DE LA FABRICA THORNTON^^11^^
p ¡Obreros y obreras de la f�brica Thornton!
p Los d�as 6 y 7 de noviembre deben ser memorables para todos nosotros ... Por su respuesta un�nime a la opresi�n patronal los tejedores han demostrado que en los momentos dif�ciles a�n hay entre nosotros gente que sabe defender los intereses que nos son comunes a todos los obreros, que nuestros virtuosos patronos todav�a no han logrado convertirnos en miserables esclavos de su bolsa sin fondo. Continuemos, pues, camaradas, nuestra l�nea hasta el fin, firmemente y sin vacilaciones, recordemos que s�lo con nuestros esfuerzos mancomunados podremos mejorar nuestra situaci�n. Ante todo, camaradas, es preciso no caer en la trampa que con tanta habilidad nos han tendido estos se�ores Thornton. Ellos razonan de esta manera: “En este momento se ha paralizado la venta de mercanc�as, de manera que si contin�a el trabajo en la f�brica en las mismas condiciones de antes, no nos ser� posible obtener las mismas ganancias [...]. Y con menos no podemos conformarnos [...]. Por consiguiente, habr� que exprimir m�s a nuestros obreros; que ellos se deslomen para pagar los platos rotos, si los precios en el mercado son bajos [...]. S�lo que este asunto no hay que presentarlo de cualquier manera, sino con inteligencia, para que los obreros, en su simpleza, no se den cuenta del plato que les estamos preparando [...]. Si les toca a todos de golpe, se alzar�n todos juntos y nada conseguiremos; pero si primero engatusamos a estos pobres diablos de tejedores, los dem�s no escapar�n [...]. No es costumbre nuestra tener escr�pulos con esa gentuza, y, despu�s de todo, ¿para qu�? ¡Escoba nueva barre bien!...” Y as�, los patronos, tan preocupados por el bienestar de los obreros, despacito y en forma sigilosa, quieren preparar para los obreros de todas las secciones 75 de la f�brica la misma suerte que ya han deparado a los tejedores ... Por eso, si permanecemos indiferentes ante la suerte de la secci�n tejedur�a, cavaremos con nuestras propias manos la fosa en la que bien pronto nos arrojar�n tambi�n a nosotros. En estos �ltimos tiempos los tejedores ganaban, t�rmino medio, alrededor de 3 rublos 50 kopeks por quincena, y durante todo ese tiempo tuvieron que ingeni�rselas para vivir con 5 rublos cuando la familia era de siete personas, y con 2 cuando estaba compuesta del marido, la esposa y un hijo. Se han ido desprendiendo poco menos que del �ltimo trapo, se han comido hasta el �ltimo kopek que hab�an ganado mediante un trabajo infernal, mientras sus benefactores, los Thornton, amontonaban m�s millones sobre los millones que ya ten�an. Pero por si esto fuera poco, al tiempo que ante sus ojos se arrojaba a la calle a un n�merh cada vez mayor de nuevas v�ctimas de la avaricia patronal, la expoliaci�n crec�a, torn�ndose m�s cruel e implacable... Con la lana se comenz� a mezclar, sin explicaci�n alguna, nolles y knops [75•* , lo cual hizo que la elaboraci�n de la mercader�a fuera terriblemente lenta. Demoraron, como por casualidad, la entrega de la urdimbre, y por �ltimo comenzaron directamente a reducir las horas de trabajo; ahora han decidido hacer piezas de cinco shmits [75•** en lugar de nueve, a fin de que el tejedor pierda m�s tiempo al tener que enhebrar y ajustar con m�s frecuencia los hilos, por lo cual, como se sabe, no pagan un centavo. Quieren doblegar por hambre a nuestros tejedores, y el salario de 1 rublo con 62 kopeks por quincena, que ya figura en las libretas de trabajo de algunos tejedores, puede llegar a ser, dentro de muy poco tiempo, el salario general para toda la secci�n tejedur�a... Camaradas, ¿quieren ustedes llegar tambi�n a ser objeto de una solicitud semejante por parte de los patronos? Si no es as�, si no se les ha endurecido del todo el coraz�n ante los sufrimientos de sus semejantes, tan desdichados como ustedes, �nanse en torno de nuestros tejedores; planteemos nuestras reivindicaciones comunes y aprovechemos cada oportunidad que se nos presente para arrancar a nuestros opresores mejores condiciones.
