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ACERCA DE LA HISTORIA DE LA PAZ DESDICHADA
 

p Habrá, sin duda, quien pueda decir que no estamos ahora para ocuparnos de la historia. Semejante afirmación sería admisible si no existiera una relación práctica, directa e indisoluble entre el pasado y el presente en un problema concreto. Pero la cuestión de la paz desdichada, de la paz archidura, es tan actual que se hace preciso aclararla. Y por eso publico las tesis sobre esta cuestión que leí el 8 de enero de 1918 en una reunión a la que asistieron cerca de sesenta destacados funcionarios petrogradenses de nuestro partido.

p He aquí las tesis:

7/1. 1918.

TESIS SOBRE EL PROBLEMA
DE LA CONCLUSIÓN INMEDIATA
DE UNA PAZ SEPARADA Y ANEXIONISTA^^198^^

p 1. La situación de la revolución rusa en el momento actual es tal que casi todos los obreros y la gran mayoría de los campesinos están, indudablemente, al lado del Poder soviético y de la revolución socialista comenzada por éste. Por tanto, el éxito de la revolución socialista en Rusia está asegurado.

p 2. Al mismo tiempo, la guerra civil, provocada por la resistencia furiosa de las clases poseedoras, que saben perfectamente que han emprendido el combate final y decisivo por la conservación de la propiedad privada de la tierra y de los medios de producción, no ha llegado todavía a su punto álgido. El Poder soviético tiene asegurada la victoria en esta guerra; pero será inevitable que transcurra algún tiempo, serán necesarios obligatoriamente no pocos esfuerzos, será ineludible cierto período de profunda ruina y caos que acompañan a toda guerra, y en particular a una guerra civil, antes de que sea rota la resistencia de la burguesía.

p 3. Además, esta resistencia en sus formas menos activas y no militares: el sabotaje, el soborno de los des< lasados, el soborno de los 554 agentes de la burguesía cine se infiltran en las filas de los socialistas para echar a perder su obra, etc., etc.; esta resistencia ha resultado ser tan tena/, y capaz de adoptar formas tan variadas eme la lucha contra ella se prolongará inevitablemente durante cierto tiempo, y es poco probable que acabe, en sus formas principales, antes de algunos meses. Pero el triunfo de la revolución socialista es imposible sin vencer con decisión esta resistencia pasiva y encubierta cíe la burguesía y de sus adeptos.

p 4. Por último, las tareas de la transformación socialista en Rusia, en el terreno de la organización, son tan ingentes y difíciles que su cumplimiento requerirá también bastante tiempo, si tenemos presente la abundancia de "compañeros de viaje" pequeñoburgueses del proletariado socialista y el escaso nivel cultural de éste.

p 5. Todas estas circunstancias en su conjunto son de tal naturaleza que de ellas dimana con toda evidencia la necesidad de disponer, para el triunfo del socialismo en Rusia, de cierto tiempo—no menos de varios meses—, durante el cual el Gobierno socialista debe tener las manos completamente libres para vencer a la burguesía, primero en su propio país, y para efectuar una amplia y profunda labor de organización entre las masas.

p 6. La situación de la revolución socialista en Rusia debe servir de base para toda definición de las tareas internacionales de nuestro Poder soviético, pues la situación internacional en el cuarto año de guerra es tal que resulta de todo punto imposible precisar el momento probable del estallido de la revolución y del derrocamiento de cualquiera de los gobiernos imperialistas de Europa (incluso del alemán). No cabe duda de que la revolución socialista en Europa debe estallar y estallará. Todas nuestras esperanzas en la victoria definitivo del socialismo se fundan precisamente en esta seguridad y en esta previsión científica. Nuestra propaganda, en general, y la organización de la confraternización en el frente, en particular, deben ser intensificadas y extendidas. Pero sería un error basar la táctica del Gobierno socialista de Rusia en los intentos de determinar si la revolución socialista en Europa, y particularmente en Alemania, va o no a desencadenarse en los próximos seis meses (o en un corto plazo semejante). Gomo no hay manera de determinarlo, todos los intentos de esta naturaleza se reducirían, objetivamente, a un ciego juego de azar.

p 7. En el momento presente, es decir, hasta el 7 de enero de 1918, las negociaciones de paz en Brest-Litovsk han demostrado con absoluta claridad que en el gobierno alemán (que es el que lleva la batuta entre los gobiernos de la Cuádruple Alianza) ha vencido, sin duda alguna, la camarilla militar, la cual ha presentado ya, en realidad, un ultimátum a Rusia (de un momento a otro debemos 555 esperar, tenemos que esperar forzosamente, su presentación oficial). Este ultimátum significa: o la continuación de la guerra o una paz anexionista, es decir, la paz a condición de que nosotros devolvamos tocios los territorios que hemos ocupado, los alemanes se queden con todos los territorios ocupados por ellos y nos impongan una contribución (disfrazada como gastos de mantenimiento de los prisioneros), contribución que asciende a unos tres mil millones de rublos pagaderos en varios años.

