DE LA VERDAD
p
No puede haber ninguna verdad
que sea íntegramente veraz.
p La concepción de la coherencia o de la coordinación interna es una de las más características en la gnoseología idealista contemporánea de las concepciones de la verdad. Su esencia consiste en lo siguiente: son verdaderas las tesis que integran un sistema único de conocimientos cuyos elementos se hallan intervinculados; la verdad aparece como sistema íntegro intercoordinado de afirmaciones; la verdad perfecta y la realidad perfecta como ideal del conocimiento son idénticas.
p La concepción de la coherencia de la verdad tiene su origen ya en la filosofía de Hcgel. De ella ha tomado la idea de la identidad entre el pensamiento y la existencia y la comprensión común do la verdad como conocimiento absoluto, como supremo ideal del conocimiento. En la filosofía del idealismo absoluto, esta concepción aparece en forma desplegada y adecuada, llegando a su fundamentación más completa y consecuente en los trabajos del filósofo inglés F. Bradley y el norteamericano B. Blanshard. Su posterior expansión se produce no 267 tanlo en los seguidores modernos do Bradley y Blanshard como en los neopositivistas Hempel, Neurath y Carnap, en cuya interpretación ha ido adquiriendo cada vez más los rasgos del subjetivismo y el convencionalismo.
p El surgimiento a fines del siglo pasado de la concepción de la coherencia de la verdad y su expansión en la primera mitad de nuestro siglo transcurrió en medio de una lucha entre concepciones y puntos de vista gnoseológicos diversos. En el plano del problema de la verdad esta lucha se desplegó en torno a las dos fundamentales concepciones rivales: la correspondencia y la coherencia. En. las concepciones gnoseológicas de los representantes de la mayoría de las escuelas y corrientes de la filosofía idealista del siglo XX predominan las variantes de la primera de dichas concepciones: la de la correspondencia. La concepción de la coherencia, por su principal contenido, se opone lógicamente a las diversas variantes de la concepción de la correspondencia, donde, por añadidura, el propio concepto de esto término tiene el carácter más distinto.
p Es de señalar que si todas las variantes de las concepciones modernas de la correspondencia van dirigidas de bocho contra Ja teoría del reflejo, también la concepción de la coherencia llega a la negación del reflejo eu Jas tesis verdaderas de la esencia de la realidad objetiva. Los extremos se tocan, y tanto la concepción de la correspondencia de la gnoseología idealista moderna como la concepción de la coherencia, antítesis de la anterior, resultan en muchas cuestiones en el mismo polo, frente a la teoría del reflejo, fundamento científico de la teoría de la verdad, desarrollada en la filosofía del materialismo dialéctico.
p Lo mismo que otras concepciones de la verdad de la gnoseología idealista contemporánea, la concepción de la coherencia también está ligada con diversos aspectos del proceso del conocimiento, cuya absoJulización también aquí conduce al carácter idealista do Ja concepción en su conjunto.
p A este respecto señalemos do entrada los siguientes problemas planteados por el desarrollo del propio conocimiento, que deben considerarse premisas objelivo-gnoseológicns 268 de Ja concepción do la coherencia do la verdad. Sabido es que el conocimicnlo empírico-sensorial no tiene en absoluto significado universal, ni como fundamento directo del conocimiento ni como criterio (verificador) de la veracidad. La esfera propiamente teórica del conocimiento, cada vez más elevada por el grado do su abstracción, no osla vinculada directamente con el fundamento empírico, que snbyacc genéticamente en la profundidad lejana y está relacionado con el conocimiento teórico mediante una serie do eslabones intermedios. La veracidad do los componentes de la esfera lógica del conocimiento no puede ser establecida valiéndose directamente del verificador sensorial, que en una serie do casos incluso no existo. Por ello surge la necesidad do determinar la voracidad do los componentes de la esfera ló gicoteórica del conocimiento en oí interior do la misma, partiendo do su propia naturaleza interna, abstrayéndose! do los factores empírico-sensoriales del conocimiento. La concepción de la coherencia de la verdad os una de las que se plantea la tarea do satisfacer precisamente esta demanda y, en cierta medida, esta necesidad en el desarrollo del conocimiento dentro do su esfera propiamente teórica.
