Y SU PROYECTO DE EXPEDICIÓN
TRANSOCEÁNICA
CAUSAS DE LA EXPANSIÓN DE ESPAÑA EN ULTRAMAR
p En la segunda mitad del siglo XV, los países de Europa occidental deseaban descubrir una ruta marítima directa a "China y "las Indias”, tierras de la especiería”, donde también se creía que abundaba el oro. En esa época, el feudalismo europeooccidental estaba en descomposición: crecían las grandes ciudades y se desarrollaba el comercio. El dinero se hizo un medio universal de cambio y aumentó considerablemente su demanda. Por eso en Europa era mucho mayor la demanda de oro, lo que fomentó aún más la ansiedad por encontrar nuevas rutas marítimas a "las Indias”. Por entonces, debido a las conquistas turcas, para los europeos era más difícil cada día utilizar, combinadas, las viejas rutas orientales por mar y tierra. Portugal era el único país que buscaba rutas marítimas meridionales a "las Indias”. Para los otros países atlánticos, a fines del siglo XV no quedaba abierta más que una ruta, la de occidente, a través del incógnito océano. La idea de esa ruta apareció en Europa en la época del Renacimiento merced a la propagación de la antigua doctrina de que la Tierra era esférica, y las navegaciones a grandes distancias fueron posibles gracias a los adelantos de la arquitectura naval y de la navegación alcanzados en la segunda mitad del siglo XV.
p Esas fueron las premisas generales de la expansión ultramarina de los países de Europa occidental. La circunstancia de que fuera precisamente España la primera que enviara en 1492 la pequeña flotilla de Cristóbal Colón a occidente se explica por las condiciones que, para fines del siglo XV, habíanse creado en este país a lo largo de la historia.
p Una de esas condiciones fue el reforzamiento de la potestad de los reyes, antes limitada. El viraje se dio en 1469, cuando la reina Isabel de Castilla casó con Fernando, heredero del trono de Aragón. Diez años después, Fernando fue el rey de Aragón; así, en 1479 se produjo la unión efectiva de los mayores reinos pirenaicos y se constituyó el Estado unificado de España. Una hábil política afianzó la autoridad de los reyes. Con la ayuda de la burguesía de las ciudades, los consortes reales pusieron coto a los 26 nobles insumisos y a los grandes señores feudales, instituyeron entre 1480 y 1485 la Inquisición y convirtieron la Iglesia en la más terrible arma del absolutismo. El emirato de Granada, último Estado musulmán en la península ibérica, no podría resistir mucho al empuje de los reyes católicos, cuyas tropas lo rindieron a principios de 1492, terminándose la Reconquista, que duró ocho siglos. Comenzó el período de la expansión de España a ultramar. España, unida, llegó a ser el Estado europeooccidental más poderoso y salió a la palestra mundial.
p La expansión de ultramar respondía tanto a los intereses de la propia corona como de sus poderosos aliados, la burguesía urbana y la Iglesia, en la lucha contra la nobleza feudal. La burguesía aspiraba a ampliar las fuentes de acumulación originaria. La Iglesia, a extender su influencia en los países paganos. La fuerza militar para conquistar las paganas “Indias” debían proporcionarla los hidalgos españoles. Ello respondía a sus intereses y a los intereses del absolutismo real y de la burguesía urbana. La conquista de Granada puso fin a la guerra casi ininterrumpida contra los moros en la propia España, guerra que era el oficio de muchos miles de hidalgos. Estos se habían quedado sin ocupación y suponían para la monarquía y la burguesía un peligro mayor aún que en los últimos años de la Reconquista, cuando los reyes, aliados con las ciudades, hubieron de combatir a las bandas de hidalgos forajidos.
p Los reyes deseaban librarse de los elementos inquietos y encontrar un escape a la energía acumulada de éstos. La salida, provechosa para la corona, las ciudades, el clero y los hidalgos, fue la expansión a ultramar. El tesoro de la corona, sobre todo de Castilla, estaba siempre exhausto, y las expediciones transoceánicas a Asia prometían ingresos fabulosos. Los hidalgos soñaban con posesiones territoriales allende el mar, y aún más con el oro y las joyas de China y las Indias, pues la mayoría de ellos habían contraído con los usureros deudas que no podían pagar.
