PRIMERA CARTA
LA PRIMERA ETAPA DE LA PRIMERA REVOLUCIÓN
p La primera revolución, engendrada por la guerra imperialista mundial, ha estallado. Seguramente, esta primera revolución no será la última.
p A juzgar por los escasos datos de que se dispone en Suiza, la primera etapa de esta primera revolución, .concretamente la revolución rusa del 1 de marzo de 1917, ha terminado. Seguramente, esta primera etapa no será la última de nuestra revolución.
p ¿Cómo ha podido producirse el “milagro” de que sólo en 8 días—según ha afirmado el señor Miliukov en su jactancioso telegrama a todos los representantes de Rusia en el extranjero—se haya desmoronado una monarquía que se había mantenido a lo largo de siglos y que se mantuvo, pese a todo, durante tres años —1905-1907—de gigantescas batallas de clases en las que participó todo el pueblo?
p Ni en la naturaleza ni en la historia se producen milagros, pero todo viraje brusco de la historia, incluida cualquier revolución, ofrece un contenido tan rico, desarrolla combinaciones tan inesperadas y originales de formas de lucha y de correlación de las fuerzas en pugna, que muchas- cosas deben parecer milagrosas a la mentalidad pequeñoburguesa.
p Para que la monarquía zarista pudiera desmoronarse en unos días, fue precisa la conjugación de varias condiciones de importancia histórica universal. Indiquemos las principales.
p Sin los tres años de formidables batallas de clases, sin la energía revolucionaria desplegada por el proletariado ruso en 1905-1907, hubiera sido imposible una segunda revolución tan rápida, en el sentido de que ha culminado su etapa inicial en unos cuantos días. La primera revolución (1905) removió profundamente el terreno, arrancó de raíz prejuicios seculares, despertó a la vida política y a la lucha política a millones de obreros y a decenas de millones de campesinos, reveló a cada clase y al mundo entero el verdadero carácter de todas las clases (y todos los principales partidos) de la sociedad rusa, la verdadera correlación de sus intereses, sus fuerzas, sus modos de acción, sus objetivos inmediatos y 24 posteriores. La primera revolución y la época de contrarrevolución que le siguió (1907-1914) pusieron al desnudo la verdadera naturaleza de la monarquía zarista, llevaron ésta a su "último extremo”, descubrieron toda su putrefacción, toda la ignominia, todo el cinismo y todo el libertinaje de la banda zarista con el monstruo de Rasputin a la cabeza; descubrieron toda la ferocidad de la familia de los Románov, esos pogromistas que anegaron Rusia en sangre de judíos, de obreros, de revolucionarios, esos terratenientes, "los primeros entre sus iguales”, poseedores de millones de deciatinas de tierra y dispuestos a todas las atrocidades, a todos los crímenes, dispuestos a arruinar y a estrangular a no importa cuantos ciudadanos para resguardar la "propiedad sacrosanta" suya y de su clase.
p Sin la revolución de 1905-1907, sin la contrarrevolución de 1907-1914, habría sido imposible una “autodefinicien” tan precisa de todas las clases del pueblo ruso y de todos los pueblos que habitan en Rusia, la definición de la actitud de esas clases—de unas hacia otras y de cada una de ellas hacia la monarquía zarista—que se reveló durante los 8 días de la revolución de febrero-marzo de 1917. Esta revolución de 8 días fue “representada”, si puede permitirse la metáfora, como si se hubiera procedido con anterioridad a unos diez ensayos principales y secundarios; los “actores” se conocían, sabían sus papeles, sus puestos, conocían su situación a lo largo y a lo ancho, en todos los detalles, conocían hasta los menores matices de las tendencias políticas y de las formas de acción.
p Pero, para que la primera, la gran revolución de 1905, condenada como "una gran rebelión" por los señores Guchkov, Miliukov y sus acólitos, condujera a los doce años a la “brillante” y “gloriosa” revolución de 1917, que los Guchkov y los Miliukov declaran “gloriosa” porque les ha dado (por el momento) el poder, se precisaba, además, un "director de escena" grande, vigoroso, omnipotente y capaz, por una parte, de acelerar extraordinariamente la marcha de la historia universal, y, por otra, de engendrar crisis mundiales económicas, políticas, nacionales e internacionales de una fuerza inusitada. Aparte de una aceleración extraordinaria de la historia universal, se precisaban virajes particularmente bruscos de ésta para que en uno de ellos pudiera volcar, de golpe, la carreta de la sangrienta y enlodada monarquía de los Románov.
p Este "director de escena" omnipotente, este acelerador vigoroso ha sido la guerra imperialista mundial.
p Hoy ya no cabe duda de que la guerra es mundial, pues Estados Unidos y China están ya participando a medias en ella, y mañana lo harán totalmente.
