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Charla décima
QUE ES LA VERDAD
 

[introduction]

p ¿Quién de ustedes, amigos lectores, no se ha preguntado alguna vez qué es la verdad? Es rara la persona que no se interesa por esta cuestión. No es casual que el pueblo diga: "La verdad es la luz de la razón”, "La luz del cuerpo es el Sol; la luz del espíritu, la verdad".

p Hegel decía: "La verdad es una gran palabra y un objeto más grande todavía. Si el espíritu y el alma del hombre son todavía sanos, al oír el sonido de esta palabra debe alzársele más aún el pecho".

p Los creadores inmortales de la ciencia marxista-leninista dieron un gran ejemplo de dedicación a la verdad. Guillermo Liebknecht, destacado dirigente del movimiento obrero alemán e íntimo compañero de lucha de Carlos Marx, dice en sus memorias que Marx no conocía más culto que el de la verdad, no veneraba nada, excepto la verdad, y nada respetaba tanto como la verdad. Lenin se enorgullecía de la fuerza "del conocimiento humano, vivo, fértil, auténtico, poderoso, omnipotente, objetivo y absoluto"  [220•1 .

p A veces se dice que la búsqueda de la verdad es asunto exclusivo de los científicos, filósofos, escritores y políticos. La "gente sencilla”, se afirma, puede vivir sin buscar la verdad. No hay nada más erróneo que esa opinión. Los hombres se ven precisados a buscar y encontrar la verdad, es decir, a conocerla, en todo momento. En la escuela, en la fábrica, en el laboratorio, en la mina, en la vida cotidiana, en todas partes, hacen falta conocimientos. Una obra pequeña requiere conocimientos pequeños; una obra grande, requiere conocimientos grandes; pero siempre son 221 necesarios conocimientos verdaderos. Y los hombres los obtienen en la actividad científica, productiva, social.

¿Qué conocimientos denominamos verdaderos?

Qué es la verdad

p Es sabido por la vida cotidiana que llamamos verdadera a la manifestación que no ha sido inventada, sino que corresponde a algo real, existente en la propia vida. Es verdadero todo lo que corresponde a la realidad. La verdad es opuesta al error, a la mentira. Nuestras manifestaciones serán falsas si en ellas afirmamos algo que no existe en la vida real.

p ¿Se conserva este sentido, fruto de la experiencia del género humano, en la definición filosófica de la verdad? Sí, forma parte de la concepción materialista de la verdad. Pero los idealistas lo adulteran por todos los medios. Consideran que la naturaleza es lo secundario y, por ello, no comparan el pensamiento con la realidad, sino que, a la inversa, ajustan la realidad a “principios” y “tesis” de su invención.

p La concepción idealista de la verdad se entrelaza estrechamente con la concepción religiosa-metafísica, la cual se reduce a afirmar que Dios es la verdad única y eterna. Pero Dios, dicen los clericales, es inescrutable para la ciencia; por tanto, la verdad es también inescrutable para ella. Puede ser alcanzada únicamente, a su juicio, no en el proceso del conocimiento, en la actividad laboral, productiva, sino gracias a la fe en Dios.

p La ciencia ha demostrado hace ya mucho que todas las "revelaciones de la religión" están tan lejos de la verdad como el cielo de la Tierra. Pese a ello, los sembradores de oscurantismo siguen encubriendo sus negras obras con la gran palabra “verdad”. "Venera y entiende la verdad”, enseñan haciéndose pasar por servidores de la "verdad celestial”, de la "verdad divina".

p Tales opiniones no son otra cosa que la negación de la verdad científica, la negación de la ciencia en nombre de la fe, y en boca de algunos servidores del culto, son una simple especulación con los anhelos del pueblo de conocer la verdad.

p El idealismo y la religión, además de no conservar el sentido del concepto de la verdad y la mentira elaborado por la experiencia de la humanidad, lo han adulterado.

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p El materialismo es el único que ofrece una concepción correcta de la verdad. Ha conservado su significación, pro- 1 ducto de la actividad práctica del género humano. Por ejemplo, el materialista Feuerbach combatió duramente los intentos de "separar la verdad de la realidad, la realidad de la verdad”. Y el gran demócrata revolucionario ruso Nicolás Chernishevski creía en el poderío de la razón humana, en la posibilidad de conocer científicamente la realidad. "La verdad —decía—• se alcanza únicamente con la investigación rigurosa y múltiple de la realidad".

Por consiguiente, puesto que los conocimientos humanos son verídicos cuando corresponden a la realidad, no dependen del arbitrio de los hombres, de sus deseos. A ello está vinculada la importantísima tesis de la objetividad de la verdad, que formuló y resolvió por vez primera la filosofía marxista-leninista.

