DE LAS COMUNAS RURALES
Y ARTELES AGRÍCOLAS"^^4^^
EL 4 DE DICIEMBRE DE 1919
p Camaradas: Me congratulo de saludar en nombre del Gobierno a vuestro primer congreso de comunas rurales y arteles agrícolas. Todos vosotros sabéis, naturalmente, cuánto ha hecho el Poder soviético, qué importancia tan enorme concedemos nosotros a las comunas, a los arteles y, en general, a toda clase de organizaciones destinadas a convertir la pequeña hacienda campesina individual en una hacienda colectiva bajo la forma de cooperativa o de artel, a contribuir gradualmente a esta conversión. Sabéis que el Poder soviético ha establecido desde hace ya mucho tiempo un fondo de mil millones de rublos para propulsar las iniciativas de este género "^^5^^. En el Reglamento de la organización socialista del usufructo de la tierra^^1^^"’ se subraya especialmente la importancia de las comunas, de los arteles y de todas las empresas de cultivo de la tierra en común, y el Poder soviético dirige todos sus esfuerzos a lograr que esta ley no quede sólo en el papel y aporte efectivamente la utilidad debida.
p La importancia de todas las empresas de este carácter es enorme, porque si siguiera como antes la antigua hacienda campesina, indigente y miserable, ni hablar se podría de una construcción sólida de la sociedad socialista. Sólo si se consigue hacer ver prácticamente a los campesinos las ventajas del cultivo en común, colectivo, en cooperativas y arteles; sólo si se logra ayudar al campesino por medio de la hacienda cooperativa, colectiva, sólo entonces la clase obrera, dueña del poder del Estado, demostrará realmente al campesino que ella tiene razón y atraerá realmente a su lado, de un modo sólido y auténtico, a la masa de millones y millones de campesinos. Por eso es inapreciable la importancia de las medidas de cualquier clase que tiendan a favorecer la agricultura colectiva, cooperativa. Tenemos millones de haciendas aisladas, dispersas, diseminadas por lugares remotos del campo. Sería completamente absurdo pensar que se pueden transformar esas haciendas por algún procedimiento rápido, por medio de un decreto, merced a una acción exterior, desde fuera. Nos damos perfecta cuenta de que sólo de un modo gradual y prudente, sólo con el ejemplo práctico y acertado se puede influir sobre los millones de pequeñas haciendas campesinas, puesto que los 311 campesinos son hombres demasiado prácticos, están demasiad ligados al viejo sistema agrario para arriesgarse a aceptar cualuuie cambio importante únicamente a base de consejos o indicaciones librescas. Eso no puede ser, e incluso sería un absurdo. Sólo cuando se demuestre prácticamente, sobre la base de la experiencia, de un modo que lo comprendan los campesinos, que el paso a la agricultura cooperativa, a la agricultura colectiva, es necesario y posible, sólo entonces tendremos razón para decir que hemos dado un paso importante por la senda de la agricultura socialista en un país campesino tan inmenso como es Rusia. De ahí que la enorme importancia de las comunas, arteles y cooperativas, que impone a todos vosotros graneles deberes con respecto al Estado y al socialismo, obligue, naturalmente, al Poder soviético y a sus representantes a abordar este problema con especial atención v cuidado.
p Nuestra ley sobre la organización socialista del usufructo de la tierra dice que consideramos un deber ineludible de todas las empresas «agrícolas colectivas, cooperativas, no aislarse, no distanciarse de la población campesina circundante, sino prestarle sin falta ayuda. Esto está grabado en la ley, se repite en los estatutos ordinarios de todas las comunas, arteles y cooperativas y se propaga constantemente en las instrucciones y decretos de nuestro Comisariado de Agricultura y de todos los organismos del Poder soviético. Pero el quid reside en encontrar un método verdaderamente práctico para aplicar esto. No estoy seguro aún de que hayamos superado esta principal dificultad. Y yo quisiera que vuestro congreso, en el que tenéis la oportunidad de hacer un intercambio de la experiencia adquirida por los gestores directos de las haciendas colectivas en todos los ámbitos de Rusia, pusiera fin a todas las dudas y demostrara que estamos en vías de dominar, que comenzamos a dominar prácticamente la tarea de la consolidación de los arteles, cooperativas, comunas y, en general, de toda clase de empresas agrícolas colectivas, sociales. Mas para demostrarlo hacen falta resultados verdaderamente prácticos.
