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INTRODUCCIÓN
 

p Los intelectuales y la revolución... Sin duda alguna, este fue uno de los problemas sociales planteados por la Gran Revolución Socialista de Octubre que despertó singular interés en todo el mundo, promovió una gran polémica y dio motivo a no pocos juicios erróneos y falseamientos de la realidad.

p En la vertiente de los siglos XIX y XX el capitalismo entró en su edad postrera: en la fase imperialista de desarrollo. Acercábase la época de las conmociones revolucionarias. En Rusia, donde maduraban con particular rapidez las premisas de la revolución, el proletariado debería asumir el cumplimiento de la más revolucionaria de las tareas del movimiento obrero internacional de aquellos tiempos: desbrozar el camino del socialismo.

p En las filas del partido fundado por V. I. Lenin, intelectuales que figuraban entre los más eruditos de la época llevaban a cabo una amplia agitación política entre los obreros, encauzaban la acción de los trabajadores por la vía revolucionaria y ayudaban a las masas obreras a conocer la teoría marxista, a pertrecharse con la ideología clasista proletaria.

p Lenin, genial pensador, estratega y táctico de la revolución, llevó tras él no sólo a los obreros avanzados, sino también a intelectuales de espíritu progresista que hicieron suya la ideología de la clase obrera y se convirtieron en revolucionarios profesionales.

p No menos importante es el aspecto doctrinal de la cuestión. Por los clásicos del marxismo-leninismo se postuló y fundamentó ampliamente la tesis según la cual la clase obrera, sólo con sus propias fuerzas y hallándose en las condiciones de opresión económica y espiritual, no puede crear la conciencia socialista. La doctrina del socialismo debe llevarla al movimiento obrero su vanguardia, el partido marxista, al que, junto con los obreros avanzados, se incorporan personas instruidas de las clases pudientes, los intelectuales que han abrazado la causa del 6 proletariado. Por tanto, es lógico que la mejor parte de la intelectualidad no vaya “cerca” del ejército revolucionario del proletariado, sino que enraice en él, marchando en sus primeras filas.

p Lenin hizo hincapié en la misión que correspondía desempeñar a los intelectuales revolucionarios también durante el período en que el joven Estado soviético, nacido de la revolución, emprendía la restructuración socialista de la sociedad. En el propio Gobierno soviético, presidido por V. I. Lenin, trabajó una pléyade de notables revolucionarios, dirigentes políticos y estadistas, que abordaron desde auténticas posiciones científicas la solución de los complejísimos problemas concernientes a la reorganización revolucionaria de la vida en la Rusia Soviética. El partido construía el nuevo Estado apoyándose, según la expresión de V. I. Lenin, en un material humano "de una calidad realmente moderna”, en "lo que haya de verdaderamente mejor en nuestro régimen social”. Aquí Lenin incluía, en primer lugar, a los obreros avanzados, a los que "atraía la lucha por el socialismo”, y, en segundo lugar, a "los elementos realmente instruidos”, "los elementos con conocimientos, educación, instrucción"  [6•1 .

p En el informe dedicado al centenario del nacimiento de V. I. Lenin, el Secretario General del CC del PCUS, L. I. Brézhnev, dijo: "En aquella Rusia descompuesta y removida de cabo a rabo por la guerra y la revolución, en aquella complejísima trama de tendencias socioeconómicas y fuerzas políticas y de concepciones y estados de ánimo contradictorios, hacía falta una mente que penetrase hasta lo más profundo, un gran caudal de conocimientos y un audaz vuelo del pensamiento para poder mantener una clara orientación, descubrir y presentar en irreprochable forma teórica las líneas fundamentales del movimiento hacia el socialismo. Esto lo hizo Lenin"  [6•2 .

p El autor de este libro no se propone analizar detalladamente el papel jugado por el sector de la intelectualidad que luchó contra la autocracia militando en el Partido Bolchevique, que, en unión del proletariado, hizo la Gran Revolución Socialista de Octubre y construyó el socialismo. En la obra que ofrecemos al lector se fija la atención en otro problema: en la actitud del Partido Comunista y del Estado soviético hacia la 7 intelectualidad de la época zarista, intelectualidad que el régimen burgués-terrateniente dejó al País del Socialismo y que después de la revolución siguió viviendo largo tiempo bajo el influjo de las viejas ideas y de la sicología burguesa.

p Para arbitrar soluciones a este problema el Partido Comunista hubo de avanzar por sendas inexploradas, ya que debía buscar respuesta a cuestiones que nunca ni por nadie fueron planteadas.

