DE PITIRIM SOROKIN
p Pravda ha reproducido hoy una interesantísima carta de Pitirim Sorokin, a la que todos los comunistas deben prestar singular atención. En esta carta, que ha sido publicada en Izvestia SéveroDvínskogo Ispolnítelnofro Komiteta^^18^^, Pitinm Sorokin informa que se ha dado de baja del partido de los eseristas de derecha y que renuncia al acta de diputado a la Asamblea Constituyente. Los motivos aludidos por el autor de la carta consisten en que le es difícil dar no sólo a otros, sino incluso a sí mismo, recetas políticas salvadoras, en vista de lo cual "se retira de toda política”. "El año de revolución transcurrido—escribe Pitirim Sorokin—me ha enseñado una verdad: los políticos pueden equivocarse, la política puede ser útil para la sociedad, pero puede ser también perjudicial; en cambio, la labor en la ciencia y en la instrucción pública siempre es útil, siempre es necesaria para el pueblo...” Al pie de la carta figura esta firma: "Pitirim Sorokin, auxiliar de cátedra de la Universidad de San Petersburgo y del Instituto Siconeurológico, ex diputado a la Asamblea Constituyente y ex miembro del partido de los eseristas".
p Esta carta es digna de atención, primero, como "documento humano" de extraordinario interés. No es muy frecuente ver la sinceridad y la franqueza con que P. Sorokin reconoce que su política es errónea. Casi en la mayoría de los casos, los políticos que se convencen de que la pauta seguida por ellos es equivocada, intentan enmascarar su viraje, velarlo, “inventar” algún motivo más o menos accesorio, etc. El reconocimiento franco y honrado de su error político es por sí mismo un importante acto político. Pitirim Sorokin no tiene ra/ón cuando dice que la labor en la ciencia "siempre es útil”, pues también en este terreno se cometen errores. En la literatura rusa encontramos asimismo ejemplos de personas Bidentemente no reaccionarias que preconizaron con tenacidad opiniones reaccionarias, por ejemplo, filosóficas. Por otro lado, la declaración pública de un hombre destacado, es decir, de un hombre lúe ha ocupado un puesto político de responsabilidad y conocido de todo el pueblo, anunciando que se retira de la política, es también política. El reconocimiento honrado de un error político es de gran 54 provecho político para muchas personas, si si- trata de un error en el que han incurrido partidos enteros, en otros tiempos con influencia entre las masas.
p La carta de Pitirim Sorokin tiene extraordinaria importancia política precisamente en los momentos actuales. Nos da a todos una "lección" que es necesario meditar bien y asimilar.
p Todo marxista conoce desde hace mucho la verdad de que las fuer/as decisivas de cualquier sociedad capitalista sólo pueden ser el proletariado y la burguesía, en tanto que todos los elementos sociales que median entre estas dos clases, a los que se da la denominación económica de pequeña burguesía, vacilan inevitablemente entre estas fuerzas decisivas. Pero hay un trecho inmenso entre el reconocimiento libresco de esta verdad y el acierto para hacer las deducciones que se derivan de ella en una situación compleja de la actividad práctica. Pitirim Sorokin representa una corriente social y política deextraordinaria influencia: la menchevique-eserista. Los acontecimientos de la revolución rusa a partir de febrero de 1917 han mostrado con particular fuerza de convicción y singular evidencia que se trata de una sola corriente, que la diferencia entre mencheviques y eseristas desde el punto de vista de su actitud ante la lucha entre la burguesía y el proletariado no es esencial. Los mencheviques y los eseristas son variedades de la democracia pequeñoburguesa: tal es la esencia económica y la característica política fundamental de esa corriente. La historia de los países avanzados nos enseña que esta corriente se tiñe a menudo de “socialista” en su juventud.
p Y cabe preguntar: ¿qué fue, sobre todo, lo que apartó a los representantes de esta tendencia, hace varios meses, de los bolcheviques, de la revolución proletaria, y qué les impulsa ahora a dar el viraje de la hostilidad a la neutralidad? Es evidente por completo que las causas del viraje han sido, primero, la bancarrota del imperialismo alemán unida a la revolución en Alemania y en otros países y al desenmascaramiento del imperialismo anglofrancés, y, segundo, el desenmascaramiento de las ilusiones democráticas burguesas.
