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Capítulo IX
ESENCIA DE LA CRISIS
DEL PROBLEMA DE LA VERDAD
EN LA FILOSOFÍA IDEALISTA CONTEMPORÁNEA
 

p "...no se puede calcular correctamente cuando se lleva camino de perecer".
Lenin

p "¿Damos alcance a la verdad o reventamos los caballos?"
(Máxima oriental)

p El problema de la verdad se encuentra en el centro de la gnoseología. Es, por ello, natural que su planteamiento y solución puedan ser cabalmente comprendidos y explicados únicamente en el plano de las ideas y principios gnoseológicos determinantes, los más extendidos e influyentes en los correspondientes períodos histó ricos. El estado general de la crisis de la cosmovisión filosófica burguesa en la época actual conduce también inevitablemente a las crisis de las concepciones gnoseológicas. Sería más exacto aún llamarla crisis de los principios de la gnoseología idealista contemporánea, de sus principios de partida y determinantes que resultan teóricamente inválidos desde diversos puntos de vista y, ante todo, frente al proceso real del conocimiento cientí fico y de la práctica.

p A pesar de los esfuerzos creadores y la erudición científica de los gnoseólogos burgueses occidentales más notables del siglo XX, como son Husserl, Russel o Carnap, la concepción filosófica idealista dominante, la falta de un análisis dialéctico consecuente del proceso 229 cognoscitivo, la uuilateralidad y limitación metafísicas ocasionaron la crisis de las ideas y principios determinantes de la gnoseología idealista y de sus fundamentos metodológicos. Esta crisis se manifestó en la negación del papel y el significado de los principios de todas las principales escuelas gnoseológicas, precisamente como principios del conocimiento real y como bases de su desarrollo.

p El esquema lógico de este proceso es, en pocas palabras, como sigue: los principios del idealismo absoluto y de la gnoseología neokantiana — su negación en el empirismo y el realismo — la evolución del positivismo y la negación consecuente de sus diferentes principios — el irracionalismo y los principios teológicos del conocimiento, etc. — su negación objetiva por el contenido real del proceso del conocimiento científico.

p Al mismo tiempo, debemos señalar que las teorías y concepciones gnoseológicas de la filosofía occidental contemporánea abarcan un círculo bastante amplio de problemas. En ellos se plantean importantes cuestiones del análisis del proceso complejo y contradictorio del proceso cognoscitivo y, en una serie do casos, se apuntan algunas vías racionales para su solución.

p Entre las cuestiones citadas figuran las siguientes: sobre las formas y medios del conocimiento, sus posibilidades y límites; sobre los factores empíricos y los caminos del conocimiento empírico; sobre los componentes lógicos del proceso cognoscitivo y el papel de los métodos lógico-matemáticos del conocimiento; sobre la especificidad del pensamiento abstracto y sus leyes; sobre el sentido y significado de los idiomas artificiales y rialurales; sobre el "conocimiento básico" y los métodos de construcción de los sistemas científicos; sobre los lazos entre la filosofía y la ciencia, entre el pensamiento y el idioma, y otras muchas.

p Todas estas cuestiones, resultado de un cierto ví nculo con el proceso real del conocimiento, provienen de las raíces gnoseológicas de las formas respectivas de las concepciones filosóficas. Para una serie de gnoseólogos burgueses, aunque en general mantengan posiciones idealistas, es característico que su contacto directo con 230 las cuestiones de la ciencia y su historia los haya permitido, pese a todo, enunciar algunas tesis correctas tanto sobre problemas gnoseológicos especiales como sobre algunas cuestiones generales de la filosofía de la ciencia (B. Russel, H. Reichenbach, P. Frank, R. Carnap y K. Popper).

p No obstante todos estos momentos positivos, no deja de ser un hecho histórico el que ni una sola doctrina idealista ha sido capaz de explicar los procesos que transcurren en el desarrollo de la ciencia moderna; ninguna do ellas ha podido formular los principios teóricos generales y metodológicos de la interpretación adecuada de las teorías científicas. Con el desarrollo del conocimiento científico del mundo y con el progreso colosal de la ciencia en el siglo XX, la contradicción entre los principios de la gnoseología idealista contemporánea y el contenido objetivo del desarrollo de la ciencia y de lodo el proceso cognoscitivo resalta cada vez con mayor evidencia.

p Y es natural. El proceso real del conocimiento científico no puede basarse en los principios del idealismo y la metafísica, tiene otras bases gnoseológicas y filosóficas generales, lo que explica el abandono progresivo de las ideas y principios gnoseológicos de las diversas doctrinas idealistas de moda por parte do los propios científicos. Muchos de ellos están ya muy cerca de las ideas teórico-cognoscitivas del materialismo dialéctico.

p Las teorías gnoseológicas de la filosofía burguesa moderna, pese a sus ventajas particulares en el planteamiento y solución de algunos problemas especiales (como, por ejemplo, del criterio lógico de la verdad), cu cuanto a sus ideas de principio se encuentran por debajo de las doctrinas y sistemas gnoseológicos clásicos del pasado. Son particularmente inferiores, por ejemplo, a los principios de la Fenomenología del espíritu, de Hcgel, donde están desarrolladas ideas bastante profundas respecto a la unidad de la teoría del conocimiento, de la lógica y la dialéctica. La gnoseología idealista actual no ha podido ascender al nivel de dichas ideas.