p Lenin, el dirigente y teórico del partido, veía en la incorporación de los intelectuales burgueses a la construcción de la nueva sociedad una de las condiciones indispensables para la victoria del socialismo. Por él se formularon los principios esenciales de la línea de conducta que se debía observar con ellos. De estos principios, los más importantes eran: atraer a la construcción del socialismo a todos los intelectuales, cualesquiera que fuesen sus ideas políticas; controlar su actividad; estudio de los obreros y campesinos con el concurso de los especialistas burgueses, y reducación de los intelectuales en el espíritu socialista. "Es imposible expulsar y exterminar a los intelectuales burgueses —decia Lenin—; lo que se debe hacer es vencerlos, transformarlos, refundirlos, reducarlos..."  [7•3 

p Cuando en octubre de 1917 el proletariado de Rusia se convirtió en la clase gobernante no contaba con el número suficiente de especialistas que le ayudaran a llevar el timón del Estado, dirigir la economía nacional y asegurar la defensa del país y el desarrollo de la ciencia y de la cultura. En aquellos días los enemigos del bolchevismo declaraban que había sido una locura lanzarse a la conquista del poder por el proletariado sin disponer de los intelectuales propios que hacían falta. Mas la experiencia histórica del País de los Soviets refutó tales afirmaciones. La clase obrera de Rusia tomó la única decisión justa: se adueñó del poder sin esperar a que se formara una intelectualidad nueva, socialista.

p El socialismo llevó por primera vez a la práctica el sistema de dirección planificada de la vida social.

p En los primeros años de existencia del Poder soviético, el partido se planteó la tarea de formar una nueva intelectualidad, tarea que fue cumpliéndose paso a paso. Sin embargo, la preparación de nuevos intelectuales es un proceso muy complejo, que requiere largos años de trabajo y enormes gastos. Mas la joven república no tenía entonces a su disposición reservas para esta obra. De ahí que en los albores del Estado 8 soviético adquiriese singular importancia atraer a los intelectuales de la época zarista a la colaboración con el Poder soviético.

p “No podremos organizar el poder —señaló V. I. Lenin— si no se aprovecha esa herencia de la cultura capitalista que es la intelectualidad"  [8•4 . Para formar .el aparato del Estado y un ejército regular, restablecer y desarrollar la economía del país y elevar el nivel cultural de las masas populares eran precisos numerosos especialistas en todas las esferas de la economía, de la ciencia, de la técnica y del arte militar. Y aunque los intelectuales burgueses no comprendieron ni aceptaron en su mayoría la Revolución de Octubre, y después desconfiaron de los planes del Partido Comunista orientados hacia la transformación radical del país, no era posible prescindir de ellos. En esto estribaba una de las peculiaridades dialécticas del proceso de formación de la sociedad socialista en Rusia.

p Lenin tuvo que encabezar y sostener una porfiada lucha de principios contra los elementos oportunistas dentro del partido, que negaban la necesidad vital de utilizar a los intelectuales burgueses. Dedicó muchas energías y tiempo para que el partido adoptara como línea general la única concepción justa: la de que la intelectualidad es un elemento social sin el que no es posible construir el socialismo.

p Debe hablarse también de la inmensa influencia de la personalidad de Lenin sobre los intelectuales como dirigente político, como corifeo de la ciencia y como intelectual en todo el sentido de esta palabra. Su extraordinario bagaje de conocimientos, su profunda erudición, su tacto político a! zanjar muchos problemas “sutiles” y su conocimiento a fondo de los caminos y las encrucijadas de la intelectualidad rusa contribuyeron en buena medida a granjearle la simpatía de las personas cultas de la vieja sociedad.

p El Partido Comunista y los organismos de los Soviets, económicos y militares dispensaron primordial atención a la tarea de incorporar a los intelectuales a la obra de la construcción del socialismo. Sería difícil mencionar un congreso del partido, de los sindicatos o de los Soviets celebrado en los primeros años del Poder soviético donde no se tratara en una u otra forma de la política de la clase obrera respecto a los intelectuales burgueses y de las vías y los métodos para inclinarles a participar en la edificación socialista y en la defensa del país. Del gran alcance que tenía este problema para 9 el naciente Estado soviético puede juzgarse sabiendo que el VIII Congreso del PC (b) de Rusia  [9•5  reunido en marzo de 1919. que aprobó el segundo programa del partido (las tareas del primero habían quedado cumplidas al triunfar la revolución), dedicó especialmente un apartado del programa al tema de los especialistas burgueses.

p A la par con la labor encaminada a incorporar y reducar a los intelectuales burgueses, el partido trabajó con gran celo para preparar especialistas entre los obreros y campesinos. No obstante, los intelectuales del viejo régimen seguían desempeñando un importantísimo papel en la vida económica y cultural del país. Lenin escribió: "Como cualquiera otra clase de la sociedad moderna, el proletariado no sólo forma su propia intelectualidad, sino que, además, conquista partidarios entre toda la gente culta"  [9•6 .

