DE LA INTELECTUALIDAD
A LA CONSTRUCCIÓN
DEL SOCIALISMO Y A LA DEFENSA DEL PAÍS
p Al fijar los métodos de incorporación de los intelectuales burgueses al servicio del Estado socialista, el Partido Comunista y su jefe, V. I. Lenin, tropezaron con enormes dificultades. Hubiera sido ingenuo esperar de los intelectuales burgueses, que habían servido a los capitalistas, y de los obreros y campesinos, que habían-derrocado el poder de la burguesía, que encontrasen desde el principio un lenguaje común y establecieran relaciones basadas en la confianza mutua y la colaboración en un espíritu de camaradería.
p A crear la colaboración entre la intelectualidad y los trabajadores dedicaron el Partido Comunista y el Poder soviético mucha atención, energías y tiempo. Esta obra empezó a realizarse en los primeros días de la revolución y no se cesó en ella hasta que la abrumadora mayoría de la intelectualidad abrazó definitivamente la causa del socialismo.
p Ya en el primer período de la revolución el Partido Comunista hubo de afrontar una tarea muy compleja: encontrar los caminos y los procedimientos de atracción de los intelectuales burgueses a la colaboración con el Poder soviético que, de una parte, aseguraran la mayor eficiencia laboral de los especialistas, y, de otra parte, permitieran ayudar a los intelectuales a cambiar su ideología.
p Para determinar las vías y los métodos de trabajo orientados a incorporar a los intelectuales burgueses a la construcción del socialismo y a la defensa del país, el Partido Comunista y el Poder soviético tuvieron presente la situación privilegiada que disfrutaba esta capa social en el capitalismo, la acuciante 57 necesidad de especialistas altamente cualificados que acuciaba al Poder soviético y, además, las condiciones de la lucha de clases.
p Ante todo surge esta pregunta: ¿Que lugar ocupaba el elemento de la coerción en las medidas del partido y del Poder soviético en orden a los intelectuales burgueses?
p Según los historiadores -burgueses, Lenin fundamentó la teoría de "la violencia y la persecución" contra la intelectualidad. De otro lado, algunos investigadores y escritores soviéticos presentan a V. I. Lenin como un "no resistente”, dispuesto a perdonar todo a cualquier enemigo. Tanto una opinión como la otra son falsas. Lenin fue un hombre extraordinariamente humano, que odiaba cualquier forma de violencia del hombre sobre el hombre. Anatoli Lunacharski refirió cómo V. I. Lenin le había dicho reiteradamente: "A un gran científico, a un gran especialista en una u otra rama se le debe perdonar hasta lo último, incluso si es un reaccionario” [57•19 . Mas cuando se trataba del destino de la revolución, de las vidas de millones de obreros y campesinos amenazadas por las acciones contrarrevoluconarias de los conspiradores, agentes de los guardias blancos, Lenin era un hombre de indoblegable firmeza. Advirtió que en la situación extremadamente difícil en que se hallaba la joven República Soviética, "...sin una represión sistemática, implacable de la resistencia de los explotadores, sin detenerse ante ninguna fórmula democrático-burguesa, es inconcebible no sólo la revolución socialista, sino también una revolución consecuentemente democrática, son inconcebibles cualesquiera medidas serias para combatir la crisis y el desbarajuste económico provocado por la guerra" [57•20 .
p La actitud de V. I, Lenin respecto a los intelectuales contrarrevolucionarios puede apreciarse en la correspondencia entre él y Máximo Gorki en 1919. Esta correspondencia fue motivada por las siguientes circunstancias. Cuando en el verano de ese año se creó una situación muy tensa en Petrogrado a causa de la ofensiva de Yudénich, general de los guardias blancos, los órganos de la Comisión Extraordinaria de toda Rusia adoptaron medidas para poner fin a las acciones de las fuerzas contrarrevolucionarias en la retaguardia soviética. El 14 de junio, con ayuda de los destacamentos obreros efectuaron registros generales en las barriadas burguesas de Petrogrado, incautándose de gran cantidad de armas. A fin de evitar nuevas 58 conspiraciones se hicieron muchas detenciones. Entre los detenidos había numerosos profesores, ingenieros, artistas y maestros. Algunos de ellos no habían participado directamente en las conspiraciones, otros se vieron mezclados con las organizaciones de guardias blancos "por imprudencia o por exceso de confianza”. Mas una parte considerable de los detenidos eran militantes activos de las organizaciones contrarrevolucionarias clandestinas. Los interrogatorios de los detenidos proporcionaron abundante material que permitió descubrir organizaciones antisoviéticas clandestinas en Retrogrado, Moscú y otras ciudades.