p Señalemos otra circunstancia esencial más. En los tiempos de la Gran Revolución francesa, la pujante 231 burguesía proclamó, como ya so ha dicho, el culto a la Razón. En la época presente, el cuadro ha cambiado de medio a medio: una de las tendencias dominantes en la filosofía y la gnoseología burguesas es ahora el irracionalismo. Aparece en formas muy variadas. El irracionalismo se manifiesta directamente en la filosofía intuicionista que cala en diferentes concepciones partidarias de sustituir la razón por la intuición y que permite —según el intuicionismo— abarcar el objeto en un acto único del conocimiento. Semejante antiintelectualismo se da también en la "filosofía de la vida" y en sus herederos: el existencialismo y el personalismo, con sus tesis anticientistas claramente expuestas. Como veremos más adelante, el irracionalismo penetra, revestido de naturalismo y biologismo, en todas las concepciones gnoseológicas do los pragmatistas, los cuales no ocultan sus abiertos ataques a la ciencia, la razón y la abstracción. Los rasgos irracionalistas aparecen con formas especiales en la fenomenología husserliana: con su negación de las categorías de la ciencia y su concepción del "mundo vital”, opuesto al mundo de la razón y la lógica. Por ú ltimo, la tendencia del irracionalismo, incluida la forma de pseudorracionalismo, se muestra en las concepciones teológicas de la ciencia y el conocimiento cada voz más difundidas, con sus pretensiones de sustituir las escuelas tradicionales de gnoseología incapaces de dar una respuesta racional a los problemas actuales del conocimiento.

p Es natural que el irracionalismo abra todavía más la tijera de la divergencia entre los principios de la gnoseología idealista y el proceso real del conocimiento científico, revelando aún más la incompatibilidad de tales principios con las exigencias de un análisis cientí fico objetivo, con las exigencias de la verdad objetiva. Es también lógico que el fortalecimiento del irracionalismo y de la tendencia a renunciar al conocimiento objetivamente verdadero conduzcan a la crisis del problema mismo de la verdad en la filosofía burguesa contemporánea.

p Nosotros vemos la esencia de esta crisis en que, desde las posiciones de la concepción filosófica burguesa, 232 es imposible dar al problema de la verdad una solución adecuada a los requerimientos del conocimiento cientí fico actual. Aunque cuentan con una serie de ideas positivas y planteamientos racionales del problema de la verdad, todas las principales doctrinas gnoseológicas de la filosofía burguesa contemporánea inciden, en definitiva, en la negación de la objetividad de la verdad, en alguna forma de subjetivismo y relativismo al interpretarla.

p Al mismo tiempo, la crisis del problema de la verdad en la filosofía idealista no significa que ésta carezca de diversas concepciones —generales y especiales— de la verdad y todo tipo de empeños por resolver de alguna manera este problema fundamental. En todas las corrientes importantes de la filosofía burguesa del siglo XX, ante todo, en el pragmatismo, el neopositivisrno, el existencialismo, la fenomenología husscrliana y en una serie de doctrinas teológicas, so han elaborado las respectivas concepciones de la verdad.

p En la filosofía burguesa contemporánea, las cuestiones de la verdad se contemplan en un plano bastante extenso que rebasa con mucho el marco del contenido gnoseológico propiamente dicho. Actualmente, el problema de la verdad se examina en esa filosofía desde el punto de vista de los valores morales, religiosos y artí sticos, desde el punto de vista del hombre en general como sujeto de la historia y del conocimiento, desde las posiciones de la sociología y la psicología y, de forma especial, en relación a las cuestiones de la lógica matemática y la lingüística. Es innegable que el propio hecho de tan amplio planteamiento del problema de la verdad tiene determinado significado y habla del interés de los filósofos burgueses en este problema, el afán de examinarlo en todos sus aspectos y de explicarlo desde sus posiciones ideológicas. Ésto precisamente determina la variedad de las diversas ideas, concepciones y puntos de vista sobre la verdad, su entrelazamiento y la confrontación de las correspondientes posiciones y enfoques.

p En este aspecto es sumamente característico el hecho de que las sociedades e instituciones filosóficas de los países occidentales organicen congresos y simposios especiales dedicados al problema de la verdad. Sólo en los 233 últimos quince años se celebraron, por ejemplo, el congreso nacional de la sociedad filosófica italiana, sobre el problema "La verdad y la libertad" (Palermo — Mesina, 1960); el simposio de la Universidad de Nueva York, sobre el problema "El experimento religioso y la verdad" (Nueva York, 1961); el congreso de las sociedades filosóficas del francés, sobre el problema "La verdad" (Bruselas—Louvain, 1964).

p La cuestión de la verdad se examina también en otros congresos filosóficos nacionales e internacionales. En el congreso dedicado al 500 aniversario del natalicio del humanista francés Guillaume Budé (París, 1968) la cuestión do la verdad se trató en diferentes aspectos: histórico, religioso, moral y antropológico. En el XIV Congreso Internacional de Filosofía (Viena, 1968) el problema de la verdad se analizó principalmente en relación con las cuestiones generales de la filosofía, la ciencia y la ideología, donde el leitmotiv fue la negación de la veracidad de las formas ideológicas y de los propios principios filosóficos. En el XV Congreso Internacional de Filosofía (Varna, 1973) so trataron las cuestiones de la veracidad en las investigaciones históricas, doctrinas filosóficas y concepciones éticas, jurídicas, religiosas y artísticas, se examinaron los puntos de vista de los existencialistas sobre la verdad, los problemas de la verdad en las concepciones de Peirce, fundador del pragmatismo norteamericano, do los representantes del análisis lingüí stico moderno, en la concepción del operacionalismo, etc. Todo esto evidencia el importante lugar que el problema de la verdad ocupa en el arsenal ideológico de los filó sofos burgueses contemporáneos.

