EN LOS PRIMEROS AÑOS
DEL PODER SOVIÉTICO
HACIA LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE
p En la historia de la intelectualidad de Rusia hay muchas páginas heroicas vinculadas a nombres de gloriosos luchadores por la libertad del pueblo.
p A comienzos del siglo XX, cuando Rusia era ya un país capitalista, los intelectuales democráticos habían recorrido un largo camino de lucha política contra el régimen de servidumbre [13•1 y la autocracia zarista.
p En las condiciones del capitalismo la intelectualidad es heterogénea por su situación de clase y por sus opiniones políticas. La engrosan personas que proceden tanto de las clases explotadoras como de las clases explotadas. En concordancia con esto, la intelectualidad (o más exactamente, sus diversos grupos) expresa las aspiraciones y los intereses sociales de las clases a las que sirve. Lenin escribió que "la intelectualidad se llama precisamente así porque es la que refleja y expresa de modo más consciente, decidido y exacto el desarrollo de los intereses de clase y de grupos políticos en toda la sociedad" [13•2 .
p La aparición del proletariado en el escenario de la lucha política originó una diferenciación dentro de la intelectualidad. Los intelectuales más revolucionarios fueron uniéndose cada 14 vez más apretadamente con el proletariado. Al mismo tiempo se desarrolló un proceso de consolidación de los sectores burgueses de la intelectualidad, que evolucionaron con rapidez hacia la derecha.
p También se pusieron en movimiento los intelectuales pequeñoburgueses, que se distinguían por su versatilidad política, amorfía de clase y vaguedad de objetivos de lucha. Cuando la revolución va en ascenso, estos intelectuales se sienten capaces de combatir valientemente y pelear en las barricadas. Mas en cuanto se vuelven las tornas, y más aún si viene la derrota, huyen despavoridos y, con frecuencia, van a parar al campo de los enemigos.
p A la par que se formaba la intelectualidad burguesa y pequeñoburguesa, fue configurándose la intelectualidad proletaria, socialdemócrata, que llevó a cabo una inmensa labor de difusión del marxismo entre las masas obreras de Rusia. Esta intelectualidad atraía a su seno las figuras más relevantes de la intelectualidad burguesa y pequeñoburguesa que habían hecho suyo el ideario de la clase obrera y las iniciaba en la práctica de la lucha revolucionaria. Con la intelectualidad socialdemócrata se fundían los obreros revolucionarios más capacitados. El Partido Bolchevique les pertrechaba con el conocimiento de la teoría revolucionaria y les elevaba al nivel de organizadores y dirigentes del movimiento obrero.
p Al preparar a la clase obrera para los combates revolucionarios, V. I. Lenin y el Partido Bolchevique dedicaron gran atención a crear las relaciones más correctas entre el proletariado y los intelectuales. La línea política del partido consistía en aislar a los intelectuales liberal-monárquicos, denunciar su conciliación con el zarismo y su famosa postura "suprapartidaria”. Por supuesto, esto no significaba que el partido se negase a colaborar con los elementos progresistas de la intelectualidad burguesa. Completamente distinta era la actitud de los bolcheviques hacia los intelectuales democráticos. Sin dejar de criticar su volubilidad y sus vacilaciones entre la burguesía y el proletariado, los bolcheviques atraían a los intelectuales demócratas a la acción revolucionaria por las reivindicaciones democráticas generales y el derrocamiento de la autocracia.
p Los acontecimientos de la primera revolución rusa (19051907) demostraron que la intelectualidad democrática, impotente por sí misma, podía ser una fuerza importante en la lucha contra la autocracia siempre que se uniera con las masas trabajadoras bajo la dirección del proletariado. Los intelectuales participaron activamente en los tempestuosos eventos de 1905.
15p Sin embargo, cuando la primera revolución rusa fue derrotada y en el país se desencadenó la furia de la reacción, muchos intelectuales, sobre todo los de etiqueta liberal, se apresuraron a arrepentirse de sus "pecados revolucionarios”, denigrando por todos los medios la revolución y calumniando a la socialdemocracia.
p No obstante, sería erróneo considerar que la intelectualidad en pleno se había apartado del pueblo y traicionado la revolución. Sus mejores hombres, personificados por los intelectuales socialistas, militantes del partido, prosiguieron su incansable labor encaminada a crear las condiciones para un nuevo estallido revolucionario y a preparar a las masas para decisivos combates de clase.
p El periodo de nuevo ascenso revolucionario (1912-1914) también levantó los ánimos entre parte de la intelectualidad. Reanudóse la afluencia de intelectuales al Partido Bolchevique y a otros partidos políticos opuestos a la autocracia zarista. Se celebraron congresos de maestros y de otros grupos de la intelectualidad. Los intelectuales demócratas protestaron airadamente contra la feroz matanza de los obreros huelguistas en el río Lena, de Siberia, en 1912 y la represión de los marineros de la flota del Báltico en 1913. Mas esta reanimación, ligada con el ascenso revolucionario general, quedó interrumpida al estallar la guerra mundial.
p La política belicista de la autocracia contaba con el apoyo de los terratenientes y de las altas capas de la burguesía comercial e industrial. El virus del chovinismo contagió también, por lo menos al comenzar la guerra, a amplios estratos de la burguesía media, de la intelectualidad burguesa y de los profesionales.
p La guerra puso al desnudo toda la podredumbre del régimen autocrático, irremediablemente condenado a desaparecer. Los bolcheviques, dirigidos por Lenin, se pronunciaron desde el primer momento por la derrota del zarismo en la guerra, por la transformación de ésta de guerra imperialista en guerra civil. Las derrotas de las tropas zaristas en la guerra, el desbarajuste económico, el brusco descenso del nivel de vida de los trabajadores y el creciente espíritu revolucionario de las masas influyeron en la radicalización de los intelectuales.