p Cuando leemos los estatutos de las comunas agrícolas o libros dedicados a esta cuestión, nos parece que en ellos concedemos demasiado espacio a la propaganda, a la argumentación teórica de la necesidad de organizar las comunas. Esto, naturalmente, es necesario: sin una profunda propaganda, sin explicar las ventajas de la agricultura colectiva, sin repetir esta idea miles y miles de veces no podemos esperar que en las vastas masas campesinas cunda el interés ni que comiencen las pruebas prácticas de las formas de su realización. Desde luego, la propaganda es necesaria y no hay que temer las repeticiones, pues lo que a nosotros nos parece una 312 repetición no lo será para muchos centenares y millares de campesinos, para quienes tal vez constituya algo así como una revelación. Y si se nos ocurre pensar que concedemos demasiada atención a la propaganda, habrá que decir que es necesario centuplicar los esfuerzos en este sentido. Pero al decirlo, lo hago en el sentido de que si nos dirigimos a los campesinos con explicaciones de carácter general sobre la utilidad de la organi/ación de las comunas agrícolas y, al mismo tiempo, no sabemos demostrarles con hechos los beneficios prácticos que les asegura la hacienda agrícola colectiva, cooperativa, los campesinos dejarán de creer en nuestra propaganda.
p La ley dice que las comunas, los arteles y las cooperativas deben ayudar a la población campesina circundante. Pero el Estado, el poder obrero ha creado un fondo de mil millones de rublos para prestar ayuda a las comunas y arteles agrícolas. Claro está que si una u otra comuna decide ayudar a los campesinos con el dinero de este fondo, me temo que esto no originará más que risas de parte de los campesinos. Y con justa razón. Todo campesino dirá: "Claro, si os dan mil millones no os es difícil echarnos algunas migajas a nosotros.” Temo que esto no despierte más que risas entre los campesinos, que miran con mucha atención y desconfianza esta cuestión. En el transcurso de muchos siglos, el campesino se ha habituado a no encontrar en el poder estatal más que opresión y por eso está acostumbrado a mirar con desconfianza todo lo que proviene del fisco. Y si las comunas agrícolas se circunscriben a ayudar a los campesinos únicamente para cumplir la letra de la ley, esa ayuda, además de resultar infructuosa, no puede producir sino daño, puesto que la denominación de comuna agrícola dice mucho y está relacionada con la idea del comunismo. Está bien si las comunas demuestran en la práctica que realizan una labor verdaderamente importante de mejora de la hacienda campesina: en este caso crecerá, sin duda alguna, el prestigio de los comunistas y del Partido Comunista. Pero con frecuencia ha sucedido que las comunas no despertaban en los campesinos más que una actitud negativa, y a veces la palabra “comuna” se convertía incluso en una consigna de lucha contra el comunismo. Así sucedía no sólo cuando se hacían tentativas absurdas de obligar por la fuerza a los campesinos a ingresar en las comunas. Lo disparatado de estas tentativas saltaba tanto a la vista de todos, que hace ya tiempo que el Poder soviético hubo de pronunciarse contra ellas. Y espero que si hoy se producen algunos casos aislados de coacción, éstos serán pocos y vosotros aprovecharéis este congreso para borrar por completo de la faz de la República Soviética los últimos vestigios de este bochorno, para que la población campesina circundante no pueda invocar un solo 313 ejemplo en apoyo del viejo criterio de que el ingreso en las comunas se debe a algún acto de coacción.
p Pero incluso cuando hayamos conseguido desprendernos de este viejo defecto y superar totalmente ese bochorno, habremos hecho, no obstante,una mínima parte de lo que nos corresponde hacer. Pues la necesidad de que el Estado ayude a las comunas sigue en pie, y no seríamos comunistas ni partidarios de la implantación de la economía socialista si no prestáramos ayuda estatal de todo género a las empresas agrícolas colectivas. Estamos obligados a hacerlo, además, porque se halla en consonancia con todas nuestras tareas y porque sabemos perfectamente que estos arteles, cooperativas y organizaciones colectivas constituyen una innovación y que no prenderán si la clase obrera dueña del poder no les apoya. Ahora bien, para que prendan, y precisamente porque el Estado les ayuda con dinero y de todas las maneras, tenemos que conseguir que los campesinos no lo acojan con sorna. Debemos cuidarnos siempre de que el campesino no diga de los miembros de la comuna, de los arteles y de las cooperativas que viven a costa del Estado y que se diferencian de los campesinos solamente en que se les dan facilidades. Si se le conceden para su instalación tierras y subsidios del fondo de los mil millones, cualquier tonto podrá vivir algo mejor que un simple campesino. Y el campesino preguntará: ¿Qué hay aquí cíe comunista, qué mejora hay? ¿Por qué debemos respetarlos? Desde luego, si se eligen unas decenas o centenares de hombres y se les entrega miles de millones, trabajarán.