p Examinemos la primera causa. El patriotismo es uno de los sentimientos más profundos, afianzados por siglos y milenios depatrias aisladas. Entre las dificultades grandes en particular, podría decirse que excepcionales, de nuestra revolución proletaria figuraba la circunstancia de que tuvo que atravesar el período de más violenta divergencia con el patriotismo, el período de la paz de Brest. La amargura, la ira y la furiosa indignación suscitadas por esta pa/ son comprensibles. Y no hace falta decir que nosotros, los marxistas, sólo de la vanguardia consciente del proletariado podíamos esperar que 55 comprendiera esta verdad: hacemos y debemos hacer los mayores sacrificios nacionales en aras del interés supremo de la revolución proletaria mundial. Los ideólogos no pertenecientes al marxismo y las amplias masas trabajadoras que no forman parte del proletariado, forjado durante largos años en la escuela huelguística y revolucionaria, no tenían de dónde sacar ni el firme convencimiento de que maduraba esta revolución ni la fidelidad incondicional a la misma. En el mejor de los casos, nuestra táctica les parecía fantasía, fanatismo, aventura, sacrificar los intereses evidentes y reales de centenares de millones de seres en aras de la esperanza abstracta, utópica o dudosa de lo que pudiera ocurrir en otros países. Y la pequeña burguesía, por su situación económica, es más patriótica que la burguesía y que el proletariado.
p Pero ha resultado como nosotros decíamos.
p El imperialismo alemán, que parecía el único enemigo, se ha desplomado. La revolución alemana, que parecía un "sueño-farsa" (utilizando la conocida expresión de Plejánov), se ha convertido en una realidad. El imperialismo anglo-francés, que la fantasía de los demócratas pequeñoburgueses hacía aparecer como amigo de la democracia y defensor de los oprimidos, ha resultado en la práctica una fiera que ha impuesto a la república alemana y a los pueblos de Austria condiciones peores que las de Brest, una fiera que utiliza las tropas de los republicanos “libres”, de los franceses y de los norteamericanos, como gendarmes y verdugos para estrangular la independencia y la libertad de las naciones pequeñas y débiles. La historia mundial ha arrancado con decisión y sinceridad implacables la careta a este imperialismo. Los hechos de la historia universal han probado a los patriotas rusos—los cuales no querían saber nada que no fueran las ventajas inmediatas (comprendidas también a la antigua) de su patria—que la transformación de nuestra revolución, rusa, en socialista no era una aventura, sino una necesidad, pues no había otra elección: el imperialismo anglo-francés y norteamericano estrangulará indefectiblemente la independencia y la libertad de Rusia si no triunfa la revolución socialista mundial, el bolchevismo mundial.
p Los hechos son tozudos, dice un proverbio inglés. Y en los últimos meses hemos vivido hechos que implican un grandioso viraje en toda la historia universal.Estos hechos obligan a los demócratas pequeño-’burgueses de Rusia, pese a su odio al bolchevismo—alimentado por la historia de nuestra lucha interna de partido—, a dar un viraje y pasar de la hostilidad al bolchevismo a la neutralidad, primero, y al apoyo a éste, después. Han dejado de existir las condiciones objetivas que apartaban de nosotros con particular violencia a esos patriotasdemócratas. Han aparecido condiciones objetivas mundiales que les 56 obligan a orientarse hacia nosotros. El viraje de Pitirim Sorokin no es, ni mucho menos, una casualidad, sino la manifestación del viraje inevitable de toda una clase, de toda la democracia pequeñoburguesa. Quien no sepa tener esto en cuenta y aprovecharlo, no será marxista, será un mal socialista.