p Sin embargo, en las "altas esferas" de la intelectualidad no se pensaba todavía en el derrocamiento revolucionario del zarismo. V. Stankévich, destacado dirigente del partido de los mencheviques [15•3 , escribió: "Todos mantenían una actitud 16 definidamente negativa respecto a las posibilidades de la acción popular, por temor a que el movimiento de masas, una vez puesto en marcha, pudiese discurrir por los cauces de la extrema izquierda, creándose así dificultades extraordinarias para conducir la guerra. Incluso la cuestión del paso a un régimen constitucional suscitaba serios temores y el convencimiento de que el nuevo poder no podría evitar rigurosas medidas para mantener el orden e impedir la propaganda derrotista" [16•4 .
p No obstante, bajo los embates de las masas populares, alentadas por los bolcheviques, en febrero de 1917 se desplomó la monarquía que tenía siglos de existencia. En unos días fue barrida por la revolución. Los intelectuales burgueses se apresuraron a reconocerla y a declarar que era "su revolución".
p En Retrogrado y otras ciudades de Rusia se constituyeron los Soviets de diputados obreros y soldados. En el Soviet de Retrogrado, como en muchos otros, la mayoría de las personas elegidas para integrar su órgano rector —el Comité Ejecutivo— estaba compuesta por representantes de los mencheviques y de la intelectualidad burguesa. En Retrogrado se formó el Gobierno Provisional, presidido por el príncipe Lvov.
p A fin de evitar que siguiera desarrollándose la revolución, asegurar el poder incompartido de la burguesía y continuar la guerra hasta la "victoria final”, algunos portavoces de la intelectualidad burguesa —el abogado Kerenski, los profesores Miliukov, Kishkín y Manúilov, el médico Shingariov, el literato Peshejónov y otros— entraron en el Gobierno Provisional. Se iniciaron los ametrallamientos de manifestantes y las expediciones punitivas contra los trabajadores.
p El derrocamiento de la monarquía y la instauración de la república burguesa correspondía sobre todo a los intereses de los grupos de intelectuales ocupados en la esfera de la producción capitalista y que formaban parte del aparato del Estado.
p La intelectualidad rusa apoyó al Gobierno Provisional en sus acciones. "¡Guerra hasta la victoria final!" Este lema adquirió inmensa popularidad en algunos círculos. Los llamamientos del Gobierno Provisional a guerrear contra los "bárbaros alemanes" 17 y “en aras de la libertad y de la paz eterna" indujeron a error a Alexéi Tolstói e incluso Máximo Gorki llegó a creer en ellos. El escritor Vladímir Korolenko se dejó arrastrar por aquellos vientos que corrían entre la intelectualidad rusa y en marzo de 1917 publicó en el periódico Russkie viédomosti un artículo titulado "La patria está en peligro”, en el que exhortaba a la sociedad a estar presta "para los combates, para las batallas, para derramar su sangre y la sangre ajena".
p Mas a las amplias masas trabajadoras no les seducía la perspectiva de pasar de la opresión del zarismo a la opresión de la burguesía y ofrendar su sangre en defensa de los intereses de los señores burgueses. "La peculiaridad del momento actual en Rusia —escribió V. I. Lenin— consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado suficiente de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado" [17•5 . El país avanzaba inconteniblemente hacia la revolución socialista. Y en cuanto la clase obrera planteó el problema de la revolución socialista y de la dictadura del proletariado como cuestión del día, parte considerable de los intelectuales dieron la espalda al movimiento revolucionario, ya que el objetivo supremo de la intelectualidad no radicaba en implantar en Rusia el poder de la clase obrera, sino crear la república burguesa.
p Los acontecimientos que se produjeron entre febrero y octubre de 1917 confirmaron una vez más que los intelectuales, en su inmensa mayoría, sólo pueden ir en unión con el proletariado cuando la lucha está enfilada hacia la conquista de las libertades democráticas generales. En cambio, en el combate por la revolución socialista la intelectualidad es una aliada nada segura. Esto se reflejó incluso en algunas personas poco firmes que se consideraban “bolcheviques”. En la resolución del VI Congreso del partido (1917), se decía: "El abandono de las filas del partido proletario por los intelectuales, iniciado en 1905, cobró proporciones masivas después de la Revolución de Febrero, cuando el contenido de clase de la acción de nuestro partido hizo inevitable que los elementos no proletarios definieran su actitud hacia él" [17•6 .
18p La Gran Revolución Socialista de Octubre, realizada en la noche del 24 al 25 de octubre de 1917 [18•7 , conmocionó todo el país, hizo germinar los procesos sociales más profundos y envolvió en su torbellino a todas las clases y capas de la sociedad. En tanto que las clases adoptaron una actitud clara hacia la revolución socialista, la intelectualidad, capa social intermedia, no lo hizo así. La intelectualidad, que por su origen, relaciones laborales y otros vínculos estaba ligada con otras clases, entre ellas clases contrapuestas, constituía por su fisonomía política un grupo muy abigarrado y heterogéneo. Del intelectual ruso eran característicos, en grado considerable, el eclecticismo ideológico, la poca firmeza de principios y la vaguedad de ideales sociales.
p El factor clasista (el origen y la situación social) no era siempre lo determinante en la postura adoptada por uno u otro intelectual ante la revolución. La historia de la intelectualidad rusa de aquel tiempo conoce situaciones tan paradójicas que no siempre cabe enjuiciarla con los criterios corrientes. Por ejemplo, el barón von Taube, que era general, mandó en Siberia tropas soviéticas y murió en una prisión de Kolchak, y, por el contrario, Kornílov, hijo de un escribiente militar y de una kazaja analfabeta, estuvo al frente de las fuerzas contrarrevolucionarias en la lucha contra los trabajadores. El príncipe Pototski, por encargo del Gobierno soviético, efectuó los trabajos de restablecimiento de las factorías petroleras de Bakú, mientras que el "demócrata" Sávinkov organizó conjuras y sublevaciones antisoviéticas. El noble Blok escribía la palabra "Revolución" con mayúscula, en tanto que otro noble, Bunin, redactaba un periódico de los guardias blancos.
