DE DIPUTADOS OBREROS,
SOLDADOS Y CAMPESINOS
DE TODA RUSIA^^2^^ ]
10-18 (23-31) DE ENERO DE 1918
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INFORME SOBRE LA ACTIVIDAD
DEL CONSEJO DE COMISARIOS
DEL PUEBLO
11 (24) DE ENERO
p Camaradas: En nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo debo presentaros un informe sobre su actividad durante los dos rneses y quince días transcurridos desde la formación del Poder soviético y del Gobierno soviético en Rusia.
p Dos meses y quince días representan, en total, cinco días más de los que existió el precedente poder de los obreros sobre todo un país o sobre los explotadores y capitalistas: el poder de los obreros parisienses en la época de la Comuna de París de 1871.
p Debemos recordar ese poder de los obreros, ante todo, al echar una mirada al pasado y compararlo con el Poder soviético instaurado el 25 de octubre. Y al hacer esta comparación entre la anterior dictadura del proletariado y la actual, podremos ver en el acto qué gigantesco paso ha dado el movimiento obrero internacional y en qué situación incomparablemente más favorable se encuentra el Poder soviético en Rusia, pese a las condiciones complejas sin igual, que implican la situación de guerra y la ruina.
p Después de mantenerse dos meses y diez días, los obreros de París, que crearon por vez primera la Comuna, embrión del Poder soviético, perecieron ametrallados por los democonstitucionalistas, mencheviques y eseristas-kaledinistas de derecha franceses. Los obreros franceses hubieron de pagar con víctimas inauditamente numerosas la primera experiencia de gobierno obrero, cuyo sentido y objetivos desconocía la aplastante mayoría de los campesinos de Francia.
564p Nosotros nos encontrarnos en circunstancias muchísimo más favorables porque los soldados, obreros y campesinos rusos han sabido crear un aparato que ha dado a conocer al mundo entero sus formas de lucha: el Gobierno soviético. Eso es, ante todo, lo que cambia la situación de los obreros y campesinos rusos en comparación con el poder del proletariado parisiense. Los proletarios de París carecían de un aparato, no eran comprendidos por el país; nosotros nos hemos apoyado en el acto en el Poder soviético, y por eso jamás hemos dudado de que este poder gozaba de la simpatía y el apoyo más fervoroso y abnegado de la gigantesca mayoría de las masas, debido a lo cual era invencible.
p Quienes adoptaban una actitud de escepticismo ante el Poder soviético, y con frecuencia, consciente o inconscientemente, lo traicionaban y se entregaban a la conciliación con los capitalistas y los imperialistas, han hecho ensordecer a todos con sus gritos de que en Rusia no podía mantenerse el poder exclusivo del proletariado. Como si cualquier bolchevique o partidario suyo hubiera olvidado por un solo instante que en Rusia sólo puede ser duradero un poder que sepa cohesionar a la clase obrera, a la mayoría de los campesinos, a todas las clases trabajadoras y explotadas en una fuer/a única, indisolublemente unida, que luche contra los terratenientes y la burguesía.
p Jamás hemos dudado de que sólo la alianza de los obreros y los campesinos pobres, de los semiproletarios, de la cual se habla en el Programa de nuestro partido, puede abarcar en Rusia a la mayoría de la población y asegurar un firme apoyo al poder. Y después del 25 de octubre hemos conseguido en el acto, en el transcurso de unas cuantas semanas, vencer todas las dificultades y crear un poder basado en esa firme alianza.
p ¡Sí, camaradas! Cuando el partido eserista en su vieja forma—en un momento en que los campesinos no habían comprendido aún quiénes eran dentro de él los verdaderos partidarios del socialismo—lanzaba la consigna de usufructo igualitario del suelo, sin desear conocer quién cumpliría esa tarea, en alianza o no con la burguesía, nosotros dijimos que eso era un engaño. Y esa parte, que ha visto ahora que no la sigue el pueblo, que es un cero a la izquierda, pretendía que podría aplicar el usufructo igualitario del suelo en alianza con la burguesía: en eso consistía el engaño principal. Y cuando la revolución rusa mostró la experiencia de la colaboración de las masas trabajadoras con la burguesía en el momento más grandioso de la vida del pueblo; cuando la guerra llevó y lleva al pueblo a la ruina, condenando a millones de seres a perecer de hambre, y sus consecuencias revelaron en la práctica la experiencia del conciliacionismo; cuando los propios Soviets vivieron y sintieron 565 esa experiencia, pasando por la escuela de la conciliación, se hizo evidente la presencia de un gran germen socialista sano y viable en la doctrina de quienes querían unir el campesinado, su parte trabajadora, al gran movimiento socialista de los obreros del mundo entero.