p Además, sus concepciones de la verdad llenen raíces gnoseológicas propias. En algunas de ellas se plantea una serio de cuestiones esenciales, se señalan soluciones especiales y enfoques diferentes. Entre estos pueden incluirse el análisis de la verdad como sistema interiormente coordinado y coherente, la concretización do las ideas do Loibniz acerca de la verdad de hecho y la verdad lógica, el problema del criterio lógico y las leyes de la construcción de los sistemas deductivos verdaderos, el análisis de los diferentes aspectos de la concepción 234 de la correspondencia de la verdad y la definición semá ntica de la misma por A. Tarski relacionada con ella, el análisis de la correlación objeto — imagen — contenido lógico — signo y símbolo (B. Russel y L. Wittgenstein), el planteamiento del problema del sentido y la significación de los términos y signos, de las condiciones de su veracidad, de las reglas de sn formación y empleo en el sistema del lenguaje, el planteamiento de las cuestiones acorra de la especificidad de lo verdadero en las diferentes esferas de la comprensión espiritual del mundo y toda una serie de otras cuestiones de carácter no sólo estrechamente especial, sino también general.

p Sin embargo, todo esto no elimina lo esencial: el propio hecho de la crisis del problema de la verdad en la filosofía burguesa. Dicha crisis consiste, como ya se ha dicho, no en actitudes nihilistas hacia el problema de la verdad, ni mucho menos, sino en el propio carácter de las doctrinas de los filósofos burgueses acerca de la verdad, en las tendencias principales del desarrollo de sus ideas y concepciones de la misma y sn incapacidad orgánica para resolver el problema de la verdad desde las posiciones de la concepción filosófica burguesa.

p El rasgo determinante en la crisis del problema de la verdad es la tendencia a negar el carácter objetivo de la verdad, negación que expresa la evolución del pensamiento filosófico burgués, pasando de la proclamación, en el pasado, del gran papel de la razón en el conocimiento al irracionalismo y al relativismo, propios de muchas, si no de la mayoría, de las tendencias de la filosofía burguesa contemporánea.

p C. Marx explicó la base social de la citada tendencia de los ideólogos burgueses a renunciar al conocimiento objetivamente verdadero. A este respecto escribió: "La burguesía había conquistado el poder político en Francia y en Inglaterra. A partir de este momento, la lucha de clases comienza a revestir, práctica y teóricamente, formas cada vez más acusadas y más amenazadoras. La ciencia económica burguesa había muerto. Ya no se trataba de si tal o cual teorema era verdadero o falso, sino de si era beneficioso o funesto, cómodo o molesto, de si infringía o no las ordenanzas de la policía, Los 235 investigadores desinteresados fueron sustituidos por espadachines a sueldo y los estudios científicos imparciales dejaron el puesto a la conciencia turbia y a las perversas intenciones de la apologética"   [235•1 .

p Aunque esta tendencia no es única en la filosofía burguesa y no agota todo el contenido de las ideas filosóficas y gnoseológicas es, sin embargo, dominante en nuestros días y expresa en definitiva la esencia de las concepciones burguesas contemporáneas sobre la verdad.

p Los ideólogos burgueses hoy, más que en tiempos anteriores, procuran desvirtuar la naturaleza de las relaciones sociales, ocultar los antagonismos y las contradicciones del capitalismo, presentarlo como una sociedad “nueva”, de "bienestar general”, una "sociedad popular”, cíe. Aterrorizados ante el inevitable hundimiento del capitalismo, ante las fuerzas revolucionarias de nuestra época y ante los éxitos del socialismo, los ideólogos de la burguesía crean teorías y concepciones llamadas a hermosear al capitalismo, lograr una falsa comprensión del mismo, sustituir la verdad por diferentes mitos que nada tienen de común con la realidad objetiva.

p De aquí se comprende la tenaz lucha que los filósofos y gnoseólogos burgueses contemporáneos despliegan contra la verdad objetiva. Este concepto, como se sabe, constituyo la categoría gnoseológica central en la filosofía del marxismo-leninismo; por eso también los filósofos burgueses intentan por todos los medios deformarlo y refutarlo, desviar la conciencia de los hombres lejos del análisis objetivamente verdadero de la realidad.

p La negación de la verdad objetiva es, de hecho, la negación de la verdad en general. Todas las disquisiciones acerca de la verdad fuera de su objetividad constituyen un absurdo, todas las tesis teóricas pierden sentido si no reflejan propiedades, vínculos y relaciones reales del mundo objetivo, material. Es por ello natural que V. I. Lenin viera precisamente en la negación de la verdad objetiva el principal defecto de la gnoseología kantiana, positivista y pragmatista. Esta negación se da, en 236 una u otra forma, en todas o casi todas las concepciones idealistas contemporáneas de la verdad.