p Por ello no sería exacto y objetivo en todos los casos fundarse únicamente en la situación social al enfocar la actitud de algunos intelectuales hacia la revolución socialista. No se puede considerar incuestionable que si el intelectual procedía de una familia obrera o campesina debería defender por fuerza sus intereses. Ni tampoco que si el intelectual era de origen noble o burgués procedería sin duda alguna como paladín de los terratenientes y capitalistas. Por supuesto, estas excepciones no van en menoscabo de la exactitud y justedad general del enfoque clasista de los fenómenos sociales.
p Una parte de los intelectuales de Rusia, consciente de los cambios progresistas que el nuevo régimen social aportaría al 19 destino de la patria, reconoció la Revolución de Octubre y puso sus conocimientos y experiencia al servicio del Poder soviético. En la historia de aquellos días hay inscritos muchos nombres de eminentes científicos, ingenieros, escritores, artistas, médicos y otros intelectuales que abrazaron la causa del pueblo revolucionario.
p Uno de los primeros intelectuales de la época zarista que se pusieron de parte del Poder soviético y lo apoyaron con entusiasmo fue el insigne científico materialista ruso Kliment Timiriázev. Sus artículos y cartas dirigidos a los intelectuales jugaron un notable papel en la incorporación de relevantes figuras de la ciencia, la cultura y el arte a la construcción del socialismo.
p Estando ya en el lecho de la muerte, Timiriázev mandó llamar al médico comunista V. Vaisbrod y, en presencia de su hijo, le expresó sus últimas palabras dirigidas al Partido Comunista y a V. I. Lenin: "Siempre procuré servir a la humanidad y en estos graves minutos para mí me alegra verle a usted, representante del partido que sirve verdaderamente a la humanidad. Los bolcheviques, que aplican el leninismo, trabajan, así lo creo y estoy convencido de ello, para la felicidad del pueblo y lo conducirán a ella. Yo siempre estuve con ustedes y fui de los suyos... Hágale saber a Vladímir Ilich mi admiración por su genial enfoque de los problemas mundiales en la teoría y en la práctica. Me considero dichoso de ser contemporáneo suyo y testigo de su gloriosa actividad. Me inclino ante él y quiero que todos lo sepan" [19•8 . Estas palabras se convirtieron en el "símbolo de la fe" para los intelectuales que habían reconocido incondicionalmente el Poder soviético.
p También entre los primeros que acogieron con alborozo la revolución había dos grandes poetas rusos del siglo XX: Alexandr Blok y Vladímir Mayakovski. "¿Aceptarla o no aceptarla? Este dilema... no ha existido para mí. ¡Es mi revolución!”, dijo Mayakovski. En el artículo "La intelectualidad y la Revolución”, publicado el 19 de enero de 1918, A. Blok hizo un llamamiento a los intelectuales: "Con todo el cuerpo, con todo el corazón, con toda la conciencia, escuchad a la Revolución".
p En aquellos graves días, A. Blok, autor de poesías profundamente líricas, habló en su poema Los doce con la voz de las plazas y las calles:
p "¡El paso revolucionario marcad!
p ¡El incansable enemigo no duerme!
20p Atizaremos el incendio universal
p con dolor para todos los burgueses..."
p Habiendo roto decidida y valientemente con el mundo del pasado, A. Blok instó a los intelectuales a ayudar con sus conocimientos y su talento al pueblo revolucionario. A la pregunta de un periódico burgués: "¿Pueden los intelectuales trabajar con los bolcheviques?”, Blok contestó sin la menor vacilación: "Pueden y están obligados a hacerlo”. Blok acertó a comprender la naturaleza social y el significado histórico universal de la Revolución de Octubre. "La importancia de lo vivido por nosotros en unos instantes de la historia —escribió poco después de la victoria de la Revolución de Octubre— equivale a la importancia de un lapso de tiempo de varios siglos... Cada vez se perfilan más claramente en nuestros días los rasgos, no de una época intermedia, sino de una nueva era..." [20•9 .
p Con sencillez y naturalidad ofreció su colaboración al nuevo poder el poeta Valeri Briúsov. En su autobiografía escribe: "Después de la Revolución de Octubre, ya a finales de 1917 empecé a trabajar con el Gobierno soviético..." [20•10 .
p Hechos análogos se observaron también en los medios artísticos. Uno de los que comprendió el hondo sentido de que sucedía fue el famoso cantante Leonid Sóbinov. De lleno aceptó la Revolución de Octubre el conocido director de escena Evgueni Vajtángov: "La revolución, con una línea roja, ha dividido el mundo en “viejo” y “nuevo”~” [20•11 . Decía a los alumnos de su estudio teatral: "Abrid las ventanas: que entre aquí el aire fresco. Que entre aquí la vida. No hay que temer a la vida. Nosotros debemos marchar juntos con la vida" [20•12 . Algunos literatos y artistas saludaron la revolución convencidos de que brindaría posibilidades de creación artística en nuevas formas. Ya en los primeros días que siguieron a la Revolución de Octubre Vsévolod Meierhold dedicó su talento al servicio del pueblo revolucionario.
p El eminente jurista y destacada personalidad social A. Koni se ofreció asimismo al nuevo poder. Este senador, académico y miembro del Consejo de Estado acogió la Revolución de Octubre calificándola de nueva era de la humanidad.