p Prosiguiendo, el desarrollo do los conocimientos plantea lógicamente la tarea do construir los sistemas científicos que abarquen los más importantes resultados do una determinada etapa del conocimiento, necesitados do generalización y sistematización.
p La construcción de sistemas teóricos debe satisfacer las exigencias de no contradicción y coherencia de sus elementos, su coordinación interna. Y esto significa que en todos los casos del pensamiento científico, especialmente en la construcción y el desarrollo do los diversos sistemas científicos, debemos "expresar nuestros pensamientos de forma lógicamente coherente" [268•1 -2.
p La revelación y el análisis de las diferentes estructuras de los fenómenos estudiados debe considerarse un momento importante del moderno proceso del 269 conocimiento; en ellos sus elementos adquieren significado y sentido sólo corno componentes do una determinada totalidad. En este plano tenemos todo derecho a considerar que las ideas de la concepción de la coherencia subyacen prácticamente bajo el moderno método de análisis estructural (C. Lévi-Strauss, M. Foucault, J. Lacan, J. Piaget y N. Mouloud), que, sin embargo, no debe unlversalizarse ni absolutizarsc. En tales casos se trata siempre de establecer la veracidad de los sistemas científicos y de sus componentes desde el punto de vista de su unidad e integridad internas. La concepción de la coherencia puede contemplarse a este respecto como la absolutización filosófica de tales ideas y estructuras.
p Pasemos ahora al examen de la concepción de la coherencia de la verdad en la forma histórica inicial en que apareció en la filosofía del idealismo absoluto. Podemos destacar aquí los siguientes puntos esenciales.
p 1. El término “coherencia” procede del latino cohaerentia, que significa estar unido, interdependiente. Esta interconexión se extiendo a todo lo existente y a todas las categorías ideales en su unidad con las relaciones reales. Esto determina el sentido y significado de los vínculos do las categorías ideales; por ello su coherencia (o coordinación) se manifiesta en calidad de criterio (Lhe test) de la verdad y, al mismo tiempo, constituye su naturaleza.
p 2. Lo real y lo ideal, la realidad y la verdad se manifiestan formando una unidad que, en última instancia, se convierte en su identidad. Tanto la realidad como la verdad en calidad de forma inicialmente ideal se determinan igualmente por la unidad de sus relaciones internas, por la coherencia de sus elementos internos. Más aún, en su esencia última, la verdad y la realidad resultan ser una misma cosa. Esta "identidad de la verdad del conocimiento y de la realidad —dice Bradlcy— debe considerarse necesaria y básica" [269•3 . La realidad aparece como un "sistema coherente”, donde cada parte está vinculada internamente a las demás. Exactamente lo mismo el pensamiento como proceso que conduce a la verdad os un 270 sistema íntegramente vinculado y (Mi anlodesarrollo. La coherencia como esencia de la verdad presupone ló gicamente la presencia cíe la realidad como sistema internamente vinculado. La verdad como un todo actúa en calidad de sistema complejo y terminado; "la perfección de la verdad y la realidad licué un mismo carácter" [270•4 . La verdad y la realidad perfectas son idénticas. Coinciden totalmente con el Absoluto.
p 3. La unidad do la verdad y la realidad, conducente a su identidad en última instancia (en su perfección, en el Absoluto) no excluye una determinada diferencia entre ellas. La verdad, dice Bradley, "es una expresión ideal del Universo, simultánea e internamente coherente y universal”. Como sistema superior, perfecto de la realidad, la verdad parece perseguir el objetivo de "ser y dominar la realidad en forma ideal" [270•5 . Aquí nos hallamos ante un determinado momento que diferencia lo gnoscológico de lo ontológico; pero, en primer lugar, desaparece en las premisas del idealismo absoluto, que diluye lo real en lo ideal y, en segundo lugar, el conocimiento pleno de la verdad es el conocimiento pleno de la realidad: en la perfección superior, como en el ideal, la verdad y la realidad se funden. La diferencia entre la verdad como categoría gnoseológica y la realidad (como existencia) se conserva solamente en el proceso de su movimiento, de su dominio de la realidad; en su significado pleno y superior se identifican.