La verdad objetiva

p En su obra Materialismo y empirio- criticismo, Lenin llama verdad objetiva al contenido de los conocimientos humanos que "no dependa del sujeto, no dependa ni del hombre ni de la humanidad"  [222•1 .

p ¿Cómo debemos entender esto? Ustedes pueden preguntar: ¿No será la verdad la propia naturaleza, por cuanto existe de manera objetiva, es decir, independientemente del hombre y de la humanidad? No, sería erróneo comprender así la verdad objetiva. Lo que existe no puede ser ni verdadero ni falso. Simplemente existe. Pueden ser verdaderos o falsos los conocimientos de los hombres, sus opiniones y afirmaciones acerca de lo que existe, pero no la propia realidad.

p Puede surgirles, a este respecto, otra pregunta. Si la verdad son los conocimientos de los hombres, ¿por qué afirmamos, entonces, que no depende del hombre ni de la humanidad? ¿No son los hombres quienes logran, con su trabajo y sus investigaciones científicas, unos u otros conocimientos científicos? Los adeptos de Mach razonaban \ precisamente así. Puesto que la verdad no existe sin el hombre, decían, tampoco existe la verdad objetiva; la 223 verdad es siempre subjetiva, depende del hombre. Pero semejante razonamiento es falso.

p Efectivamente, la verdad no existe sin el hombre. Mas su contenido no depende del hombre. La verdad se extrae del mundo que rodea al hombre. No es el deseo de éste lo que determina la verdad de sus manifestaciones y opiniones, sino su correspondencia con la realidad objetiva? con lo que existe en el mundo independientemente del hombre. Por eso dice Lenin que la verdad objetiva no depende ni del hombre ni de la humanidad; con otras palabras, no depende del arbitrio de los hombres. El hombre no crea la verdad, sino que la refleja en consonancia con lo que existe en la realidad objetiva.

p De aquí se deducen importantes conclusiones prácticas.

p El Partido Comunista es enemigo de todo lo que signifique violar los hechos, la verdad histórica, la verdad objetiva. Para el comunista es un gran honor servir a la verdad, al pueblo. En su actividad práctica no debe adulterar lo más mínimo la verdad por complacer a nadie, quienquiera que sea. Debe saber, en todo y en todas partes, mirar cara a cara a la verdad, denunciar cualquier engaño al pueblo, cualquier falseamiento de la verdad.

p El Partido Comunista es fuerte porque dice al pueblo la verdad. Y por eso, el pueblo confía siempre en él.

p Diametralmente opuestas son las conclusiones que dimanan de la concepción idealista del mundo y que sirven de guía a los filósofos, diplomáticos, periodistas, etc., burgueses. He aquí, como muestra, lo que escribe el periodista norteamericano John Swinton: "El periodista neoyorquino debe falsear la verdad, mentir abiertamente, tergiversar los hechos, denigrar a los hombres, arrastrarse a los pies de Mammón"   [223•1 . Y uno de los jefes del servicio de espionaje norteamericano, S. D. Jackson, ha dicho con todo cinismo que Jos Estados Unidos de América no necesitan la verdad, sino la labor de zapa en la lucha contra la Unión Soviética y los países de democracia popular.

p ¡He ahí, en verdad, dos concepciones del mundo, dos enfoques opuestos de los fenómenos de la realidad!

Por consiguiente, en nuestra actividad práctica, en la vida cotidiana, tiene importancia basarse en 224 manifestaciones y razonamientos que correspondan a la realidad. Mas ¿qué garantiza a los hombres la veracidad de sus conocimientos, la correspondencia de éstos con la realidad? Dicho con otras palabras: ¿dónde está el criterio, es decir, la medida, de la veracidad de nuestros conocimientos?

El criterio de la verdad

p Algunos filósofos burgueses afirman que un pensamiento es verdadero cuando es útil, provechoso a los hombres. Estos filósofos se llaman pragmatistas. El pragmatismo está muy extendido en los EE.UU. Su criterio de la verdad no es objetivo, sino subjetivo. Porque una teoría o idea falsa, absurda, puede a veces resultar muy útil para una u otra persona e incluso para toda una clase Tal es el caso, por ejemplo, de las doctrinas religiosas que pretenden demostrar la existencia de la vida de ultratumba, del paraíso y del infierno. Esas doctrinas son provechosas para las clases explotadoras. Mas a pesar de toda la utilidad que reporta la religión a los explotadores, es una doctrina falsa.