21p Apenas fue implantado el Poder soviético en la ciudad de Kozlov, el seleccionista ruso Iván Michurin se presentó a los comisarios locales y les expresó su disposición a trabajar para la revolución. "Acogí la Revolución de Octubre como algo que debía suceder —escribió—, como una necesidad histórica por su justedad e inevitabilidad, e inmediatamente me dirigí a todos los especialistas de la agricultura honrados, invitándoles a ponerse de parte del Poder soviético y marchar incondicionalmente por la vía de la clase obrera y su partido” [21•13 .
p Con entusiasmo saludaron la Revolución de Octubre el notable ingeniero metalúrgico ruso Mijaíl Kurako y el talentoso ingeniero de minas, profesor Mijaíl Protodiákonov. Robert Klasson, destacado especialista energético, consagró todos sus conocimientos y experiencia a la obra de la revolución.
p El geólogo Andréi Arjánguelski, futuro académico, tuvo posibilidad de observar el desarrollo de la revolución en el campo, en la gubernia [21•14 de Riazán. "Comprendí—escribió— qué gran obra se había realizado, aunque percibía confusamente las perspectivas que se abrían ante nosotros. Saqué la conclusión de que había llegado el momento de cambiar mi actitud hacia el Estado y de empezar a ayudar al nuevo Poder a formar la nueva vida. Por eso, en enero de 1918 fui a Moscú para hacer esto" [21•15 .
p Aquí se han citado sólo unos cuantos nombres de prestigiosas personalidades de la cultura, la ciencia y el arte. Mas, a la par con ellas, millares de intelectuales "de fila" —médicos, maestros, agrónomos, pintores, escultores y actores— se adhirieron sin reserva al nuevo poder. El primer Comisario del Pueblo de Cultura del País de los Soviets, Anatoli Lunacharski, dijo que "con agradecimiento podemos mencionar decenas de grandes nombres y referirnos a centenas, o quizás, a millares de modestos trabajadores que inmediatamente, o poco más o menos pronto, pero con absoluta sinceridad, se incorporaron al trabajo de defensa y construcción de la nueva patria socialista" [21•16 . Los mejores representantes de la intelectualidad democrática no sólo acogieron calurosamente la revolución, sino que 22 también la “hicieron”, en unión de los obreros, los soldados y los campesinos.
p No debe considerarse casual que cierta parte de la intelectualidad se uniera al pueblo revolucionario y aceptara la Revolución de Octubre. Sería erróneo suponer que en la década anterior a la revolución toda la intelectualidad de Rusia se había pasado al campo de la reacción. Entre una parte de los intelectuales se mantenían vivas las tradiciones democráticas, que les llamaban a servir al pueblo trabajador. Precisamente la fidelidad a los mejores ideales, auténticamente democráticos, de los intelectuales revolucionarios, movió a muchos científicos, técnicos, literatos y artistas a romper con la vieja ideología y trazarse como objetivo de su vida y trabajo la emancipación del pueblo. La Revolución de Octubre fue acogida por ellos como una grandiosa tempestad que desbrozaba el camino para el resurgimiento económico y cultural de Rusia. Muchos intelectuales progresistas supieron comprender que los bolcheviques eran cabalmente los verdaderos portavoces y defensores de los intereses del pueblo.
p Para explicar la actitud de esta parte de los intelectuales debe tenerse en cuenta también la exacta definición clásica de tales situaciones dada por C. Marx y F. Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, en el que escribieron: "...En los períodos en que la lucha de clases se acerca a su desenlace, el proceso de desintegración de la clase dominante, de toda la vieja sociedad, adquiere un carácter tan violento y tan agudo que una pequeña fracción de esa clase reniega de ella y se adhiere a la clase revolucionaria, a la clase en cuyas manos está el porvenir" [22•17 . Esto es lo que sucedió con cierta parte de los intelectuales de la Rusia zarista. En los días de los choques más duros entre las clases supo elevarse por encima de la ideología de la burguesía y de la nobleza, a las que había estado íntimamente ligada, comprender el sentido lógico y la necesidad histórica de la revolución socialista y seguir la bandera del proletariado revolucionario. El factor que le impulsó a adoptar esta decisión fue la profunda insatisfacción hacia el régimen político de la Rusia prerrevolucionaria y la visión crítica de la realidad rusa.
p Sin embargo, sólo una parte relativamente pequeña de la intelectualidad se unió sinceramente al pueblo, aceptó la Revolución de Octubre y reconoció el Poder soviético. Gran número de intelectuales no supieron comprender los 23 acontecimíenlos que se producían y adoptaron una postura neutral, expectante, declarando que no se mezclaban en la "política”. Estos intelectuales procedían principalmente de las capas pequeñoburguesas. No querían ir contra el pueblo y por eso no se enfrentaban a los bolcheviques, los que, aun siendo, a juicio suyo, unos “usurpadores”, gozaban del apoyo de los obreros y campesinos. Muchos de estos intelectuales continuaron trabajando en empresas e instituciones, pero lo hacían únicamente por "penosa necesidad”. No creían que los obreros y campesinos, bajo la dirección de los bolcheviques, pudiesen crear un potente Estado.
p Pero, a la vez, esta parte de la intelectualidad era consciente de que su trabajo lo necesitaba el pueblo. Por ejemplo, una asamblea de la Unión de Ingenieros celebrada en Petrogrado en diciembre de 1917 aprobó una resolución en la que se decía que los ingenieros de Rusia no apoyaban la idea del sabotaje y que se incorporaban a la obra de restablecimiento de la economía del país. Mas, al mismo tiempo, los asistentes a la asamblea manifestaron que no compartían la ideología y la táctica de los bolcheviques.
