EN EL SIGLO XV ANTES
DE COLON
LOS MAPAS MEDIEVALES Y LAS ISLAS MITIGAS
p A los cartógrafos de los siglos XIV-XVI (lo mismo que, dicho sea de paso, a sus predecesores y a muchos continuadores) no les agradaban las “lagunas”, sobre todo en los océanos, donde eran difícil de comprobar, y las llenaban a menudo con islas fantásticas. Es fácil comprenderlos: las cartas de marear eran una mercancía y valían tanto más cuanto más datos nuevos visibles ofrecieran. Y esos “datos” los sacaban de diversas fuentes: de los libros de autores antiguos; de leyendas medievales; de libros de viajeros que a menudo comunicaban con poca exactitud lo que ellos mismos habían visto, y se creían con facilidad los relatos de islas que no pudieron haber pisado; de "historias verídicas”, oídas en tabernas y bodegones portuarios.
p Respectivamente, las fantásticas islas recibían nombres, y unos nombres extranjeros se traducían a la lengua materna del cartógrafo, otros se interpretaban de manera distinta y los demás se deformaban, a menudo hasta quedar desconocidos. En consecuencia, las enigmáticas islas se duplicaban, "se reproducían y multiplicaban" en los mapas, cautivando con espejismos de nuevas tierras a los buscadores de gloria y lucro del siglo XV al XVIII. Y en los siglos XIX y XX fueron causa de múltiples desvelos de los historiadores concienzudos. En cambio, han sido un auténtico filón de oro para los especuladores de la ciencia.
p Los cartógrafos medievales tomaron de autores antiguos los nombres de islas como las “Bienaventuradas”, las “Felices”, las de “Plata”, las de “Oro” y las “Hespérides”; de nombres de leyendas del medievo, como las “Encantadas”, las “Virginias”, la de "San Brandano”, las de las "Siete Ciudades”, y de relatos de navegantes, que a menudo también referían leyendas, como la “Masculina”, la “Femenina”, las “Caníbales” y las “Gigantes”. Hubo otras dos fuentes, no aclaradas, de nombres de islas: “Brasil” y “Antilia”, que desempeñaron importante papel en la historia de los grandes descubrimientos y se han conservado en el mapamundi, quedando como nombres de grandes territorios.
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Antes se creía que la denominación de “Brasil” estaba ligada con una mercancía, el valioso palo brasil para teñir, de
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I.Antilia
’I.Porlo Sanio
I.Maderat
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I. La Palma A.
I. Gran Ganaría
í?LG.2mera *4 1. Hierro-,
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mucha aceptación en la Edad Media. Esta madera se traía de Asia sudoriental a los puertos meridionales de Europa, como mínimo, desde fines del siglo XII, y los árabes la conocían mucho antes. Pero en el siglo XX, después de la publicación de Fridtjof Nansen, la mayoría de los historiadores consideran que “Brasil” es la denominación deformada de una isla fantasmagórica de las leyendas celtas, basadas en un espejismo que se observa desde las costas de Irlanda occidental. La isla “Brasil” apareció por primera vez en los mapas hacia el año 1330 en el Atlántico Norte, al oeste de Irlanda. Posteriormente, desde el siglo XV, los navegantes románicos interpretaron de otra manera esta denominación, extraña para ellos, y decidieron dársela a una tierra atlántica desconocida, patria del tropical palo brasil, y la buscaron, por tanto, en latitudes más bajas. Los mercaderes británicos, por su parte, enviaron hasta el fin del siglo XV naves al oeste de Irlanda en busca de la fantasmagórica isla (expediciones de Bristol de los años 80-90 del siglo XV).
p Ha quedado dilucidado, aunque no definitivamente, tras de largas discusiones, que las islas de Antilia y Brasil aparecieron por primera vez en un mapa levantado por el año de 1425. El origen de la denominación sigue siendo un misterio. A menudo, pero no siempre, se confundía la Antilia con la fabulosa isla de "Siete Ciudades" [15•3 , mostrada por primera vez en el mapa por el veneciano Andrés Bianco en 1436. Su nombre se debe a una leyenda que data de la conquista de los países pirenaicos por los árabes (siglo VIII). He aquí cómo la cuenta Martín Behaim en El globo terráqueo de 1492, en la descripción acerca de una isla lejana, al oeste del archipiélago canario:
p “En el 734 ... se pobló la isla de Antilia, llamada de Siete Ciudades por el arzobispo de Oporto, con seis obispos y otros cristianos... que se evadieron de España en una nave cargada de ganado, bienes y enseres. Aproximadamente en 1414 fondeó allí el último barco de España”.