p Precisamente una actitud semejante de los campesinos suscita las mayores aprensiones, y yo quisiera llamar la atención de los camaradas reunidos en este congreso sobre la cuestión citada. Es preciso resolverla prácticamente, de tal modo que podamos decir que no sólo evitamos este peligro, sino que incluso hallamos los medios de luchar para que el campesino no pueda pensar así y para que, por el contrario, vea en cada comuna, en cada artel, una obra sostenida por el poder estatal y encuentre en ella nuevos métodos de cultivo de la tierra que le demuestre sus ventajas sobre los viejos, y no en libros ni en discursos (esto es algo muy poco valioso), sino en la vida práctica. En esto reside la dificultad de resolver el problema, y ésta es también la razón por la que nosotros, teniendo ante la vista sólo cifras escuetas, difícilmente podemos juzgar si hemos demostrado o no en la práctica que cada comuna, cada artel es, en verdad, superior a todas las empresas del viejo orden de cosas y que el poder obrero ayuda en este aspecto a los campesinos.
p Creo que, para resolver esta cuestión en la práctica, sería muy deseable que vosotros, que conocéis prácticamente toda una serie de comunas, arteles y cooperativas cercanas, elaboraseis los métodos de 314 un control verdaderamente electivo para cerciorarse de cómo se aplica la ley que exige que las comunas agrícolas ayuden a los campesinos de los alrededores; control de cómo se lleva a la práctica el paso a la agricultura socialista y en qué se expresa esto concretamente en cada comuna, en cada artel, en cada cooperativa; de cómo precisamente se realiza esto, cuántas cooperativas, cuántas comunas lo hacen en realidad y cuántas sólo se lo proponen; cuántas veces se ha podido comprobar la ayuda de las comunas y qué carácter tiene esta ayuda: si es filantrópica o socialista.
p Si las comunas y los arteles entregan a los campesinos una parte de los fondos que el Estado les concede a título de ayuda, conseguirán únicamente que cada campesino crea que se trata de buena gente que viene en su ayuda, pero con ello no demostrarán en absoluto el paso al régimen socialista. Y los campesinos están acostumbrados desde tiempos inmemoriales a desconfiar de esta "buena gente”. Es preciso saber comprobar en qué se ha reflejado realmente este nuevo orden social, por qué medios se demuestra a los campesinos que las cooperativas, los arteles cultivan la tierra mejor que el campesino individual, y que si la cultivan mejor, no es debido a la ayuda oficial; es preciso que lleguemos a poder demostrar a los campesinos que aun sin la ayuda del Estado es prácticamente realizable este nuevo orden de cosas.
p Lamento no poder asistir a vuestro congreso hasta el final, por lo que no podré participar en la elaboración de estos métodos de control. Pero estoy seguro de que vosotros, junto con los camaradas que dirigen nuestro Comisariado de Agricultura, encontraréis estos métodos. He leído con satisfacción el artículo del camarada Seredá, comisario del pueblo de Agricultura, en el que se hace resaltar que las comunas y las cooperativas no deben aislarse de la población campesina circundante, sino que deben tratar de mejorar su hacienda^^117^^. Es preciso organizar las comunas de manera que se transformen en un modelo y que los campesinos mismos de la vecindad se sientan atraídos por ellas; es preciso saber ofrecerles en la práctica un ejemplo de cómo hay que ayudar a los hombres que llevan su hacienda en las duras condiciones impuestas por la falta de mercancías y el desbarajuste económico general. A fin de determinar los métodos prácticos para realizar esto, es preciso elaborar una instrucción muy minuciosa que enumere todos los aspectos de la ayuda a la población campesina circundante; que requiera de cada comuna respuesta a lo que ha hecho para prestar ayuda a los campesinos; que señale los métodos para conseguir que las dos mil comunas y cerca de cuatro mil arteles existentes se conviertan cada uno en una célula capaz de afirmar en la práctica entre los campesinos la convicción de que la agricultura colectiva, como paso 315 hacia el socialismo, es una cosa útil, y no un capricho ni un simple delirio.