p 8. El Gobierno socialista de Rusia se encuentra ante un problema cuya solución no puede ser postergada: o aceptar ahora esta paz anexionista, o emprender en el acto una guerra revolucionaria. En realidad, no hay solución intermedia posible. No puede haber ningún nuevo aplazamiento, porque hemos hecho ya todo lo posible e imposible para prolongar artificialmente las negociaciones.

p 9. Al analizar los argumentos que se invocan a favor de una guerra revolucionaria inmediata, nos encontramos, ante todo, con el razonamiento de que la paz separada constituiría ahora, objetivamente, un acuerdo con los imperialistas alemanes, "un trato imperialista”, etc., y que, por consiguiente, una paz así significaría romper por completo con los principios fundamentales del internacionalismo proletario.

p Pero este argumento es a todas luces falso. Los obreros que pierden una huelga y firman, para reanudar el trabajo, unas condiciones desventajosas para ellos y ventajosas para los capitalistas, no traicionan al socialismo. Sólo traicionan al socialismo quienes aceptan ventajas para una parte de los obreros a cambio de otras ventajas para los capitalistas. Sólo semejantes acuerdos son inadmisibles por principio.

p Traicionan al socialismo quienes califican de justa y defensiva la guerra contra el imperialismo alemán y, de hecho, reciben el apoyo de los imperialistas anglo-franceses, ocultando al pueblo los tratados secretos concertados con ellos. Quienes sin ocultar nada al pueblo, sin firmar ningún tratado secreto con los imperialistas, se avienen a firmar condiciones de paz desventajosas para una nación débil y ventajosas para uno de los grupos imperialistas, porque en ese momento no están en condiciones de continuar la guerra, no cometen ni la más mínima traición al socialismo.

p 10. Otro de los argumentos a favor de la guerra inmediata es que, al concertar la paz, nos convertimos objetivamente en agentes del imperialismo alemán, pues le damos la posibilidad de utilizar las tropas que tienen en nuestro frente, le devolvemos millones de prisioneros, etc. Pero también este argumento es falso a todas luces, pues en este momento, la guerra revolucionaria nos convertiría, objetivamente, en agentes del imperialismo anglo-francés, ya que le 556 proporcionaría fuer/as auxiliares que favorecerían sus fines. Los ingleses ofrecieron descaradamente a nuestro comandante en jefe, Krylenko, cien rublos al mes por cada soldado nuestro, en caso de que continuásemos la guerra. Y aunque no aceptáramos ni un kopek de los anglo-franceses, no dejaríamos por eso de ayudarlos objetivamente, distrayendo una parte de las tropas alemanas.

p Desde este punto de vista, tanto en un caso como en otro, no conseguimos librarnos por completo de tal o cual lazo imperialista. Además, es evidente que no podremos librarnos de ellos por completo sin derrocar el imperialismo mundial. La conclusión acertada que se desprende de eso es que, en cuanto triunfa el Gobierno socialista en un país, los problemas deben ser resueltos no desde el punto de vista de la preferencia por uno u otro imperialismo, sino exclusivamente desde el punto de vista de las mejores condiciones para desarrollar y consolidar la revolución socialista ya iniciada.

p Dicho en otros términos: el principio que debe servir de base a nuestra táctica no es establecer a cuál de los dos imperialismos nos conviene más ayudar en estos momentos, sino determinar cuál es el medio más eficaz y seguro de garantizar a la revolución socialista la posibilidad de afianzarse o, por lo menos, de sostenerse en un país hasta que otros países se adhieran a él.

p 11. Se dice que los socialdemócratas alemanes adversarios de la guerra se han hecho ahora “derrotistas” y nos piden que no cedamos ante el imperialismo alemán. Pero nosotros hemos admitido el derrotismo sólo contra la propia burguesía imperialista, rechazando siempre como método inadmisible por principio, y, en general, inservible, la victoria sobre un imperialismo extranjero conseguida en alianza formal o efectiva con un imperialismo “amigo”.

p Por consiguiente, dicho argumento no es más que una variedad del anterior. Si los socialdemócratas de izquierda alemanes nos propusieran demorar la firma de la paz separada por un plazo determinado, garantizándonos el desencadenamiento de la revolución en Alemania durante ese plazo, el problema podría plantearse para nosotros de otro modo. Pero la izquierda alemana, lejos de decirnos eso, declara, por el contrario, formalmente: "Sosteneos mientras podáis, pero resolved la cuestión guiándoos por el estado de cosas de la revolución socialista rusa, pues no podemos prometeros nada positivo respecto a la revolución alemana".

