DE LA “HERENCIA”
_p Hace 30 a�os, en 1867, comenzaron a publicarse en la revista iiennie Zapiski [500•* los ensayos econ�micos y sociales de Sk«ldin, bajo el t�tulo En un perdido rinc�n del camvo u en la cav�tal, one siguieron apareciendo durante tres a�os, de 1867 a 1869. En 1870 su autor los recopil� y los edit� en un solo volumen bajo el mismo t�tulo [500•** . La lectura de este libro, casi del todo olvidado en la actualidad, es extraordinariamente instructiva para el estudio del problema que nos interesa: aquel de los lazos que atan a los representantes de la “herencia” con los populistas y con los " disc�pulos rusos”. El t�tulo del libro no es exacto. El propio autor lo ha notado v explica en el pr�logo que el tema se refiere a la actitud de la “capital” con respecto al “campo”, es decir, que se trata de ensayos econ�micos y sociales sobre este �ltimo, y que no PS su prop�sito hablar en particular de la capital. Es decir, probablemente haya tenido ese prop�sito, pero no lo crey� 501 conveniente: �it MJvouai - mi pniUo;mi. ��t; M SoMouai -o�i otwauai ( como yo podr�a, no quiero; y como querr�a, no puedo) Skaldin cita, para explicar esa circunstancia la frase de un escritor griego.
p Haremos una breve exposici�n de los puntos de vista de Skaldin.
p Comenzaremos por la Reforma campesina [501•* , punto de partida al cual deben remontarse inevitablemente, aun hoy, ouienes deseen exponer sus concepciones generales sobre los problemas econ�micos v sociales. En el libro de Skaldin se dedica mucho espacio a la Reforma campesina. Este escritor fue tal vez el primero que, en forma sistem�tica v bas�ndose en innumerables hechos y en un examen minucioso de toda la vida del campo, SUPO mostrar la situaci�n miserable de los campesinos despu�s de la Reforma, el empeoramiento de sus condiciones de vida, las nuevas formas de su dependencia en el aspecto econ�mico, en el jur�dico v en su vida cotidiana; en una palabra, supo mostrar todo lo que desde entonces ha sido mostrado y demostrado, en forma circunstanciada y minuciosa, a trav�s de innumerables investigaciones v descripciones. En la actualidad todas estas verdades no constituyen una novedad pero, en aauel entonces, no s�lo eran nuevas sino aue hasta suscitaban la desconfianza de la sociedad liberal, la cual tem�a que tras de las “deficiencias d� la Reforma" terminaran por condenarla, as� como al encubierto r�gimen de servidumbre. El inter�s que ofrecen los puntos de vi^ta de Skaldin es tarto mayor por tratarse de un contempor�neo de la Reforma (v posiblemente, inclusive un participante de la misma. No disponemos de datos hist�ricos o literarios, ni biogr�ficos de Skaldin). Sus concepciones se basan, por consiguiente, en la observaci�n directa, tanto de la “capital” como del “campo” de entonces, v no en un estudio te�rico de materiales impresos.