25p Hoy ya no cabe duda de que la guerra es imperialista por ambas partes. Sólo los capitalistas y sus secuaces, los socialpatriotas y los socialchovinistas—o, aplicando en lugar de definiciones criticas generales nombres de políticos bien conocidos en Rusia—, sólo los Guchkov y los Lvov, los Miliukov y los Shingariov, de un lado, y, de otro, sólo los Gvózdiev, los Potrésov, los Chjenkeli, los Kerenski y los Chjeídze pueden negar o velar este hecho. Tanto la burguesía alemana como la burguesía anglo-francesa hacen la guerra para saquear otros países, para estrangular a los pequeños pueblos, para establecer su dominación financiera en el mundo, para proceder al reparto y redistribución de las colonias, para salvar, engañando y dividiendo a los obreros de los distintos países, el agonizante régimen capitalista.
p La guerra imperialista debía—ello era objetivamente inevitable—acelerar extraordinariamente y recrudecer de manera inusitada la lucha de clase del proletariado contra la burguesía, debía transformarse en una guerra civil entre las clases enemigas.
p Esta transformación ha comenzado con la revolución de febreromarzo de 1917, cuya primera etapa nos ha mostrado, en primer lugar, el golpe conjunto infligido al zarismo por dos fuerzas: toda la Rusia burguesa y terrateniente con todos sus acólitos inconscientes y con todos sus orientadores conscientes, los embajadores y capitalistas anglo-franceses, por una parte, y, por otra, el Soviet de diputados obreros, que ha empezado a ganarse a los diputados soldados y campesinos.
p Estos tres campos políticos, estas tres fuerzas políticas fundamentales que son: 1) la monarquía zarista, cabeza de los terratenientes feudales, cabeza de la vieja burocracia del generalato; 2) la Rusia burguesa y terrateniente de los octubristas^^2^^ y los demócratas constitucionalistas^^3^^, detrás de los cuales se arrastraba la pequeña burguesía (cuyos representantes más señalados son Kerenski y Chjeídze); 3) el Soviet de diputados obreros, que trata de hacer aliados suyos a todo el proletariado y a todos los sectores pobres de la población; estas tres fuerzas políticas fundamentales se han revelado con plena claridad, incluso en los 8 días de la "primera etapa”, incluso para un observador obligado a contentarse con los escuetos telegramas de los periódicos extranjeros y tan alejado de los sucesos como lo está quien escribe estas líneas.
p Pero antes de desarrollar esta idea, debo volver a la parte de mi carta consagrada al factor de mayor importancia: la guerra imperialista mundial.
p La guerra ha atado entre sí con cadenas de hierro a las potencias beligerantes, a los grupos beligerantes de capitalistas, a los “amos” del régimen capitalista, a los señores de la esclavitud capitalista. Un 26 amasijo sanguinolento: eso es la vida social y política del momento histórico que vivimos.
p Los socialistas que desertaron al campo de la burguesía en el comienzo de la guerra, todos esos David y Scheidemann en Alemania, los Plejánov, Potrésov, Gvózdiev y Cía. en Rusia, vociferaron largamente y a grito pelado contra las “ilusiones” de los revolucionarios, contra las “ilusiones” del Manifiesto de Basilea^^4^^, contra el "sueño-farsa" de la transformación de la guerra imperialista en guerra civil. Ensalzaron en todos los tonos la fuerza, la vitalidad, la facultad de adaptación reveladas, según ellos, por el capitalismo; ¡ellos, que han ayudado a los capitalistas a “adaptar”, domesticar, engañar y dividir a la clase obrera de los distintos países!
p Pero "quien ría el último, ríe mejor”. La burguesía no consiguió aplazar por largo tiempo la crisis revolucionaria engendrada por la guerra. Esta crisis se agrava con una fuerza irresistible en todos los países, empezando por Alemania, que sufre, según la expresión de un observador que la ha visitado recientemente, "un hambre genialmente organizada”, y terminando con Inglaterra y Francia, donde el hambre se acerca también y donde la organización es mucho menos “genial”.