p Muchos intelectuales, incluso de espíritu liberal, que poco antes de esto habían aplaudido entusiasmados el derrocamiento del zarismo, después de la revolución socialista no quisieron intervenir en los acontecimientos, por considerar que la revolución era el mayor infortunio que había podido caer sobre Rusia. He aquí, por ejemplo, los recuerdos del académico L. Orbeli sobre el estado de espíritu del gran fisiólogo ruso Iván Pávlov en los primeros años del Poder soviético: "La Revolución de Octubre causó gran pesar a Iván Petróvich, creía que la patria había perecido, que las potencias beligerantes la despedazarían" [23•18 . Hubieron de transcurrir años para que I. Pávlov pudiese apreciar debidamente el alcance de la revolución socialista para los destinos del pueblo y se convirtiera en un ardiente patriota soviético. Iván Pávlov no fue un caso único en su pesimismo. Algunos otros científicos y artistas auguraron francamente que la cultura perecería en las condiciones de la nueva Rusia. El académico Serguéi Oldenburg, secretario perpetuo de la Academia de Ciencias, en su informe sobre la actividad de la misma en 1917 habló con amargura a sus colegas: "El pueblo ruso no ha resistido la gran prueba histórica y no se ha mantenido firme en la gran lucha mundial: las masas atrasadas e ignorantes cedieron ante la engañosa seducción de 24 frivolas y criminales promesas, y Rusia se ve al borde de la perdición".
p Muchos intelectuales cayeron en un profundo pesimismo, tomando el fin de la dominación de la burguesía, la clase a la que creían la depositaría única de la cultura, por el fin de la cultura en general. Temerosos y desesperados lloraban el pasado de Rusia, no viendo un rayo de esperanza en los temibles eventos que sacudían al país.
p Grupos considerables de científicos, escritores, maestros, médicos, ingenieros y artistas declararon que se hallaban "al margen de la política" y no deseaban mezclarse en los acontecimientos. Debe decirse que buen número de los “neutrales” habrían apoyado sinceramente de seguro al Poder soviético de no habérselo impedido su temor al pueblo revolucionario, al espectro de los excesos y destrucciones de la cultura y de los valores culturales, temor que dimanaba de la falsa idea que la intelectualidad tenía del pueblo.
p Un grupo importante de intelectuales, lejos de aceptar la revolución socialista o declararse neutral ante ella, emprendió la vía del sabotaje de las medidas del Poder soviético o de la lucha activa contra él. Funcionarios de las instituciones del Estado y especialistas de las empresas dejaron de acudir al trabajo en señal de protesta contra la conquista del poder por la clase obrera y torpedeaban el cumplimiento de medidas del Gobierno vitales para el pueblo, tratando de este modo de desprestigiar al nuevo poder ante los trabajadores.
p El sabotaje se hacía en las más diversas formas. Las más difundidas eran la deserción del servicio, las huelgas, la preterición de las disposiciones de los órganos del Poder soviético, el boicot de los empleados y especialistas que colaboraban con el nuevo poder, la negligencia en el cumplimiento de las obligaciones del servicio, etcétera. A la vida normal de las ciudades causaban gran daño el sabotaje y las huelgas de los empleados de las instituciones del Estado y de los organismos municipales. Se interrumpía el transporte, dejaban de funcionar las centrales eléctricas y cerraban sus puertas los hospitales. Los organismos de abastecimiento suspendían el suministro de víveres y de combustible a la población.
p En los sabotajes participaban diversas categorías de intelectuales, pero lo que repercutía más sensiblemente eran las huelgas de maestros y del personal médico. El 2 de diciembre de 1917, respondiendo al llamamiento de la dirección contrarrevolucionaria de la Unión de Maestros de toda Rusia, los maestros de Moscú se sumaron a la huelga de los empleados de la administración urbana de Moscú. De los cuatro mil maestros 25 fueron muy pocos los que continuaron dando clases en las escuelas. Los maestros de espíritu antisoviético se mantuvieron en huelga durante tres meses. Fueron a la huelga también los maestros de Petrogrado. Hubo asimismo paros breves de maestros en Ufa, Ekaterinburgo y Astraján. Las secciones locales de la Unión de Maestros de toda Rusia desplegaron una amplia campaña de apoyo a los maestros huelguistas, recogiendo dinero para ellos, organizaron mítines de protesta contra las medidas del Gobierno y desarrollaron una propaganda antisoviética en las escuelas, entre los alumnos.
p La directiva de la Sociedad de Médicos Rusos, denominada Sociedad de Pirogov, en memoria de N. Pirogov, condenó duramente la "usurpación" del poder por los bolcheviques y exhortó a los trabajadores de medicina a sabotear las medidas del Poder soviético en ia esfera de la sanidad. Las huelgas y los sabotajes en los establecimientos sanitarios adquirieron proporciones particularmente considerables en Moscú y Petrogrado. Las directivas de las asociaciones de practicantes, enfermeras y farmacéuticos aprobaron resoluciones en las que se recomendaba no mantener contacto laboral con los bolcheviques. "Médicos de todos los rangos y posiciones, generales del cuerpo de medicina y mediocres médicos rurales "amantes del pueblo" se contaminaron con la prédica del sabotaje "ideológico" —escribió en aquellos días el médico bolchevique Z. Soloviov—. Cubiertos con la toga del "proletariado intelectual en lucha”, toga trivial, alquilada y muy ancha para ellos, se dedicaron, minuciosa y concienzudamente, a destruir el aparato de que disponían para prestar asistencia médico-sanitaria a las grandes masas. Los médicos de los hospitales cerraron las puertas de ellos ante los enfermos; los médicos sanitarios dejaron campo libre a las epidemias para que creciesen y se multiplicaran" [25•19 . En efecto, en enero y febrero de 1918, sobre el terreno propicio del desbarajuste económico, el hambre y el frío, en Moscú aumentaron los casos de tifus.
p Los profesores burgueses, aunque sin llegar a abandonar la labor de enseñanza en los centros docentes superiores, también eran hostiles en su mayoría al Poder soviético. En noviembre y diciembre de 1917, las altas esferas del profesorado declararon que no reconocían el nuevo poder y que consideraban usurpadores a los bolcheviques. Algunos catedráticos y profesores declararon el boicot a los colegas suyos que habían decidido colaborar con el Poder soviético y hacían la vida imposible a los estudiantes democráticos.