p En las concepciones de Skaldin referentes a la Reforma campesina, llama ante todo la atenci�n del lector de nuestros d�as, habituado a las melosas narraciones populistas sobre el tema, la extraordinaria sensatez del autor. Skaldin considera la Reforma sin tratar de enga�arse a s� mismo, sin ning�n g�nero de idealizaciones, la ve como un arreglo entre dos partes—los terratenientes y los campesinos—, que hasta entonces hab�an usufructuado en com�n 502 la tierra en determinadas condiciones y que ahora se han dividido, por lo que con esa divisi�n se ha modificado la situaci�n jur�dica de ambas partes. Los intereses de �stas fueron el factor determinante de la forma en que se realiz� esa divisi�n y de la extensi�n que recibi� cada parte. Esos intereces determinaban las aspiraciones de ambas partes, pero la posibilidad para una de ellas de participar de modo directo en la Reforma misma v en la soluci�n pr�ctica de los diversos problemas de su realizaci�n, fue precisamente lo que determin� su predominio. Tal es la interpretaci�n que Skaldin da de la Reforma. En cuanto al problema principal de la Reforma—el de los nadiel y los pagos—, se detiene en forma particularmente minuciosa, y en sus ensayos vuelve al mismo m�s de una vez. (Su libro se compone de 11 ensayos independientes por su contenido, y recordando por su forma cartas del campo. El primer ensayo aparece fechado en 1866; el �ltimo, en 1869.) Con respecto a los llamados campesinos “con poca tierra”, el libro no contiene, claro est�, nada nuevo para el lector contempor�neo, pero para el de fines de la d�cada del 60, sus afirmaciones eran tan nuevas como valiosas. No nos proponemos, por supuesto, repetirlas; s�lo queremos se�alar lo que hav de particular en la carie terizaci�n que Skaldin hace de este fen�meno, v que lo distingue ventajosamente de los populistas. No habla de la “escasez de tierra”, sino de que “se ha recortado una parte demasiado importante de los mejores nadiel campesinos" (p�p. 213, as� como tambi�n 214 y muchas otras; confrontar t�tulo del ensayo III); de que los nadiel fijados por las Reglamentaciones [502•* resultiron inferiores a los que pose�an los campesinos antes de la Reforma (p�g. 257); cita de paso algunos de los juicios y comentarios m�s r-aract°n/>rticos de los campesinos sobre este aspecto de la Reforma [502•** . Las explicaciones y la documentaci�n que aporta son extraordinariamente concretas, vigorosas e inclusive rudas para 503 un escritor como �l, de moderaci�n y sensatez excepcionales y, por sus concepciones generales, indudablemente burgu�s. Si hasta un escritor como �ste se expresa con tanta energ�a, quiere decir que el fen�meno llam� poderosamente su atenci�n. Tambi�n analiza lo gravoso de los pagos con una agudeza y profundidad poco comunes, y demuestra sus tesis con una gran cantidad de hechos. “Los impuestos excesivos—leemos en el subt�tulo del ensayo III (1867)—son la causa principal de su pobreza (de los campesinos)”, y Skaldin se�ala que los impuestos son superiores a los ingresos que los campesinos obtienen de la tierra; cita de Los trabajos de la Comisi�n Impositiva los datos que muestran la distribuci�n de los impuestos que se perciben en Rusia, tanto de las clases superiores como de las inferiores, de donde resulta que sobre estas �ltimas recae el 76 por ciento de todos los impuestos, y sobre las primeras tan s�lo el 17 por ciento, mientras que en Europa occidental la relaci�n es, en todas partes, much�simo m�s favorable para las clases inferiores. En el subt�tulo del ensayo VII (1868) leemos: “Las desmesuradas cargas monetarias constituyen una de las causas principales de la indigencia de los campesinos”, y el autor muestra c�mo las nuevas condiciones de vida exigen de golpe al campesino dinero, dinero y m�s dinero; muestra c�mo en la “Reglamentaci�n” se propon�a’ tambi�n que los terratenientes fueran indemnizados por la abolici�n del r�gimen de servidumbre (252), c�mo el monto del tributo era fijado “de acuerdo con los datos suministrados por los terratenientes, por sus administradores e intendentes, es decir, de acuerdo con datos totalmente arbitrarios y falsos" (255), a consecuencia de lo cual, los tributos medios deducidos por las comisiones