p Es natural que la crisis revolucionaria estallara antes que en otras partes en la Rusia zarista, donde la desorganización era la más monstruosa y el proletariado el más revolucionario (no debido a sus cualidades singulares, sino a las tradiciones, aún vivas, del "año 1905”). Aceleraron esta crisis las durísimas derrotas sufridas por Rusia y sus aliados. Estas derrotas sacudieron todo el viejo mecanismo gubernamental y todo el viejo orden de cosas, enfurecieron contra él a todas las clases de la población, exasperaron al ejército, exterminaron a muchísimos de los viejos mandos, salidos de una nobleza rutinaria y de una burocracia extraordinariamente podrida, y los remplazaron con elementos jóvenes, nuevos, principalmente burgueses, raznochintsi^^5^^, pequeñoburgueses. Los lacayos descarados de la burguesía o los hombres simplemente faltos de carácter, que clamaban y vociferaban contra el “derrotismo”, se ven hoy ante el hecho de la ligazón histórica entre la derrota de la monarquía zarista, la más atrasada y bárbara, y el comienzo del incendio revolucionario.
p Pero si las derrotas al empezar la guerra desempeñaron el papel de un factor negativo, que aceleró la explosión, el vínculo entre el capital financiero anglo-francés, el imperialismo anglofrancés y el capital octubrista y democonstitucionalista de Rusia ha sido el factor que ha acelerado esta crisis, mediante la organización directa de un complot contra Nicolás Románov.
27p Por razones bien comprensibles, la prensa anglo-francesa silencia este aspecto, extraordinariamente importante, de la cuestión, mientras que ¡a prensa alemana lo subraya con maliciosa alegría. Nosotros, los marxistas, debemos mirar la verdad cara a cara, serenamente, sin dejarnos desconcertar por la mentira oficial, por la mentira diplomática y dulzarrona de los diplomáticos y de los ministros del primer grupo beligerante de imperialistas, ni por los guiños y las risitas burlonas de sus competidores financieros y militares del otro grupo beligerante. Todo el curso de los sucesos en la revolución de febrero-marzo muestra claramente que las embajadas inglesa y francesa, con sus agentes y sus “influencias”, que llevaban mucho tiempo haciendo los esfuerzos más desesperados para impedir los acuerdos " separados" y una paz separada entre Nicolás II (esperamos y haremos lo necesario para que sea el último) y Guillermo II, organizaron directamente un complot con los octubristas y los demócratas constitucionalistas, con parte del generalato y de la oficialidad del ejército, sobre todo, de la guarnición de San Petersburgo, para deponer a Nicolás Románov.
p No nos hagamos ilusiones. No incurramos en el error de quienes—como algunos miembros del “CO”^^6^^ o “mencheviques”^^7^^, que vacilan entre la posición de los Gvózdiev y los Potrésov y el internacionalismo, deslizándose con excesiva frecuencia hacia el pacifismo pequeñoburgués—están dispuestos a ensalzar el " acuerdo" entre el partido obrero y los demócratas constitucionalistas, el “apoyo” del primero a los últimos, etc. Esa gente, rindiendo tributo a su vieja y manoseada doctrina (que nada tiene de marxista), echa un velo sobre el complot tramado por los imperialistas anglo-franceses con los Guchkov y los Miliukov para destronar a Nicolás Románov, el "primer espadón”, y poner en su sitio a espadones más enérgicos, menos gastados, más capaces.
p Si la revolución ha triunfado tan rápidamente y de una manera tan radical—en apariencia y a primera vista—, es únicamente porque, debido a una situación histórica original en extremo, se fundieron, con “unanimidad” notable, corrientes absolutamente diferentes, intereses de clase absolutamente heterogéneos, aspiraciones políticas y sociales absolutamente opuestas. A saber: la conjuración de los imperialistas anglo-franceses, que empujaron a Miliukov, Guchkov y Cía. a adueñarse del poder para continuar la guerra imperialista, para continuarla con más encarnizamiento y tenacidad, para asesinar a nuevos millones de obreros y campesinos de Rusia a fin de dar Constantinopla... a los Guchkov, Siria... a los capitalistas franceses, Mesopotamia... a los capitalistas ingleses, etc. Esto de una parte. Y de otra parte, un profundo movimiento 28 proletario y de las masas del pueblo (todos los sectores pobres de la población de la ciudad y del campo), movimiento de carácter revolucionario, por el pan, la paz y la verdadera libertad.
