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EL PROTECCIONISMO^^22^^
 

p El último problema teórico que nos interesa en el sistema de concepciones de Sismondi, es el del proteccionismo. Se le dedica 184 no poco lugar en los Nouveaux Principes, pero se lo trata más bien desde el punto de vista práctico, con motivo del movimiento contra las leyes de los cereales en Inglaterra. Esta última cuestión la analizaremos más adelante, puesto que encierra otros problemas aun más amplios. Sólo nos interesa momentáneamente el punto de vista de Sismondi sobre el proteccionismo. El interés de esta cuestión no reside en un concepto económico nuevo de Sismondi, no incluido en nuestra exposición anterior, sino en su interpretación del vínculo que existe entre la “economía” y la “ superestructura”. Efrussi asegura a los lectores de la revista Rússkoie Bogatstvo que Sismonai es “uno de los primeros y más talentosos precursores de la escuela histórica contemporánea”, que se rebela “contra la tendencia a aislar los fenómenos económicos de los demás factores sociales”. “En las obras de Sismondi se encuentra la idea de que los fenómenos económicos no deben ser aislados de los otros factores sociales, que deben ser estudiados en relación con los hechos de carácter político-social" (Rússkoie Bogatstvo, núm. 8, págs. 38-39). Veamos, pues, en el ejemplo tomado, cómo entendía Sismondi el vínculo de los fenómenos económicos con los de naturaleza político-social.

p “La prohibición de la importación—dice Sismondi en el capítulo Sobre las aduanas (1. IV, ch. XI)—es tan irracional y perniciosa como la prohibición de la exportación: fueron inventadas para dotar a una nación de una manufactura que aún no poseía; y no se puede negar que para una industria incipiente se trata de un premio estimulante. Esta manufactura produce, quizás, apenas la centésima parte del total de mercancías de determinado tipo que consume la nación; y los cien compradores tendrán que rivalizar entre sí para obtener la preferencia del vendedor único, y los restantes noventa y nueve, a los que éste ha rechazado, se verán forzados a proveerse de mercaderías entradas por contrabando. En este caso, la pérdida para la nación será igual a 100 y la ventaja igual a 1. Cualesquiera que fueran las ventajas que proporcionase a la nación una manufactura nueva, no cabe duda de que son muy pocas para justificar tan grandes sacrificios. Siempre sería posible hallar medios menos costosos para ponerla en actividad” (1,440-441).

p He aquí con cuánta sencillez resuelve el problema Sismondi: ¡que el proteccionismo es “irracional” porque “la nación" sale perdiendo a causa cjel mismo!

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p ¿De qué “nación” habla nuestro economista? ¿Con qué relaciones económicas confronta el hecho político-social dado? En verdad, no confronta relaciones determinadas, sino que discurre en general robre una nación tal como debiera ser de acuerdo con siis Meas sobre lo que debe ser. Y éstas, como sabemos, están elaboradas sobre la exclusión del capitalismo y el predominio de la pequeña producción independiente.