resultaron ser m�s elevados de lo que deb�an ser en realidad. “A la carga de los tributos se a�adi� para los campesinos la p�rdida de la tierra que hab�an usufructuado durante siglos" (258). “Si la valuaci�n de la tierra para el rescate se hubiera hecho por su valor real en la �poca de la emancipaci�n, y no capitalizando el tributo, el rescate habr�a podido efectuarse muy f�cilmente y no necesitar�a la colaboraci�n del gobierno, ni la emisi�n de t�tulos de cr�dito" (264). “El rescate, que seg�n el esp�ritu de la Reglamentaci�n del 19 de febrero deb�a ser un alivio para los campesinos y traer un mejoramiento en sus condiciones de vida, tiende en la realidad con frecuencia, a aumentar aun m�s su penuria" (269). Mencionamos aqu� todas estas citas—de por s� poco interesantes y en 504 parte anticuadas—para demostrar con cu�nta energ�a se expresaba en favor de los intereses de los campesinos un escritor que se pronuncia contra la comunidad rural y que en toda una serie de problemas ha evidenciado ser un verdadero manchesteriano. Es muy aleccionador se�alar la total coincidencia de casi todas las tesis positivas, y no reaccionarias, del populismo con las de este manchesteriano. Se sobrentiende que, con tales concepciones, Skaldin no pod�a entregarse a esa empalagosa idealizaci�n de la Reforma, como lo hicieron y lo hacen los populistas cuando dicen que ella sancion� la producci�n popular, que era superior a las reformas campesinas de Europa occidental, que hab�a hecho de Rusia algo as� como una tabula rasa, etc. Skaldin no s�lo no ha dicho ni pod�a decir nada semejante, sino que, por el contrario, dijo con franqueza, que nuestra Reforma campesina se hab�a realizado en condiciones menos ventajosas para los campesinos, que hab�a sido menos provechosa que la de Occidente. “El problema se plantear� claramente—escrib�a Skaldin—si nos preguntamos por qu� las felices consecuencias de la emancipaci�n no se manifiestan en nuestro pa�s con la misma rapidez y el mismo crecimiento progresivo, con que se manifestaron por ejemplo, en Prusia y Sajonia, en el primer cuarto del presente siglo" (221). “En Prusia, como en toda Alemania, se rescataban, no las parcelas de los campesinos, que desde hac�a mucho ya eran reconocidas por la ley como propiedad de �stos, sino la prestaci�n obligatoria de servicios a los terratenientes" (272).
p Ahora pasaremos del aspecto econ�mico al jur�dico de la Reforma seg�n la apreciaci�n de Skaldin. �ste es un ardiente adversario de la cauci�n solidaria, del sistema de pasaportes y del poder patriarcal de la comunidad rural en el campesinado (y de la sociedad peque�oburguesa) sobre sus miembros. En el ensayo III (1867) insiste en que debe suprimirse la cauci�n solidaria, la capitaci�n y el sistema de pasaportes, en la necesidad de establecer impuestos patrimoniales igualitarios y de sustituir los pasaportes por certificados gratuitos y permanentes. “El impuesto sobre pasaportes dentro del propio pa�s no existe en ning�n otro Estado civilizado" (109). Como se sabe, este impuesto s�lo fue abolido en 1897. En el t�tulo del IV ensayo leemos: “La arbitrariedad de las comunidades rurales y de las dumas urbanas en el env�o de pasaportes y en el cobro de impuestos a contribuyentes ausentes [...]. La cauci�n solidaria es un yugo pesado que deben 505 soportar los propietarios hacendosos y cumplidores por los vagos v holgazanes” (126). Skaldin quiere explicar la diferenciaci�n del campesinado, que ya entonces comenzaba a manifestarse, haciendo referencia a las cualidades personales de los que progresan y de los que se arruinan. Describe minuciosamente las dificultades con que tropiezan los campesinos que viven en San Petersburgo para obtener y prorrogar los pasaportes, y refuta la objeci�n da los que dicen “gracias a Dios que toda esta masa de campesinos sin tierra no ha sido incluida en los registros de las ciudades v no vino a aumentar el n�mero de los habitantes urbanos que no tienen bienes ra�ces” (130)... “La b�rbara canci�n solidaria”... (131). “Uno se pregunta: ¿puede llamarse libres, desde ^1 punto de vista civil, a las personas colocadas en semejante situaci�n? ¿No es esto lo mismo que la gl�bae adscripti?" [505•* (132). Culpan a la Reforma campesina. ”;Pero