El afán de lucro se mezclaba con el fanatismo religioso, resultante de la multisecular guerra de los cristianos contra los musulmanes, fanatismo que el clero fomentaba sin cesar. Sin embargo, no se puede exagerar el alcance de este fanatismo en la expansión colonial española (y portuguesa). Para los iniciadores y organizadores de la expansión a ultramar, para los capitanes conquistadores, la devoción religiosa era una máscara habitual y cómoda, tras la que se ocultaba el ansia de poder y riquezas. El obispo Bartolomé de Las Casas, autor de Breve relación de la destrucción de las Indias Occidentales y de la voluminosa obra en 27 muchos tomos Historia general de las Indias, caracterizó con espeluznante vigor a los conquistadores contemporáneos de Colón con su famoso dicho: "Iban con la cruz en la mano y una sed insaciable de oro en el corazón”. Indudablemente, los reyes católicos defendían con celo los intereses de la Iglesia sólo en tanto en cuanto coincidían con los suyos. En este sentido Colón no se distinguía de los reyes, lo que se ve claramente en los documentos escritos o dictados por él.
EL PROYECTO DE COLON
p Como es notorio, los datos biográficos de Colón son muy parcos. Son discutibles en una u otra medida casi todos los datos relativos a su infancia, juventud y prolongada estancia en Portugal. Puede considerarse esclarecido, si bien con algunas dudas, que nació en 1451 en Genova de padres muy pobres. Vivió hasta 1472, por lo menos, en Genova o (desde 1472) en Savona, incluido, igual que su padre, en el gremio de los laneros.
p Se desconoce si Colón estudió en alguna escuela, pero está demostrado que leía, como mínimo, en cuatro lenguas: italiano, español, portugués y latín; leía mucho y con gran aplicación. Por lo visto, la primera navegación de altura de Colón data de 1473 ó 1474. En los documentos hay referencias indirectas a que participó en expediciones comerciales genovesas que visitaron en 1474 y 1475 la isla de Quío en el mar Egeo.
p En mayo de 1476 Colón fue por mar a Portugal como representante de una casa comercial de Genova. Vivió nueve años en Lisboa, la isla de Madera y Porto Santo y, según palabras suyas, estuvo también en Inglaterra y en Guinea, concretamente, en la Costa de Oro. Pero desconocemos si navegó como representante comercial o como marino. No existe ninguna prueba documental de que hubiera hecho largas travesías marítimas antes de 1492. Sin embargo, para el tiempo de la primera expedición, pese a las fallas y reveses ineludibles en empresa tan nueva, Colón se distinguió como marino muy experto que combinaba lucidamente las dotes de capitán, astrónomo y piloto. No sólo había dominado por completo el arte de pilotar las naves de su tiempo, sino que elevó este arte a un grado más alto.
Según la versión tradicional, Colón pidió consejo acerca de la ruta marítima más corta a "las Indias" en 1474 a Pablo Toscanelli. Este florentino le contestó, enviándole una copia de la epístola a un monje portugués que se había dirigido antes a él por encargo de Alfonso V. En esta epístola Toscanelli decía, entre otras 28 cosas, que la ruta oceánica a "las Indias" era más corta que la buscada por los portugueses a lo largo de las costas occidentales de África.
p “Y aunque conozco de mí que se lo puedo mostrar en forma de esfera como está el mundo, determiné por más fácil obra y mayor inteligencia mostrar el dicho camino por una carta semejante a = aquellas que se hacen para navegar. Y así la envío a Su Majestad, hecha y dibujada de mi mano; en la cual está pintado todo el fin de Poniente, tomando desde Irlanda al Austro hasta el fin de Guinea, con todas las islas que en este camino están, en frente de las cuales, derecho por Poniente, está pintado el comienzo de las Indias, con las islas y lugares adonde podéis andar; y cuánto os podéis desviar del Polo Ártico por la línea Equinoccial, y por cuánto espacio, es a saber, en cuántas leguas podéis llegar a aquellos lugares fértilísimos en todas maneras de especiería y en joyas e piedras preciosas. Y no tengáis a maravilla si yo llamo Poniente a donde nace la especiería, porque en común se dice que nace en 29 Levante; mas quien navegara al Poniente, siempre hallará las dichas partidas en Poniente, y quien fuere por tierra al Levante, siempre hallará las mismas partidas en Levante.. .”
p Por lo visto, Colón comunicó por entonces su proyecto a 7’ oscanelli, pues éste le respondió en otra epístola: "Yo veo el tu deseo magnífico y grande de navegar en las partes de Levante por las de Poniente, como por la carta que yo te envío se muestra, la cual se mostrará mejor en forma de esfera redonda. Pláceme mucho sea bien entendida”. No nos ha llegado ni el original ni la copia del mapa de Toscanelli, pero ha sido reconstruido varias veces, teniendo a la vista sus epístolas.