p El partido y la clase obrera tuvieron que realizar un gran trabajo para asegurar que la parte más cualificada de la intelectualidad burguesa colaborase en la construcción del socialismo. En esta obra fueron logrados grandes éxitos, pero también hubo que lamentar serios reveses. Apoyándose en los aciertos y subsanando los errores, el Partido Comunista pudo establecer relaciones correctas entre la clase obrera y los intelectuales. La historia muestra que cualquier país que emprende la vía de desarrollo socialista tropieza inevitablemente con el problema de la utilización de los intelectuales burgueses y de la formación de nuevos especialistas entre los obreros y campesinos. Por ello, la experiencia del Estado soviético ha sido aprovechada por otros países socialistas, pero sin olvidar sus respectivas peculiaridades nacionales e históricas.

p Esta experiencia de la Unión Soviética y de otros países socialistas acredita que sólo marchando decididamente por la senda de Lenin pueden los partidos comunistas y obreros asegurar el anudamiento de buenas relaciones entre la clase obrera, su partido y los intelectuales, así como la participación activa de éstos en la magna empresa de crear la nueva sociedad.

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p Hoy día la intelectualidad soviética constituye una gran fuerza integrada por treinta y tres millones de trabajadores de la ciencia, la técnica y la cultura. El número de intelectuales sigue creciendo con rapidez, en particular la intelectualidad científica y técnica, que aventaja en su ritmo de desarrollo a otros grupos sociales. Este proceso es lógico. Lo suscita el progreso científico-técnico y la propia política del partido, que refleja cabalmente las necesidades objetivas del desarrollo de la sociedad socialista.

p En el curso de la transformación socialista del país se moldeó una intelectualidad de nuevo tipo, que se diferencia radicalmente de la intelectualidad burguesa. Obreros y campesinos escalaron las cumbres del saber y se convirtieron en científicos, ingenieros, agrónomos, maestros, médicos, artistas, administradores y jefes del Ejército Soviético. Los sociólogos burgueses, obsesionados por falsear la realidad socialista, dicen que en la URSS los intelectuales forman una "élite”, la "parte pensante" especial de la sociedad, una especie de "burguesía estatal" que cierra las puertas de su morada a la gente del pueblo. A este propósito citaremos un solo ejemplo, pero muy elocuente. En la fábrica de motores de turbina de los Urales se hizo una encuesta entre más de 1.100 ingenieros y técnicos medios. Resultó que el 44,4% de ellos eran de origen obrero; el 25,6%, procedían de campesinos; el 24,3%. de empleados, y sólo el 5,7% eran hijos de especialistas. Este ejemplo revela toda la inconsistencia de esa faramalla sobre el "espíritu de casta hereditario”, la formación de "élite" y otras patrañas. Los intelectuales soviéticos están entrañados en cuerpo y alma con su pueblo, unidos indisolublemente con él.

p La intelectualidad soviética se distingue de la intelectualidad de la Rusia prerrevolucionaria no sólo por su composición social, sino también por sus características nacionales. En el socialismo todas las nacionalidades que pueblan la URSS han formado su intelectualidad propia.

p La intelectualidad soviética es el reverso de la medalla de la intelectualidad burguesa en el ámbito de su mundo espiritual y a sus concepciones ideopolíticas. Le son inherentes el colectivismo, la acción social y un alto espíritu cívico.

p Además de haber hecho cambiar el semblante social y espiritual de la intelectualidad, el socialismo ha confiado a su iniciativa nuevas tareas creadoras. Erigir la nueva sociedad no sólo supone desarrollar todo lo posible las fuerzas productivas. Requiere también educar a todos los soviéticos en el espíritu del ideario comunista científico. La lucha por esculpir el hombre de raigambre socialista es un aspecto esencial de la múltiple acción 11 de la intelectualidad soviética, en primer término de sus destacamentos en el campo de la literatura y el arte, que ejercen un influjo extraordinario en la vida ideológica y cultural del país.

p Los intelectuales coadyuvan considerablemente a la creación de la base material y técnica del comunismo. Los científicos, ingenieros y técnicos medios forman una poderosa fuerza creativa de la sociedad soviética. En el último tiempo han hecho importantísimos descubrimientos y han alcanzado notables éxitos en las ramas principales de la ciencia y la técnica.

p El análisis objetivo de la suerte corrida por los intelectuales rusos después de la Revolución de Octubre tritura todas las supercherías de los investigadores y publicistas burgueses reaccionarios sobre el “calvario” de la intelectualidad de Rusia, toda la cual, según ellos, rechazó el Poder soviético y luchó contra él, siendo perseguida por los bolcheviques, que obligaron a su mejor parte a abandonar la patria y privaron de los derechos civiles a los intelectuales que se quedaron en ella. Por lo común, a los investigadores burgueses no les interesan las tradiciones democráticas en el ideario de buen número de intelectuales de la época zarista, ni su amor al pueblo y a la patria, ni el poder de atracción de las ideas socialistas sobre la intelectualidad. El hecho de que los intelectuales burgueses colaboraran con el Poder soviético lo atribuyen a un motivo demasiado trivial: a la necesidad de "ganar un pedazo de pan" o al miedo que les infundía el "terror bolchevique".

