p El programa consta de tres partes principales. En la primera se exponen las concepciones de las cuales dimanan las partes restantes. En ella se se�ala la situaci�n que ocupa la clase obrera dentro de la sociedad contempor�nea, el sentido y la significaci�n de su lucha contra los fabricantes, y cu�l es la situaci�n pol�tica de la clase obrera dentro del Estado ruso.
91p En la segunda parte se expone la tarea del partido, y se se�ala la situaci�n de �ste respecto de las dem�s tendencias pol�ticas de Rusia. Se habla en ella acerca de cu�l debe ser la actividad del partido y de todos los obreros concientes de sus intereses de clase, y de la actitud que �stos deben adoptar frente a los intereses y aspiraciones de las dem�s clases que integran la sociedad rusa.
p La tercera parte se refiere a las reivindicaciones pr�cticas que plantea el partido. Se subdivide en tres secciones. La primera comprende las reformas institucionales generales. La segunda, las reivindicaciones y el programa de la clase obrera. La tercera, las reivindicaciones en beneficio de los campesinos. M�s adelante, antes de pasar a la parte pr�ctica del programa, se dar�n algunas explicaciones previas respecto de estas secciones.
p A. 1. El programa habla, ante todo, del r�pido crecimiento de las grandes f�bricas y talleres, por ser �ste el principal fen�meno de la Rusia actual, que modifica totalmente las viejas condiciones de vida, en especial de la clase trabajadora. Antes, casi toda la riqueza era producida por peque�os patronos, quienes constitu�an la inmensa mayor�a de la poblaci�n. �sta llevaba una vida sedentaria en las aldeas, y la mayor parte de lo que produc�a se destinaba a su propio consumo o para el peque�o mercado de los poblados circundantes, poco vinculado con los dem�s mercados cercanos. Estos mismos peque�os patronos trabajaban para los terratenientes, quienes los obligaban a producir, sobre todo, para su consumo personal. Los productos caseros eran entregados para su elaboraci�n a los artesanos, que viv�an en las mismas aldeas o sal�an en busca de pedidos por los alrededores.
p Pero, despu�s de la emancipaci�n de los campesinos, estas condiciones de vida de la gran masa del pueblo sufrieron un cambio total: en lugar de los peque�os talleres artesanales comenzaron a aparecer las grandes f�bricas, que crecieron con extraordinaria rapidez, eliminando a los peque�os patronos, convirti�ndolos en obreros asalariados, y obligando a centenares, a millares de obreros, a trabajar juntos y producir la inmensa cantidad de mercanc�as que se vende por toda Rusia.
p La emancipaci�n de los campesinos puso t�rmino al estancamiento de la poblaci�n y los coloc� en condiciones tales, que ya no pod�an subsistir con la parcela de tierra que les quedaba. La masa del pueblo se lanz� a buscar un jornal, y fue a parar 92 a las f�bricas, a la construcci�n de los ferrocarriles que iban uniendo los extremos de Rusia y trasladaban y distribu�an por todas partes las mercanc�as de las grandes f�bricas. La masa del pueblo fue a las ciudades a buscar un jornal; se dedic� a la construcci�n de edificios fabriles y comerciales, al acarreo de combustible a las f�bricas y a la preparaci�n de materia prima para las mismas. Finalmente, multitud de gente se dedic� a realizar a domicilio el trabajo entregado por los comerciantes y fabricantes que no alcanzaban a ampliar sus establecimientos con suficiente rapidez. Id�nticos cambios se operaron tambi�n en la agricultura. Los terratenientes comenzaron a producir cereales para la venta; ciertos campesinos y comerciantes sembraron grandes extensiones; centenares de millones de puds de cereales comenzaron a venderse en el extranjero. La producci�n empez� a reclamar obreros asalariados, y centenares de miles, millones de campesinos, abandonando sus min�sculas parcelas, se convirtieron en braceros y jornaleros de los nuevos patronos que cultivaban cereales para la venta. Al decir que las grandes f�bricas causan la ruina de los peque�os artesanos y campesinos, convirti�ndolos en obreros asalariados, el programa est� describiendo los cambios operados en las antiguas condiciones de vida. La peque�a producci�n es remplazada en todas partes por la grande; en ella los obreros ya no son m�s que simples asalariados que trabajan por un jornal para el capitalista, quien posee inmensos capitales, construye enormes talleres, compra grandes cantidades de materias primas y se embolsa toda la ganancia que reporta la producci�n en masa de los obreros concentrados. La producci�n se ha tornado capitalista y aplasta, despiadada e implacablemente, a todos los peque�os patronos, poniendo fin a su vida sedentaria en las aldeas, oblig�ndolos a trasladarse, como simples jornaleros, de un punto a otro del pa�s para vender su trabajo al capital. Una parte cada vez mayor de la poblaci�n abandona definitivamente el campo y la explotaci�n agr�cola, y se congrega en las ciudades, poblados, y localidades industriales y fabriles, formando una clase especial de gente que no tiene ninguna propiedad: la clase de los obreros asalariados, proletarios que viven �nicamente de la venta de su fuerza de trabajo.
p He aqu� en qu� consisten los enormes cambios producidos en la vida del pa�s por las grandes f�bricas: la peque�a producci�n es remplazada por la grande, los peque�os patronos se 93 trasforman en obreros asalariados. ¿Qu� significa, pues, este cambio para todo el pueblo trabajador, y adonde conduce? De ello se habla m�s adelante en el programa.
p A. 2. La sustituci�n de la peque�a por la gran producci�n va acompa�ada del remplazo de los peque�os recursos monetarios, en manos de un patrono aislado, por los inmensos capitales; del remplazo de las peque�as e insigniFicantes ganancias por ganancias que se calculan en millones. Por eso, el crecimiento del capitalismo conduce en todas partes al aumento del lujo y de las riquezas. En Rusia se ha creado la clase de los grandes magnates financieros, fabricantes, empresarios ferroviarios, comerciantes y banqueros; ha aparecido toda una clase de gente que vive de los ingresos provenientes de los capitales prestados a inter�s a los industriales. Los grandes terratenientes se enriquecieron con los enormes ingresos que obtuvieron de los campesinos por el rescate de las tierras, aprovech�ndose de que �stos las necesitaban para aumentar los precios de las parcelas que les arrendaban, e instalando en sus fincas grandes f�bricas para la producci�n de az�car de remolacha y destiler�as de aguardiente. El lujo y el derroche de todas estas clases de ricachones han alcanzado proporciones inusitadas, y las principales calles de las grandes ciudades se han cubierto de palacios principescos y suntuosas mansiones. Pero la situaci�n del obrero, empeoraba a medida que crec�a el capitalismo. El aumento de los salarios, si es que tuvo lugar en alguna parte despu�s de la emancipaci�n de los campesinos, fue muy peque�o y por poco tiempo, por cuanto las masas hambrientas del pueblo que aflu�an del campo, hac�an bajar los jornales, mientras que los precios de los art�culos alimenticios y de primera necesidad iban en aumento, de suerte que, aun con un salario m�s elevado, los obreros pod�an obtener menor cantidad de art�culos; resultaba cada vez m�s dif�cil ganar un jornal, y al lado de los lujosos palacios de los potentados (o en los suburbios de las ciudades) brotaron las covachas de los obreros, obligados a vivir hacinados en s�tanos y cuartuchos h�medos y fr�os, cuando no directamente en chozas de barro, cerca de los nuevos establecimientos industr�ales. El capital, cada vez m�s poderoso, presionaba en forma creciente sobre los obreros, convirti�ndolos en indigentes forzados a dedicar todo su tiempo a la f�brica, empujando hacia ella a sus mujeres e hijos. He aqu�, pues, d�nde radica el primer cambio a que conduce el desarrollo 94 del capitalismo: mientras en manos de un peque�o pu�ado de capitalistas se acumulan inmensas riquezas, la masa del pueblo se trasforma en indigente.