acaso es culpable la Reforma campesina si la legislaci�n, despu�s de emancipar al campesino de su servidumbre no lo ha podido liberar de las cadenas nnp Jo sujetan a la sociedad y al lugar donde vive? [.. .1 j D�nde est�, pues, su libertad civil, si el campesino no puede elegir el lugar de residencia, ni sus ocupaciones?” (132). En forma verdaderamente justa v certera, Skaldin denomina a nuestro campesino “proletario sedentario" (231) [505•** . En el t�tulo del ensavo VIII (1868) leemas... “La adscripci�n de los campesinos a la comurHnrl v al nadiel entorpece el mejoramiento de las condiciones de vida [...] Es una traba para el desenvolvimiento de los trabajos de temporada”. “Además de la ignorancia v Ja carga agobiante nue representa el aumento progresivo de los impuesto», una de las causas que traba el desarrollo del trabajo campesino y, por 506 consiguiente de su bienestar, es su adscripci�n a la comunidad v al nadi�l. Atar la mano de obra a un lugar determinado y encadenar la comunidad rural con lazos indisolubles es va de �or s� una condici�n extremadamente desventajosa para el desarrollo del trabajo, pTa la iniciativa personal y para la peque�a propiedad agraria" (284). “Los campesinos sujetos como est�n a su nadi�l v comunidades, privados de la posibilidad de emplear su trabajo donde resulte m�s; productivo y ventajoso para ellos, han quedado como congelados dentro de esa forma de vida semejante a la de un reba�o, improductiva, tal como hab�an snlido del r�gimen feudal" (285). El autor, por consiguiente, enfoca los problemas del modo de vida campesino desde un punto de vista netamente burgu�s, pero, pese a ello (con m�s exactitud: por ello) aprecia, en forma extraordinariamente justa, lo pernicioso de la adscripci�n de los campesinos para toda la evoluci�n social y para ellos mismos. Con singular fuerza (agregaremos por nuestra parte) se manifiesta este perjuicio sobre las capas inferiores del campesinado fntre el proletariado rural. Skaldin dice con sumo acierto: “es loable la preocupaci�n de la lev por que los campesinos no queden sin tierra; pero conviene no olvidar que los propios campesinos se preocupan much�simo m�s del particular que cualquier legislador" (286). “Adem�s de la adscripci�n de los campesinos a su nadi�l v a la comunidad, inclusive su alejamiento provisorio para ganar un jornal, tropieza con una multitud de restricciones y gastos, a consecuencia de la cauci�n solidaria y el sistema de pasaportes" (298). “Numerosos campesinos, a mi juicio, encontrar�an una salida a la dif�cil situaci�n actual si se tomaran [...] medidas tendientes a facilitar a los campesinos la posibilidad de renunciar a la tierra" (294). Aqu� Skaldin expresa un deseo que contradice de modo radical todos los proyectos populistas, que terminan todos en el resultado: al reforzamiento de la comunidad rural, a la no enajenaci�n de los nadi�l, etc. Numerosos hechos han probado plenamente desde entonces que Skaldin ten�a raz�n: mantener a los campesinos sujetos a la tierra y el cerrado car�cter estamental de la comunidad rural, s�lo empeoran la situaci�n del proletariado rural, entorpecen el desarrollo econ�mico del pa�s y no ofrecen, en absoluto, condiciones para defender al “proletario sedert^rio" contra las peores formas de sojuzgamiento v de depencl°r>Ha, contra la ca�da vertical del salario y del nivel de vida.
p De las citas trascritas, el lector puede deducir ya que Skaldin 507 es enemigo de la comunidad rural. Se pronuncia en contra de la misma y de la redistribuci�n de las tierras desde el punto de vista de la propiedad privada, de la iniciativa privada, etc. (p�gs. 142 y sigs.). Refuta a quienes defienden la comunidad y afirma que el “derecho consuetudinario secular" ya ha caducado: “En todos los pa�ses, a medida que los habitantes rurales se pon�an en contacto con el medio civilizado, el derecho consuetudinario fue perdiendo su pureza primitiva, se ha ido menoscabando y deformando. Este fen�meno se observa tambi�n en nuestro pa�s; el poder del “mir” se convierte poco a poco en el poder de los usureros y de los bur�cratas rurales, que en lugar de proteger al campesino, lo oprime como un pesado yugo" (143), observaci�n muy justa, cuya veracidad