p Prosigamos. En todos los países se han mantenido durante siglos y decenios, con particular persistencia entre la pequeña burguesía, la fe en la acción universal y salvadora de la “democracia” en generaly la incomprensión de que esa democracia es burguesa, de que su eficacia y su necesidad tienen una limitación histórica. El gran burgués se las sabe todas, sabe que la república democrática, como cualquier otra forma de Estado bajo el capitalismo, no es otra cosa que una máquina para oprimir al proletariado. El gran burgués sabe esto gracias a su más íntimo conocimiento de los verdaderos dirigentes y de los resortes más profundos (y, con frecuencia, los más ocultos, a causa de ello) de toda máquina estatal burguesa. Por su situación económica y todas las condiciones de su vida, el pequeño burgués es menos capaz de comprender esta verdad y abriga incluso la ilusión de que la república democrática significa la "democracia pura”, el "Estado popular libre”, el poder soberano del pueblo al margen o por encima de las clases, la pura expresión de la voluntad popular, etc., etc. El demócrata pequeñoburgués se halla más alejado de la aguda lucha de clases, de la bolsa, de la “verdadera” política, lo que engendra inevitablemente la pervivencia de sus prejuicios. Y sería en absoluto no marxista esperar que sea posible desarraigar esos prejuicios sólo con propaganda y a breve plazo.
p Pero la historia universal avanza ahora con una velocidad tan vertiginosa y destruye todo lo habitual, todo lo viejo, con un mazo de potencia tan inmensa, con crisis de fuerza tan inusitada que los prejuicios más arraigados no pueden resistir. En el "demócrata en general" surgió de modo natural e inevitable la ingenua confianza en la Constituyente, la ingenua contraposición de la "democracia pura" a la "dictadura del proletariado”. Pero lo sobrevivido por los partidarios de la Constituyente en Arjánguelsk y en Samara, en Siberia y en el Sur no podía menos de destruir los prejuicios más persistentes. La idealizada república democrática de Wilson ha resultado en la práctica una forma de imperialismo de lo más rabioso, de la más desvergonzada opresión y estrangulamiento de los pueblos débiles y pequeños. El "demócrata" de la base en general, el menchevique y el eserista, pensaba: "¡Para qué soñar con un tipo de Estado supuestamente superior, con un Poder soviético! ¡Bastará con que Dios nos dé una república democrática corriente!" Y, como es natural, en tiempos “corrientes”, en tiempos relativamente pacíficos, semejante, “esperanza” hubiera durado largos decenios.
57p Pero ahora, el curso de los acontecimientos mundiales y las duras lecciones de la alianza concluida por todos los monárquicos de Rusia con el imperialismo anglo-francés y norteamericano muestran en la práctica que la república democrática es una república democrática burguesa, envejecida ya desde el punto de vista de las cuestiones planteadas por el imperialismo en el orden del día de la historia; que no hay otra elección posible: o el Poder soviético vence en todos los países avanzados del mundo o se impone el imperialismo angloamericano, el más reaccionario y más furioso, que ha aprendido a las mil maravillas a aprovechar la forma de la república democrática, que asfixia a todos los pueblos pequeños y débiles y que restaura la reacción en todo el mundo.
p O una cosa u otra.
p No hay términos medios. Hasta hace poco se consideraba que ese punto de vista era fanatismo ciego de los bolcheviques. Pero ha ocurrido precisamente así.
p No es una casualidad que Pitirim Sorokin haya renunciado al acta de diputado a la Asamblea Constituyente: eso es un síntoma del viraje de toda una clase, de toda la democracia pequeñoburguesa. La escisión de sus filas es inevitable: una parte vendrá a nuestro lado, otra parte permanecerá neutral y otra se incorporará conscientemente a los democonstitucionalistas y los monárquicos, que venden Rusia al capital anglo-americano y tratan de aplastar la revolución con bayonetas extranjeras. Una de las tareas esenciales del momento consiste en saber tener en cuenta y utilizar este viraje que se produce entre la democracia menchevique y eserista: el paso de la hostilidad al bolchevismo a la neutralidad, primero, y aj apoyo a éste, después.