p El segundo cambio consiste en que la sustituci�n de la peque�a por la gran producci�n condujo a muchas mejoras en la misma. Ante todo, en lugar del trabajo individual y aislado en un peque�o taller, de cada peque�o patrono por separado, apareci� el trabajo en com�n de obreros reunidos en una sola f�brica, para un solo terrateniente, para un solo contratista. El trabajo en com�n es mucho m�s fecundo (m�s productivo) que el individual y permite producir mercanc�as con mayor facilidad y rapidez. Pero de todas estas mejoras se beneficia s�lo el capitalista, quien remunera a sus obreros con el mismo m�sero salario, en tanto �l se apropia gratuitamente de los beneficios que reporta el trabajo en com�n de los obreros. El capitalista se torna m�s fuerte y el obrero m�s d�bil, por cuanto se habit�a a realizar un solo tipo de tarea y le es m�s dif�cil pasar a otro trabajo, cambiar de ocupaci�n.
p Otra mejora much�simo m�s importante para la producci�n son las m�quinas que el capitalista introduce. El rendimiento del trabajo aumenta muchas veces gracias al empleo de las m�quinas; pero el capitalista hace que esta ventaja se vuelva contra los obreros: aprovecha el hecho de que las m�quinas requieren menor esfuerzo f�sico, y emplea para trabajar en ellas a mujeres y ni�os, a quienes paga un salario menor. Debido a que con las m�quinas se necesitan muchos menos obreros, los despide en masa de la f�brica y aprovecha el desempleo para sojuzgar aun m�s al obrero, para prolongar la jornada de trabajo, para despojarlo del descanso nocturno y convertirlo en un simple ap�ndice de la m�quina. La desocupaci�n, obra de la m�quina, y su constante aumento, conduce ahora al completo desamparo del obrero. Su oficio pierde valor y es f�cilmente remplazado por el obrero no calificado, que se habit�a en seguida a la m�quina y que acepta trabajar de buen grado por una remuneraci�n menor. Cualquier tentativa de defenderse contra la creciente presi�n del capital lleva al despido. Solo, el obrero se ve por completo impotente frente al capital; la m�quina amenaza con aplastarlo.
p A. 3. Hemos se�alado, en la explicaci�n del punto precedente, que el obrero aislado se ve impotente e indefenso ante el capitalista que introduce la maquinaria. Se encuentra 95 obligado, pues, a buscar, a toda costa, los medios para ofrecer resistencia al capitalista, para defenderse. Y tal medio lo halla en la uni�n. Impotente por separado, el obrero llega a ser una fuerza unido a sus compa�eros, tiene la posibilidad de luchar contra el capitalista y oponerle resistencia.
p La uni�n se convierte en una necesidad para el obrero, que enfrenta ya al gran capital. ¿Pero es posible unir a esta masa heterog�nea del nueblo, extra�a entre s�, aunmie trabaje en una misma f�brica? El programa se�ala las condiciones que preparan a los obreros para unirse v desarrollan en ellos la capacidad v la habilidad rmra hacerlo. Esas condiciones son las siguientes: 1) la gran f�brica con producci�n mecanizada, que requiere trabaio permanente durante todo el a�o, provoca la total runtura del v�nculo del obrero con la tierra y con la hacienda individual, y lo trasforma por comnleto en proletario. La hacienda individual en una oarcela de tierra manten�a desunidos a los obreros, hac�a nue cada uno de ellos tuviese intereses particulares, diferentes de los del compa�ero, obstaculizando as� su unificaci�n. La separaci�n del obrero de la tierra elimina estas trabas. 2) Luego, de �or s�. el trabaio conjunto de centenares, de millares de obreros, los habit�a a deliberar sobre sus necesidades, a actuar en com�n, v les muestra con claridad la simi�tnd de situaci�n v de intereses de toda la masa de obreros 3) Por i’iltimo, los constantes traslados de los obreros de una f�brica a otra los acostumbran a confrontar las condiciones y costumbres en las diversas f�bricas, a compararlas y convencerse de que la explotaci�n es igual en todas partes, a recoger la experiencia de otros obreros en sus conflictos con los capitalistas, fortaleciendo as� su cohesi�n y solidaridad. Todas estas condiciones, en su conjunto, han hecho que la aparici�n de las grandes f�bricas diera origen a la uni�n de los obreros. Entre los obreros rusos, las huelgas son la expresi�n m�s frecuente y m�s poderosa de esta uni�n (m�s adelante se�alaremos por qu� nuestros obreros no pueden unirse para constituir sindicatos o mutualidades). Cuanto m�s poderoso es el desarrollo de las grandes f�bricas, tanto m�s frecuentes, fuertes y tenaces se tornan las huelgas obreras, ya que cuanto m�s fuerte es el yugo del capitalismo, tanto m�s necesaria se hace la resistencia mancomunada de los obreros. Las huelgas y levantamientos aislados de �stos, tal como lo dice el programa, constituyen en la actualidad el fen�meno m�s extendido en las f�bricas rusas. Pero, a medida que 96 crece el capitalismo y las huelgas se hacen m�s frecuentes, �stas revelan su insuficiencia. Los fabricantes adoptan contra ellas medidas en com�n: conciertan alianzas entre s�, traen obreros de otros lugares, buscan el apoyo del poder de Estado, que los ayuda a aplastar la resistencia de los obreros. Ya no se alza ante ellos el due�o de cada f�brica aislada, sino toda la clase de los capitalistas y el gobierno con cuya ayuda cuentan. Toda la clase de los capitalistas entra en la lucha contra toda la clase de los obreros, emprendiendo medidas comunes contra las huelgas, recabando del gobierno leyes contra los obreros, trasladando las f�bricas a localidades m�s alejadas, recurriendo al trabajo a domicilio y a miles de otras trampas y artima�as de todo tipo contra los obreros. La uni�n de �stos en una f�brica, o inclusive en una rama determinada de la industria, se vuelve ya insuficiente para poder resistir a toda la clase de los capitalistas. Se torna absolutamente necesaria la acci�n conjunta de toda la clase de los obreros. De manera, pues que de los alzamientos aislados de los obreros surge la lucha de toda la clase obrera. La lucha de los obreros contra los fabricantes se trasforma en lucha de clases. A todos los fabricantes los une un solo fin: mantener sumisos a los obreros y pagarles el salario m�s bajo posible. Y advierten que no podr�n defender su causa sin la acci�n mancomunada de toda la clase de los fabricantes, sin adquirir influencia sobre el poder de Estado. Tambi�n los obreros est�n ligados por un inter�s com�n: no dejarse aplastar por el capital, defender su derecho a la vida y a una existencia digna. Y se van convenciendo, asimismo, de que tambi�n ellos necesitan la uni�n, la acci�n mancomunada de toda la clase, la clase obrera, y que para ello es menester lograr influencia en el poder del Estado.
