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IV
 

p En Etiopía el feudalismo penetraba también en las ciudades. Con la propiedad de más del 80 % de las tierras urbanas, la clase dominante feudal-burguesa tenía otro método para saquear a las masas populares.

p El problema de la vivienda era en extremo grave: los alquileres arrebataban una gran parte del ingreso familiar. La capital y otras ciudades se veían rodeadas de " villas miserias" de indigentes que carecían de agua y luz y vivían como ratas en vertederos de basura.

p Además de la necesidad de buscar una solución radical a esta tragedia económica, había también un factor político. Siendo las mismas personas o sus parientes las propietarias de tierras en el campo o en las ciudades, la nacionalización de la tierra las llevó a usar sus propiedades urbanas para actividades contrarrevolucionarias. No quedaba, pues, más remedio que responder positivamente a la demanda popular que clamaba por la nacionalización 97 de la tierra urbana y de las llamadas "casas sobrantes”, es decir, las que no eran habitadas personalmente por sus propietarios.

p Al fin el CAMP accedió a esa petición. Mengistu defendió el interés de los humildes en oposición a aquellas voces de altos oficiales hijos de casatenientes que se opusieron. Y la ley salió para entusiasmo de todo el pueblo.

p Ella convertía en propiedad de la nación las tierras de las ciudades y rebajó en 50 % las rentas de las casas. También las "casas sobrantes" pasaron al patrimonio colectivo. El día escogido para aprobar la medida fue el 7 de agosto de 1975.

p Al procederse a la nacionalización de las fincas urbanas y las casas tenidas en demasía, el CAMP descubrió cosas que hubieran asombrado, si es que algún margen para el asombro podía existir después de descubrirse el trabajo virtualmente esclavo en las minas de oro del Emperador y su fortuna personal sin parangón almacenada en Suiza.

p Ahora se supo que Haile Selassie era el mayor,, de los casatenientes y que él y otros nueve miembros de la Familia Real, diez altos nobles, diez funcionarios estatales no pertenecientes a la aristocracia pero muy ricos, y veinte capitalistas, poseían 2 150 hectáreas de tierra urbana sólo en la capital. Prácticamente todas las casas.

p De ese enorme total de suelo, el 41 % estaba en poder de los diez de la Familia Real, 54 °/o se acreditaba a los diez nobles feudales no emparentados con el monarca y el resto se dividía entre los otros grandes casatenientes.

p Para un millón de personas quedaba sólo el 8 % de las tierras. Y aquéllas en donde la renta diferencial era más baja por ser sitios marginales desprovistos de calles asfaltadas y alcantarillado, buenos para barrios de indigentes.

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p Con gran pompa publicitaria, el Emperador emprendía costosísimos proyectos de urbanización que en verdad estaban dirigidos a rodear el Palacio del Jubileo de hermosos edificios y avenidas, teniendo en cuenta que en Addis Ababa radica la OUA.

p Pero aparte del prestigio, el negocio. Vil y sucio.

p La especulación con las contratas, el contubernio para que los ricos se enriquecieran hasta casi reventar. Y el primero, el semidiós, inexplicablemente preocupado por las cosas terrenales.

p Una profunda revolución sufrió también el sistema educacional.

p Su objetivo era ante todo abolir las concepciones feudales y burguesas y garantizar que las ideas del socialismo científico se hicieran el pan de cada día, a partir de la escuela, para aquellos que encarnan el futuro y que deben edificarlo.

p En Etiopía, en esto todo estaba por hacer. No se arrancaba siquiera de cero, sino de más atrás.

p Un estudio de la UNESCO revela que en 1974 entre el 95 y el 98 °/o de la población era incapaz de leer y escribir, cifra que ningún otro país de África o del mundo podía exhibir.

p De un estimado de ocho a nueve millones de niños en edad escolar, sólo quinientos mil podían ir a la escuela. Su inmensa mayoría, por supuesto, en áreas urbanas. .

p Apenas tres de cada mil jóvenes de más de quince años asistían a algún tipo de escuela. Y eran, como es lógico, hijos de familias más o menos pudientes en su casi totalidad.

p En este panorama, aquellos pocos estudiantes que se las arreglaban para llegar al nivel universitario (cuya 99 matrícula no pasaba de seis mil, en una sola Universidad, con pocas facultades, en la capital) eran entrenados para convertirse en eficientes burócratas, identificados en cuerpo y alma con el sistema feudal-capitalista. Aspirar a científico era poco menos que una herejía.

p Pese a las condiciones tan adversas, las masas estudiantiles constantemente se pronunciaron contra el mismo régimen al que debían servir, en particular cada vez que los campesinos se levantaban contra sus amos.

p La Revolución debió, por lo tanto, actuar en múltiples esferas, desde campaña de alfabetización, en la cual tropezó con el hecho de que muchas de las ochenta nacionalidades y grupos étnicos del país carecen de alfabeto propio para sus lenguas orales, hasta construcción de escuelas y preparación de maestros.