ha sido confirmada durante los �ltimos 30 a�os por una infinidad de hechos. “La familia patriarcal, la posesi�n comunal de la tierra, el derecho consuetudinario”, a juicio de Skaldin, est�n irremisiblemente condenados por la historia. “Aquellos que abrigasen el deseo de conservar para siempre estos venerados monumentos de los siglos pasados, demostrar�an con ello que est�n m�s dispuestos a dejarse arrastrar por una idea que ’a penetrar en la realidad y comprender la marcha incontenible de la historia" (162), y agrega a esta observaci�n efectivamente justa una vibrante fil�pica manchesteriana. “El usufructo comunal de la tierra—dice en otro lugar—coloca a cada campesino en situaci�n de esclavo con respecto a toda la sociedad" (222). As� pues, en Skaldin, la incondicional hostilidad a la comunidad rural, desde un punto de vista netamente burgu�s, se vincula con una consecuente defensa de loa intereses de los campesinos. No le inspira en absoluto esos disparatados proyectos de destruir la comunidad rural por la violencia y de implantar, por el mismo medio, otro sistema similar de propiedad de la tierra, proyectos que suelen lucubrar los actuales enemigos de esa comunidad, quienes se pronuncian en contra de �sta y defienden la descarada ingerencia en la vida campesina en modo alguno desde el punto de vista de los intereses de sus integrantes. Por el contrario, Skaldin refuta con energ�a ser incluido entre los partidarios de “la destrucci�n violenta del usufructo comunal de la tierra" (144). “La Reglamentaci�n del 19 de febrero ha dejado—dice—muy sabiamente en manos de los propios campesinos la decisi�n [... ] de pasar [... ] del usufructo comunal al familiar. En efecto, nadie, fuera de los campesinos mismos, puede decidir con fundamento sobre la oportunidad de 508 tal paso.” Por lo tanto Skaldin es adversario de la comunidad rural s�lo en el sentido de que �sta traba el desarrollo econ�mico, la salida de los campesinos; de la comunidad rural, y la renuncia a la tierra, es decir, en el mismo sentido en el que ahora se manifiestan contrarios a la comunidad los “disc�pulos rusos”; esta hostilidad nada tiene de com�n con la defensa de los intereses ego�stas de los terratenientes, ni con la de los vestigios y el esp�ritu del r�gimen de servidumbre, ni con la ingerencia en la vida de los campesinos. Es muy importante tener en cuenta esta diferencia, por cuanto los populistas de hoy, habituados a ver adversarios de la comunidad rural solamente en el campo de Mosk�vskie Vi�domosti, etc., simulan de buen grado no comprender otra forma de hostilidad hacia la comunidad.
p El punto de vista general de Skaldin con respecto a las causas de la penosa situaci�n de los campesinos, se reduce a que todas ellas se basan en las supervivencias del r�gimen de servidumbre. Al describir el hambre del a�o 1868, Skaldin hace notar que los terratenientes feudales se refer�an a �l con mal�vola alegr�a y dec�an que su origen resid�a en la indisciplina de los campesinos, en la supresi�n de la tutela del terrateniente, etc. Skaldin se rebela vivamente contra estas opiniones. “Las causas de empobrecimiento de los campesinos—dice—radica en la herencia que ha dejado el r�gimen feudal [212], y no un resultado de la abolici�n de �ste; esas son las razones principales que mantienen a la mayor�a de nuestros campesinos en un nivel pr�ximo al proletariado”, y repite los juicios antes citados sobre la Reforma. Es absurdo atacar las particiones familiares: “Aun cuando estas particiones causan un da�o temporal a los; intereses materiales de los campesinos, dejan a salvo, en cambio, su libertad individual y la dignidad moral de la familia campesina, es decir, los bienes superiores del hombre, sin los cuales no es posible que triunfe el esp�ritu ciudadano" (217), y Skaldin se�ala, con raz�n, ks aut�nticas causas de la campa�a contra las particiones: “muchos terratenientes exageran el perjuicio que ocasionan las particiones y descargan sobre ellas, del mismo modo que sobre la ebriedad de los campesinos, todas las consecuencias de estas u otras causas de la indigencia de los campesinos cuyo reconocimiento es tan desagradable para los terratenientes" (218). A los que dicen que ahora se habla mucho acerca