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CUARTA EXPEDICIÓN
DE COLON. DESCUBRIMIENTO
DE LA COSTA CARIBANA
DE AMERICA CENTRAL
 

BÚSQUEDA DEL PASO OCCIDENTAL
A LA "MAR DEL SUR"

p Colón pidió permiso para organizar una expedición más a oeste para llegar al Asia meridional. Fernando se alegraba de deshacerse de una persona que él conceptuaba de cargante y pedigüeño. En el otoño de 1501 empezóse a aparejar una pequeña flotilla, y en la primavera de 1502 Colón recibió la orden de hacerse inmediatamente a la mar rumbo a oeste. Llevó con él a su hermano Bartolomé y a su hijo, de trece años, Hernando. Contaba con cuatro naves de 50 a 70 toneladas cada una y una tripulación de 150 hombres. A fines de junio llegó a Santo Domingo y rogó a Ovando que le permitiera refugiarse en la ensenada y cambiar una nave: "Una de las naves no puede soportar las tempestades ni una navegación larga”. (Algunos biógrafos de Colón afirman que vaticinó una tempestad.) Ovando le denegó el permiso, pretextando una disposición del rey.

p La flotilla soportó bien el huracán que, dicho sea de paso, destruyó los barcos en que retornaban a España Roldan y Bobadilla, enemigos del Almirante.

p A mediados de julio de 1502 Colón avanzó a occidente, bordeando la costa meridional de Haití. El viento era débil, y la corriente llevó la flotilla al noroeste. Los marineros no vieron tierra en cuatro días. De pronto se divisaron unas islas, probablemente el archipiélago de Los Canarreos junto a la costa sudoccidental de Cuba. El Almirante viró hacia el sudoeste para alcanzar la latitud de Jamaica. No es probable que esperara encontrar a la latitud sur de 18° el ansiado paso al "Quersoneso de Oro" (península de Malaca). Incluso por entonces suponían los europeos que empezaba cerca del Ecuador. Por lo visto, Colón se proponía primero llegar a tierra firme a occidente y luego buscar un estrecho, navegando a lo largo de la costa, a ser posible, al sur. Y así lo hizo luego.

p El 30 de julio los españoles descubrieron la isla de Bonaca, frente a la costa meridional de Honduras (Guanaja es la más oriental de la cadena de las Islas de la Bahía). Detrás divisábanse 89 a lo lejos, hacia el sur, unas montañas. El Almirante creyó que allí estaba la tierra firme, y esta vez no se equivocó. Los habitantes de la isla no poseían nada de valor. Parecían salvajes. Mas, de pronto, a las naves se acercó una piragua muy ancha y larga, hecha del tronco vaciado de algún árbol gigantesco. Bogaban veinticinco remeros con delantales.

p Bajo un palanquín de hojas sentábase en la piragua un hombre que bien pudiera ser un capitán o un mercader. A su lado iban mujeres y niños. Bajo el palanquín había amontonados distintos objetos, señal de que esta gente se encontraba a un nivel de cultura superior al de los otros indígenas que los españoles habían encontrado antes. Había también tejidos de colores y vestidos, hachas y campanillas de bronce, vasijas de cobre y de madera, espadas de madera con agudos pedernales bien pulidos y otros objetos. Había, por último, copiosa cantidad de semillas de cacao, y si a alguien se le caía una, la recogía cuidadosamente. (En México y en la península de Yucatán las semillas de cacao hacían de moneda.)

Colón no concedió gran importancia a este encuentro que, en realidad, era noticia de otro mundo cultural, del país de los maya, que residían en la península de Yucatán. Los indígenas de la piragua no tenían ni oro ni alhajas, y cuando les enseñaban objetos de oro, señalaban con la mano al sur. Al sur llevaban asimismo a Colón sus ensueños, en el sur precisamente esperaba hallar un paso a los mares que bañaban la auténtica India.

DESCUBRIMIENTO DE LA COSTA CARIBANA
DE AMERICA CENTRAL

p Entre los indígenas había un anciano que dibujó algo así como un mapa. Colón lo tomó por guía a viva fuerza y dejó marchar a los demás. Contrarrestando a duras penas el viento frontal, los españoles tocaron a mediados de agosto la tierra firme cerca del cabo Honduras y luego doblaron al este, prosiguiendo la búsqueda de un estrecho. Bartolomé Colón desembarcó a cien kilómetros del cabo Honduras y tomó oficialmente posesión del país. Los habitantes acogieron amistosamente a los españoles y los abastecieron de fruta y aves. Estaban tatuados, iban desnudos o con vestidos cortos de tejidos de algodón y llevaban grandes pendientes.

p Las naves siguieron costeando hacia el este contra el fuerte viento y la corriente; hacían agua y llevaban rotas las jarcias y las velas. Las tripulaciones estaban extenuadas. Posteriormente 90

Colón escribió: "Ochenta y ocho días... no me había dejado espantable tormenta... la gente muy enferma, y todos contritos. .. El dolor del fijo que yo tenía allí me arrancaba el ánima. Yo había adolescido y llegado fartas veces á la muerte...”