p Ustedes pueden preguntar: "¿Es que las teorías verdaderas no son útiles? ¿Es que las reglas de las matemáticas y de la física no sirven a nuestros fines?" Indudablemente, son útiles a los hombres. Pero esas teorías son verdaderas no porque sean útiles. Al revés, son útiles precisamente porque son verdaderas, porque reflejan correctamente el mundo real.

p Otros filósofos dicen: la verdad es lo que aceptan todos los hombres, lo que tiene significación general. Y consideran que eso es el criterio de la verdad. Mas también este criterio es inseguro, subjetivo. No hay gran diferencia en que se haga depender la verdad de los deseos de unas cuantas personas o de muchas. Hay circunstancias en la vida en que se equivocan no sólo unas cuantas personas, sino muchas.

p Como se sabe, hubo un tiempo en que los infundios religiosos tenían también "significación general”. Mas no por eso se acercaron ni un ápice a la verdad. Por último, en la sociedad dividida en clases hostiles no existe ni puede existir la llamada "significación general" si se trata de verdades relacionadas con los intereses de clase. Lo que una clase reconoce como verdad, otra lo denomina mentira, y viceversa.

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p ¿Dónde está, pues, el criterio de la verdad que no dependa de los deseos ni de las opiniones de los hombres, que sea objetivo? Ese criterio es la práctica social. La actividad práctica de los hombres es el único medio seguro de comprobar la veracidad o la falsedad de nuestras opiniones, teorías y representaciones. Marx decía que ”es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento"  [225•1 .

p Si nuestros conocimientos, conseguidos como resultado del estudio de la realidad, se ven confirmados por la práctica, serán verdaderos, fidedignos y no habrá que dudar de ellos. El vuelo del cohete soviético a la Luna fue calculado con una precisión ríe minutos y segundos. Y cuando el cohete "alunizó" en el lugar predeterminado y en el momento señalado con exactitud, se confirmó prácticamente la veracidad de los cálculos hechos por los científicos soviéticos. A la inversa, las teorías que no resisten la comprobación en la vida, en la práctica, son teorías falsas. La práctica es, por tanto, la piedra, de toque de toda teoría.

p ¿Por qué comprobamos la veracidad de nuestros conocimientos con ayuda de la práctica? Para responder a esta pregunta debe tenerse en cuenta lo siguiente. No tratamos de conocer la realidad por pura curiosidad.’ La idea del inventor, del científico o del innovador tiene valor cuando puede ser llevada a la práctica. Ahora bien, ¿puede hacerse eso con todas las ideas? No. Sólo se puede realizar una idea verdadera, correcta. Las ideas falsas no pueden ser aplicadas porque no corresponden a la realidad. Por eso precisamente comprobamos la veracidad de nuestros conocimientos con la práctica.

p Por consiguiente, corresponde a la realidad todo lo que es confirmado por la práctica y, en virtud de ello, puede realizarse prácticamente. Este es el motivo de que el criterio de la práctica y el principio del reflejo deban figurar en la propia definición de la verdad objetiva. Entendemos por verdad objetiva el contenido de los conocimientos humanos, comprobado por la experiencia, por la práctica, que refleja fielmente la realidad material que nos rodea. Lenin decía: 226 "En el cerebro humano se refleja la naturaleza. Al comprobar y aplicar en su práctica y en la técnica la justedad de estos reflejos, el hombre llega a la verdad objetiva"  [226•1 .

p De cuanto hemos dicho acerca del criterio de la verdad dimanan importantes conclusiones, imprescindibles en la vida cotidiana. Por ejemplo, al apreciar nuestra actividad productiva, científica, económica y política debemos guiarnos por un solo criterio: cuáles serán sus resultados prácticos. La vida es, en esos casos, el juez supremo. Si la realidad rechaza nuestros cálculos, suposiciones o hipótesis, debemos tener la valentía de renunciar a ellos y, profundizando nuestros conocimientos, ponerlos en consonancia con la experiencia, con la práctica. Cuando nos obstinamos y no queremos tener en cuenta los hechos de la vida, quedamos siempre en evidencia.

p Hemos aclarado, pues, que la práctica es el criterio de la verdad, la fuente y el objetivo del conocimiento. Es el punto de partida y la causa inicial que engendra la propia necesidad del conocimiento. La práctica es todo el conjunto de la actividad productiva de los hombres orientada a transformar la naturaleza (toda la experiencia del desarrollo histórico de la industria y de la agricultura); es todo el conjunto de la actividad político-social orientada a transformar la sociedad (la lucha de clases, las revoluciones sociales, la edificación del socialismo y del comunismo, el movimiento de liberación nacional, la lucha de los pueblos por la paz); es la actividad científica experimental. Dicho de otro modo: la práctica es la actividad del género humano orientada a modificar la realidad material.