p En medio de una virtual guerra civil desatada por los terratenientes, enfrentando el terrorismo contrarrevolucionario en las ciudades, peleando guerras regulares en varios frentes, la Revolución despliega su ofensiva en la educación.

p Los resultados no han podido ser espectaculares pero sí admirables y prometedores.

p Son particularmente importantes las medidas que se aplican en relación con el contenido de la enseñanza. Ya no se estudia detalladamente la vida .de los reyes, que incluía aprender de memoria sus pomposos títulos, su árbol genealógico y desde el sarampión que de niño tuvieron hasta las numerosas medallas que otros monarcas del mundo les otorgaban sencillamente por parasitismo. Hoy se aprende la historia de las masas populares, la lucha de clases, los objetivos y causas de la revolución.

p Marx pedía como una constante "educar a los educadores”. Eso hace la nueva Etiopía. Y lo hace no sólo en 100 las aulas. Miles y miles de jóvenes que mañana serán maestros van a los campos acompañados por sus propios maestros, que así se reeducan también en la mejor pedagogía que es la vida y la lucha de las masas.

p Como parte de ese ejército singular de voluntarios llevan a cabo la llamada "Campaña" de ingentes esfuerzos en fomentar las cooperativas y asociaciones campesinas; dar conciencia a las masas, a las cuales les inculcaban la Iglesia y las clases dominantes que era Dios el que quería que sufrieran en la Tierra para tener pasaporte al Cielo; alfabetizar niños y adultos, construir represas y caminos y, en fin, contribuir a la organización militar del campesinado.

p El nombre abreviado en amarice de la "Campaña" es “Zemecha”. Y ya “Zemecha” se ha ganado un respeto general, porque muchos de sus participantes han caído, como en Cuba Conrado Benítez, asesinados por contrarrevolucionarios que no resisten la idea de que se enseñe a las masas.

p Etiopía reorienta también el envío de sus becarios al extranjero. Ahora no será sólo a países imperialistas como hacía el Emperador. También a países socialistas. Antes a ellos iba un número mínimo, pues no había interés en que la juventud conociera sistemas sociales avanzados. Haile Selassie quería tener siervos intelectuales únicamente.

p También la Revolución Etíope pasó de inmediato a la organización de los vecinos. Se crearon asociaciones “(kebeles”) como un primer paso hacia el logro de la autogestión. En setiembre último se habían establecido más de dos mil en las ciudades y unos seiscientos en los poblados rurales. El promedio de cada kebel fluctúa entre dos mil y cinco mil familias.

p En octubre de 1976 se efectuaron elecciones democráticas para que las masas designaran sus propios dirigentes.

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p Según sus estatutos, ellos eligen no menos de quince miembros para la dirección a nivel local, no menos de veintiséis a nivel superior y treinta al central.

p La capital cuenta con una asociación que engloba doscientos noventa y uno kebeles de base y veinticinco superiores.

p Los kebeles se aproximan por sus características más a los soviets que a los CDR de Cuba. Son órganos del poder popular. El Comité Central de la Asociación^ electo a partir de los órganos inferiores, designa de su seno a los alcaldes de las ciudades más importantes.

p Los kebeles tienen bien definidos sus deberes en las actividades por el bienestar del pueblo y en las tareas de la defensa y de la administración de la justicia.

p Una proclamación de octubre del año pasado —inspirada por Mengistu— les dio poderes para establecer sus propios tribunales de justicia y definió el radio de acción de los mismos y sus procedimientos en asuntos civiles y criminales.

p Esa misma proclamación aborda con toda claridad los ot.ros instrumentos de la democracia popular que son las asociaciones de los trabajadores, de las mujeres y de la juventud.

p Enero de 1977 es una fecha que debe recordarse en lo que respecta a la conciencia de clase entre los obreros. Con la fundación de la Unión Sindical de Toda Etiopía se dio el primer gran paso —el otro, y culminante, será la formación del partido marxista-leninista— para que el proletariado pueda cumplir sus grandiosas tareas, en alianza con el campesinado revolucionario.

p Un mes después brotaban las milicias fabriles y, al cabo de tres semanas de preparación, sus integrantes iban 102 directamente a los frentes de combate. Continuaban así una tradición de resistencia obrera a veces intuitiva.

p Es cierto que desde 1962 se contaba con una organización sindical, el CELU, pero su acción estaba limitada a tener que coexistir con un gobierno reaccionario, que trataba por todas las vías, particularmente con las relaciones impuestas con el AFL-CIO de Estados Unidos y el CIOLS, que fueran sindicatos sin contenido clasista, a lo sumo pretendientes a migajas dispuestos a adocenar el espíritu de rebeldía de los trabajadores.

p El joven movimiento sindical libre ahora estudia en sus escuelas políticas el socialismo, convertido en ideal y meta de todo el movimiento obrero etíope.

p ¡Qué nítidamente se evidencia en Etiopía la tesis de Lenin de que en época de revolución, los días dan a las masas un aprendizaje que les tomaría años de luchas normales!