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p En cuarenta días, las naves avanzaron al este del cabo Honduras 350 kilómetros nada más. El 14 de septiembre, al doblar un cabo, la costa seguía recta al sur. Sopló un viento favorable y la corriente iba en la misma dirección. Colón denominó este cabo Gracias a Dios. Extendíase hacia el sur una ribera llana y baja con anchas desembocaduras de ríos y grandes lagunas. Las naves bordeaban ya la costa nicaragüense de los Mosquitos, a mayor velocidad: en dos semanas recorrieron unos quinientos kilómetros. Fondearon donde la costa torcía al sudeste (probablemente en la desembocadura del río San Juan).

p A primeros de octubre siguieron la navegación. Los indígenas se acercaban a menudo a las naves en canoas. Los marineros vieron que llevaban placas y otros adornos de oro y, a veces, se las cambiaban por chucherías. Colón llamó Costa de Oro esta orilla; de ahí su posterior denominación de Costa Rica.

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p Cuando los españoles hubieron avanzado al sudeste unos 300 kilómetros, la costa empezó a desviarse hacia el noreste. Llegaron al país de Veragua (Panamá), donde lograron cambiar tres cascabeles por diecisiete discos de oro. Se desconoce qué disgustó a los habitantes, si el número o la calidad de los objetos que les dieron a cambio, pero el hecho es que manifestaron abiertamente su descontento. Colón ordenó “apaciguarlos” con varios disparos. Interrogando a los indígenas, los españoles se enteraron de que a nueve días de navegación, en otro mar, vivía un pueblo rico que "comía y bebía en oro”, navegaba en barcos y comerciaba con especias y otras mercancías. Que allí los hombres y las mujeres iban ricamente vestidos y se aderezaban con alhajas. "Y dicen tanto—confesaba Colón—que yo sería contento con el diezmo”. Por los ademanes de los indígenas dedujo que los habitantes de aquel país eran belicosos, montaban en animales, usaban petos y estaban armados con espadas, arcos y flechas. ".. . También dicen—escribió luego (desde Jamaica) Colón—que la mar boxa de Ciguare, y de allí á 10 jornadas es el río de Gangues”. A comienzos de noviembre, los barcos de Colón fondearon en la profunda y amplia ensenada de Porto Velho.

p Para juzgar de si los indígenas decían la verdad, hay que recordar que a 60 kilómetros al sur de Porto Velho hay realmente "otro mar" (el Golfo de Panamá, en el Océano Pacífico), y más al sur, un país de elevada cultura (Perú), y que allí, sólo allí, los indígenas habían domado animales grandes (llamas) que utilizaban, si no de montura, sí como bestias de carga.

p Debido a las lluvias torrenciales y al temporal, los españoles se detuvieron en estas costas. A cambio de bagatelas recibieron víveres, pues oro no había allí. Los indígenas eran afectuosos y hospitalarios, y los forasteros abusaron de ello.

p En la ensenada, que los españoles denominaron Retrete, los robos y las "visitas nocturnas" de los marineros a los poblados ribereños indignaron tanto a los indígenas que atacaron una nave de Colón. Tras de disparar un cañonazo, la “victoria” fue de los españoles. Pasado Retrete, la costa torcía de nuevo hacia el sudeste. Una fuerte corriente contraria frenaba mucho el avance de las embarcaciones. Al fin arribaron desde occidente al Golfo de Darién, adonde ya habían llegado los españoles desde oriente en 1501. Colón comprendió que, siguiendo hacia el este, no encontraría ningún estrecho. En recorrer las costas de Veragua (300 km) tardaron mes y medio. Las incesantes lluvias empezaron a pudrir la madera de los barcos, ya carcomida de por sí y vapuleada por las tempestades.