p A nuestro juicio, el rasgo común que expresa la esencia de la crisis del problema de la verdad en la filosofía burguesa, se manifiesta en lo siguiente:

p I. Ante todo, es el subjetivismo en la comprensión de la verdad, que aparece en diferentes corrientes idealistas y en las consiguientes concepciones especiales de la verdad y que constituye el reverso de la negación de la verdad objetiva.

p Al revelar el carácter subjetivista de las concepciones de los empiriocríticos sobre la verdad, V. I. Lenin señaló su relación directa con la negación de la objetividad del conocimiento. "La negación de la verdad objetiva por Bogdánov —escribió Lenin— es agnoslicismo y subjetivismo”. Subraya aquí también la relación inversa, cuando habla del subjetivismo filosófico, que conduce inevitablemente a "la negación do la verdad objeliva"   [236•2 . Esta intervinculación de ambos elementos lógicos tiene lugar en una u otra forma en todas las concepciones de la verdad de la gnoseología idealista contemporánea.

p El subjetivismo en la interpretación de la verdad se manifiesta con el mayor relieve en corrientes filosó ficas tales como el pragmatismo, el existcncialismo, el personalismo, en diferentes teorías antropológicas y las concepciones psicológicas estrechamente relacionadas con éstas. Pese a todas las diferencias que separan a estas corrientes y concepciones, lo común en ellas es el enfoque antropológico de la verdad, cuando en el centro se coloca la comprensión subjetivista del propio hombre que aparece como individuo abstracto, creador “libre” y arbitrario de las formas del conocimiento, incluida la propia verdad. Se absolutiza la actividad del sujeto cognoscente, so contempla como algo puramente individual, fuera e independiente del curso real del proceso del conocimiento como reflejo del mundo objetivo material. El hombre deviene él mismo creador de la verdad a priori y su criterio: sus emociones, sensaciones, 237 representaciones y opiniones determinan el contenido de la verdad, su sentido, la veracidad o la falsedad de las formas cognoscitivas.

p Esta tendencia general subjetivista ejerce una poderosa influencia también en las concepciones especiales do la verdad. Así es como la gnoseología del positivismo, basada en tales ideas, condujo la clásica teoría de la correspondencia al convencionalismo; la teoría de la coherencia, portadora de la idea racional de la coherencia lógica en el concepto de la verdad, arribó a la absolutización de esquemas cerrados, apriorísticos; la concepción de la pluralidad de significados, racionalmente ligada al problema científico de la probabilidad, se transforma en la concepción de las "gradaciones de la relatividad”, conducente al agnosticismo; la cuestión del criterio ló gico de la verdad se reduce a la elaboración de las reglas convencionales de la construcción de sistemas ló gicolingüísticos. En una serie de teorías el problema del ponente en la comprensión de la verdad y su criterio " desaparece" en general, en su lugar se colocan bien las conexiones convencionales, bien la técnica "analítica" o bien las categorías axiológicas, sin relación alguna con la verdad objetiva.

p El subjetivismo en la comprensión de la verdad — tanto si su forma de manifestación es evidente o no— es un signo de debilidad e insolvencia de la filosofía idealista ante el conocimiento científico del mundo objetivo y la práctica humana. Esta inconsistencia se manifiesta con especial precisión en la negación a establecer cualquier tipo de correspondencia entre los conceptos, teorías e ideas y los objetos verdaderos de la realidad y, con ello, la renuncia a reconocer el criterio decisivo y real de la verdad: la práctica histórico-social, tomada en la diversidad de sus formas y manifestaciones.

p II. La principal forma de manifestación de la crisis del problema de la verdad en la moderna filosofía burguesa es la negación de la verdad objetiva en el análisis de los fenómenos sociales, donde los filósofos y los sociólogos burgueses se esfuerzan al máximo para aplicar todos los “argumentos” que demuestren la “imposibilidad” de conocer la esencia de las relaciones sociales y de 238 penetrar en el “secreto” de la historia humana; para luchar contra la teoría del comunismo cienlííico, basada í ntegramente en el análisis objetivo verdadero de la esencia y las leyes del desarrollo social.

p Esta línea parte, al menos, del neokantismo con su método ideográfico que admito posible únicamente la descripción de hechos y acontecimientos históricos aislados, negando la posibilidad de conocer las leyes y las vinculaciones en el proceso histórico; sus relaciones internas y causales. Para las modernas filosofía y sociología burguesas esta línea se ha hecho dominante, pese a todas desviaciones y “fluctuaciones” parciales registradas en los trabajos de algunos de sus representantes.

p La negación de la verdad objetiva en las investigaciones sociales es lógicamente propia de corrientes filosóficas tales como el existencialismo y el personalismo con sus ideas claramente expresadas de anticientismo e irracionalismo.

p El existencialismo absolutiza el lugar y el papel del sujeto en el proceso histórico. Los existencialistas arrancan al hombre, como sujeto de la historia, de los ví nculos y las relaciones sociales reales; sus acciones resultan independientes de las leyes objetivas del desarrollo social. El hombre, de acuerdo con la lógica de las reflexiones existencialistas, realiza su derecho a la "libre opción" y con esa misma “libertad”, es decir, arbitrariedad, crea diferentes tipos de verdad partiendo de sus objetivos e intereses personales, completamente al margen de su sentido y significado objetivos. M. Heidegger dice en este sentido que la verdad está “oculta”, sin poder revelarse, por lo cual, según él, los hombres deben conformarse a enunciar su propia opinión subjetiva y limitada.

