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Charla novena
COMO CONOCEMOS EL MUNDO CIRCUNDANTE
 

Quiénes niegan la posibilidad de conocer el mundo

p ¡Cuan grande es la fuerza de los conocimientos! Pertrechado con ellos, el hombre es invencible. Pero ¿nos son asequibles los conocimientos? No se puede plantear así el problema, dirán ustedes. Si no supiéramos lo que ocurre en el mundo, no podríamos vivir y trabajar en él. Sin conocimienos es imposible realizar la obra más simple, sin hablar ya de creaciones tan colosales del genio humano como los satélites artificiales de la Tierra, las naves espaciales y el aprovechamiento de la energía atómica.

p Pese a ello, hay quienes afirman que el hombre no puede tener una representación auténtica del mundo, es decir, conocerlo. Veamos cuál es el origen de semejante opinión.

p Entre el pueblo se dice desde tiempos inmemoriales que el saber es luz. Pero no a todos les gusta la luz. Y se comprende. Alumbrar el mundo con el potente raciocinio humano significa ver muchas cosas en él, conocer mucho de–él, saber hacer mucho en él.

p Y eso es precisamente lo que temen los sembradores de tinieblas de toda laya. Porque el hombre liberado de la esclavitud político-social y de cualquier otra, al convertirse en dueño y señor, derriba en primer término a los "soberanos”, a los sojuzgadores tanto celestiales como terrenales. De ahí que la religión arremeta contra el hombre que tienda la mano hacia el "árbol de la ciencia”. Ha inventado la leyenda de que el conocimiento es asequible únicamente a Dios, de que es inaccesible para los hombres y que tratar 204 de cruzar este umbral, "la frontera del conocimiento”, constituye "un gran pecado".

p Los eclesiásticos enseñan en sus sermones a los creyentes que a los simples mortales no les es dado desentrañar el gran secreto de la creación del mundo y que la sabiduría divina está oculta en el misterio. ¿Qué le queda, entonces, al hombre? La religión responde: "Domar su inteligencia, creer y orar”. ¡Abajo la razón, la luz, el conocimiento!; tal es el sentido de semejantes afirmaciones.

p La clerigalla es apoyada en esta labor por algunos filósofos idealistas, quienes afirman que el mundo es incognoscible. Son los llamados agnósticos  [204•1 . Los representantes más destacados del agnosticismo fueron Hume y Kant. Este último, por ejemplo, afirmaba que las cosas que existen en el mundo están ocultas de nosotros, como encerradas en su cascarón, y es imposible conocer su contenido interno. Sólo nos es accesible, según él, su forma externa. La filosofía burguesa moderna hace una intensa propaganda del agnosticismo. Por ejemplo, el filósofo germano-occidental Petersdorf afirma que sin la revelación de las grandes verdades de la fe, sin "los misterios cristianos”, nuestra pobre inteligencia sería impotente ante los últimos enigmas del Universo.

p ¿Qué argumentos presentan los agnósticos para corro borar sus concepciones? ¿Tienen base? Es sabido que el mundo se puede percibir únicamente con ayuda de los órganos de los sentidos: la vista, el oído, el olfato, etc. Pero, dicen los agnósticos, estos órganos son testigos muy inseguros: ¡cuántas veces nos han engañado! Si contemplamos un lápiz sumergido en un vaso de agua por uno de sus extremos, parecerá que está roto, torcido. Si se lee de noche, a veces parece claramente que le llaman a uno. Por eso no puede creerse en los órganos de los sentidos, concluyen los agnósticos. ¿Es así, en realidad?

p De creer a los agnósticos, podría pensarse que el hombre 205 no hace más que contemplar impotente las cosas que le rodean. En realidad no es así. El hombre 110 es en el mundo espectador, sino actor, creador. En el trabajo, en la actividad práctica, dispone de todo lo posible y necesario para puntualizar las indicaciones de los órganos de los sentidos, para llegar hasta la esencia del asunto, para penetrar en ¡a profundidad de los fenómenos que se estudian. En el ejemplo antes aducido, basta con sacar el lápiz del agua para que se convenza de que está entero.

Como ven, el problema de si es posible conocer el mundo se resuelve con la práctica, con la vida. En el proceso del trabajo, de la actividad productiva, el hombre penetra en la esencia del mundo circundante, lo conoce.

