soviético: tal es el sentimiento que ha dictado la monstruosa resolución. Los sedicentes argumentos "económicos”, con los que se encubren a veces tales pensamientos, se reducen al mismo pesimismo desesperado: ¿Qué clase de República Soviética es ésa, cuando pueden imponérsele tributos como éste, como el otro o como el de más allá? Sólo desesperación: ¡de todos modos, sucumbiremos! Sentimiento comprensible ante la situación archigrave en que se encuentra Rusia. Pero “comprensible” no entre los revolucionarios conscientes. Ese sentimiento es peculiar precisamente como la 594 reducción al absurdo de las opiniones sustentadas por los moscovitas. Los franceses de 1793 jamás hubieran dicho que sus conquistas, la república y la democracia se convertían en algo puramente formal, que era preciso avenirse a la pérdida posible de la república. Estaban pictóricos de fe en la victoria, y no de desesperación. Por eso, llamar a la guerra revolucionaria y, al mismo tiempo, aceptar "la posibilidad de la pérdida del Poder soviético" en una resolución oficial, significa desenmascararse por completo.
p A principios del siglo XIX, durante las guerras napoleónicas, Prusia y otros países conocieron derrotas, invasiones, humillaciones y opresiones por parte del conquistador incomparable e inconmensurablemente más duras y gravosas que Rusia en 1918. Y, sin embargo, los mejores hombres de Prusia, cuando Napoleón los aplastaba con su bota militar, cien veces más pesada que aquella con la que ahora han podido aplastarnos, no perdían la esperanza, no hablaban de la significación "puramente formal" de sus instituciones políticas nacionales. No se desesperaban, no se dejaban dominar por el sentimiento de que "de todos modos, sucumbiremos”. Firmaban tratados de paz inconmensurablemente más duros, feroces, ignominiosos y leoninos que el de Brest-Litovsk; sabían esperar y soportar con firmeza el yugo del conquistador; volvían a luchar y caían de nuevo bajo la opresión del conquistador; firmaban nuevos tratados de paz, vergonzosos, ignominiosos, otra vez se levantaban, y, al fin y al cabo, se liberaron (no sin aprovecharse de las discordias entre los conquistadores más fuertes, originadas por la competencia).
p ¿Por qué no puede repetirse semejante hecho en nuestra historia?
p ¿Por qué debemos caer en la desesperación y escribir resoluciones —más vergonzosas, a fe mía, que la paz más ignominiosa—en las que se diga que "el Poder soviético se está convirtiendo en un poder puramente formal"?
p ¿Por qué las duras derrotas militares en la lucha contra los colosos del imperialismo moderno no han de templar, también en Rusia, el carácter del pueblo, reforzar la autodisciplina, acabar con la jactancia y la charlatanería, inculcar la firmeza, llevar a las masas a la táctica justa de los prusianos aplastados por Napoleón: firmad los tratados de paz más vergonzosos cuando no disponéis de un ejército, reunid fuerzas y alzaos luego una y otra vez?
p ¿Por qué debemos caer en la desesperación después del primer tratado de paz, de una dureza inaudita, cuando otros pueblos han sabido soportar con firmeza calamidades más amargas?
p ¿A qué corresponde esta táctica de la desesperación? ¿A la firmeza del proletario, el cual comprende que debe someterse si carece de fuerza y que, sin embargo, sabe, a continuación y pese a todo, alzarse una y otra vez, acumulando fuerzas cualesquiera que sean 595 las condiciones? ¿O a la pusilanimidad del pequeño burgués, que, representado en nuestro país por el partido eserista de izquierda, ha batido el récord de la frase sobre la guerra revolucionaria?
p ¡No, queridos camaradas “extremistas” de Moscú! Cada día de prueba apartará de vosotros precisamente a los obreros más conscientes y firmes. El Poder soviético, dirán ellos, no se convierten! se convertirá en un poder puramente formal, ni ahora, cuando el invasor se encuentra en Pskov y nos hace pagar una contribución de 10.000 millones en cereales, mineral y dinero, ni cuando el enemigo se encuentre en Nizhni Nóvgorod y en Rostov del Don y nos haga pagar un tributo de 20.000 millones.
p Ninguna conquista extranjera convertirá jamás en "puramente formal" una institución política del pueblo (y el Poder soviético no es sólo una institución política infinitamente superior a todas las habidas en la historia). Por el contrario, la conquista extranjera no hará más que reforzar las simpatías populares por el Poder soviético, si... si éste no se lanza a aventuras.
p Rehusar la firma de la paz más indecente cuando se carece de ejército es una aventura de la que el pueblo tiene derecho a culpar al poder que se decida a esa negativa.
p La conclusión de una paz incomparablemente más dura y vergonzosa que la de Brest-Litovsk se ha dado ya en la historia (ejemplos indicados más arriba), y no condujo a un debilitamiento del prestigio del poder, no lo convirtió en un poder formal, no hundió ni el poder ni al pueblo, sino que templó al pueblo, le enseñó la ciencia ardua y difícil de preparar un buen ejército, aunque sea en una situación espinosa y desesperada, bajo la bota del invasor.
p Rusia camina hacia una nueva y verdadera guerra patria, hacia una guerra por el mantenimiento y la consolidación del Poder soviético. Es posible que la época venidera sea, como lo fue la de las guerras napoleónicas, una época de guerras de liberación (de guerras, precisamente, y no de una guerra), impuestas por los invasores a la Rusia Soviética. Esto es posible.
p Y por eso, la bochornosa desesperación es más ignominiosa que cualquier paz dura y archidura dictada por la falta de ejército, más ignominiosa que cualquier paz deshonrosa. Si enfocamos con seriedad el problema de la insurrección y de la guerra, no sucumbiremos ni siquiera con diez tratados de paz archiduros. No sucumbiremos a manos de los invasores, si no permitimos que la desesperación y la fraseología acaben con nosotros.
p
Publicado el 28 (15) de febrero y 1 de
marzo (16 de febrero) de 191H en los
núms. 37 y 38 de “Pravda”.
p Firmado: N. Lenin
596Notes
[589•*] He aquí el texto completo de la resolución: "Después de examinar la actividad del CC, el Buró Regional de Moscú del POSDR expresa su desconfianza al CC, en vista de su línea política y de su composición, y en la primera ocasión insistirá en que sea renovado. Además, el Buró Regional de Moscú no se considera obligado a someterse incondicionalmente a las decisiones del CC que estén relacionadas con la aplicación práctica de las condiciones del tratado de paz con Austria y Alemania”. 1.a resolución ha sido aprobada por unanimidad.
[590•*] Véase el presento volumen, págs. 553-560. (N. de la Edil.)
[591•*] Los hechos se encargan de responder a la contraobjeción de que, de todos modos, era imposible eludir la lucha: el 8 de enero fueron leídas mis tesis; el 15 de enero habríamos podido tener la paz. Habríamos podido, con toda seguridad, tener garantizarla una tregua (y para nosotros la más pequeña tregua tenía una importancia gigantesca tanto material como moral, pues los alemanes habrían tenido que declarar una nuei’a guerra) de no haber sido... de no haber sido por la frase revolucionaria.
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