INTELECTUALIDAD HACIA LA COLABORACIÓN CON EL
PODER SOVIÉTICO
p Uno de los primeros pasos en el establecimiento del contacto entre el Poder soviético y la intelectualidad fue la superación del sabotaje. Era preciso arrancar a los intelectuales del influjo de la gran burguesía e inclinarlos a servir al pueblo. Ya el 15 de noviembre de 1917, por encargo del Gobierno soviético, el Comisario del Pueblo de Instrucción, A. Lunacharski, hizo un llamamiento en el que invitaba a los intelectuales a ayudar al pueblo trabajador. "Acudid en ayuda de él. Está rebosante de fuerzas, pero cercado por la desgracia. Gloria a quienes en la grave hora de la prueba de fuego están con el pueblo... Oprobio a quienes le abandonan. Y sabed que la revuelta, la indecente revuelta de la intelectualidad contra el pueblo trabajador, si 32 acaso continuara, sembraría de nuevas espinas su camino ya sin ellas lleno de martirios, pero no podría detener su carro. El pueblo os llama a trabajar juntos... No hay retorno al pasado".
p El sabotaje de los intelectuales no era un fenómeno extendido a todas partes y omnicomprensivo. A él sólo fueron arrastrados ciertos grupos de la intelectualidad, principalmente en las ciudades: empleados de las instituciones, maestros y médicos. Procede señalar a la vez que no todos los maestros, médicos y empleados se declararon en huelga. Gran número de ellos protestaron enérgicamente contra tales formas de oposición al poder revolucionario e hicieron públicas su desconformidad con la línea política de los líderes antisoviéticos de las asociaciones de intelectuales y su baja en ellas.
p Dieron el ejemplo los pocos intelectuales comunistas afiliados a esas asociaciones, manteniendo con valentía y firmeza la única actitud justa: máximo apoyo al Gobierno soviético y lucha contra los promotores y organizadores del sabotaje. En la reunión del 26 de diciembre de 1917 de la directiva de la Sociedad de médicos Pirogov se dio lectura a una carta del médico bolchevique I. Rusakov con motivo del acuerdo de huelga aprobado por la directiva de la sociedad. En su carta, I. Rusakov protestaba enérgicamente contra este acuerdo y comunicaba que se daba de baja en la sociedad. Una carta análoga escribió el médico Z. Soloviov. Los médicos comunistas M. Vladímirski, N. Semashko, V. Obuj y otros llevaron a cabo una gran labor de esclarecimiento entre los trabajadores de medicina, explicándoles lo que era en esencia el Poder soviético y qué fines perseguía e invitándoles a una colaboración activa y práctica con él.
p Las huelgas del personal médico levantaron una ola de protestas entre la población y, también, entre los médicos que habían permanecido fieles a su deber profesional. Los militares que se curaban en uno de los lazaretos protestaron contra la huelga del personal sanitario y pidieron a los médicos que no dejaran sin asistencia facultativa, víveres y combustible a los soldados víctimas de la guerra. Las alumnas de los Cursos Superiores Femeninos declararon en una resolución su plena solidaridad con sus compañeras de estudio que habían remplazado en sus puestos a los saboteadores. El comité sindical de empleados inferiores del Hospital urbano Yáuza acordó denegar productos alimenticios a los huelguistas y considerarlos despedidos. Al mismo tiempo, expresó profundo agradecimiento a los trabajadores sanitarios que no habían abandonado el cumplimiento de sus obligaciones.
33p El proceso de viraje de las personas honradas hacia la colaboración con el Poder soviético también avanzó entre los maestros La actitud antisoviética de los dirigentes de la Union de Maestros de toda Rusia suscitó la protesta de la población y de muchos maestros progresistas, que exigieron poner fin al criminal sabotaje y no convertir la escuela en instrumento de la lucha política. En las redacciones de periódicos y revistas se recibían cartas de pedagogos que manifestaban su rompimiento con la dirección contrarrevolucionaria de la Unión de Maestros. He aquí lo que decía una de aquellas cartas colectivas: "Los abajo firmantes protestamos contra la posición adoptada por la Unión de Maestros de toda Rusia, que en momentos tan decisivos ha tomado partido claramente por los enemigos del pueblo, colocándose entre los saboteadores y expulsando de sus filas por convicciones políticas a los más prestigiosos trabajadores de la enseñanza. Protestamos, creemos inadmisible continuar en tal asociación y declaramos darnos de baja en ella”. Incluso organizaciones que estaban muy influenciadas por la dirección contrarrevolucionaria de la Unión de Maestros se rebelaron contra la política de sabotaje. A demanda de los maestros de Moscú, a finales de febrero de 1918 se efectuó un referéndum sobre el problema de la huelga. De los 1.305 participantes en él, 1.289 se pronunciaron por el cese de la huelga.