p En el siglo XV aún no sabía nadie cómo se repartían la tierra y el agua en el mundo. Toscanelli exageró casi el doble la extensión del continente asiático, de occidente a oriente, y, por tanto, disminuyó la superficie del agua que separa por occidente a Europa occidental de China, determinando su latitud en un tercio de la circunferencia terrestre, o sea, según los cálculos de él, en menos de 12.000 km. El litoral japonés, cara a Europa, estaba, a juicio de Toscanelli, a unos 2.000 km al este de la costa de China y, por consiguiente, desde Lisboa hasta el Japón había que navegar menos de 10.000 km. De etapas de esta travesía podían servir las islas Azores o las Canarias y la mítica Antilia.
p Colón, asesorándose en algunos libros de Astronomía y Geografía, introdujo sus propias “enmiendas” a ese cálculo. Llegó a la conclusión de que el rumbo más cómodo para navegar al Asia oriental pasaba por las islas Canarias, desde donde, según él, habría que navegar unos 4.500 ó 5.000 km para llegar al Japón. Según expresión del geógrafo francés Juan Bautista d’Anville, ése fue "el mayor error que dio lugar al mayor descubrimient o”.
p Muchos historiadores dudan de que Toscanelli tuviese correspondencia con Colón y estiman que toda esa versión fue ideada por el hijo menor de éste, Hernando, o por otro biógrafo suyo del siglo XVI. Indudablemente, Colón, al recurrir a los libros de Cosmografía de aquel tiempo, pudo ver en ellos indicaciones semejantes a las que, según la versión tradicional, recibió directamente de Toscanelli. Pero hay una cosa que los escépticos no pueden explicar, y es ¿qué necesidad tenían los biógrafos de Colón, que lo conocieron personalmente, de inventar su correspondencia con el sabio florentino? Pues tal patraña no agrega nada a la gloria de Colón.
Colón hizo la primera oferta al rey de Portugal Juan II, quien, Iras largas dilaciones, entregó en 1484 el proyecto a un consejo 30 de sabios que acababa de fundarse para componer cartas de marear. Este consejo rechazó los argumentos de Colón. Desempeñaron también cierto papel en la negativa de Juan II las excesivas atribuciones y prerrogativas que el genovés se quería reservar para el caso de que la empresa tuviera éxito.
COLON EN ESPAÑA, SU CONVENIO CON LA CORONA
DE CASTILLA Y APAREJO DE LA PRIMERA EXPEDICIÓN
p Colón se fue de Portugal con su hijo Diego, de corta edad. Según la versión tradicional, arribaron los dos en 1485 al puerto de Palos, próximo a la bahía de Cádiz. Se alojaron en el monasterio de la Rábida, cerca de Palos. El abad mostró interés por el proyecto de Colón y envió a éste a ver a unos monjes influyentes, quienes lo recomendaron a los grandes de Castilla, incluido el duque de Medinaceli. Estas recomendaciones no podían sino perjudicarle, pues Isabel acogió con recelo la empresa que, en caso de éxito, enriquecería a sus enemigos políticos, los grandes señores feudales, y contribuiría a aumentar la influencia de éstos. El duque de Medinaceli solicitó a la reina permiso para armar la expedición a expensas suyas. La reina ordenó someter la cuestión al examen de una comisión especial. Sin dar una negativa directa al duque, quiso dar largas a la solución del problema. La comisión, compuesta por monjes y cortesanos, emitió un fallo negativo al cabo de cuatro años. El fallo no nos ha llegado, pero, si damos crédito a los biógrafos de Colón del siglo XVI, la comisión adujo diversos motivos absurdos, sin negar la esfericidad de la Tierra; en las postrimerías del siglo XV, esa verdad no se atrevía a refutarla ningún eclesiástico que se preciara de sabio. En 1487 y 1488 Colón recibió un subsidio del Tesoro, pero su obra no avanzaba mientras los reyes estaban absorbidos por la guerra. En cambio, encontró un nuevo apoyo, el más seguro: con la ayuda de sus protectores espirituales, entabló estrechas relaciones con acaudalados numularios españoles. Era un camino seguro que llevó a Colón a la victoria.