p J.-P. Sartre, en su obra más importante dedicada a la filosofía de la historia, la Crítica de la razón dialéctica coloca al hombre en el centro de los acontecimientos históricos como sujeto, como personalidad y como individuo. El hombre crea la historia por sí solo, a voluntad propia y por "libre opción”; la existencia del hombre determina todos los criterios de la bondad, la moral, la conducta y, a partir de aquí, todos los criterios de la 239 verdad. Sartre dice francamente que el hombre coloca "su propia existencia en el lugar de la verdad”. Por ello, es natural que, para él, "el experimento histórico-social resulta fuera del conocimiento"   [239•3 . De la misma forma demuestra la “insolvencia” de la doctrina marxista al intentar establecer la verdad de la historia, es decir, dar un cuadro objetivamente científico del proceso histórico. Si consideramos que la historia humana es "idéntica a la vida del individuo”, no puede, pues, haber una verdad única de la historia, por cuanto hasta la propia vida de los individuos se forma do "acciones libres”, lo que excluye cualquier posibilidad de conocimiento objetivamente verdadero de los fenómenos sociales   [239•4 . De esta forma, el existencialismo se declara incapaz de comprender la verdadera naturaleza de las relaciones sociales, lo que le impide a su vez determinar el papel y el lugar auté nticos del hombre en la sociedad, por cuanto esto no puede hacerse negando la propia posibilidad de alcanzar la verdad objetiva.

p La filosofía del personalismo, muy cercana al existencialismo, sostiene en esencia las mismas ideas de negar la verdad objetiva en el conocimiento en general y en el conocimiento de los fenómenos sociales en particular. Basta citar la típica tesis del personalista francés moderno más significado, J. Lacroix, de su libro Historia y misterio. Afirma que el hombre "está sumergido en lo incognoscible”, que "le rodea lo misterioso" y que ni la razón, ni la ciencia ni la filosofía pueden comprender el sentido de la vida humana y la historia   [239•5 . Por consiguiente, tampoco aquí puede hablarse do ningún conocimiento objetivamente verdadero. Esto tampoco es casual porque el personalismo es una variante, en esencia, de la filosofía religiosa, cardinalmente opuesta a la concepción filosófica científica y a la verdad científica.

p La tendencia a la negación de la verdad objetiva es también muy característica en la concepción del 240 conocido sociólogo francés R. Aron. En uno de sus trabajos más importantes, Lux desilusiones del progreso despliega las ideas del completo pesimismo, lanío en el plano social como en el gnoseológico. La sociedad moderna •dice— lia resultado incapaz de realizar sus ideales, resolver ios acuciantes problemas de la vida, conseguir dominar Ja naturaleza y realizar "oí objetivo de Prometeo”. Las grandes esperanzas del siglo XX entraron en violenta contradicción con la realidad, convirtiéndose en ilusiones perdidas. De aquí el pesimismo y la desilusión en el progreso, la razón y el propio hombre. Estamos en presencia de una ruptura trágica entre la pretensión de dominar el mundo circundante y la revelación de la incapacidad humana para conocer adecuadamente dicho mundo, liberarse de la incertidumbre, la falla de claridad, las ilusiones y los mitos, especialmente en la comprensión de los procesos sociales.

p El progreso en el conocimiento es contradictorio yendo indefectiblemente acompañado de errores, de digresiones respecto al verdadero conocimiento e incluso del desconocimiento directo y, con ello, viene el desengaño. Considerando que la historia de la sociedad no deja de ser “humana”, en cierto sentido es también "irracional"   [240•6 . Esas mismas ideas agnósticas en cuanto a los fenómenos socio-históricos las desarrolla R. Aron en otro de sus libros, La lucha de clases. Dice en él, que todas las categorías sociales son "conceptos oscuros”, y toda la ciencia de la sociedad, totalmente “imprecisa”, carente de toda verdad fidedigna   [240•7 .

p En este plano es significativo el hecho de que en los últimos congresos internacionales de filosofía se negara categóricamente la veracidad objetiva de las investigaciones sociales. En este sentido, la intervención más característica hecha en el XIV Congreso fue la del filósofo teólogo M. Gueroult, en un informe que intituló: " Postulados de la filosofía de la historia”. Le sirvió de punto de partida la oposición hecha entre la historia y la naturaleza. Esta última es lo que es; pero la historia, por el 241 contrario, es lo que se hace, lo que se crea. La realidad histórica se objetiviza en realidad fuera de nosotros, como resultado de la operación pensante, consistente en que la historia aparece como nuestra representación de dicha realidad en la cual, por añadidura, nos formamos a nosotros mismos. En una tal comprensión, hubo de reconocer Gueroult, la realidad histórica, "como realidad fuera de nosotros, desaparece”. Por consiguiente, para el conocimiento objetivo tampoco existe la premisa real.