p 4. La verdad como lo ideal (o como realidad en su idealidad) es algo integral, sistematizado, internamente coordinado. En esto consiste la naturaleza de la verdad, en ello está su criterio determinante. La verdad es el todo, el sistema donde los elementos están en interconexión, determinada por su contenido individual concreto. La definición de la verdad que a este respecto formula B. Blanshard es bastante completa. En su libro La naturaleza del pensamiento habla del ideal de la verdad o de la propia verdad como sistema "donde ni una sola 271 enunciación sería arbitraria; cada una de ellas sería la consecuencia de las demás e incluso de cada una por separado y donde ni una sola de las enunciaciones se hallaría fuera del sistema" [271•6 . Blanshard sigue subrayando que no puede haber ningún otro criterio de la autenticidad excepto el "criterio de la coherencia interna".
p La coherencia interna no tiene contenido estático, sino dinámico. Bradley considera posible lograr la verdad en el proceso de abarcamiento cada vez más completo y amplio de los fenómenos por el pensamiento, lo que proviene de la interpretación de la realidad como objetivo de la verdad, donde únicamente puede lograrse plenamente a sí misma. Para este y otros razonamientos semejantes es especialmente característica la presencia de dos momentos contradictorios: el reconocimiento del desarrollo progresivo del conocimiento en forma de creación de sistemas más perfectos y orgánicamente coherentes y, al mismo tiempo, la culminación y perfección inevitables de dicho proceso. "Pensar —dice Blanshard— significa tener dentro de sí lo que desarrollado y culminado se identificaría con el objeto" [271•7 . Es evidente que lo decisivo en la formación de tal concepción del proceso del conocimiento fue la influencia de las ideas de Hegel.
p 5. De la tesis sobre la verdad como resultado de un determinado proceso se desprende lógicamente la cuestión de los distintos grados de su logro como verdad integral, como ideal que se funde con la realidad (degree of truth). Algunos de los partidarios de esta concepción hablan de grados de aproximación a la realidad. ¿Cuál es el sentido del concepto "grados de la verdad"?
p Todo el sistema de conocimientos es unidad que aumenta sin cesar con el tiempo, es coherencia y coordinación que se fortalecen y crecen. Por ello, el grado de verdad es también, ante todo, grado de coherencia, de coordinación y de integridad del sistema. Al mismo tiempo, esto es un determinado grado de amplitud en la implicación de los fenómenos de la realidad (Bradley), el 272 nivel do la sistemnlicidad lograda (Blanshard). En otras palabras, ese algo es real en la medida o grado en que es verdadero y, es veraz, según lo que tenga de real.
p Para comprender el sentido de esta doctrina acerca de los grados de verdad es esencial el hecho de que el grado de veracidad so valora en correspondencia con un determinado grado de falsedad (degree of falsity). De aquí la peculiar "dialéctica" de la verdad y el error proclamada por Bradley. Dice que la verdad y la equivocación siempre pueden definirse en uno u otro grado, que los sistemas determinados pueden ser verdaderos y falsos en el mismo grado. Y prosigue: "no puede haber una verdad que sea íntegramente veraz" y "no puede darse un equívoco que sea totalmente falso" [272•8 .
p Por consiguiente, estamos en presencia de una concepción sumamente consecuente, de "coherencia interna" por su lógica, comenzando por la posición inicial de la identidad de la existencia y el pensamiento y terminando por el conocimiento completo de la realidad logrado en la "verdad perfecta”, donde la identidad dada llega también a ser completa y absoluta.