p Pero es un absurdo completo confrontar un factor políticosocial que se refiere a un régimen económico determinado, v sólo a él, con otro régimen imaginario. El proteccionismo es un “factor político-norial" del capitalismo, pero Sismondi no lo confronta con el capitalismo, sino con una nación en general (o con una nación de pequeños productores independientes). Quizás hubiera podido confrontarlo, por ejemplo, con una comunidad india y hacer resaltar aun más su carácter “irracional” y “pernicioso”: mas e^ta “ irracionalidad" se habría referido tan sólo a su confrontación, pero de ninguna manera al proteccionismo. Para probar que éste representa una ventaja para rrmv pocos a expensas de la masa, Sismondi realiza un cálculo infantil. Pero esto no necesitaba ser demostrado, puesto que se desprende de la noción misma de proteccionismo (se trate de un subsidio directo o de la eliminación de los competidores extranjeros, poco importa). Que el proteccionismo es la expresión de una contradicción «oHal, no cabe la menor duda. ;Pero acaso en la vida económica del régimen que ha creado el proteccionismo no pxirt"n co^tradiccío^s? Al contrario, está U"ni de pilas, y el propio Sismondi las señaló a lo largo de su exposición. En lugar de deducir esta contradicción de las que él mismo comprobó en el régimen económico, Sismondi ignora estas contradicciones económicas, y convierte su razonamiento en una " inocente expresión de de^os”. tot°lmente inconsistente. En lugar de confrontar esta institución, que beneficia, según él, a un pequeño gri’po. con la. situación oue este grupo ocupa en el conjunto d" la ero-omía del país y con los intereses del mismo, lo hace con su concepción abstracta del "bien general”. Vemos, en consecuencia, que al contrario de lo oue afirma Efrussi, Sismondi aisla precisamente los fenómenos económicos de los restantes (pue«to que considera el proteccionismo desvinculado del régimen economía), »/ no comvrende, en absoluto, la relación que existe entre lo<! h°chos económicos v los político-sociales. El pa«aje que reprodujimos contiene todo lo que él puede dar, en calidad de 186 teórico, sobre el problema del proteccionismo: el resto no es más que repetición. “Es dudoso que los gobiernos comprendan bien a qué precio están comprando esa ventaja fel desarrollo de la manufactura] v los tremendos sacrificios que imponen a los consumidores" (I, 442-443). “Los gobiernos de Europa quisieron violentar a la naturaleza" (faire víolence á la nature}. ¿A qué naturaleza se refiere? ¿No será la naturaleza del capitalismo la que es “ violentada" por el proteccionismo? “Se ha obligado así a la nación, en cierta medida [en quélque sorté], a una actividad falsa" (I, 448). “Algunos gobiernos llegan inclusive a pagar a sus comerciantes para permitirles vender más barato; cuanto más extraño y contrario a los cálculos más simples era este sacrificio, en mavor grado se lo atribuía a razones de alta política F... ] Los gobiernos pagan a sus comerciantes a expensas de sus subditos" (I, 421), etc., etc. [Estos son los razonamientos que nos sirve Sismondi! En otras nartes, como haciendo deducciones de dichos razonamientos, califica al capitalismo de “artificial”, de “implantado” (I, 379, opulence frcttcf;}, “de invernáculo" (II, 456), etc. Comienza por sustituir el análisis de las contradicciones existentes por una expresión de inocentes deseos, y llega a la deformación directa de la realidad para aue ésta corresponda a dichos deseos. Resulta así que la industria capitalista, a la cual se “estimula” con tanto celo, es débil, carece de base, etc., no desempeña un papel predominante en la economía del país y, en consecuencia, dicho papel pertenece a la pequeña producción, etc. El hecho indudable e indiscutible de que el proteccionismo debe su aparición únicamente a un régimen económico determinado y a determinadas contradicciones propias de este régimen, y de que expresa intereses reales de una clase real que desemneña el papel preponderante en la economía nacional, ¡es reducido a la nada y aun trasformado en su contrario mediante unas cuantas frases sentimentales! Vaya otra peoueñ^ muestra (a propósito del proteccionismo en la agricultura, I, 265. capítulo relativo a las leyes sobre cereales):

p “Los ingleses nos presentan sus grandes granjas como único medio para mejorar la agricultura, es decir, para obtener la mayor abundancia de productos agropecuarios a bajo precio, y he aquí que, al contrario, los producen más caros"...

p ¡Este pasaje, que muestra con tanto relieve la manera de razonar de los románticos, asimilada en su totalidad por los populútas rusos, es notablemente característico! El desarrollo de las 187 grandes granjas y el progreso técnico que son inseparables se representan como un sistema instituido deliberadamente: los ingleses (es decir, los economistas ingleses) lo presentan como el único posible perfeccionamiento de la agricultura. Sismondi quiere decir que también “podrían existir" otros medios para levantar la agricultora; una vez más, “podrían existir" en no se sabe qué sociedad abstracta, y no en la sociedad real de un período histórico determinado, “sociedad” basada en la economía mercantil, de la que hablan los economistas ingleses y de la que también debería hablar Sismondi. “Mejorar la agricultura, es decir, procurarse [¿ procurar para la nación?] mayor abundancia de productos.” Nada de “es decir”. El mejoramiento de la agricultura y el de las condiciones de alimentación de las masas, en modo alguno son la misma cosa: la falta de coincidencia de estos dos factores no sólo es posible, sino inevitable en el régimen económico del que Sismondi quiere desembarazarse tan atanosamente. Por ejemplo: el aumento de la siembra de papa puede significar una elevación de la productividad üel trabajo en la agricultura (cultivo de plantas de raices y tubérculos alimenticios y forrajeros) y un aumento del sobrevalor, a la par que un empeoramiento de la alimentación de los obreros. Desembarazarse por medio de frases, de las contradicciones de la vida real, sigue siendo el modo de ser de un populista ... perdón, de un romántico.