p 12. Se dice que en una serie de declaraciones del partido hemos “prometido” abiertamente la guerra revolucionaria y que la conclusión de una paz separada representaría una traición a nuestra palabra.

p Eso es falso. Hemos hablado de la necesidad para el Gobierno socialista de " preparar y sostener" la guerra revolucionaria en la época 557 del imperialismo  [557•* . Hemos dicho eso para combatir el pacifismo abstracto, la teoría de la negación absoluta de "la defensa de la patria" en la época del imperialismo y, por último, los instintos puramente egoístas de una parte de los soldados; pero no hemos contraído ningún compromiso de iniciar la guerra revolucionaria sin tener en cuenta en qué grado es posible sostenerla en uno u otro momento.

p También ahora debemos, sin duda, preparar la guerra revolucionaria. Estamos cumpliendo esta promesa, como hemos cumplido, en general, todas nuestras promesas factibles de realización inmediata: hemos anulado los tratados secretos, hemos propuesto una paz justa a todos los pueblos, hemos demorado varias veces y por todos los medios las negociaciones de paz para dar tiempo a que los demás pueblos se adhieran a nosotros.

p Pero el problema de si es posible sostener una guerra revolucionaria ahora, inmediatamente, debe resolverse tomando en consideración de manera exclusiva las condiciones materiales de su realización y los intereses de la revolución socialista ya iniciada.

p 13. Al resumir la apreciación de los argumentos a favor de la guerra revolucionaria inmediata, debe llegarse a la conclusión de que tal política correspondería, quizá, a las necesidades del hombre en su aspiración a lo bello, efectista y brillante; pero no tendría en cuenta en absoluto la correlación objetiva de las fuerzas de clase y de los tactores materiales del momento actual de la revolución socialista iniciada.

p 14. Es indudable que en este momento y en las próximas semanas (y probablemente en los próximos meses), nuestro ejército no está en absoluto en condiciones de rechazar una ofensiva alemana, debido, en primer lugar, al excepcional cansancio y agotamiento de la mayoría de los soldados, dado el inaudito desbarajuste del aprovisionamiento y del relevo de los hombres cansados, etc.; en segundo lugar, a causa de la inutilidad completa de la tracción animal, que originaría la pérdida inevitable de nuestra artillería; y, en tercer lugar, a causa de la imposibilidad completa de defender la costa desde Riga hasta Reval, lo que brinda al enemigo la más segura probabilidad de conquistar la parte restante de Liflandia, apoderarse a continuación de Estlandia ””, envolver una gran parte de nuestras tropas por la retaguardia, y, por último, tomar Petrogrado.

p 15. Además, no cabe la menor duda de que, en el momento presente, la mayoría campesina de nuestro ejército se pronunciaría con toda seguridad a favor de una paz anexionista y no a favor de una guerra revolucionaria inmediata, pues la reorganización 558 socialista del ejército y la incorporación a sus filas de los destacamentos de la Guardia Roja, etc., se hallan sólo en sus comienzos.

p Con un ejército democratizado por completo sería una aventura hacer la guerra contra la voluntad de la mayoría de los soldados, y para crear un ejército obrero y campesino socialista, realmente potente y fuerte en el aspecto ideológico, son necesarios, por lo menos, meses y meses.

p 16. Los campesinos pobres de Rusia están en condiciones de apoyar la revolución socialista, dirigida por la clase obrera; pero no están en condiciones de emprender ahora mismo, sin demora, una guerra revolucionaria seria. Constituiría un error fatal despreciar esta correlación objetiva de las fuerzas de clase en lo que respecta a dicha cuestión.

p 1 7. Por tanto, en lo que concierne a la guerra revolucionaria en el momento actual, la situación es la siguiente:

p Si la revolución alemana estallara y triunfase en los próximos tres o cuatro meses, tal vez la táctica de la guerra revolucionaria inmediata no originaría la ruina de nuestra revolución socialista.

p Pero si la revolución alemana no se produce en los meses próximos, el curso de los acontecimientos, de continuar la guerra, será inevitablemente tal que gravísimas derrotas obligarán a Rusia a concertar una paz separada aún más desfavorable; y, además, esta paz no la firmaría un Gobierno socialista, sino otro cualquiera (por ejemplo, el bloque de la Rada burguesa con la gente cíe Chernov o algo semejante). Porque el ejército campesino, extremadamente agotado por la guerra, derrocaría al Gobierno obrero socialista después de las primeras derrotas, probablemente no al cabo de varios meses, sino a las pocas semanas.

