p El trabajo publicado hace unos días sobre la alfabetización en Rusia, según los datos del censo de 1920 (La alfabetización en Rusia, Moscú, 1922, Dirección General de Estadística, Sección de Estadística de Instrucción Pública), constituye un acontecimiento de gran importancia.
p A continuación doy el cuadro estadístico de la alfabetización en Rusia entre 1897 y 1920, incluido en dicho trabajo:
De rada 1 .000
De cada 1 .000
De cada 1.000
hombres: sa-
mujeres: saben
habitantes:
ben leer y
leer y escri-
eer v
escribir
bir
escribir
Años
Años
Años
p 2. Cáucaso Sep-
241 357 56 215 150 281p 3. Siberia (Occi-
170 307 46 134 108 218 318 409 131 244 223 319p Mientras nosotros charlamos de cultura proletaria y la relación que guarda con la cultura burguesa, los hechos nos brindan cifras atestiguadoras de que incluso respecto a la cultura burguesa deja mucho que desear nuestra situación. Resulta, como era de esperar, que vamos muy retrasados en la alfabetización general, e incluso nuestro progreso es demasiado lento, en comparación con la época zarista (1897). Esto sirve de seria advertencia y reproche a quienes se perdían y se pierden en el empíreo de la "cultura proletaria”. Esto demuestra cuánto trabajo perseverante, de peones, nos queda aún por hacer para alcanzar el nivel de un país civilizado corriente de Europa Occidental. Esto demuestra, además, la inmensidad de trabajo que hemos de realizar para conseguir, en el terreno de nuestras conquistas proletarias, un nivel realmente algo cultural.
782p Es necesario que no nos limitemos a este postulado indiscutible, pero demasiado teórico. Es necesario que cuando revisemos en fechas próximas nuestro presupuesto trimestral, lo hagamos también con sentido práctico. Desde luego, debemos reducir, ante todo, los gastos, pero no del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública, sino de los otros departamentos, a fin de que las sumas liberadas puedan invertirse en los menesteres de este comisariado. No hay que escatimar el aumento de la ración de pan a los maestros en un año como el corriente, cuando estamos relativamente bien abastecidos de pan.
p Hablando en general, la labor que se lleva a cabo hoy en el terreno de la instrucción pública no puede calificarse de muy limitada. Se hace bastante para poner en movimiento al viejo magisterio, para incorporarlo a cumplir las nuevas tareas, para interesarlo en la nueva manera de plantear las cuestiones pedagógicas, para despertar su interés por problemas como el religioso.
p Pero no hacemos lo principal. No nos preocupamos, o nos preocupamos de un modo harto insuficiente, de colocar al maestro nacional a esa altura que, si no se tiene, ni hablar se puede de cultura alguna: ni proletaria, ni siquiera burguesa. Debemos tratar de esa incultura semiasiática, que tenemos hasta hoy y que no lograremos superar sin hacer un esfuerzo serio, pese a que contamos con todas las posibilidades para ello, pues en ninguna parte las masas populares están tan interesadas por la verdadera cultura como en nuestro país; en ninguna parte se plantean los problemas de esta cultura de un modo tan profundo y consecuente como en nuestro país; en ninguna parte, ni en un solo país, está el poder en manos de la clase obrera, cuya gran mayoría comprende perfectamente las deficiencias de su, no diré cultura, sino alfabetización; en ninguna parte está tan dispuesta como en nuestro país a hacer tantos sacrificios, y los hace, para mejorar su situación en este aspecto.
p Hacemos todavía muy poco, poquísimo, para reorientar nuestro presupuesto estatal íntegro en el sentido de satisfacer ante todo las necesidades de la primera enseñanza del pueblo. Incluso en el Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública podemos encontrar a cada paso plantillas monstruosamente hipertrofiadas en una Editorial cualquiera del Estado, sin tener absolutamente en cuenta que la preocupación principal del Estado debe ser no por que haya ediciones, sino por que haya lectores, por que haya la mayor cantidad de gente que sepa leer, por que cobren mayor amplitud política las ediciones en la futura Rusia. Siguiendo una vieja (y mala) costumbre, dedicamos mucho más tiempo y energías a los problemas técnicos, como el de editar, que al problema político general de alfabetizar al pueblo.
783p Si tomamos el Departamento de Escuelas Profesionales, estamos seguros de que también podríamos encontrar en él mucho de superfluo, de hipertrofiado por los intereses departamentales, inadecuado a las necesidades de una amplia instrucción pública. El Departamento de Escuelas Profesionales está muy lejos de poder justificar lo que hace, alegando el legítimo deseo de elevar y dar primero una orientación práctica a la instrucción de nuestra juventud fabril. Si nos fijamos detenidamente en la plantilla del Departamento de Escuelas Profesionales, encontraremos mucho, muchísimo hipertrofiado y ficticio desde este punto de vista y que debe ser suprimido. En un Estado proletario y campesino aún se puede y se debe economizar mucho con objeto de impulsar la alfabetización del pueblo, clausurando toda clase de pasatiempos de tipo semiseñorial, o las instituciones de las cuales podemos prescindir aún, de las que todavía podremos y deberemos prescindir durante largo tiempo, habida cuenta del estado de la alfabetización del pueblo, del que habla la estadística.