p Ya he dicho que la ley exige que las comunas presten ayuda a la población campesina circundante. En la ley no hemos podido usar otros términos ni dar directrices concretas. Hemos tenido que fijar principios generales y contar con eme los camaradas conscientes de la base han de ejecutar a conciencia esta ley y han de saber encontrar mil procedimientos para aplicarla prácticamente en las condiciones económicas concretas de cada lugar. Desde luego, se entiende que es posible burlar toda ley, aun aparentando cumplirla. También la leyreferente a la ayuda a los campesinos, en caso de aplicarla de mala fe, puede convertirse en un simple juguete y dar resultados diametralmente opuestos.
p Las comunas deben desarrollarse en el sentido de que, al ponerse en contacto con ellas, las condiciones de la hacienda campesina comiencen a modificarse por encontrar ayuda económica; de que cada comuna, artel o cooperativa pueda dar principio al mejoramiento de estas condiciones y realizarlo prácticamente, demostrando de hecho a los campesinos que esta modificación no puede reportarles más que provecho.
p Naturalmente, podéis creer que se nos dirá: Para mejorar la economía, hay que tener condiciones distintas a las del actual desbarajuste económico, originado por los cuatro años de guerra imperialista y los dos de guerra civil, que nos han impuesto los imperialistas. En condiciones como las que atravesamos, ¿cómo pensar en la amplia difusión de las mejoras de las explotaciones agrícolas? Démonos por satisfechos si podemos mantenernos y no morir de hambre.
p Es muy natural que puedan ser formuladas dudas de este género. Pero si tuviera que contestar a tales objeciones, yo diría: Admitamos que, efectivamente, debido a la economía desorganizada, al desbarajuste económico, a la falta de mercancías, a las deficiencias de los transportes, al exterminio del ganado y a la destrucción de los aperos, es imposible mejorar la economía en amplia escala. Mas no cabe duda de que en toda una serie de casos concretos se puede mejorar en parte la economía. Ahora bien, admitamos que realmente ni siquiera eso es posible. ¿Quiere esto decir que las comunas no pueden introducir cambios en la vida de los campesinos o que no pueden demostrar a éstos que las empresas agrícolas colectivas no son una planta de invernadero, cultivada artificialmente, sino que constituyen una nueva ayuda del poder obrero a los campesinos trabajadores, un auxilio a éstos en su lucha contra los kulaks? Estoy seguro de que aun planteando así la cuestión, aun admitiendo que es imposible llevar a cabo mejoras, dadas las 316 condiciones actuales de desbarajuste económico, se pueden alcanzar muchísimas cosas teniendo en las comunas y en los arteles a comunistas que trabajan concienzudamente.
p Para demostrar que no hago aseveraciones gratuitas, me remitiré a lo que se ha dado en denominar en nuestras ciudades sábados comunistas. Así se llama el trabajo no retribuido que los obreros de la ciudad, fuera de sus obligaciones, consagran durante varias horas a alguna necesidad social. Estos sábados fueron introducidos por ve/. primera en Moscú por los ferroviarios de la línea Moscú—Kazan. Los obreros de Moscú organizaron los sábados comunistas en respuesta a uno de los llamamientos del Poder soviético, en el que se señala que los soldados rojos hacen en los frentes sacrificios inauditos, eme, a pesar de todas sus penurias, obtienen triunfos sin precedentes sóbrelos enemigos y que podremos llevar estos triunfos hasta el fin únicamente si este heroísmo y este sacrificio voluntario no se despliegan sólo en el frente, sino también en la retaguardia. Es indudable que los obreros de Moscú pasan muchas más penurias y necesidades que los campesinos, y si os enteráis de sus condiciones de vida y meditáis que, a pesar de su dureza inaudita, han podido iniciar la realización de los sábados comunistas, estaréis de acuerdo en que no se pueden alegar las condiciones, por agobiadoras que sean, para negarse a realizar lo que se puede hacer en cualquier circunstancia, aplicando el método que han seguido los obreros de Moscú. Nada ha contribuido tanto a elevar el prestigio del Partido Comunista en la ciudad, a aumentar el respeto de los obreros sin partido hacia los comunistas como los citados sábados, cuando éstos dejaron de ser un fenómeno aislado y cuando los obreros sin partido vieron en la práctica que los miembros del Partido Comunista gobernante asumen obligaciones y que los comunistas aceptan nuevos militantes en sus filas, no para que gocen de facilidades relacionadas con la situación del partido gobernante, sino para que den un ejemplo de trabajo realmente comunista, es decir, un trabajo que se hace a título gratuito. El comunismo es la fase superior de desarrollo del socialismo, cuando los hombres trabajan convencidos de que es necesario trabajar para el bien común. Sabemos que ahora no podemos implantar el régimen socialista: ¡ojalá se implante en el país en vida de nuestros hijos y nuestros nietos! Pero nosotros decimos que los miembros del Partido Comunista gobernante cargan con la mayor parte de las dificultades en la lucha contra el capitalismo, movilizando a los mejores comunistas para el frente y exigiendo de quienes no pueden ser utilizados con este fin que trabajen en los sábados comunistas.