En su obra Materialismo y empiriocriticismo, Lenin señala que el problema de la verdad contiene dos cuestiones: 1) ¿Existe la verdad objetiva? 2) Si es así, las representaciones humanas que expresan la verdad objetiva ¿pueden expresarla de una vez, por entero, incondicionalmente, absolutamente, o sólo de un modo aproximado, relativo?  [226•2  Hemos examinado ya la primera cuestión y respondido afirmativamente. Pasemos ahora a la segunda: la correlación entre la verdad relativa y la absoluta.

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La verdad relativa

p "Nunca acaba uno de aprender”. Este proverbio popular parece responder a la pregunta hecha más arriba: ¿se puede conocer la verdad de una vez, por entero, completamente, incondicionalmente? El gran sabio ruso Iván Pávlov decía que una vida es poco para el hombre de ciencia: por muchos secretos que descubra, quedan siempre multitud de problemas sin resolver. Ni siquiera la ciencia en su conjunto puede “culminar”, “terminar” el proceso del conocimiento. La historia de la ciencia testimonia que cualquier verdad científica no ha sido descubierta de golpe, sino paulatinamente, paso a paso. ¿Cómo se explica esto?

p Para responder a esta pregunta pensemos en lo que representa el pensamiento humano. ¿Es el pensamiento de un hombre aislado? No. Es el pensamiento de todos los hombres que estudian y conocen el mundo. Y esos hombres se cuentan por miles de millones, comprendiendo todas las generaciones humanas pasadas, presentes y futuras. Mas, al mismo tiempo, no todos los miles de millones de personas estudian de golpe la naturaleza. Cada una la estudia con los medios que la sociedad ha puesto a su alcance. Y el pensamiento de cada persona está siempre limitado por el nivel de la producción, de la ciencia y de la técnica que hereda la generación a que pertenece.

p Hubo un tiempo en que los hombres de ciencia no disponían siquiera de simples balanzas y termómetros, sin hablar ya del microscopio, el telescopio, etc. Esto, como es lógico, limitaba las posibilidades de conocer el mundo. En nuestros días, la ciencia está pertrechada con aparatos complejísimos. Ahora bien, ¿puede dudarse de que, en el futuro, los aparatos serán más perfectos aún y los hombres sabrán de la naturaleza muchísimo más que ahora? Por consiguiente, tampoco hoy puede hablarse de conocimientos “acabados” y “exhaustivos”. En la actualidad son relativos, imperfectos.

Así, pues, dkiéndolo con palabras de Lenin, "los límites de la verdad de cada tesis científica son relativos, tan pronto ampliados como restringidos por el progreso ulterior de los conocimientos"  [227•1 . El conocimiento humano está 228 limitado por el nivel de desarrollo de la sociedad, es decir, por el marco de la época histórica concreta, por el nivel que ha alcanzado el saber. Ni un solo hombre está en condiciones de librarse de esas restricciones, de dar de lado las condiciones. Toda teoría científica, toda verdad lleva el sello de la limitación histórica. Por eso, los conocimientos de los hombres en cada período histórico son relativos. La verdad relativa es la representación, la idea, la afirmación correcta en su basees decir, en consonancia con la realidad—, pero, sin embargo, incompleta, que se profundiza y puntualiza con el desarrollo ulterior de la ciencia y la práctica.

La verdad absoluta

p Es probable que les surja, a este respecto, una pregunta: Si no hay conocimientos completos, perfectos, si todos son relativos, ¿existe la verdad absoluta, es decir, la verdad perfecta, completa, exhaustiva?

p Algunos filósofos responden: Puesto que en el proceso cognoscitivo logramos únicamente conocimientos que con frecuencia quedan anticuados e incluso son refutados, quiere decirse que no hay ninguna verdad absoluta, que hay sólo verdades relativas. En nuestros conocimientos todo es pasajero, inestable, no hay nada constante. Todo es relativo, dicen esos filósofos. Y por eso se les llama relativistas.

p Otros filósofos razonan de distinta manera. Dicen: Las verdades que envejecen, que necesitan ser puntualizadas, estudiadas de modo suplementario no son, en absoluto, verdades;. Las verdades "auténticas" no “envejecen”, son eternas, dadas de una vez para siempre. Operamos únicamente con verdades absolutas, completas, con verdades "en última instancia”. Los filósofos que razonan así son dogmáticos; para ellos, las verdades son dogmas, es decir, tesis eternas, inmutables, dadas de una vez para siempre.