p Sin esperar a conocer los resultados de la investigación en curso, Máximo Gorki escribió una carta a V. I. Lenin, que le envió con V. Tonkov, presidente de la Academia Militar de Medicina. En la carta, según cabe suponer (el texto original no ha sido encontrado), M. Gorki expresó su indignación por la detención de los intelectuales. Según testimonio de V. Tonkov, en la carta figurada incluso la siguiente frase: "Si no cambia la situación de los intelectuales, me paso de los bolcheviques a los blancos”. En la carta de respuesta a M. Gorki, Lenin escribió: "Querido Alexéi Maxímovich: He recibido a Tonkov, pero ya antes de recibirle y de serme entregada su carta habíamos decidido en el CC designar a Kámenev y a Bujarin para que comprueben la detención de intelectuales burgueses de tipo cercano a los demócratas constitucionalistas y para que se ponga en libertad a quienes se pueda. Pues para nosotros está claro que también aquí se han cometido errores.
p Está claro asimismo que, en general, la medida de detención del público demócrata constitucional (y cercano a él) ha sido necesaria y correcta... ¿Con qué motivo pronuncia usted palabras extraordinariamente airadas? Con motivo de que algunas decenas (o aunque fuesen centenas) de señoritos demócratas constitucionalistas o cercanos a los demócratas constitucionalistas pasen unos cuantos días en prisión para evitar conspiraciones como la de la entrega de Krásnaya Gorka, conspiraciones que amenazan con la muerte de decenas de miles de obreros y campesinos.
p ¡ Vaya qué desgracia! ¡Qué injusticia! ¡Mantener unos días o aunque sean unas semanas a los intelectuales en la cárcel para evitar la matanza de decenas de millares de obreros y campesinos!...
p A las "fuerzas intelectuales" que desean llevar la ciencia al pueblo (y no servir al capital) les pagamos un sueldo superior al medio. Esto es un hecho. Cuidamos de ellas. Esto es un hecho. Decenas de millares de oficiales prestan servicio al Ejército 59 Rojo y vencen a despecho de centenas de traidores. Esto es un hecho" [59•21 .
p Así era el verdadero humanismo de V. I. Lenin.
p Es sabido que el Estado obrero y campesino no se mostró vengativo con sus enemigos de clase únicamente porque habían pertenecido antes a las clases explotadoras. Nunca, en ningún Estado, la burguesía, al derrocar el poder de los feudales, fue tan humana y tolerante con sus enemigos de clase como lo había sido el proletariado en Rusia. En efecto, el Poder soviético ni siquiera se propuso en sus primeros meses de existencia instituir órganos punitivos extraordinarios. "Después de la revolución del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917 —señaló V. I. Lenin— ni siquiera clausuramos los periódicos burgueses, y no podía ni hablarse de que hubiera terror. Pusimos en libertad no sólo a muchos ministros de Kerenski, sino incluso a Krasnov, que luchaba contra nosotros" [59•22 .
p En este período actuaban en el país los comités militares revolucionarios, cuya única misión consistía en aislar temporalmente a los elementos que podían obstaculizar el robustecimiento del nuevo poder. Los comités militares revolucionarios se circunscribían a ordenar detenciones de breve duración y hacían amplio uso de sus atribuciones para poner en libertad a los detenidos bajo palabra de honor. Sin embargo, incluso estas medidas encontraron la enconada oposición de los intelectuales burgueses, que lanzaban por doquier acusaciones contra el terror, la "violación de las libertades" y el "menoscabo de los derechos individuales".
p En realidad, la primera sentencia de muerte por motivos políticos sólo fue ejecutada en julio de 1918, contra algunos eseristas de izquierda facciosos. El Poder soviético no se vengó de la intelectualidad porque ésta hubiera servido a las clases explotadoras ni porque gran parte de ella no aceptara la Revolución de Octubre e incluso se aprovechase con fines malignos del espíritu de paz del nuevo poder.