p Sería necio hablar de “apoyo” por parte del proletariado revolucionario de Rusia al imperialismo democonstitucionalista y octubrista, “amasado” con dinero inglés y tan repugnante como el imperialismo zarista. Los obreros revolucionarios han estado demoliendo, han demolido ya en gran parte y seguirán demoliendo la ignominiosa monarquía zarista hasta acabar con ella, sin entusiasmarse ni inmutarse si en ciertos momentos históricos, de breve duración y de coyuntura excepcional, viene a ayudarles la lucha de Buchanan, Guchkov, Miliukov y Cía., con vistas a sustituir a un monarca por otro, ¡y preferiblemente por otro Románov!
p Las cosas han ocurrido así, y solamente así. Así, y solamente así, puede considerar las cosas el político que no teme la verdad, que sopesa con lucidez la correlación de las fuerzas sociales en la revolución, que aprecia cada "momento actual”, no sólo en todo lo que tiene de original en el instante dado, sino también desde el punto de vista de resortes más profundos, de una correlación más profunda de los intereses del proletariado y de la burguesía, tanto en Rusia como en todo el mundo.
p Los obreros de Petrogrado, lo mismo que los obreros de toda Rusia, han combatido con abnegación contra la monarquía zarista, por la libertad, por la tierra para los campesinos, por la paz, contra la matanza imperialista. El capital imperialista anglo-francés, para continuar e intensificar esta matanza, urdió intrigas palaciegas, tramó un complot con oficiales de la guardia, instigó y alentó a los Guchkov y a los Miliukov, tenía completamente formado un nuevo gobierno, que fue el que tomó el poder en cuanto el proletariado hubo asestado los primeros golpes al zarismo^^8^^.
p Este nuevo gobierno en el que los octubristas y los " renovadores pacíficos"^^9^^, Lvov y Guchkov, ayer cómplices de Stolypin el Verdugo, ocupan puestos de verdadera importancia, puestos cardinales, puestos decisivos, tienen en sus manos el ejército y la burocracia, este gobierno, en el que Miliukov y otros demócratas constitucionalistas figuran más que nada como adorno, como rótulo, para pronunciar melifluos discursos profesorales, y el “trudovique” Kerenski desempeña el papel de flauta para engañar a los obreros y a los campesinos, ese gobierno no es una agrupación accidental de personas.
p Son los representantes de una nueva clase llegada al poder político en Rusia, la clase de los terratenientes capitalistas y de la burguesía, que desde hace largo tiempo dirige económicamente nuestro país y que tanto durante la revolución de 1905-1907 como 29 durante la contrarrevolución de 1907-1914 y, finalmente, durante la guerra de 1914 a 1917—en este período con singular celeridad—, se ha organizado políticamente con extraordinaria rapidez, apoderándose de las administraciones locales, de la instrucción pública, de congresos de todo género, de la Duma”, de los comités de la industria de guerra^^12^^, etc. Esta nueva clase estaba ya "casi del todo" en el poder en 1917; por eso los primeros golpes han sido suficientes para que el zarismo se desmoronase, abandonando el campo a la burguesía. La guerra imperialista, al exigir una increíble tensión de fuerzas, aceleró a tal extremo el proceso de desarrollo de la Rusia atrasada, que, "de golpe"—en realidad aparentemente de golpe—, hemos alcanzado a Italia, a Inglaterra y casi a Francia, hemos obtenido un gobierno “parlamentario”, de "coalición”, “nacional” (es decir, adaptado para continuar la matanza imperialista y para engañar al pueblo).
p Al lado de este gobierno—que no es, en el fondo, más que un simple agente de las “firmas” de multimillonarios, "Inglaterra y Francia”, desde el punto de vista de la guerra presente—ha aparecido un gobierno obrero, el gobierno principal, no oficial, no desarrollado aún, relativamente débil, que expresa los intereses del proletariado y de todos los elementos pobres de la población de la ciudad y del campo. Este gobierno es el Soviet de diputados obreros de Petrogrado que busca ligazón con los soldados y con los campesinos, así como con los obreros agrícolas; como es natural, con éstos, sobre todo, más que con los campesinos.
p Tal es la verdadera situación política que nosotros debemos ante todo esforzarnos por establecer con la máxima precisión y objetividad, a fin de dar a la táctica marxista la única base sólida que ha de tener: los hechos.
p La monarquía zarista ha sido derrocada, pero todavía no ha sido rematada.