p Y en cuanto esta cuestión se planteó en la práctica con nitidez y precisión ante el campesinado, ocurrió lo que nadie dudaba de que debía ocurrir, como lo han demostrado ahora los Soviets y congresos campesinos: cuando ¡legó el momento de realizar de verdad el socialismo, los campesinos pudieron ver con claridad esas dos líneas políticas fundamentales, la alianza con la burguesía o con las masas trabajadoras. Comprendieron entonces que el partido que expresaba los verdaderos anhelos e intereses del campesinado era el partido de los eseristas de izquierda. Y cuando concluimos con este partido nuestra alianza gubernamental, planteamos las cosas desde el primer momento de tal modo que dicha alianza se asentara en los principios más claros y evidentes. Si los campesinos de Rusia quieren llevar a cabo la socialización de la tierra en alianza con los obreros, que efectuarán la nacionalización de los bancos e implantarán el control obrero, serán fieles colaboradores nuestros, serán nuestros más fieles y valiosos aliados. No hay un solo socialista, camaradas, que no reconozca la verdad evidente de que entre el socialismo y el capitalismo se extiende un largo período, más o menos difícil, de transición, de dictadura del proletariado, y que las formas de este período dependerán en mucho de si predomina la pequeña propiedad o la grande, la pequeña cultura o la grande. Es comprensible que el paso al socialismo en Estlandia, ese pequeño país compuesto de grandes haciendas agrícolas y en el que toda la población sabe leer y escribir, no puede parecerse al paso al socialismo en un país predominantemente pequeñoburgués como es Rusia. Eso hay que tenerlo en cuenta.
p Todo socialista consciente dice que es imposible imponer el socialismo a los campesinos por la violencia y que debe confiarse únicamente en la fuerza del ejemplo y en la asimilación de la experiencia de la vida por la masa campesina. ¿Cómo considera esa masa más cómodo pasar al socialismo? He ahí la tarea que tiene planteada hoy de manera práctica el campesinado ruso. ¿Cómo puede esa misma masa apoyar al proletariado socialista y empezar el paso al socialismo? Y los campesinos han iniciado ya ese paso y tenemos plena confianza en ellos.
p La alianza que hemos concluido con los socialistas-revolucionarios de izquierda se asienta en una firme base y se fortalece no por días, sino por horas. Si en los primeros tiempos podíamos temer en el Consejo de Comisarios del Pueblo que la lucha fracciona! frenara el trabajo, hoy debo decir con certeza, tomando en consideración la 566 experiencia que proporcionan dos meses de trabajo conjunto, que en la mayoría de los asuntos adoptamos acuerdos unánimes.
p Sabemos que sólo cuando la experiencia muestra a los campesinos cuál debe ser, por ejemplo, el intercambio entre la ciudad y el campo, ellos mismos establecen su ligazón por abajo, basándose en su propia experiencia. De otra parte, la experiencia de la guerra civil enseña de manera evidente a los representantes de los campesinos que no hay otro camino hacia el socialismo que la dictadura del proletariado y el aniquilamiento implacable de la dominación de los explotadores. (Aplausos.)
p Camaradas: Cada vez eme tocamos este tema, en la presente reunión o en el Comité Ejecutivo Central, escucho de cuando en cuando, de la parte derecha de la asamblea, exclamaciones de "¡Dictador!" Sí, "cuando éramos socialistas”, todos reconocían la dictadura del proletariado; incluso hablaban de ella en sus programas, se indignaban ante el difundido prejuicio de que se puede hacer cambiar de criterio a la población, demostrarle que no se debe explotar a las masas trabajadoras, que eso es pecaminoso y vergonzoso, y que entonces se entronizará el paraíso en la tierra. No, ese prejuicio utópico ha sido destrozado hace mucho en la teoría y nuestra tarea consiste en destrozarlo en la práctica.
p Es imposible imaginarse que los señores socialistas vayan a servirnos el socialismo en bandeja de plata, ya preparadito. Eso no ocurrirá. Ni un solo problema de la lucha de clases se ha resuelto aún en la historia de otro modo que no sea por la violencia. ¡Cuando la violencia procede de los trabajadores, de las masas explotadas contra los explotadores, entonces sí, entonces somos partidarios de esa violencia! (Clamorosos aplausos.) Y no nos turban lo más mínimo los chillidos de quienes, consciente o inconscientemente, están al lado de la burguesía o se encuentran tan atemorizados por ella, tan oprimidos por su dominación, que al ver ahora esta lucha de clases, de un enconamiento inusitado, se desconciertan, lloran, olvidan todas sus premisas y exigen de nosotros lo imposible: exigen que nosotros, socialistas, alcancemos la victoria completa sin luchar contra los explotadores, sin sofocar su resistencia.
p Los señores explotadores comprendieron ya en el verano de 1917 que se trataba de "las batallas finales y decisivas”, que el último baluarte de la burguesía, esta fuente principal y fundamental de opresión de las masas trabajadoras, les sería arrancado de las manos si los Soviets tomaban el poder.
p De ahí que la Revolución de Octubre haya iniciado esta lucha sistemática y firme para que los explotadores cesen su resistencia y para que, por difícil que les resulte incluso a los mejores de ellos, se avengan a la idea de que se ha terminado la dominación de las clases 567 explotadoras, de que desde ahora mandará el mujik sencillo y ellos deberán obedecerle: por muy desagradable que les resulte, tendrán que hacerlo.