p No obstante, la exacerbación de la lucha de clases a causa de haberse recrudecido la guerra civil (de lo cual fue culpable asimismo cierta parte de la intelectualidad) obligó al Poder soviético a aplicar una política punitiva más dura, también contra los intelectuales contrarrevolucionarios. Mas en cualquiera de estos casos se les reprimía no porque fuesen intelectuales, sino porque eran contrarrevolucionarios. A 60 agudizar la lucha de clases en el país contribuyó en enorme medida la invasión de las tropas de los intervencionistas. Después de la sublevación de los eseristas de izquierda en Moscú y del infame atentado a V. I. Lenin en agosto de 1918, el Poder soviético implantó el terror rojo contra los enemigos de clase alzados en armas contra la dictadura del proletariado. Esta medida excepcional fue la respuesta a los numerosos actos terrorísticos, conjuras y sublevaciones organizados por los restos de las clases derrocadas, a los que ayudó determinada parte de la intelectualidad.
p Mas incluso en las condiciones de guerra civil y de intervención, el Poder soviético mostró suma precaución en cuanto a la exigencia de responsabilidad a los trabajadores intelectuales.
p El 14 de diciembre de 1918 se publicó una disposición firmada por V. I. Lenin sobre el procedimiento de detención de los empleados y especialistas que desempeñaban cargos de responsabilidad, fijando ciertos límites a la actuación de las correspondientes autoridades.
p En la Orden del Presidium de la Comisión Extraordinaria de toda Rusia del 17 de diciembre de 1919, se decía: "... A detener a un especialista sólo se procederá cuando haya sido comprobado que su trabajo tiende a derrocar el Poder soviético. Detenerle únicamente porque es un antiguo noble o porque en el pasado fue empresario y explotador, no podrá hacerse si cumple bien con su trabajo" [60•23 .
p El emigrado blanco S. Melgunov publicó en 1924 en Berlín el libro Terror rojo en Rusia, en el que describía con acentuado dramatismo los "sangrientos ejercicios" de los "despiadados chekistas”. Ciertamente, Melgunov estuvo “preso” en la Cheka en 1919. Fue llevado a ella por su participación en un complot contrarrevolucionario para derrocar el Poder soviético y asesinar a los jefes de la revolución. ¿Cómo se portaron con él el Poder soviético y los "comisarios de la Cheka"? Melgunov fue condenado por el tribunal revolucionario a una pena de prisión menor, y en 1921 se le autorizó a marchar al extranjero. Por tanto. Melgunov fue testigo, en realidad, no de la crueldad “absurda” y "estúpida" de los tribunales soviéticos, sino de su benignidad con el enemigo derrotado. A muchos como Melgunov. que habían luchado contra el Poder soviético, este poder no sólo les perdonó la vida, sino que les permitió marchar al extranjero.
61p El que a Melgunov, contrarrevolucionario y demagogo, se le dejara marchar impunemente fue uno de los extremos en que se cayó entonces. Pero también se incurrió en el otro extremo. Sería ingenuo afirmar que, en la aplicación del terror rojo, pudo lograrse que no cayeran víctimas innecesarias ni se incurriese en errores y disparidades entre la magnitud de la culpa y la del castigo. Estos casos se dieron. Los órganos locales del partido y de los Soviets cometieron equivocaciones en el trabajo con los intelectuales, que provenían, como dijera V. I. Lenin, de que "la gente utiliza burdamente el poder" [61•24 . En el fragor de la encarnizada lucha de clases y del odio al rojo vivo de las partes en lucha se cometieron errores.
p Estos errores fueron resultado de la insuficiente experiencia política de algunas personas que ejercían el poder, mas el partido y los órganos de los Soviets tomaron medidas para evitar semejantes yerros e injusticias.
p Las severas medidas represivas aplicadas por los órganos del Poder soviético en los años de la guerra civil eran temporales. Ya en enero de 1920, no terminada aún la guerra, el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y el Consejo de Comisarios del Pueblo [61•25 de la RSFSR acordaron la abolición de la pena de muerte. Pero incluso en el período en que regía la ley extraordinaria sobre el terror contra la burguesía contrarrevolucionaria, el Poder soviético y sus órganos punitivos recurrieron a la represión sólo en los casos en que habían sido agotadas todas las demás medidas y el enemigo no había rendido las armas.
p A la par que hacía frente enérgicamente a los contrarrevolucionarios, el Poder soviético exhortaba a los especialistas de la vieja sociedad explotadora a colaborar con él y les confiaba altos cargos económicos y militares, en consonancia con sus conocimientos y experiencia y haciendo abstracción de sus convicciones políticas. A colaborar se atrajo incluso a intelectuales que por el resbaladizo camino de la "repulsa de la revolución" se habían deslizado hasta el campo de la contrarrevolución. Con estas personas los órganos de los Soviets mostraban tacto y atención cuando se habían arrepentido sinceramente de sus errores.