Cómo se efectúa el proceso cognoscitivo

p Supongan que se les encarga de estudiar el funcionamiento de una fábrica. ¿Por dónde empezarán el estudio? Naturalmente, por la recopilación de hechos : cuántos obreros hay en la fábrica, cómo se aplica la nueva técnica, cuál es la productividad del trabajo, etc. Y sólo después de eso podrán llegar a una conclusión concreta sobre la vida de la empresa.

p Así procedemos en cualquier asunto. Cuantos trabajan para descubrir y conocer las leyes de la naturaleza empiezan por acumular hechos. Esto se consigue por medio de experimentos o de la simple observación, mas siempre con ayuda de los órganos de los sentidos. Es el primer peldaño del proceso cognoscitivo: el conocimiento sensorial o contemplación viva.

p Cuando se ha acumulado una cantidad suficiente de hechos, nuestra razón los analiza, los compara y confronta y llega a conclusiones determinadas. Es el segundo peldaño del proceso cognoscitivo: el conocimiento lógico o pensamiento abstracto. Pero lanto el primer peldaño como el segundo tienen por base la actividad práctica. De ella, de la vida, tomamos los hechos para analizarlos. Y viceversa, las conclusiones que extraemos de esos hechos son necesarias para la vida, para la práctica. Las necesitamos para mejorar, pongamos por caso, el funcionamiento de la fábrica que hemos revisado o para elevar el rendimiento de los cultivos agrícolas que hemos estudiado.

Así, pues, el proceso cognoscitivo consta del conocimiento sensorial y del lógico, que actúan sobre la base de 206 la práctica. "De la contemplación viva al pensamiento abstracto y de él a la práctica: tal es el camino dialéctico del conocimiento de la verdad, del conocimiento de la realidad objetiva"  [206•1 , escribía Lenin.

El conocimiento sensorial es el pelda\ no inicial del conocimiento

p La historia de la ciencia recuerda el siguiente caso, descrito por el gran fisiólogo ruso Iván Séchenov de acuerdo con lo que había dicho el famoso médico ruso Serguéi Botkin. Un día llevaron a una enferma a la clínica. Tenía paralizados todos los órganos de los sentidos principales: carecía de vista, oído, olfato y gusto. Quedaba solamente la sensibilidad de la piel en una mano, único canal por el que penetraban en la enferma los conocimientos del mundo. ¡Mas qué exiguos eran esos conocimientos! La enferma se encontraba casi constantemente en estado de inconsciencia. ¿Qué prueba este hecho? Que los órganos de los sentidos son los canales por los que penetran en la conciencia humana los conocimientos del mundo que nos rodea. La influencia que ejerce sobre ellos el mundo exterior suscita las sensaciones. Lenin indicaba que no podemos saber nada del mundo circundante si no es a través de las sensaciones.

p "Pero es sabido —dirán ustedes— que la pérdida de uno o incluso de dos órganos sensoriales no influye notablemente en la actividad intelectual del individuo. ¿No será exagerada, en este caso, la conclusión de que no podemos conocer nada del mundo si no es por conducto de dichos órganos?" Tendrán razón sólo en una cosa: en que la pérdida de uno o dos órganos sensoriales no priva al hombre de la posibilidad de conocer lo que ocurre en el mundo. En la Unión Soviética se han dado incluso casos de personas privadas de vista, oído y habla que no sólo aprendieron a leer y escribir, sino que llegaron a adquirir un elevado desarrollo intelectual.

p En caso de perder solamente un órgano de los sentidos, el hombre puede compensarle en parte con otros. Pero si está privado de todos los órganos mencionados, será impotente para estudiar la realidad. No sabrá nada del mundo.

p Ahora bien, no basta con admitir la inmensa importancia de las sensaciones. Es preciso, además, comprender 207 correclamente su sentido, pues hay filósofos (los idealistas subjetivos) que, al hablar del papel de las sensaciones, consideran que éstas pueden surgir en el hombre mismo independientemente de la acción del mundo exterior sobre nuestros órganos sensoriales. Por ejemplo, afirman, la manzana no tiene de por sí ni color amarillo ni la forma correspondiente; es el hombre quien asigna dichas cualidades a la manzana, la cual es simplemente la suma de todas esas sensaciones.

p De esta manera llegan a la conclusión de que las cosas son un complejo, un conjunto de sensaciones. Pero en realidad ocurre todo lo contrario. La manzana, con todas sus propiedades, existe independientemente de nosotros. Y cuando actúa sobre nuestros órganos sensoriales, provoca las correspondientes sensaciones: color, olor, sabor, etc. Lenin señalaba que la sensación es el resultado de la acción de los objetos del mundo exterior sobre nuestros órganos de los sentidos. Y precisamente por eso nos proporciona un conocimiento verdadero, fidedigno del mundo circundante.