p Lo expuesto en este escrito no está confirmado por documentos históricos. Pero la leyenda rodó en el siglo XV por los países católicos y ejerció gran influencia en la marcha de los grandes descubrimientos del hemisferio occidental. Los navegantes se dedicaron a buscar en el siglo XV la isla de "Siete Ciudades”, pero no descubrieron a occidente más que islas “paganas” y, por añadidura, muy pobres. Por eso en el siglo XVI los conquistadores empezaron a buscar "Siete Ciudades" en los dos continentes occidentales. Se descubrieron y conquistaron países paganos tan ricos como México y Perú; allá, en la América tropical, los conquistadores abrigaban la esperanza de encontrar el país, indudablemente pagano, de Eldorado. Y las búsquedas de la isla de "Siete Ciudades" pasaron al macizo continental de América del Norte y dieron lugar al descubrimiento del Missisipi, de Río Grande y el Colorado, de las Montañas Roqueñas y de la parte meridional de las Grandes Llanuras.
En los siglos XIV y XV, italianos, portugueses y españoles se fueron apartando ya relativamente lejos de las costas ibéricas y africanas y fueron descubriendo islas en el océano (a menudo^por segunda vez, después de los navegantes antiguos). En este período identificaron las nuevas tierras con las inexistentes islas, mostradas en los mapas viejos, si, naturalmente, había algún pequeño parecido en sus descripciones o alguna coincidencia en su 16 situación. Las islas no identificadas eran desplazadas a las zonas del Océano Atlántico, más extensas, y “colocadas” al oeste y al sur, hasta llegar a ser buscadas en la zona tropical oeste del océano, en aguas americanas. Algunas de esas islas fantásticas no se pudieron identificar con las existentes en realidad.
p El nombre de "Siete Ciudades”, separado definitivamente de la “Antilia” y trasladado luego al continente septentrional, desapareció de los mapas. Desapareció también el de " Antilia" como una sola isla, pero quedó, en cambio, para dos archipiélagos: el de las Grandes y las Pequeñas Antillas. “Brasil” fue el nombre que más se desplazó en el mapa, cruzando el Ecuador y dando, en fin de cuentas, su nombre industrial y comercial, ya en el hemisferio austral, a una isla ficticia, donde se encontró la madera tintórea. La “isla” resultó ser el saliente oriental de la tierra firme de ultramar, enfrente de África Ecuatorial y del Sur, y su denominación quedó para el mayor país del continente sur.
p En el siglo XIX, los historiadores concienzudos de la geografía decían ya que las cartas medievales de marear de la parte oceánica eran una fuente muy inexacta, y que se debían tomar con gran recelo. Aun con todo, hubo muchos aficionados a remitirse a los mapas del siglo XV como a pruebas irrefutables de que las Antillas fueron descubiertas antes de 1492, y el Brasil, antes de 1500. En el siglo XX hay más aficionados aún a aducir esas pruebas.
Sería conveniente ligar la aparición de las tierras “americanas” en los mapas precolombinos con ciertas expediciones a ultramar. Han llegado hasta nuestros días algunas noticias muy vagas de las navegaciones portuguesas al oeste en el siglo XV y varios documentos sobre la preparación de expediciones a occidente. Aprovechando la falta de claridad de documentos de tan poco contenido y respaldándolo con mapas fantásticos de aquella época, los anticolombinos de diversos países procuran demostrar que Colón siguió en sus cuatro expediciones rumbos explorados ya por otros navegantes europeos, principalmente portugueses.
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EL MAPA DE BIANCO DE 1448 Y EL FICTICIO
DESCUBRIMIENTO DEL BRASIL POR LOS
PORTUGUESES EN LOS ANOS 40 DEL SIGLO XV
p En el segundo cuarto del siglo XV trabajaba en Venecia el cartógrafo Andrés Bianco. En sus mapas, el Océano Atlántico está lleno de islas, tanto existentes (Canarias, Madera) como imaginarias. Junto a una de las islas alejadas, cuyos contornos, con muy buena voluntad, pueden recordar el saliente oriental del Brasil, Bianco escribió en el hemisferio boreal del mapa de 1448: "Isla auténtica a 1.500 millas al oeste”.