p Toda consigna lanzada por el partido a las masas tiene la propiedad de anquilosarse, quedar muerta y conservar su vigencia para muchas personas incluso después de haberse modificado las condiciones que la hicieron necesaria. Este mal es inevitable, y sin aprender a luchar contra él y a vencerlo es imposible asegurar la justa política del partido. El período en que nuestra revolución proletaria se aparte’) con brusquedad particular de la democracia menchevique y eserista fue una necesidad histórica; era imposible prescindir de esa dura lucha contra semejantes demócratas en un momento en que se inclinaban al campo de nuestros enemigos y se dedicaban a restablecer la república democrática burguesa e imperialista. Ahora, las consignas de esa lucha se han quedado yertas y rígidas en una serie de casos, impidiendo tener en cuenta con acierto y aprovechar convenientemente la nueva situación, en la que se ha iniciado un nuevo viraje entre esa democracia, un viraje hacia nosotros, un viraje que no es casual, sino que tiene sus raíces 58 en las condiciones más profundas de toda la situación internacional.
p No basta con apoyar este viraje y acoger amistosamente a quienes vienen hacia nosotros. Un político que comprenda sus tareas debe aprender a suscitar ese viraje en las distintas capas y grupos de la amplia masa democrática pequeñoburguesa si está convencido de que existen causas históricas serias y profundas para semejante viraje. El proletariado revolucionario debe saber a quién es necesario aplastar, con quién, cuándo y cómo hay que saber concluir un acuerdo. Sería ridículo y estúpido renunciar al terror y al aplastamiento con relación a los terratenientes, a los capitalistas y a sus lacayos, que venden Rusia a los imperialistas extranjeros “aliados”. Sería una farsa intentar “convencerlos” y, en general, "influir sicológicamente" en ellos. Pero, en la misma medida, si no más, sería ridículo y estúpido insistir exclusivamente en la táctica del aplastamiento y del terror con relación a la democracia pequeñoburguesa cuando la marcha de los acontecimientos la obliga a venir hacia nosotros.
p Y el proletariado encuentra a esa democracia por doquier. En el campo, nuestra tarea consiste en acabar con los terratenientes y en romper la resistencia de los explotadores y de los kulaks especuladores; para esto sólo podemos apoyarnos firmemente en los semiproletarios, en los “pobres”. Pero el campesino medio no es enemigo nuestro. Ha vacilado, vacila y seguirá vacilando: la tarea de influir sobre los vacilantes no es la misma que la de derrocar a los explotadores y la de vencer a los enemigos activos. Saber llegar a un acuerdo con los campesinos medios, sin renunciar ni un instante a la lucha contra los kulaks y apoyándose ürmemente sólo en los campesinos pobres: tal es la tarea del momento, pues ahora, precisamente, el viraje de los campesinos medios hacia nosotros es inevitable en virtud de las causas expuestas más arriba.
p Lo mismo hay que decir de los artesanos de la ciudad y del campo, del obrero que trabaja en las condiciones más pequeñoburguesas o que conserva en mayor grado las opiniones pequeñoburguesas, de muchos empleados, de los oficiales y, particularmente, de los intelectuales en general. Es indudable que en nuestro partido se observa con frecuencia incapacidad para aprovechar el viraje entre ellos y que esa incapacidad puede y debe ser superada y transformada en capacidad.
p Contamos ya con un firme apoyo en la inmensa mayoría de los proletarios organizados en sindicatos. Hay que saber ganar, incorporar a la organización general y someter a la disciplina proletaria general a las capas trabajadoras menos proletarias, más pequeñoburguesas, que se orientan hacia nosotros. En este terreno, la consigna 59 del momento no es luchar contra ellas, sino ganárnoslas, influir sobre ellas, convencer a los vacilantes, aprovechar a los neutrales, educar —con el ambiente de la gran influencia proletaria—a quienes se han rezagado o hace muy poco que han comenzado a abandonar las ilusiones en la Constituyente o en la "democracia patria".