p Entre los trabajadores del arte aparecían cada vez más personas deseosas de colaborar honradamente con el nuevo poder. Por ejemplo, en el Teatro Alexandrinski, al que ya nos hemos referido como uno de los centros de sabotaje, había fuerzas que acogieron lealmente los llamamientos del Gobierno soviético. Al frente de este grupo estaba el actor I. Urálov. Según el testimonio de un contemporáneo, en los momentos de mayor desenfreno de los saboteadores, cuando intentaban suspender las representaciones y hasta exigían cerrar el teatro "en señal de protesta”, I. Urálov y, con él, E. KorcháguinaAlexandróvskaya, M. Domásheva, A. Chizhévskaya y P. Leshkov, además de otros actores, prepararon urgentemente un espectáculo con el que se pudiera sustituir la representación interrumpida por los saboteadores. En la dirección del teatro se acentuó el influjo de los artistas que apoyaban el Poder soviético.
p Sin embargo, a comienzos de 1918 un grupo de 35 personas anunció que abandonaba la compañía del teatro. Lunacharski se vio obligado a destituir de la dirección del teatro a F. Bátiushkov, uno de los promotores del sabotaje. En respuesta a su disposición, siguió la amenaza de baja colectiva de la 34 compañía. Al ver la lista de los que “abandonaban” el teatro, A. Lunacharski comentó: "En fin, amigos míos, por triste que sea, sin ellos el Teatro Alexandrinski no nos hace falta”. Así y todo, mantuvo su decisión, pero hizo grandes esfuerzos para explicar a los artistas lo que el pueblo y el Poder soviético esperaban de ellos. Su paciente, inteligente y flexible política acabó por triunfar. La vida de la compañía del Teatro Alexandrinski fue entrando por un cauce normal.
p Cada día más y más intelectuales se persuadían de que habían sido engañados, de que habían servido de ciego instrumento en manos de la burguesía y de sus edecanes para la lucha contra el pueblo revolucionario. Las medidas del Gobierno soviético para mejorar la situación de la intelectualidad y para proteger los valores culturales, sus disposiciones tan progresistas sobre la implantación de una nueva ortografía, la separación entre la Iglesia y el Estado y entre la escuela y la Iglesia y la firme política del Gobierno soviético en los problemas cardinales de la vida del país mostraron a las más amplias capas de la intelectualidad que el nuevo poder actuaba en beneficio del pueblo, incluidos los intelectuales. Todo lo que había de honrado y sano en la intelectualidad de Rusia rompió con la contrarrevolución y emprendió el camino de la colaboración con el Poder soviético.
p A la par con esto, el nuevo poder hubo de emplear medidas coercitivas contra los saboteadores y huelguistas más inconciliables. A iniciativa de V. I. Lenin, en diciembre de 1917 se formó la Comisión Exraordinaria de toda Rusia (Cheka) para combatir la contrarrevolución y el sabotaje. Suscitó su formación la necesidad de acabar cuanto antes con la resistencia de las clases derrocadas y sus fautores entre la intelectualidad burguesa. La Cheka sostuvo una enérgica acción contra el sabotaje, desenmascarando y castigando a sus inspiradores y organizadores.
p El sabotaje causó enorme daño a la naciente República de los Soviets; la lucha contra él fue complicada y difícil, pues la intelectualidad poseía un arma de la que carecían los obreros: los conocimientos.
p Ya en los primeros días del Poder soviético el partido y la clase obrera promovieron de entre sus filas a centenas de organizadores talentosos, que remplazaron con éxito a los especialistas saboteadores. Los obreros y los comunistas más instruidos asumieron la dirección de los bancos, de la instrucción pública y de muchas fábricas. Por ejemplo, al bolchevique N. Markin, antiguo marinero, se le encargó de normalizar la actividad del Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros. 35 Dirigió la edición de los documentos diplomáticos secretos: los tratados secretos del zarismo contrarios a los intereses del pueblo. Sin embargo, los obreros de vanguardia sólo pudieron ser utilizados principalmente para formar el aparato administrativo. En cuanto a las esferas de la economía y de la cultura, en las que se exigía conocimientos especiales, los intelectuales, en los que estaban personificados estos conocimientos, eran imprescindibles.