p El maestro nacional debe ser elevado en nuestro país a una altura en la que jamás ha estado, ni está, ni puede estar en la sociedad burguesa. Esta es una verdad que no necesita demostración. Hacia un estado de cosas así debemos encaminarnos con una labor metódica, constante y pertinaz a fin de elevar al maestro en el aspecto espiritual y prepararlo en todos los demás para su cometido sublime de verdad y, lo principal, tres veces principal, a fin de mejorar su situación económica.
p Hay que intensificar periódicamente el trabajo de organización de los maestros nacionales para convertirlos, de puntal del régimen burgués, que son hasta hoy en todos los países capitalistas sin excepción, en puntal del régimen soviético, para apartar mediante ellos al campesinado de la alianza con la burguesía y atraerlo a la alianza con el proletariado.
p Señalaré brevemente el papel especial que deben desempeñar en este sentido los viajes periódicos a las aldeas, que, por otra parte, se practican ya entre nosotros y deben intensificarse regularmente. En medidas como estos viajes no duele gastar dinero, que se derrocha a menudo en una administración pública perteneciente casi por completo a una vieja época histórica.
p Venía reuniendo datos para mi proyectado discurso—que no llegué a pronunciar—ante el congreso de los Soviets, en diciembre de 1922, sobre el patronazgo dispensado por los obreros de las poblaciones de tipo urbano a los habitantes del campo. Algunos de estos datos me los ha proporcionado el camarada Jodorovski, y hoy someto el tema al estudio de los camaradas, ya que no he tenido 784 tiempo de estudiarlo yo mismo ni hacerlo público en el congreso de los Soviets.
p La cuestión política fundamental que aquí se plantea es la actitud de la ciudad ante el campo, cuestión de importancia decisiva para toda nuestra revolución. Mientras el Estado burgués orienta regularmente todos sus esfuerzos a embrutecer a los obreros de las ciudades, amoldando a este fin todas las publicaciones hechas a expensas del Estado, de los partidos zaristas y burgueses, nosotros podemos y debemos emplear nuestro poder en convertir realmente al obrero de la ciudad en el vehículo de las ideas comunistas al medio del proletariado agrícola.
p He dicho “comunistas” y me apresuro a hacer algunas salvedades por temor de que ello dé origen a alguna confusión o se entienda de una manera demasiado simplista. En modo alguno debe interpretarse esto como si debiéramos llevar inmediatamente al campo las ideas pura y exclusivamente comunistas. Mientras no dispongamos en el campo de una base material para el comunismo, eso resultaría, podemos afirmarlo, perjudicial e incluso funesto para el comunismo.
p No hay que empezar por ahí. Hay que comenzar por establecer relaciones entre la ciudad y el campo, sin proponernos, en absoluto, el objetivo premeditado de implantar el comunismo en el campo. Este objetivo no se puede alcanzar hoy, sería extemporáneo. El proponérnoslo ocasionaría daño en lugar de beneficio.
p Nuestra obligación y una de las tareas fundamentales de la clase obrera, que se halla en el poder, es entablar relaciones entre los obreros de la ciudad y los trabajadores del campo, concluir una forma de alianza que pueda fraguar con facilidad entre ellos. Para ello hay que fundar una serie de asociaciones (partidistas, sindicales y particulares), integradas por obreros fabriles, con el fin de ayudar regularmente al campo en su desarrollo cultural.
p ¿Lograremos que todas las células urbanas patrocinen a todas las del campo para que cada célula de obreros patrocinadora de la respectiva célula rural se preocupe regularmente, en cada ocasión y en cada caso, de satisfacer tal o cual demanda cultural de la célula patrocinada? ¿O tal vez se encuentren otras formas de relación? Me limito en este punto a plantear el problema para llamar a ella la atención de los camaradas e indicarles la experiencia que se tiene de Siberia Occidental (de esta experiencia me ha hablado el camarada Jodorovski) y con el fin de plantear en toda su magnitud este gigantesco problema cultural de trascendencia histórica universal.
p Para el campo no hacemos casi nada, fuera de lo estipulado en nuestro presupuesto oficial o de nuestras relaciones oficiales. Bien es verdad que las relaciones culturales entre la ciudad y el campo adquieren ineludiblemente por sí solas en nuestro país un carácter 785 distinto. En el capitalismo, la ciudad daba al campo lo que le degradaba en los sentidos político, económico, moral, físico, etc. La ciudad comienza a dar ahora por sí sola al campo lo diametralmente opuesto. Pero todo ello se hace precisamente por sí solo, de manera espontánea, mientras que todo eso puede aumentarse (y luego centuplicarse), poniendo en esta labor conciencia, método y regularidad.
p Sólo comenzaremos a avanzar (y entonces lo haremos, sin duda alguna, con rapidez centuplicada) cuando sometamos a estudio esta cuestión y empecemos a fundar toda clase de asociaciones obreras —evitando por todos los medios que se burocraticen—para plantearla, discutirla y hacerla realidad.
p 2 de enero de 1923.
p
Publicado el 4 de enero de 1923 en el
núm. 2 de “Pravda”.
p Firmado: N. l.enin.
Notes
| < | > | ||
| << | >> | ||
| <<< | CARTA AL CONGRESO • SOBRE LA CONCESIÓN DE FUNCIONES LEGISLATIVAS AL GOSPLAN • CONTRIBUCIÓN AL PROBLEMA DE LAS NACIONES O SOBRE LA ``AUTONOMIZACION'' | SOBRE LAS COOPERATIVAS | >>> |