de la pobreza campesina, mientras que antes no se la mencionaba para nada—lo cual probar�a que la situaci�n de los campesinos 509 ha empeorado—, Skaldin contesta: “Para poder apreciar en su justo valor los resultados de la emancipaci�n del campesinado de los terratenientes, comparando su situaci�n actual con la de antes, habr�a que haber recortado los nadiel de los campesinos durante el r�gimen feudal, como se hizo despu�s, y cargar a los campesinos de entonces todas las gabelas impuestas despu�s de la emancipaci�n, y se ver�a as� c�mo los campesinos hubieran soportado tal situaci�n” (219). Este es un rasgo, en alto grado caracter�stico e importante de las concepciones c�e Skaldin, quien atribuye todas las causas que empeoran la situaci�n de los campesinos a las supervivencias del r�gimen feudal que ha dejado en herencia las prestaciones, los tributos, los recortes de tierra, la falta de derechos individuales y la obligatoriedad para los campesinos de tener un lugar fijo de residencia. Skaldin no ve, ni admite siquiera la idea de que las causas del empobrecimiento campesino resida en el propio r�gimen de las nuevas relaciones econ�micas y sociales, en el propio r�gimen de la econom�a posterior a la Reforma, pues est� profundamente convencido de que con la completa abolici�n de toaos estos vestigios del r�gimen feudal sobrevendr� la prosperidad general. Su punto de vista es particularmente negativo: elim�nense las trabas al libre desarrollo del campesinado, elim�nense todas las cadenas heredadas del r�gimen feudal y todo marchar� bien en este mundo, que es el mejor de todos. “De parte del poder estatal—dice Skaldin—, aqu� [es decir, con respecto a los campesinos] s�lo puede haber un camino: la paulatina y continua eliminaci�n de las causas que han llevado a nuestro campesino al embotamiento y pobreza actuales, y que no le permiten alzar cabeza y progresar" (224, la cursiva es m�a). En este aspecto resulta muy ilustrativa la respuesta que Skaldin da a quienes defienden la “comunidad” (o sea, la sujeci�n de los campesinos a la comunidad rural y al nadiel) y alegan que en caso contrario “se formar�a un proletariado rural”. “Esta objeci�n—dice Skaldin—se rebate por s� misma, si se tiene en cuenta las inmensas exten-. siones de tierra que tenemos sin cultivar y que no hallan mano de obra que las trabaje. Cuando la ley deje de imponer restricciones a la distribuci�n natural de la mano de obra, en Rusia s�lo ser�n verdaderamente proletarios quienes son mendigos de profesi�n, o la gente incorregiblemente corrompida y entregada a la bebida" (144); punto de vista t�pico de los economistas e “ilustrados” del siglo XVIH, quienes creyeron que la abolici�n del r�gimen feu- 510 dal y de todas sus supervivencias crear�a sobre la tierra el reino del bienestar universal. Quiz�s un populista mirar�a a Skaldin con altaner�a y dir�a simplemente: es un burgu�s. S�, claro est�, Skaldin lo es, pero es el representante de la ideolog�a burguesa progresista, mientras que la ideolog�a del populista es peque�oburguesa y reaccionaria en much�simos aspectos. ¡Y este “burgu�s” ha sabido defender mejor aun que un populista los intereses pr�cticos y reales de los campesinos, intereses que han coincidido y coinciden con las exigencias de todo el desarrollo social! [510•*
p Para finalizar la caracterizaci�n de las concepciones de Skaldin, a�adiremos que este autor es enemigo del sistema de los estamentos, partidario de una justicia �nica para todos, simpatiza “en teor�a" con la supresi�n de los estamentos en el distrito, es ferviente partidario de la instrucci�n p�blica, particularmente amplia, de la autoadministraci�n y de las instituciones del zemstvo; es partidario de un amplio cr�dito agrario, sobre todo del peque�o cr�dito, porque hay una gran demanda de tierras entre los campesinos. Tambi�n aqu� se manifiesta el “manchesteriano”: Skaldin dice, por ejemplo, que los bancos de zemstvo y urbanos son “una forma patriarcal o primitiva de bancos”, que debe ceder el lugar a los bancos privados, los cuales gozan de “todas las prerrogativas" (80). El valor de la tierra se puede aumentar “mediante la reanimaci�n de la actividad industrial y comercial en nuestras provincias" (71), etc�tera.