p Esto costará muchas dificultades, sacrificios y errores, es una cosa nueva, sin precedente en la historia, que no puede leerse en los libros. Se sobrentiende que se trata de la transición más grandiosa y difícil que conoce la historia, pero de otro modo habría sido imposible realizar esa gran transición. Y la circunstancia de que en Rusia se haya creado el Poder soviético ha demostrado que la propia masa revolucionaria es la más rica en experiencia revolucionaria —cuando en ayuda de unas cuantas decenas de hombres del partido acuden millones—, que toma por el cuello, de una manera práctica, a sus explotadores.
p De ahí que actualmente haya prevalecido en Rusia la guerra civil. Se lanza contra nosotros la consigna de "¡Que desaparezca la guerra civil!" Tuve ocasión de oírselo a los representantes de la derecha de la llamada Asamblea Constituyente. Que desaparezca la guerra civil... ¿Qué significa eso? ¿La guerra civil contra quién? ¿Contra Kornílov, Kerenski y Riabushinski, que gastan millones en sobornar a desclasados y funcionarios? ¿Contra los saboteadores que, consciente o inconscientemente, lo mismo da, aceptan ese soborno? Es indudable que entre los últimos hay gente atrasada, que acepta eso inconscientemente porque no puede imaginarse que sea posible y necesario destruir hasta los cimientos el anterior régimen burgués y empezar a construir sobre sus ruinas la sociedad socialista, completamente nueva. Es indudable que esa gente existe; pero ¿cambian por ello las circunstancias?
p De ahí que los representantes de las clases poseedoras se lo jueguen todo a una carta, de ahí que éstas sean para ellos las batallas finales y decisivas y no se detengan ante ningún crimen con tal de demoler el Poder soviético. ¿Es que toda la historia del socialismo, en particular del socialismo francés, tan rica en afanes revolucionarios, no nos enseña que cuando las propias masas trabajadoras toman en sus manos el poder, las clases dirigentes recurren a crímenes y fusilamientos inauditos en cuanto se trata de proteger sus propias cajas de caudales? Y cuando esa gente nos habla de guerra civil, les contestamos con una sonrisa; y cuando llevan su consigna a los medios de la juventud estudiantil, les decimos: ¡los engañáis!
p La lucha de clases no ha llegado por casualidad a su última forma, en la que la clase de los explotados toma en sus manos todos los medios de poder para aniquilar definitivamente a su enemigo de clase, la burguesía, y barrer de la faz de la tierra rusa no sólo a los funcionarios, sino también a los terratenientes, como los han barrido los campesinos rusos en algunas provincias.
568p Se nos dice que el sabotaje que ha encontrado el Consejo de Comisarios del Pueblo entre los funcionarios y terratenientes demuestra la falta de deseo de ir al encuentro del socialismo. ¡Como si no hubiera estado claro que toda esa banda de capitalistas y truhanes, desclasados y saboteadores no es más que una banda, sobornada por la burguesía, eme opone resistencia al poder de los trabajadores! Naturalmente, quienes pensaban que se podía saltar de golpe del capitalismo al socialismo o quienes creían posible convencer a la mayoría de la población de que podría conseguirse eso por medio de la Asamblea Constituyente; quienes creían ese cuento democrático burgués, pueden seguir creyéndolo con toda tranquilidad, pero que no culpen a la vida si ésta lo hace trizas.
p Quienes han comprendido lo que es la lucha de clases, lo que significa el sabotaje organizado por los funcionarios, saben que no podemos saltar al socialismo de la noche a la mañana. Quedan aún burgueses, capitalistas, que tienen la esperanza de recuperar su dominación y defienden sus cajas de caudales; quedan aún desclasados, un sector de gente venal, completamente aplastados por el capitalismo y que no saben elevarse hasta las ideas de la lucha proletaria. Quedan aún empleados, funcionarios, que piensan que los intereses de la sociedad consisten en defender el viejo régimen. ¿Cómo es posible imaginarse el triunfo del socialismo de otro modo que no sea la bancarrota total de esos sectores, el hundimiento pleno de la burguesía tanto rusa como europea? ¿No pensaremos que los señores Riabushinski no comprenden sus intereses de clase? Son ellos quienes pagan a los saboteadores para que no trabajen. ¿O es que actúan por separado? ¿No actúan conjuntamente con los capitalistas franceses, ingleses y norteamericanos, comprando valores? Ya veremos, sin embargo, si les ayudan mucho esas compras y no resulta que los montones de valores que compran ahora se conviertan en el más nulo e inservible papel viejo.
p He ahí por qué, camaradas, respondemos a todos los reproches y acusaciones de terror, dictadura y guerra civil, aunque estamos muy lejos aún de haber llegado al verdadero terror, porque somos más fuertes que ellos—tenemos los Soviets y nos bastará con la nacionalización de los bancos y la confiscación de los bienes para someterlos a la obediencia—; he ahí por qué respondemos a todas las acusaciones de guerra civil, diciendo: Sí, hemos proclamado públicamente lo que no ha podido proclamar ningún gobierno.