p Aplicando estos sábados comunistas, que se han propagado en todas las ciudades industriales importantes, exigiendo el partido que 317 cada uno de sus miembros tome parte en ellos y sancionando hasta con la expulsión del partido el incumplimiento de esta directriz; empleando este medio en las comunas, arteles y cooperativas, podréis y deberéis conseguir, aun en las peores condiciones, que el campesino vea en cada comuna, en cada artel, en cada cooperativa, una asociación que se distingue de las demás no porque se le concede una subvención del Estado, sino porque en ella están asociados los mejores representantes de la clase obrera, los cuales no sólo preconizan el socialismo para los demás, sino que también saben realizarlo ellos mismos y demostrar que, incluso en las peores condiciones, saben llevar la economía a la manera comunista y ayudar con cuanto pueden a la población campesina circundante. En lo que a este punto se refiere, no se puede alegar ninguna clase de excusas, no se puede invocar la falta de mercancías, la falta de semillas o la mortandad entre el ganado para no hacerlo. Aquí se nos ofrece una prueba que, en todo caso, nos permitirá decir en forma terminante hasta qué punto hemos dominado prácticamente la difícil tarea que nos planteamos.
p Estoy seguro de que la asamblea general de los representantes de las comunas, de las cooperativas y de los arteles discutirá esto y comprenderá que la aplicación de este método será el formidable medio de afianzar de hecho las comunas y las cooperativas y aportará el resultado práctico de que en ninguna parte de Rusia pueda darse un solo caso de actitud hostil de los campesinos frente a las comunas, arteles y cooperativas. Pero esto es poco: es preciso que los campesinos sientan simpatía por ellas. Nosotros, representantes del Poder soviético, haremos por nuestra parte todo cuanto sea posible para contribuir a esta empresa y para que la ayuda de nuestro Estado, proveniente del fondo de los mil millones o de otras fuentes, sólo sea concedida cuando realmente se lleve a cabo un acercamiento práctico entre las comunas y arteles de trabajo y la vida de los campesinos vecinos. Fuera de estas condiciones, consideramos toda ayuda a los arteles o cooperativas no sólo inútil, sino absolutamente nociva. No se debe considerar que la ayuda de las comunas a los campesinos de los alrededores se preste simplemente porque les sobren recursos, sino que ha de ser una ayuda socialista, esto es, que permita a los campesinos pasar de la hacienda aislada, individual, a la hacienda cooperativa. Y esto no se puede conseguir sino recurriendo al método de los sábados comunistas a que acabo de referirme.
p Si tenéis en cuenta este experimento de los obreros de la ciudad, que han iniciado el movimiento en favor de los sábados comunistas, a pesar de vivir en condiciones infinitamente peores que las de los campesinos, estoy seguro de que, contando con vuestro apoyo unánime, general, conseguiremos que cada uno de los varios millares 318 de comunas y arteles existentes pase a ser un vivero efectivo de las ideas y conceptos comunistas entre los campesinos, un ejemplo vivo que ha de demostrarles que cada una de estas organizaciones, si bien es de momento un brote pequeño y débil aún, no obstante, no es un brote de invernadero, artificial, sino un brote verdadero del nuevo régimen socialista. Sólo entonces lograremos una victoria sólida sobre la vieja ignorancia, la ruina y la miseria, sólo entonces no nos infundirán temor las dificultades de todo orden que se interpongan en nuestro camino.
p La información periodística se publicó el 5 de diciembre de 1919 en el núm. 273 de "Izvestia del CEC de tuda Rusia".
p El texto íntegro se publicó en “Pravda”, núms. 273 \ 274; 5 y 6 de diciembre de 1919.
Notes
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