p Al pasar a la valoración crítica de la concepción de la coherencia de la verdad comenzaremos por señalar algunos de sus momentos racionales. Primero, la idea de la unidad de la verdad y la realidad, la idea del conocimiento de la realidad que incluye el momento de objetividad, que, siendo correcta en principio, aparece aquí, no obstante, en forma general y abstracta. Segundo, la tesis acerca de los grados de verdad en la concepción dada; expresa el proceso del logro de la verdad como acercamiento paulatino hacia la realidad, como su conocimiento cada vez más completo y amplio, que abarca nuevos y nuevos fenómenos y conexiones del mundo real, y que contiene también, aunque en forma singular, la idea del nexo entre lo absoluto y lo relativo de la verdad, del logro de la "verdad perfecta" en el Absoluto, a través do una serie de aproximaciones relativamente verdaderas. Tercero, la idea de la coordinación interna de los 273 sistemas realmente verdaderos, como idea del rasgo que determina la naturaleza de la verdad y su criterio. La tesis de la coherencia interna expresa una de las exigencias lógicas fundamentales de todo análisis cientí fico: la exigencia de la no contradicción o de la consecuencia del pensamiento; esta tesis conduce a la idea del principio de la correspondencia en el desarrollo del conocimiento y lleva lógicamente al planteamiento del problema de la unidad del conocimiento, la unidad de la ciencia.
p El significado gnoseológico de la tesis de la coordinación interna tiene vigor en todas las esferas del conocimiento. Se manifestó con especial fuerza, por ejemplo, en el desarrollo de la física atómica moderna, lo que testimonia claramente el análisis respectivo de N. Bohr. Empero, aquí debemos subrayar de entrada que, en la ciencia, la importancia real de dicha tesis desborda evidentemente el marco de la concepción do la coherencia donde, aunque tiene valor, éste se halla considerablemente disminuido por la base idealista de esta concepción.
p A lo largo de muchos decenios N. Bohr viene brindando una profunda argumentación, precisamente desde las posiciones gnoseológicas, de los problemas de la física atómica en desarrollo, en cuya creación su papel, como se sabe, es excepcionalmente grande. En este sentido, su artículo, escrito para el 70 aniversario del natalicio de A. Einstein, con el significativo título Discusión con Einstein acerca de los problemas de la teoría del conocimiento en la física atómica, tiene una importancia extraordinariamente grande. En él analiza la "lección gnoseológica" impartida por la física atómica moderna. El hundimiento del determinismo mecanicista y el descubrimiento del cuanto de la acción (Planck, 1900) y del fotón (Einstein, 1905) condujeron a la necesidad de revisar los principios mismos de la ciencia física y plantearon una serie de otros importantes problemas guoseológicos. "Al surgir en la física atómica la necesidad de volver a revisar los fundamentos sobre los que debe apoyarse la aplicación no contradictoria de las ideas físicas elementales —señala Bohr—, se crea una situación que recuerda en cierto sentido aquella con que 274 se encontró Einstcin en su tiempo" [274•9 . Dicha situación, como se sabe, exigió la revisión de las propias bases de la ciencia física, el análisis profundo de los conceptos determinantes de espacio y tiempo y el planteamiento de otras cuestiones gnoseológicas.
p Dosde el punió de vista de las exigencias de la coordinación interna Bohr pondera ante todo el sistema de la física clásica. Señala que Newton impuso al desarrollo de la mecánica "una forma inquebrantable y terminada, para admiración de las generaciones venideras”. En dicha forma "el curso de los acontecimientos se describe como consecuencia automática de las condiciones iniciales dadas" [274•10 . El sistema de conceptos de la física clá sica, dice Bohr, se llevó hasta una asombrosa unidad y perfección en los trabajes de Einstein, pero esto tuvo un determinado sentido histórico concreto. Los nuevos descubrimientos físicos, el carácter en gran medida paradójico de los nuevos conceptos de la física atómica del siglo XX plantearon con agude/a el problema de la construcción lógica de una nueva teoría física.
p Esta construcción debe satisfacer exactamente lo mismo el criterio de la coherencia y la coordinación internas pero, por supuesto, sobre nuevas bases. Bohr concede el significado fundamental al principio de la descripción adicional de los fenómenos atómicos. Dice que precisamente "en la descripción adicional de la física cuántica tratamos con la sucesiva generalización autocoordinada" [274•11 . En este sentido subraya reiteradamente "el carácter no contradictorio y la integridad de la mecánica cuántica”, la exhaustividad de la descripción de los fenómenos "en el sentido de la mecánica cuántica”; habla de la "inclusión armónica del cuanto de la acción" en el sistema de conceptos de la ciencia física, aplicando con claridad su idea principal acerca de la integridad y 275 la coordinación interna de todos los componen Les esenciales de Ja nueva física cuántica.
