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EL PROBLEMA DE LOS “COMPAÑEROS DE VIAJE”
EN LA LITERATURA Y EL ARTE
 

p La superación de la influencia ideológica de la burguesía sobre la intelectualidad exigía de los funcionarios del partido y de los Soviets una profunda erudición, la comprensión de las condiciones concretas, el riguroso cálculo de la correlación de fuerzas, flexibilidad y tacto. A la ideología burguesa no se la podía “abolir”; lo único posible era vencerla mediante una sistemática presión ideológica sobre los depositarios de las supervivencias burguesas. La actividad de los comunistas entre la intelectualidad artística fue ejemplar expresión de la flexible y bien definida política del Partido Comunista, orientada a influir ideológicamente sobre los individuos no proletarios.

p La literatura y el arte constituyen un elemento trascendental de la vida espiritual de la sociedad. Por supuesto, para el partido no era indiferente el "viento ideológico" que hubiera de preponderar en esta esfera.

p El objetivo principal del partido en el terreno de la literatura y el arte en el período que examinamos consistía en fomentar el desarrollo de la nueva cultura y ayudar a los intelectuales del arte afines de una u otra manera al régimen soviético a descargarse el peso de la ideología burguesa y decidirse a tomar parte activa en la construcción del socialismo.

p La intelectualidad artística formada antes de la revolución fue cobrando conciencia paulatinamente de la nueva realidad del país. En sus medios continuó y se ahondó el proceso de diferenciación comenzado inmediatamente después de la Revolución de Octubre.

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p El paso a la Nueva política económica acarreó una mayor agravación de las contraposiciones ideológicas. Muchos intelectuales del arte de la época zarista enarbolaban belicosamente la bandera del apoliticismo, del "arte puro”. Uno de ellos, el poeta, A. Bieli, llevó la defensa del apoliticismo y del no partidismo a la apología del pancismo, y convirtió el pancismo en cierto principio filosófico. "Me repuhga —escribió— todo gustillo de partidismo, que actúa conscientemente "en bien de los demás...” Entre dos males: ser una pequeña rana viva o una rana muerta, reventada por un falso afán de grandeza, prefiero ser rana viva, y me convierto en pancista".

p Algunos artistas, aun no coincidiendo en todo con el Poder soviético, intentaban explicar por qué vivían y trabajaban en la Rusia Soviética, donde estaba en el poder la clase obrera, encabezada por el Partido Bolchevique. He aquí, por ejemplo, lo que dijo el escritor V. Pilniak en Fragmentos de un diario: "...yo —que no soy comunista y que, por eso, no reconozco que deba ser comunista y escribir al estilo comunista— reconozco que el poder comunista en Rusia está determinado no por la voluntad de los comunistas, sino por los destinos históricos de Rusia, y como yo quiero seguir (como sepa hacerlo y como mi conciencia y mi razón me lo dicten) estos destinos históricos rusos, estoy con los comunistas, es decir, en tanto cuanto los comunistas están con Rusia, en tanto yo estoy con ellos (ahora, en estos días, más que nunca, desde luego, porque mi camino no es el del pancista); reconozco que los destinos del PCR me son mucho menos interesantes que los destinos de Rusia, el PCR es para mí nada más que un eslabo’n en la historia de Rusia ..."

p Pero, al mismo tiempo, entre la intelectualidad artística se destacaba un grupo considerable de literatos y artistas que trataban de ver en la revolución no sólo un hecho consumado, e intentaban cambiar de concepciones y comprender lo que la revolución había aportado al carácter de los hombres y a las relaciones humanas en general. Naturalmente, este proceso fue para ellos arduo y complejo. Las dificultades dimanaban ante todo de la necesidad de que los escritores, pintores, actores, etc., modificaran el contenido temático y la orientación ideológica de sus obras, cosa que, evidentemente, suponía cambiar toda su visión del mundo. Tales metamorfosis no se logran con facilidad ni se realizan sin dolor. Por añadidura, también pesaban sobre ellos los procedimientos creativos arraigados, el conjunto de medios de expresión y el estilo creador del artista. Podía ocurrir asimismo que los procedimientos creativos del artista fuesen buenos para reflejar la realidad prerrevolucionaria, pero resultaran completamente inadecuados 196 para describir verazmente y a alto nivel artístico la revolución y a sus hombres. En caballo de batalla se convirtieron no sólo los objetivos y las tareas de la literatura y del arte en la nueva sociedad, sino también los medios de expresión que debía emplear el artista. Así pues, el choque sobre el terreno de las concepciones sociopolíticas e ideológicas se entrelazó fuertemente con la lucha en el campo de la estética. De ahí que no se pudiese exigir ni esperar de los trabajadores de la literatura y el arte una redislocación instantánea hacia las posiciones revolucionarias. Y si ellos no ocultaban su fisonomía política, no cambiaban de colores como el camaleón y hacían confesión de fe en lo que entonces se llamaba "liberalismo humano suprapartidista”, ya sólo esto permitía a estos artistas abordar con gran comprensión y sensibilidad todo lo que, a su juicio, había de provechoso y bueno para el pueblo en la acción del poder, todavía extraño para ellos.