p Observemos, ante todo, que los dogmáticos reducen el problema de la verdad absoluta exclusivamente a la cuestión de las verdades “eternas”. Es indudable, dicen, que dos por dos serán siempre cuatro, que la suma de los ángulos de un triángulo siempre ha sido y será igual a dos ángulos rectos, que París está en Francia. Estas verdades son eternas, definitivas en última instancia, es decir, verdades absolutas.

p "¿Y es que no existen esas verdades? —preguntarán 229 ustedes—. ¿Por qué, entonces, si: dice que es una interpretación dogmática de la cuestión?"

p Sí, esas verdades existen, efectivamente. Existen en las ciencias que tratan de la naturaleza inorgánica, por ejemplo, en las matemáticas, la astronomía y la mecánica. En ellas se puede encontrar verdades como dos por dos son cuatro. Pero incluso en estas llamadas ciencias exactas, no todas las tesis son tan eternas como piensan los dogmáticos. En la astronomía, la física y la química existen centenares de hipótesis que son refutadas en el desarrollo ulterior de la ciencia. Coincidirán también, sin duda, en que las verdades “eternas” son menos aún en ciencias como la biología y poquísimas en las ciencias sociales. En estas últimas, serán verdades eternas únicamente afirmaciones como las de que Napoleón murió el 5 de mayo de 1821, el Volga desemboca en el mar Caspio, etc.

p Ven, pues, que la mayor parte de las llamadas verdades eternas son trivialidades, vulgaridades. De ordinario, en la actividad práctica no buscamos perogrulladas de este tipo, sino conocimientos que proporcionen algo nuevo.

p Pero ¿no existen, acaso, verdades científicas eternas, es decir, que no podrán ser refutadas en el futuro? ¿Y no existe, por eso, la verdad absoluta eterna e incontrovertible como conocimiento acabado de toda la naturaleza en su conjunto?

p Esta cuestión es digna de atención, además, porque para la humanidad no existen, en efecto, barreras en el conocimiento de la naturaleza. Lo que ayer era desconocido, lo conocemos hoy; lo que es desconocido hoy, lo conoceremos mañana, pasado mañana.

p Y, sin embargo, no se puede hablar de la verdad absoluta como de un conocimiento acabado de toda la naturaleza en su conjunto. ¿Puede admitirse, acaso, que la humanidad comprenda en un momento determinado todo lo existente, termine el estudio del Universo y conozca, en este sentido, la verdad absoluta? El hombre jamás podrá comprender el mundo "hasta el fin”, pues la naturaleza es infinita y se desarrolla sin cesar. Precisamente por eso es absurdo poner un límite al conocimiento humano.

p Entonces, preguntarán ustedes, ¿qué hacer con la verdad absoluta, es decir, con los conocimientos acabados, eternos, absolutos? ¿Son inaccesibles a los hombres?

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p Si entendemos dichos conocimientos metafísicamente, como verdades eternas, después de cuya consecución cesa el proceso cognoscitivo, habrá que decir que esas verdades “acabadas” no existen. Mas si enfocamos esta cuestión desde las únicas posiciones justas, desde posiciones materialistas dialécticas, será preciso reconocer que la verdad absoluta existe y es plenamente accesible.

p Recordemos, para aclarar esto, la indicación de Lenin de que la verdad es un proceso y su obtención es también un proceso. Es imposible imaginarse la verdad como una imagen o una fotografía acabada, exhaustiva, de toda la naturaleza. El proceso de consecución de la verdad absoluta no es un acto instantáneo, sino el complejo camino del conocimiento, infinito históricamente. La humanidad jamás lo terminará, jamás lo culminará.

p Se llega a la verdad absoluta a través de un proceso de acumulación de verdades relativas. El desarrollo del proceso cognoscitivo consiste en que estas verdades relativas, al irse acumulando paulatinamente, acercan al hombre al conocimiento de toda la naturaleza, de sus fenómenos y leyes. De la misma manera que el todo se forma de sus partes, la verdad absoluta se forma de verdades relativas en el proceso infinito del desarrollo del conocimiento.

p Esta concepción de la verdad absoluta —como suma de verdades relativas en el proceso’ de su desarrollo— está enfilada contra la separación metafísica de la verdad absoluta y relativa. Muestra que entre la verdad relativa y la verdad absoluta no hay un límite impracticable. Al llegar en nuestro conocimiento a las verdades relativas, obtenemos con ello valiosísimas partículas de verdad absoluta.

p Por consiguiente, nuestro conocimiento es absoluto y relativo. Absoluto por su esencia: la humanidad no tiene barreras para un estudio cada día más profundo de la realidad. Pero, al mismo tiempo, es relativo, ya que se realiza siempre con las posibilidades limitadas de una u otra época.