p “En realidad—continúa siismondi—, esos granjeros son tan ricos, y tan inteligentes, están tan bien apoyados [secondés] por todo el progreso de las ciencias, sus caballos de tiro son tan .bellos, sus cercos tan sólidos, y sus campos tan limpios de malezas, que no pueden competir con el miserable campesino polaco embrutecido por la esclavitud, ignorante, que no encuentra otro refugio que la ebriedad y cuya agricultura se encuentra aún en la intancia del arte. El cereal recolectado en la parte central de Polonia, después de haber pagado los gastos de un trasporte de vanos centenares de leguas por vía fluvial, por tierra y por mar, y de haber abonado aranceles en concepto de importación del 30 y hasta el 40 por ciento de su valor, es de todos modos más barato que el cereal de los más ricos condados de Inglaterra" (I, 256). "Este contraste confunde a los economistas ingleses.” Ellos lo atribuyen a los impuestos, etc. Pero la causa no es esa. "El propio sistema de explotación es malo, pues tiene una base peligrosa [... ] Recientemente 188 fue presentado a nuestra admiración por todos los escritores, peíO debemos, al contrario, conocerlo bien para evitar imitarlo” (I, 266).

p ¿Verdad que resulta infinitamente ingenuo este romántico que presenta el capitalismo inglés (y su sistema de granjas agrícolas) como un sistema erróneo imaginado por los economistas, y que se figura que “la confusión" de los economistas que cierran los ojos sobre las contradicciones del sistema de las granjas, es un argumento suficiente contra los granjeros? ¡Cuan superficial resulta su comprensión, que busca explicar los procesos económicos, no por los intereses de los diversos grupos, sino por los extravíos de los economistas, escritores y gobiernosl ¡El bueno de Sismondi quiere exhortar y avergonzar a los granjeros ingleses, y con ellos a los del continente, para que no “imiten” estos “malos” sistemas!

p Pero no olviden que todo esto fue escrito hace 70 años, que Sismondi observaba los primeros pasos de fenómenos completamente nuevos entonces. Su ingenuidad es aun perdonable, pues también los economistas clásicos (sus contemporáneos) consideraban estos fenómenos nuevos con no menor ingenuidad, como producto de las eternas y naturales propiedades de la naturaleza humana. Mas preguntamos: en sus “objeciones” contra el capitalismo que se desarrolla en Rusia, ¿nuestros populistas han agregado algo, así fuese una sola palabrita original, a los argumentos de Sismondi?

p De manera que sus razonamientos sobre el proteccionismo demuestran que el punto de vista histórico le es completamente ajeno. Que, por el contrario, razona como lo hacían los filósofos y los economistas del siglo xvui, en forma completamente abstracta, diferenciándose de ellos sólo en que considera normal y natural, no la sociedad burguesa, sino la de los pequeños productores independientes. Por eso no comprende, en absoluto, la relación del proteccionismo con un régimen económico determinado, y se zafa de esta contradicción en el terreno político-social con las mismas frases sentimentales sobre lo “falso”, la “peligrosidad”, el error, la irracionalidad, etc., que había empleado para desembarazarse también de las contradicciones en la vida económica. Y por eso presenta de manera extremadamente superficial la cuestión del proteccionismo y del freetrade^^23^^ como problema del camino “ falso” o “verdadero” (es decir, de acuerdo con su terminología, como problema del camino capitalista o no capitalista).