p Sobre las relaciones de esta parte de la intelectualidad y el Poder soviético dio una imagen metafórica muy fiel A. Lunacharski, refiriéndose al notable actor A. Yuzhin, "decano del Teatro Maly": "Sería extraño, por supuesto, esperar de Yuzhin el énfasis revolucionario. Sería extraño esperar de él la revolución en el teatro. En este aspecto es conservador, pero conservador en el sentido con que se llama así a quien cuida de un invernadero.

p Sí, en Yuzhin no hay que buscar espíritu revolucionario en el sentido que nosotros lo comprendemos, el único sentido justo. Pero entre nosotros y el viejo artista podríamos imaginarnos un diálogo que, en verdad sea dicho, ha sido hablado casi literalmente más de una vez no sólo entre él y yo, sino tambie’n entre él y otros representantes del Poder soviético.

p Yuzhin nos dice: "Yo no exijo de ustedes un milagro, yo no exijo que instauren en la tierra el paraíso socialista que prometen a las masas populares. Sé que están metidos ustedes en una lucha difícil, en la que a veces se agotan, pero creo que desean hacer un grandioso bien; creo que ustedes poseen grandes fuerzas y que ante ustedes hay grandes posibilidades. El futuro lo dirá, pero en todo caso ustedes no deben hollar los valores que han heredado del pasado".

p Y nosotros le respondemos: "Nosotros tampoco pedimos de usted un milagro. Sabemos que pertenece a otra falange y que no puede, de pronto, hacer florecer espléndidas rosas de la revolución, pero sabemos que usted hace llegar hasta nosotros con perfumada mano las flores más fragantes y delicadas que nos han dejado en herencia las generaciones pretéritas, y sabemos que en nuestra primavera, muy temprana aún nuestra 197 tierra, muy desnuda todavía de flores, necesita el presente ofrendado por usted".

p He aquí la Constitucio’n no escrita que existe entre el Poder soviético y los mejores representantes del viejo arte"   [197•35 .

p A la par que combatían a los enemigos, el Parido Comunista y el Poder soviético luchaban por los amigos, ayudándoles a desembarazarse de las influencias ideológicas hostiles y a ir acercándose al pueblo. Este proceso fue característico en todas las esferas de la construcción cultural en los primeros años del Poder soviético.

p En la historia de la cultura soviética y en la historia de la intelectualidad llena una brillante página la lucha del Partido Comunista por atraer a los llamados "compañeros de viaje" a la edificación del socialismo. Con este término se denominaba en los años 20 a los literatos y artistas que se esforzaban por comprender las transformaciones revolucionarias, tomar parte en la nueva vida y, en la medida de sus fuerzas y capacidad, contribuir al desarrollo de la misma. Habían aceptado la revolución, pero no tenían una idea completamente clara de sus tareas y fines. El te’rmino "compañero de viaje”, empleado en nuestra literatura, sobre todo con respecto a los escritores, no refleja la naturaleza y las peculiaridades del proceso vivido por la intelectualidad. El "compañero de viaje" es un compañero fortuito, un hombre que temporalmente y sólo en apariencia se adhiere a algún movimiento social, sin estar vinculado con él en su fuero interno. Mas el análisis de la vida social de los años 20 persuade de que los escritores, artistas, pintores y otros profesionales de la literatura y el arte no fueron compañeros de viaje casuales hasta una "estación" determinada. Por el contrario, fueron hombres que buscaron y encontraron su camino hacia la comprensión de la revolución y de las ideas socialistas.