26p El estudiantado, que en su mayoría procedía de las clases pudientes, también se mostró hostil a la revolución. Rememorando una de sus primeras visitas a un centro docente superior en aquel período, A. Lunacharski escribió: "Recuerdo la terrible impresión que me produjo, unos días después de haber sido nombrado Comisario del Pueblo, mi primera visita en calidad de tal a uno de los centros superiores de enseñanza de Leningrado. Verdad es que no se confirmó la advertencia que alguien me hizo a lápiz en un papel gris de que se me recibiría con una obstrucción química, aunque sí me vi rodeado literalmente de ojos de lobo. Los muchachos y muchachas que llenaban el auditorio me miraban como a un enemigo" [26•20 .
p Boicoteó igualmente el nuevo poder parte considerable de la intelectualidad técnica. De sus opiniones y estado de ánimo era portavoz la Unión de Ingenieros de toda Rusia, organización constituida poco después de la Revolución de Febrero para defender los intereses profesionales de los ingenieros, pero que, en realidad, participaba activamente en la lucha política contra la clase obrera desde las posiciones de la burguesía. La actitud de la parte reaccionaria de los especialistas hacia el Poder soviético apareció formulada con la mayor precisión en las intervenciones de los delegados y en las resoluciones del congreso de esta asociación celebrado a comienzos de enero de 1918 en Moscú. El congreso acordó prohibir a los afiliados a la Unión de Ingenieros que colaborasen con las organizaciones cuya política contribuía a "desmoronar la industria" y las apoyaran con sus conocimientos y experiencia.
p En ciertos círculos de la intelectualidad artística se reaccionó con gran hostilidad contra la victoria de la Revolución de Octubre. En los primeros días siguientes a ella, en señal de protesta contra el Poder soviético, fueron suspendidos durante varios días los espectáculos en algunos teatros de Petrogrado y Moscú. Gran parte de los actores de la compañía del Teatro Alexandrinski saboteó todas las medidas del Poder soviético. Entre sus enemigos más implacables se encontraban V. Davídov e Y. Yúriev, corifeos de la compañía.
p Los intelectuales reaccionarios declararon traidores a quienes colaboraban con los Soviets; tomaron represalias contra ellos y les condenaron al ostracismo. He aquí cómo se describía en una reseña periodística de aquellos días la asamblea de una organización de escritores: "Se ha celebrado la asamblea ordinaria de la sociedad de escritores Sredá, con asistencia de 27 unos sesenta escritores, poetas, periodistas e invitados, entre ellos I. Bunin, E. Chírikov y otros. Presidió Yuli Bunin. Después del debate, con autorización del presidente, hizo una declaración el señor Orlov, quien dijo: "Entre nosotros, señores, se encuentra en el presente momento un escritor que no debe estar aquí. Todos nosotros le conocemos: es el señor Serafimóvich, Ha aceptado hacerse cargo de la sección literaria y artística de las Noticias del Soviet de diputados obreros y soldados de Moscú. De ese modo se ha unido a los actuales usurpadores del poder, y para él no debe haber sitio entre nosotros...” El escritor Chírikov manifestó: "Voy a hablar contra el señor Serafimóvich, aunque haya sido mi antiguo compañero de trabajo en Znanie. No puedo estar junto con él... No puedo darle la mano..." [27•21 .
p Al poeta Valeri Briúsov se le persiguió por sus antiguos colegas literatos. Fue expulsado de sociedades literarias, se le boicoteó, etcétera.
p Parte de los intelectuales no se limitó a un breve sabotaje contra el nuevo poder o a la preterición del mismo durante sus primeros meses de existencia. Convirtióse en enemigo ideológico de la revolución socialista.
p El grupo más considerable de esta parte de intelectuales lo constituían los oficiales, los profesores reaccionarios y muchos abogados e ingenieros descollantes. Entre ellos había también maestros, médicos y otros componentes de las capas democráticas de la intelectualidad. Sus voceros eran los escritores y publicistas reaccionarios.
p El 26 de noviembre de 1917 se organizó en Petrogrado, en el cinematógrafo Soleil, un aparatoso mitin de protesta contra las acciones del Gobierno soviético. Entre los participantes en el mitin figuraban literatos mencheviques y sin partido: V. Bazárov, F. Dan, V. Zasúlich, A. Potrésov, A. Peshejónov, D. Merezhkovski, Z. Guíppuis, F. Sologub y otros. Coincidiendo con el mitin se publicó un número especial de un periódico que sólo apareció esa vez: la Gaceta-protesta de la Unión de Escritores Rusos, con artículos que llevaban significativos títulos, tales como "El muro rojo”, "Los Borbones”, "Servidores del demonio”, "Profanación del ideal" y “Violadores”. El escritor A. Remízov reaccionó ante la Revolución de Octubre con la obra antisoviética Canto a la perdición de la Tierra Rusa. Era un grito desgarrador, en el que se ponía de manifiesto con extraordinaria plenitud y veracidad el impotente furor y la 28 desesperación bíblica de los que en octubre de 1917 habían quedado privados de las fábricas y las grandes haciendas. "Harapiento y mudo —escribió A. Remízov— estoy de pie en un desierto donde un día se alzara Rusia. Mi alma está cerrada. Todo lo que tenía me lo han robado, me han arrancado la ropa que llevaba. ¿Qué necesito? No sé. Nada me hace falta. Y la vida no tiene sentido. La rabia hierve en el alma, hierve impotente, pues media vida ha sido consumida en aras de la Rusia que se ha convertido ahora en nada y que hubiera podido serlo todo... Compréndanlo, nuestra vida se alarga a duras penas" [28•21 .