p Acabar con el sabotaje significaba lograr que volviese al trabajo el especialista saboteador e impelerle a cumplir sus obligaciones. Debe señalarse que en aquel tiempo no se reprimió con rigor a los saboteadores. En realidad, no se les impuso otros castigos que la confiscación de sus fondos, la detención por poco tiempo de los dirigentes del sabotaje, la privación de la ración de alimentos y la suspensión de sueldo. Aquello fue una lucha, pero no una lucha contra la intelectualidad como tal, sino contra los desertores del frente del trabajo, que habían condenado al pueblo a nuevos sufrimientos. Como todo poder legítimo, el Poder soviético tenía perfecto derecho, incluso desde el punto de vista de la legalidad burguesa, a imponer el cumplimiento de sus obligaciones directas ante el Estado a los ciudadanos que se negaban a hacerlo guiándose por fines políticos preconcebidos.
p El Poder soviético castigó no sólo por la organización del sabotaje, sino también por la persecución a los intelectuales que habían aceptado el programa soviético. Les defendió contra las represalias de los reaccionarios y les prestó apoyo moral.
p En la primavera de 1918 el sabotaje de la intelectualidad había sido, en lo fundamental, vencido. Un motivo muy importante que influyó en el cambio de actitud de los intelectuales fue la marcha triunfal del Poder soviético por el país, el desplome del viejo aparato del Estado y su remplazamiento por un nuevo aparato. La disolución de la Asamblea Constituyente [35•28 echó por tierra las esperanzas de las fuerzas 36 contrarrevolucionarias en una victoria próxima. Esta circunstancia no podía dejar de reflejarse en la posición de los grupos que saboteaban el nuevo poder. Por ejemplo, los delegados al Congreso de maestros de la gubernia de Moscú señalaron en una resolución sobre la actitud de los maestros hacia el Poder soviético que la coyuntura política había cambiado bruscamente en el último tiempo en el sentido del paso de todo el aparato del Estado, tanto en el centro como en las localidades, a manos de los Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados. El congreso reconoció que era "imposible la acción colectiva de los maestros contra este poder en forma de huelgas" y estimó necesario para los maestros entrar en relaciones prácticas con el Poder de los Soviets.
p Señalaremos que el cese del sabotaje de los intelectuales estuvo ligado en cierta medida a la reanudación en febrero de 1918 de las operaciones militares de la Alemania imperial contra la República Soviética. Esto repercutió especialmente en los médicos huelguistas. Su situación en unas condiciones de fervor general del pueblo para hacer frente al enemigo se hizo angustiosa y equívoca, provocando contra ellos el odio del pueblo, que los miraba como a cómplices de facto de los ocupantes alemanes. Esta fue una de las razones por la que la asamblea de trabajadores de medicina de Moscú acordó el 2 de marzo de 1918 formar un cuerpo sanitario para atender a las unidades del Ejército Rojo. A los defensores de la patria enfermos y heridos ofrecieron su ayuda la Unión de Enfermeras de toda Rusia y los estudiantes de la Academia Militar de Medicina. El conocido microbiólogo D. Zabolotni dirigió el trabajo de los equipos antiepidémicos.