p La verdad —continúa Gueroult— debe mostrarse como correspondencia entre las cosas y los pensamientos, para lo cual es preciso que existan testigos de tales o cuales hechos, con los que deben correlacionarse sus pensamientos y observaciones. Pero el historiador no puede ser tal testigo de todos los acontecimientos del pasado, por ello no puede existir tampoco el correlato para sus representaciones. Sus ideas, a las que nada corresponde, no son verdades, sino formas de existencia de la razón, sin contenido objetivo alguno y sin expresar ningún fenómeno histórico objetivamente real  [241•8 . Según él, la salida de la situación y el retorno a la verdad es la vía hacia la fe cristiana, con lo cual retira por completo el problema de la verdad como conocimiento objetivo de la realidad histórica.

p En los debates habidos en el XV Congreso Internacional de Filosofía se desarrollaron ideas similares en una serie de informes e intervenciones de filósofos occidentales. Las más características de éstas fueron, a nuestro juicio, las siguientes.

p El filósofo suizo A. Mersie, en su informe La filosofía y la ciencia, considerado oficialmente el principal del Congreso, afirmó que la historia, como investigación, trata solamente de fenómenos aislados; es totalmente ajena al carácter de universalidad, por lo cual ya no es una ciencia en el verdadero sentido, como son las ló gicomalemálicas o las ciencias experimentales. Es ilógica y carece hasta de un objeto determinado: ni dios, ni la naturaleza, ni el propio hombre lo son. La percepción de 242 hechos aislados no constituye, en general, conocimiento y, aún menos, ciencia, dice Mersio. De aquí su conclusión categórica de que la historia nunca revela nada verdadero  [242•9 . Es por ello completamente lógico que niegue también la posibilidad de la filosofía científica en general, dirigiendo aquí sus flechas preferentemente contra la filosofía del marxismo. Debemos señalar que Mersie no tiene nada de original: toda su concepción se reduce a la ideografía neokantiana, con su negación de las leyes y los vínculos generales del progreso histórico. La "modernización" de estas ideas es puramente externa, puramente terminológica.

p Las ideas que el filósofo italiano J. Facchi desarrolló en su informe al congreso son típicas para la sociología subjetivista. Su tesis principal consiste en que todos los acontecimientos históricos, toda la experiencia histórica de los hombres debe pasar necesariamente —según él— por el “filtro” de las concepciones y representaciones subjetivas del propio historiador. Al mismo tiempo, la experiencia de cada persona, testigo de los acontecimientos históricos, es sumamente corta, poco fiable, subjetiva y no puede servir de base para las generalizaciones y, menos aún, para fundamentar las leyes históricas generales, por cuanto —dice— no podemos hablar, prá cticamente, más que de algunas peculiaridades y coincidencias de carácter particular, y no de la "historia en general”. Por ello, concluye Facchi, las tesis históricas no tienen sentido lógico, sino tan sólo significado ideológico: "su valor científico y lógico es nulo"   [242•10 . Aquí trasciende claramente la influencia de las ideas subjetivistas del existencialismo, y el hecho de que la línea general de la negación de la verdad objetiva en el conocimiento de los fenómenos sociales aparece en Facchi con bastante relieve.

p Hubo en el congreso otras afirmaciones semejantes pronunciadas en una serie de intervenciones. Así, el 243 teólogo belga J. Ladriére propuso sustituir el concepto do verdad como correspondencia de los pensamientos a las cosas por una concepción bastante imprecisa de la verdad como "norma de unificación”, relacionándola con el método del operacionalismo. El filósofo francés J. Ghana proclamó la simbiosis de la tesis existencialista de la "libre experiencia de la razón" con un criterio pragmatista de la verdad como "éxito”. En diversas intervenciones se desarrollaron distintas variantes de concepciones subjetivistas en oí espíritu del análisis lingüístico moderno con su consecuente negación de la veracidad objetiva do las formas cognoscitivas, etc.

p Los filósofos soviéticos y los marxistas de otros países opusieron a estas afirmaciones subjetivistas y otras similares la comprensión científica de los fenómenos sociales, teóricamente basada en el significado universal de la verdad objetiva en el conocimiento. En los informes e intervenciones pronunciados en los congresos internacionales partieron del análisis científico de las leyes objetivas del desarrollo social, de su esencia contradictoria; revelaron las tendencias objetivas del desarrollo mundial contemporáneo. En el XV Congreso Internacional de Filosofía los científicos soviéticos P. Fedoséiev, S. Struuiilin, B. Kédrov, M. Mitin, J. Momdzhián, A. Arnóldov, tí. Anísimov y otros, al analizar los complejos procosos de la vida social relacionados con la revolución ciontííico-lócnica moderna, mostraron la importancia decisiva de las leyes objetivas, de los nuevos fenómenos y factores condicionados por el desarrollo de las fuerzas productivas materiales, su papel decisorio en la vida social, política y cultural de los hombres. En el informe del científico soviético B. Chaguin se mostró especialmente oí significado del factor subjetivo en la historia, su influencia en diferentes aspectos de la vida social, la relación de las leyes objetivas en la sociedad y el papel de la actividad consciente del hombre. Pero todo esto fue hecho sobro la base del principio del análisis objetivamente verdadero, revelando la importancia decisiva de las leyes objetivas, la dialéctica de los factores objetivo y subjetivo del proceso histórico.