p Bohr contempla también eu el plano histórico la idea do la conexión y la coordinación cu el desarrollo de la ciencia. La expresa en forma de principio de correspondencia en el desarrollo de las teorías físicas. En el caso dado se trata de la mecánica clásica y la cuántica que, por supuesto, no se excluyen una a la otra. Por el contrario —dice Bohr—, "al valorar tales probabilidades, el llamado principio de correspondencia (so callea correspondence principie) ha sido la única base, surgida del empeño de hallar la más estrecha vinculación entre la descripción estadística de los procesos atómicos y los efectos que deberían esperarse de acuerdo con la teoría clá sica" [275•12 . Este principio tiene realmente un significado universal en el desarrollo de los sistemas y teorías científicos.
p El significado heurístico del principio de la correspondencia se manifestó con toda claridad también en el desarrollo de la física atómica moderna, lo que recibió en las obras de Bohr una profunda fundamentación. Como se sabe, la física cuántica plantea de forma bá sicamente nueva el problema de la causalidad. Del hecho del desmoronamiento del determinismo mecanicista y bajo la influencia de la filosofía positivista y kantiana no pocos físicos llegaron a la conclusión de la bancarrota del principio de la causalidad en general. Hubo un tiempo en que Bohr, bajo esta influencia, habló de la "renuncia al ideal de la causalidad”. Después, guiado por la idea de la conexión y la correspondencia en el desarrollo de las teorías físicas y partiendo de la hipótesis de la profunda unidad de los propios fenó menos naturales y de los vínculos reales descubiertos entre las físicas clásica y cuántica, Bohr llega a la correcta comprensión de esta cuestión cardinal de la física atómica. En las discusiones con Einstein, precisamente en las cuestiones gnoseológicas de la física atómica, Bohr concluye que el punto de vista de la “adicionalidad” puede contemplarse como una racional generalización del ideal de la causalidad.
276p Esta conclusión es sumamente importante no sólo liara la justa comprensión de la situación dada en la física atómica, sino también para las ulteriores investigaciones fructíferas de las diferentes formas de vínculos causales, infinitamente ricas y multifacéticas en la propia naturaleza. Al mismo tiempo, tiene significado gnoseológico general que muestra el papel del principio de la correspondencia como coordinación interna en el desarrollo histórico y la sustitución de unas teorías y conceptos científicos por otros.
p Todo esto evidencia que el criterio de la coherencia y la coordinación internas en su significado racional resulta sumamente importante para el proceso real del conocimiento del mundo.
p Sin embargo, la presencia de incluso momentos racionales bastante esenciales en la concepción de la coherencia no significa todavía que tenemos ante nosotros una teoría de la verdad realmente científica. Por ello, es preciso dar una apreciación crítica multilateral de dicha concepción partiendo, ante todo, de cómo está desarrollada en el sistema de la filosofía del idealismo absoluto. Tomemos como ejemplo su primer elemento racional, ya mencionado, el principio de la conexión entre la verdad y la realidad. Claro que esta conexión existe. Pero cuenta en mayor grado con el hecho de hipostasiar idealistamente el principio dado: la verdad, en su interpretación completa y adecuada, se identifica a la propia realidad, la verdad perfecta es la realidad perfecta, en el Absoluto se da su plena coincidencia, su fusión. Esto conduce a la extinción de la diferencia radical de los momentos ontológico y gnoseológico, a la desvaloración del concepto de la verdad como categoría gnoseológica.
p Los partidarios de la concepción de la coherencia renuncian prácticamente a interpretar el conocimiento como actividad enérgica viva del hombre, transforman el conocimiento en un proceso místico de "disolución" de lo ideal en lo real. Más aún. Considerando que en el idealismo absoluto lo real es la encarnación de lo ideal, donde, a su vez, se diluye, entonces, la unidad externa de lo ideal y lo real se transforma en identidad que liquida 277 la especificidad cualitativa de la verdad, su diferencia como categoría gnoseológica respecto a las categorías de la propia existencia.