p "¿No hay en esto una contradicción?”, preguntan a veces los lectores. Sí, hay una contradicción evidente: de una parte, el pensamiento humano es capaz de conocer todo lo que existe en el mundo; pero, de otra, este conocimiento no puede ser exhaustivo porque lo realizan distintas personas que, tomadas por separado, tienen limitados sus pensamientos. Sin embargo, se trata de una contradicción 231 dialéctica, que impulsa a la ciencia y no la deja permanecer estancada.

p "Entonces resulta —dirán ustedes— que la verdad absoluta no es más que un fin, al que aspira la humanidad, pero que jamás alcanzará”. No, no es así, aunque lo parezca, Reflexionen un poco y se convencerán de ello. "La vida surgió de la materia inorgánica”, "el cerebro es el órgano del pensamiento”, "los cuerpos están compuestos de átomos": todas estas afirmaciones y otras semejantes son irrefutables, han sido demostradas ya por la ciencia y la práctica. Son partículas reales de la verdad absoluta. Sin embargo, ¿significa eso que dichas tesis sean "verdades en última instancia"? No. Es errónea la opinión de que la verdad absoluta no depende de las condiciones históricas, no necesita ser puntualizada y completada, no se le puede agregar ni quitar nada y no le afectará el desarrollo ulterior de la ciencia y la técnica. Esa verdad no existe en la realidad y es inútil buscarla.

p Analicemos, aunque sólo sea, el siguiente ejemplo. Demócrito enseñaba hace más de dos mil años: "Todos los cuerpos están compuestos de partículas indivisibles: los átomos”. La ciencia ha demostrado ahora que, en efecto, los cuerpos están compuestos de átomos, pero éstos son divisibles, desintegrables. La afirmación de Demócrito era, pues, una verdad relativa. Pero contenía también una partícula de verdad absoluta. Con posterioridad, la ciencia profundizó su estudio. Las tesis de la teoría atómica de que el átomo consta de un núcleo de carga positiva y de electrones de carga negativa, de que el núcleo atómico contiene una energía que puede ser utilizada, y otras muchas, son verdades absolutas que no podrán ser rebatidas en el futuro. Mas esto no quiere decir que la ciencia haya agotado ya sus posibilidades en este terreno. La estructura del átomo será estudiada más profundamente cada día y, como consecuencia, la. teoría atómica se desarrollará inevitablemente. Verán por este ejemplo que si bien el conocimiento humano es relativo, ello no significa en modo alguno que no tenga ningún contenido absoluto. Cualquier verdad relativa contiene una partícula de verdad absoluta.

p Cada descubrimiento científico, cada verdad científica, cada ley es la unidad de la verdad relativa y absoluta.

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p Resulta que conocemos la verdad objetiva no de golpe y de una manera absoluta, sino gradualmente, por medio del conocimiento de las verdades relativas. A su vez, la suma de verdades relativas en su desarrollo nos da un conocimiento completo, profundo, absoluto, tanto de la naturaleza en su conjunto como de uno u otro aspecto de la realidad objetiva en particular.

p ¿Qué importancia tiene esta solución del problema para la actividad práctica de los hombres,i para el desarrollo de la ciencia?

p La doctrina marxísta-leninista de que no hay verdades “definitivas” y “acabadas”, de que cada verdad científica es relativa y representa un peldaño en el conocimiento de la verdad absoluta, constituye la base teórica de la lucha del Partido Comunista contra todas las "teorías del límite" en el desarrollo de la ciencia. El Partido Comunista de la Unión Soviética exige que sean aplicadas en la producción todas las nuevas conquistas de la ciencia, que los soviéticos no se detengan en lo ya alcanzado. El nivel a que han llegado la ciencia y la producción, por muy elevado que sea, no es un límite.

p Tiene también gran importancia práctica la tesis de que la verdad no se revela de golpe, de manera directa e inmediata, y que el camino para encontrarla es complicado. De ahí la significación que tiene en la ciencia el control mutuo de los resultados de los descubrimientos, lo que conduce a la lucha de opiniones. Debemos recordar siempre las indicaciones de Lenin de que sin polémica, sin discusiones, sin "emociones humanas”, jamás ha existido ni puede existir la búsqueda de la verdad por el hombre.

p Es raro que las búsquedas científicas no vayan acompañadas de errores y equivocaciones. Primero, porque cada individuo, tomado por separado, tiene limitadas sus posibilidades de conocer el mundo. Y segundo, porque la experiencia jamás acaba. Por esta razón, el propio proceso cog noscitivo lleva implícitas ciertas fuentes de errores.