p "Pero ¿cómo demostrar que las sensaciones nos proporcionan un conocimiento fidedigno del mundo?”, preguntarán ustedes, recordando que los agnósticos afirman precisamente lo contrario. Ante todo, con nuestra actividad práctica. Si las sensaciones no proporcionasen conocimientos fidedignos en general, el hombre no podría utilizar prácticamente los objetos del mundo exterior. En ese caso, las substancias que los sentidos del hombre consideran provechosas para el organismo podrían resultar perjudiciales, y viceversa.

p Nuestro ojo, por ejemplo, "fotografía" el objeto que miramos. Si éste se mueve, en la retina del ojo aparece la imagen del objeto en movimiento. Pero si está en estado de reposo, entonces surge la imagen del objeto en reposo. El ojo, en este caso, refleja, copia lo que ocurre en el mundo. Así actúan todos los órganos de los sentidos. De ahí que los agnósticos no tengan razón al afirmar que los órganos sensoriales son testigos inseguros.

¿Cómo explicar, entonces, el engaño de los sentidos que, indiscutiblemente, tiene lugar a veces? De la siguiente manera. Si el hombre percibiera el mundo únicamente por medio de las sensaciones, conoceríamos, en efecto, sólo el 208 lado externo de los objetos, que es a veces engañoso. Los datos que nos proporcionan los órganos de los sentidos nos hacen suponer que "el Sol sale y se pone”. Mas, como ustedes saben, eso es falso. Con el mismo motivo suponemos que un vaso de agua "es tan transparente como una lágrima”. Pero la realidad es que en él existen miles de minúsculos seres vivos: los microbios. Sin embargo, con ayuda del pensamiento tenemos la posibilidad de controlar, confrontar y puntualizar las indicaciones de los órganos de los sentidos. De ahi que Lenin criticara a los agnósticos porque no van más allá de las sensaciones. El hombre, con la ayuda del pensamiento, va más allá de las sensaciones. Esto significa que la razón humana, creyendo en las indicaciones de las sensaciones y aprovechándolas, penetra donde no pueden penetrar las propias sensaciones.

El pensamiento abstracto como pelda\ no superior del conocimiento

p En la región de Kursk, en la URSS, se observó hace tiempo un fenómeno curioso: la aguja imanada de la brújula se comporta allí de manera desacostumbrada. Este hecho sirvió de base a los hombres de ciencia para llegar a la conclusión de que en el subsuelo de la región citada había, por lo visto, grandes criaderos de mineral de hierro que "embrollaban" las indicaciones de la brújula. La prospección geológica confirmó tal conclusión. De manera análoga se descubrió también la existencia de mineral de hierro en la región de Kustanái. Se observó que cada vez que los aviones aparecían sobre esta región del Kazajstán, la aguja imanada se desviaba de la dirección Norte-Sur. "Ahí debe haber mineral de hierro”, dedujeron los geólogos. Y así resultó.

p Sin las indicaciones de los órganos de los sentidos, a nadie se le habría ocurrido pensar que la región de Kursk y el Kazajstán ocultaban tan inapreciaole tesoro. Sin embargo, aunque se llegó a esa conclusión tomando como base las indicaciones de los sentidos, no fue hecha por los propios sentidos. Estos pueden percibir todo lo que se ve, se oye, etc., de modo directo. Pero los científicos no vieron el mineral de hierro, sino el extraño “comportamiento” de la aguja imanada, es decir, lo que está en la superficie de los fenómenos. Y el mineral de hierro, como sabemos, se halla oculto en la tierra a gran profundidad.

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p Fue preciso un grande y complejo trabajo de la inteligencia, de la razón de los científicos para extraer de los hechos citados la correspondiente conclusión. Por tanto, con ayuda del pensamiento, el hombre saca conclusiones acerca de la esencia, de los nexos internos, es decir, de las leyes de desarrollo de los fenómenos. En tanto que las sensaciones vinculan directamente al hombre con las cosas existentes, el pensamiento refleja el mundo exterior de manera indirecta. Esto significa que las conclusiones tienen por base datos indirectos. Para saber, por ejemplo, si el hombre podía volar en una nave espacial sin arriesgar la vida, se hicieron primeramente experimentos con animales: las perras “Laika”, "Otvázhnaya”, “Belka” y “Strelka” fueron instaladas en cohetes y naves espaciales. El estudio de los datos obtenidos llevó a los científicos soviéticos a conclusiones que aseguraban la falta de peligro del viaje del hombre al Cosmos. Y las hazañas de los primeros cosmonautas confirmaron por completo dichas conclusiones.