p A. 4. Hemos explicado de qu� manera y por qu� la lucha de los obreros de las f�bricas contra los fabricantes se trasforma en lucha de clases, en la luchad de la clase obrera, de los proletarios contra la clase de los capitalistas, contra la burgues�a. Pero se preguntar�: ¿qu� importancia tiene esta lucha para todo el pueblo y para todos los trabajadores? En las condiciones actuales, de las que hemos hablado ya en el punto primero, la producci�n por medio de obreros asalariados va desplazando cada vez m�s a la peque�a econom�a. El n�mero de personas que vive del trabajo asalariado aumenta r�pidamente; crece la cantidad de los obreros fabriles permanentes, y en medida mayor aun, el de los campesinos 97 que tambi�n se ven precisados a ir en busca de trabajo asalariado para poder subsistir. En la actualidad, el trabajo asalariado, el trabajo para el capitalista, ha llegado a ser ya la forma m�s difundida de trabajo. El dominio del capital sobre el trabajo abarca a la masa de la poblaci�n, no s�lo en la industria sino tambi�n en la agricultura. Esta explotaci�n del trabajo asalariado, sobre la cual descansa la sociedad contempor�nea, es la que las grandes f�bricas desarrollan hasta su grado m�ximo. Todos los m�todos de explotaci�n que todos los capitalistas emplean en todas las ramas de la industria, y de los que es v�ctima la masa �ntegra de la poblaci�n obrera de Rusia, se concentran, se acent�an, se convierten en regla permanente en la f�brica, se hacen extensivos a todos los aspectos del trabajo y de la vida del obrero, dan origen a un verdadero r�gimen, a un sistema que permite al capitalista exprimir al obrero. Lo aclararemos con un ejemplo: siempre y en todas partes cualquiera se emplea por un salario, goza de descanso, deja de trabajar en d�as feriados, si tales feriados son observados en la zona. Otra cosa completamente distinta sucede en la f�brica: al emplear a un obrero, la f�brica dispone ya de �l seg�n le convenga, sin prestar atenci�n alguna a las costumbres del obrero, a su tren de vida, a su situaci�n familiar ni a sus necesidades espirituales. Lo hace trabajar cuando lo necesita, oblig�ndolo a ajustar toda su vida a las demandas de la f�brica, a cortar su descanso y, en el trabajo por turnos, a trabajar de noche y en los d�as feriados. La f�brica pone en pr�ctica todos los abusos imaginables con respecto a la jornada de trabajo, al tiempo que fija sus propias “reglas”, su propio “r�gimen”, obligatorios para cada obrero. ¡El r�gimen fabril es ajustado expresamente de modo que permita exprimir del obrero la m�xima cantidad de trabajo, exprimirlo con la mayor rapidez posible y despu�s arrojarlo a la calle! Otro ejemplo. Todo el que entra a trabajar por un salario se compromete, claro est�, a subordinarse al patrono y ejecutar todo lo que se le ordena. Pero al comprometerse a ejecutar una labor temporaria, el asalariado no renuncia en modo alguno a su voluntad; si considera que las exigencias del patrono son injustas o excesivas, lo abandona. La f�brica, en cambio, exige que el obrero renuncie por completo a su voluntad; establece una disciplina que lo obliga, a toque de campana, a comenzar y a terminar el trabajo; se arroga el derecho de sancionar por su propia cuenta al obrero y, por cualquier trasgresi�n de las reglamentaciones que ella misma ha establecido, 98 le impone multas o descuentos. El obrero se convierte en parte de una inmensa m�quina: debe ser tan obediente, sumiso, sin voluntad propia como la misma m�quina.
p Un tercer ejemplo: todo el que se emplea por un salario, con frecuencia se siente desconforme con el patrono, y eleva su queja contra �l a los tribunales o a las autoridades. �stos resuelven el pleito, por lo general, en favor del patrono, se ponen de su lado, pero esta connivencia con los intereses patronales no se basa en un reglamento o en leyes generales, sino en el mayor o menor servilismo de los diversos funcionarios, que deciden el pleito las m�s de las veces, injustamente, en beneficio del patrono, ya sea por amistad, ya sea por desconocer las condiciones de trabajo o por su incapacidad para comprender al obrero. Cada caso particular de injusticia depende del choque particular entre el obrero y su patrono, de cada funcionario individualmente. La f�brica, por su parte, congrega a una masa tal de obreros, lleva los abusos a tal extremo, que se hace imposible analizar cada caso en especial. Se establece un reglamento general, y la ley, obligatoria para todos, regula las relaciones entre obreros y fabricantes. Y en esta ley el favoritismo en beneficio del patrono es, en adelante, consagrado por el poder del Estado. En lugar de la injusticia de funcionarios aislados, es ya la injusticia de la propia ley. Aparecen, por ejemplo, reglamentos seg�n los cuales el obrero, cuando falta al trabajo, no s�lo pierde el jornal sino que adem�s tiene que pagar una multa, mientras que el patrono, sin pagarle nada, deja al obrero sin trabajo; el patrono puede despedir al obrero por alguna actitud grosera de �ste; el obrero, en cambio, no puede dejar el trabajo por el rflismo motivo; el patrono tiene el derecho de imponer a su antojo multas y descuentos o exigir trabajo suplementario, etc.