62p Del Poder soviético no era propio aplicar el mismo rasero a todos los hombres y a su destino. Cuando del enemigo se podía hacer un aliado o, en el peor de los casos, un ayudante eficaz, el Poder soviético emprendía gustoso este experimento. Y, por lo general, no quedaba defraudado en sus esperanzas. Por supuesto, eso llevaba implícito cierto riesgo, y también hubo que lamentar reveses.
p El Poder soviético saludó cada paso de un intelectual burgués a las posiciones de la clase obrera. "Apreciamos a todo el que quiera trabajar..." [62•26 , dijo V. I. Lenin. Pero, al mismo tiempo, la clase obrera castigó con justo rigor a quienes intentaron luchar contra ella empuñando las armas.
p Planteóse la cuestión de las vías y formas de incorporación de los intelectuales burgueses a la construcción del socialismo.
p Una de las formas fue la utilización de los intelectuales (sobre todo los altamente cualificados) a lo antiguo, a lo burgués, es decir, pagándoles grandes sueldos y creando para ellos las mejores condiciones materiales. El Estado soviético no escatimó recursos para estos fines. En los penosos años del desbarajuste económico, de la guerra y del hambre, los especialistas cualificados recibían los mayores sueldos, cinco, seis y hasta más veces superiores a los de los Comisarios del Pueblo y del propio jefe del Estado, V. I. Lenin.
p A la situación material de la intelectualidad se dedicó considerable atención. El Estado soviético hizo cuanto pudo por los intelectuales en aquellos difíciles tiempos. Ya entre finales de 1917 y comienzos de 1918 se acordó una gran alza del sueldo mensual de los maestros. Naturalmente, en las condiciones de brusca baja del poder adquisitivo del rublo esta medida significó una ayuda muy modesta. Pero en aquellos tiempos no fue posible hacer más. Algo después, el Gobierno adoptó varias disposiciones que mejoraban las condiciones de existencia de diversas categorías de intelectuales. En 1919, en Petrogrado se formó, con la participación de Máximo Gorki, una comisión especial encargada de mejorar la situación material de los científicos; se ocupaba de la distribución de las raciones alimenticias y del mejoramiento de las condiciones de vivienda de los científicos, técnicos, literatos y artistas. Posteriormente, comisiones análogas fueron organizadas en algunas grandes ciudades, y en Moscú quedó constituida la Comisión Central 63 para el mejoramiento de las condiciones de vida de los científicos.
p Esta política del Gobierno soviético no siempre fue comprendida por determinados círculos de la intelectualidad, que en los grandes sueldos y el mejoramiento de la situación material veían el propósito del Poder soviético de “comprar” sus conocimientos y experiencia. En marzo de 1919, M. Dukelski, profesor del Instituto Agrícola de Vorónezh, dirigió una carta abierta a V. I. Lenin en la que decía que el Poder soviético pretendía “sobornar” a los intelectuales con la perspectiva de un "bienestar animal”. Dukelski afirmaba que ningún especialista, sin inspiración y necesidad creativa, daría nada por muy largamente que fuera remunerado su trabajo.
p Es significativo el propio hecho de que un intelectual, un profesor de vieja formación, enviara una carta abierta al jefe del Estado obrero y campesino. Esto acreditaba que la gran mayoría de los intelectuales no se había metido en su concha y que los llamamientos del Poder soviético a colaborar con él encontraban cierto eco entre personas alejadas de las ideas socialistas.
p En su carta, el profesor Dukelski reflejaba el estado de ánimo, el pensar y el sentir de muchos intelectuales rusos de la época zarista. Por ello, V. I. Lenin estimó que debía contestar a su carta a través de Pravda. Escribió que no cabía pensar en ningún “soborno”, ya que también antes se había pagado altamente el trabajo de la intelectualidad y en la época soviética se mantenían para ella sueldos elevados, aunque inferiores a los precedentes, pero, así y todo, bastante considerables. Al mismo tiempo, V. I. Lenin explicaba en esta carta a los intelectuales que si mostraban una actitud de comprensión, simpatía y camaradería hacia los soldados exhaustos y los obreros agotados por el trabajo y exasperados por siglos de explotación, entonces el acercamiento entre las masas trabajadoras y la intelectualidad avanzaría a pasos gigantescos [63•27 . Esta carta de Lenin coadyuvó en gran medida a incorporar a la colaboración con el Poder soviético a parte de los intelectuales burgueses vacilantes aún.