p Una versión muy extendida es la de que los bolcheviques "obligaron brutalmente" a los intelectuales a ponerse al servicio de sus objetivos políticos. Los historiadores burgueses tratan de hacer creer a los lectores que V. I. Lenin fundamentó cierto "sistema de violencia y coerción" que servía de base a las relaciones entre la clase obrera y los intelectuales  [11•7 .

p Al polemizar con los historiadores burgueses, el autor de este libro cree ver su tarea en el análisis objetivo del proceso de paso de los intelectuales burgueses a las posiciones del Poder soviético, con lo cual quedará demostrada la fragilidad de esa versión.

p Ahora bien, ¿cómo entender este término de “paso”? Ténganse en cuenta que un intelectual podía trabajar en una u 12 otra institución soviética y cumplir concienzudamente la labor encomendada, pero sin dejar de ser por sus convicciones políticas un enemigo del Poder soviético, un "emigrado interior”. Por ello, el paso de cualquier intelectual a las posiciones del socialismo sólo podía considerarse definitivo cuando ese intelectual se convertía en un hombre soviético en su fuero interno. De ahí que el autor haya estimado necesario mostrar por qué caminos fueron llegando los intelectuales burgueses a la comprensión de las ideas socialistas.

p En el presente estudio se fija sobre todo la atención en aquella parte de la intelectualidad que recibió a la Revolución de Octubre enseñando los dientes o que adoptó una actitud neutralista, expectante. El libro está dedicado principalmente a exponer la política del Partido Comunista y del Estado soviético con esa parte de intelectuales, los procedimientos que se emplearon para atraerlos a la construcción del socialismo y los resultados a que se llegó. El libro se refiere sobre todo a la intelectualidad rusa, pero debe advertirse que los procesos operados entre los intelectuales de otros pueblos de la Unión Soviética ofrecen gran interés para el historiador y pueden servir de tema a un estudio especial.

Por último, señalemos que este trabajo abarca el período comprendido entre octubre de 1917 y la mitad de la década de 1930, tiempo en que, a la par de darse cima a la construcción de los fundamentos del socialismo, finalizó el paso de los intelectuales a la causa del Poder soviético. Por entonces ya se había creado en la URSS una nueva sociedad, integrada por trabajadores y libre de antagonismos de clase. También se había formado, en lo fundamental, la nueva intelectualidad soviética. Mas en la finalidad de este libro no entra la tarea de explicar el papel y la situción de esta nueva intelectualidad.

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Notes

[6•1]   V. I. Lenin. Más vale poco y bueno. O. C., t. 45, págs. 389. 390. 391. (Esta y las demás referencias a los textos citados corresponden a las ediciones en ruso, salvo los casos señalados expresamente. —N. de la Edil.)

[6•2]   Centenario del nacimiento de V. I. Lenin. Recopilación de documentos. Moscú, 1970, págs. 118-119.

[7•3]   V. I. Lenin. La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo. O. C.. t. 41, pág. 101.

[8•4]   V. I. Lenin. Informe sobre la posición del proletariado ante la democracia pequeñoburguesa en la reunión de los funcionarios del partido. 27 de noviembre de 1918. O. C., t. 37, pág. 223.

[9•5]   PC (h) de Rusia: Partido Comunista (bolchevique) de Rusia. Fn 1898 (en el I Congreso) adoptó el nombre de Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), y en 1917 pasó a llamarse Partido Socialdemócrata (bolchevique) de Rusia. Fn el VII Congreso (1918) cambió su nombre por el de Partido Comunista (bolchevique) de Rusia. Con motivo de la formación de la URSS, el XIV Congreso acordó denominarlo Partido Comunista (bolchevique) de la URSS. Por último, en el XIX Congreso tomó su nombre actual: Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).

[9•6]   V. I. l.enin. r-’l tivenlitrerisino revolucionario. O. C., t. fi. pág. 389.

[11•7]   L. Shapiro. The Coniuu/ni.st Party of the Soviet Union. N. Y., 1959; W. Chamherlin. Ruasian’s Iron A)>e. Boston, 1934; J. Reshetar. Concite History of the Comnninist Party of the Soviet Union. N. Y., 1960; F. Lówental. Das Komniunistische F.xperiment. Tlieorie itnd Praxis der Marxismus-Lenimsinus. Koln, 1957; O. S. Counts. The Challenge of Soviet F.dncation. N. Y., 1957. y otras obras.