p Las cuestiones de la veracidad objetiva de las 244 investigaciones históricas se examinaron también en informes de marxistas de otros países. En el informe de lana Friezova (Checoslovaquia) El problema de la objetividad en las ciencias yódales se analizaron las peculiaridades del objeto de investigación en las ciencias sociales, a diferencia del objeto de las ciencias de la naturaleza. Aquí se eníatizó de manera especial que en cualquier caso se Irata de estudiar los objetos del mundo material, existente sin depender del hombre y de su conciencia. En el informe del científico checoslovaco F. Harvat acerca de las peculiaridades del conocimiento social se mostró la dialéctica de las mediciones objetiva y subjetiva en el análisis de los complejos fenómenos de la realidad social moderna, la necesidad de examinar la actividad del sujeto en las condiciones de las situaciones natural e histórica. El principio de la veracidad objetiva es siempre inquebrantable en todas las investigaciones verdaderamente científicas.

p En los trabajos del XV Congreso tuvo singular importancia el informe sobre la verdad hecho por el académico Todor Pavlov en la reunión plenaria. La definición de la verdad que presentó ya ha sido expuesta por nosotros en Ja primera parle del presente libro. Aquí quisiéramos señalar de manera especial que el científico bú lgaro se apoyó en el principio de la objetividad de la verdad y sometió en su informe a una crítica convincente las representaciones empíricas estrechas de la verdad de la filosofía positivista, su subjetivismo y relativismo y también las afirmaciones neoplatonianas de los filósofos idealistas contemporáneos y de algunos físicos influenciados por éstos, entre los que se encuentra W. Heisenberg. Al examinar de forma multilateral el carácter dialéctico de la verdad como proceso, T. Pavlov subraya que la dialéctica de la verdad en la conciencia del hombre aparece como reflejo del desarrollo dialéctico de la realidad social y natural, de la dialéctica del mundo objetivo   [244•11 .

p A la luz de la teoría marxista-leninista, basada totalmente en el conocimiento objetivamente verdadero de la 245 esencia y las leyes del desarrollo histórico-social, se hace especialmente clara la tendencia a la negación de la verdad objetiva en las modernas concepciones idealistas, testimonio de su insolvencia científica y la crisis de las ideas y concepciones filosóficas burguesas.

p III. La negación de la verdad objetiva provoca un fenómeno sumamente característico en la filosofía burguesa contemporánea: se suplanta, la verdad con valores morales, culturales, estéticos, mitológicos y religiosos. Las categorías gnoseológicas se sustituyen por axiológicas y se diluyen en ellas. Lo importante en esto es que se contemplan los propios valores fuera do todo ví nculo y relación objetivamente real; su sentido y significado los determinan íntegramente los objetivos y deseos de los hombres, sus intereses, puntos de vista, opiniones y otros factores subjetivos. No sólo se desvaloriza la verdad, sino que prácticamente desaparece tras las categorías subjetivas de ponderación.

p El enfoque axiológico de la verdad se expresa en el "pluralismo de las verdades”, de acuerdo con el cual, la ciencia, ln filosofía, la religión, la moral, el arte, la política y el derecho disponen cada uno de sus verdades específicas. Es innegable que el conocimiento objetivamente verdadero so manifiesta de modo peculiar on las diferentes esferas do la actividad espiritual, como ya hemos examinado brevemente on líneas anteriores. Poro on axiología so trata do otra cosa: precisamente do sustituir el conocimiento objetivamente verdadero y sus categorías por categorías de orden valora!ivo que niegan en esencia toda voracidad objetiva. La amplitud del planteamiento del problema do la verdad, la pretcnsión do que se analice desdo clifcrenl.es puntos de vista so convierte aquí on una masa amorfa o indeterminada de “valores” do todo tipo, donde su comprensión puramente, relativista predomina por completo en lanío que la verdad deja paso a conceptos y representaciones sin relación real alguna con ella.

p En realidad, oí enfoque axiológico contrapone prá cticamente las calcgorías valoralivas a las del conocimiento científico, lo que necesariamente conduce al relativismo y al subjetivismo. A esto se debe lambién la idea de 246 que existe un supuesto criterio axiológico especial de la justedad de determinados juicios u opiniones, que deben corresponder a ciertas normas y orientaciones. Pero en la axiología burguesa dichas normas se contemplan como criterios dados a priori o como normas establecidas convencionalmente, es decir, sin depender de su contenido real y objetivo y fuera de él.

p Se trata de que cualesquiera normas o reglas, no sólo en su comprensión subjetivista como criterio axioló gico, sino incluso justamente interpretadas, no pueden ser criterios científicos por cuanto ellas mismas necesitan una fundamentación de su valor, la demostración de su valor objetivo, lo cual se establece en la práctica social, en cuyo proceso se elaboran dicbas normas.

p Algunos filósofos burgueses consideran que la única salida de la crisis sufrida por la gnoseología idealista es contemplar la verdad dentro del sistema de los diferentes valores. Mas, en realidad, la sustitución de las categorías gnoseológicas por las axiológicas y el traslado de todo el problema de la verdad a la esfera de las valoraciones y las opiniones subjetivas equivale, en esencia, a renunciar a su solución, lo cual no hace más que profundizar la crisis de las ideas gnoseológicas, la crisis del problema mismo de la verdad en la filosofía burguesa contemporánea.