76p Obreros de la secci�n hilander�a, no se dejen seducir por la estabilidad o por alg�n aumento de salarios... Casi las dos terceras partes de ustedes ya han sido despedidos de la f�brica, y el mejoramiento de sus salarios se ha logrado al precio del hambre de sus camaradas hilanderos arrojados a la calle. Esta es otra h�bil trampa de los patronos, maniobra f�cil de comprender con s�lo calcular lo que produc�a antes toda la secci�n devanado y lo que produce ahora. ¡Obreros de la nueva tintorer�a! ¡Ya en la actualidad, por una jornada de trabajo de 14 horas y cuarto, impregnados de pies a cabeza con los vapores malsanos de las tinturas, ganan ustedes s�lo 12 rublos por mes! Presten atenci�n a nuestras reivindicaciones: queremos poner t�rmino a los descuentos ilegales que se les hacen por culpa de la ineptitud de su capataz. Peones y, en general, obreros no calificados de la f�brica: ¿conf�an acaso en poder mantener su jornal de 60 a 80 kopeks, cuando un tejedor especializado tendr� que conformarse con 20 kopeks por jornada? ¡Camaradas!, no hay que ser ciegos, no hay que dejarse atrapar por la maniobra patronal, sepamos defendernos m�s firmemente los unos a los otros; de lo contrario todos lo pasaremos muy mal este invierno. Debemos todos vigilar con la mayor atenci�n las maniobras de nuestros patronos en lo que respecta a la rebaja de las escalas de pagos, y resistir con todas nuestras fuerzas estas tentativas tan nefastas para nosotros... Hagamos o�dos sordos a todos sus pretextos acerca de que los negocios marchan mal: para ellos, eso s�lo significa una menor ganancia sobre su capital; para nosotros, en cambio, significa el hambre y el sufrimiento para nuestras familias, significa privarnos del �ltimo pedazo de pan duro. ¿Y acaso se puede poner lo uno y lo otro en la misma balanza? Ahora presionan, en primer t�rmino, sobre los tejedores y por lo tanto debemos tratar de obtener:
p 1) el aumento de las escalas de pagos de los tejedores hasta el nivel que ten�an en la primavera, o sea, aproximadamente, 6 kopeks por shmit;
p 2) que se cumpla, tambi�n para los tejedores, la ley que establece que al entrar a trabajar se le debe comunicar al obrero qu� salario ganar�. Que la escala de pagos, avalada por la firma del inspector de f�brica, no quede s�lo en el papel, sino que se lleve a la pr�ctica de conformidad con la ley. Para el trabajo de los tejedores, por ejemplo, se deben agregar, a las tarifas 77 establecidas, indicaciones sobre la calidad de la lana, la cantidad de nolles y de knops que contenga, teniendo en cuenta el tiempo que se invierte en el trabajo preparatorio;
p 3) el horario de trabajo debe ser distribuido de suerte que por nuestra parte no haya p�rdidas involuntarias de tiempo; ahora, por ejemplo, las cosas est�n dispuestas de manera tal, que el tejedor pierde toda una jornada en preparar la urdimbre para cada pieza, y como �sta ha sido reducida casi a la mitad, el tejedor, sea cual fuere la escala de pagos sufrir� una p�rdida doble. Por este medio, los patronos quieren robarnos el salario: pues entonces que lo hagan abiertamente, para que sepamos bien qu� se nos quiere robar;
p 4) el inspector fabril debe vigilar para que no haya enga�os con las escalas de pagos establecidas, ni existan dos categor�as para una misma calidad. Esto quiere decir, por ejemplo, que para una misma clase de mercader�a, pero con diferente nombre, no deben figurar dos escalas de pagos distintas en la tabla. Por ejemplo, el pa�o b�ber lo hemos tejido a raz�n de 4 rublos con 32 kopeks, y el pa�o ural [77•* por nada m�s que 4 rublos con 14 kopeks.