p La intervención militar extranjera, emprendida por los países de la Entente, y la exacerbación de la guerra civil también aceleraron el proceso de diferenciación de la intelectualidad y el viraje hacia su colaboración con el Poder soviético. Grupos considerables de intelectuales ofrecieron sus servicios al nuevo poder. Por ejemplo, en marzo de 1918, el presidente de la Academia de Ciencias, A. Karpinski, en una carta a A. Lunacharski, comunicaba que entre el personal de la Academia había arraigado la opinión de que era necesario colaborar con el Poder soviético. Muchos intelectuales que se consideraban situados al margen de la política empezaron a interesarse vivamente por los acontecimientos políticos que conmovían al país. Así lo prueban los mítines de intelectuales y sus intervenciones a través de la prensa. Todos los intelectuales honrados reaccionaron con la mayor indignación al conocer el abominable atentado contra V. I. Lenin. En este período se 37 empezó a constituir organizaciones de masas de los intelectuales que se regían por los principios soviéticos. Algunas de estas nuevas asociaciones de intelectuales surgieron espontáneamente, a iniciativa de las personas más progresistas y siempre obtuvieron el apoyo más resuelto del Partido Comunista y del Estado soviético. Ya a finales de 1917, un grupo de trabajadores de medicina progresistas puso comienzo a la formación en Petrogrado de su asociación profesional, a la que se dio el nombre de Unión Federal de Trabajadores de Medicina de toda Rusia. A mediados de marzo de 1918, también en Moscú y su gubernia organizaron los trabajadores de medicina su asociación profesional, que, según sus estatutos, tenía entre otras tareas la de "prestar su concurso al Poder soviético en la organización de la obra médica y en el estudio de los problemas médico-sanitarios, en consonancia con las tareas de la República Soviética y de la organización de los trabajadores de medicina que aceptaban el programa del Poder soviético”. A fines de 1917, en oposición a la contrarrevolucionaria Unión de Maestros de toda Rusia, se fundó la Unión de Maestros Intemacionalistas, que agrupaba a todos los trabajadores en la esfera de la enseñanza y de la educación que "se mantenían sobre el terreno de la revolución social..."
p Organizaciones y asociaciones análogas se formaron igualmente entre los intelectuales:artistas, pintores y periodistas, así como entre los funcionarios del Estado. A comienzos de 1919, los sindicatos que reconocían el Poder soviético agrupaban: 58.683 trabajadores de correos y telégrafos; 505.241 trabajadores de las instituciones de los Soviets, sociales y comerciales; 27.234 trabajadores de banca; 12.613 trabajadores de farmacias; 97.779 trabajadores de medicina; 27.586 trabajadores del arte; 18.557 trabajadores agronómicos, y 15.007 trabajadores de silvicultura. En total, unas 800.000 personas.
p En el otoño de 1918 fue más rápido el proceso de viraje de los intelectuales hacia la colaboración con el Poder soviético. Por entonces un número considerable de especialistas burgueses ya trabajaban en instituciones y empresas soviéticas, centros científicos y escuelas superiores y servían en unidades del Ejército Rojo. Interesante exponente del viraje de la intelectualidad hacia el Poder soviético fueron los mítines conjuntos de obreros e intelectuales celebrados durante el otoño de 1918 en diversas grandes ciudades del país. En la organización de estos mítines participaron Máximo Gorki y A. Lunacharski. Al que tuvo lugar en Petrogrado el 6 de octubre asistieron más de 20.000 personas. Los reunidos aprobaron unánimemente una resolución que decía:
38p "La asamblea de obreros e intelectuales convocada por la Comuna de Trabajo de Retrogrado y presidida por Máximo Gorki, después de haber oído a varios oradores, reconoce que la historia del último año ha mostrado el profundo carácter popular de la Revolución de Octubre... La asamblea considera necesario el acercamiento entre el pueblo-dictador trabajador revolucionario y los elementos sanos de la intelectualidad trabajadora, que reconoce la justedad de la política general del Poder soviético y está duspuesta a sostener estrechamente unida con la clase obrera y con los campesinos pobres la gran lucha por el socialismo”. Las resoluciones de tales mítines influían sobre amplios círculos de intelectuales, incluidos los que se negaban obstinadamente a colaborar con el Poder soviético.
p Una ilustración no menos brillante del viraje de la democracia pequeñoburguesa hacia el Poder soviético fue el cambio de actitud política de una parte de los miembros de los partidos de los mencheviques y de los eseristas. Temeroso de perder definitivamente el prestigio entre las masas, ya sin ello profundamente deteriorado, el CC del partido de los mencheviques, reunido del 17 al 21 de octubre de 1918, aprobó una resolución en la que exhortaba a rechazar por el partido la colaboración política "con las clases hostiles a la democracia”. En otra resolución, del 14 de noviembre, el CC de los mencheviques expresó su disposición a romper "decidida e irrevocablemente" su alianza con la burguesía y "adoptar una actitud incondicionalmente adversa a la intervención de los rapaces extranjeros...” Los mencheviques declararon que reconocían el Poder soviético "como hecho de la realidad, pero no como principio”. A pesar de que la última reserva acreditaba que los mencheviques seguían siendo esencialmente enemigos del bolchevismo, su declaración de que renunciaban a la lucha activa contra el Poder soviético fue valorada como un hecho positivo por el Gobierno soviético.