p Todos estos ejemplos muestran de qu� manera la f�brica acrecienta la explotaci�n de los obreros, convirti�ndola en un fen�meno general, haciendo de ella todo un “r�gimen”. El obrero, qui�ralo o no, enfrenta entonces, no a un patrono aislado, sus arbitrariedades y abusos; enfrenta la arbitrariedad y la opresi�n de toda la clase patronal. Ve que su opresor ya no es tal o cual capitalista, sino toda la clase de los capitalistas, por cuanto en todos los establecimientos rige el mismo r�gimen de explotaci�n; ni siquiera a un capitalista aislado le es posible desviarse de ese r�gimen: por ejemplo, si se le ocurriera reducir la jornada de trabajo, sus mercanc�as le costar�an m�s que al fabricante vecino, que obliga al 99 obrero a trabajar una jornada mayor por el mismo salario. Para lograr u,a mejoramiento de su situaci�n, el obrero tropieza ya con toda una estructura social orientada hacia la explotaci�n del trabajo por el capital. Ya no se trata para el obrero de la injusticia de un funcionario cualquiera, sino de la injusticia del propio poder estatal, que toma bajo su protecci�n a toda la clase de los capitalistas y promulga leyes obligatorias para todos, en favor de dicha clase. De esta manera, la lucha de los obreros fabriles contra los fabricantes se trasforma inevitablemente en una lucha contra toda la clase de los capitalistas, contra todo el r�gimen social basado en la explotaci�n del trabajo por el capital. Por ello adquiere significaci�n social, se convierte en la lucha que se desarrolla en nombre de todos los trabajadores, contra todas las clases que viven del trabajo ajeno. Por eso, la lucha de los obreros inaugura una nueva �poca en la historia rusa y constituye la aurora de la liberaci�n de los obreros.
p ¿Pero en qu� se apoya el dominio de la clase de los capitalistas sobre todo el conjunto de la masa obrera? En que en manos de los capitalistas, como propiedad privada de �stos se encuentran todas la f�bricas, talleres, yacimientos, m�quinas e instrumentos de trabajo; en que en sus manos est�n las inmensas extensiones de tierra (de toda la tierra de la Rusia europea, m�s de un tercio pertenece a los terratenientes, cuyo n�mero no alcanza al medio mill�n). Por carecer de instrumentos de trabajo y materiales propios, los obreros se ven obligados a vender su fuerza de trabajo a los capitalistas, quienes les pagan �nicamente lo necesario para mantenerse, embols�ndose todo el excedente que el trabajo produce; de esta manera pagan s�lo una parte del tiempo invertido en el trabajo; y se apropian del resto. Todo el aumento de la riqueza que resulta del trabajo en com�n de la masa de obreros, o de las mejoras introducidas en la producci�n, va a parar a manos de la clase de los capitalistas, en tanto que los obreros, que penan generaci�n tras generaci�n, son siempre los mismos, proletarios despose�dos. Por eso hay s�lo un medio para poner fin a la explotaci�n del trabajo por el capital, a saber: liquidar la propiedad privada sobre los instrumentos de trabajo, poner todas las f�bricas, talleres, minas, como as� tambi�n todas las grandes haciendas, etc., en manos de toda la sociedad y organizar la producci�n socialista general, dirigida por los propios obreros. Los productos obtenidos por el trabajo com�n ser�n aprovechados entonces por los propios 100 trabajadores, y lo que ellos produzcan como excedente de lo que requiere su mantenimiento servir� para satisfacer sus necesidades, para desarrollar plenamente todas sus aptitudes y darles igualdad de derechos en el usufructo de todas las conquistas de la ciencia y del arte. Por eso en el programa se se�ala tambi�n que s�lo as� podr� darse fin a la lucha de la clase obrera contra los capitalistas. Para ello es menester que el poder pol�tico, es decir, la direcci�n del Estado, pase, de manos de un gobierno que se halla bajo la influencia de los capitalistas y terratenientes, o integrado directamente por representantes de los capitalistas, a las de la clase obrera.
p Tal es el objetivo final de la lucha de la clase obrera, tal es la condici�n para su completa liberaci�n. Hacia este objetivo final deben tender los obreros concientes y unidos; pero aqu�, en Rusia, tropiezan a�n con enormes obst�culos que traban la lucha por su emancipaci�n.
p A. 5. Los obreros de todos los pa�ses europeos est�n empe�ados ya en esta lucha contra el dominio de la clase de los capitalistas, del mismo modo que los obreros de Am�rica y de Australia. La uni�n y cohesi�n de la clase obrera no se circunscribe a los l�mites de un solo pa�s o de una sola nacionalidad; los partidos obreros de diversos pa�ses proclaman la plena identidad ( solidaridad) de intereses y objetivos de los obreros de todo el mundo. Se re�nen en congresos generales, plantean ante la clase de los capitalistas de todos los pa�ses sus reivindicaciones comunes, instituyen la jornada internacional de todo el proletariado unido que aspira a su liberaci�n (el 1 de mayo), cohesionan a la clase obrera de todas las nacionalidades y pa�ses en un �nico y gran ej�rcito obrero. Esta uni�n de los obreros de todos los pa�ses surge como una necesidad debido a que la clase de los capitalistas, que ejerce su poder sobre aqu�llos, no limita ese dominio a los marcos de un solo pa�s. Las relaciones comerciales entre los diversos Estados se tornan cada vez m�s estrechas y amplias; el capital pasa constantemente de un pa�s a otro. Los bancos, esos inmensos dep�sitos de capitales, reciben dinero de todas partes y lo distribuyen en pr�stamo entre los capitalistas; de nacionales se convierten en internacionales, agrupan a los capitales de todos los pa�ses y los distribuyen entre los capitalistas de Europa y de Am�rica. Se constituyen grandes compa��as por acciones para establecer empresas capitalistas, ya no en un solo pa�s, sino en varios a la vez; 101 aparecen las sociedades internacionales de capitalistas. El dominio del capital es internacional. Por eso, tambi�n la lucha de los obreros de todos los pa�ses por su emancipaci�n tendr� �xito s�lo si es una lucha mancomunada de los obreros contra el capital internacional. Por esa misma causa el obrero ruso que lucha contra la clase de los capitalistas tiene un camarada, tanto en el obrero alem�n como en el polaco o en el franc�s, del mismo modo que son sus enemigos los capitalistas, tanto rusos como polacos o franceses. Es por ello que en los �ltimos tiempos los capitalistas extranjeros, de muy buen grado, trasfieren sus capitales a Rusia; construyen aqu� sucursales de sus f�bricas y forman compa��as para instalar nuevas empresas en el pa�s. Se abalanzan con avidez sobre un joven pa�s, cuyo gobierno es ben�volo y complaciente con el capital como en ninguna otra parte; donde encuentran obreros menos unidos, menos capacitados para ofrecerles resistencia que en Occidente; donde el nivel de vida de �stos, y por lo tanto sus salarios, son mucho m�s bajos, de modo que los capitalistas extranjeros pueden obtener beneficios inmensos, sin precedentes en sus pa�ses. El capital internacional ha extendido ya sus garras sobre Rusia. Los obreros rusos tienden su mano al movimiento obrero internacional.
p A. 6. Ya hemos explicado c�mo las grandes f�bricas agudizan a un grado extremo la opresi�n del capital sobre el trabajo, c�mo crean todo un sistema de m�todos de explotaci�n; c�mo los obreros, al levantarse contra el capital, llegan inevitablemente a comprender la necesidad de unirse, de la lucha en com�n de toda la clase obrera. En esta lucha contra la clase de los capitalistas, se enfrentan con las leyes generales del Estado, que amparan a los capitalistas y protegen sus intereses.