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p La teoría moderna desenmascaró por completo estos errores, mostrando que el proteccionismo está ligado a un régimen histórico determinado de la economía social, a los intereses de la clase dominante en este régimen y que recibe el apoyo de los gobiernos. Dicha teoría demostró que el problema del proteccionismo y del librecambio es una cuestión entre empresarios (a veces entre empresarios de diferentes países, y otras entre diversos sectores de empresarios de un mismo país).

p Si comparamos la actitud de los economistas populistas con estos dos puntos de vista sobre el proteccionismo, comprobamos que también en esta cuestión comparten íntegramente el punto de vista de los románticos, puesto que consideran el proteccionismo, no en relación con un país capitalista, sino con no se sabe qué país abstracto, con “consumidores” tout court, declarando que se trata de un apoyo “erróneo” e “irracional”, de un capitalismo "de invernáculo”,, etc. Por ejemplo, en el asunto de la supresión de los derechos a la importación de máquinas agrícolas, que provoca un conflicto entre los empresarios industriales y agrícolas, los populistas, desde luego, se pienuncian enteramente a favor de los... empresarios rurales. No queremos decir que no tengan razón. Pero es una cuestión de hecho, una cuestión del momento histórico dado; de cuál es la fracción de empresarios que expresa mejor los intereses generales del desarrollo del capitalismo. Y aun cuando los populistas tengan razón, no es, desde luego, porque la imposición de derechos aduaneros signifique un "apoyo artificial al capitalismo”, y su supresión un apoyo a la industria popular " tradicional”; sino simplemente porque el desarrollo del capitalismo en la agricultura (que necesita máquinas), al acelerar la extinción de las relaciones medievales en el campo y la creación de un mercado interior para la industria, determina un desarrollo más amplio, libre y rápido del capitalismo en general.

Prevemos una objeción por haber colocado a los populistas, en esta cuestión, entre los románticos. Quizá se nos diga que en esto habría sido necesario exceptuar al señor N.-on, quien dice expresamente que el problema del librecambio y del proteccionismo es propio del capitalismo; y lo repite en más de una oportunidad, inclusive con “citas”... ¡Sí, si, el señor N.-on inclusive se apoya en citasl Pero si se nos mostrase este pasaje de sus Reseñas, nosotros mostraríamos otros donde declara que sostener el 190 capítalismo es “implantarlo” (¡y esto en Balances y conclusionesl, págs. 331, 323 y también 283); donde explica el estímulo al capitalismo como “un funesto extravío”, debido a que “hemos perdido de vista”, “hemos olvidado”, “nos han oscurecido”, etc. (pág. 298). ¡Compárese con Sismondi! ¿De qué manera concuerda esto con la afirmación de que el apoyo al capitalismo (premios a la exportación) es “una de las múltiples contradicciones de que está llena nuestra vida económica   [190•* ; y que, como todas las demás, debe su existencia a la forma que adopta toda la producción"? (pág. 286). Nótese bien: \toda la producción! Preguntamos a cualquier hombre imparcial: ¿cuál es el punto de vista de este autor para quien es una “aberración” el apoyo dado a “la forma que adquiere toda la producción"? ¿Es el punto de vista de Sismondi o el de la teoría científica? También aquí “las citas" del señor N.-on (del mismo modo que en las cuestiones antes analizadas), son apenas intercalaciones torpes y ajenas aj texto, que no expresan de manera alguna que el autor esté convencido de que son aplicables a la realidad rusa. Cuando el señor N.-on “cita”, no hace más que utilizar la teoría moderna como pantalla para inducir en error a los lectores. Es un traje de “realista” mal puesto, tras el cual se esconde un romántico  [190•**  de pura cepa.

* * *
 

Notes

[190•*]   De la misma manera que Reseñas “abunda” en llamamientos "a nosotros”, en exclamaciones y frases semejantes, que hacen caso omiso de las contradicciones.

[190•**]   Entramos en sospechas si el señor N.-on no considera esas “citas” como talismán que lo protege contra cualquier crítica, pues de otra manera es difícil explicar la circunstancia de que haya podido “citar” en uno de sus artículos de Rússkoie Bogatstvo (1894, núm. 6, pág. 88) la opinión de uno de los representantes de la nueva teoría, donde se coloca a Sismondi entre los pequeños burgueses reaccionarios y utópicos, sabiendo, por los señores Struve y Tugán-Baranovski, que se ha comparado su doctrina con la de Sismondi. Es probable que esté profundamente convencido de que con semejante “cita” ha “refutado” dicha comparación. [Las citas a que se alude fueron tomadas de la caracterización del socialismo pequeñoburgués de Sismondi, formulada en el “Manifiesto del .Partido Comunista" (C. Marx y F. Engels, ob. cit., págs. 29-30). N. Danielson también se refiere a esta cita en su artículo “Acerca de las condiciones de nuestro desarrollo económico”, publicado en R. Bogatstvo, núm. 6, 1894. Ed.]