p Una posición semejante adoptaron los eseristas de derecha. En la resolución aprobada el 8 de febrero de 1919 por su conferencia se llamaba a las organizaciones eseristas de derecha a combatir contra los guardias blancos y los intervencionistas. La conferencia se pronunció en contra del derrocamiento del Poder soviético mediante la lucha armada y la formación de un bloque con la burguesía.
p El Partido Comunista comprendía muy bien que la naturaleza social de la pequeña burguesía determinaba sus constantes fluctuaciones en dependencia de la correlación de las fuerzas en lucha en cada momento dado y que los partidos 39 pequeñoburgueses eran compañeros de viaje poco seguros, proclives a la vacilación y a la traición, como habría de demostrar el giro ulterior de los acontecimientos. Mas a pesar de todas estas vacilaciones y traiciones de la democracia mencheviqueeserista, los bolcheviques apoyaron el viraje de estos partidos hacia el Poder soviético, ya que, en definitiva, de lo que se trataba no era de los partidos pequeñoburgueses, sino de las masas pequeñoburguesas, incluida la intelectualidad.
p “No basta apoyar este viraje y acoger amistosamente a quienes vienen hacia nosotros —escribió V. I. Lenin—. Un político que comprenda sus tareas debe aprender a suscitar ese viraje en las distintas capas y grupos de la amplia masa democrática pequeñoburguesa si está convencido de que existen causas históricas serias para semejante viraje”. Pero esto no significa en modo alguno, advirtió Lenin, que se deba renunciar a reprimir a los enemigos. "Sería una farsa intentar “convencerlos”, y, en general, "influir psicológicamente" en ellos. Pero en la misma medida, si no más, sería ridículo y estúpido insistir exclusivamente en la táctica del aplastamiento y del terror con relación a la democracia pequeñoburguesa cuando la marcha de los acontecimientos la obliga a orientarse hacia nosotros" [39•29 .
p Las causas del viraje de la democracia pequeñoburguesa hacia el Poder soviético en aquel período hay que buscarlas ante todo en la política del Partido Comunista con respecto a los intelectuales, así como en los cambios operados en la situación interior e internacional de la República Soviética en el otoño de 1918. El período transcurrido desde la Revolución de Octubre había enseñado mucho a los intelectuales. Vieron que el Poder soviético era fuerte y que las masas populares, bajo la dirección de los bolcheviques, se afanaban por restablecer la economía, conservar los valores culturales y concertar la colaboración honrada con la intelectualidad. En su artículo Las preciosas confesiones de Pitirim Sorokin, V. I. Lenin señaló los motivos principales que promovieron el viraje de la democracia pequeñoburguesa hacia la colaboración con el proletariado y el derrumbamiento de sus ilusiones. Estos motivos habían sido, en primer lugar, la bancarrota del imperialismo alemán y la anulación del tratado de Brest en noviembre de 1918, que dificultó mucho el acercamiento entre la intelectualidad y el Poder soviético, y, en segundo lugar, la implacable revelación 40 por el curso de los acontecimientos de la falsedad de la fe en la "democracia pura".
p La firma, en marzo de 1918. de la increíblemente penosa paz de Brest con Alemania obedeció a la necesidad de obtener una tregua en la guerra y no permitir al imperialismo alemán que aplastara la revolución. En su gran mayoría, la intelectualidad juzgó esta paz como “humillante”, “vergonzosa” y “traidora”. "La amargura, la ira y la furiosa indignación suscitadas por esta paz son comprensibles”, escribió Lenin [40•30 . Todo esto creó enormes dificultades para atraer moralmente a los intelectuales hacia el Poder soviético.
p Una importante razón del viraje de la intelectualidad hacia el Poder soviético fueron los acontecimientos de la guerra civil, que hicieron ver claramente a los intelectuales que la intervención y la contrarrevolución de los guardias blancos constituían una amenaza de muerte para Rusia. Ante la intelectualidad se planteó el dilema de aceptar el Poder soviético, que defendía los intereses del pueblo trabajador, o pronunciarse por la república burguesa, bajo la égida del imperialismo anglo-norteamericano, que restablecía la reacción en todo el mundo.