p Por sus convicciones políticas, este grupo de intelectuales era heterogéneo. Una parte la componían monárquicos impenitentes, que no habían perdido las esperanzas de restaurar el poder del "legítimo soberano”; otra parte estaba formada por miembros de los partidos burgueses, que luchaban contra los bolcheviques y la clase obrera bajo la bandera de una "auténtica democracia”, es decir, de la república burguesa. Entre los contrarrevolucionarios más furibundos figuraban también quienes se hacían pasar por revolucionarios y socialistas. Mas toda esta gente de diferentes ideas políticas estaba maridada y vinculada por un sentimiento común: el odio a los bolcheviques, al Poder soviético, a la dictadura de la clase obrera.
p Los intelectuales contrarrevolucionarios no mostraban escrúpulos al elegir los medios de lucha contra el Poder soviético. Participaron en los destacamentos de guardias blancos, colaboraron con los intervencionistas, organizaron conjuras y sublevaciones, desplegaron calumniosas campañas en la prensa burguesa dentro del país y en el extranjero; todo era aceptable para el “probo” intelectual en el combate contra los obreros y los campesinos.
p ¿Por, qué, pues, los intelectuales que se llamaban a sí mismos “populares” y proclamaban en alta voz su amor al "hermano menor" —los obreros y campesinos—, adoptaron en su mayoría una actitud hostil al Poder soviético y se unieron a los saboteadores, huelguistas y contrarrevolucionarios? Las causas son varias. Naturalmente, muchos trabajadores intelectuales estaban estrechamente ligados con las clases explotadoras: la burguesía y la nobleza. Algunos procedían de estas clases y estaban unidos con ellas, por decirlo así, con "lazos de sangre”, vivían en una situación privilegiada y, por supuesto, no querían verse privados de todos sus beneficios. [28•22
29p Por añadidura, los intelectuales burgueses no podían resignarse a que los puestos clave de la dirección en el Estado revolucionario estuvieran ocupados no por ellos ni por la burguesía de cuyos intereses eran defensores, sino por el "hermano menor”, por los obreros y los campesinos. Debe tenerse presente que muchos intelectuales de Rusia estaban adheridos a los partidos burgueses y pequeñoburgueses: de los demócratas constitucionalistas [29•23 , los mencheviques y los eseristas [29•24 , y si no formaban parte de ellos formalmente, en todo caso simpatizaban con sus programas. Los demócratas constitucionalistas, los mencheviques y los eseristas apoyaban a los saboteadores, moral y materialmente. Para este fin se destinaban recursos de diferentes organizaciones sociales y mutualidades, dinero de los ministerios, etcétera.
p En la actitud de los intelectuales jugó un papel importante la circunstancia de que la dirección de las asociaciones a que pertenecían, como, por ejemplo, la Unión de Ingenieros de toda Rusia, la Unión de Maestros de toda Rusia, las asociaciones de médicos y de estudiantes y otras organizaciones, estaba integrada, en general, por mencheviques y eseristas o por demócratas constitucionalistas, dirección que mediante su autoridad y presión directa impelió a los miembros de las asociaciones a organizar huelgas y mítines de protesta contra el Poder soviético. El espíritu gremial y de solidaridad estaba muy arraigado en estas asociaciones y muchos se sumaron a la actitud de su dirección antisoviética movidos por un sentimiento de “camaradería".
p Por último, en la intelectualidad influyeron perniciosamente los llamamientos anarquistas de la organización Proletkult [29•25 a "tirar por la borda" la cultura burguesa, la proyectomanía de algunas figuras soviéticas de la instrucción, la cultura y el arte —planes de destrucción de la antigua escuela y del teatro, de rebajamiento de la misión de las universidades al nivel de 30 propagandistas de la ciencia, etcétera. Por ejemplo, a muchos pedagogos les parecieron absurdas, y no sin razón, las propuestas sobre la restructuración de la escuela hechas en los primeros meses de existencia del Poder soviético por algunos funcionarios del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública. Proponían, entre otras cosas, suprimir las clases, las lecciones, los deberes para casa, renunciar a los programas y manuales e implantar las elecciones de los maestros por los alumnos. Huelga decir que estas sugerencias “izquierdistas” desconcertaron a muchos pedagogos, quienes, defendiendo de la destrucción a la escuela amada por ellos, se pronunciaron contra el nuevo poder.
p A propósito de tales extremismos, A. Lunacharski señaló justamente que de ellos se aprovechaban los reaccionarios para sus fines antisoviéticos. "A los maestros de la oposición, contrarrevolucionarios, les alegraron incluso la brusquedad de las consignas y la intransigencia de los que querían volver a crear todo. Esto les permitía o bien ayudar con sus propias manos a la destrucción y decir después "¡Véase adonde nos han llevado los bolcheviques!" o bien encastillarse en sus viejas posiciones: "No sabemos cómo dar un solo paso hacia vuestras lejanas estrellas"" [30•26 .
p En la prensa burguesa de aquel tiempo se podía leer con frecuencia que el sabotaje y las huelgas de parte de los intelectuales constituían su reacción contra las medidas impuestas por las autoridades revolucionarias a determinados sectores de la población, entre ellos a la intelectualidad: detenciones, despidos laborales, desahucios de apartamentos, hoteles, etcétera, y “azuzamiento” de los obreros por los bolcheviques contra la intelectualidad. Pero, en realidad, ocurría todo lo contrario. Era la intelectualidad reaccionaria y su prensa quienes azuzaban a las masas pequeñoburguesas contra los representantes de las autoridades revolucionarias e instigaban a las acciones antisoviéticas. Desde los primeros días, el Poder soviético mostró una actitud de confianza hacia los intelectuales, hizo todo lo posible para mejorar su situación y los exhortó a incorporarse a la labor constructora conjunta. Únicamente cuando se perfiló la postura antisoviética de algunos círculos de la intelectualidad y éstos respondieron con el sabotaje y las huelgas a los llamamientos de colaboración, los órganos soviéticos se vieron obligados a recurrir a la violencia.