p Sin hechos no hay conclusiones. Los hechos son el aire que respiran los hombres de ciencia. Y estos hechos In proporcionan las sensaciones, los órganos dé los sentido Mas no es posible limitars’e a recopilar datos. El gran sabio ruso Iván Pávlov decía en una carta a los jóvenes soviéti eos: "No os convirtáis en archiveros de hechos. Intentad penetrar en el secreto de su surgimiento. Buscad con tenacidad las leyes que los rigen”. Y esto puede conseguirse únicamente con ayuda del pensamiento abstracto.

p ¿Cómo se sacan conclusiones de los hechos?

p Supongamos que surge la necesidad de generalizar la experiencia de trabajo de los profesores de un instituto. Esto significa que es preciso reunir partículas de experiencia positiva y llegar a la conclusión general de cómo debe organizarse el trabajo si queremos que dé buenos resultados. Para ello habrá que analizar, ante todo, la labor de los profesores.

p En esta actividad, como en cualquiera otra, existen rasgos esenciales, principales, y rasgos no esenciales, no principales. Es esencial cómo se preparan los profesores para las clases, qué hacen para que resulten interesantes. Pero no es esencial cuándo se preparan para ellas, de día o de noche, hecho que depende de las condiciones 210 individuales de cada uno. ¿Qué debe generalizarse: lo que tiene importancia para todos o las peculiaridades individuales? Está claro que deben generalizarse los rasgos esenciales, principales, pues de ellos precisamente depende el nivel de la labor docente. Mas el pensamiento se abstrae de lo no esencial, es decir, parece no observarlo.

p Es rasgo peculiar del pensamiento destacar de los fenómenos cognoscibles únicamente los rasgos esenciales. Así precisamente se forman los conceptos. Como ven, en el pensamiento, la abstracción está estrechamente vinculada a la generalización.

p La abstracción es, por tanto, un proceso que consiste en abstraerse de los rasgos no esenciales de los fenómenos que se estudia y en destacar mentalmente en ellos los rasgos esenciales, las peculiaridades. La conclusión es la generalización, que contiene en forma concentrada sólo lo esencialmente importante, lo típico.

p Ahora estará claro para ustedes por qué toda conclusión es general: afecta a toda una clase de fenómenos y no sólo a parte de ellos. ¿Cómo se llega a una conclusión general? Gracias a la capacidad generalizadora del pensamiento. Esta consiste en que el pensamiento reúne en un todo único los rasgos principales, esenciales, abstraídos de los hechos; crea los conceptos, las ideas e imágenes generales y saca conclusiones de importancia general para toda una clase de fenómenos. El pensamiento realiza esta operación gracias a métodos lógicos especiales denominados inducción y deducción. ¿En qué consisten?

p Las conclusiones inductivas se sacan estudiando los hechos particulares. El regreso de "Otvázhnaya" del vuelo en un cohete significó un hecho importantísimo para la ciencia: la seguridad de que un ser vivo podía retornar indemne a la Tierra desde las capas superiores de la atmósfera. Cuando los científicos soviéticos repitieron felizmente esta misma experiencia con unos conejos, se obtuvo un hecho más. Los hombres de ciencia reunieron una cantidad suficiente de hechos semejantes y llegaron a una conclusión general: "Cualquier ser vivo, comprendido el hombre, puede soportar perfectamente las condiciones del vuelo espacial”. Esta conclusión fue resultado de la generalización de hechos particulares. Sin ella hubiera sido imposible el vuelo espacial de los cosmonautas soviéticos.

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p Por consiguiente, se llama inducción o conclusión inductiva el paso de razonamientos particulares o parciales a razonamientos generales.

p Se pueden sacar también conclusiones con un método completamente opuesto. Sabemos, por ejemplo, que el efecto económico de la maquinaria anticuada es bajo. Sabemos también que en una fábrica determinada se ha instalado maquinaria anticuada. Por tanto, podemos llegar a la conclusión de que el efecto económico de dicha maquinaria es bajo. En este caso, el pensamiento va ya de la conclusión general al hecho particular.

p Sabemos por la experiencia precedente que el efecto económico de cualquier maquinaria anticuada es bajo. Hemos llegado a la conclusión de que la maquinaria de que se trata no constituye una excepción. Sobre la base del conocimiento general de toda una clase de fenómenos hemos sacado una conclusión sobre la parte de la misma que nos interesa. Esta conclusión se denomina deductiva. La conclusión deductiva, o deducción, es el paso de nuestro pensamiento de un razonamiento general a otro menos general o particular.

p Ahora nos es ya más fácil comprender qué pensamiento es abstracto. La palabra "abstracción" es de origen latino y significa “separar”, “abstraer”. El pensamiento abstracto parece “separarse”, “abstraerse” de las cosas concretas.