p La parte de la intelectualidad en la que estaban arraigados los sentimientos patrióticos y que estimaba la independencia nacional de Rusia se iba convenciendo día tras día de que era sólo el Partido Bolchevique quien defendía esta independencia y decidió ponerse al servicio del Poder soviético. El conocido físico soviético Abraham loffe refiere en su libro Mi vida y trábalo, cómo llegó a reconocer la legitimidad de los Soviets: "El significado de la Revolución de Octubre no lo comprendí de golpe. En la toma del poder por los bolcheviques vi al principio un episodio de la revolución, determinada por el afán de poner fin a la guerra, y pensaba que los campesinos, provistos de armas como resultado de la desmovilización, jugarían el papel decisivo, pero que no serían capaces de mantenerse en el poder. Sin embargo, mi estancia durante el verano en Crimea, donde bajo la protección del ejército de ocupación alemán se mantenía el poder de la burguesía, el atentado a Lenin en Moscú y el odio feroz de los liberales crimeos al proletariado me decidieron definitivamente a fijar mi actitud. Para mi ya no cabía duda: aquí, ante el proletariado, un esplendoroso futuro; allí, ante la burguesía, el mísero pasado podrido. Al regresar en septiembre de 1918 a Petrogrado decidí firmemente unir para siempre mi destino con el País de los Soviets y contribuir con mi aporte a la 41 futura construcción”. El camino seguido por A. loffe hacia el Poder soviético fue el típico de muchos intelectuales.
p El viraje de la intelectualidad hacia la colaboración con el Poder soviético fue tomado en consideración y aprovechado inmediatamente por el Partido Comunista. Lenin escribió varios artículos en los que analizó las causas del acercamiento de la pequeña burguesía al proletariado y formuló las tareas del partido en la nueva situación. En una asamblea de activistas del partido celebrada el 27 de noviembre de 1918 en Moscú, V. I. Lenin dijo que era necesario aprovechar al máximo el viraje de la intelectualidad hacia el Poder soviético y atraer a grupos cada vez más considerables de ella a la construcción del socialismo.
p La actividad del Partido Comunista en esta dirección adquirió gran amplitud sobre todo después de aparecidas las resoluciones del VIII Congreso del partido, que expresó en el Programa el criterio cardinal del partido sobre la intelectualidad, atribuyendo una importancia vital a la utilización de la experiencia y los conocimientos de los intelectuales en provecho de la edificación del socialismo. Las resoluciones del congreso contribuyeron mucho a la vez a hacer cambiar la actitud de las masas trabajadoras hacia la intelectualidad y a que esta misma modificara su conducta.
p La política del Partido Comunista, política justa, fundada en el análisis de la correlación objetiva de fuerzas entre las clases y de la naturaleza social de la intelectualidad, reportó fructíferos resultados. El Estado soviético incorporaba a su aparato un número cada vez mayor de especialistas. Científicos, ingenieros, maestros, médicos, expertos militares y otros especialistas iban entrando al servicio del Poder soviético.
El Partido Comunista se daba perfecta cuenta de que las vacilaciones de los intelectuales con inclinación hacia la burguesía continuarían en el futuro, que el éxito más insignificante de la contrarrevolución movería a parte de la intelectualidad a ganar el campo del enemigo y de que, al cambiar la situación, retornaría a servir al Poder soviético. Lenin enseñaba a no temer esta volubilidad de los intelectuales. Dijo que sus titubeos eran inevitables. "Pero nosotros, a través de todas estas vacilaciones, conseguiremos que las capas de los intelectuales cultos engrasen las filas de los colaboradores soviéticos y eliminaremos a los elementos que continúen apoyando a los guardias blancos" [41•31 .
Notes
[35•28] La Asamblea Constituyente en Rusia era una institución representativa de la población. La convocación de la Asamblea Constituyente la preparó el Gobierno Provisional en 1917 bajo la presión de las masas. Las elecciones se celebraron en noviembre, pero según las listas confeccionadas antes de la Revolución de Octubre. Por ello, en la Asamblea Constituyente predominaban los partidos contrarrevolucionarios. Convocada en Petrogrado el 5 (18) de enero de 1918, la Asamblea se negó a ratificar los decretos del II Congreso de los Soviets sobre la tierra, la pa7. y el paso del poder a los Soviets y la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado. El 6 de enero, el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia disolvió por decreto la Asamblea Constituyente.
[39•29] V. I. Lenin. Las precioxux confesiones de Pitirim Sorokin. O. C.. t. 37. pág. 194.
[40•30] Ibídem. pág. 190.
[41•31] V. I. Lenin. Informe sohre el programa del partido, pronunciado el 19de ni/ir:n. (VIII Coiif-reso del PC (h) de Rusia.) O. C.. t. 38. pág. 169.
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