p Pero si los obreros uni�ndose son suficientemente fuertes como para arrancar concesiones a los capitalistas, para ofrecerles resistencia, podr�an igualmente, gracias a su uni�n, presionar sobre las leyes y el Estado y obtener su modificaci�n. As� proceden, en efecto, los de los dem�s pa�ses, pero los obreros rusos no pueden influir directamente sobre el Estado. En Rusia se hallan en condiciones tales, que carecen de los derechos civiles m�s elementales. No se les permite reunirse, ni discutir en com�n sus propios problemas, ni organizar sindicatos, ni hacer p�blicas sus peticiones. En otras palabras, las leyes del Estado, adem�s de favorecer a la clase de los capitalistas, privan a los obreros de toda posibilidad 102 de influir sobre ellas y lograr su modificaci�n. Esto pusa. porque en Rusia (entre todos los Estados europeos, s�lo en Rusia) se conserva basta boy el poder ilimitado del gobierno autocr�tico, o sea, un r�gimen de Estado en el que las leyes, obligatorias para todos, son promulgadas por el zar seg�n su propio criterio y ejecutadas por los funcionarios que �l mismo designa. Los ciudadanos est�n privados de toda participaci�n en la promulgaci�n de las leyes, en su difusi�n, en la proposici�n de otras nuevas; tampoco pueden reclamar la derogaci�n de las viejas. Se hallan privados del derecho de exigir responsabilidad a los funcionarios, de verificar los actos de �stos y de acusarlos ante la justicia. Cirecen inclusive del derecho a discutir los asuntos de Estado: ni les est� permitido organizar asambleas ni asociaciones sin el permiso de esos mismos funcionarios. De tal manera, �stos se encuentran exentos de toda responsabilidad, en el cabal sentido de esta palabra: constituyen una especie de casta colocada por encima de los ciudadanos. La falta de responsabilidad y la arbitrariedad de los funcionarios, as� como la absoluta imposibilidad para la poblaci�n de hacer o�r su voz, dan lugar a tan inauditos abusos de poder por parte de los funcionarios, a tales trasgresiones de los derechos de la gente sencilla, que resultan inimaginables en cualquier otro pa�s europeo.
p As�, pues, seg�n la ley, las atribuciones del gobierno ruso son completamente ilimitadas; se considera independiente en absoluto con respecto al pueblo y por encima de todos los estamentos y clases. Pero si en realidad esto fuera as�, ¿por qu� tanto la ley como el gobierno, en todos los conflictos entre los obreros y los capitalistas, se coloca de parte de estos �ltimos? ¿Por qu� los capitalistas tienen mayor apoyo a medida que aumentan su n�mero y su riqueza, mientras que los obreros encuentran cada vez m�s oposici�n y m�s restricciones?
p En realidad, el gobierno no est� por encima de las clases, torna bajo su protecci�n a una clase en detrimento de la otra, a la clase de los poseedores contra la de los despose�dos, de los capitalistas contra los obreros. Un gobierno absoluto no podr�a dirigir un Estado tan inmenso, si no concediera toda clase de prerrogativas y privilegios a las clases poseedoras.
p Aun cuando, seg�n la ley, el gobierno es un poder absoluto e independiente, en los hechos los capitalistas y terratenientes cuentan con miles de m�todos para influir sobre �l y sobre los 103 asuntos de Estado. Tienen, reconocidas por la ley, sus propias instituciones estamentales, sociedades de nobles y de comerciantes, c�maras de comercio y de la manufactura, etc. Sus representantes llegan directamente a ser funcionarios y participan en la direcci�n del Estado (los mariscales de la nobleza, por ejemplo), o bien son invitados a participar como miembros de todas las instituciones oficiales: por ejemplo, de acuerdo con la ley, los fabricantes participan en los tribunales de trabajo (bajo cuya direcci�n se encuentra la Inspecci�n del trabajo), y designan all� a sus representantes. Pero no se limitan a la participaci�n directa en la conducci�n del Estado. En sus asociaciones discuten las leyes del Estado, elaboran proyectos, y, por cualquier motivo, el gobierno Acostumbra a solicitarles su opini�n, les env�a proyectos pidi�ndoles las correspondientes observaciones.
p Los capitalistas y terratenientes organizan congresos nacionales, en los cuales debaten sus asuntos, para lograr diversas medidas en favor de su clase; act�an en nombre de todos los terratenientesnobles, de “los comerciantes de toda Rusia" en procura de la promulgaci�n de nuevas leves y de la modificaci�n de Ins antiguas. Pueden discutir sus problemas en los peri�dicos, pues el gobierno, si bien limita la prensa por medio de la censura, no se atreve a pensar en despojar a las clases poseedoras del derecho de discutir sus asuntos. Disponen de todos los conductos para llegar a las instancias superiores del poder estatal y les resulta m�s f�cil discutir los casos de arbitrariedad de funcionarios inferiores, a la vez que conseguir, sin mayores inconvenientes, la derogaci�n de las leyes y reglamentaciones particularmente lesivas para sus intereses. Y as� como no hay otro pa�s en el mundo donde existan tantas leyes y reglamentaciones, y una tan inaudita tutela polic�aca del gobierno, que prev� los menores detalles y quita vitalidad a cualquier obra, tampoco existe en el mundo un pa�s donde con tanta facilidad se violen esas reglamentaciones burguesas, ni donde tan f�cilmente se eludan esas leyes policiales con la sola ben�vola aprobaci�n de las autoridades superiores. Y tal aprobaci�n jam�s es negada [103•* .
104p B. 1. Este punto del programa es el m�s importante, el principal, pues muestra cu�l debe ser la actividad del partido que defiende los intereses de la clase obrera y la de todos los obreros concientes. Se�ala c�mo la aspiraci�n al socialismo, la voluntad de eliminar la eterna explotaci�n del hombre por el nombre, debe estar ligada al movimiento popular que engendran las condiciones de vida creadas por la aparici�n de las grandes f�bricas.
p Por su actividad, el partido debe contribuir a la lucha de clase de los obreros. La tarea del partido consiste, no en inventar procedimientos novedosos para ayudar a los obreros, sino en adherir a su movimiento y llevarle ideas esclarecedoras, en ayudar a los obreros en la lucha que han iniciado. El partido debe defender los intereses^ de los obreros, representar los de todo el movimiento obrero. ¿C�mo debe, pues, manifestarse la ayuda a los obreros en lucha?
p El programa dice que esta ayuda debe consistir, en primer t�rmino, en desarrollar la conciencia de clase de los obreros. Ya hemos visto c�mo la lucha de �stos contra los fabricantes se convierte en una lucha de clase del proletariado contra la burgues�a.