p Al fijar su actitud en orden a los "compañeros de viaje”, el partido se fundó en que, en el transcurso de la construcción del socialismo, los escritores, los artistas en general, sabrían vencer las influencias ideológicas extrañas.

p El problema de los "compañeros de viaje" era muy complicado y áspero. En dar!e una solución correcta estaban directamente interesados el Partido Comunista y los propios "compañeros de viaje”. Este problema formaba parte de otro más amplio e importante: el de la adaptación de la herencia cultural del pasado y la inserción de sus elementos en la nueva cultura en desarrollo. Es natural que un proceso tan intrincado no pudiera desenvolverse lisa y llanamente, sin obstáculos, sin 198 errores y dificultades y sin conflictos y luchas. De todo esto hubo en la vida cultural del país de aquel tiempo.

p El problema de los "compañeros de viaje" despertó el interés de toda la opinión soviética. En torno a él se desataron las pasiones y se encendieron debates y discusiones en los que participaron destacados funcionarios del partido, escritores y críticos. En el ardor de la polémica se delinearon dos puntos de vista que en gran parte o por entero se excluían el uno al otro. Uno de los dos criterios estaba ligado principalmente con la revista Krásnaya nov y su director, A. Voronski, conocido crítico y organizador de las fuerzas literarias del país en los años 20.

p En los primeros años de su publicación, la revista Krásnaya nov (fundada en 1921) logró felizmente poner de parte del Poder soviético a las fuerzas más vivas de la intelectualidad artística de la época zarista, incluidas personas vacilantes y no formadas aún políticamente, descubrir y apoyar a las nuevas fuerzas talentosas y crear un amplio frente de la literatura soviética, a la vez que combatía la ideología burcuesa y a la emigración “interior” y exterior. La redacción de esta revista mensual se afanó por agrupar a través de sus páginas a escritores de los grupos literarios y de los estilos artísticos más diversos. En Krásnaya nov aparecieron obras de jóvenes escritores soviéticos de gran valía que por aquellos años empezaron a probar las armas en la literatura: V. Ivánov, K. Fedin, M. Zóschenko, N. Aséiev, F. Gladkov, L. Seifúllina, A. Nevérov, L. Leónov, A. Malyshkin, N. Liashkó, A. Veseli, L. Réisner, V. Kazin, E. Bagritski, I. Babel y muchos otros.

p Voronski atrajo a la colaboración en Krásnaya nov a escritores que se habían iniciado en la vida literaria antes de la revolución: V. Veresáev, B. Pasternak, K. Trenev, V. Briúsov, A. Tolstói, M. Prishvin, S. Sergéiev-Tsenski, O. Forsh, M. Shaguinián, V. Shishkov, I. Erenburg, A. Chapyguin, I. Sokolov-Mikítov, V. Mayakovski, S. Esenin y otros.

p Hablando de la importancia y el provecho del trabajo con los intelectuales sin partido. A. Voronski dijo: "Hay que continuar trabajando con los escritores sin partido vacilantes y agrupándolos de modo -que enlacen más estrecha y orgánicamente su destino y sus obras con el destino de la Revolución de Octubre y del proletariado, coadyuvando a la alianza del partido con el campesinado y la intelectualidad... La flexibilidad y la precaución en el enfoque con los compañeros de viaje no deben ir acompañadas, claro está, de la difuminación de sus faltas ideológicas y artísticas"  [198•36 .

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p Sin embargo, la actividad de A. Voronski y del grupo formado en torno a Krásnaya nov adoleció de serios errores. Voronski demostraba la necesidad de observar una actitud solícita y sensible con los escritores de la vieja época (y la llevaba a la práctica), pero no creía en la posibilidad de que fuese creada una nueva cultura. A la vez que enjuiciaba con prevención la obra de las jóvenes fuerzas literarias, veía talentos principalmente entre los "compañeros de viaje”, a los que consideraba auténticos continuadores de los clásicos, que habían cruzado "el puente estético entre el viejo arte y el arte actual”. Voronski defendía a los "compañeros de viaje" frente a los ataques y acusaciones injustos, mas a la par jaleaba inmerecidamente a ciertos escritores y condescendía con sus bandazos ideológicos y la penetración de concepciones adversas en sus obras.