p Pero surge una nueva e importante cuestión: ¿Qué nos proporciona mayores conocimientos: el pensamiento o las sensaciones? Podrán contestar a esta pregunta si reflexionan sobre el ejemplo analizado más arriba. ¿Quién sabrá más de la labor docente del instituto? ¿Quien haya asistido sólo a una clase y conozca los aspectos positivos y negativos únicamente de esa clase, o quien haya generalizado, por ejemplo, el trabajo de los profesores del instituto durante todo un año y conozca cuanto hay de esencialmente importante en toda su labor? Está claro que sabrá más quien haya penetrado más profundamente en la esencia de la labor del instituto. Pero la esencia, como ustedes saben ya, no se encuentra en la superficie de los fenómenos. Para conocerla hace falta un trabajo inmenso.

p Es necesario, ante todo, comprobar minuciosamente los hechos. Si los hechos han sido reunidos precipitadamente, 212 sin comprobar, es imposible llegar a la esencia lomándolos como base. Lenin descacaba en todo momento que los hechos se convierten en una cosa “tozuda” y demostrativa sólo cuando son estudiados a fondo y seleccionados con minuciosidad. Pero los hechos tomados arbitrariamente se transforman, como él decía, "en un juguete o en algo peor"  [212•1 .

p Llegamos, pues, a la conclusión de que la esencia de los fenómenos se conoce sobre la base de los hechos reunidos, que deben ser comprobados con minuciosidad y en cantidad suficiente. La conclusión, por su parte, debe ser cuidadosamente meditada.

Cuanto hemos dicho acerca del conocimiento sensorial y racional muestra que ambos están unidos y se complementan.

Quiénes separan el conocimlento sencorial del racional

p Los sentidos proporcionan á la razón los correspondientes datos y hechos. La razón, basándose en ellos, saca conclusiones y generaliza. Sin los sentidos no existe la labor del cerebro, de la razón. Y sin la labor reguladora del cerebro, no existe tampoco el conocimiento sensorial. Por tanto, el conocimiento sensorial y el racional constituyen dos etapas del proceso cognoscitivo único e indivisible, realizado sobre la base de la práctica. Es imposible separarlos, aunque la historia de la filosofía conozca numerosos casos en que se ha intentado hacerlo. Unos filósofos decían que el hombre conoce el mundo sólo con la razón. Por eso recibieron el nombre de racionalistas.

p El racionalismo es opuesto al llamado sensualismo o empirismo (del latín “sensus”, sensación, y del griego, "cnipeiria”, experiencia). Los filósofos de esta corriente consideran, por el contrario, que el hombre adquiere todos sus conocimientos con ayuda de los órganos de los sentidos, de la experiencia sensorial, y que la razón no proporciona nada nuevo en comparación con los sentidos.

p Los representantes más destacados del sensualismo fueron el filósofo inglés John Locke (1632–1704), los franceses Esteban de Condillac (1715–1780) y Claudio Ariano Helvetius. Eran filósofos progresistas, materialistas; pero entendían de manera unilateral el proceso del conocimiento, 213 consideraban que la experiencia sensorial del hombre era la única fuente del conocimiento y subestimaban el papel del pensamiento teórico.

p Hay que distinguir entre el empirismo materialista, al que acabamos de referirnos, y el empirismo idealista, al que pertenecía el idealista subjetivo Berkeley. Este último consideraba también que todos los conocimientos tienen su origen en la experiencia sensorial. Pero comprendía esta “experiencia” de una manera completamente distinta que los materialistas. Identificaba la percepción del objeto con el propio objeto, lo que significa que las cosas no existen objetivamente, sino sólo en la “experiencia”, es decir, sólo cuando los percibe el individuo.

p El empirismo materialista (o sensualismo) no proporciona tampoco una concepción correcta del proceso cognoscitivo. De atenerse consecuentemente a estos puntos de vista, se puede llegar a negar el papel de la razón, de la generalización y las conclusiones, al reconocimiento exclusivo de las indicaciones de los órganos sensoriales, de la "experiencia personal".

p Ven, pues, que tanto los racionalistas como los empíricos resuelven unilateralmente el problema del papel de la razón y los sentimientos en el proceso del conocimiento.

p La limitación de los racionalistas consiste en que rechazan los datos de los sentidos, de la experiencia personal. Pero la realidad es que la razón proporciona nuevos conocimientos únicamente cuando está enriquecida con la experiencia personal, con las impresiones resultantes del conocimiento sensorial de las cosas y los fenómenos adquiridos en la práctica. Esto significa, en la actividad práctica, que sólo un dirigente con gran experiencia personal de trabajo puede penetrar en la esencia de los problemas que estudia.