p Contamos ya con un apoyo suficientemente firme entre las masas trabajadoras, como lo ha demostrado con particular evidencia el VI Congreso de los Soviets ”’. No tememos a los intelectuales burgueses, y no debilitaremos ni un instante la lucha contra los saboteadores premeditados y guardias blancos que surjan de su seno. Mas la consigna del momento es saber aprovechar el viraje hacia nosotros que se observa entre ellos. En nuestro país quedan aún no pocos de los peores intelectuales burgueses que "se pegan" al Poder soviético: arrojarlos por la borda y sustituirlos por intelectuales que ayer aún se mantenían conscientemente hostiles a nosotros y que hoy son sólo neutrales constituye una importantísima tarea del momento, una tarea de todos los dirigentes soviéticos que tienen contacto con la “intelectualidad”, una tarea de todos los agitadores, propagandistas y organizadores.
p Es claro que el acuerdo con el campesino medio, con el obrero menchevique de ayer, con el empleado o el intelectual saboteador de ayer requiere capacidad, lo mismo que cualquier otra acción política en una situación compleja que cambia vertiginosamente. La cuestión reside en no darnos por satisfechos con la capacidad de que nos ha dotado nuestra experiencia anterior, sino en ir sin falta más allá, en conseguir obligatoriamente más, en pasar a toda costa de las tareas más fáciles a las más difíciles. Sin esto es imposible ningún progreso en general y, en particular, el progreso en la edificación socialista.
p Hace unos días me visitaron unos representantes del congreso de delegados de las cooperativas de crédito. Me mostraron una resolución de su congreso contra la fusión del Banco de Crédito Cooperativo con el Manco Popular de la República"’! Les dije que soy partidario del acuerdo con el campesino medio y que aprecio profundamente incluso el comienzo del viraje de los cooperativistas de la hostilidad a la neutralidad con relación a los bolcheviques; pero el terreno para el acuerdo lo proporciona únicamente su conformidad con la fusión completa del banco especial con el banco único de la república. Los representantes del congreso sustituyeron entonces SU resolución por otra, hicieron que el congreso aprobara otra resolución, en la que eliminaron todo lo que se decía contra la fusión, pero... pero proponían constituir una "unión de crédito" especialde los cooperativistas, ¡que en la práctica no se diferencia en lada de un banco especial! Esto era ridículo. Cambiando de rótulo se Puede, naturalmente, satisfacer o engañar sólo a un tonto. Pero el 60 “fracaso” de uno de estos... “intentos” no hará vacilar lo más mínimo nuestra política; con relación a los cooperativistas, a los campesinos medios, heñios aplicado y seguiremos aplicando la política del acuerdo, cortando de manera tajante todo intento de modificar ío pauta del Poder soviético y de la edificación socialista soviética.
p Las vacilaciones de los demócratas pequeñoburgueses son inevitables. Bastaron unas cuantas victorias del cuerpo de ejército checoslovaco para que estos demócratas fueran presas del pánico, sembraran el pánico, desertaran al campo de los “vencedores” y se dispusieran a recibirlos servilmente. Como es natural, no se puede olvidar ni un instante que ahora bastarán también éxitos parciales, por ejemplo, de los guardias blancos anglo-americanos-krasnovianos para que las vacilaciones comiencen en otro lado, cunda el pánico, se multipliquen los casos de siembra del pánico, de traición y de deserción al campo imperialista, etc., etc.
p Todo eso lo sabemos. Y no lo olvidaremos. La base puramente proletaria del Poder soviético, conquistada por nosotros y apoyada por los semiproletarios, seguirá siendo firme. Nuestra legión no temblará, nuestro ejército no vacilará: lo sabemos ya por experiencia. Pero cuando profundísimos cambios de importancia histórica universal provocan un viraje inevitable hacia nosotros entre las masas de la democracia sin filiación política, menchevique y eserista, debemos aprender, y aprenderemos, a aprovechar ese viraje, y apoyarlo, provocarlo en los correspondientes grupos y capas, a hacer todo lo posible en aras del acuerdo con estos elementos, a aliviar con ello la labor de edificación socialista, y disminuir la carga de la dolorosa ruina, de la incultura y de la incapacidad, que frenan la victoria del socialismo.
p Escrito el 20 de noviembre de 1918.
p T. 37, págs. ¡88-197.
Publicado el 21 de noviembre de ¡918 en el niím. 252 de "l’ravda”. ¡irmado: \. 1. e.ni n.
Notes