p El conocido orientalista inglés Enrique Yule vio una reproducción de un mapa de mediados del siglo XV con una inscripción muy curiosa junto a una isla, sita indudablemente en el hemisferio occidental (empezando a contar por el meridiano de Hierro). Y Yule empezó a buscar en los libros de autores medievales noticias de expediciones marítimas a occidente antes de 1448. Leyó una en las obras del historiador portugués Antonio Galvano.
p Galvano había escrito en el Tratado de las diversas vías perdidas (1563) que en 1447 ".. .una nave portuguesa pasó por el estrecho de Gibraltar, se vio sorprendida por una violenta tempestad y tuvo que desviarse a occidente más de lo que hubiera querido la tripulación. Arribaron por fin a una isla... El contramaestre se trajo cierta cantidad de arena, por la que un orfebre de Lisboa le dio mucho oro”.
p Pues bien, Yule se presentó a fines del siglo XIX en el papel de americanista innovador en la Sociedad Geográfica de Londres y leyó un informe Sobre el descubrimiento de América antes de Colón. Basándose en dos “documentos”, como el aserto de Galvano y la inscripción en el mapa de Bianco, afirmó categóricamente que la isla aurífera era el Brasil.
p En los debates en torno al informe de Yule, la mayoría de los especialistas impugnó con firmeza su punto de vista.
p Efectivamente, es difícil considerar acertada la extraña argumentación de Yule. El contramaestre declaró que una tempestad había arrastrado en 1447 la nave muy lejos al oeste del estrecho de Gibraltar, que se encuentra poco más o menos en el paralelo 36 de latitud norte. En el mapa de 1448 Bianco escribió que una isla auténtica se encuentra, por lo visto, a 1.500 millas (italianas) a occidente del lugar opuesto al Viejo Mundo, sin duda situado asimismo en el hemisferio boreal. La cuenta de las 1.500 millas al oeste de Gibraltar lleva, en el mejor de los casos, a las islas Azores, donde no hay ni ha habido oro. Por consiguiente, dice Yule, 18 no hay que contar, probablemente, las 1.500 millas desde Gibraltar, sino desde las islas de Cabo Verde (que, dicho sea de paso, los portugueses desconocían en los años 40 del siglo XV), y no al oeste, sino al sudoeste, lo que conduce al mismísimo saliente oriental del Brasil. En suma, la arena aurífera del contramaestre portugués no fue recogida en una isla occidental, sita cerca del paralelo 36 de latitud norte, sino en el continente occidental, cerca del paralelo 8 de latitud sur. Y en el mapa de Bianco "la costa de América del Sur está desplazada arbitrariamente a otras latitudes”.
p Los historiadores saben de los descubrimientos de los navegantes portugueses de la primera mitad del siglo XV gracias a una fuente muy fidedigna, a la Crónica de los descubrimientos y conquistas de Guinea, de Gomes Eanes Azurara, que empezó su obra en 1449 y la terminó en 1453. No obstante, este enteradísimo cronista portugués no dijo nada de la arena aurífera, traída a Lisboa desde una isla misteriosa. No cabe admitir, escribe R. Hennig, que Azurara desconociera un suceso como el descubrimiento de una isla en occidente o que lo silenciara mientras la isla quedaba incluida en el mapa por un cartógrafo extranjero (veneciano).
p El rey portugués Alfonso V, lo mismo que otros reyes, hacía donaciones de tierras recién descubiertas e islas enteras a los miembros de su familia y a individuos de la nobleza que le habían prestado algún servicio. Mas también se complacía, como dice irónicamente Hennig, en ".. . regalar islas que aún no habían sido descubiertas... Semejantes donaciones ... agradaban a los suyos, y al rey no le costaban nada. Así, el 10 de diciembre de 1457 regaló al infante Fernando unas islas que aún estaban por descubrir”. De igual manera otorgó el rey el derecho de propiedad sobre las fantásticas islas de “Antilia” y "Siete Ciudades”. De donde, quien lo deseara, podía inferir (y no han faltado deseosos) [18•4 que entre fines de los años 50 o principios de los 60 los portugueses habían descubierto una de las Antillas.
p No obstante, si bien es verdad que la conjetura de Yule acerca del descubrimiento de América en 1447 no fue admitida por los historiadores serios, no lo es menos que entre los falseadores de la historia ha habido autores que han blandido una y otra vez los argumentos de Yule.
19Así, en 1937, "Cortesao, otro portugués de imaginación demasiado febril, volvió a remitirse al mapa de Bianco de 1448 como a una prueba de que sus compatriotas conocieron el Brasil antes de 1447. Pues bien, nos resta únicamente extrañarnos de los pocos escrúpulos que se ha tenido para dedicarse, sin pruebas algunas, a interpretar la historia de manera arbitraria si ello halaga la vanidad nacional" (Hennig) [19•5 .