p Las opiniones erróneas de A. Voronski y su orientación unilateral exclusivamente hacia los escritores "compañeros de viaje" fueron sometidas a justa crítica en los medios del partido y literarios. Anatoli Lunacharski dijo de A. Voronski que era uno "de los representantes más cultos y profundos de nuestro mundo comunista artístico o científico-artístico" y "el principal organizador de la vida literaria del período de transición”. Pero al mismo tiempo escribió sobre sus errores: "La amabilidad respecto a los intelectuales que han aceptado la Revolución de Octubre ha llegado hasta el coqueteo con ellos, hasta la exagerada apreciación de sus fuerzas, el menosprecio de sus debilidades y notas falsas que resonaban en sus obras y cierta actitud desdeñosa hacia los brotes de la literatura puramente proletaria que crecían rápidamente"  [199•37 .

p No obstante, los serios errores de A. Voronski, incluidos los de orden ideológico, no pueden borrar en conjunto el significado de su actividad muy fructífera y útil para atraer hacia la construcción de la cultura socialista a las fuerzas literarias más vivas.

p El otro criterio, diametralmente opuesto, sobre los "compañeros de viaje" lo expresaron los miembros de algunas agrupaciones artísticas de escritores y pintores proletarios (la Asociación Rusa de Escritores Proletarios, la Asociación de Pintores de la Rusia Revolucionaria, el grupo Lef  [199•38 , el grupo 200 Kúznitsa  [200•39  y otros). Estas agrupaciones jugaron, sin duda, un papel positivo en la organización de las fuerzas jóvenes de la literatura y el arte proletarios. Junto con esto, su actividad pecaba de muchos rasgos nocivos, tales como el ultraizquierdismo, el espíritu de grupo, el sectarismo y la sociología vulgar en las cuestiones teóricas.

p Fueron particularmente perniciosos los bruscos ataques de algunas agrupaciones artísticas proletarias a los escritores y pintores que no pertenecían a ellas. La crítica “izquierdista” mostraba especial desdeño y, a veces, hostilidad hacia los escritores y artistas procedentes de la intelectualidad democrática, los "compañeros de viaje”. Un botón de muestra del contenido político que daban a este término los críticos “izquierdistas” es la resolución de la I Conferencia de Escritores Proletarios de la URSS, celebrada en 1925. "El tipo predominante de "compañeros de viaje" —se decía en ella— es el escritor que en la litaratura desfigura la revolución y a veces la calumnia, el escritor impregnado del espíritu de nacionalismo, de potencia dominante, de misticismo ... La literatura de los "compañeros de viaje" es, en el fondo, una literatura enfilada contra la revolución proletaria”. Habíase elaborado una minuciosa clasificación de los "compañeros de viaje": simples compañeros de viaje; compañeros de viaje interiores; compañeros de viaje izquierdistas; emigrantes interiores; escritores neoburgueses, etc. La crítica solía convertirse en groseras blasfemias a través de la prensa, acompañadas de amenazas y ofensas. Las cosas llegaron al extremo de que, en el fragor de la polémica literaria, se llegó incluso a incluir a Mayakovski y a Máximo Gorki entre los "compañeros de viaje".

p De la errónea interpretación del "compañerismo de viaje" resultaba que el escritor "compañero de viaje" debía hallarse bajo la avizora vigilancia de sus colegas “proletarios”. Si un "compañero de viaje" reconocía que tal o cual grupo de escritores proletarios era el único intérprete de las tendencias comunistas en la literatura, entonces podía contar con su apoyo y aprobación. Pero si se abstenía de observar las indicaciones de los dirigentes de estos grupos, dejaba de ser "compañero de viaje" para convertirse en contrarrevolucionario al que era necesario “desenmascarar”. Así, la revista Na postú, órgano de la Asociación Rusa de Escritores Proletarios, que mantenía 201 posiciones de extrema izquierda, abusaba del empleo de fustigantes acusaciones políticas y se complacía en pegar a los "compañeros de viaje" toda clase de etiquetas políticas, trasladando mecánicamente a los fenómenos de la literatura y el arte la terminología de la lucha política.