p El gobierno octubrista y democonstitucionalista, gobierno burgués, que quiere llevar la guerra imperialista "hasta el final”, es en realidad agente de la firma financiera "Inglaterra y Francia”, y se ve obligado a prometer al pueblo todas las libertades y todas las dádivas compatibles con el mantenimiento del poder sobre el pueblo y con la continuación de la matanza imperialista.
p El Soviet de diputados obreros es una organización obrera, es el embrión del gobierno obrero, representante de los intereses de todas las masas pobres de la población, es decir, de las nueve décimas partes de la población, que busca la paz, el pan y la libertad.
p La lucha de estas tres fuerzas determina la situación presente, que es el paso de la primera a la segunda etapa de la revolución.
p La contradicción entre la primera fuerza y la segunda no es 30 profunda, es una contradicción temporal, suscitada solamente por la coyuntura del momento, por un brusco viraje de los acontecimientos en la guerra imperialista. En el nuevo gobierno todos son monárquicos, pues el republicanismo verbal de Kerenski no es serio ni digno de un político; es, objetivamente, politiquería. Aún no había el nuevo gobierno asestado el golpe de gracia a la monarquía zarista, cuando ya estaba entrando en tratos con la dinastía de los terratenientes Románov. La burguesía octubrista y demócrata constitucionalista necesita la monarquía como cabeza de la burocracia y del ejército, para salvaguardar los privilegios del capital contra los trabajadores.
p Quien pretenda que los obreros deben apoyar al nuevo gobierno en nombre de la lucha contra la reacción del zarismo (y eso es lo que pretenden, por lo visto, los Potrésov, los Gvózdiev, los Chjenkeli y, también, pese a su posición evasiva, los Chjeídze), traiciona a los obreros, traiciona la causa del proletariado, la causa de la paz y de la libertad. Porque, de hecho, precisamente este nuevo gobierno ya está atado de pies y manos por el capital imperialista, por la política imperialista belicista, de rapiña; ya ha iniciado las transacciones (¡sin consultar al pueblo!) con la dinastía; ya se afana por restaurar la monarquía zarista; ya invita a un candidato a reyezuelo, a Mijaíl Románov; ya se preocupa de afianzar su trono, de sustituir la monarquía legítima (legal, basada en viejas leyes) por una monarquía bonapartista, plebiscitaria (basada en un sufragio popular amañado).
p ¡Para combatir realmente contra la monarquía zarista, para asegurar realmente la libertad, y no sólo de palabra, no en las promesas de los picos de oro de Miliukov y Kerenski, no son los obreros quienes deben apoyar al nuevo gobierno, sino este gobierno quien debe “apoyar” a los obreros! Porque la única garantía de la libertad y de la destrucción completa del zarismo es armar al proletariado, consolidar, extender, desarrollar el papel, la importancia y la fuerza del Soviet de diputados obreros.
p Todo lo demás son frases y mentiras, ilusiones de politiqueros del campo liberal y radical, maquinaciones fraudulentas.
p Ayudad al armamento de los obreros o, al menos, no lo estorbéis, y la libertad será invencible en Rusia, nadie conseguirá restaurar la monarquía, y la república se verá asegurada.
p De lo contrario, los Guchkov y los Miliukov restaurarán la monarquía y no harán nada, absolutamente nada, de lo que han prometido en cuanto a las “libertades”. Todos los politiqueros burgueses en todas las revoluciones burguesas han “alimentado” al pueblo y embaucado a los obreros con promesas.
p Nuestra revolución es burguesa, y por eso los obreros deben 31 apoyar a la burguesía, dicen los Potrésov, los Gvózdiev y los Chjeídze, como dijera ayer Plejánov.
p Nuestra revolución es burguesa, decimos nosotros, los marxistas, y por eso los obreros deben abrir los ojos al pueblo para que vea la mentira de los politiqueros burgueses y enseñarle a no creer en las palabras, a confiar únicamente en sus propias fuerzas, en su propia organización, en su propia unión, en su propio armamento.
p El gobierno de octubristas y demócratas constitucionalistas, de los Guchkov y los Miliukov, no puede dar al pueblo—aunque lo quisiera sinceramente (sólo niños de pecho pueden creer en la sinceridad de Guchkov y Lvov)—ni la paz, ni el pan, ni la libertad.