PEDRO VELASCO Y EL VIEJO MARINO QUE,
ANTES DE MORIR,
REVELO SU SECRETO A COLON
p Nos han llegado confusos datos de dos marinos que algunos anticolombinos dan por precursores de Colón. Según ellos, estos marinos descubrieron antes de Colón las remotas islas occidentales, transmitieron a éste su experiencia náutica y uno de ellos hasta comunicó al genovés los datos exactos del descubrimiento, que él aprovechó.
p En el libro La vida del almirante, atribuido a Hernando Colón, se menciona al piloto español Pedro Velasco, quien refirió a Cristóbal Colón que en los años 50 había navegado desde la isla de Fayal (la central del grupo de las Azores) en busca de la isla de "Siete Ciudades”, estando al servicio de Portugal, "... a vela, con viento suroeste, 150 leguas" (unos 900 kilómetros), y en la travesía de vuelta descubrió la isla Flores, la más occidental de las Azores.
p Y nada más. Sin embargo, hasta una relación tan breve dio pie a algunos anticolombinos (por ejemplo, a J. Cortesao) para afirmar que Velasco descubrió cuarenta años antes que Colón una isla americana, posiblemente Terranova. Bien es verdad que Terranova está en el Atlántico Norte, y Colón, como se sabe, buscó las tierras occidentales en la zona tropical y subtropical. Pero si en la narración acerca de Velasco hay parte de verdad, no se puede hacer más que una deducción acertada: que si Velasco buscó la isla de "Siete Ciudades" al noroeste de las Azores (con viento suroeste), Colón, en cambio, decidió buscar esta isla (identificada con la mítica “Antilia”) en dirección opuesta, al suroeste de las Azores.
p Se presenta como a un predecesor más importante de Colón a un viejo marino, "descubridor de la isla de Antilia”. Algunos 20 historiadores lo mencionan simplemente como "piloto anónimo”; mas, como quiera que los anónimos despiertan siempre sospechas, los anticolombinos le dieron el nombre de Alonso Sánchez.
p Concedamos la palabra al francés Mario André, autor de La aventura verídica de Cristóbal Colón, partidario de Enrique Vignaud, cabeza de los anticolombinos del primer cuarto del siglo XX, norteamericano cuya influencia entre los adversarios de la "tradición de Colón" se siente hasta nuestros días: "Cristóbal Colón se enteró por Alonso Sánchez.. . de que la isla de Antilia estaba situada a la distancia de 700 a 750 leguas en línea recta al oeste de las Canarias”. ¿Cómo conoció Colón a Sánchez y cómo se enteró este segundo de la distancia que había entre la “Antilia” y las Canarias?
p “Durante su estancia en Porto Santo [20•6 , Colón conoció por casualidad a Alonso Sánchez, que había desembarcado, moribundo; lo llevó a su casa y se enteró por él de que la “Antilia”, de donde él retornaba, existía en realidad... Desde ese momento el objetivo principal de la vida de Colón fue descubrir la “Antilia”, su archipiélago y las otras tierras de la parte occidental del océano. Pero. .. no quiso que se pudiera decir con fundamento que había seguido los pasos de otros, que no había descubierto, sino simplemente encontrado lo descubierto por otros.
p La narración acerca del viejo piloto que reveló a Colón, antes de morir, su gran secreto y que incluso le entregó el libro y la carta de navegación, data de mediados del siglo XVI. Lo publicó por primera vez Gomara en su Historia del Mundo Nuevo. Ni los contemporáneos de Colón ni documentos algunos aluden a que hubiera fallecido ningún marinero en casa de aquél. Benzoni estimaba que el relato lo había inventado Gomara con el fin de "mermar la gloria inmortal de Cristóbal Colón, ya que muchos no podían soportar que aquel extranjero, de nuestra Italia, hubiera alcanzado tantos honores y gloria no sólo en el reino de España, sino también en todas las otras naciones del mundo”.
Hace cien años, Osear Peschel, conocido historiador de la época de los descubrimientos, tildó la narración de Gomara de "patraña desvergonzada”; pero, no obstante, hasta hoy salen autores en diversos países repitiendo y fomentando esa patraña.