p El primer gobierno en el mundo que puede hablar sin tapujos de guerra civil es el gobierno de las masas de obreros, campesinos y soldados. Sí, hemos iniciado y hacemos la guerra contra los explotadores. Cuanto más francamente lo digamos, con tanta mayor rapidez terminará esta guerra, con tanta mayor rapidez nos 569 comprenderán todas las masas trabajadoras y explotadas, comprenderán que el Poder soviético está efectuando de verdad la obra entrañable de todos los trabajadores.
p No creo, camaradas, que podamos lograr pronto la victoria en esta lucha, pero tenemos una riquísima experiencia: en el transcurso de dos meses hemos conseguido mucho. Hemos vivido el intento de ofensiva de Kerenski contra el Poder soviético y el rotundo fracaso de ese intento; hemos vivido la organización del poder de los Kerenski ucranios; la lucha aún no ha terminado allí, pero para cuantos la observan, para cuantos han escuchado, aunque sólo sea, unos informes veraces de los representantes del Poder soviético, está claro que los elementos burgueses de la Rada ucrania están viviendo sus últimos días. (Aplauso s.) Es imposible dudar lo más mínimo de la victoria del Poder soviético de la República Popular Ucrania sobre la Rada burguesa ucrania.
p ¿Y la lucha contra Kaledin? En ella, en efecto, todo se basa en la explotación de los trabajadores, en la dictadura burguesa, si es que existe alguna base social contra el Poder soviético. El Congreso Campesino ha demostrado con toda evidencia que la causa de Kaledin carece de porvenir, que las masas trabajadoras están contra él. La experiencia del Poder soviético, la propaganda con hechos, con el ejemplo de las organizaciones soviéticas, se impone; y el apoyo interno de Kaledin en el Don se desploma ahora no tanto desde fuera como desde dentro.
p De ahí que, al echar un vistazo al frente de la guerra civil en Rusia, podamos decir con toda seguridad: en este terreno, la victoria del Poder soviético es plena y está asegurada por completo. Y la victoria de este Poder soviético, camaradas, se consigue porque, desde el primer momento, empezó a convertir en realidad los preceptos tradicionales del socialismo, apoyándose en las masas de modo consecuente y decidido, considerando una tarea propia despertar a la vida activa e incorporar a la obra creadora socialista a los sectores más oprimidos y esclavizados de la sociedad. De ahí que el viejo ejército, el ejército del amaestramiento cuartelero y cíe las torturas a los soldados, haya desaparecido para siempre. Ha sido condenado a la demolición y no ha quedado de él piedra sobre piedra. (Aplausos.) La democratización completa del ejército ha sido realizada.
p Me permitiré contaros un caso que me ocurrió. Fue en un coche del ferrocarril de Finlandia, en el que tuve ocasión de escuchar una conversación entre varios finlandeses y una anciana. Yo no pude participar en la conversación, pues desconocía el finlandés; pero un finlandés se dirigió a mí y me dijo: "¿Sabe usted qué cosa más original ha dicho esta anciana? Ha dicho: Ahora no hay que temer al 570 hombre del fusil. Cuando estuve en el bosque encontré al hombre del fusil, y en vez de quitarme mi leña, me dio más".
p “(uando oí eso me dije: no importa que centenares de periódicos, se llamen como se llamen—socialistas, casi socialistas, etc.—, no importa que centenares de voces extraordinariamente fuertes nos griten: “dictadores”, “opresores” y otras palabras semejantes. Sabemos que entre las masas populares se alza hoy otra voz. Las masas se dicen: ahora no hay que temer al hombre del fusil, pues defiende a los trabajadores y será implacable en el aniquilamiento de la dominación de los explotadores. (Aplausos.) Eso es lo que ha sentido el pueblo y por eso es invencible la agitación que realizan gentes sencillas, sin instrucción, al decir que los guardias rojos dirigen toda su fuerza contra los explotadores. Esta agitación llegará a millones y decenas de millones de seres y hará firmemente lo que la Comuna francesa del siglo XIX empezó a hacer, pero hizo sólo durante un breve período, porque fue reprimida por la burguesía: creará el Ejército Rojo socialista, al que han tendido todos los socialistas, realizará el armamento general del pueblo. Creará nuevos cuadros de la Guardia Roja, que brindarán la posibilidad de educar a las masas trabajadoras para la lucha armada.
p Si se decía de Rusia que no podría combatir porque carecería de oficiales, no debemos olvidar lo que decían esos mismos oficiales burgueses al observar a los obreros que luchaban contra Kerenski y Kaledin: "Sí, esos guardias rojos no valen para nada técnicamente; pero si esos hombres aprendieran un poco, tendrían un ejército invencible”. Porque, por vez primera en la historia de la lucha mundial, han entrado en el ejército elementos que no poseen conocimientos oficiales, pero que se sienten impelidos por las ideas de la lucha por conseguir la emancipación de los explotados. Y cuando quede terminada la obra que hemos iniciado, la República Soviética de Rusia será invencible. (Aplausos.)