p En 1491 Colón volvió al monasterio de la Rábida. El abad le presentó a Martín Alonso Pinzón, marino avezado e influyente constructor naval del puerto de Palos. Simultáneamente mejoraron las relaciones de Colón con los consejeros de los reyes y con los mercaderes y banqueros sevillanos. En noviembre o diciembre de 1491 examinó el proyecto un conjunto de expertos, que lo volvió a rechazar, pues consideró excesivas las pretensiones de Colón. Los monarcas se sumaron al fallo, y Colón, poco después de la caída de 31 Granada, abandonó la corte y se dirigió a Francia. Entonces se presentó ante Isabel Luis Santángel, director de una importantísima casa comercial e íntimo consejero financiero de los reyes, y la convenció de que aceptara el proyecto, prometiéndole un préstamo para aparejar la expedición. Se envió tras de Colón a un alguacil, que lo alcanzó cerca de Granada y lo acompañó a la corte. El 17 de abril de 1492 el rey y la reina aprobaron por escrito el proyecto de contrato con Colón. Aducimos dos artículos importantísimos de este histórico documento:
p “Primeramente: que vuestras Altezas, como Señores que son de las dichas mares Océanas, fagan desde agora al dicho Don Cristóbal Colón [31•8 su Almirante en todas aquellas islas é tierras-firmes que por su mano ó industria se descubrieren ó ganaren en las dichas mares Océanas para durante su vida y después del muerto á sus herederos é sucesores de uno en otro perpetuamente, con todas aquellas preeminencias e prerogativas pertenecientes al tal oficio...
p “Otrosí: que vuestras Altezas facen al dicho D. Cristóbal Colón su Visorey y Gobernador general en todas las dichas islas y tierras-firmes, que como dicho es él descubriere ó ganare en las dichas mares; é que para el regimiento de cada una y cualquier dellas faga él elección de tres personas para cada oficio; é que vuestras Altezas tomen y escojan uno, el que mas fuere su servicio. ..” (de los candidatos presentados por Colón).
p “ítem: que todas é cualesquier mercaderías, si quier sean perlas, piedras preciosas, oro, plata, especiería, é otras cualesquier cosas é mercaderías de cualquier especie, nombre é manera que sean, que se compraren, trocaren, fallaren, ganaren é hobieren dentro de los límites del dicho Almirantazgo, que dende agora vuestras Altezas facen merced al dicho D. Cristóbal y quieren que haya y lleve para sí la decena parte de todo ello, quitadas las costas todas que se ficieren en ello. Por manera, que de lo que quedara limpio é libre haya é tome la decena parte para sí mismo, é faga della á su voluntad, quedando las otras nueve partes para vuestras Altezas”.
p El 30 de abril, el rey y la reina confirmaron oficialmente el título de “Don” y (convencionalmente, en caso de éxito) los títulos de Almirante, Virrey y Gobernador, así como el devengo de sueldos por estos cargos y los ingresos de las nuevas tierras en las cantidades indicadas y el derecho a entender en los asuntos penales y civiles, ligados con todo ello.
32p La expedición a ultramar estaba considerada por la corona, ante todo, de empresa comercial arriesgada. La reina dio su conformidad cuando vio que apoyaban el proyecto mercaderes sensatos. Luis Santángel concedió, en compañía del representante de los mercaderes de Sevilla, en préstamo a la corona de Castilla 1.140.000 maravedises. El apoyo de los egregios representantes de la burguesía urbana, que obraban de común acuerdo con los influyentes eclesiásticos, predeterminó el éxito de las gestiones de Colón.
p Espléndidos en otorgar títulos y hacer promesas, los reyes decidieron restringir al mínimo los gastes en la expedición. Se pusieron a disposición de Colón dos carabelas con aparejo de velas latinas. Según la tradición oficial, las tripulaciones fueron reunidas a la fuerza entre los habitantes de Palos condenados a un año de trabajos forzados por agravio a su Alteza y delincuentes comunes. La tercera carabela la aparejó Colón. Le ayudaron a reunir el dinero Martín Alonso Pinzón y los hermanos de éste.
Colón izó el pabellón de Almirante en la carabela mayor, la Santa María, que él, acaso sin plena razón, caracterizó de mala embarcación, inservible para los descubrimientos. Para capitán de la segunda carabela, la Pinta, designó a Martín Alonso, el mayor de los Pinzones; el capitán de la tercera, la Niña, fue el Pinzón más joven, Vicente Yáñez. Del tonelaje de estas carabelas no se han conservado documentos, y las opiniones de los historiadores son muy diversas. Así, el de la Santa María se calcula entre 100 y 130 Tm; el de la Pinta, entre 55 y 90 Tm, y el de la Niña, entre 40 y 60 Tm. La tripulación de las tres carabelas ascendía a 90 personas.
Notes
[31•8] El título de “Don” indicaba que Colón había sido elevado a la dignidad de hidalgo.