p Al mismo tiempo debe decirse que muchos de los "compañeros de viaje" sustentaban efectivamente concepciones no soviéticas y pretendían deslizarías a través de la prensa. El mérito de la revista Na postú consistió en que propugnaba la organización de las fuerzas de la naciente literatura proletaria y el apoyo a las mismas y criticó con justedad las tendencias antisoviéticas en la literatura. Sin embargo, la redacción de la revista no tenía en cuenta las condiciones concretas del desarrollo de la literatura ni la complejidad de la lucha ideológica. Los escritores agrupados enrededor de Na postú rechazaban la propia idea de que los intelectuales de la época zarista podían "forjarse de nuevo”, hacer suya la ideología socialista. No podían comprender que el problema radicaba en ver qué política era la más razonable y cual era la mejor forma para atraerse a más amigos y cómo lograr el aislamiento y la neutralización de los enemigos.

p Las “batallas” organizadas por la crítica “izquierdista” encontraban la debida réplica ante todo en los medios de los Soviets y del partido y en el mundo literario. Lunacharski dijo que "cuando se pronuncian discursos llenos de una agitada irritación contra los compañeros de viaje, como si fueran camaleones, gente rastrera, chapuzeros, etcétera, hay que oponerse a ello con toda energía".

p Estos ataques, injustificados en su mayor parte, de críticos muy sectarios y sociológicamente vulgares provocaban legítima indignación a muchos escritores y trabajadores del arte. Testimonio de ello es, por ejemplo, la carta de un grupo de escritores a la que se dio lectura en una reunión dedicada a la literatura celebrada en la Sección de prensa del CC del PC (b) de Rusia en mayo de 1924. En ella se decía: "Consideramos que las vías de la literatura rusa contemporánea, y, por consiguiente, las nuestras, están ligadas con las vías de la Rusia Soviética posterior a Octubre... Saludamos a los nuevos escritores, obreros y campesinos, que entran ahora en la literatura. De ningún modo nos oponemos a ellos ni los creemos hostiles o extraños a nosotros. Su trabajo y nuestro trabajo constituyen el trabajo indiviso de la literatura rusa contemporánea, que marcha por un solo camino y hacia un solo fin.

p Las nuevas vías de la literatura soviética son vías difíciles, en las que son inevitables los errores. Nuestros errores nos 202 pesan a nosotros mismos más que a nadie. Pero protestamos contra los ataques globales de que somos objeto. El tono de revistas como Na posta y sus críticas, que ellas presentan, por cierto, como la opinión del PCR en su conjunto, abordan nuestro trabajo literario de manera preconcebida y falsa. Estimamos necesario declarar que tal actitud hacia la literatura no es digna de la literatura ni de la revolución y desmoraliza a la masa de escritores y lectores. Los escritores de la Rusia Soviética estamos convencidos de que nuestro trabajo literario es necesario y útil para ella”. Firmaban la carta A. Tolstói, M. Zóschenko, V. Kaverin, M. Prishvin, S. Esenin y otros, en total 37 personas.

p La situación anormal que se había creado en el mundo literario no podía dejar de inquietar al CC del PC (b) de Rusia. El problema de dirigir el desarrollo de la literatura estaba "en el orden del día”, como se expresó en la resolución del XII Congreso del partido.

p En mayo de 1924, en la Sección de prensa del CC del PC (b) de Rusia tuvo lugar una conferencia ampliada, en cuyas labores participaron funcionarios del partido, periodistas, escritores y críticos. Se trató de las tareas del partido en la dirección del movimiento literario, de la organización de las fuerzas de la literatura proletaria y de la actitud hacia los "compañeros de viaje”. La resolución de la conferencia reflejaba el afán del partido por ayudar a todos los escritores honrados a sustentar posiciones ideológicas justas y a ser defensores activos de las conquistas de la revolución. La conferencia aprobó una propuesta orientada a apoyar a la literatura proletaria. Al mismo tiempo, condenó la errónea y perniciosa táctica de “lucha” contra los escritores "compañeros de viaje".

p Sin embargo, la polémica continuó. En realidad, en el mundo literario se habían formado dos campos. Uno, capitaneado por la revista Krásnaya nov, a la que se sumaron las revistas Pechat i revoliutsia y Sibirskie ogní, y el segundo, formado por las revistas Na postú, Molodaya gvardia, Oktiabr y, en parte, Zvezdá. El debate entre estos “campos” trascendía a los problemas más importantes del desarrollo de la literatura soviética.