p ¿Pero el trabajo no es el mismo en los dos casos? El robo es m�s descarado aun cuando se fijan dos escalas de pago diferentes por un art�culo de igual denominaci�n. De esta manera, los se�ores Thornton han eludido las leyes referentes a las multas, que establecen que �stas s�lo pueden ser impuestas cuando el deterioro de una mercader�a se debe a la negligencia del obrero, y que en esos casos el descuento debe anotarse en la libreta de trabajo, en el rubro correspondiente a multas, a m�s tardar tres d�as despu�s de la fecha de su imposici�n. Todas las multas deben contabilizarse estrictamente, y el importe total no puede ir a parar al bolsillo del fabricante; debe destinarse a cubrir las necesidades de los obreros de la f�brica. ¿Y qu� sucede en la nuestra? Miren nuestras libretas: est�n en blanco, no figura en ellas una sola multa; podr�a pensarse que no hay patronos mejores que los nuestros. En realidad, lo que pasa es que, gracias a nuestro desconocimiento, eluden las leyes, y les resulta f�cil arreglar sus asuntitos... A nosotros no se nos multa, ¡no!, se nos descuenta, pues se nos paga de acuerdo con una escala de pago 78 menor. Mientras existan dos escalas de pago—una menor y otra mayor—no habr� lugar a reclamos, y ellos seguir�n descontando para su bolsillo;
p 5) junto con la fijaci�n de una escala de pago �nica, hay que exigir que cada descuento sea incluido en el rubro multas, con la indicaci�n de por qu� es aplicado.
p Entonces nos ser� m�s f�cil ver cu�ndo las multas son injustas, trabajaremos menos tiempo gratuitamente y disminuir� el n�mero de arbitrariedades como las que se cometen en la actualidad, por ejemplo en tintorer�a, donde los obreros ganaron menos por culpa de un capataz inepto, lo que, por ley, no puede ser causa para no pagar el trabajo, ya que en ese caso no existe negligencia alguna por parte del obrero. ¿Y son acaso pocos los descuentos que se nos hacen sin que hayamos dado motivo para ello?;
_p 6) exigimos que por la vivienda se nos cobre el mismo alquiler que hasta 1891, o sea, un rublo mensual por persona, puesto que, con los salarios que tenemos, pagar dos rublos es materialmente imposible, y adem�s, ¿por qu�?... ¿Por esa pocilga inmunda, maloliente, estrecha y peligrosamente expuesta a incendios? No olviden, camaradas, que en todo Petersburgo se considera suficiente el pago de un rublo por mes, que s�lo nuestros benem�ritos patronos no se conforman con ello, y que tambi�n en este punto debemos obligarlos a reducir su codicia. Asumir la defensa de estas reivindicaciones, camaradas, no es amotinarse. S�lo reclamamos que se nos d� lo que ya tienen por ley todos los obreros de las dem�s f�bricas, lo que nos han quitado aprovech�ndose de nuestra incapacidad para defender nuestros propios derechos. Demostremos pues, esta vez, que nuestros “ bienhechores" se han equivocado.
p Escrito despu�s del 7 (19) da noviembre de 1895. Impreso en mime�grafo como volante.
Se publica de acuerdo con el texto del volante, cotejado con el de la recopilaci�n Rab�tnik n�m. 1-2, 1896.
Notes
[75•*] Fibras cortas que resultan del tratamiento de la lana en la m�quina de cardar; son menos apropiadas para el hilado que la lana.
[75•**] Shm�ts, medida de longitud equivalente a 5 arshinas (cerca de 3,5 metros); se empleaba para fijar las tarifas de los tejedores. (Ed,)
[77•*] B�ber y Urd�, denominaci�n de ciertos tipos de pa�o. (Ed.)
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