p La paz, porque es un gobierno de guerra, un gobierno de continuación de la matanza imperialista, un gobierno de rapiña que desea saquear Armenia, Galitzia, Turquía, conquistar Constantinopla, reconquistar Polonia, Curlandia, el país lituano, etc. Este gobierno está atado de pies y manos por el capital imperialista anglo-francés. El capital ruso no es más que una sucursal de la “firma” universal que maneja centenares de miles de millones de rublos y que se llama "Inglaterra y Francia".
p El pan, porque este gobierno es burgués. Cuanto más, dará al pueblo, como lo ha hecho Alemania, "un hambre genialmente organizada”. Pero el pueblo no querrá tolerar el hambre. El pueblo llegará a saber, y sin duda bien pronto, que hay pan y que se puede obtener, pero únicamente con medidas desprovistas de todo respeto hacia la santidad del capital y de la propiedad de la tierra.
p La libertad, porque este gobierno es un gobierno de terratenientes y capitalistas, que teme al pueblo y ha entrado ya en tratos con la dinastía de los Románov.
p En otro artículo trataremos de los objetivos tácticos de nuestra conducta inmediata respecto a este gobierno. Mostraremos en qué consiste la peculiaridad del momento actual, del paso de la primera a la segunda etapa de la revolución, y por qué la consigna, la "tarea del día”, en este momento debe ser: ¡Obreros! Habéis hecho prodigios de heroísmo proletario y popular en la guerra civil contra el zarismo. Tendréis que hacer prodigios de organización del proletariado y de todo el pueblo para preparar vuestro triunfo en la segunda etapa de la revolución.
p Limitándonos por el momento a analizar la lucha de clases y la correlación de fuerzas de clase en la etapa actual de la revolución, debemos plantear aún esta cuestión: ¿Quiénes son los aliados del proletariado en la presente revolución?
p Estos aliados son dos: en primer lugar, la amplia masa de los semiproletarios y, en parte, de los pequeños campesinos de Rusia, masa que cuenta con decenas de millones de hombres y constituye 32 la inmensa mayoría de la población. Esta masa necesita la paz, el pan, la libertad y la (ierra. Esta masa sufrirá inevitablemente cierta influencia de la burguesía, y sobre todo de la pequeña burguesía, a la que se acerca más por sus condiciones de existencia, vacilando entre la burguesía y el proletariado. Las duras lecciones de la guerra, que serán tanto más duras cuanto más enérgicamente sea hecha la guerra por Guchkov, Lvov, Miliukov y Cía., empujarán a esta masa inevitablemente hacia el proletariado, la obligarán a seguirle. Ahora debemos aprovechar la libertad relativa del nuevo régimen y los Soviets de diputados obreros para esforzarnos en ilustrar y organizar, sobre todo y por encima de todo, a esta masa. Los Soviets de diputados campesinos, los Soviets de obreros agrícolas, son una de las tareas más esenciales. No sólo nos esforzaremos por que los obreros agrícolas formen sus Soviets propios, sino también por que los campesinos pobres e indigentes se organicen separadamente de los campesinos acomodados. En la carta siguiente trataremos de las tareas especiales y de las formas especiales de la organización, cuya necesidad se impone hoy día con gran fuerza.
p En segundo lugar, aliado del proletariado ruso es el proletariado de todos los países beligerantes y de todos los países en general. Hoy este aliado se encuentra en gran medida abrumado por la guerra y sus portavoces son con excesiva frecuencia los socialchovinistas, que en Europa se han pasado, como Plejánov, Gvózdiev y Potrésov en Rusia, al campo de la burguesía. Pero cada mes de guerra imperialista ha ido liberando de su influencia al proletariado, y la revolución rusa acelerará infaliblemente este proceso en enormes proporciones.
p Con estos dos aliados, el proletariado puede marchar y marchará, aprovechando las particularidades del actual momento de transición, primero a la conquista de la república democrática y de la victoria completa de los campesinos sobre los terratenientes, en lugar de la semimonarquía guchkoviano-miliukoviana, y después al socialismo, pues sólo éste dará a los pueblos, extenuados por la guerra, la paz, el pan y la libertad.
p N. Lenin
p Escrita el 7 (20) de marzo de 1917.
p
Se publicó resumida el 21 y el 22 de
marzo de 1917 en los núms. 14 y 15 del
periódico “Pravda”.
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Apareció íntegra por vez primera en
1949 en la cuarta edición de las “Obras”
de V. I. Lenin, tomo 23.
Notes
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