p Además, en los conceptos contenidos en la concepción de la coherencia, tales como el grado de verdad, y asimismo en el ideal, y en el de la verdad perfecta, que abarca toda la realidad y significa de hecho el concepto de verdad absoluta, son, a nuestro juicio, ló gicamente insolventes dos aspectos: 1) considerando que se admite como verdad sólo la verdad completa, resulta que todos los grados de verdad son relativos y convencionales, y todas las conclusiones, juicios, conceptos parciales no cuentan de hecho con auténtica veracidad; ésta consiste, según dicha concepción, únicamente en su integridad, en su perfección, en el Absoluto. "Nuestros juicios simples —escribe Bradley— son abstracciones, sólo la creación de una teoría equivocada" [277•13 . Por ello tampoco es sólida la conclusión de que "la verdad perfecta" se obtiene en el avance del pensamiento por las escalas de la verdad: si éstos no poseen veracidad real, sino que, por el contrario, se contraponen a la verdad como un todo superior, entonces, el todo como lo verdadero no puede surgir de cualquier suma de tesis no verdaderas (realmente falsas) parciales. Y no hablemos ya de que el convencionalismo —relativismo, en este sentido— de los grados de la verdad se contrapone aquí a la objetividad de las verdades relativas, que se dan realmente en el conocimiento del mundo; 2) tampoco es solvente la tesis general del idealismo absoluto acerca de la verdad perfecta como plena y última. Esto es tanto más lógicamente injustificado por cuanto la "verdad perfecta" se fundo con la "realidad perfecta" y culmina en el Absoluto. Aquí, o es cerrado y metafísico el círculo en el avance tanto del conocimiento como de la realidad, o se han “eliminado” todas las contradicciones en el Absoluto como en un mundo divino y en una razón divina, donde las categorías de la lógica y la ciencia no tienen ya ningún significado.
278p Y por último, ¿es la coordinación interna, por ventura, la verdadera naturaleza de la verdad y su criterio determinante, como lo proclama la concepción de la coherencia?
p Nosotros consideramos que la coordinación interna tiene sentido sólo como característica del proceso real del conocimiento, reflejo creador activo de la realidad en la conciencia del hombre, basado en la actividad social humana. El principio de la coordinación interna tomado por sí mismo, en abstracto, fnera de sn base real, pierde su sentido gnoseológieo. En efecto:
p 1) si tomamos un sistema internamente coordinado de elementos, pero ninguno de éstos liene fundamentos de su autenticidad, entonces el sistema entero carecerá también de autenticidad;
p 2) si por su valor puramente lógico, los sistemas inI ornamente coordinados y formados íntegramente de elementos verdaderos y falsos son absolutamente equivalentes, entonces la coordinación como criterio pierde su objetivo;
p 3) si el sistema, formado de juicios afirmativos, está internamente coordinado, entonces estará coordinado en ese mismo grado también si se construyo del mismo número de juicios negativos. Y esto significa que la veracidad o la falsedad de los juicios afirmativos o negativos (pueden ser cambiados de lugar por el método del espejo) resulta fuera de "esfera de acción" do la coordinación y se determina por otros criterios.
p Pero en los casos en que durante el proceso real del conocimiento se elaboren principios, tesis, conceptos que reflejen la realidad y aparezcan como elementos fidedignos de los sistemas científicos, establecidos mediante la verificación y la fundamentación por la práctica, el principio do la coordinación interna adquiere el necesario significado cognoscitivo. Por ello, N. Bohr, que concedo gran importancia al principio de la coordinación en la construcción de la mecánica cuántica, señala la necesidad de un análisis previo de los nuevos descubrimientos en la física, de los nuevos datos del experimento do la nueva información. Cuando habla de la "abundancia de hechos experimentales" señala que precisamente esta 279 abundancia exige promover nuevos principios, ideas, conceptos para construir un nuevo sistema de física. "La tarea que los físicos tenían ante sí - dice Bohr— consistía por tanto en generalizar de forma racional la física clásica incluyendo armónicamente en ella el cuanto de la acción" [279•14 . Precisamente sobre la base real de los fenómenos físicos se levanta el edificio do la ciencia, so croan los sistemas científicos, donde la coordinación interna adquiero el significado racional necesario, solamente si se asienta en un fundamento científico, objetivamente verdadero.