p Sin embargo, el Partido Comunista enseña que no todos los errores son iguales. Hay errores que tienen su origen en la negligencia, en una actitud no partidista, y a veces incluso criminal, ante el asunto de que se trate. Tales errores causan siempre un gran daño, por lo que es preciso luchar contra ellos con toda decisión. Pero hay errores derivados 233 de las búsquedas de lo nuevo, de lo desconocido. Son errores de iniciadores de grandes obras, que aprenden en el proceso de la práctica y los subsanan. Los errores y equivocaciones de este carácter son posibles en la búsqueda de la verdad. Y en tales casos tiene importancia tensar toda la fuerza de voluntad para vencer las dificultades. El proceso creador consiste en enfocar con espíritu autocrítico el propio trabajo. La corrección de los errores y equivocaciones de uno mismo hace avanzar la obra de que se trate.

p La actitud crítica ante los resultados del propio trabajo es condición indispensable del éxito en la actividad creadora. A la inversa, empecinarse en los errores, temer la autocrítica, considerar que se ha logrado ya "la verdad en última instancia" y que es imposible todo mejoramiento de los resultados conseguidos significa echar a perder las cosas de manera inevitable.

p Es preciso recordar que en toda obra, grande o pequeña, avanzamos por el camino del perfeccionamiento cada día mayor de nuestros conocimientos, avanzamos de las verdades relativas, superando las dificultades, equivocaciones y errores, hacia un estudió más perfecto de una u otra rama de la actividad humana.

En el proceso cognoscitivo no se pueden exigir conocí míenlos “acabados”, perfectos y, en este sentido, absolutos. No se puede permitir tampoco el estado de placidez y autosatisfacción, ya que el proceso de perfeccionamiento del saber es infinito. Débese ello a que la verdad se conoce siempre en correspondencia con determinadas condiciones concretas.

La verdad es siempre concreta

p ¿Qué responderían ustedes si se les preguntara cómo deben cuidarse los sembrados? Responderían, seguramente, que es necesario puntualizar de qué zona agrícola se trata, de qué estación del año, etc.

p La pregunta, formulada en abstracto, les ha hecho puntualizarla, diciendo que deben tomarse en consideración las condiciones concretas en que se trabaja, y no actuar con arreglo a un patrón. De la misma manera, es imposible responder a la pregunta de cuáles han de ser las formas y los métodos de lucha de los comunistas en defensa de la paz, la democracia y el socialismo. Se puede responder a cualquier pregunta de este carácter únicamente cuando se 234 indican las condiciones concretas en que se producen semejantes fenómenos. De aquí se deduce una importante tesis de la dialéctica: "no hay verdad abstracta, la verdad es siempre concreta"  [234•1 . Lenin señalaba que la exigencia de pensar concretamente, es decir, de analizar las condiciones concretas del desarrollo de un fenómeno o acontecimiento, expresa "el espíritu y la esencia de la dialéctica".

p La verdad concreta es la verdad que refleja fielmente la esencia de determinados fenómenos y las condiciones en que se desarrollan. En oposición a esto, en la “verdad” abstracta no se tiene en cuenta la situación, las condiciones concretas en que se desarrollan los fenómenos.

p Es peculiar del dogmatismo que al analizar los fenómenos de la realidad se guíe exclusivamente por tesis generales, por verdades abstractas, aplicándolas dando de lado las condiciones en que es preciso actuar. Lenin destacó en repetidas ocasiones que la esencia del marxismo creador, su alma viva es "el análisis concreto de la situación concreta"  [234•2 .

p Hemos dicho ya que el desarrollo de los fenómenos depende de las condiciones y del tiempo en que se producen. Por eso, el marxismo creador exige que se tengan siempre en cuenta las condiciones concretas, la situación histórica en que actuamos. En esto reside el enfoque histérico-concreto de los fenómenos de la realidad.

p Al marxismo-leninismo le es ajena la aplicación mecánica de tesis generales conocidas "a todos los casos de la vida”. Cuando cambia la situación y las viejas tesis teóricas, los métodos tácticos de lucha o las formas de dirección de la economía no corresponden a las nuevas condiciones, a la práctica, hay que sustituirlos y perfeccionarlos con audacia. Así procede siempre el Partido Comunista, dando pruebas en todo de verdadero espíritu creador e innovador.