p Resumiendo. Por el car�cter de sus concepciones, Skaldin puede ser llamado burgu�s ilustrado, y las mismas recuerdan extraordinariamente a las de los economistas del siglo xvm (refractadas, claro est�, por el prisma de las condiciones rusas), y el car�cter general “ilustrado” de la “herencia” de la d�cada del 60 ha sido expuesto por �l con destacado relieve. Al igual que los iluministas de Europa occidental y la mayor�a de los representantes de la literatura de la d�cada del 60, Skaldin est� animado por un 511 ardiente odio al r�gimen feudal y a todas sus manifestaciones en el terreno econ�mico, social y jur�dico. Este es el primer rasgo caracter�stico del “ilustrado”. El segundo, com�n a todos los ilustrados rusos, es la fervorosa defensa de la instrucci�n, de la autoadministraci�n, de la libertad, de las formas europeas de vida y, en general, de la europeizaci�n de Rusia en todos los aspectos. Por �ltimo, el tercer rasgo caracter�stico del “ilustrado” es la defensa de los intereses de las masas populares, principalmente de los campesinos ( los que a�n no estaban del todo emancipados, o los que se iban emancipando en la �poca de los ilustrados), la sincera fe en que la abolici�n del r�gimen feudal y de sus supervivencias habr�a de traer el bienestar, general, y el sincero deseo de contribuir a ello. Estos tres rasgos constituyen tambi�n la esencia de lo que entre nosotros se llama “la herencia de la d�cada del 60”, y es importante subrayar que nada hay de populista en esta herencia. En Rusia no son pocos los escritores que, por sus concepciones, participan de las mencionadas caracter�sticas y que, sin embargo, jam�s tuvieron nada en com�n con el populismo. Cuando las concepciones de un escritor responden a esa caracter�stica, se reconoce en �l a quien “ha cuidado las tradiciones de la d�cada del 60”, independientemente de su actitud frente al populismo. A nadie, claro est�, se le ocurrir�a decir, por ejemplo, que el se�or M. Stasiuli�vich, cuyo aniversario se festej� hace poco, “ha renunciado a la herencia" porque fue adversario del populismo o porque se mantuvo indiferente ante los problemas planteados por el mismo. Hemos tomado como ejemplo a Skaldin [511•* 512 precisamente porque siendo un representante indudable de la “herencia” es, al mismo tiempo, un enemigo irreductible de las instituciones del pasado que el populismo ha defendido.
p Dijimos que Skaldin es un burgu�s y lo afirmamos con numerosos ejemplos. Sin embargo, es necesario hacer una reserva: a menudo esta palabra se entiende entre nosotros en forma absolutamente incorrecta, estrecha y antihist�rica, vincul�ndola (sin distinguir las �pocas hist�ricas) con la defensa ego�sta de los intereses de una minor�a. No se debe olvidar que en la �poca en que escrib�an los ilustrados del siglo xvm (a quienes la opini�n m�s generalizada reconoce como l�deres de la burgues�a), y en la que escrib�an nuestros ilustrados, en la �poca que va del 40 al 60, todos los problemas sociales se reduc�an a la lucha contra el r�gimen feudal y sus supervivencias. Las nuevas relaciones econ�micas y sociales y sus contradicciones se hallaban a�n en estado embrionario. Por eso, ning�n inter�s ego�sta pod�a entonces manifestarse en los ide�logos de la burgues�a; todo lo contrario, tanto en Occidente como en Rusia, cre�an con toda honestidad en la prosperidad general y la deseaban sinceramente. No ve�an (y en parte a�n no pod�an verla) las contradicciones en el r�gimen que surg�a del feudalismo. No en vano Skaldin cita en su libro a Adam Smith: hemos visto que, tanto sus concepciones como el car�cter de su argumentaci�n, repiten, en muchos casos, las tesis de este gran ide�logo de la burgues�a progresista.
Si entonces, frente a las aspiraciones concretas de Skaldin ponemos, por un lado las concepciones de los populistas contempor�neos, y por el otro la actitud hacia ellos de los "disc�pulos rusos”, veremos que estos �ltimos apoyar�n siempre las aspiraciones de Skaldin, por cuanto �stas traducen los intereses de las clases sociales progresistas, los intereses vitales de todo el desarrollo social en el camino emprendido, o sea, el camino capitalista. Y en cuanto a los cambios que los populistas han aportado a esas aspiraciones concretas de Skaldin o a su manera de plantear los problemas, son negativos y los “disc�pulos” los rechazan. Estos �ltimos no se “lanzan” contra la “herencia” (esto es una invenci�n absurda) sino contra lo que los populistas le agregan de rom�nico y de peque�oburgu�s, y que ahora pasaremos a analizar.