p 18. En tales condiciones, sería una táctica inadmisible por completo jugarse a una carta los destinos de la revolución socialista, ya iniciada en Rusia, sólo para ver si estalla la revolución en Alemania en un plazo cercano, brevísimo, calculado en semanas. Semejante táctica sería una aventura. No tenemos derecho a correr ese riesgo.

p 19. En virtud de sus bases objetivas, tampoco la revolución alemana se verá perjudicada lo más mínimo por el hecho de que nosotros concertemos la paz separada. Es probable que la embriaguez chovinista la debilite durante cierto tiempo, pero la situación de Alemania seguirá siendo difícil en extremo, la guerra contra Inglaterra y América será larga, el imperialismo agresivo ha quedado desenmascarado total y definitivamente por ambas partes. La República Socialista Soviética de Rusia se alzará como un ejemplo vivo ante los pueblos de todos los países; y el efecto de este ejemplo, como propaganda y como acción revolucionaria, será gigantesco. De un lado: régimen burgués y guerra de conquista, al desnudo por 559 completo, entre dos grujios de bandidos. De otro: paz y República Socialista de los Soviets.

p 20. Al concertar la paz separada nos libramos en el mayor grado posible, en el momento actual, cíe ambos grupos imperialistas contendientes, aprovechándonos de la hostilidad existente entre ellos y de la guerra—que les impide confabularse contra nosotros—, y conseguimos tener las manos libres durante cierto tiempo para proseguir y consolidar la revolución socialista. La reorganización de Rusia sobre la base de la dictadura del proletariado, sobre la base de la nacionalización de los bancos y de la gran industria, con un régimen de intercambio natural de productos entre la ciudad y ¡as cooperativas de consumo rurales, formadas por los pequeños campesinos, es posible desde el punto de vista económico, a condición de que tengamos asegurados unos meses de trabajo pacífico. Y esa reorganización haría que el socialismo fuese invencible tanto en Rusia como en el múñelo entero, creando a la vez una firme base económica para un poderoso Ejército Rojo Obrero y Camjjesino.

p 21. En el momento actual, una guerra revolucionaria de verdad sería la guerra de la República Socialista contra los jjaíses burgueses con el claro fin, plenamente aprobado por el ejército socialista, de derrocar a la burguesía de otros países. Pero es i nduda ble que en este momento no podemos todavía señalarnos esa meta. Objetivamente, lucharíamos ahora por la liberación de Polonia, Lituania y Curlandia. Pero ningún marxista podría negar, sin romper con los principios del marxismo y del socialismo en general, que los intereses del socialismo están por encima de los intereses del derecho de las naciones a la autodeterminación. Nuestra República Socialista ha hecho y continúa haciendo todo lo posible para llevar a la práctica el derecho de autodeterminación de Finlandia, Ucrania, etc. Pero si la situación concreta es tal que la existencia de la República Socialista se halla en este momento en peligro por haber sido infringido el derecho de autodeterminación de algunas naciones (Polonia, Lituania, Curlandia, etc.), se comprende de por sí que los intereses de la conservación de la República Socialista están por encima.

p Por eso, quien dice: "No podemos firmar una paz deshonrosa, indecente, etc., no podemos traicionar a Polonia, etc.”, no advierte que, al firmar una paz condicionada por la liberación de Polonia, no haría otra cosa que reforzar más aún el imperialismo alemán contra Inglaterra, contra Bélgica, Servia y otros países. La paz condicionada por la liberación de Polonia, Lituania y Curlandia sería una paz "patriótica" desde el pinito de vista de Rusia, pero no dejaría de ser en ningún caso una paz con los anexionistas, con los imperialistas alemanes.

560

p 21 de enero de 1918. A estas tesis debe agregarse lo siguiente: 22. Las huelgas de masas en Austria y Alemania, luego la formación de los Soviets de diputados obreros en Berlín y en Viena y, por último, el comienzo el 18-20 de enero de los choques armados y de las escaramuzas callejeras en Berlín obligan a reconocer como un hecho que en Alemania ha comenzado la revolución.

p De este hecho se deduce la posibilidad para nosotros de dar largas a las negociaciones de paz y demorarlas durante un cierto período.

p Escrito: las tesis, el 7 (20) de enero de 1918; la tesis 22, el 21 de enero (’í de febrero), \ l<t introducción, en lebrero, antes del día 11 (24).

p Publicado (sin la tesis 22) el 24 (11) de febrero de 1918 en el núm. 34 de “Pravda”. firmado: N. Le ni n

p l.ti tesis 22 vio la Ittz por vez primera en 1949 en el tomo 2ti de la 4 ed. de las “Obras” de V. I. l.enin.

.s. ’243-252.

* * *
 

Notes

[557•*]   Véase V.I.I.CHÍH. O.C., \. L’7. pág. 50-51. (N. de la Edil.)