p Mas tampoco tienen razón quienes afirman, como lo hacen los empíricos, que sólo la experiencia personal, la percepción directa de la realidad por medio de los órganos de los sentidos puede proporcionarnos conocimientos acerca del mundo exterior. En efecto, ¿qué significa en la práctica admitir únicamente la experiencia personal, negando el conocimiento generalizado que proporciona nuestro pensamiento? Significa reducir artificialmente los propios horizontes, carecer de amplias perspectivas, confiar sólo en lo que uno mismo ha visto, sentido y estudiado. Pero 214 coincidirán con nosotros en que por munch o talento que tenga un hombre su experiencia personal,"aun teniendo de por si inmueñsa importancia, es como una gota de agua en el océano.

Por consiguiente, no se puede exagerar el papel de uno de los peldaños del proceso cognoscitivo y negar el del otro. El conocimiento sensorial y el racional tienen la misma importancia en este proceso y no pueden existir el uno sin el otro. De ello dimana una importante conclusión: la unidad de la teoría y la práctica.

La práctica como base y fuerza motriz del conocimiento.
Unidad de la teoría y la práctica

p El conocimiento sensorial y el racional se efectúan en el proceso de la actividad práctica. Si los seres humanos no hicieran nada, no podrían tener ningún conocimiento. Más aún: no podrían existir, no podrían vivir. Al destacarse del mundo animal, el hombre carecía de todo conocimiento teórico acerca del desarrollo de la naturaleza, pero trabajaba ya: conseguía alimentos, construía viviendas, aprendía a confeccionar ropa... Engels destacaba que el trabajo, la actividad práctica, marcan el comienzo de la sociedad humana. El hombre aprendió en la práctica de la vida cotidiana todo lo que necesitaba para luchar contra la naturaleza.

p De ello nos convence la experiencia de cada día. Todo ser humano nace sin tener conocimientos, que va adquiriendo después a medida que choca con los fenómenos circundantes, en el proceso de la práctica. Cuando un niño pequeño tiende sus manos hacia una llama para tomarla entre ellas, ignora aún las propiedades del fuego; pero muy pronto, al conocer en la práctica esas propiedades, no vuelve a intentar acercarse al fuego. Adquiere un conocimiento determinado.

p Esto no quiere decir, claro está, que la práctica conste únicamente de la experiencia personal del individuo. En nuestra actividad aprovechamos no sólo la experiencia propia, sino la de otras personas, es decir, la experiencia social de toda la humanidad. De ahí que el marxismo hable de la práctica social. La práctica social es toda la actividad de los hombres, en el transcurso de la cual actúan sobre el mundo material y lo transforman: la actividad en la producción, la lucha de clases, la edificación del socialismo y 215 del comunismo, el experimento científico, etc. Todos los conocimientos proceden, en fin de cuentas, de la práctica social de la humanidad, como muestran claramente los datos de la historia de la ciencia.

p ¿Cómo surgió, por ejemplo, la geometría? Desde la más remota antigüedad, los hombres tropezaban siempre con la necesidad de medir las parcelas de tierra, de extensión y forma distintas, al cultivar los campos y construir viviendas. Poco a poco fueron descubriendo que existían ciertos métodos generales de medición, aplicables en cualquier parcela que tuviese determinada forma: triángulo, trapecio, etc. Así nace toda ciencia, que es la generalización de la práctica. En el mundo se producen determinados fenómenos y acontecimientos. Su estudio y sus generalizaciones ulteriores proporcionan la teoría, la ciencia. Por tanto, el conocimiento científico y la teoría surgen de la práctica, que es la base del conocimiento.

p Puede preguntarse: ¿no significa todo eso que el hombre es un ser pasivo, inactivo, que se somete ciegamente a la acción del mundo exterior? De ninguna manera. Los materialistas metafísicos anteriores a Marx entendían, en efecto, la práctica unilateralmente: sólo como la acción del mundo exterior sobre el hombre. Marx, en cambio, entendía la práctica de manera mucho más profunda: como la acción del mundo exterior sobre el hombre y como la acción del hom  bre sobre el mundo exterior. Al construir fábricas, cultivar los campos y edificar casas, los seres humanos transforman con su trabajo el medio en que viven. Su actividad material marca su sello sobre la realidad material circundante. Tanto el medio social como el medio natural del hombre son, en grado considerable, resultado de la actividad, de la práctica de las generaciones precedentes. En cuanto a la actividad revolucionaria de los hombres, los partidos y las clases, debe decirse que cambia radicalmente el aspecto de las relaciones sociales, de la vida social. Por eso hablaba Marx del papel decisivo de la práctica social en la vida humana. Pero la práctica desempeña también un papel inmenso en la actividad cognoscitiva del hombre. Bastará recordar que gracias a la actividad laboral, productiva, aparecen el lenguaje y todas las teorías científicas.