Notes
[500•*] V�ase V. I. Lenin, db. ctt., t. I, nota 20. (Ed.)
[500•**] Skaldin: En un perdido rinc�n del campo y en la capital, San Petersburgo, 1870 (451 p�gs.). No nos fue posible conseguir los n�meros de Otl�chestvienn�e Zap�ski correspondientes a ese per�odo; por lo tanto hemos utili;zado �nicamente el libro.
[501•*] V�ase V. I. Lenin, db. cit., t. I, nota 5. (Ed.)
[502•*] Las reglamentaciones del 19 de febrero de 1861 eran leyes referentes a la abolici�n de la servidumbre en Rusia. (Ed.)
[502•**] “El [cursiva del autor] lia recortado de tal manera nuestra parcela, que ya no nos es posible vivir: nos cerc� con sus campos por todos lados, al punto que no tenemos d�nde enviar a pastar a nuestros animales: y encima te hace pagar cuanto quiere por el nadiel y aparte por la tierra que te ha recortado.” "¡Qu� mejoramiento de vida es este!—me dijo un campesino, antiguo tributario, hombre instruido y con experiencia en la vida—. Mantuvieron el tributo que pesaba sobre nosotros, y la tierra la han recortado.”
[505•*] Campesinos de la �poca del antiguo Imperio romano, adscritos a las parcelas, de las cuales no pod�an irse aun cuando su explotaci�n no les alcanzara para vivir.
[505•**] Skaldin ha mostrado muy detalladamente la iusticia. nn s�lo de la primera, sino tambi�n de la segunda parte de esta definici�n (proletario). Dedica mucho espacio en sus ensayos a la descrinci�n de la situaci�n de dependencia de los campesinos y de su miseria, de la dif�cil situaci�n de las peones, a la "descripci�n del hambre de 1868”, etc. (t�tulo del ensayo V) v de todo g�nero de formas de sojuzgamiento y humillaci�n del campesino. Tambi�n en la d�cada del 60, igual que en la del 90, hubo gente nue s’ lenc�aba y negaba el hambre. Skaldin se alza ardientemente contra ella. Claro est� que ser�a superfino traer citas minuciosas sobre esta materia.
[510•*] Y por el contrario, todas las medidas pr�cticas progresistas que encontramos entre los populistas son, o por su contenido, completamente burguesas, es decir, est�n encaminadas precisamente al desarrollo capitalista y no a otro. S�lo peque�os burgueses pod�an inventar la teor�a seg�n la cual la ampliaci�n de la posesi�n territorial campesina, la reducci�n de los impuestos, el cambio de residencia, el cr�dito, el ascenso de la t�cnica, la regulaci�n de la venta y otras medidas semejantes pueden servir a una “ producci�n popular".
[511•*] Se nos objetar�, tal vez, que ni la hostilidad de Skaldin por la comunidad rural ni el tono que emplea son t�picos de la d�cada del 60. Pero no se trata s�lo de la comunidad sino de las concepciones comunes a todos los ilustrados y que Skaldin comparte. En cuanto al tono, en efecto, puede ser que no sea t�pico, por su manera serena, moderada, gradual de razonar, etc. No en vano Engels llam� a Skaldin liberalkonservativ (conservador moderado. Ed.) BB. Sin embargo, elegir a un representante de la herencia66 con un tono m�s t�pico hubiera sido en primer lugar, inconveniente por diversos motivos y en segundo lugar, hubiera podido suscitar malentendidos al hacer un paralelo con el populismo actual. Por el car�cter mismo de nuestro objetivo, el tono (a pesar del refr�n) no hace la m�sica, y el tono de Skaldin, precisamente porque no es t�pico, destaca con m�s relieve su “m�sica”, es decir, el contenido de sus concepciones. Y a nosotros s�lo nos interesa ese contenido. S�lo por el contenido de las concepciones (y no por el tono que los escritores emplean) nos proponemos trazar el paralelo entre ellos,
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