p El Partido Comunista no dejaba de dedicar la mayor atención a la situación en la literatura. A comienzos de 1925 se celebraron varias reuniones de la Comisión literaria adjunta al CC del PC (b) de Rusia. Destacados funcionarios del partido publicaron artículos en los que abordaban cuestiones de la política literaria. A fijar la línea del partido contribuyó considerablemente el artículo Acerca de nuestra línea en la 203 literatura y de los escritores proletarios, de I. Vareikis, aparecido en Pravda en febrero de 1925. En este artículo, Vareikis planteaba que era necesario prestar toda clase de apoyo a los escritores obreros y campesinos, a la vez que criticaba la actitud de la revista Na postú respecto a los "compañeros de viaje".

p En la reunión celebrada por la Comisión literaria el 3 de marzo de 1925, M. Frunze señaló los errores de uno y otro “campo” y dijo que, por una parte, el camarada Voronski, director de Krásnaya nov, debía volverse completamente de cara hacia la juventud proletaria, y, por otra parte, los colaboradores de Na postú, hacia los "compañeros de viaje".

p En la discusión sobre el lugar y el papel de los "compañeros de viaje" también intervino A. Lunacharski. En la controversia "Las primeras piedras de la nueva cultura”, que tuvo lugar el 9 de febrero de 1925, manifestó que la base social del "compañerismo de viaje" era la pequeña burguesía. Y aunque entre los "compañeros de viaje" eran muchos los extravíos y las vacilaciones y con frecuencia "dan vueltas de vals a la derecha o a la izquierda con damas sospechosas”, A. Lunacharski teníala firme convicción de que les repugnaba profundamente el régimen burgués y no eran enemigos de la revolución. Los "compañeros de viaje”, a juicio de Lunacharski, eran hombres que "pueden ofrecer cierto número de obras inspiradas ..., pero es preciso ponerles en el lugar debido y no darles bombo diciéndoles que precisamente ellos son la verdadera literatura, que son la fuerza principal en nuestra construcción cultural".

p Refiriéndose a la intelectualidad, A. Lunacharski propuso la siguiente fórmula: "Los que están contra la burguesía, están con nosotros ... "  [203•40 .

p La política del partido en la literatura y el arte fue expresada con plenitud en la resolución "Acerca de la política del partido en la esfera de la literatura amena”, del CC del PC (b) de Rusia, aprobada el 18 de junio y aparecida en Pravda. El Comité Central del partido hacía hincapié en la necesidad de combatir firmemente todas las manifestaciones de ideología burguesa en la literatura y a los "elementos antirrevolucionarios" y criticaba con dureza el espíritu conciliador y capitulante. A la vez, el CC prevenía contra los intentos de incluir sin distinción a todos los "compañeros de viaje" en el campo de los enemigos de la revolución. "A este propósito, la directriz general debe ser la de observar una actitud comedida y solícita hacia ellos, es decir, 204 una orientación que asegure todas las condiciones para su paso más rápido posible a la ideología comunista”. Al mismo tiempo, la crítica debía "mostrar muchísimo tacto, prudencia y tolerancia con todas las capas intermedias literarias que puedan acercarse al proletariado y marchar junto con él".

p Esta resolución censuraba los métodos administrativos en la literatura y proponía la libre emulación de las diferentes agrupaciones y tendencias en el ámbito de las formas artísticas. "A la par que distingue el correcto contenido social clasista de las corrientes literarias, el partido en conjunto no puede de ninguna manera sujetarse a ninguna inclinación en la esfera de la forma literaria".

p Este documento fue extraordinariamente valioso para la cohesión ideológica de los escritores soviéticos y para acabar con las deformaciones existentes en el movimiento literario; definió el carácter del proceso del desarrollo literario y trazó la vía por la que debían encaminarse los escritores, cualesquiera que fuesen las agrupaciones con las que estaban vinculados. La resolución del CC ejerció gran influjo asimismo en el desarrollo del teatro, la pintura, la escultura y la cinematografía soviéticos.

p No es extraño, pues, que los años 20 se significaran por la aparición de grandes obras literarias y artísticas, acreditativas de que la joven cultura soviética había entrado en un anchuroso camino de impetuoso desarrollo.