p Camaradas: Este camino que ha recorrido el Poder soviético en cuanto al ejército socialista se refiere, lo ha recorrido también en relación con otro instrumento de las clases dominantes, aún más sutil y más complejo. Me refiero al tribunal burgués, que se presentaba como defensor del orden, pero que era en realidad un instrumento ciego y sutil para reprimir sin piedad a los explotados y defender los intereses de la caja de caudales. El Poder soviético procedió como le habían legado que procediera todas las revoluciones proletarias: lo demolió en el acto. Que griten cuanto quieran, diciendo que en vez de reformar el viejo tribunal lo entregamos en el acto a la demolición. Con ello desbrozamos el camino para el auténtico tribunal popular, y no tanto por la fuerza de la represión como por el ejemplo de las masas y la autoridad de los trabajadores, sin 571 formalismos. El tribunal, que era antes un instrumento de explotación, ha sido transformado por nosotros en un instrumento de educación sobre las firmes bases de la sociedad socialista. No cabe la menor duda de que no podemos recibir de golpe semejante sociedad.
p Tales son los pasos principales que ha dado el Poder soviético, siguiendo el camino que trazara toda la experiencia de las más grandiosas revoluciones populares en el mundo entero. No ha habido una sola revolución en la que las masas trabajadoras no empezaran a dar pasos por ese camino para crear el nuevo poder del Estado. Lamentablemente, no hicieron más que empezar, pero no pudieron llevar la obra hasta el fin, no consiguieron crear el nuevo tipo de poder del Estado. Nosotros lo hemos creado: en nuestro país es ya realidad la República Socialista de los Soviets.
p No me hago ilusiones en cuanto al hecho de que apenas hemos iniciado el período de transición al socialismo, de que no hemos llegado aún al socialismo. Pero tendréis razón si decís que nuestro Estado es una República Socialista de los Soviets. Tendréis la misma razón que quienes llaman democráticas a muchas repúblicas burguesas de Occidente, aunque todo el mundo sabe que ni una sola de las repúblicas más democráticas es plenamente democrática. Esas repúblicas conceden trochos de democracia, reducen en minucias los derechos de los explotadores, pero las masas trabajadoras están en ellas tan oprimidas como en todas partes. Y, sin embargo, decimos que el régimen burgués representa tanto las viejas monarquías como las repúblicas constitucionales.
p En la misma situación nos encontramos nosotros ahora. Estamos lejos incluso de haber terminado el período de transición del capitalismo al socialismo. Jamás nos hemos dejado engañar por la esperanza de que podríamos terminarlo sin la ayuda del proletariado internacional, famas nos hemos equivocado en esta cuestión y sabemos cuan difícil es el camino que lleva del capitalismo al socialismo; pero estamos en el deber de decir que nuestra República de los Soviets es socialista porque hemos emprendido ese camino, y estas palabras no serán vanas.
p Hemos iniciado muchas medidas que socavan la dominación de los capitalistas. Sabemos que nuestro poder debía unir la labor de todas las instituciones con un principio único y ese principio lo expresamos con las siguientes palabras: "Queda proclamada en Rusia la República Socialista de los Soviets”. (Aplausos.) Eso será una verdad, que se asienta en lo que deberemos hacer y hemos empezado ya a hacer: será la mejor unificación de toda nuestra actividad, la proclamación de su programa, un llamamiento a los trabajadores v explotados de todos los países, que desconocen en absoluto qué es el socialismo o—lo que es peor—entienden por 572 socialismo la bazofia de reformas burguesas de Chernov y Tsereteli, que hemos probado y experimentado en el transcurso de diez meses de revolución, convenciéndonos de que es una falsificación, pero no el socialismo.
p Esa es la causa de que las “libres” Inglaterra y Francia hayan recurrido a todos los medios para impedir durante los diez meses de nuestra revolución la entrada de un solo número de los periódicos bolcheviques y eseristas de izquierda. Debieron proceder de esa manera porque veían ante sí en todos los países una masa de obreros y campesinos que captaban instintivamente cuanto hacían los obreros rusos. Porque no había ni una sola reunión en la que no se acogieran con tempestades de aplausos las noticias acerca de la revolución rusa y la consigna del Poder de los Soviets. Las masas trabajadoras y explotadas han entrado ya por doquier en contradicción con las altas esferas de sus partidos. Este viejo socialismo de altas esferas no ha sido enterrado todavía, como Chjeídze y Tsereteli en Rusia, pero ha sido matado ya en todos los países del mundo, está ya muerto.
p Y frente a ese viejo régimen burgués se alza ya el nuevo Estado: la República de los Soviets, la república de las clases trabajadoras y explotadas, que derriban los viejos tabiques burgueses. Se han creado nuevas formas de Estado, que han permitido reprimir a los explotadores, sofocar la resistencia de este puñado minúsculo, fuerte por la caja de caudales de que disponía ayer y por la reserva de conocimientos que tenía ayer. Ellos transforman sus conocimientos —los del profesor, el maestro y el ingeniero—en un instrumento de explotación de los trabajadores, diciendo: Quiero que mis conocimientos sirvan a la burguesía; de otro modo, no trabajaré. Pero su poder se ha visto quebrantado por la revolución obrera y campesina, y frente a ellos surge un Estado en el que las propias masas eligen libremente a sus representantes.