p La atracción de los grandes especialistas de la vieja sociedad mediante sueldos elevados no podía jugar un papel determinante en el aseguramiento de su colaboración. Como método principal y más eficiente de incorporación de los intelectuales, el Partido Comunista eligió el influjo moral, la superación de la 64 incredulidad en el socialismo. No se podía rechazar a las personas que todavía no habían comprendido los objetivos y las tareas de la revolución socialista.
p Ahora bien, los hombres que gobernaban el timón del país y del partido eran conscientes de que no se podía reducar a toda la intelectualidad, ante todo a aquella parte de ella que antes de la revolución poseía capital y que, en el fondo, no se diferenciaba en nada de los capitalistas. A estos intelectuales no había que enseñarles, sino expropiarles, someterlos al Poder soviético.
p En cuanto a la parte considerable de intelectuales fieles a su obra profesional, pero incapaces de resignarse de golpe a la pérdida de la situación privilegiada de que habían gozado en la vieja sociedad y de romper con las tradiciones burguesas, la tarea de utilizarlos y subordinarlos al Poder soviético se ligó directamente con la de su reducación socialista en el proceso de la amplia construcción económica y cultural.
p Con el acceso de la clase obrera al poder se acrecentaron inmensamente las posibilidades de la influencia proletaria sobre todas las personas honradas en las clases y capas sociales no proletarias, incluidos los intelectuales. En manos del proletariado y de su partido había medios tan poderosos de influjo sobre las masas como el entusiasmo revolucionario, la disciplina, la organización, el peso moral, el convencimiento en la justedad de su causa y, como lo más importante de todo, la fuerza y la verdad de su ideología, y los grandes fines por los que se había alzado a la lucha.
p Para incorporar felizmente a los intelectuales de la sociedad capitalista se requería una buena organización, disciplina camaraderil entre las masas, influencia del proletariado sobre el resto de la población y crear condiciones en las que el intelectual burgués viera que su obra sólo podía hacerla con los comunistas que trabajaban a su lado, dirigían a las masas y se habían granjeado su absoluta confianza.
p Simultáneamente era preciso crear en torno de los intelectuales burgueses un ambiente de confianza y benevolencia, de colaboración y de estima a su trabajo, sin renunciar a influir sobre ellos a través de las organizaciones sociales. Estos conceptos fueron inscritos en el Programa del partido aprobado en 1919 y confirmados reiteradamente en resoluciones del partido.
p A la par que exigía de los trabajadores una actitud camaraderil hacia los intelectuales, el partido advertía a éstos que sólo podrían conquistar la confianza de los obreros y los campesinos si ellos mismos adoptaban una actitud equivalente, 65 si trataban con espíritu de camaradería a los trabajadores exasperados por siglos de explotación.
p La tarea de transformar la sicología y cambiar las concepciones ideológicas de los intelectuales era muy compleja. Este proceso no transcurría, ni mucho menos, por sendas llanas y tranquilas. Su corriente, zigzags y revueltas estaban determinados por las peculiaridades de la situación interior y exterior del Estado soviético y, en definitiva, por los éxitos de la construcción socialista. La obra de reducación de los intelectuales burgueses y de máximo aprovechamiento racional de sus conocimientos y experiencia sólo podía llevarla a cabo el partido con ayuda de las organizaciones sociales, en primer término los sindicatos. El Partido Comunista puso gran atención en atraer a los intelectuales a los sindicatos, sobre todo a los especialistas ligados con la producción. El IX Congreso del partido (1920) escribió en sus resoluciones: "Se debe acabar definitivamente con los prejuicios contra que ingrese en los sindicatos el personal técnico superior de las empresas e instituciones. Incluyendo en sus organizaciones a los ingenieros, médicos, agrónomos, etc., los sindicatos ayudarán a estas personas, en base a la experiencia de la colaboración camaraderil con el proletariado organizado, a incorporarse al trabajo activo de la construcción soviética y adquirirán los trabajadores que más necesitan, poseedores de conocimientos científicos especiales y experiencia" [65•28
p Los aspectos principales en los que hacían hincapié los sindicatos en su labor con los intelectuales eran la protección de sus intereses laborales, su incorporación a la construcción del socialismo, la elevación del nivel de su conciencia política y el robustecimiento de los vínculos entre la intelectualidad y las masas trabajadoras.