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LOS ENIGMÁTICOS "DESCUBRIDORES DE AMERICA"
PORTUGUESES DE LOS AÑOS 70 Y 80 DEL SIGLO XV
p En los archivos de Portugal se encontraron varias cartas reales sobre la donación de islas a hidalgos portugueses, que unos u otros anticolombinos consideran ser los primeros descubridores de América. En ese papel se presenta, por ejemplo, Diogo Teive, quien, posiblemente, descubrió a fines de los años 50 una o dos islas occidentales del grupo de las Azores. (Parece que Pedro Velasco navegó con él.) En los años 70, el rey Alfonso V donó a Fernando Teles las islas descubiertas por Teive que él, Teles, " debía descubrir de nuevo”. En 1475 se dio a conocer Fernán Domínguez Arco, a quien Juan II nombró "virrey de una de las islas que se descubrieran" (1484).
p Pero el “predecesor” más conocido de Colón fue Fernán Dulmo, gobernador de la isla Terceira (grupo de las Azores). La cuestión es que este portugués, anticolombino según la nacionalidad que tomara, se podía convertir (y lo hacía) en el alemán Fernando de Ulma o en el flamenco Van Olmen. Además, lo ligaban con el famoso Martín Behaim.
p “Fernán Dulmo nos ha dicho—leemos en la carta de Juan II del 24 de julio de 1486—que se propone descubrir una isla grande, o muchas islas, o un continente, que él considera es la isla de Siete Ciudades, y lo quiere hacer con sus propios medios y por su cuenta.. . Le entregamos la dicha isla, o islas, o tierra firme como donación real, estén habitadas o deshabitadas ... con todos los ingresos y derechos. .. al mencionado Fernán Dulmo, a sus herederos y descendientes... Por cuanto al caballero alemán que desea tomar parte en la navegación con él, se le concede el derecho de libre elección de la carabela en que quiera navegar. ..”
p En la carta no se menciona el nombre de Martín Behaim, pero se habla del anónimo caballero alemán que manifestó el deseo de tomar parte en la navegación.
p Osear Peschel ha expuesto a este respecto: "Es muy probable que el caballero alemán fuese precisamente Martín Behaim, si bien por entonces había muchos alemanes en Portugal”.
p A la expedición de Dulmo, con la participación inexorable de Behaim, se atribuye el descubrimiento de las islas tropicales americanas, entre ellas la de “Antilia”. A una o a varias expediciones portuguesas, desconocida o desconocidas, con la posible participación de Behaim, se atribuye el descubrimiento de América del Sur antes de Colón (o sea, antes de 1498) 22 y del estrecho de Magallanes antes de Magallanes [22•7 , mas no antes de 1520, cuando el estrecho fue realmente descubierto, sino antes de 1507 (año en que murió Behaim).
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En todos los casos indicados, los documentos dan únicamente testimonio de que los reyes regalaban a los capitanes de las futuras expediciones tierras occidentales aún sin descubrir. Se puede suponer con probabilidad que algunas embarcaciones salieron realmente de puertos portugueses en busca de las tierras donadas. Mas
Todos los razonamientos de los anticolombinos en pro de los descubrimientos portugueses de América antes de Colón están supeditados a la siguiente lógica, verdaderamente “férrea”: Si uno u otro rey donaba alguna isla desconocida o parte de la tierra firme de ultramar a un subdito suyo, éste, indudablemente, organizaba una expedición y se hacía a la mar. Y si la expedición se hacía a la mar, sin duda alguna llegaba a la tierra deseada, y algunos de sus participantes regresaban y comunicaban en Lisboa la noticia del nuevo descubrimiento. El Gobierno portugués, indiscutiblemente, guardaba el descubrimiento en el más riguroso secreto. Por eso en el extranjero no se sabía nada de esos descubrimientos en el siglo XV, y posteriormente los documentos respectivos fueron enterrados en los archivos portugueses.
SOBRE EL SECRETO EN QUE SE GUARDABAN LOS
DESCUBRIMIENTOS PORTUGUESES EN EL SIGLO XV
p Como vemos, al buscar a los predecesores de Colón, los anticolombinos de distintas naciones se han visto obligados a hacer particular hincapié en el secreto absoluto con que las autoridades portuguesas guardaban las noticias de los descubrimientos hechos en el siglo XV. Entretanto, había muchos extranjeros entre los navegantes que "zarpaban para hacer descubrimientos" bajo pabellón portugués hacia las costas de África Occidental. Unos de los más conocidos fueron el veneciano Alvise Cademosto y el genovés Antonio Usodimare. Tras de varias navegaciones y descubrimientos en aguas de Guinea, la corona portuguesa dejaba libres de servicio a estos duchos extranjeros, que retornaban felizmente a sus patrias. Martín Behaim navegó también con los 23 portugueses a la Guinea inferior, luego regresó a Alemania e hizo en Nuremberg, en 1492, un globo, llamado La Manzana "Terrestre, y luego se reincorporó al servicio de Portugal.