p Precisamente ahora podemos decir que tenemos de veras una organización del poder que muestra con claridad el paso a la supresión completa de todo poder, de todo Estado. Eso será posible cuando no quede ni rastro de la explotación, es decir, en la sociedad socialista.
p Me referiré ahora brevemente a las medidas que ha comenzado a aplicar el Gobierno soviético socialista de Rusia. La nacionalización de los bancos fue una de las primeras medidas orientadas no sólo a barrer a los latifundistas de la faz de la tierra rusa, sino también a cortar de raíz la dominación de la burguesía y la posibilidad de que el capital oprima a millones y decenas de millones de trabajadores. Los bancos son importantes centros de la economía capitalista contemporánea. En ellos se concentran riquezas inauditas y se distribuyen por todo el inmenso país, en ellos convergen los nervios de toda la vida 573 capitalista. Estos sutiles y complicados órganos han crecido durante siglos, y contra ellos enfiló sus primeros golpes el Poder soviético, que chocó al comienzo con una encarnizada resistencia en el Banco del Estado. Mas esta resistencia no detuvo al Poder soviético. Conseguimos lo fundamental en la organización del Banco del Estado y eso fundamental está hoy en manos de los obreros y los campesinos. Y de estas medidas fundamentales, que será preciso elaborar aún durante mucho tiempo, pasamos a apoderarnos de los bancos privados.
p No procedimos como habrían recomendado, sin duda, los conciliadores: primero, esperar a la Asamblea Constituyente; después, quizá, confeccionar un proyecto de ley y presentarlo a la Asamblea Constituyente, informando así de nuestros propósitos a los señores burgueses para que encontraran una escapatoria que les permitiese desembarazarse de cosa tan desagradable; y, tal vez, atraérnoslos para que nos hicieran compañía y crear entonces leyes estatales: eso habría sido un "acto de Estado".
p Eso habría sido la anulación del socialismo. Nosotros procedimos sin ceremonias. No temimos los reproches de la gente “instruida” o, más exactamente, de los partidarios ignorantes de la burguesía, que trafican con los restos de sus conocimientos, y dijimos: tenemos obreros y campesinos armados, que deben ocupar hoy por la mañana todos los bancos privados. (Aplausos.) Y cuando lo hayan hecho, cuando el poder se encuentre ya en nuestras manos, sólo después de eso discutiremos las medidas a adoptar. Los bancos fueron ocupados por la mañana; y por la tarde, el Comité Ejecutivo Central aprobó una disposición: "Los bancos son declarados propiedad nacional”. Se efectuó así la estatificación, la socialización de la Banca, su transferencia al Poder soviético.
p Ninguno de los nuestros se imaginaba que un mecanismo tan ingenioso y delicado como el de la Banca, desarrollado durante siglos de las entrañas del sistema capitalista de economía, pudiera ser demolido o transformado en unos cuantos días. Jamás hemos afirmado eso. Y cuando los sabios o seudosabios movían la cabeza y se dedicaban a hacer profecías, nosotros les decíamos: Pueden ustedes profetizar lo que quieran. Nosotros conocemos un solo camino cíe la revolución proletaria: tomar las posiciones enemigas, aprender en la práctica, en los propios errores, a ejercer el poder. No empequeñecemos lo más mínimo las dificultades de nuestro camino, pero hemos hecho ya lo fundamental. Ha sido minada la fuente de las riquezas capitalistas en lo que se refiere a su distribución. Después de eso ha sido un paso fácil en extremo anular los empréstitos del Estado y derrocar el yugo financiero. El paso a la confiscación de las fábricas después del control obrero ha sido también absolutamente 574 fácil. Cuando se nos acusaba de que al implantar el control obrero fraccionábamos la producción en talleres aislados, rechazábamos ese absurdo. Al implantar el control obrero sabíamos que habría de pasar bastante tiempo antes de que se extendiera a toda Rusia, pero queríamos demostrar que reconocíamos un solo camino: las transformaciones desde abajo para que los propios obreros colocasen los nuevos cimientos de las condiciones económicas. Y eso requiere no poco tiempo.