p De lo que hemos visto se desprende qu� debe entenderse por conciencia de clase de los obreros. Esta conciencia de clase es la comprensi�n, por su parte, de que el �nico medio para mejorar su situaci�n y lograr su liberaci�n, es la lucha contra la clase de los capitalistas y fabricantes, clase que se origina con la aparici�n de las grandes f�bricas. Luego, te er conciencia de clase significa comprender que los intereses de todos ellos, en un pa�s determinado, son id�nticos, solidarios; que todos ellos constituyen una sola clase, una clase aparte respecto de las dem�s de la sociedad. Conciencia de clase de los obreros quiere decir, por �ltimo, que �stos comprendan que para lograr sus objetivos les es indispensable influir en los asuntos de Estado, tal como lo han hecho y siguen haci�ndolo los terratenientes y capitalistas.
p ¿C�mo llegan los obreros a la comprensi�n de todo esto? La adquieren constantemente a cada paso de la misma lucha que ya han iniciado contra los fabricantes y que se desarrolla cada vez m�s, se torna m�s �spera e incorpora a un n�mero creciente de obreros, a medida que se desarrollan las grandes f�bricas. Hubo un -tiempo en que la hostilidad de los obreros contra el capital 105 se traduc�a solamente en un vago sentimiento de odio contra sus explotadores, en una noci�n confusa de la opresi�n de que eran objeto y de su esclavitud y en el deseo de vengarse de los capitalistas. La lucha se expresaba entonces en levantamientos aislados de los obreros, durante los cuales destru�an los edificios, romp�an las m�quinas, apaleaban a los directores de las f�bricas, etc. Esta fue la primera forma, la forma inicial del movimiento obrero, y fue necesaria por cuanto el odio al capitalista siempre y en todas partes, constituy� el primer impulso tendiente a despertar en los obreros la necesidad de defenderse. Pero el movimiento obrero ruso ha superado esta forma inicial. En lugar del odio confuso hacia el capitalista, los obreros han comenzado ya a comprender el antagonismo que existe entre la clase de los obreros y la de los capitalistas. En lugar del vago sentimiento de opresi�n han empezado ya a discernir sobre c�mo y por qu� medios, precisamente, los oprime el capital; y se alzan contra esta o aquella forma de sojuzgamiento, oponiendo una barrera a la presi�n del capital, defendi�ndose de la codicia del capitalista. En lugar de la venganza contra los capitalistas, pasan ahora a la lucha por obtener concesiones: comienzan a plantear a la clase de los capitalistas una reivindicaci�n tras otra y a reclamar para s� el mejoramiento de las condiciones de trabajo, el aumento de los salarios, la reducci�n de la jornada de trabajo. Cada huelga concentra toda la atenci�n y todos los esfuerzos de los obreros, ya en una, ya en otra de las condiciones en que vive la clase obrera. Cada huelga suscita la discusi�n sobre esas condiciones, ayuda a los obreros a juzgarlas, a comprender c�mo se traduce en esa oportunidad la presi�n del capital, c�mo se puede luchar contra ella. Cada huelga enriquece con una nueva experiencia a toda la clase obrera. Si tiene �xito, sirve para mostrar la fuerza de la uni�n de los obreros y estimula a los dem�s a seguir el ejemplo de sus compa�eros. Si fracasa, provoca la discusi�n de las causas de la derrota y la b�squeda de mejores m�todos de lucha. Esta transici�n que se inicia ahora en toda Rusia, hacia la lucha indeclinable de los obreros por sus necesidades esenciales, hacia la lucha por arrancar concesiones, por obtener mejores condiciones de vida, de salario, y una reducci�n en la jornada de trabajo, marca el enorme paso adelante dado por los obreros rusos; y, por eso, a esta lucha y a c�mo contribuir a la misma deben dedicar su atenci�n principal el Partido Socialdem�crata y todos los obreros concientes. La ayuda a los obreros 106 debe consistir en se�alar las necesidades m�s apremiantes, por cuya satisfacci�n debe lucharse, analizar las causas que agravan la situaci�n de tales o cuales obreros, explicar las leyes y reglamentaciones fabriles, cuya violaci�n (y las tramoyas fraudulentas de los capitalistas) somete a los obreros tan a menudo, a un doble saqueo. Debe consistir en se�alar con la mayor exactitud y precisi�n posibles las reivindicaciones de los obreros y hacerlas p�blicas, en escoger el mejor momento para resistir, elegir la mejor forma de lucha, estudiar la posici�n y las fuerzas de ambos bandos en lucha, analizar si no existe la posibilidad de una forma de lucha aun mejor (como ser, una carta al fabricante o una denuncia ante el inspector o el m�dico, seg�n las circunstancias, si no conviene recurrir directamente a la huelga, etc.).
p Hemos dicho que el paso de los obreros rusos a esta forma de lucha muestra que han dado un gran paso adelante. Esta lucha coloca (lleva) el movimiento obrero en el buen camino, y es garant�a de futuros �xitos. En esta lucha, las masas obreras aprenden, en primer lugar, a reconocer y analizar, uno tras otro, los m�todos de explotaci�n capitalista, a comprenderlos, tanto en relaci�n con la ley, como con sus propias condiciones de vida y con los intereses de la clase de los capitalistas. Al examinar las diversas formas y Casos de explotaci�n, los obreros aprenden a entender el sentido y la esencia de la explotaci�n en su conjunto, aprenden a entender el r�gimen social basado en la explotaci�n del trabajo por el capital. En segundo lugar, en esta lucha, los obreros ponen a prueba sus fuerzas, aprenden a unirse, a entender la necesidad y el valor de dicha uni�n. La ampliaci�n de la lucha y la frecuencia de los choques conducen inevitablemente a una extensi�n aun mayor de aqu�lla, al desarrollo del sentimiento de unidad, al esp�ritu de solidaridad, en primer t�rmino entre los obreros de una localidad determinada, despu�s entre los .de todo el pa�s, entre toda la clase obrera. En tercer lugar, esa lucha desarrolla la conciencia pol�tica de los obreros. La masa obrera se ve colocada, por sus propias condiciones de vida, en una situaci�n tal, que (no puede) no tiene tiempo ni posibilidad para meditar acerca de cualquier clase de problemas de orden nacional. Pero la lucha de los obreros contra los fabricantes por sus necesidades cotidianas hace, por s� sola y en forma inevitable, que tropiecen con problemas nacionales y pol�ticos, con problemas relativos a la forma en que se gobierna el Estado ruso, c�mo se promulgan las leyes y reglamentaciones, y a qu� 107 intereses sirven. Cada conflicto en una f�brica lleva necesariamente a los obreros a enfrentarse con las leyes y con los representantes del poder estatal. Escuchan entonces por primera vez “discursos pol�ticos”. Para empezar, los obreros comprenden, aunque s�lo sea por las explicaciones de los propios inspectores del trabajo, que la artima�a mediante la cual el patrono los oprime est� basada en el exacto cumplimiento de las disposiciones aprobadas por las autoridades correspondientes, que conceden al fabricante libertad para explotar a los obreros a su arbitrio; o que la expoliaci�n a que aqu�l los somete es perfectamente legal, y que, por lo tanto, no hace m�s que ejercer un derecho establecido en tal o cual ley sancionada y protegida por el poder estatal. A las explicaciones pol�ticas de los se�ores inspectores se agregan, a veces, “explicaciones pol�ticas” [107•* , aun m�s �tiles, del se�or ministro quien recuerda a los obreros que deben sustentar sentimientos de “amor cristiano" para con los fabricantes, por los millones que �stos ganan a expensas del trabajo de los obreros. Despu�s, a estas explicaciones de los representantes del poder estatal y a la forma directa en que los obreros conocen en beneficio de qui�nes act�a este poder, se agregan aun los volantes u otra clase de explicaciones de los socialistas, de suerte que durante una huelga de este tipo, reciben una educaci�n pol�tica completa. Aprenden a entender, no s�lo cu�les son los intereses particulares de la clase obrera, sino tambi�n el lugar particular que �sta ocupa dentro del Estado. He aqu�, pues, en qu� debe consistir la ayuda que o� Partido Socialdem�crata puede prestar a la lucha de clase de los obreros: en desarrollar su conciencia de clase contribuyendo a la lucha que realizan por sus necesidades esenciales.