p De aquí so deduce que el criterio de la coordinación interna, tomado como principio puramente lógico, no puede servir de criterio do la voracidad objetiva en el conocimiento. Y aún menos revela la esencia do la verdad. El gnoseólogo norteamericano contemporáneo T. Hill está en lo cierto cuando dice: "Cualquiera que sea la forma en que una verdad se certifique, nuestra manera de pensar y expresar los pensamientos indica claramente que entendemos por verdad no la simple coherencia interna, sino una cierta concordancia con los hechos" [279•15 . Al no ser un verdadero criterio de la verdad, el de la coherencia, aún menos puede ser ni os a fortiori la expresión adecuada de la propia verdad. En este sentido podemos decir que el idealismo absoluto con su concepción de la coherencia —a pesar de toda la importancia de sus momentos racionales— no resuelve el problema de la verdad.
A esto podemos agregar lo siguiente. El idealismo absoluto formula otro criterio más de la verdad: la satisfacción intelectual. Ante todo -dice Bradley— debemos partir de que la verdad ha de satisfacer el intelecto; y lo que no responde a esta exigencia ni es verdad ni es realidad. Pero, en primer lugar, el problema aquí se traslada a otra esfera: de la gnoseológica a la psicológica, y no hay estado síquico, aunque se refiera a la "síquica intelectual" superior, que pueda verificar las enunciaciones donde so trate do la propia realidad, y 280 no do los estados internos del sujeto. En segundo lugar, considerando que el estado de satisfacción se relaciona con un determinado carácter del pensamiento — precisamente con su condición no contradictoria —, esta última se aplica indirectamente en calidad de criterio de la veracidad. Esto no quiere decir que nos inclinemos a negar el factor emocional en la actividad del científico. Einstein, entre otras cosas, dijo más de una vez que no le satisfacía la teoría donde se diera una asimetría lógica (contradicción y falta de coordinación). Podemos hablar también de la elegancia de las fó rmulas matemáticas y el sentimiento de satisfacción estética que despiertan. Pero también en este caso la sensación cíe satisfacción o insatisfacción es efecto de otros factores, gnoseológicos, con los cuales únicamente está vinculada la cuestión del criterio de la veracidad. La veracidad de las fórmulas “elegantes” de las matemáticas se establece no mediante las vivencias estéticas, sino por su conexión con las leyes cuantitativas objetivas de la realidad.
Notes
[268•1] -2 N. Bohir. La física atómica y el conocimiento humano. Moscú, 1961, pág. 112. (El subrayado es mío. — G. K.)
[269•3] F. Bradley. Essays on Truth and Reality. Oxford, 1914, p. 113.
[270•4] F. Bradley. Appearence and Reality. Oxford, 1930, p. 363.
[270•5] F. Bradley. Essays on Truth and Reality, pp. 223 y 114.
[271•6] B. Blanshard. The Nature of Thought. N. Y., 1941, II. pp. 265-266.
[271•7] Ibíd., p. 262.
[272•8] F. Bradley. Appearence and Realily, p. 821.
[274•9] N. Bolir. Discussion wllh Einsteln ore epistomological problems in atomic phisics. Albert Einstein: Pkilosopher-Scientist. New York, 1951, p. 211.
[274•10] N. Bohr. La física atómica y el conocimiento humano, pág. 130.
[274•11] Ibíd., pág. 104.
[275•12] N. Bohr. Discnssion with Einstein..., pág, 204.
[277•13] F. Rradlcy. The Principies of Logic, New York, 1928, II
[279•14] N. Bohr. La /¿’sica atómica y el conocimiento humano, pág. 141. (El subrayado es mío. — G. K.)
[279•15] T. Hill. Las teorías modernas del conocimiento, Moscú, 1965, pág. 93.