p Del control obrero pasamos a la formación del Consejo Superior de Economía Nacional. Sólo esta medida, junto a la nacionalización de los bancos y de los ferrocarriles, que se efectuará en los días próximos, nos permitirá emprender la creación de la nueva economía socialista. Conocemos muy bien las dificultades de nuestra obra, pero afirmamos que sólo es socialista de verdad quien emprende esa tarea confiando en la experiencia y el instinto de las masas trabajadoras. Cometerán muchos errores, pero lo fundamental está hecho. Saben que, al dirigirse.al Poder soviético, encontrarán sin falta apoyo contra los explotadores. Ni una sola medida que facilite su trabajo deja de ser respaldada plena y totalmente por el Poder soviético. El Poder soviético no lo sabe todo, no puede llegar a tiempo a todo y se ve obligado a cada paso a afrontar tareas difíciles. Se envía con mucha frecuencia al gobierno delegaciones de obreros y campesinos que preguntan cómo deben proceder, por ejemplo, con estas o aquellas tierras. Y yo mismo me he encontrado a menudo en situaciones embarazosas al ver que no tenían un punto de vista muy definido. Y yo les decía: sois el poder, haced todo lo que deseéis hacer, tomad todo lo que os haga falta, os apoyaremos; pero preocupaos de la producción, preocupaos de que la producción sea útil. Pasad a los trabajos útiles, cometeréis errores, pero aprenderéis. Y los obreros han empezado ya a aprender, han empezado ya a luchar contra los saboteadores. Hay quienes han hecho de la instrucción una barrera que impide a los trabajadores avanzar; esa barrera será derribada.
p Es indudable que la guerra corrompe a la gente tanto en la retaguardia como en el frente, pagando por encima de toda norma a quienes trabajan para ella, atrayendo a cuantos se ocultan de ella, a los elementos desclasados y semidesclasados, imbuidos de un solo deseo: "sacar tajada" y largarse. Pero debemos expulsar, alejar a esos elementos—lo peor que ha quedado del viejo régimen capitalista y que transfieren todas sus viejas lacras—e incluir en las empresas fabriles a todos los mejores elementos proletarios para crear con ellos las células de la futura Rusia socialista. Esta medida no es fácil, implica muchos conflictos, roces y choques. Y nosotros, el Consejo de Comisarios del Pueblo, y yo personalmente, hemos 575 tenido que enfrentarnos con sus quejas y amenazas, pero sin perder la serenidad, sabiendo que tenemos ahora un juez al que apelar. Ese juez son los Soviets de diputados obreros y soldados. (Aplausos.) El fallo de ese juez es inapelable, confiamos siempre en él.
p El capitalismo divide adrede a los obreros para unir con la burguesía a un puñado insignificante de las altas esferas de la clase obrera: los choques con ellas serán inevitables. Sin lucha no llegaremos al socialismo. Pero estamos prestos a la lucha, la hemos iniciado y la llevaremos hasta el fin con ayuda del instrumento que se llama Soviets. Si sometemos al veredicto del tribunal de los Soviets de diputados obreros y soldados los conflictos que surjan, cualquier problema será resuelto con facilidad. Porque por muy fuerte que sea el grupo de obreros privilegiados, cuando se les coloque ante la representación de todos los obreros, ese tribunal, lo repito, será para ellos inapelable. Semejante regulación no hace más que empezar. Los obreros y los campesinos no tienen todavía confianza suficiente en sus propias fuerzas, están demasiado habituados, a consecuencia de la tradición secular, a esperar indicaciones desde arriba. No se han acostumbrado aún por entero a que el proletariado es la clase dominante; entre ellos hay todavía elementos atemorizados y deprimidos, que se imaginan que deben pasar por la abominable escuela de la burguesía. Este prejuicio burgués, el más repulsivo de todos, es el que más se ha mantenido, pero está desapareciendo ya y desaparecerá definitivamente. Y estamos convencidos de que cada paso del Poder soviético destacará en creciente número hombres y mujeres libres por completo del viejo prejuicio burgués de que el obrero y el campesino sencillos no pueden administrar el Estado. ¡Pueden y aprenderán a hacerlo si se ponen a ello! (Aplausos.)
p La tarea de organización consistirá precisamente en promover dirigentes y organizadores de entre las masas populares. Esta labor inmensa y gigantesca está planteada hoy a la orden del día. No podría siquiera pensarse en cumplirla si no existiera el Poder soviético, este aparato selector que puede promover a los hombres.
p Tenernos una ley del Estado sobre el control; pero tenemos también algo incluso más valioso: los intentos del proletariado de concertar acuerdos con las organizaciones de fabricantes para asegurar a los obreros la dirección de ramas enteras de la industria. Los obreros curtidores han empezado ya a preparar un acuerdo de ese carácter y casi lo han concertado con la Sociedad de Fabricantes del Ramo de la Piel de toda Rusia. Yo concedo una importancia particularmente grande a estos acuerdos’"^^2^^, pues revelan que entre los obreros crece la conciencia de su propia fuer/a.
p Camaradas: En mi informe no me he referido a problemas delicados y difíciles en grado sumo—los problemas de la paz y del 576 abastecimiento—porque figuran como puntos aparte en el orden del día y serán discutidos especialmente.
p En mi corto informe me he señalado el objetivo de mostrar qué idea tenemos el Consejo de Comisarios del Pueblo y yo de la historia de lo que hemos vivido en estos dos meses y medio, cómo se ha formado la correlación de las fuerzas de clase en este nuevo período de la revolución rusa, cómo se ha formado el nuevo poder del Estado y qué tareas sociales tiene planteadas.