p La segunda forma de ayuda debe consistir, como lo dice el programa, en contribuir a la organizaci�n de los obreros. La lucha que acabamos de describir exige que est�n organizados. Esto es necesario tanto para una huelga, a fin de conducirla con mayor �xito, como para la recaudaci�n de fondos en favor de los huelguistas, para la organizaci�n de cajas mutuales y para la propaganda entre los obreros; para la difusi�n entre los mismos de volantes, 108 comunicados, llamamientos, etc. La organizaci�n es m�s necesaria aun para defenderse contra las persecuciones de la polic�a y de la gendarmer�a, para proteger de �stas todos los v�nculos y contactos entre los obreros, para proporcionarles libros, folletos, peri�dicos, etc. La ayuda en todos estos aspectos: tal es la segunda tarea del partido.
p La tercera consiste en se�alar el verdadero objetivo de la lucha, o sea, esclarecer a los obreros en qu� consiste la explotaci�n del trabajo por el capital, sobre qu� se mantiene, de qu� modo la propiedad privada sobre la tierra y los instrumentos de trabajo cordena a las masas obreras a la miseria, las obliga a vender su trabajo a los capitalistas y a entregarles gratuitamente todo el excedente creado por su trabajo despu�s de producir lo necesario para subsistir; en explicar, luego, c�mo esta explotaci�n conduce inevitablemente a la lucha de clase de los obreros contra los capitalistas, cu�les son las condiciones de dicha lucha y su objetivo final: en una palabra, en explicar todo lo que, en forma concisa, se se�ala en el programa.
p B. 2. ¿Qu� quiere decir que la lucha de la clase obrera es una lucha pol�tica? Quiere decir que la clase obrera no puede luchar por su emancipaci�n sin tratar de influir en los asuntos de Estado, en la direcci�n del Estado y en la promulgaci�n de las leyes. Hace tiempo que los capitalistas rusos hin comprendido la necesidad de esta influencia, y ya hemos mostrado de qu� modo, pese a todas las prohibiciones de las leyes polic�acas, supieron encontrar mil maneras para influir sobre el poder estatal, y c�mo este poder sirve a los intereses de la clase de los capitalistas. De ello se desprende que si la clase obrera no ejerce influencia sobre el poder estatal, tampoco es posible su lucha, tampoco es posible para ella lograr siquiera un mejoramiento estable de su situaci�n.
p Ya hemos dicho que la lucha de los obreros contra los capitalistas los conduce inevitablemente a chocar con el gobierno, y �ste hace todo lo posible para demostrarles que s�lo mediante la lucha y la resistencia unida pueden ejercer influencia sobre el poder del Estado. Esto lo demuestran con particular evidencia las grandes huelgas que tuvieron lugar en Rusia durante los a�os 1885 y 1886. El gobierno comenz� en el acto a preocuparse por las reglamentaciones relativas a los obreros y sin tardanza promulg� nuevas leyes referentes al r�gimen fabril, cediendo ante el perentorio reclamo de los obreros (por ejemplo, las reglamentaciones 109 para restringir la imposici�n de multas y para establecer escalas de salarios correctas) [109•* ; del mismo modo, las huelgas actuales (1896) provocaron la inmediata intervenci�n del gobierno, el cual comprendi� ya que no le es posible limitarse a detenciones y deportaciones, que es absurdo obsequiar a los obreros rid�culos sermones acerca de los nobles sentimientos de los fabricantes (v�ase la circular del ministro de Finanzas Witte, dirigida a los inspectores de f�bricas. Primavera de 1896 [109•** ). El gobierno se ha dado cuenta de que "los obreros unidos representan una fuerza con la cual habr� que contar”, y ya inici� la revisi�n de las leyes fabriles, al tiempo que convoca en San Petersburgo un congreso de jefes de inspectores del trabajo para discutir el problema de la reducci�n de la jornada de trabajo y otras inevitables concesiones a los obreros.
p Vemos, as�, que la lucha de la clase obrera contra la de los capitalistas tiene eme ser, necesariamente, pol�tica. Esta lucha ejerce ya, en efecto, influencia sobre el poder estatal y adquiere importancia pol�tica. Pero cuanto m�s se desarrolla el movimiento obrero, tanto m�s clara y acentuadamente aparece y se deja sentir la completa falta de derechos pol�ticos de los obreros, hecho del que hemos hablado antes; la completa imposibilidad de �stos de influir de modo abierto y directo sobre el poder de Estado. Por eso, la reivindicaci�n m�s urgente de los obreros, y el primer objetivo para que la clase obrera ejerza influencia sobre el poder estatal debe ser la conquista de la libertad pol�tica, o sea, la participaci�n, directa y asegurada por las leyes (por la Constituci�n), de todos los ciudadanos en la direcci�n del Estado, el derecho de todos los ciudadanos a reunirse libremente, discutir sus problemas y ejercer influencia en los asuntos de Estado por medio de asociaciones y de la prensa. La conquista de la libertad pol�tica se convierte en “una cuesti�n esencial para los obreros", porque sin ella no tienen ni pueden tener influencia alguna sobre los asuntos de Estado, porque sin ella nunca dejar�n de ser una clase privada de derechos, humillada y sin voz. ¡Y si ya ahora, cuando la lucha de los obreros y su unificaci�n apenas han comenzado, el gobierno se apresura a hacer concesiones a fin de paralizar el desarrollo del movimiento, no cabe duda de que cuando se unan y se cohesionen 110 baja la direcci�n de un partido pol�tico sabr�n obligar al gobierno a ceder, sabr�n conquistar la libertad pol�tica para s� y para todo el pueblo ruso!