31p Acerca de ello, V. I. Lenin escribió: "El sabotaje lo iniciaron los intelectuales y los funcionarios, en su mayoría burgueses y pequeñoburgueses... La irritación de los obreros y campesinos a causa del sabotaje de la intelectualidad es inevitable, y si cabe “culpar” a alguien es sólo a la burguesía y a sus cómplices voluntarios e involuntarios.
p Si nosotros —continuaba V. I. Lenin— hubiésemos "azuzado" contra la “intelectualidad”, deberíamos haber sido ahorcados por ello. Mas lejos de instigar al pueblo contra ella, hemos propagado en nombre del partido y en nombre del Poder la necesidad de facilitar a los intelectuales mejores condiciones de trabajo" [31•27 .
Por tanto, nada más que una parte de la intelectualidad hizo suya sinceramente la causa del pueblo. Por el contrario, la mayoría se enfrentó al Poder soviético o adoptó una actitud de neutralidad ante él. El Partido Comunista hubo de llevar a cabo una ingente labor para atraer hacia el Poder soviético no sólo a los intelectuales vacilantes, sino también a los que mantenían una actitud hostil, para reducarlos y aprovechar sus conocimientos y experiencia en la obra del fortalecimiento y la defensa del primer Estado socialista del mundo.
Notes
[13•1] El régimen de servidumbre dimana del "derecho de servidumbre”, que era el derecho del dueño de la tierra en el feudalismo a disponer de la persona, el trabajo y los bienes del siervo de la gleba. El concepto de "derecho de servidumbre" proviene del rasgo esencial de la servidumbre: el siervo estaba afecto a una heredad y no se desligaba de ella al cambiar de dueño. Las supervivencias de la servidumbre en Rusia, que se conservaron después de la reforma de 1861, fueron liquidadas por la Gran Revolución Socialista de Octubre
[13•2] V. I. Lenin. Tareas de lu juventud. O. C., t. 7, pág. 343.
[15•3] Menchevismo: tendencia oportunista de la socialdemocracia rusa. Se formó en 1903, en el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR). En el congreso, la mayoría de los socialdemócratas se pronunció a favor del programa revolucionario leninista y de los principios leninistas de la estructura orgánica del partido; la minoría los rechazó. De ahí la denominación de bolcheviques (mayoritarios) y mencheviques (minoritarios). En vísperas de la Gran Revolución Socialista de Octubre, los mencheviques se pasaron definitivamente al campo de la burguesía contrarrevolucionaria.
[16•4] V. Stankévich. Memorias. 1914-1919. Berlín, 1920, pág. 65.
[17•5] V. I. Lenin. IMS tareas del proletariado en la presente revolución. O. C"., t. 31. pág. 114.
[17•6] El PCUS en las resoluciones \ acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del CC. t. I. Moscú. 1970, pág. 499.
[18•7] El 14 de febrero de 1918 se implantó en el país el calendario gregoriano (el llamado nuevo estilo). Por eso, la fecha de la revolución se consideran los días 7-8 de noviembre de 1917.
[19•8] Kommunistícheski trud, 29 de abril de 1920.
[20•9] A. Blok. Obras, t. VIII, págs. 132-133.
[20•10] Valeri Briúsov. Poesías. Poemas. Moscú, 1958, pág. II.
[20•11] E. Vajtángov. Documentos y artículos. Moscú, 1959, pág. 166.
[20•12] Borís Zajava. Vajtángov y su estudio. Moscú, 1930, pág. 77.
[21•13] I. Michurin. Obras, t. 1. Moscú, 1948, pág. 609.
[21•14] La gubernia (provincia) era la unidad superior de la organización administrativa y local de Rusia. La división del país en gobiernos fue suprimida entre 1924 y 1929, siendo sustituida por la división de la URSS en regiones y territorios.
[21•15] Véase V. Uliánovskaya. Formación de la intelectualidad científica en la URSS. 1917-1937. Moscú, 1966. pág. 66.
[21•16] A. Lunacharski. Acerca déla intelectualidad. Recopilación de artículos. Moscú. 1923, pág. 42.
[22•17] C. Marx y F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista. Moscú. 1959, págs. 43-44.
[23•18] L. Orbeli. Memorias. Moscú-Leningrado, 1966. pág. 83.
[25•19] Noticias de la medicina soviética, 1918, N° 2-3, pág. 3
[26•20] A. Lunacharski. Diez años de las Facultades Obraras. “El estudiantado rojo”. 1929. N° II, pág. 2.
[27•21] Noticias del Soviet de diputados obreros \ soldados de Moscú. 6 de diciembre de 1917.
[28•21] Skifi. Recopilación. 2, Retrogrado, 1918, pág. 197.
[28•22] [MISSING IN ORIGINAL.]
[29•23] "" Los demócratas constitucionalistas formaban el partido principal de la burguesía imperialista de Rusia fundado en octubre de 1905. Pretendían mantener el zarismo bajo el aspecto de monarquía constitucional, procurando atraerse a los campesinos.
[29•24] Los eseristas, o socialistas revolucionarios, componían un partido pequeñoburgués que surgió en Rusia entre finales de 1901 y comienzos de 1902.
[29•25] Proletkult era la abreviatura de! nombre de la organización educativa y cultural Cultura proletaria, fundada en septiembre de 1917. Los planteamientos esenciales de esta organización eran erróneos en gran parte, como, por ejemplo, la prédica de la teoría sobre la creación de una "cultura puramente proletaria”, rompiendo con el desarrollo cultural anterior. Proletkult se desmoronó a comienzos de los años 30.
[30•26] Comisariado del Pueblo de Instrucción. 1917-1920 (Balance resumido). Moscú, 1920, págs. 4-5.
[31•27] V. I. Lenin. Respuesta a la carta abierta de un especialista. O. C.. t. 38. pág. 220.