p A reducar a los intelectuales e inducirlos a participar más activamente en la construcción socialista contribuyeron en gran medida los más diversos congresos, conferencias, seminarios, cursos, asambleas y mítines de intelectuales.
p En octubre de 1921 se celebró el VIII Congreso Electrotécnico de toda Rusia, al que asistieron alrededor de mil quinientas personas. En el congreso se discutieron ampliamente las cuestiones relacionadas con la electrificación del país. Muchos especialistas escépticos habían acudido al congreso con el temor de que su labor se redujese a una agitación mitinesca por la electrificación. Sin embargo, el planteamiento práctico de los 66 problemas, la amplitud de los propósitos del Partido Comunista y la plena confianza de los dirigentes del Estado soviético en la competencia de los delegados derritieron la fría desconfianza de los especialistas. "El éxito más considerable obtenido en las labores del congreso —recordaría más tarde uno de los asistentes a él— fue, quizá, el brusco cambio del estado de ánimo de la mayoría de los delegados”. Congresos y conferencias de este género, convocados casi cada año para diversas ramas de la ciencia, la técnica y la cultura, sirvieron de gran escuela de educación de los intelectuales.
p Debe señalarse asimismo lo positivo que fueron para la evolución ideológica de la intelectualidad diversas sociedades y asociaciones (sociedades científico-técnicas, asociaciones de escritores, de pintores, etc.). Funcionaban como centros en los que las ideas de la creatividad eran entrelazadas con los problemas concretos del desarrollo de la economía socialista y de la educación del nuevo hombre.
p Por último, sobre la mentalidad de la intelectualidad burguesa, sobre todo la intelectualidad científica y técnica, influyeron profundamente los planes y la acción práctica del Estado soviético en orden a la transformación económica del país. En el proceso de elaboración y cumplimiento de estos planes fue moldeándose un nuevo enfoque de los científicos y técnicos respecto a la solución de las tareas prácticas de la organización de la producción. Les sedujo la novedad de los principios de la planificación socialista, la idea de la combinación de las diferentes ramas de la producción, la idea del emplazamiento racional de las fuerzas productivas, etcétera. Todo esto hizo despertar el pensamiento creador de los especialistas sinceramente fieles a su trabajo y suscitó su simpatía hacia el nuevo poder. Quizá muchos de ellos no compartiesen ni comprendieran los objetivos políticos de los bolcheviques, pero veían y se daban cuenta de que los bolcheviques eran hombres de acción, que sabían lo que querían y poseían aptitudes para organizar las cosas debidamente.
p He ahí por qué los planes constructivos del Partido Comunista y del Poder soviético no podían dejar de encender el entusiasmo de la mejor parte de la intelectualidad. En una carta a V. I. Lenin del 28 de noviembre de 1918, el presidente de la sección científico-técnica del Consejo Supremo de la Economía Nacional (CSEN), N. Gorbunov, contaba el siguiente episodio: "Después de la reunión de ayer sobre Kará-Bugaz, su papel, el de Bakú y el de toda la zona del Caspio como centro mundial de la futura industria química... los profesores que vinieron 67 especialmente de Retrogrado para esta reunión se quedaron después mucho tiempo conmigo y hablaron animadamente y con júbilo del nuevo trabajo y de los nuevos planes... Ellos mismos empiezan a entusiasmarse, y, enfervorizados, comienzan a apasionar a sus escépticos colegas".
p La historia de aquellos días conoce muchísimos casos de centenas de especialistas que iban a las empresas llenos de incredulidad respecto a los planes de los bolcheviques y a su capacidad para organizar el funcionamiento normal de las fábricas en una situación increíblemente difícil. Sin embargo, transcurrió algún tiempo y, contagiados por el entusiasmo laboral de las masas obreras y atraídos por la idea del resurgimiento económico del país, se convirtieron en excelentes jefes de la producción, que poco a poco fueron aprendiendo a mirar todo desde otros puntos de vista. Los especialistas se convencieron de que precisamente en las condiciones del Estado socialista se abría un campo infinito a sus conocimientos y talento para aplicarlos al trabajo creador. "Nuestras ideas y los objetivos que nos hemos planteado —escribió F. Dzerzhinski— son tan grandiosos e ingentes que los hombres poseedores de conocimientos pueden ser (de hecho) cautivados por la grandeza de nuestra obra creadora de masas, de la obra creadora de la colectividad de obreros y campesinos.