p La práctica es la base y la fuerza motriz del conocimiento. Si, por ejemplo, la vida hace surgir ante los agrónomos, 216 la tarea de encontrar el mejor método de cultivo de unas tierras de determinado tipo, dicha tarea, planteada por la práctica, será un gran estímulo para el desenvolvimiento de la ciencia agronómica. Al resolver un problema práctico, la ciencia hace sin falta nuevas generalizaciones, que la enriquecen y desarrollan. Pero la ciencia desvinculada de la vida, de la práctica, se ve privada precisamente de esa potente fuerza motriz. En este sentido decía Lenin que la práctica está por encima del conocimiento teórico. El punto de vista de la vida, de la práctica, enseñaba Lenin, debe ser el punto de vista primero y fundamental de la teoría del conocimiento.

p Sin embargo, ¿no se empequeñece con ello la importancia de la teoría, de la ciencia, en la actividad productiva o revolucionaria del hombre? Los enemigos del marxismo, los revisionistas, intentan demostrar que los marxistas-leninistas niegan el papel de la teoría al hablar de la importancia primordial de la práctica para el conocimiento. Acusan a los marxistas de "practicismo estrecho”, es decir, de “menospreciar” la teoría. Mas eso es pura invención. El Partido Comunista ha concedido siempre y sigue concediendo excepcional importancia a la teoría. Lenin enseñaba que la teoría alumbra el camino de la práctica.

p "La teoría —se dice en el Programa del PCUS— deberá seguir iluminando el camino de la práctica, ayudando a descubrir y superar los obstáculos y dificultades que traben la edificación exitosa del comunismo  [216•1 ".

p En la etapa actual de la edificación del comunismo, resolver problemas prácticos es, al mismo tiempo, resolver problemas teóricos. Esto significa que las generalizaciones teóricas deben dimanar de la solución de los problemas prácticos que tienen planteados el Partido y el país. La teoría marxista-leninista no puede desarrollarse al margen de la vida, de la práctica.

p Por eso, reconocer "sólo" la importancia de la práctica o "sólo" la importancia de la teoría es ajeno a la dialéctica materialista.

p Entre la teoría y la práctica existe unidad dialéctica. Es imposible separarlas. La teoría nace de la práctica. Mas, a 217 la vez, está a su servicio, la enriquece. Sin práctica no puede haber teoría. Pero sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco práctica revolucionaria. Sin la práctica, la teoría es una cosa muerta. En ese caso, los planteamientos teóricos son un lastre. Ahora bien, sin la teoría científica, la práctica es ciega, carece de perspectivas.

p En resumen, la unidad irrompible de la teoría y la práctica es una importantísima conclusión de la teoría marxista del conocimiento.

Mas ¿qué es lo que desempeña el papel primordial, principal, en esta unidad? Ustedes saben ya que es la práctica. Esto no significa, sin embargo, que menospreciemos la teoría. Al contrario: su papel es extraordinariamente grande. Porque, en efecto, el hombre no conoce el mundo por pasatiempo, sino para obtener los resultados prácticos que necesita. Y esto es posible únicamente en el proceso de cambio y transformación del mundo. Por tanto, sólo es eficaz y puede propiamente llamarse teoría la que sirve para cambiar y transformar el mundo. ¡Y eso es precisamente la actividad práctica de los hombres! Por consiguiente, la teoría debe servir siempre a la práctica, y esto no menoscaba en modo alguno su importancia, su “dignidad”.

El mundo, es, pues, cognoscible

p Cuanto hemos dicho muestra que nuestros conocimientos reflejan con fidelidad los acontecimientos que se producen en el mundo, nos “informan” correctamente de lo que ocurre en él.

p Echen, sin embargo, una mirada a su alrededor y se convencerán de cuan grande es la cantidad de "cosas en sí" no descubiertas. La naturaleza es un libro imposible de leer, dicen los agnósticos en uno de sus “argumentos” más difundidos. Buscan lo que la ciencia no ha hecho todavía y se refocilan: "Ustedes hablan del poderío de la ciencia, pero miren cuantas "manchas blancas" hay en ella”. Mas la práctica refuta a cada paso semejantes consideraciones. En el proceso de la práctica se descubren uno tras otro los “secretos” de la naturaleza. Lo que ayer era todavía una "cosa en sí”, es hoy conocido y puesto al servicio del hombre.