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p En diciembre de 1502 Colón dio la vuelta (junto al cabo de San Blas). El viento del este, que había entorpecido hasta aquí el avance de la flotilla, cambió de súbito, soplando en contra desde poniente y alcanzando poco después la fuerza de un huracán. La tempestad duró nueve días. Luego el viento cambiaba constantemente de dirección, y Colón llamó aquel paraje Costa de los Contrastes. Los desvencijados barcos avanzaron en todo un mes al sudoeste sólo 200 km.

p Para descansar y reparar las naves, el Almirante entró el 6 de enero de 1503 en una bahía que llamó Belén, a la desembocadura del río Veragua. Cerca de este aurífero río quiso fundar una colonia y dejar,una guarnición mandada por su hermano Bartolomé. Pero los indígenas mataron a parte de la guarnición. En la bodega de la nave almirante había cincuenta indígenas en rehenes. Una noche, parte de los indígenas se subieron en los hombros de sus compañeros, salieron de la bodega y se tiraron al mar. Algunos fueron capturados y encerrados de nuevo en la bodega. A la mañana siguiente fueron hallados todos muertos: se habían estrangulado. Suceso tan terrible inquietó sobremanera a Colón. Daba por -primera vez con gente que desdeñase así la muerte. Temía por su hermano y sus hombres e hizo reembarcar a los colonos supervivientes. Meses después, en la misma carta (desde Jamaica) en que participaba a los reyes los sucesos de Veragua, describió como sigue a los habitantes de este país: "... no puede ser... la gente más cobarde.. .”

Para guardar en secreto la ruta a Veragua, Colón quitó a los pilotos las cartas de marear que ellos habían levantado durante la travesía. A mediados de abril de 1503 zarpó y torció hacia el este. En Porto Velho hubo de abandonar un navio más. El 1 de mayo, tras de arribar de nuevo al Golfo de Darién, viró hacia Jamaica. Pero las corrientes llevaron los barcos hacia occidente. Al cabo de diez días se divisó un grupo de islotes deshabitados (islas Pequeño Caimán, al noroeste de Jamaica). Luego, bregando tenazmente contra las corrientes y los vientos contrarios, estando las naves tan averiadas que apenas se sostenían a flote, Colón y sus marineros arribaron a Jamaica.

EL NAUFRAGIO Y UN AÑO EN JAMAICA

p El 25 de junio de 1503 Colón encontró en la costa septentrional de Jamaica un fondeadero e hizo embarrancar los barcos que estaban a punto de hundirse. Las bodegas se anegaron en el acto. Hicieron camarotes en las cubiertas, y a lo largo de las 93 bordas colocaron defensas para protegerse de los indígenas. Colón dejaba bajar a desgana a sus hombres a la orilla por temor de que, con su comportamiento, provocaran el odio de los isleños. Gracias a esas medidas, los indígenas se mostraban pacíficos y abastecían a los españoles de productos a cambio de bagatelas.

p El Almirante decidió enviar una carta a La Española para que Ovando permitiese enviar una nave a expensas suyas, de Colón. Desde Jamaica había que surcar doscientos kilómetros de alta mar. Colón envió a varios españoles al mando de Diego Méndez en dos piraguas grandes con remeros indígenas. Envió asimismo con Méndez a los monarcas una larga epístola, de la que ya hemos aducido citas.

p Esta carta, de la que no se conserva más que la copia  [93•34 , es un documento sicológico muy importante. Por lo visto, Colón la escribió apremiado por el tiempo, extenuado, enfermo y exasperado. En ella se entrelazan el delirio místico y las loas a la fuerza del oro, con recalcadas indicaciones de que sólo él, Colón, conoce la ruta al "país del oro" y reproches directos a la ingratitud de los reyes:

p “.. .Cansado, me dormecí gimiendo: una voz muy piadosa oí. . . Dios. .. maravillosamente hizo sonar tu nombre en la tierra. Las Indias, que son parte del mundo, tan ricas, te las dio por tuyas. .. De los atomientos de la mar Océana, que estaban cerrados con cadenas tan fuertes, te dio las llaves, y fuiste obedescido en tantas tierras. Los privilegios y promesas que da Dios, no las quebranta, no dice después de haber recibido el servicio. . .” Pero, como conocía bien a sus soberanos, Colón escribió a renglón seguido:

p “.. .Y es que yo vide en esta tierra de Veragua mayor señal de oro en dos días primeros que en la Española en cuatro años.. . De allí sacarán oro. .. El oro es excelentísimo.. . y con él, quien lo tiene, hace cuanto quiere en el mundo, y llega á que echa las ánimas al paraíso.. .”