p Podemos cautivar en grado mucho más elevado del que en el capitalismo cautivaban los capitalistas" [67•29 .
p La acertada solución de problemas tan complejos y audaces con los que estaba ligado el destino de grandes grupos de intelectuales —como el plan leninista de electrificación del país, la supresión del analfabetismo, la construcción del ferrocarril Turkestano-Siberiano y del complejo metalúrgico de Magnitogorsk, la creación de nuevas ramas de la industria y el ritmo de la industrialización y de la colectivización de la agricultura no podía por menos de atraer al científico, ingeniero, maestro y agrónomo amante de su profesión. Aprovechar todas las realizaciones de la ciencia, la técnica y la cultura no para enriquecer a un puñado de personas, sino para servir a todo el pueblo: esta finalidad de la producción socialista fue un motivo impulsor de inmensa fuerza para el paso definitivo de los intelectuales de la vieja sociedad a las posiciones del socialismo.
p De la incorporación de los intelectuales a la construcción del socialismo y a la defensa del país se ocuparon los mejores hombres del partido. Encarnando en la realidad la política 68 leninista para los intelectuales de la época zarista, llevaron a cabo una continua labor, no condicionada por ningún reglamento, pero trascendental, de conquista moral de los intelectuales burgueses.
p En esta obra la prensa soviética prestó una gran ayuda al Partido Comunista. Los diarios Pravda e Izvestia, el semanario Bolshevik y muchos otros órganos de prensa publicaban a menudo informaciones y artículos que analizaban los procesos que se operaban entre la intelectualidad y ayudaban a los intelectuales a formarse en una cosmovisión justa, científica.
La experiencia histórica del País de los Soviets ha mostrado que los métodos de trabajo con los intelectuales que elaboró el Partido Comunista y las vías fijadas por él para que los intelectuales pasaran a colaborar con el Poder soviético fueron completamente correctos y los únicos viables. La conquista moral de la intelectualidad, su acercamiento a los intereses del pueblo revolucionario, la confianza en la experiencia y la idoneidad de los especialistas y el estrecho contacto de los intelectuales con las masas obreras y campesinas ayudaron al Partido Comunista a salir airoso de una tarea de enorme complejidad: arrancar de la burguesía a la intelectualidad y reducar a los intelectuales burgueses, convirtiéndoles en intelectuales socialistas. Esto fue un proceso prolongado, fue un camino largo, pero el más justo y seguro.
Notes
[57•19] A. Lunacharski. Li¡ intelectualidad y su lunar en la construcción del socialismo. Revoliutsia i kultura, 1927. No ¡. pág. 29.
[57•20] Recopilación leninista, XXXVI, págs. 24-25.
[59•21] V. I. Lenin. Carta de V. I. Lenin a A. Gorki. O. C.. t. 51. págs. 47-49.
[59•22] Respuestas n las preguntas de un periodista norteamericano. O. C., t. 39. pág. 113.
[60•23] De la historia de la Comisión Extraordinaria de toda Rusia. 1917-1921. Recopilación de documentos. Moscú. I95K. ñau. 346.
[61•24] V. I. Lenin. Reunión de activistas del partido de Moscú. O. C., t. 37, pág. 228.
[61•25] El Consejo de Comisarios del Pueblo fue hasta 1946 el órgano ejecutivo y administrativo supremo de la URSS. Por ley que aprobó el Soviet Supremo de la URSS en marzo de 1946 el Consejo de Comisarios del Pueblo fue transformado en Consejo de Ministros de la URSS.
[62•26] V. I. Lenin. Intervención en la reunión conjunta del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado y representantes del frente. 4(17) de noviembre de 1917. O. C., t. 35. pág. 64.
[63•27] Véase V. I. Lenin. Respuesta a la carta abierta de un especialista. O. C.. t. 38, págs. 218-222.
[65•28] El PCLIS en lux resoluciones v acuerdos de lux Congresos \ Conferencias v de los Plenos del CC. t. 2. pág. 160.
[67•29] F. Dzerzhinski. Obran Escogidas en dos tomos, t. 2. Moscú. 1957, págs. 157-158.