p Debemos señalar también que la incapacidad de las escuelas filosóficas burguesas tradicionales del siglo XX para brindar una doctrina adecuada de la verdad es aprovechada por la filosofía religiosa para la propaganda y la divulgación de las concepciones teológicas de la verdad, que pretenden haber superado el impase en que se han sumido las escuelas “laicas” del idealismo actual.

p Los teólogos modernos están dispuestos a reconocer la existencia de crisis espiritual en el mundo burgués, crisis de las ideas filosóficas y los valores morales. Más aún, admiten la crisis de las ideas acerca de la propia verdad. Pió XII ya en 1958 se quejaba del "mal del racionalismo" en el mundo y el fermento de los intelectos y "el desengaño de las almas" que originó. En el congreso de Louvain (1964) dedicado especialmente al problema de la verdad, los científicos teólogos hablaron de "los 247 sufrimientos del mundo por faltar el deseo de conocer la verdad, la extensión de la mentira, los prejuicios y las supersticiones, la sospecha, la blasfemia, la pérdida del sentido de todos los valores, etc."   [247•12 . Es de suma elocuencia en este plano el mensaje de Navidades de Juan XXIII (1960) llamado especialmente La verdad. En él reconocía que en la Tierra ya "no se respeta la verdad”, reina la mentira, "se han traicionado los ideales”; de aquí la amenaza a la paz, al orden social y el peligro para toda la humanidad. Tal estado es, ante todo, consecuencia de haber perdido la verdadera fe y olvidado la gran verdad de Dios, esta "ciencia de las ciencias y doctrina do todas las doctrinas"   [247•13 .

p Los teólogos modernos necesitaban de estos reconocimientos del estado do crisis en las ideas burguesas de la verdad para proclamar "el verdadero camino" de salir de la misma con ayuda de los "valores supremos" de la propia religión, mediante las verdades de la "revelación" divina, las cuales se transforman, según ellos, en " verdades internas" del alma humana. Sólo las verdades religiosas cuentan —dicen— con la necesaria autenticidad, “objetividad”; son inconmovibles y eternas, por eso es —a su juicio—, que pueden servir constantemente de apoyo firme en la vida del hombre.

p Las concepciones teológicas de la verdad, que niegan formalmente el subjetivismo del conocimiento, pero que afirman la existencia de “objetividad” en las verdades religiosas e incluso admiten la objetividad de las verdades científicas, son, sin embargo, una clara expresión de la crisis del problema de la verdad en la concepción filosófica burguesa contemporánea.

p En primer lugar, demuestran la insolvencia de todas las demás concepciones subjetivistas y relativistas de la verdad propias de la mayoría de las escuelas y corrientes tradicionales de la filosofía idealista.

p En segundo lugar, menosprecian las verdades 248 científicas, les niegan el derecho y la posibilidad de conocer la esencia del mundo circundante y, con ello, expresan objetivamente la hostilidad de la concepción filosófica burguesa del mundo hacia el conocimiento científico.

p En tercer lugar, minimizando el papel de la ciencia y la razón humana en el conocimiento de la esencia del mundo, estas concepciones ensalzan las verdades religiosas situándolas en el pedestal de la "razón divina”, absoluta, lo cual nada tiene de común con el conocimiento científico, objetivamente verdadero, del mundo material y las leyes de su desarrollo.

La “objetividad” y la “racionalidad” externas de las verdades religiosas no sirven más que para ocultar su anticientifismo e irracionalismo.

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Sobre el fondo general de la crisis del problema de la verdad en la filosofía idealista contemporánea se desarrollan sus diversas concepciones, que se distinguen por su determinado contenido y el complejo de los correspondientes conceptos y definiciones. En los capítulos sucesivos examinaremos los más importantes de ellos, comenzando por la concepción pragmática de la verdad, que constituye el resultado típico del desarrollo de las ideas filosóficas y gnoseológicas de finales de siglo XIX y primera mitad del XX.

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Notes

[235•1]   C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 17.

[236•2]   V. I. Lenin. Materialismo y empiriocriticismo, O. C., t. 18, págs. 124, 127.

[239•3]   J.-P. Sartre. Critique de la raison dialectique, París, 1960, p. 28.

[239•4]   Véase: J.-P. Sartre. Op. cit., págs. 123, 156 y 161.

[239•5]   Véase: J. Lacroix. Histoire et mystére. París, 1962, págs. 101, 102.

[240•6]   Véase: R. Aron. Les désillnsions du progrés. Essai sur la dialectlque de la modernité, París, 1969, p. 294.

[240•7]   Véase: R. Aron. La latte des classes, París, 1964, p. 355.

[241•8]   Véase: Akten des XIV. Internaüonalen Kongresses Jür Philosophle, Wien, 1968, Bd. I, S. 5, 6.

[242•9]   Véase: Proceedings of the XVth World Congress of Philosophy, Sofía, 1973, I, pp. 25, 26.

[242•10]   Abstraéis of Communications. Presentid on the XVth World Congress of Philosophy, Varna, 1973, Com. 209.

[244•11]   Proceedings of the XVth World Congress of the Philosophy, Sofia, 1973, I, pp. 99-103.

[247•12]   La Vérité. Actes du XIIe Congres des Soc.iétés de philosophie de langue franjáis?. Louvain—París, 1964, p. 228-230.

[247•13]   La Vérité. Message de Noel 24 Décembre 1960 de So. Sointété Jean XXIII.