p Para demostrar el triunfo del conocimiento humano, Engels cita el ejemplo de la materia colorante alizarina, que antes se extraía de la raíz de una planta y después se 218 aprendió a producirla artificialmente del alquitrán de. hulla. Gracias a la práctica del hombre, la "cosa en sí”, dice Engels, se convirtió en "cosa para nosotros”, es decir, fue conocida.

p ¡Y qué decir de la fuerza de la práctica humana en una época como la nuestra, en la que la química crea por decenas y centenas de miles combinaciones artificiales semejantes! Lo mismo ocurre en todas las esferas del saber. El libro de la naturaleza va siendo leído, conocido por el hombre de manera paulatina, página tras página.

p ¡Cuántos secretos de la Tierra descubren, por ejemplo, los geólogos! Hace más de setenta años se publicó el primer mapa geológico de Rusia. Todo él estaba cubierto de "manchas blancas”, lo que probaba el desconocimiento de las riquezas del subsuelo del país. Pero pasaron los años. Triunfó un régimen social nuevo, el socialismo, que creó condiciones propicias para el desarrollo vertiginoso de la producción. ¿Y qué ocurrió? Las demandas de la práctica hicieron surgir la necesidad de estudiar detalladamente» el subsuelo del País de los Soviets, lo que dio magníficos resultados. Tan sólo durante los últimos años, los geólogos han descubierto diamantes en Yakutia, petróleo en Siberia, mineral de hierro en Kazajstán y otros muchos yacimientos de minerales útiles.

p Es forzoso recordar, a este respecto, la hazaña de los científicos soviéticos, que tanto han hecho para desentrañar los secretos del Universo. Durante numerosos siglos, la cara de la Luna no visible desde nuestro planeta ha sido una "cosa en sí”. El filósofo francés Augusto Comte declaró francamente que el hombre jamás descubriría los secretos de ese lado de la Luna. Pero ha resultado que no es así, ni mucho menos. Los soviéticos han creado una estación interplanétaria automática, que volando alrededor de la Luna ha fotografiado su cara invisible desde nuestro planeta. Esta conquista de la ciencia es una nueva refutación práctica del agnosticismo. ¿Quién puede creer ahora la afirmación de los agnósticos de que existen ciertas “fronteras” del conocimiento, cuando el hombre ha volado al Cosmos y ampliado considerablemente \los límites de sus conocimientos del Universo?

p La humanidad vence un obstáculo tras otro en su conocimiento de la naturaleza y tiene pleno fundamento para 219 decir: "¡Lo venceré todo!" A ello está vinculado el profundo y luminoso optimismo de la filosofía marxista-leninista, su afirmación de la vida, su profunda fe en la razón humana.

p A los agnósticos contemporáneos les es más difícil cada día hablar de las "fronteras del conocimiento”, pues la ciencia conquista éxitos pasmosos en el conocimiento del mundo. Por eso, los teólogos intentan “conciliar” los hechos científicos con las afirmaciones religiosas sobre la "impotencia" de la razón humana. Los descubrimientos de la ciencia moderna, afirman, son el conocimiento de la sabiduría del Creador, la traducción de los pensamientos del “Creador” al lenguaje humano. ¡En vano se esfuerzan los clericales! Toda la historia de la ciencia prueba que cada progreso suyo ha sido conquistado en lucha contra la religión y la tiranía de la Iglesia. Además, ¿para qué le hacía falta a Dios "descubrir sus secretos" a través de los hombres de ciencia, en su mayoría ateos?

p De todo esto se deduce que ’el conocimiento humano se desarrolla del desconocimiento al conocimiento, del conocimiento incompleto a un conocimiento cada día más completo. En la naturaleza no existen cosas en sí incognoscibles, sino solamente cosas no conocidas todavía y que serán descubiertas por la ciencia y la práctica.

Ahora bien, ¿cómo convencerse de que los conocimientos adquiridos en el proceso cognoscitivo son auténticos? Esta cuestión requiere ser estudiada especialmente.

* * *
 

Notes

 [204•1]   Lenin definió con las siguientes palabras esta corriente filosófica: "La palabra agnóstico viene del griego: a significa en griego no; gnosis significa conocimiento. El agnóstico dice: Yo no sé si existe una realidad objetiva cuyo reflejo, cuya imagen es dada por nuestras sensaciones, y declaro imposible conocer esto" (V. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, ed. en español, Moscú, 1948, pág. 136).

 [206•1]   V. Lenin, Obras, t. 38, pág. 161.

 [212•1]   V. Lenin, Obras, t. 23, pág. 266.

 [216•1]   El camino del comunismo, ed. en español, Moscú, 1961, pág. 609.