p El secreto de los descubrimientos, realizados en el siglo XV con naves portuguesas, no era tan riguroso como se imaginan muchos historiadores, que copiaron a menudo deducciones de otros. Es más, los individuos que actuaban, cumpliendo encargos directos de Enrique el Navegante e incluso del propio Alfonso V (muy incrédulo), entraban en un "intercambio cultural" sui generis con los geógrafos y cartógrafos de otros países europeos, les comunicaban las noticias de los nuevos descubrimientos y, a su vez, recibían valiosos datos y mapas. Así, Alfonso V ordenó que se diera parte de todos los descubrimientos portugueses al veneciano Fray Mauro y se comprometió a facilitarle nuevos datos geográficos si él enviaba a Lisboa una copia de su célebre mapamundi de 1457, cosa que Mauro hizo. Y posteriormente, en los años 60 y 80 del siglo XV, todos los descubrimientos de alguna importancia hechos por las cercanías de las costas occidentales de África, ruta comercial más importante de los portugueses, eran conocidos en seguida o muy pronto en el extranjero, recogidos en los documentos gubernamentales y en las cuentas rendidas de los navegantes que pasaban a disposición de los cronistas, e insertos en los mapas, tanto portugueses como extranjeros.
p Lo que se guardaba realmente en secreto eran las cartas detalladas de marear. No hay fundamento alguno para suponer que los reyes portugueses hicieran de los descubrimientos de sus subditos en el Atlántico oeste, junto a las costas americanas, un secreto macho mayor que de los realizados en la zona oriental, junto a las costas africanas. Por el contrario, los reyes portugueses no hicieron ni en el siglo XV ni a principios del siglo XVI secreto de los auténticos descubrimientos de islas occidentales (respecto de Europa y África): las Azores, las de Cabo Verde y "Vera Cruz" (Brasil).
Ni había motivo para guardar en secreto ningún descubrimiento verdadero, ya que éste otorgaba a Portugal el derecho inalienable a las respectivas islas del hemisferio occidental incluso después de la sedicente primera división del mundo. Pues en la bula del Papa del 4 de mayo de 1493 se decía sin rodeos que los derechos de España a las tierras descubiertas al oeste de la línea de demarcación se conservarían únicamente en el caso de que "no hubieran sido realmente incorporadas a las posesiones de otro rey o soberano cristiano" antes de las Navidades de 1492. Y no se presentaron declaraciones de descubrimiento, hecho antes 24 de la fecha indicada, de las Bahamas, las Antillas u otras islas tropicales americanas o de parte del continente sudamericano por los reyes portugueses. Tampoco hubo objeciones relativas a descubrimientos portugueses hechos en occidente en el Tratado hispano-portugués de Tordesillas del 7 de junio de 1494 sobre el reparto del mundo. La primera noticia comprobada de que los portugueses llegaron a las costas de la América tropical (la expedición de Cabral en 1500) estuvo considerada por el propio jefe de la expedición y por la corona portuguesa de primer descubrimiento, y no segundo, de la "isla de Vera Cruz”. Los portugueses no hablaron en el siglo XV de sus descubrimientos en América porque, sencillamente, no hubo tales descubrimientos.
Notes
[15•3] Así, el cosmógrafo florentino Pablo Toscanelli, al mencionar^ en una carta del 25 de junio de 1474 a Lisboa, la "conocida isla de Antilia”, agregó para que lo comprendiesen bien: ”. . .que vosotros (los portugueses), llamáis de Siete Ciudades”.
[18•4] Por ejemplo, el arqueólogo portugués Antonio Machado de Paria y María en el libro La prioridad de los portugueses en el descubrimiento de América del Norte y de las islas de América Central (1931).
[19•5] Jaime Cortesao sigue hablando de manera parecida hasta nuestros días y, lamentablemente, encuentra adeptos mucho más allá de Portugal.
[20•6] Población de la pequeña isla del mismo nombre del grupo de las Madera.
[22•7] El culpable de la última invención fue, en parte, como se explica más adelante, el compañero de Magallanes Antonio Pigafetta.