p La táctica, es decir, los métodos y medios de lucha del Partido Comunista por el triunfo del proletariado, no ha permanecido “inmutable”, “eterna”. Ha cambiado en dependencia de las condiciones históricas. El Partido Comunista pulsa siempre con atención el latido de la vida, que 235 no puede ser embutida en formas inmutables, dadas de una vez para siempre. La vida es muy compleja y multifacética y constantemente hay que resolver en ella "ecuaciones políticas" con muchas incógnitas. Los dogmáticos no pueden resolverlas. Se aferran a fórmulas anticuadas e intentan encerrar en ellas toda la riqueza de la vida. El Partido Comunista rechaza por principio semejante enfoque de los problemas y se guía en todo momento por las indicaciones de Lenin, el cual enseñaba a ser flexibles en la táctica, en las formas, en los procedimientos y en los métodos de trabajo.

p El XXII Congreso del PCUS proclamó que la creación es la base de la actividad de todos los constructores del comunismo. Y la creación es incompatible con todo patrón. En la actividad económica, como en la política, tiene importancia recordar siempre que todo depende de las circunstancias de lugar y de tiempo.

p Así, pues, el Partido Comunista da pruebas de flexibilidad y enfoque creador de los asuntos, sobre la base de un análisis histórico-concreto de la realidad, en todos los dominios de la actividad productiva, política y científica.

p En consonancia con las condiciones históricas concretas, el Partido descubre los problemas más importantes que corresponden a dichas condiciones y los resuelve como primordiales, fundamentales. Lenin denomina gráficamente a esos problemas "eslabones fundamentales”. Exige que en cada etapa histórica concreta de la vida del Partido y del país se sepa encontrar el eslabón fundamental en la cadena de acontecimientos, asiéndose al cual sea posible tirar de toda la cadena.

p En la actividad práctica tenemos planteadas siempre multitud de tareas. Todas ellas deben ser cumplidas empezando por la fundamental. Al cumplirla, facilitaremos el cumplimiento de todas las demás, tiraremos de toda la cadena, como decía Lenin. "Cuida de las pequeneces, pero no olvides lo principal”, afirma el pueblo.

p Cuando Lenin emprendió, a comienzos del siglo XX, la creación del Partido Comunista, planteó en primer término la cuestión de por dónde empezar su organización. Dedicó a este problema un artículo especial, en el que señaló el eslabón principal al que deberían asirse los marxistas rusos para cumplir todo el conjunto de tareas que tenían 236 planleadas. Lenin propuso empezar por organizar un periódico para toda Rusia, que debería ser un propagandista colectivo de las ideas del marxismo y un organizador colectivo, la osamenta, el aglutinador de todo lo mejor y progresista. Como se sabe, ese periódico fue la Iskra leninista.

p En el desarrolló industrial de la Unión Soviética, el progreso técnico es el eslabón principal al que se asen el Partido y todo el pueblo para cumplir las grandes tareas de creación de la base material y técnica del comunismo seña ladas en el Programa del PCUS. La línea principal del desarrollo de la agricultura soviética sigue consistiendo en aumentar por todos los medios la producción de cereales como base de toda la producción agropecuaria. "El eslabón fundamental del desarrollo sucesivo de toda la agricultura, base del rápido fomento de la ganadería —se dice en el Programa del PCUS— es el incremento acelerado de la producción de grano"  [236•1 .

p El eslabón principal, fundamental, de toda la política exterior del Estado soviético es la lucha por la paz, por la coexistencia pacífica, por la conjuración de una nueva guerra asoladora. Los partidos comunistas del mundo entero "consideran que la lucha por la paz es su tarea primordial"  [236•2 .

Ven, pues, que en todas las esferas de la producción y de la vida política es importante determinar el eslabón fundamental de la cadena de acontecimientos. Ello constituye una importantísima exigencia del análisis de la realidad con un espíritu creador.

* * *
 

Notes

[220•1]   V. Lenin, Otras, t. 38, pág. 361.

[222•1]   V. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, ed. en español, Moscú, 1948, pág. 129.

[223•1]   Mammón: dios de las riquezas y el egoísmo.

[225•1]   C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos lomos, ed. en español, Moscú, t. II, pág. 426.

[226•1]   V. Lenin, Obra», t. 38, pág. 192.

[226•2]   Véase V. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, ed. en español, Moscú, 1948, pág. 129.

[227•1]   V. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, ed. en español, Moscú, 1948, pág. 145.

[234•1]   V. Lenin, Obras escogidas en tres tomos, ed. en español, Moscú, t. I, pág. 480.

[234•2]   V. Lenin, Obras, t. 31, pág. 143.

[236•1]   El camino del comunismo, ed. en español, Moscú, 1961, pág. 565.

[236•2]   Documentos programáticos de la lucha por la paz, la democracia y el socialismo, ed. en español, Moscú, pág. 59.