p Por tanto, en la situación de la intelectualidad y en su ideología durante la primera década de existencia del Poder soviético se operaron grandes cambios. De fuerzas hostiles en general a las ideas socialistas, la inmensa mayoría de los intelectuales se convirtieron en una fuerza que colaboraba con el Poder soviético. La intelectualidad (quisiéranlo o no algunos de sus grupos) prestó una gran ayuda objetiva a la clase obrera y al campesinado en la organización de la dirección de la economía, en el restablecimiento de la economía destruida y en la construcción cultural.

p Bajo el influjo de las transformaciones socialistas en el país y paralelamente a ellas se verificó el proceso de deslindamiento de los diferentes grupos de la intelectualidad. Uno de ellos, relativamente poco numeroso (parte de los ingenieros, técnicos y trabajadores científicos y de la intelectualidad artística), siguió siendo enemigo del nuevo régimen, que esperaba la ocasión propicia para pronunciarse por la restauración del régimen burgués. Esta capa de la intelectualidad estaba integrada por los especialistas más cualificados, que ocupaban importantes puestos en la economía nacional y jugaban un gran papel en la vida cultural del país. No se les pudo desplazar del 205 trabajo porque por entonces no había nadie con quien sustituirles. Y esta circunstancia hubo de ser tenida en cuenta.

p El grupo más numeroso de la intelectualidad continuó siendo en su mayoría una masa de hombres inertes en el sentido político, que procuraban mantenerse exclusivamente en el ámbito de los intereses de la producción o de la ciencia. Así y todo, este grupo experimentó profundos cambios. El ambiente de trabajo heroico de la clase obrera y del campesinado, el entusiasmo político y laboral de las masas trabajadoras, la política del Partido Comunista y la actividad de los sindicatos y otras organizaciones sociales fueron haciendo entrar paulatinamente a los intelectuales en la nueva vida. Ayudando honradamente al Poder soviético en la esfera productiva, los intelectuales se incorporaron poco a poco a la vida social del país y fueron transformándose en participantes conscientes de la construcción del socialismo.

p Por último, hay que referirse a otro fenómeno característico del período de que hablamos: el constante aumento de la capa de intelectuales que habían unido plena e indisolublemente su destino al de la clase obrera y a la obra de la edificación del socialismo. Esta parte de la intelectualidad constituía un seguro puntal del Partido Comunista y de la clase obrera en todas sus iniciativas y en su lucha por reducar a la intelectualidad burguesa y convertirla en una intelectualidad nueva, soviética. Cada año fue aumentando y extendiéndose el ascendiente de este grupo sobre el resto de los intelectuales.

p Los años del restablecimiento de la economía del país mostraron que en la solución del problema de los especialistas de la vieja sociedad el Partido Comunista marchaba por buen camino. Grupos considerables de intelectuales colaboraban activamente con el Poder soviético. Esto significaba que se habían dado largos pasos en la obra de separar de la burguesía a los intelectuales y puesto firmes cimientos para la alianza de los hombres del pensamiento creador y la clase obrera constructora del socialismo.

Las medidas aplicadas por el Partido Comunista en el período de restablecimiento de la economía para atraer a los trabajadores intelectuales al servicio del Estado obrero y campesino tuvieron gran importancia para la intelectualidad burguesa. No obstante, la tarea no se había cumplido enteramente aún. Al Partido Comunista y a la clase obrera les quedaba todavía mucho por hacer para que los intelectuales de la vieja época rompieran definitivamente con su pasado burgués y se hicieran sustancialmente socialistas, por propia convicción.

* * *
 

Notes

[197•35]   Archivo Central de Literatura y Arte del Estado.

[198•36]   Del Archivo Central de Literatura y Arte del Estado

[199•37]   A. Lunacharski. Las etapas del crecimiento de la literatura soviética. Na literatiírnoin postú. 1927, N. 22-23, pág. 19.

[199•38]   Frente Izquierdista de las Artes, grupo literario que existió en Moscú de 1923 a 1930. Las concepciones literarias de sus miembros estaban ligadas con el futurismo. Editó las revistas Lef (1923-1925) y Novy /e/(1927-1928).

[200•39]   Kúznitsa “(La forja”). Revista fundada por un grupo de poetas soviéticos que en 1920 abandonaron la Proletkult. Los temas de la revista eran la poesía laboral, la camaradería, la solidaridad de clase y el romanticismo revolucionario. El grupo literario Kúznitsa existió hasta 1928.

[203•40]   A. Lunacharski. Acerca de la intelectualidad. Moscú, 1923. pág. 19.