Transcurrieron muchos meses. Y los españoles, atormentados por el desconocimiento de qué les depararía la suerte y por la inactividad, se desanimaron. Casi todos los marineros sanos se diseminaron por Jamaica, robando en las aldeas y violando a las mujeres. La gente que se quedó con Colón estaba extenuada por las enfermedades y las privaciones. Como eran pocos, procuraban portarse bien con los indígenas, y éstos, a cambio de diversos objetos, seguían entregándoles productos. Sólo en junio de 1504, 94 cuando Colón, según palabras propias, perdió toda esperanza de salir vivo de Jamaica, llegó el barco, comprado y aparejado por Méndez a costa del Almirante.

REGRESO A ESPAÑA Y MUERTE DE COLON

p El 28 de junio de 1504 Colón abandonó para siempre Jamaica. Debido a los vientos contrarios, su barco tardó más de mes y medio en cubrir la corta distancia que media entre Jamaica y La Española. Ovando recibió a Colón como huésped de honor y lo alojó en su casa. En septiembre de 1504 los hermanos Colón abandonaron La Española. Las tempestades perseguían su solitaria nave, que entró en el Guadalquivir el 7 de noviembre de 1504.

p En el cuarto viaje Colón descubrió la tierra firme al sur de Cuba, es decir, la costa de América Central. Exploró unos 1.500 kilómetros de las orillas sudoccidentales del mar Caribe y demostró que, en los trópicos, una barrera colosal separaba el océano Atlántico de la "mar del Sur”, de la que había oído hablar a los indígenas. Colón fue el primero en traer noticias de los pueblos de alta cultura que residían junto a la "mar del Sur”, en algún lugar del oeste de Jamaica. Por último, surcó dos veces el mar Caribe en la zona occidental,, aún no visitada por otros europeos.

p Gravemente enfermo, Colón fue transportado a Sevilla. No se olvidaba de los que habían compartido los sinsabores con él en Jamaica, insistió en que les pagaran los sueldos, pues habían "pasado increíbles peligros y trabajos y eran pobres.. .” Sin embargo, cuando falleció la reina Isabel (26 de noviembre de 1504), Colón perdió la esperanza de recuperar sus derechos. A fines de 1504 escribió a su hijo mayor de la grave enfermedad que le impedía ir a la Corte y que necesitaba dinero, pues se había gastado todos los ingresos, obtenidos en La Española, en traer a sus compañeros a la patria. Sólo mediado el año 1505 pudo Colón emprender el viaje a Segovia, donde se encontraba la Corte a la sazón. Fernando lo recibió con amabilidad, pero no le prometió nada y le propuso el arbitraje judicial para dirimir las pretensiones mutuas. Colón accedió al arbitraje únicamente para que fijase la cuantía de los ingresos que le correspondían, mas no para tratar de sus derechos y privilegios.

p Transcurrido un año, el pleito de Colón seguía igual que antes de empezar. En mayo de 1506 Colón adveró su testamento en Valladolid y unos días después, el 20 de mayo de 1506, falleció. La muerte del gran navegante pasó inadvertida para sus contemporáneos.

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p Hagamos un breve resumen de los resultados estrictamente geográficos de las cuatro expediciones de Colón. El fue quien primero atravesó el Océano Atlántico por las zonas subtropical y tropical del hemisferio boreal y el primer europeo que navegó en el mar Mediterráneo Americano (Caribe). Fue quien puso comienzo al descubrimiento de la tierra firme sudamericana y de los istmos de Centroamérica. El quien descubrió todas las Grandes Antillas, la parte central de archipiélago de las Bahamas, las Pequeñas Antillas, desde la isla de Santo Domingo hasta las Vírgenes inclusive, así como Trinidad y una serie de islotes del mar Caribe.

La inmensa trascendencia de los descubrimientos de Colón para España fue reconocida por todos únicamente mediado ya el siglo XVI, después de la conquista de México, Perú y los países septentrionales de los Andes, cuando empezaron a llegar a Europa montones de oro expoliado y "flotillas enteras de plata”. Pero el alcance histórico mundial y, además, revolucionario, de la obra de Colón fue apreciado únicamente en la mitad del siglo XIX por los autores del Manifiesto del Partido Comunista: "El " descubrimiento de América y la circunnavegación de África ofrecieron a la burguesía en ascenso un nuevo campo de actividad. Los mercados de las Indias y de China, la colonización de América, el intercambio con las colonias, la multiplicación de los medios de cambio y de las mercancías en general imprimieron al comercio, a la navegación y a la industria un impulso hasta entonces desconocido, y aceleraron, con ello, el desarrollo del elemento revolucionario de la sociedad feudal en descomposición”.

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Notes

[93•34]   La traducción al italiano de esta carta se publicó en Venecia en 1505.