p De las huelgas espontáneas de febrero de 1974 ha pasado a cuidar las fábricas y empresas nacionalizadas, a ocuparse directamente, con todas las dificultades y errores que cabe suponer, de la gestión económica y a formar sindicatos como escuelas vivas del comunismo, la ideología del proletariado revolucionario. Por último, el proletariado ha arribado a la creación de sus milicias y a enorgullecerse de su heroísmo en los combates.

p Existe en Etiopía una correlación bien definida entre el proceso de socialización de los medios fundamentales de producción y la penetración de las ideas socialistas en la conciencia de las masas laboriosas, aunque también allí se haya presentado ese fenómeno común a todas .las revoluciones: el economismo, el afán de ciertos sectores de lograr aumentos de salario y mejoras en las condiciones de vida sin esperar a que el desarrollo de la economía del país lo permitan. Elementos trotskizantes alientan ese fenómeno negativo, lo mismo que procuran apoderarse 103 de puestos de dirección en los “kebeles” para utilizarlos, en un momento dado, contra el poder revolucionario. Con firmeza son rechazados esos elementos trotskizantes por las masas laboriosas, pero el daño que pueden hacer no debe subestimarse.

p Ya a comienzos de 1975 fueron nacionalizados los bancos, las compañías de seguros y un total de sesenta y cinco grandes empresas de la industria ligera, alimenticia y el transporte, únicas con que contaba el país, víctima del subdesarrollo.

p El balance del poder revolucionario en pro de los trabajadores es impresionante.

p A la par que la sociedad tomaba para sí lo producido con el trabajo social, se hacía más libre para los trabajadores.

p Por primera vez se puso fin a los despidos por razones políticas, antesala hasta 1974 de los campos de concentración o de las minas de oro del Emperador con trabajo forzado y se fijaron salarios que, siendo todavía bajos, permiten escapar al hambre y en diciembre de 1975 se hizo la "Proclamación del Trabajo" que llevó a respirar hondo a los viejos obreros. Ella implantó los libros que recogen el número de trabajadores empresa por empresa, para evitar el "no te conozco y vete”, así como en forma precisa y detallada, el tipo de labor, el pago ajustado, las horas de trabajo.

p Por vez primera también las ocho horas diarias, las cuarenta a la semana y el pago de las horas extras. ¿Y qué decir de las vacaciones pagadas entre dos semanas y treinta y cinco días, dependiendo de los años de servicio? ¿Y del pago completo de un mes por enfermedad —el primer mes—, medio pago si ella obliga a no trabajar los otros dos meses siguientes y, sin paga, pero con derecho a volver al trabajo, de prolongarse más tiempo?

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p En la Etiopía donde ayer ser obrero y nada era lo mismo, los trabajadores eligen sus representantes a las administraciones de las empresas nacionalizadas y tienen que ser consultados y oídos en sus disputas con los patronos privados que existen en ramas menores de la economía, en número aún alto.

p Es posible ver en los muros de las fábricas de Addis Ababa las consignas que reflejan el gran cambio, como éstas: "Pelear mientras se produce, producir mientras se pelea" y "¡Todo para el frente! ¡Todo por la victoria!"

p Una transformación igualmente total se aprecia en la condición de la mujer etíope.

p Cuando se piensa en ella antes de la revolución, la palabra “esclava” no era un adjetivo sino un sustantivo de contenido real.

p En el campo, la mujer debía cargar el agua, cortar la leña y llevar increíbles pesos en la espalda y la cabeza durante muchos kilómetros cada día. Como ha señalado la antropologista R. Forbes, allí "cada forma de trabajo es exclusivamente masculina o femenina. Esto no tiene semejanza con nada parecido en ningún otro país del mundo”. Y ella ponía este ejemplo: "Ningún varón, inclusive a punto de morir de hambre, podía llevar granos a moler entre las poderosas piedras empleadas por su madre o esposa. La mujer prepara todas las formas de alimentos y bebidas, pero ella no puede ni soñar con matar el más pequeño pájaro o bestia para la cocina... A través de la cambiante fortuna de Etiopía, la mujer campesina permanecía siempre en la posición anómala de carne de prostíbulo, sin más derecho que al sobretrabajo y la desnutrición."

p Al pie mismo de la pirámide sbcial más alta que las elevadas montañas etíopes, aplastada por todos para todo y a toda hora, la mujer etíope debía sufrir el más cruel 105 chovinismo masculino. Era frecuente que el marido la vendiera, canjeara o regalara.

p Toda la maldad que el feudal descargaba sobre el siervo, éste lo transfería a la mujer.

p ¿Es de extrañar entonces que las asociaciones de mujeres sean lo que son? ¿Que den a la Revolución que las libera por completo alma y vida?

p Naturalmente, gran número de mujeres se han hecho milicianas y su participación en los destacamentos es activa. El pueblo cuenta más de un caso en que, después de amamantar a sus hijos pequeños, ellas han tomado alturas al enemigo a punta de bayoneta en las cercanías de Diré Dawa.

En lo que respecta a la juventud etíope, su fervor es todo el que corresponde a su edad y a sus ensueños. También .su organización avanza por días.

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Notes