p Rusia ha emprendido la vía certera de la realización del socialismo: la nacionalización de los bancos, la entrega de toda la tierra, íntegramente, a las masas trabajadoras. Conocemos muy bien las dificultades que nos esperan, pero la comparación con las revoluciones anteriores nos convence de que alcanzaremos éxitos gigantescos y de que seguimos un camino que asegura la victoria completa.
p Y con nosotros marcharán las masas de los países más avanzados, divididos por la guerra de rapiña, cuyos obreros han cursado una escuela más larga de democratización. Cuando se nos pintan las dificultades de nuestra obra, cuando se nos dice que el triunfo del socialismo sólo es posible a escala mundial, vemos en ello únicamente un intento, condenado al fracaso de modo singular, de la burguesía y de sus partidarios voluntarios e involuntarios de tergiversar la verdad más indiscutible. Naturalmente, la victoria definitiva del socialismo en un solo país es imposible. Nuestro destacamento de obreros y campesinos, que apoya al Poder soviético, es uno de los destacamentos del ejército universal fraccionado hoy por la guerra mundial; pero ese ejército tiende a la unificación, y cada noticia, cada fragmento de los informes sobre nuestra revolución y cada nombre son acogidos por el proletariado con una tempestad de aplausos de simpatía, pues saben que en Rusia se está haciendo su obra común: la obra de la insurrección del proletariado, de la revolución socialista internacional. El ejemplo vivo, el inicio práctico de la obra en un país cualquiera es más eficaz que todas las proclamas y conferencias: eso es lo que enardece a las masas trabajadoras en todos los países.
p Si la huelga de octubre de 1905—aquellos primeros pasos de la revolución victoriosa—se desplazó en el acto a Europa Occidental y suscitó entonces, en 1905, un movimiento de los obreros austríacos; si ya entonces vimos en la práctica lo que vale el ejemplo de la revolución, la acción de los obreros en un país, ahora vemos que la revolución socialista madura en todos los países no por días, sino por horas.
p Si cometemos errores y equivocaciones, si en nuestro camino se producen roces, no es eso lo que tiene importancia para ellos; lo importante es nuestro ejemplo, eso es lo que les une y les hace decir: marcharemos juntos y venceremos, pese a todo. (Aplausos.) Los grandes fundadores del socialismo, Marx y Engels, que 577 durante varios decenios observaron el desarrollo del movimiento obrero y el avance de la revolución socialista mundial, vieron claro que el paso del capitalismo al socialismo requiriría un alumbramienio largo y doloroso, un largo período de dictadura del proletariado, la demolición de todo lo viejo, la destrucción implacable de todas las formas de capitalismo y la colaboración de los obreros de tocios los países, quienes deberían aunar lodos sus esfuerzos para asegurar la victoria hasta el fin. Dijeron ellos une, a fines del siglo XIX, las cosas irían de tal modo que "el francés comenzará la obra, y el alemán la llevará a cabo"^^2^^"^^3^^; el francés debía comenzar, porque durante decenios de revolución había adquirido la abnegada iniciativa de la acción revolucionaria que le hizo ser la vanguardia de la revolución socialista.
p Ahora vemos otra combinación de fuerzas del socialismo internacional. Decimos que el movimiento empieza con menos dificultades en los países que no figuran entre los Estados explotadores, los cuales pueden desvalijar con mayor facilidad y pueden sobornar a las capas superiores de sus obreros. Esos partidos seudosocialistas, casi todos ministrables, esos partidos de los Chernov y los Tsereteli de Europa Occidental no hacen nada y carecen de bases firmes. Hemos visto el ejemplo de Italia, hemos observado estos días la lucha heroica de los obreros austríacos contra los buitres imperialistas^^204^^. No importa que los buitres consigan incluso detener el movimiento por algún tiempo: es imposible hacerlo cesar por completo, pues es invencible.
p El ejemplo de la República de los Soviets se alzará ante ellos durante mucho tiempo. Nuestra República Socialista de los Soviets se mantendrá firme, como antorcha del socialismo internacional y ejemplo para todas las masas trabajadoras. Allá, pendencias, guerra, derramamiento de sangre, sacrificios de millones de seres, explotación por el capital; aquí, la verdadera política de paz y la República Socialista de los Soviets.
p Las cosas resultaron de modo distinto a como lo esperaban Marx y Engels, concediéndonos a las clases trabajadoras y explotadas de Rusia el honroso papel de vanguardia de la revolución socialista internacional, y ahora vemos claro cuan lejos irá el desarrollo de la revolución; ha comenzado la obra el ruso, la llevarán a cabo el alemán, el francés y el inglés, y triunfará el socialismo. (A p 1 a u so s.)
p l’iiblirtido los días 12. 13, 1 t y 20 de enera de 1918 en los ntims. tí, 9, lOy í/> de "Iiveslio del CKC": los dina 26 (/.’i). 27 (14) de enero, 2de febrero (20 de enero) de 1918 en los iiúms. 9, ¡O y ¡5 del periódico "1’rnt’dn".
Notes
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