p En las partes precedentes del programa ya se ha se�alado el lugar que ocupa la clase obrera dentro de la sociedad y del Estado contempor�neos, el objetivo de su lucha y la tarea del partido que representa los intereses de los obreros. Con el poder absolutista del gobierno en Rusia no existe, ni puede existir legalmente, partido pol�tico alguno, pero s� corrientes pol�ticas que traducen los intereses de las dem�s clases y que ejercen influencia sobre la opini�n p�blica y sobre el gobierno. Por ello, para esclarecer la posici�n del Partido Socialdem�crata es menester ahora se�alar su actitud frente a las restantes corrientes pol�ticas de la sociedad rusa, a fin de que los obreros determinen qui�nes pueden ser sus aliados, hasta qu� l�mites, y qui�nes son sus enemigos. Esto es lo que se indica en los dos puntos siguientes del programa.
p B. 3. El programa declara que son aliados de los obreros en primer t�rmino, todos los sectores sociales que se manifiestan contra el poder absolutista del gobierno autocr�tico. Dado que este poder ilimitado constituye la traba principal en la lucha de los obreros por su liberaci�n, se deduce que el inter�s inmediato de �stos requiere que presten apoyo a todo movimiento social enderezado contra el absolutismo (absoluto quiere decir ilimitado; absolutismo, poder estatal ilimitado). Cuanto m�s se desarrolla el capitalismo, tanto m�s profundas se tornan las contradicciones entre este gobierno burocr�tico y los intereses de las propias clases poseedoras, los de la burgues�a. Y el Partido Socialdem�crata declara que apoyar� a todos los sectores y capas de la burgues�a que se manifiesten contra el gobierno absolutista.
p Para los obreros es infinitamente m�s ventajosa la influencia directa de la burgues�a en la conducci�n de los asuntos del Estado, que la que ejerce en la actualidad por intermedio de la cohorte de funcionarios venales y arbitrarios. Para los obreros es mucho m�s ventajosa la influencia abierta de la burgues�a en la pol�tica que la actual influencia que se oculta tras un gobierno aparentemente omnipotente e “independiente”, que obra por "voluntad divina" y otorga "sus favores" a los sufridos y laboriosos terratenientes, y a los infortunados y oprimidos fabricantes. Los obreros necesitan la lucha abierta contra la clase de los capitalistas 111 para que todo el proletariado ruso pueda ver por cu�les intereses combaten los obreros y aprendan c�mo hay que luchar para que las maquinaciones y los designios de la burgues�a no queden ocultos en las antec�maras de los pr�ncipes, en las salas de espera de los senadores y ministros o tras las puertas inaccesibles de los ministerios, y queden al descubierto a fin de que todos vean claramente qui�nes son, en realidad, los que inspiran la pol�tica gubernamental y hacia qu� tienden los capitalistas y los terratenientes. Por eso, [fuera todo lo que disimule la influencia actual de la clase de los capitalistas! Por eso, ¡apoyo a todos los representantes de la burgues�a, sean quienes fueren, que se manifiestan contra la burocracia, contra el gobierno burocr�tico, contra el gobierno absolutista! Pero al proclamar su apoyo a todo movimiento social dirigido contra el absolutismo, el Partido Socialdem�crata declara que no se aparta del movimiento obrero, por cuanto la clase obrera tiene sus intereses especiales, opuestos a los de todas las dem�s clases. Al prestar apoyo a todos los representantes de la burgues�a en la lucha por la libertad pol�tica, los obreros deben recordar que las clases poseedoras pueden ser s�lo temporalmente sus aliados, que los intereses de los obreros y los de los capitalistas son inconciliables, que los obreros necesitan la eliminaci�n del poder absolutista s�lo para dar a la lucha que desarrollan contra la clase de los capitalistas un car�cter abierto y amplio.
El Partido Socialdem�crata declara adem�s, que prestar� apoyo a todos los que se levanten contra la clase de los privilegiados arist�cratas terratenientes. En Rusia el estamento de los arist�cratas terratenientes est� en primer plano dentro del Estado. Los resabios de su poder feudal sobre los campesinos siguen oprimiendo aun hoy a la masa del pueblo. Los campesinos contin�an pagando rescate por su emancipaci�n del poder de los terratenientes. Siguen estando sujetos a la tierra, para que los se�ores terratenientes no sufran debido a la escasez de obreros agr�colas baratos y sumisos. Los campesinos, hasta hoy d�a sin derechos, como si fueran incapaces o menores de edad, son entregados a la arbitrariedad de los funcionarios que no cuidan m�s que de sus bolsillos, que se inmiscuyen en la vida de los campesinos para que �stos paguen “puntualmente” el rescate o el tributo a los se�ores terratenientes feudales, no se atrevan a “eludir” la obligaci�n de trabajar para ellos, no osen, por ejemplo, trasladarse 112 a otros lugares y de ese modo obligar, tal vez, a los tenatenientes a buscar obreros en otra parte, no tan baratos ni tan agobiados por la necesidad. Por la proeza de someter a millones, a decenas de millones de campesinos a su servicio, manteniendo su falta de derechos, los se�ores terratenientes se ven favorecidos por grandes privilegios que les otorga el Estado. Ocupan, principalmente, los altos cargos del Estado (pues, inclusive de acuerdo con la ley, el estamento de la nobleza goza del m�s alto derecho a los cargos p�blicos); los arist�cratas terratenientes son los que est�n m�s cerca de la Corte, y en forma m�s directa y m�s f�cil inclinan a su favor la pol�tica del gobierno. Se aprovechan de esa proximidad para saquear el tesoro p�blico y recibir, gracias a los dineros del pueblo, prebendas y regal�as por muchos millones de rublos, ora en forma de grandes haciendas, que se les entrega por servicios prestados, ora en forma de “concesiones” [112•* .
Notes
[103•*] Es evidente que el copista no pudo descifrar en el odgirial las palabras que siguen. En el texto hectografiado se lee aqu� la advertencia “[omisi�n I]”, y despu�s contin�a el fragmento siguiente: “el dominio de los funcionarios irrespons., m�s que cualquier intervenci�n de la sociedad en los asuntos gubernam., es el que brinda m�s posibilidades “[omisi�n II]”. (Ed.)
[107•*] Lenin se refiere a la circular enviada por el ministro de Finanzas, S. Witte, a los inspectores de f�brica, con motivo de las huelgas del verano y el oto�o de 1895. V�ase el comentario sobre el particular en la p�g. 114 del presente tomo. (Ed.)
[109•*] V�ase el presente tomo, p�gs. 29-34. (Ed.)
[109•**] �dem, p�g. 114. (Ed.)
[112•*] Aqu� se interrumpe el texto hectografiado que se conserva en el Instituto de Marxismo Leninismo, adjunto al CC del PCUS. (Ed.)
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